Aviso: Este fic participa en el reto anual "Long story 3.0" del foro La Noble y Ancestral Casa de los Black.
Capítulo dos: "La prueba de fuego"
Esa mañana había llegado especialmente temprano a su trabajo, no podía engañarse a sí misma y decir que no estaba nerviosa. Caminar en círculos por su oficina delataba lo alterada que se encontraba, pero aún no lograba dar con el motivo específico por el cual sus nervios estaban revolucionados.
Se apoyó en su escritorio mientras daba golpecitos contra su labio inferior con el bolígrafo que sostenía con fuerza entre sus dedos. Cavilando para resolver aquella duda, algunas posibilidades cruzaron por su mente: ¿Será porque hace mucho no veía ni sabía nada acerca de Malfoy? Aquello debería de ser un factor, no había duda. No se había encontrado con Draco desde la Batalla de Hogwarts, y eso había sucedido varios años atrás. Comenzó a recordar que él se había librado de toda culpa durante los juicios que se dieron lugar luego de la caída de Voldemort, aunque ella se había negado rotundamente a ir, Harry sí había asistido a todos ellos y le había comentado sobre el destino de los Malfoy.
¿Y si Malfoy había pedido el trabajo sólo para fastidiar a la castaña? Y ella le había facilitado bastante su plan. Con un suspiro, se convenció de que era ya tarde como para pensar en arrepentirse. Su empresa era exitosa gracias a las decisiones firmes que ella tomaba, no debía dejar de confiar en su buen juicio. ¿Buen juicio era contratar a Malfoy? Aquella idea no tenía sentido dicha de esa forma, debía de verse la escena general, el contexto de la decisión, su curiosidad innata había ganado la partida, y estaba segura que lo había contratado porque sabía cómo manejarlo. Pero, ¿y si había cambiado? ¿Y si ahora era alguien que valiera la pena conocer nuevamente? O por el contrario, ¿Si había cambiado para mal, si su lado tenebroso había conquistado su ser pero sabía ocultarlo de las autoridades mágicas?
No supo descifrar cuál de las dos ideas le causó el escalofrío que recorrió su cuerpo, si pensar en un Malfoy bondadoso o uno sombrío.
Del otro lado de la puerta comenzaba a escucharse los ruidos propios del ascensor, el tintineo y varias personas saliendo de allí. Alerta, Hermione consultó el reloj en su muñeca con cierto asombro, ¿tanto tiempo había consumido cavilando acerca de su nuevo empleado? Era ridículo. Negándose a ser esclava de sus pensamientos nuevamente, rodeó el escritorio y tomó asiento para comenzar con su trabajo, como se suponía que debía ser.
Además de arreglar el contrato con Draco, la muchacha también debía revisar otros contratos con escritores y pactar algunas citas con las distintas gráficas que estaban a su disposición para poder establecer una arreglo, ya que la que se encargaba de imprimir todos los libros que enviaban desde allí, se iba a mudar al otro lado de la ciudad, y el edificio de Ediciones Fénix tenía unas cuantas opciones mejores que enviar todo su trabajo a un lugar tan lejos.
El golpeteo en la puerta hizo que se levantara de su asiento casi de un salto. Suspirando se alejó del escritorio para acercarse a la puerta. Cerró los ojos a la vez que respiraba profundamente un par de veces y posaba su mano en el pomo. Lo giró, abriendo la puerta, y del otro lado se encontró con Draco, levantando el puño en su dirección.
Esperen... ¿Qué?
Al parecer el rubio notó el pánico que cruzó por el rostro de Hermione, ya que de inmediato bajó su brazo y negó con la cabeza, visiblemente decepcionado. Un ex-mortífago con el puño levantado, claro que lo único que podía darse a entender con aquello era que planeaba golpearla.
—Sólo iba a tocar otra vez la puerta, Granger. —Explicó arrastrando las palabras.
Hermione mentiría si dijera que aquel era el Draco que ella conocía. Su altura había incrementado un poco más, su cabello seguía del mismo tono, pero ahora se encontraba un poco más corto y descuidado, ya no estaba aquel anticuado peinado hacia atrás que lo hacía ver tan aristocrático. Incluso pudo notar algunos pequeños cortes en su mandíbula, seguramente causados por una apresurada afeitada. Sus facciones habían mutado de un frío semblante de niño al rostro cruel de un hombre que lo ha visto todo, resaltaba su nariz recta y la barbilla que apuntaba hacia ella, sin perder el gesto de orgullo. Pero lo que más le sorprendía de aquel hombre era la ropa muggle. ¡Una vestimenta muggle en un Malfoy!
—La chica que fue ayer me dijo que debías entrevistarme. —Comenzó el rubio, viendo que su jefa sólo se había quedado viéndolo como si no lo conociera.
—Oh. —Hermione asintió con la cabeza y abrió la puerta para que él entrara a su oficina— Sí. Ven, siéntate. —Una vez que él entró, cerró la puerta con cuidado y se dirigió a donde había estado sentada antes.
Y ahora era turno de Draco de analizar a su antigua compañera de clases. Había dos cosas que habían cambiado de forma radical: su cabello y la forma de vestirse. Su pelo se encontraba mucho más controlado, con una simple hebilla levantándole el flequillo. Y era probable que siempre se haya vestido de aquella forma, pero esa ropa le sentaba bien, como si su forma de caminar y de moverse combinara con su atuendo. Fuera de eso, sus ojos se veían igual, su rostro un poco más maduro que antes pero ningún gran cambio. Se fijó en las manos de Hermione, tenía las uñas muy cortas, seguramente mordidas por el estrés. Sí, aquella era la Granger que él había molestado en el colegio.
— ¿Qué haces aquí? —Hermione pensó que lo mejor sería aclarar las cosas desde un principio, y aquello era lo que más le intrigaba.
— ¿Disculpa? —Levantó una ceja— Me diste el puesto, ¿para qué crees que estaría aquí sino?
—Sí. Lo sé, Malfoy. —Gruñó la castaña— A lo que me refiero es para qué quieres el puesto.
Draco resopló mientras desviaba la mirada. Era obvio que ella iba a querer indagar sobre sus razones, no sería Granger si no lo hiciera.
—Necesito el dinero —Dijo entre dientes, totalmente humillado de tener que admitirlo, pero sabía que no le serviría de nada mentirle.
— ¿Por qué justamente aquí?
—Fue una mala jugada del destino. —Contestó simplemente.
— ¿Destino? Pero qué poético, Malfoy. —Sonrió de forma burlona— Quiero saber tus razones para querer postularte a un trabajo en la empresa muggle de una sangre sucia.
Rencor. Draco conocía muy bien aquel sentimiento, y eso era lo que había escupido Hermione al decir las palabras sangre sucia. Estaba seguro que ella nunca iba a olvidarse de esas dos palabras que tanto la habían perseguido y que él mismo se había encargado de repetirle durante casi siete años. Nunca creyó que Hermione fuera capaz de sentir el renombrado rencor, pero dudaba que ella supiera identificarlo en si misma siquiera.
—Si tanto dudas de mí, ¿por qué quieres contratarme? Fácilmente podrías haberme ignorado. —Espetó el rubio con visible enojo.
—Simple curiosidad. —Y era cierto, él pareció haberle sido honesto y ella no planeaba ser la que dijera mentiras primero.
—Necesito el dinero Granger. No me hagas rogar por él. —Pero Hermione seguía observándolo, expectante— ¡Me retiré de la magia! —Exclamó finalmente, controlando su tono de voz— ¿Eso querías oír? No puedo soportar más a la gente que me culpa de todos sus malditos males como si yo fuera el mismísimo Señor tenebroso.
Para aquello Hermione no tenía respuesta. Siempre supo que los mortífagos verían las consecuencias de lo que habían hecho y eso le parecía bien y justo, pero nunca creyó que llegara al extremo de que los magos repudiaran tanto a alguien como para obligarlo a ponerse al margen de ese mundo. Sobretodo Malfoy, que se creía tan superior a todos. Sobretodo Malfoy, que no podría sobrevivir en un mundo sin magia. Le costaba creer que el rubio estuviera indefenso entre los muggles porque los propios magos lo empujaron a hacerlo. Él no era ningún santo, desde luego, pero eso no le cerraba a Hermione.
— ¿Sabes manejar aparatos muggles? —Preguntó simplemente la castaña luego de unos momentos de silencio en los que sólo se observaron a los ojos.
— ¿Qué? —Incrédulo, no atinó a decir otra cosa. No era posible que haya hecho semejante confesión y ella sólo le interesara eso.
— Si sabes cómo funcionan los aparatos muggles —Repitió con calma, mientras acercaba un artefacto al medio del escritorio— Necesito que aprendas si no lo sabes, no puedes ser secretario si no puedes usar un teléfono, un intercomunicador o una computadora. Es esencial.
—No. —Observó con curiosidad lo que su acompañante había puesto entre medio de ambos— No tengo teléfono.
Hermione se enderezó su espalda, con cierto orgullo. Ella sabía cosas que él no, que debía de enseñarle. A pesar de haber pasado tanto tiempo, el sentimiento de superar a Malfoy en algo, aunque ahora no sirviera de nada, era ciertamente gratificante.
—Entonces te enseñaré lo básico ahora y podrás llevarte los manuales de cada artefacto así ya te familiarizas con ellos, ¿si? —Malfoy asintió, así que ella continuó: — Esto es un intercomunicador, no es difícil de utilizar, simplemente presionas el botón, esto de aquí, y hablas acercándote un poco al aparato, así te comunicas conmigo, ya que tu escritorio está afuera, ¿comprendes?
Draco acercó su dedo y presionó el botón, sin embargo nada sucedió. Aquello le parecía demasiado común, y no le llamó el mínimo de atención. Bastante corriente.
—No. ¿Para qué dices que sirve?
—Bueno, a ver... —Hermione señaló la puerta— Tú escritorio se encuentra afuera, al lado de la puerta, allí recibes a las personas que quieran verme y me lo comunicas por el intercomunicador. Aprietas —Ella lo hizo— y hablas.
Y al hacerlo, se escuchó un eco de la voz de la castaña que salía en el otro intercomunicador. Draco no pudo evitar levantar una ceja, intentando disimular un poco su sorpresa.
—Muy bien. Ahora lo he comprendido. —Elevó un poco su barbilla, no deseaba parecer idiota frente a Granger— ¿Eso es todo?
—No, esto es lo más fácil. —Hermione buscó dentro de su bolso su teléfono celular. El problema radicaba en que ella no podía enseñarle a usar un teléfono si él no tenía uno, no tenía sentido. Así que dejó el celular sobre el escritorio y miró al rubio a los ojos— ¿De verdad no tienes dinero?
Incomodo, juntó sus manos sobre su regazo. La humillación parecía ser la palabra que describiría aquel día, Draco parecía caer cada vez más bajo, cuando creía ya estar en el suelo, el universo se complotaba para enviarlo a la oscuridad del infierno.
—El dinero ya no brota de mis orejas, Granger. —Musitó, algo molesto con la situación— Me he vuelto bastante consciente del gasto diario de una persona, pero, ¿vamos a discutir ahora cuánto me pagarás?
Hermione negó con la cabeza, decidiendo que tendría que comprar un teléfono para aquel hombre. Haciendo una pequeña mueca con sus labios, se levantó de su lugar y se dirigió a la silla desocupada que estaba al lado de Malfoy, la acercó un poco más a él y se sentó en ella.
Y en el momento que Draco sintió la cercanía de la mujer, sus sentidos se dispararon de inmediato. Era una extraña impresión, esa sensación de incomodidad cuando alguien invade tu espacio, sentía la necesidad de empujarla lejos. Pero se resistió al impulso de hacerlo, ya que había comenzado a explicarle cómo utilizar esa cosa que tanto obsesionaba a los muggles. Además, no creía que Granger tomara en gracia que la tirara de la silla.
Tardó unos cuantos intentos terminar de comprender la funcionalidad del aparato, un momento después estaba intentando seguir los pasos para hacer las actividades básicas en un teléfono: Agregar un contacto, mandar un mensaje de texto y realizar una llamada. Estaban practicando hacer llamadas al número de teléfono de Terry, la chica que había ido al departamento de Draco, y en su intento número cuatro cuando logró hacer su primera llamada, hecho que emocionó de sobremanera a su ejecutor.
— ¡Oh, Merlín! —Gritó a través del celular, olvidando por completo el hecho de que Terry había respondido a la llamada— Granger, no es tan difícil como quisiste aparentar. Simplemente los muggl... —Pero Hermione no dejó que terminara, y de un manotazo le quitó el teléfono.
— ¡Malfoy! —La castaña llevó sus ojos al teléfono móvil y presionó el botón rojo, casi desesperada— ¡No puedes hablar de magia aquí!
Era algo que se les enseñaba, algo prohibido para los magos. Pero además de ello, Hermione quería mantener a Terry apartada del mundo mágico, a pesar de que era su amiga y que había conocido a Ron. Muchas veces él le planteó contarle a Terry lo que ellos eran, pero Hermione siempre caía en la conclusión de que decirle aquello sólo traería problemas.
—Has cortado la lección, Granger. —Espetó con orgullo, queriendo tapar el error que había cometido. Un estúpido y básico error. — ¿La chica ya no puede oírnos? Eres tú la que acaba de nombrar la magia.
— No. Corté la llamada. —La muchacha suspiró, señalando el botón rojo que antes había presionado le dijo: — Apretando esto cuelgas la llamada. Cortas la comunicación.
Dejó el teléfono sobre el escritorio y, levantándose, lo rodeó para volverse a situar en su lugar habitual. Reparó en el hecho que ya faltaba poco para que terminara la jornada de la mañana, tuvo que ver la hora dos veces para realmente creer que había pasado toda una mañana en compañía de Malfoy, sobretodo sin insultos de por medio.
—Siempre fui una persona civilizada Granger, tú sacaste lo peor de mí. —Comentó el rubio, percatándose de la sorpresa de la muchacha al observar la hora.
— ¿Yo? —Espetó incrédula al tiempo que lo miraba con sus cejas levantadas— Yo no te empujé hacer todas las cosas que hiciste. No te quites el mérito, que yo no provoqué la marca que llevas en el brazo izquierdo.
Y al notar el casi imperceptible cambio en la mirada de Draco, Hermione se dio cuenta que aquello había sido cruel. Ella no solía hacer esos comentarios, pero no sabía cómo pronunciar una disculpa para esa persona que había intentado tantas veces hacer un calvario de su vida.
—Me refería a insultos de chicos de colegio, simplemente. —Su tono heló la sangre de Granger, ¿Así le hablaría él a sus víctimas?
Ron siempre le había contado todos los crímenes que decían en el Ministerio que aquel hombre había cometido, Hermione dudaba de muchos de ellos debido a la crueldad empleada, pero, tampoco ella lo conocía demasiado. Sólo conocía a ese muchachito altanero, ególatra y caprichoso, que se dedicaba a ordenarle cosas a los que creía inferior a él. Dudaba de que fuera el artífice de manchas de sangre tan violentas, quizás fuera sólo el odio de Ron hacia Draco el que había alimentado esos rumores, e incluso era probable que los haya exagerado a la hora de contárselos a ella. Harry siempre dijo que la justicia había dicho lo que dijo por alguna razón a pesar de ver a su amigo tan sulfurado con la decisión del Ministerio. Harry siempre pensando en el buen corazón de la gente.
Hermione se revolvió en su asiento, moviendo la cabeza de forma afirmativa una sola vez. Hizo sonar sus nudillos una vez mientras intentaba aclarar su mente de esos recuerdos que no servían en esa situación.
—Tienes que aprender a manejar una computadora. Al menos necesitas leer manuales o algo que te permita dar una idea de lo que estas hacen. —Las palabras comenzaron a atropellarse entre sí, porque su mente había comenzado a pensar atropelladamente— Aquí no creo tener las cajas de la computadora. Quizás en mi casa... —Empezó a visualizar su casa en su mente, y pudo recordar perfectamente papeles y cajas en el sótano. Pero una imagen hizo cortocircuito en su mente: Draco en su casa. Esto hizo que todos sus pensamientos se agolparan de repente, dejando su mente detenida en ese punto— Yo... Uhm.. —Aclaró su garganta— Quizás, si los encuentro, pueda traértelos por la tarde.
Draco resopló mientras se levantaba de su silla.
—No me muero de ganas de ir a tu casa, Granger. —Afortunadamente, el rubio sabía leer muy bien las expresiones de las personas. — Ni creo que tú tampoco, al parecer. —Señaló vagamente el rostro de la muchacha y se encogió de hombros— Sin embargo, si estás dispuesta a contratarme, debo aprender de inmediato todo lo que tengo que hacer aquí. Preferiría leer lo que debo durante mi almuerzo.
Y la mente de Hermione quedó en blanco. Lo siguiente que supo es que estaban en su automóvil directo a su casa.
Sé que si digo que lo lamento es poco. Lamento mucho haber dejado a los que leían sin un capítulo nuevo por tanto tiempo. Circunstancias de la vida me dejaron sin ganas de nada, imagínense de tocar la computadora. Sin embargo, aquí estoy. Luego de una recaída mi gusto por escribir me vuelve a levantar.
A pesar de todo esto les traigo este cap que es un poco más largo, e iba a continuarlo, pero decidí cortar aquí así veo si me surgen aún más ideas para el próximo capítulo, que no quiero que quede sin contenido.
En este capítulo vemos como comienza a desarrollarse la relación entre ellos, quise evitar ese Draco cliché galán que a toda costa piropea a lo que sea. Al menos por ahora ese no va a aparecer por aquí.
Espero que les guste, y no duden en dejar su opinión en un review, ¡que siempre son bienvenidos! Acepto ideas y demás cositas, siempre que sean dichas de buena manera.
-Agustina.
