Capítulo 3: Ninguno


Damon miró el teléfono por enésima vez e hizo una mueca de fastidio. Consideró no responder pero no iba a conseguir que dejara de llamar así que con toda la desgana del mundo pasó el dedo por la pantalla para descolgar.

- ¿Damon?, Damon ¿estás ahí?

- ¿Qué quieres? – gruñó finalmente

- Llevo toda la mañana llamándote

- ¿De verdad?

Ella ignoró el sarcasmo

- Tenemos que hablar

Damon soltó una carcajada siniestra

- Eso ha sonado muy serio. ¿Vas a romper conmigo?

- No seas borde – replicó Elena – necesito hablar contigo.

- ¿Sobre qué? - le espetó

Elena tragó saliva ante la actitud de Damon pero no podía culparle.

- Ahora voy a tu casa

Y colgó.

Diez minutos después sonó el timbre de la puerta y Damon hizo una mueca de aburrimiento. Se estiró en la cama y se levantó con desgana. Eso sí, tuvo la precaución de ponerse un pantalón vaquero antes de bajar a abrir. No estaba de humor para juegos y provocaciones.

- ¿No tienes llaves? - preguntó molesto

Ella le lanzó una mirada atormentada

- No me pareció correcto utilizarlas.

- ¿Desde cuándo te importa lo que es correcto y lo que no? - comentó mientras se dirigía hacia el sofá. Antes de sentarse se dirigió a ella - ¿Piensas entrar o te vas a quedar ahí toda la mañana?

- ¿Estás solo? - preguntó insegura mirando a su alrededor

Damon esbozó una sonrisa diabólica

- Sí. Por desgracia.

Elena le lanzó una mirada de odio ante aquella provocación, intentaba ponerla nerviosa y lo estaba consiguiendo. Tras unos instantes de duda, finalmente entró, cerró la puerta y le siguió hasta el salón quedándose de pie ante él.

- Te ofrecería algo para desayunar pero tengo la nevera vacía – comentó Damon de manera casual y se dejó caer en el sofá.

Ella ignoró sus palabras y comenzó a caminar por la estancia mientras se frotaba las manos visiblemente insegura.

- Quería pedirte disculpas – dijo al fin.

Damon levantó ambas cejas visiblemente sorprendido pero se recuperó pronto, entrecerrando los ojos con desconfianza.

- No pensé lo que te dije, creí que nuestro plan se iba al garete y me puse nerviosa.

- Disculpas aceptadas – afirmó con frialdad - ¿algo más?

Elena se quedó mirándolo profundamente ofendida ante la falta de empatía por su parte. Se mordió el labio inferior y negó varias veces con la cabeza.

- ¿Por qué haces las cosas tan difíciles? - masculló con rabia y dando la conversación por concluida, se dispuso a caminar hacia la salida.

Sin embargo, él se levantó del sofá como un resorte y se interpuso en su camino con una mirada amenazadora.

- A ver si lo he entendido bien: Me preocupo por que todo salga según lo planeado, lo cual conociéndome es todo un logro, intento que nadie te mate, algo complicado teniendo en cuenta que la gente hace cola para conseguirlo ¿y yo soy el que hace las cosas difíciles? ¡Tú eres la que nos pone a todos en peligro haciendo lo que te sale de las narices! - dio un paso hacia delante cerniendo su rostro sobre el de ella - ¡Madura de una vez, Elena! No todo tiene que ver contigo. No eres el ombligo del mundo – concluyó con rabia.

Ella se quedó atrapada por unos expresivos ojos coléricos cuyas pupilas oscuras casi habían hecho desaparecer el azul cristalino del iris. Vio tanto dolor contenido en ellos que se estremeció y no supo qué responder. Se sintió egoísta y estúpida y no pudo evitar un sentimiento de culpa que provocó que se le humedecieran los ojos. Apretó con fuerza la mandíbula y sacando fuerzas de donde no tenía, dio un paso atrás y la poca distancia que había en aquellos momentos entre ellos le dio el aire suficiente para poder decirle algo de lo que se acababa de dar cuenta.

- Oíste nuestra conversación, ¿verdad?

- No se de que me hablas – respondió con toda naturalidad y metió las manos en los bolsillos traseros del pantalón exponiendo más aun su pecho desnudo.

- Lo sabes perfectamente. Sabías que estábamos en la cafetería y lo oíste todo – afirmó enfadada.

- Todo todo, no. Había mucho ruido. Aunque sí la parte importante – concedió divertido y cambió de postura cruzándose de brazos. Se lo estaba pasando en grande – tengo que admitir que fue muy interesante.

Elena lo observó resentida

- ¿Esta es tu nueva estrategia? ¿Apartarme de ti?

- Tan solo sigo con mi vida. Y he decidido que mi vida no te incluya a ti

- ¿Por qué?

- Porque me haces sentir y no me gusta porque lo que siento es dolor. No soy un mártir Elena, sufrir no va conmigo.

- ¡Pero somos amigos! - insistió

- De eso nada. Te voy a explicar cómo funciona lo nuestro: De un tiempo a esta parte te has empeñado en salvar a Stefan cuando te ha repetido hasta la saciedad que lo dejes en paz. Sin embargo te aferras al recuerdo de una persona que ya no existe y a una relación que murió hace tiempo. No se si eres una ingenua, una idealista o simplemente eres tonta – dio un paso hacia ella y la agarró por la cintura para pegarla totalmente a él. Ella se quedó tan aturdida por el inesperado contacto y sus duras palabras que no reaccionó.

- Tú y yo no podemos ser amigos porque me utilizas en tu propio beneficio.

Elena lo observó incrédula unos instantes y finalmente reaccionó poniendo las manos sobre el pecho de Damon y empujando para intentar zafarse del aquel abrazo cruel. Pero solo consiguió irritarlo aun más.

- Te resulto muy útil para investigar, para mantenerte a salvo e incluso como refuerzo en el intento de redención de mi hermano, ¿verdad? – hizo una pausa y negó con la cabeza – Elena, abre los ojos de una vez. Tú no quieres a Stefan, tan solo te aferras algo que fue bonito mientras duró. No te creas que no lo entiendo, las personas buscan inconscientemente la felicidad que les ha sido arrebatada. Es una meta que al final se convierte en una utopía. – aflojó un poco los brazos – En cuanto a mi... - resopló con tristeza esbozando media sonrisa - Buscas en mi la estabilidad que te daba él, una relación tranquila, sin sobresaltos, sin problemas. Pero yo no soy él, ¿verdad? Soy jodidamente cínico, impulsivo y arrogante. Pero te sientes atraída por mi porque desafío tu estabilidad emocional, te reto constantemente. Tienes miedo de saber lo que sientes por mi porque aunque carezco de virtudes tenerme cerca le da color a tu vida.

- Cállate Damon – murmuró ella con voz débil pero él la ignoró.

- Stefan no pudo o no supo mantenerte cerca. Se sacrificó por mi y yo siempre estaré en deuda con él. Pero eso no significa que yo no tenga derecho a aprovechar la oportunidad que se me ofrece. Tú eres mi oportunidad de ser feliz.

La soltó pero no se alejó de ella. Puso una mano bajo su barbilla y la obligó a mirarlo a los ojos

- Te quiero Elena. Y no me estoy muriendo o enfadado. ¿Vas a hacer algo al respecto? Porque creo que merece la pena apartar las "famosas" capas de mala leche que me envuelven para ver lo que hay debajo.

Ella sintió como se le humedecían los ojos y con toda la ternura del mundo acarició la mejilla en la que comenzaba a aparecer una sombra de barba. Observó que Damon no hacía muecas, no arqueaba las cejas ni entornaba los ojos. Tan solo la miraba expectante. Tampoco retiró la mano de su barbilla sino que se dedicó a acariciarla con suavidad con el pulgar. Entonces ella habló con voz suave.

- Que hayas tenido una vida difícil no justifica tu comportamiento, ni como tratas a los demás, ni la actitud agresiva que tu cuerpo destila a chorros. Yo siempre he creído en la bondad de la gente, en que la parte buena de las personas debe superar a la mala y por eso me cuesta tanto aceptar que eres como eres - sonrió con tristeza – Me importas demasiado como para oblligarte a cambiar y además no sería justo para ninguno de los dos porque tú no serías tú y yo no estaría con el verdadero Damon. Siento mucho lo que ha ocurrido y te agradezco todo lo que has hecho por mi pero yo no funciono bien bajo presión y que tú me obligues a decidir no ayuda nada a aclarar mis ideas.

Ella observó el rostro de Damon con detenimiento. Buscó algún tipo de información sobre lo que pasaba por su cabeza pero no tuvo suerte. Sus ojos eran fríos, distantes, su rostro era impasible y su cuerpo estaba aparentemente relajado. Una punzada de decepción se instaló en su corazón por lo que negó un par de veces con la cabeza y esbozó una sonrisa triste. A continuación se puso de puntillas y apoyando ambas manos sobre sus hombros desnudos, depositó un suave y casto beso en sus labios.

Fue tan fugaz que a Damon no le dio tiempo a reaccionar y tan inesperadamente dulce que la caricia lo sacudió de arriba a abajo como una descarga eléctrica.

Sin embargo, cuando por fin fue consciente de lo que acababa de ocurrir ella ya salía por la puerta.

Continuará...