AUTOR:

¡Le debo este saludo a Allure! que no sólo me dio la primera review sino la bienvenida al mundo del fandom. Hubo torta; bailamos disco y luego lloramos porque sólo éramos dos y nadie nos quería. ¡Gracias Allure que además también ahora me betea con poder beteador ( y un hermoso y doloroso látigo a juego TT_TT" )!

Muchos personajes de muchas series que tal vez ni os suenen y como es un año escolar y nadie elige o cambia a sus compañeros a antojo prefiero tener estipulados a los personajes desde ya para no forzarlos a aparecer a conveniencia, sin embargo sólo serán revelados desde la perspectiva de Castiel a medida los conozca (tengo en mentes personajes de HIMYM, Suits, 2 Broke Girls, Teen Wolf, Hetalia, Bones, House, Law and Order SVU, Happy Endings, Sex and the City —Wtf?—, Being Human (US), Sirens (UK): tomaré de cada universo sólo los personajes que me parecen más interesantes de cada serie, como ejemplo y spoiler; Ted Mosby no existe xD. En mi universo su padre se hizo la vasectomía y fin. xD Habrá un montón para googlear y ponerle caras a algunos personajes pero intentaré que valga la pena.

Finalmente NO todo el mundo será gay (se escuchan abucheos, sí si ya sé). Sé que querían una orgía de 45 individuos pero NO. Ciertamente somos una minoría y está bien así (uno por la supervivencia de la especie y dos porque así podemos decir que somos edición coleccionable xD ) . Vamos al capítulo:


Previamente Sam no podrá ir a su primer día como profesor de cívica en el Instituto Impala en el cual Castiel es alumno. Dean reemplazará a su hermano porque es importante... si la idea te suena estúpida es porque no has leído el capítulo anterior ¬¬. El narrador descubre que es muy malo resumiendo y es despedido al terminar el primer episo... ¡¿QUÉ?!


CAPITULO 3:

"(...) Now I Need A Place To Hide Away
Oh, I Believe In Yesterday.
"

THE BEATLES

CASTIEL. Un mundo listo para recuerdos nuevos.

INICIOS DE ABRIL. EN EL PRESENTE.

Levantó la cabeza sobresaltado cuando el timbre sonó. De súbito, Castiel había sido regresado al presente tras haber pasado los últimos diez minutos perdido en recuerdos de hace medio mes: otro tiempo, mismo pequeño rincón del universo.

Sentado en su pupitre, de lejos parecía estar durmiendo con la cabeza enterrada entre los brazos y los ojos cerrados aunque eso nadie lo notaba. A veces se perdía en sus recuerdos y cuando por fin se hacía consciente de que había sucedido regresaba a la realidad y para el resto del mundo sólo estaba durmiendo.

Diez segundos para respirar hondo y luego la vista se le escapaba hacia su muñeca, donde un hermoso y extremadamente poco juvenil reloj de plata le recordaba a su padre: Chuck Novak. Y otra vez estaba allí, un pequeño Castiel de siete años sentado en mullidos sillones blancos que le parecían enormes, sobre todo porque incluso entonces él era especialmente menudo. Se recuerda a sí mismo, balanceando los pies en silencio, esperando que padre terminase de hablar con la Señorita Hannah en la otra sala a la que él solía entrar normalmente seis horas a la semana para retozar con ella entre juegos de mesa y conversaciones dos horas cada vez que iba.

Al rato se abrió la puerta lentamente y Chuck salió con una sonrisa impuesta. Antes de que el niño pudiese levantarse para irse, su padre se arrodilló frente a él, en la acogedora sala pintada con tonos madera, transformando el gesto incómodo con el que había ingresado a la estancia, en una sonrisa honesta. Tomo las manos del menor con suavidad, haciendo que se viesen muy, muy pequeñas al ser sostenidas por las del adulto y como si fuera lo más preciado del mundo, se dirigió a él con esa cansada y amorosa voz que esta vez sonaba especialmente devota:

—Cassie, ¿sabes que son sólo recuerdos, verdad?— El niño bajó la mirada y asintió; nunca había sido su intención preocupar a su papá. — Sólo porque se sientan bien, no puedes perderte en esos recuerdos, pequeño. Todos extrañamos a mamá y está bien recordarla pero nunca olvides que ahora es ahora y el pasado podemos visitarlo pero no podemos quedarnos a vivir en él. ¿Me entiendes, hijo?—

El niño asintió con una lágrima solitaria corriendo por pequeña y pálida mejilla izquierda. Los brazos de su padre lo rodearon con firmeza, y mientras depositaba besos en su negra y desordenada cabellera, Chuck, grabó a fuego sin querer un consejo que viviría para siempre en el menor de los Novak mientras se quitaba con una mano el reloj de la muñeca opuesta sin dejar de abrazar al pequeño Castiel:

— Siempre regresa, antes de irte mira la hora y llévalo contigo a donde vayas. Tienes que regresar antes de que este palito largo...— le mostró el minutero del hermoso reloj plateado que se había sacado— haya dado media vuelta ¿Me entiendes, Castiel? Es muy importante.

Finalizó el hombre de barba desaliñada, a medida que dejaba el reloj en las pequeñas manos del pálido niño que aún tenía rastros de lágrimas secas y ahora una sonrisa sorprendida. Él, hasta el día de hoy, era capaz de revivir lo que sintió cuando su padre dejó el peso del reloj entre sus pequeñas manos por primera vez. Castiel sin quererlo otra vez había posado la vista sobre el artefacto, una vez más como otras miles antes. Tras siete años de usarlo como nexo con el mundo, el reloj parecía que esta vez, como tantas otras veces, devolverle una mirada comprensiva desde su muñeca.

Hoy en día él era capaz de limitar por si solo sus "viajes" (a falta de una palabra que no sonara a enfermedad mental) hasta un máximo de diez minutos, bueno, casi siempre. Sin embargo, aún llevaba el reloj porque le hacía sentir mejor y es que si tuviera que explicar por qué para él "recordar" era realmente una cosa muy diferente a lo que parecía ser para el resto del mundo, necesitaría toda la seguridad posible. Si no se equivoca, se encontró en posición de más o menos explicarlo a los ocho años tras la tercera o cuarta vez que terminó su sesión con la Señorita Hannah.

Ella era en realidad mucho más divertida de lo que parecía al principio. Hablaban de varias cosas, como sobre qué le gustaba jugar, sus comidas favoritas o quien de sus hermanos era el más serio o cuál había sido la última ocurrencia de Gabriel esa semana. Otras veces, solían jugar juegos de mesa mientras reían de algún comentario de Hannah sobre lo desordenado que era su apartamento gracias a sus pequeños hijos o mientras veían algún dibujo animado.

Al final de una de las primeras visitas recuerda que, con el cariño de siempre, Hannah le dijo emocionada que fuera a la sala de espera a revisar las nuevas revistas de National Geographic que había traído especialmente para él, diciéndole que tenían un artículo sobre abejas. Castiel regresó a la sala, aquella de los enormes cojines blancos, y se dirigió al montón de las coloridas revistas sobre experimentos y ciencia. En realidad había de varios temas, pero él sólo cogía esas porque las fotos eran más bonitas y el mundo se veía tan interesante en ellas.

Saliendo por la puerta rumbo a su sillón favorito, cruzó camino con su padre que le despeinó el cabello para luego entrar al despacho de la terapeuta del que él acababa de salir y cerró suavemente la puerta tras él. Siempre venía a recogerlo quince minutos antes y al final hablaba un rato con Hannah.

Dos días después, en la siguiente sesión; ella le explicó tras saludarlo y sin rodeos el asunto de que su memoria no era como las demás. Sino que a veces se activaba con súper fuerza y que iba a grabar todo lo que el viera. No siempre, no te asustes, se apresuró en explicar. La terapeuta hizo un emocionado y amigable gesto con el puño mientras hablaba:

— Es como hacer una peli en la cabecita, nuestro problema es que si te pones a ver esa peli te distraes de lo que te rodea y luego te olvidas de comer, te quedas parado en medio de una pista o cosas así ..."

Tres años después, ella completó la información antes de despedirse en su última sesión. Esta vez fue más seria y directa en sus palabras. Castiel ya era un jovencito de 11 años y además había aprendido el significado de "vívidamente". Aun así ella se interrumpió varias veces y luego riendo dijo que si se ponía emocional no era porque algo hubiera salido mal.

—Es todo lo contrario, has aprendido a controlar tu superpoder. Viniste, porque teníamos miedo de que al recordar tan vívidamente como haces, fueras a confundir la realidad con esos momentos o sólo prefieras vivir en ellos porque en ellos puedes tener a la gente que extrañas y que ya no está. Empezaste, porque sólo así las podías volver a ver. — Castiel recuerda claramente que la mujer se limpió una lágrima que aún no había caído de sus ojos y tomó las manos del niño antes de seguir.

— Pero ya sabes Castiel, los recuerdos son solo recuerdos y deberías usar tu capacidad sólo para hacer trampa en los exámenes o escribir esos lindos cuentos que escribes. Si empiezo a llorar es porque voy a extrañar mucho tenerte por aquí, Cassie.—Dejó un beso en su frente y lo siguiente que recuerda es la silueta de Hannah moviendo su mano a la distancia para despedirse, haciéndose más difusa a medida que el auto de su padre se alejaba y él la veía por el retrovisor del copiloto. Sabía que siempre podía llamarla pero las mudanzas siempre parecían poner un mundo entre la gente que conocía y su vida actual, incluso cuando la ciudad a la que se mudaba estaba sólo a dos horas de distancia.

A la larga habían empezado a llamar "Viajes" a esos episodios. Fue por iniciativa de su sobreprotector hermano mayor Mike cuando éste tuvo que ir a estudiar una segunda carrera a Inglaterra en contra de sus deseos de quedarse y apoyar a su padre.

Castiel tenía entonces doce años y Mike veinticinco. Estaban ya en el aeropuerto cuando el mayor antes de partir, con una sonrisa en el rostro y una pesadísima maleta al lado de la pierna derecha, le explico que se iba de "viaje" y que al igual que él, trataría de regresar tan pronto como pudiese para poder verlo. Le pidió que no se avergonzara nunca de su don, porque de alguna manera podía "viajar en el tiempo" y no había en ello nada insultante o triste. Desde entonces ya no se sentía culpable de sus… "viajes" pero siempre los mantenía cortos. A veces se desencadenaban sin quererlo, cuando una situación se parecía mucho al inicio de algún recuerdo o algo así, pero últimamente había logrado también controlar mucho mejor eso.

Ese día el profesor White había terminado la clase de química quince minutos antes; por lo que el hombre se había retirado excusándose y pidiendo por favor que no hicieran demasiado ruido hasta que la hora terminara o algún instructor le reprocharía por dejar al salón sin supervisión. Castiel había empezado a recordar su primer día de clases porque al inicio de esos quince minutos inesperadamente libres, estaba allí sin hacer nada al igual que el día en el que el profesor Winchester llegó tarde. Cada minuto que el atrio del aula pasaba vacío, los murmullos generados por los alegres alumnos iban subiendo lentamente y en pequeños grados su intensidad hasta convertir en un montón de susurros en animadas, pero hasta ciertos puntos contenidos, conversaciones que le sonaban idénticas a las que lo rodearon su primer día en el IMPALA. Tanto que le fue imposible no regresar a ese momento y por eso lo había hecho, pero ya estaba de regreso.

A Castiel le agradaba el profesor White, era imposible para el más joven de los Novak evitar opinar que el profesor había jugado muy bien sus cartas. El docente no sólo agradaba a todos por ser tan exigente como era justo y didáctico en su materia; sino que además era un superviviente de cáncer y esto hacía que automáticamente nadie (ni profesores ni alumnado) tuviese ganas de meterse en problemas con él. Castiel se preguntaba si tal vez después de todo, los humanos tenían, inherente a algún nivel, el sentido de corrección política.

Tampoco había logrado descifrar al medio mes de conocer a Walter White si había sido manipulador o brutalmente honesto de parte del profesor el revelar este detalle apenas se presentó en el aula por vez primera. Afortunadamente su historia contaba con un final feliz, uno que buscaba lograr que los chicos supieran que el estudio podía definir y hasta salvar su vida: la venta a último minuto de uno de sus brillantes ensayos a una popular revista médica le había provisto de suficiente dinero para pagar gran parte del tratamiento y ahora se encontraba en saludable y supervisada remisión.

Sacudió la cabeza y se instó a no volver a perderse en sus detalladas memorias pues debía verse muy raro y esperaba que nadie lo hubiera notado. Al despertar notó que ya todos se levantaban para salir, era viernes y la última hora había acabado oficialmente con el toque del timbre hacia dos minutos, por lo que al día siguiente sólo habría que venir para Computación con el joven profesor Tran y Educación Física con "el otro" Winchester.

Balthazar empujó su hombro sobresaltándolo como siempre.

— Oye ¿vienes con nosotros? Hace tiempo que hay días que te vas por tu cuenta, empiezo a creer que si te sigo me voy a enterar que o no tienes casa o que matas prostitutas de camino a tu castillo en la punta de algún peñasco con truenos y todo. Ya sé que es de día, pero estoy seguro que habrá truenos. Sea como sea sería incómodo para mí así que por favor no me pongas en posición de saber. — finalizó en un solo largo aliento el inglés mientras Castiel se levantaba de su sitio y le daba permiso para que saliera.

Sabía que era una broma y había practicado tanto no alterarse porque era imposible que supieran. Además Balthazar había ido a casa con Gail, McNally y Crowley toda la semana así que era imposible que lo hubiese seguido. Además los paseos que solían tomar él y Seeley se eran en el lado contrario de la ciudad. Era imposible.

Su sección de la primera fila era un pupitre largo, compartido por cuatro alumnos, por lo que Balthazar siempre salía por el extremo de Castiel, que le quedaba más próximo. Mientras Gail y Andy McNally hacían lo mismo por el lado opuesto, donde ella estaba a la orilla.

— No lo creo. — Castiel rió un poco. — Es que en serio tengo algo que hacer. — finalizó con una sonrisa educada.

— Igual Balty tiene una cosa qué hacer conmigo... — la voz de Crowley se oyó a sus espaldas baja pero firme.— afortunadamente para mí nada sexual.— Finalizó divertido el escocés con una mirada pícara antes de arrastrar súbitamente a Balthazar fuera del salón, mientras éste le murmuraba algo molesto, sin voltear y rodando los ojos.

— Son tan cerdos, los amo. — Replicó sarcástica la rubia Gail Peck, parada sobre su lugar esperando que Andy McNally terminara de guardar sus cosas al tiempo que ella hacia molestos ruidos de espera con el zapato para molestar a su amiga de cabello color chocolate.

— Lo siento, Gail, lo siento. Es que me urgía copiar todo porque no había entendido esto último y necesito toda la ayuda posible en química, se me da terrible. — La ahora tranquila Andy se levantó con todo listo y una sonrisa complaciente. — Adiós Cas. — Terminó la morena, mientras salía corriendo tras Gail que trataba de alcanzar a su vecino Balthazar arrastrado por Crowley.

Ahora estaba solo en su fila y la gente seguía saliendo con rapidez. "¿Algo que hacer?" ¿Cuándo su vida había cambiado tanto?

En medio del barullo conformado por las cada vez más escasas conversaciones sobre planes para el fin de semana y el sonido de útiles que se golpeaban entre sí . El salón antes lleno de adolescentes emocionados por escapar se movía muchísimo más rápido, como si cada segundo más del necesario dentro del colegio quemara sus pieles, hasta que de repente no había nadie.

Castiel sintió una fuerte mano cerrándose sobre su hombro, presionando suave pero con firmeza y una voz profunda preguntándole si estaba listo para salir. Hacia sólo una semana Seeley Booth se había convertido en ese "Algo que hacer"…en serio: ¿CUÁNDO su vida había cambiado tanto?

Según Booth, él lo supo desde ese primer día de clases.

Según Castiel: cuando una semana después Seeley lo besó en los vestuarios, tras el primer partido de básquetbol.


MEDIADOS DE MARZO.

Ante la ausencia del primer profesor, Castiel dedujo lo que nadie dijo pero que todos parecían saber: si el docente no estaba podían seguir hablando sin hacer demasiado ruido o llamarían la atención de algún supervisor y los obligaría a hacer "algo". Él no sabía porque nunca lo habían castigado y no sabía cómo castigaban aquí pero una coacción sonaba conveniente porque "Para ratificar el poder correctivo del que está investido un superior, resulta necesaria una demostración casi siempre entre los animales" cita textual, escrita en alguno de los cartelitos pegados en la pizarra de su habitación (los cuáles ya debía guardar…empezaban a verse raros).

Incluso hoy, despertaba en él una incomodidad el sólo estar allí sin profesor, sin estudiar. Por algún motivo —posiblemente por un complejo de culpa en el que no ahondó demasiado con Hannah— se sentía como si estuviera haciendo algo malo.

Tras conocer a Crowley, Meg y Balthazar el primer día, los cuatro esperaron infructuosamente que el docente llegara 10 minutos en tenso silencio; creyendo que entraría exigiendo silencio y su atención, por lo que comenzar una charla destinada a interrumpirse tan pronto sería inútil. Castiel estaba a punto de sacar un libro y ponerse a leer cuando de repente Balthazar alzó la mirada de su Guía de Estudiante, la cerró sonriente con ambas manos, haciendo más ruido del necesario y lo miró como si la cura del cáncer hubiera estado escrita en la frente de Castiel Novak todo este tiempo.

— Hombre, ya está. Ya lo sé todo acerca de todo en esta escuela. — Soltó campante y con una frescura casi irreal. Tal vez estaba bromeando.

— Humilde. — sentenció Crowley lanzando su propia guía sin cuidado dentro de una hermosa maleta negra de cuero con hebillas plateadas en forma de "FG" que devolvió al suelo. — Ya está, parece que el profe no llega. Eso debe hacer sido más decepcionante que mirar hacia abajo en las regaderas ¿no?

Meg parecía estar a punto de decir algo cuando una, en ese momento desconocida, voz femenina se dejó oír al lado contrario de Balthazar:

— Y aparentemente, esa guía no tenía un instructivo de cómo dejar de sonar irritante ¿te doy una pista? Callado, ibas por buen camino. —

Para Castiel la voz había surgido desde detrás de Balty con un tono agresivo pero monótono. El inexperto joven se sobresaltó un poco para sus adentros, sin duda no estaba listo para tomar bandos en una discusión ¿debía escoger un bando? ¿Qué pasaba si lo marginaban por elegir al bando incorrecto?... escogería a Balthazar, Meg y Crowley pese a todo porque habían sido muy amables con él al tratarlo como a un amigo. En su mente ya les veía al final del año yendo a los tres como pareja de Meg a los bailes de fin de curso porque eran extremadamente impopulares.

— ¡Gail!— Se oyó reprender a otra voz femenina, desde el extremo opuesto de la carpeta para cuatro en la que Castiel estaba, un poco sacándolo de su dramático escenario mental. Notó a Balthazar darle la espalda y encarar a la chica que estaba a su lado izquierdo y que había soltado la puya: era una chica rubia de pelo corto e inmutables ojos de una tonalidad azul muy frío, que miraban al inglés fijamente, con calmada molestia.

Castiel trató de no parecer demasiado curioso al estirarse un poco para verla bien y logró descubrir que era hermosa, pero también muy pálida. Algo en ella le hacía creer que para la chica era normal estar malhumorada, aunque eso era algo arriesgado de deducir, pero es que la ojiazul rubia tenía una de esas caras que parecían no sonreír de manera habitual.

— Tranquila, McNally — sin bajar la mirada ni inmutarse respondió Gail con un tono mucho más amable pero dirigido a una chica morena menos pálida que ella que se inclinaba hacia la tensa rubia a punto de poner una conciliadora mano sobre su hombro— Conozco a este idiota. — Sonrió hacia Balthazar. — Creo que tú también deberías conocerlo, ya que nos llevará a casa.

Balthazar rió y girándose hacia Castiel y compañía, la presentó al grupo para alivio del joven Novak, que empezaba a preocuparse al poder sentir la hostilidad de Meg crecer. Y debía ser mucha para poder ser sentida por alguien tan falto de empatía como él.

— Disculpen que no la presentara, de hecho venimos y nos vamos juntos pero desde que se encontró con su prima ni me habla y eso que somos vecinos.— tomó aire el inglés para fingir solemnidad— Arrodillaos todos ante Gail de la Casa Peck; heredera de la mitad de comisarías de la ciudad y dueña de los Ándalos — lo que sea que eso signifique— Profesional y tutora en el arte de ser una perra, heredera de una deuda en Dunkin Donuts que te cagas y más recientemente compañía en este baile de la hermosaaa... — prolongó inquisitivo mientras tendía su mano elegantemente hacia la chica a la que Peck se había dirigido como McNally, ésta última sonreía ante la broma de Balthazar cuando pareció despertar de un sueño y procedió a presentarse tonta y rápidamente.

— McNally, digo Andrea. Andy McNally; ósea me llamo Andrea pero por favor llámenme Andy. No me gusta "Andrea". Y tengo 15 años — Atropellando las palabras extendió su mano empujando un poco a Gail pero la replegó tan pronto como se dio cuenta que se estaba presentando a un grupo y no a una sola persona. — Ahm, Hola. — Sonrió un poco tímidamente. — Por favor no me juzguen por esa presentación, soy mucho más genial que eso pero vengo de un colegio de sólo mujeres y no tengo ni idea de qué estoy haciendo, aunque tampoco es que sea tan genial como para... mejor me callo.

Silencio en el grupo. La pobre se notó incómoda y desvió un poco la mirada. La pena invadía a Castiel pero tan pronto como planteó en su mente decir algo Crowley empezó a reír abruptamente dejando caer la cabeza sobre el pupitre.

— Venga, McNally relájate son sólo un montón de pendejos, no la inquisición .— dijo Gail alternando miradas entre Meg, Castiel y Balthazar.— Claro, si no les molesta que les diga "pendejos" en función a lo que he escuchado de vuestras conversaciones.— agregó con pretendida solemnidad.

— No, no. Para nada; "pendejos" nos define bastante bien. — Balty aceptó frunciendo los labios.

— ¡Ah, qué nostalgia! así me decía mami. — suspiró exagerando nostalgia el escocés.

— Eso es más suave de lo que diría de nosotros pero lo aceptaré porque eres nueva. – refunfuñó una Meg muy poco sorprendida.

— Hola McNally; bienvenida — agregó Castiel sincero y amable. Meg se le quedó mirando y de nuevo en segundo todos rompieron a reír al unísono menos él. ¿Había hecho algo mal?

Meg sacudió la cabeza suspirando, un poco mirando a Crowley, otro poco hablando al aire.

— Ya está... nos rodeamos de los raros. Eso me pasa por hablar con los pringados que se sientan en la primera fila. ¡Sabía que debía hablar con el tipo sexy de allá atrás! — miró detrás suyo la chica con mucho disimulo; apoyando su cabeza en el brazo derecho que dejó caer rendido sobre su pupitre.

Cas siguió su vista y pudo ver una sedosa y ondulada cabellera negra moviéndose al unísono. Una chica bastante hermosa se reía y gesticulaba estar sosteniendo algo parecido a una manguera. Tiempo después sabría que el nombre de la bella chica era Allison Argent, pero en ese momento y los siguientes toda su atención fue hacia el chico con el que hablaba. Era alto, eso se podía notar a pesar de que estaba sentado, pero lo realmente sorprendente era el grosor de su cuerpo. Estaba muy en forma y tenía unos marcados rasgos varoniles en el rostro: pómulos fuertes y cabello azabache cortó con un no muy largo mechón delantero que iba desordenadamente hacia arriba. Cruzó la vista con la de Castiel algún momento. El tipo se veía como un "atleta matón de manual" (nunca mejor dicho porque, de hecho, Castiel pudo haber hecho un manual con lo aprendido en todas las películas que había visto sobre secundaria)… y ahora él, tan enclenque e inseguro como se podía le estaba sosteniendo la mirada. Se apresuró en desviar la mirada pero estaba muy seguro que su final ya estaba escrito. Definitivamente estaba muy muerto y mentalmente se preparó para la notificación formal. Antes daban bofetadas con un guante ¿cómo desafían a duelo estos días? ¿Cómo se le olvidó preguntarle eso a su hermano Lucciano?

Motivado por su curiosidad (y algo de automatismo) levantó su cabeza y un segundo después el fornido adolescente, sin dejar hablar con la bella caucásica, aprovechó que ésta bajó la vista hacia su maleta dos segundos para virarse hacia Castiel, asentirle amigable y guiñar un ojo hacia él con toda la confianza del universo.

De inmediato, Novak regresó a su posición como impulsado por un resorte y con un calor en el rostro que no se esperaba tomó una respiración torpe y sólo entonces notó que Meg no decía nada. Volteó avergonzado lentamente preparándose para una real inquisición y esforzándose por no mirar hacia el chico. Esperaba ser juzgado por su nueva amiga al lado de un Crowley que atento oía a McNally, en respuesta sólo encontró una mata de cabello negro cómicamente desperdigado sobre la mesa. Dos segundos después surgieron los ojos de Meg de improviso para preguntarle algo a McNally sobre lo que estaba contando ¡Qué grosero había sido al no prestarle atención! Parecían estar hablando de policías o algo así, por lo que rápidamente trató de integrarse a la conversación fingiendo con cómodo silencio que nunca se había ido, al minuto parecía estar lográndolo muy bien.

Delante suyo Andy parecía no haber notado nada y seguía hablando acerca de la formación de un policía tiernamente emocionada mientras Gail rodaba los ojos y le decía que su entusiasmo le iba arruinar la vida. Al rato Castiel ya sabía que aparte de primas lejanas y muy amigas, ambas eran muy diferentes. Las dos venían de una larga tradición de Policías —la mayoría de muy alto rango— que esperaban de ellas cierta vocación. Era evidente que en el caso de Gail la idea no la entusiasmaba en absoluto, mientras que Andy cada que hablaba al respecto sus ojos se iluminaban y su voz se teñía con devoción; lo único que Castiel sabía al respecto eran unos cuantos episodios de La Ley y el Orden y ese hecho en algún momento se resbaló tímidamente de sus labios sin intención de ser escuchada.

— ¡He visto cada episodio! ¿Quieres que te preste los DVD? Tengo hasta la temporada 20 y son geniales, sobre todo las temporadas antiguas. Así puedes ver cómo ha evolucionado el trabajo policial en casi veinte años y aunque ahora es genial me hubiera gustado ser policía en esa época también… aunque más que nada porque se confiaba mucho más en el trabajo de campo y la intuición.

— Y no mucho antes de eso las mujeres sólo hacíamos el trabajo de escritorio y usábamos un uniforme inútil cuyo único fin era crear demandas por acoso sexual que nunca procedían— Gail soltó — Además preferiría una carrera que no se acabe sólo porque un drogadicto consiguió un arma y tiene suficientes dedos para apuntarme.

—Humor negro; me encanta ésta. — rompió el inesperado silencio con seriedad Crowley, señalando a Peck.

— Suena emocionante. Haces que me sienta mal cuando yo todo lo a lo que aspiro es a decepcionar lo más posible a mis pretenciosos padres... — suspiró falsamente ilusionado Balthazar.

— Y yo un trabajo en el que le pueda gritar a todos y me soporten para que su familia no pase hambre en navidad. — Agregó en tono dulzón Meg.

— ¿O sea que básicamente te gustaría ser un villano de especiales de navidad? — inquirió riendo Crowley. McNally y Gail se unieron a la risa general e incluso Cas captó la referencia y sonrió. De repente todos parecían ser amigos.


INICIOS DE ABRIL. PRESENTE.

Castiel salió apresurado del salón con los libros torpemente agarrados entre sus brazos cruzados y una mochila mal cerrada. Sonriente, Booth llevaba colgaba de su hombro izquierdo una mochila azul oscuro y con la mano contraria hacía ademán de tratar de ayudar al muchacho de ojos azules, aunque sin saber muy bien cómo.

— Sabes que pudiste haber ordenado las cosas allí dentro del salón ¿verdad? no había nadie. — la sonrisa de Booth era siempre confiada e incluso cuando quería hacer saber que tenía razón tenía cierta masculina ternura.

— Perdón. — Castiel pareció súbitamente darse cuenta que el más alto tenía razón — Es que... parece; se siente forzoso apurarse y supuse que debía hacerlo. — esta vez lo dijo como si considerase regresar mientras miraba la puerta del salón. Al final y al cabo sólo estaba a tres metros y apenas habían empezado a bajar las escaleras.

— Olvídalo, Angelito. — Seeley se extendió decidido hacia él y tomó con una sola de sus grandes manos los dos libros más gruesos de los cinco que hacían malabares entre los brazos de Novak. — Retroceder nunca... — lo miró como si esperara algo.

— Ahm... — Castiel sabía que había oído la referencia antes. Era frustrante.

Booth rió otra vez.

— No, pequeño gran tonto: voltéate. — Castiel ladeó la cabeza como siempre hacía ante una confusión – O sea…tu mochila. Tengo que guardar estos — El sonriente joven sacudió los libros en su mano.

— Oh. — Se aclaró un avergonzado Castiel, mientras volteaba ligeramente. — ¿Booth...?

— Llámame Seeley, ya te lo dije. – dijo el mayor al tiempo que colocaba pacientemente los libros en la mochila de Castiel tras abrirla.

— Bien, Seeley ¿era "rendirse jamás", verdad? ... digo, lo de hace un rato. —Castiel le extendió como pudo al chico a sus espaldas los libros restantes por encima de sus propios hombros.

— Sí Cas, era "rendirse jamás". — Sonriente, el más alto dio dos confiadas y suaves palmadas a la espalda del menor. — Listos para ir, Cas ¿Cine o McFrito? Si me sales con que eres vegetariano te forzaré a comer. En serio; mírate hombre, cada paso que das es un triunfo de las ganas de vivir por sobre la física: te llevaré a mi gimnasio algún día.

Empezaron a bajar las escaleras, Seeley sonreía mientras hacía ademanes amplios y energéticos que parecían ser de fútbol americano o algo así (y ahora parecía estar embistiendo al aire con sus gigantes hombros) Sí, definitivamente hablaba de algún deporte. De lejos podía verse a un Castiel que lo miraba ensimismado mientras en el fondo de su mente luchaba por deducir, a base del contexto, la mitad de los términos deportivos que el emocionado joven gesticulaba y a veces no podía contenerse a preguntar.

Booth de buena gana respondía con voz solemne o graciosa dependiendo de si tenía ganas de tomarle el pelo o no al menor. Siempre sin cambiar la boba mirada que una semana de relación puede poner en tu rostro sin que uno se dé cuenta. Castiel tenía una también, pero él se daba cuenta de ello y, plenamente informado, disfrutaba ser un adolescente en su primera relación.