Disclaimer: Fairy Tail no me pertenece.

―Dialogo de los personajes―

Pensamientos de los Personajes y/o Recuerdos

Capítulo 2: Objetivos

Los pasos del par de encapuchados resuenan en el eco del pasaje oscuro, teniendo como única guía las luces reflejadas de las velas que se ubicaban a ambos lados, en unos finos reposaderos de plata fina.

El eco de los pasos contra el piso de piedra se detiene, tras llegar a un gran bloque de piedra que cierra el resto del camino. El más de alto de ambos se acerca, acomodando con cuidado el bulto que trae en la espalda, envuelto en un gran saco de color gris; posa su mano con firmeza sobre la superficie rocosa, palpando hasta encontrar la marca con la yema de sus dedos y aprieta con fuerza, presionando sus uñas contra la roca.

― Oscuridad que engulle la vida, muéstrate ―recita.

La palma del varón se tiñe de magia negra hasta llegar a la superficie de la piedra y esparcirse, formando el símbolo del gremio. La gran masa se llena del brillo de la magia, desasiéndose en pequeñas partículas; dando paso, esta vez, a un pasadizo amplio y con gente transitando.

― Vamos ― le dice el segundo miembro, adentrándose rápidamente dentro del lugar con su compañero siguiéndole el paso.

El nuevo lugar que se esconde tras una re-materializada piedra, posee un piso de color azul claro, diseñado con tenues líneas blancas en toda su extensión; en las paredes de los lados las puertas de madera se juntan una a otra, separadas por apenas un metro. Algunos cuadros con fotos de diferentes personas adornan las paredes de color blanco. Los dos recién llegados se adentran, captando la atención de todas las personas que circulan.

― Bienvenidos ― exclaman todos en conjunto, dando una ligera reverencia.

Los encapuchados sonríen apenas escuchan el alegre y consolador tono de quienes le saludan y asienten, siguiendo su camino hacia el final del pasillo.

Los rostros de las personas embozan sonrisas felices, mientras pierden su vista en las espaldas de los magos que llegan de regreso. Entre el grupo, una mujer de aspecto joven sujeta a un pequeño niño de la mano, mientras este apunta con curiosidad a los encapuchados.

― Mamá, ¿quiénes eran esos de capucha? ―preguntó. La madre baja la vista hacia su pequeño y responde.

― Esos son compañeros de Nora-san, ¿lo recuerdas?

― ¡Ah! Sí, el jugó mucho conmigo ―contesta con un rubor de emoción en sus mejillas―. ¿Ellos son amigos de Nora-san?

― Sí, son amigos de Nora-san.

― Entonces, ¿ellos también jugaran conmigo? ―pregunta emocionado.

― Tal vez, puedes preguntárselo cuando ellos estén desocupados.

― ¡Si, mama!

El pasillo de azulejos termina en una gran puerta de acero, resguardada por dos enmascarados hombres de aspecto corpulento. La fémina de capucha se acerca, y ambos hombres se inclinan de rodillas ante ellos.

― Bienvenidos de vuelta, el maestro les espera ―anuncian. El par se miró al escucharlos, esperó a que abrieran la puerta y entraron.

La nueva sala que se abre es muchísimo más grande, con un largo pasaje que termina ante un ligero trono, guiados por una alfombra rojiza. Algunas estatuas se mantienen dentro, muchas de ellas con ángeles y demonios enfrentándose. Ambos magos caminan hasta llegar al trono, donde un hombre está sentado a la espera de su llegada. El temible y calculador maestro del último gran gremio oscuro, el líder de Tártaros.

― ¿Les fue bien? ―interrogó, mirando el pesado bulto que trae el varón en su espalda.

― La misión fue un éxito, señor ―responden al mismo tiempo.

Se inclinan, dejando las capuchas caer para mostrar sus rostros ante su maestro. Este baja las escaleras, hasta llegar al frente de ambos, arrodillados frente a él.

― Supongo que trajeron algo más que su objetivo con ustedes ― dijo, mirando el inmenso paquete que el pelirrojo puso a su lado―. Espero que sea para nuestro provecho.

― Es como usted afirma, para el beneficio del gremio ―respondió la mujer, alzando la cabeza para mirar directamente a los ojos del hombre.

― Perfecto. Kurozaku tú puedes retirarte, deja eso dentro de la habitación de nuestra preciosa compañera, ella estará a cargo ―ordena, mirando la socarrona sonrisa del ojiazul―. ¿Pasa algo?

― No es nada, sólo pensé que a la serpiente podría interesarle un poco, ya sabe. Está obsesionado con encontrar a su pareja ―menciona con burla. El maestro le observa con sorpresa, pues su subordinado rara vez se interesa en sus compañeros de equipo―. ¿Maestro?

― Está bien, quizás sirva de algo, pero lo harás luego de que cumpla con su tarea inicial ―afirma. El pelirrojo se levanta, toma el gran paquete y se retira. Dejando un "entendido" como última frase antes de cerrar las puertas tras de sí.

Las dos personas restantes son la maga, quién sigue arrodillada ante el maestro y él maestro mismo. El silencio los envuelve por un rato, ella levanta la mirada, encontrando la sonrisa ladina del maestro en ella.

― ¿Ocurre algo? ―le pregunta, ante la extraña sonrisa del hombre.

― ¿Qué se siente? ―le respondió, notando la cara de confusión en ella.

― ¿Disculpe?

― Sé lo que ocurrió durante el encuentro con Lamia Scale, así que dime. ¿Cómo se siente usar tu magia contra ellos? Después de todo, ha pasado tanto.

― Dos años, mi señor.

― ¿Dos años? Bueno, entonces dime… quiero saber ―insistió, extendiendo su mano hacia ella. La maga tomó su mano, levantándose para quedar apenas centímetros del maestro del gremio, quedando oculta su vista ante la alta figura del varón―. Habla.

― Mi Señor, está confundido, no hay sensaciones que explicar. Yo soy fiel al gremio, levantaré mi espada contra todo aquel que vaya contra nuestros ideales, incluso si son personas que solían ser conocidos de mis espíritus ―dijo con simpleza, mientras una frialdad cruda nace en sus orbes azabaches.

― Entonces, es verdad que no quedó nada dentro de ti. Me alegra escuchar eso.

La voz grave del varón infunde una sonrisa en la mujer que está frente suyo, se acerca poco a poco, apoyando sus manos sobre su pecho hasta lograr dejar un beso sobre los labios del varón, quién la apresa entre sus brazos. El contacto se rompe tras unos segundos, en los cuales el hombre de unos aparentes veinticinco años libera a su pareja, con una gran sonrisa de complicidad reluciendo en su rostro.

― Sin duda eres extraña, pero…es suficiente para mí. Puedes volver a tu habitación, luego seguiremos como lo planeamos ―dijo, separándose de la chica.

― ¿Irá a algún lado?

― Haré unas visitas cortas, nada de lo que debas saber.

―Pero señor… yo soy…

― Eres mi servidora, pero no será necesaria tu compañía, quiero que te acostumbres a ir con Kurozaku a las misiones; él será tu compañero de equipo ― le informó, caminando de regreso al trono.

― Mi señor, ¿por qué quiere que vuelva a ser equipo con él? Creí que su trabajo de equipo con Neydel era bastante apto. Además, Kurozaku y yo nos lleva-…

― Neydel está muerta ―le cortó, sentándose con pesadez en el trono.

La información quedó estancada en la mente de la maga, quién se mantuvo callada ante la confesión de su maestro. Se acercó a grandes zancadas, saltando las escaleras tan rápido como pudo hasta llegar al trono, donde se arrodillo a su lado, mirando fijamente al hombre de cabellos negro. Un gemido de angustia escapo de sus labios.

― ¿Es mentira? ¡Es mentira! ¡Neydel no puede estar muerta! ―gritó, posando sus manos sobre el filo del trono, desde donde el pelinegro la mira con nostalgia. Los ojos negros de la fémina se infunden en temor y enojo, mostrando un lado escondido por los años.

― Lo está, Neydel nos ha dejado ―dijo con remordimiento, acariciando la mejilla de la maga con su mano―. No pudimos salvarla, lo lamento ―se disculpó.

― No… ¡No es verdad! Si Neydel está muerta eso quiere decir que…

― Están atendiendo a Era en un escondite cerca a los límites sur de Magnolia. Ya envié al equipo de Nora por él ―le dijo, volteando su vista al techo.

Los pozos negros de la maga se llenaron de pesar, se levantó de golpe del lugar y bajó rápido las escaleras, deteniéndose un momento para preguntar.

― ¿Quién fue?

―Quién más, sólo han podido ser ellos.

Un farfullo de molestia se escapó de sus labios, mientras deja la habitación, deteniéndose en la puerta. Se giró para ver por última vez al maestro, quién la ve con el mismo ciego sentimiento de venganza.

― ¿No ordenará nada para vengarnos?

― Ahora sólo quiero recuperar el cuerpo de Naydel, eso es todo. No hay órdenes. Lo único que debes hacer es estar lista hasta que te llame de nuevo. Vigila especialmente a Kurozaku, no quiero un desastre por su culpa.

― Si ese es su deseo, mi señor ―respondió, asistiendo con la cabeza.

― Y una cosa más.

― Dígame ―musitó, notando la triste expresión en el varón de rojiza mirada.

― Dime por mi nombre, no hay necesidad de seguir con las formalidades cuando estemos a solas. Somos amigos que se cuidan entre ellos, ¿no? ― dijo con una pizca de ánimo.

El rostro de la maga se tiñó de una mezcla entre lastima, ternura y amistad. Embozó la mejor sonrisa que pudo y con un tono más acorde a la situación, le dijo.

― Siempre, Aetos-san.

Cierra la puerta con cierto pesar detrás de ella; una compañera caída en batalla, más almas que han caído presas de la injusticia del mundo mágico actual. Apretó con fuerza los puños y caminó de prisa hacia su habitación, tenía muchas cosas que hacer. Se limpió la comisura de los labios con la manga, borrando el rastro de los labios del maestro de su gremio y enrumbó su camino entre los largos e interminables pasillos.

Al llegar finalmente a un corredor sin salida, posicionó su mano sobre uno de los ladrillos, apretando con suavidad hasta hundirlo por completo. Se alejó un par de pasos. La pared comenzó a retraerse hacia un lado, dando paso a una puerta de madera con filos negros, introdujo una llave en la cerradura y entró.

Las luces dentro de la habitación se encienden con un aplauso, iluminando la amplia habitación que simula ser un mini departamento. Una sala intermedia y un pequeño comedor junto a una cocina, es el primer plano que se puede ver; todo rodeado por el color amarillo pálido de las paredes, envuelto en un estilo victoriano. Se encamina a una puerta que parece dividir el lugar y escucha algunos jadeos provenir del interior.

― No ―musita rápido, abriendo la puerta de golpe. En el interior, justo sobre la cama hay un joven encadenado con grilletes a ella, jadeante y cansado. A los lados están tres figuras, dos de ellas son Virgo y Capricornio, quiénes tienen una expresión preocupada.

― Su Alteza, ha llegado, bienvenida ―responden ambos, inclinándose al igual que la tercera figura ante ella. La maga remueve con rapidez la capa de su cuerpo, corre rápido hasta la cama, posando sus manos sobre la frente del sudoroso hombre atado a la cama, y una mueca de molestia se descubre en sus ojos.

― ¿Desde hace cuanto que está así? ―dice en un tono entre preocupado y molesto.

― Apenas hace unas tres horas, no fue hasta que entró a la guarida del gremio que logramos sentir su estado ―responde Virgo, extendiéndole un paño húmedo.

La maga de oscuros cabellos lo toma rápido, poniéndolo sobre su frente.

― Tenemos que apresurarnos, si sigue en este estado su cuerpo podría regresar al mundo espiritual ―ordenó, dirigiendo su mirada a el tercer integrante del grupo. ―. El paseo en brazos de Kurozaku debió de darte tiempo para estabilizar esa magia.

El tercer integrante muestra una sonrisa ladina, dando una nueva reverencia se levanta del suelo, extendiéndole la mano a la maga para entregarle de vuelta su capa oscura.

― Es hora de usar eso, no hemos usado a esa maga inútil por tonterías ―responde la de oscuros cabellos, sujetando la mano de quién le entrega la larga capa y poniéndosela de vuelta―. Capricornio, vendrás conmigo, Virgo se quedará a cuidarlo. ¿Entendido?

La cabra espiritual se puso rápido a su lado, mientras la sirvienta de cabellos lila se queda de pie junto al lado de la cama.

― ¿Nos vamos, Su Alteza? ―ofrece el tercer integrante, mostrando tras el reflejo de un espejo que está cerca, el tono pálido de su mano femenina.

La maga de cabellos oscuros sonrió gustosa, extrayendo con la otra mano una llave plateada en su mano.

― Hora de irnos.


La larga caminata se llena de silencio, con los dos varones delante de la búsqueda, dejando al par de féminas conversar algunas cosas sin importancia detrás de ellos, aunque los temas de conversación mueren tras poco de ser mencionados, sepultados bajo la seria actitud de los Dragon Slayers. El sonido de las pisadas apenas y se escucha entre la espesa maleza del bosque, siguiendo a través de un camino de ramas y hojas cortadas a manos de Gajeel, buscando su primera pista.

― Quizás debimos tomar el tren ―mencionó la mujer de agua, algo agotada tras la dura caminata. La de pelo azul a su lado le miró con una sonrisa burlona.

― Si lo hubiéramos hecho todo el tiempo que ganamos lo perderíamos cuidando a este par, Juvia ―dijo con gracia, escuchando el chasquido de molestia del dragón de metal.

Sin embargo, la respuesta no tan usual del de cabellos rosas no se escucho ni de asomo, sumido totalmente en su misión y en la confianza de su olfato. Sobre su hombro el gato azul cierra sus ojos en una mueca negativa, su mejor amigo y casi padre es tan igual luego de la muerte de la rubia Heartphilia.

Juvia y Levi tienen una mueca triste en su rostro, que se reemplaza por determinación tras la señal de que deben apresurarse por parte de Gajeel. No hay tiempo para lamentos, deben de seguir el camino, sólo así podrán devolverle a su amigo un poco de la felicidad que perdió tras la muerte de su compañera de equipo.

La caminata continúa por una hora más, hasta que el camino del bosque termina, dejando un gran espacio de arena, donde a lo lejos hay un pueblo destruido, a la vista del grupo.

― ¿Es aquí? ―pregunta el mago de metal.

― Sí, aquí los encontré llevándose a la de Lamia Scale ―respondía Natsu.

― Entonces comencemos a buscar su rastro. Pequeñaja, apresúrate y haz lo tuyo. ―dice con un tono de mandato hacia la de cabellos azules, quién se acerca a zancadas hacia ellos.

― Deberías aprender a ser más amable, Gajeel ―dice con sarcasmo, dejando un bajo "Idiota" al pasar por el lado de los Dragon Slayers. Se adelanta varios pasos, seguida un poco más lejos por los otros tres miembros. Natsu eleva la mirada hacia su amigo, en espera de una explicación.

― Creí que buscaríamos por pedazos, ¿qué hará Levy?― inquirió.

― Espera y verás.

La respuesta de su compañero lo dejó mas intrigado, mientras aprieta con fuerza una pañoleta azul en su bolsillo. Juvia está detrás de él, notando la mueca mientras un pensamiento triste surca su mente.

Natsu-san está tan triste sin ti, Lucy-san.

Levy se detiene a unos metros de llegar hacia el pueblo destruido. Lleva la punta de sus dedos con magia a sus labios y un brillo azulado los pinta. Extiende los brazos a los lados y se prepara para el ataque.

― ¡Hurricane!

Las suaves brisas se acumulan alrededor del pueblo, corriendo cada vez a mayor velocidad, hasta convertirse en un huracán que remueve toda la tierra y las casas destruidas del lugar arrastrándolas hasta un extremo del terreno vacio donde antes estuvo el pueblo.

― ¡Wind! ―exclamó.

El brillo sobre sus labios se intensifica creando una fuerte ventisca que atrapa toda la tierra de los cimientos del pueblo hacia arriba, flotando unos tres metros sobre el suelo. Levy alzó los brazos, para luego dar una fuerte palmada, con lo que toda la tierra deja de levitar sobre el suelo y las fuertes corrientes de aire expanden los aromas en dirección de los magos de Fairy Tail. Una sonrisa orgullosa se asoma en los labios de Gajeel, reconociendo la sonrisa de victoria en los brillantes labios azulados de la pequeña mujer.

― Creí que Levy usaba escritura mágica, no la he visto escribir nada ―comenta Happy, asombrado por la muestra de poder de su compañera―. ¿Es otra manera de hacer magia?

― ¿Qué ha sido eso?― le pregunta Natsu a Juvia, quien sonríe más animada al ver la curiosidad de Natsu, tras varias misiones de ver su silencio como una rutina.

No podía olvidar con facilidad la oscurecida mirada en el Dragneel en las misiones que acompaño al equipo más fuerte de Fairy Tail tras perder a la maga celestial. Quizás no lo había notado mucho por estar pendiente de su querido Gray-sama, pero casi como un retazo de memoria está el brillo alegre en la mirada del mago de fuego, una mirada radiante que únicamente podía ver cada vez que él y Lucy estaban juntos.

La realidad ahora es diferente, el brillo de los ojos de Natsu se ha perdido por el sendero del remordimiento y la venganza. Su sonrisa… es sólo una foto de unos años que parecen jamás volver a repetirse. Es casi como sí con la muerte de la Heartfilia, él ya no se permitiera sonreír por haberle fallado.

― Levy-san desarrolló una forma alternativa de usar su magia ―responde, acercándose con cierta timidez al dragón de fuego. A su lado, Gajeel se encamina hacia la de cabellos azules con una sonrisa socarrona en el rostro, dándole más espacio para tratar con Natsu―. Gajeel-kun le aconsejo dejar de usar la magia con sus manos, ahora Levy-san concentra la magia en la punta de sus dedos y lo transmite a sus labios, con ella cada palabra se convierte automáticamente en magia.

― Levy ha mejorado mucho, ¿verdad, Natsu? ―pregunta más animado el gato azul. Natsu alza la mirada y asiente con más normalidad. Juvia se adelanta hacia Gajeel y Levi, invitando a Natsu con un leve empujón de confianza, pero este apenas da un paso, perdiéndose en la charla que comparten Gajeel y Levi.

Sus expresiones llenas de alegría y diversión, la química entre ambos. Es demasiado para él.

― Veo que mejoraste, enana ― se burla el de cabellos negros, desordenando los cabellos azulados de Levy―. La última vez apenas y duraste un minuto completo.

― Idiota, por supuesto que mejoré, ya han pasado cuatro meses, ¿qué esperabas? ―le responde, con una pose retadora contra la mueca de burla del mago de hierro. Gajeel lleva la mirada a un lado, ignorando las palabras de la maga por mero gusto de fastidiarla―. ¡Gajeel! ¡Te estoy hablando!

― Si, como digas. Desde allí abajo es difícil poder escuchar lo que dices, enana ―dijo, enfatizando el asunto a la vez que baja el cuerpo para quedar con el rostro pegado al de ella. La situación es demasiada cómica entre ambos, o al menos lo es para Gajeel. Desde un año que compartía misiones ocasionalmente con la escritora y siempre gozo de molestarla, y esta vez tampoco sería la excepción.

― ¡Idiota! ¡He crecido! ―le refuta, inflando las mejillas en un gesto infantil.

― Medio milímetro no cuenta, enana.

― ¡He crecido tres centímetros, que tú seas un anormal que crece once centímetros en apenas un año no es mi problema! ―le grita, acercando más su rostro al de Gajeel. Juvia les observa unos pasos más alejada, procurando no recibir un grito por parte de ambos al intentar parar la riña, sin caer en cuenta que Natsu ha permanecido estático detrás de ella.

Los sentidos de Natsu se intensifican ni bien la imagen de Levy y Gajeel juntos es procesada por su cerebro. La química que recorre sus interacciones, el enojo de Levy, las bromas de Gajeel, la perfecta sintonía en emociones entre ambos; todo aquello, corroe su corazón de nostalgia.

Su piel lo recuerda, sus oídos lo escuchan, sus ojos lo engañan con el recuerdo de su amada Lucy. Un truco de su mente lo transporta rápido hacia una vieja memoria que en sueños lo acosa. Son ellos, ella y él mismo frente a sus ojos, discutiendo por el mismo problema de cada misión.

¡Te dije que no usaras tu magia así! ¡La mitad de la paga la perdimos porque quemaste la casa de quién nos contrató! —le riñe su compañera, en una pose de enfado y con los brazos cruzados.

Es cierto, Natsu. Quemaste toda otra vez ―dijo en un suspiro Happy.

¡No es mi culpa! El ladrón se metió ahí, y nos hubiera tomado mucho buscarlo en la completa oscuridad. Era más sencillo hacerlo salir a la fuerza ―se excusa, ignorando la mirada enfadada de su compañera.

¡Pudimos hacerlo salir de otra manera! ¡Quemar la casa entera no era necesario!

¡Aye!

¡Ah! ¡No los escucho, no sé que hablan! ―termina por decir, caminando más rápido para evadir los regaños.

¡Natsu no escapes del problema! ¡Ahora no podre pagar la renta del mes! ― se queja la rubia, mirando con preocupación al gato azul que sostiene entre sus brazos―. Tengo que pagarla pasado mañana o la casera me echara de casa. ― le comenta.

¡Aye! ― responde Happy, causando un suspiro en la rubia maga―. ¡Lucy, no tendrá casa! ―se burla.

¡No te preocupes Lucy! ¡Sólo tenemos que tomar otra misión! ―le grita su compañero con una gran sonrisa en el rostro. Toma su mano, comenzando a correr con la maga trastabillando tras él.

¡Natsu, espera! ¡Vas muy rápido!

¡Tenemos que apurarnos! ¡Si no corremos no llegaremos a tiempo para tomar otra misión! ― dijo, volteando a ver a su amiga de reojo.

¡Vamos!

La respuesta de Lucy está acompañada por una brillante sonrisa de alegría, que se queda grabada en la mente del mago de fuego.

― ¿Natsu? ―le llama el gato, picando el rostro de su amigo con una pata, pero él está lejos de reaccionar, envuelto en el fuerte recuerdo de su compañera. Puede sentirlo, como si ella estuviera ahí a su lado, tomando su mano con toda aquella ternura y amabilidad de hacia años.

De nuevo, esta es otra ocasión donde sus sentidos y su memoria se mezclan para atormentarlo con el recuerdo de su compañera fallecida. Es demasiado real, demasiado perfecto, tan doloroso que el alma se le quiebra y su resistencia flaquea.

Natsu.

Gracias Natsu, por permitirme conocerte.

― ¿Natsu-san? ―le llama Juvia, al notar como Happy vuela frente al Salamander y este sigue sin reaccionar―. Gajeel-kun, algo sucede con Natsu-san ―indica, a lo que este deja de pelear con Levy, notando el extraño comportamiento del mago de fuego―. Natsu-san, ¿sucede algo?

Gajeel no pierde tiempo, caminando hacia Natsu obviando las preguntas de las magas detrás de él. Para cuando llega frente a él, Happy sostiene el rostro de su mejor amigo, mirando a sus ojos para despertarlo de su extraña ilusión.

― ¡Natsu, despierta! ― le grita el gato, dando golpecitos en su cara. Su preocupación va en aumento, el suceso sigue repitiéndose con el tiempo, hasta volverse cada vez más frecuente. No obstante, en la mayoría de ocasiones con un simple grito o un golpe leve el Dragneel reaccionaba de vuelta a la realidad, disculpándose por estar distraído.

― Muévete gato, yo lo soluciono.

― Gajeel… Natsu… ―musitó el pequeño neko, nervioso por su amigo.

―Yo me encargo― se limitó a decir, apartando a Happy de Natsu. ― ¡Oye Salamander! ― gritó, intentando enojar al Dragon Slayer. Pero el rostro de Natsu sigue perdido en la nada―. ¡Te estoy hablando, idiota! ― grita, tomando el brazo de Natsu.

Siente los cálidos dedos de la rubia deslizarse como arañas por su brazos, hasta que por fin logra enredar sus brazos en su pecho, puede sentirlo, el sonido del latir del corazón de ella en su espalda. El aroma de su cabello y su piel filtrarse por su nariz y embriagarlo rápido, el calor de su cuerpo contagiar al suyo.

Natsu.

Gajeel tomó el brazo de su compañero, sumiéndose también en la ilusión tormentosa de Natsu. Parpadeó confuso, notando la difusa figura de alguien abrazar al de cabellos rosa por detrás, enfoca mas la vista, captando la difusa forma de una mujer que se esconde tras el cuerpo de Natsu, el ardor en la piel de sus manos llama su atención, notando como las llamas emergen del cuerpo de Natsu y se extienden a lo largo de su brazo; sin embargo, estás llamas no queman.

― Natsu. Tú…

Quédate conmigo, Natsu…

Y la vio, el rostro pálido de Lucy abrirse paso por el cuello de su compañero de equipo y susurrarle en el oído. Tan real, su olor, su presencia, se sentía demasiado… viva. Podía sentir el aliento de la maga casi como si le estuviese susurrando a él también.

Natsu.

Su voz se escucha dolida pero aún así el rostro del Dragon Slayer esta estático, como si no supiese que hacer para responder al llamado de la rubia. Luego, la mujer pasea sus brazos hasta tocar el pecho del Dragneel, ignorando la presencia de Gajeel por completo.

Te amo, Natsu.

― ¿Tanto la necesitas? ―gritó Gajeel, levantando la mano izquierda para golpear al espectro de la maga que sujeta a Natsu. Está dispuesto a desaparecerla.

¡Natsu!

El grito espectral de la mujer que lo sostiene lo trae fuera de su ensueño, y sujeta con fuerza el puño del pelinegro que está muy cerca del cuerpo frágil del espectro de su amada Lucy. No quiere perderla a ella también, no a ese pequeño recuerdo, no lo último que su mente puede darse el lujo de cuidar.

― ¡No la toques! ― exclamó, presionando los brazos de su compañero con sus manos. Las flamas mágicas que se extienden por el brazo derecho de Gajeel comienzan a arder levemente, intensificando la advertencia clara para que se aleje de su ilusión―. No la toques… ¡No te atrevas a lastimarla!

― ¡Reacciona de una puta vez, Salamander! ― contesta, soltándose del agarre del Dragneel para propinarle un golpe en el estomago, desvaneciendo completamente la ilusión. El calor de su espalda se ha desvanecido, las manos que sostienen su pecho también, y con ello… la dulce voz ha terminado por apagarse, de nuevo. Levanta la mirada, notando la furiosa expresión de Gajeel, él también conoce su secreto ahora―. Responde, ¿tanto la necesitas?

― No es algo que deba responderte, Gajeel. Vamos, tenemos cosas que hacer ― responde rápido, dando un paso al lado para ir hacia donde estaban los restos de pueblo. El pequeño gato alado a su lado le acompaña, sin mencionar palabra.

― Entonces ella era tu pareja, la única dentro de tu vida como Dragon Slayer.

La voz dura de Gajeel lo hace detenerse a su lado, cerrando los ojos para calmar los nervios que consumen su corazón. Es verdad, Lucy es…era su pareja para toda su vida.

― Si no respondes es porque tengo razón, y este tan desesperado para hacer ese conjuro. Puede que a nuestros padres les funcionara bien, pero para nosotros que no somos dragones reales, ese hechizo es una condena que nos consume con el tiempo. Salamander, has cometido un error al no sepultar esas memorias.

― Mi verdadero error será dejarla morir en mi corazón, Gajeel. Estoy seguro que harías lo mismo si quién se hubiera marchado fuese Levy, así que cierra la boca y no menciones más esto ―sentencia, removiendo entre sus dedos unas flamas pequeñas―. Gracias a que te has entrometido, mi marca te mataría antes de intentar quitarme esta maldición.

El tono frío de Natsu termina por fastidiar su humor y ya sin decir palabra se voltea para seguirlo en busca del rastro, omitiendo el hecho ante las confundidas miradas de Juvia y Levy.

― ¿Natsu está bien, Gajeel? ― le pregunta la de cabello azul.

― Es un problema suyo, enana. Ahora vamos, tenemos que seguir ese rastro para hallar las llaves de la coneja.

― Gajeel ―insiste ella, notando la tensión en el mago―. ¿Hay algo que quieras contarme? ―preguntó. Él le miró indeciso, ¿podría contarle? ¿Serviría de algo?―. Dime, Gajeel.

― No es nada, sólo es un idiota ―respondió sin más, siguiendo a Natsu.

Podía notar la confusión en la mirada de Levy, pero tampoco sería capaz de contarle la realidad que afrontaba Natsu. No sabía qué tan profundo fue el dolor del Salamander como para llevarlo a tomar tan cruel decisión, pero lo que si conocía era que… Lucy, la maga celestial, representó demasiado para él.

Estoy seguro que hubieras hecho lo mismo si quién se hubiese marchado fuese Levy.

Le había dicho eso, y por más que su mente lo negara, su corazón sólo se encogía ante la posibilidad de perderla. Levy Mcgarden, la pequeña "enana" como le suele llamar, logró atrapar su corazón de una manera tan extraña que ni siquiera supo en qué momento cayó enamorado de ella.

Su único deseo es protegerla y poseerla por el resto de su vida.

La magia Dragon Slayer para revivir recuerdos de las parejas perdidas. Una magia prohibida.

Metallicana, ¿en verdad es tan dañino querer recordar a quién se pierde?

Se agachó por entre los cúmulos de tierra, dando profundos respiros para encontrar alguna esencia en particular, la esencia de los espíritus estelares. Su perfecto oído le permitió escuchar la conversación de la enfermería con claridad, y si estaba en lo correcto, los espíritus usados en la batalla debieron ser resguardados por un mago designado. Pero, ¿quién era el guardián de aquellas llaves?

Volteó de reojo a ver a Natsu, notando como este caminaba sin reparar en algún lugar en específico, más bien parecía buscar algo escondido por debajo de la tierra. Siguió su búsqueda, intentando recordar a qué mago del gremio le fue asignado ese par de llaves, notando la atenta mirada del par de magas en él y Natsu.

― Juvia está preocupada por Natsu-san.

― Yo también lo estoy, Juvia. Después de todo, es la primera vez que salgo de misión con él desde el incidente de Lu-chan y… me siento mal de sólo verlo ―mencionó en voz baja, aguantando el dolor del recuerdo de su amiga.

― Se veía muy extraño hace rato.

― Natsu es muy diferente ahora, Juvia. Además me preocupa más el hecho de que un gremio oscuro tenga las llaves que tanto nos esforzamos en resguardar, para Natsu esto debe ser… una falta de respeto a la memoria de Lucy.

― ¿Quién era el guardián de esas llaves? ―preguntó.

―Una le fue dada a Warren, la otra a Macao. Pero ambos dijeron que las llaves desaparecieron de la nada, eso fue cuando el maestro de Blue Pegasus nos dio aquellas capsulas especiales para retener a los espíritus estelares.

― Eso fue un mes luego de la muerte de Lucy-san. ¿Por qué recién está mostrándose ese gremio oscuro?

― La pregunta esencial es: ¿Por qué Capricornio y Virgo no se quedaron en el mundo espiritual si la década de vigencia aún no termina? ―afirmó Levy, siguiendo con la mirada la figura de Natsu.

Lu-chan, perdóname. No he podido mantener mi promesa, yo… no he logrado liberar a tus amados espíritus. No soy capaz de arrebatarme a mi misma y a Natsu lo único que nos dejaste en este mundo.

Las lágrimas desean escapar de sus ojos, la pena de la muerte de Lucy es demasiado palpable aún. Aguanta con todo lo que puede y sólo opta por apretar con ligereza el pendiente circular en su cuello.

― ¡Encontré algo! ―grita el felino azul, escarbando el suelo con sus garras. Los magos corren rápido hacia él, notando por el agujero escarbado unas piedras con escrituras sobre ellas.

― ¿Runas? ―musita la maga de agua.

― Yo me encargo ―exclama Levy, pasando de nuevo los dedos por sobre sus labios―. ¡Gravity!

La exclamación hace temblar el suelo, y por entre la tierra las paredes de piedras de lo que parece un escondite comienzan a alzarse hasta emerger totalmente del suelo.

― Tal como lo pensé, las runas no permitieron que se mostrara cuando removí la ciudad. Denme un segundo y decodificare las runas ―afirmó Levy, acercándose hacia la superficie rocosa.

Tras unos minutos de trabajo, Levy se alejó del extraño recinto, mientras las runas se desvanecen en una secuencia rápida.

― Entraré primero ―advirtió Natsu, pasando por el lado de Levy y destruyendo de una patada la puerta―. Levy, ¿cuándo fueron puestas las runas? ―preguntó, notando el extraño olor de sangre salir del escondite.

― Parece que las pusieron para que nadie saliera. Posiblemente fue antes de la batalla contra Lamia Scale.

― Esperen aquí ―ordenó el Dragon Slayer de fuego, siendo seguido únicamente por Happy.

Los pasos del mago de fuego hicieron eco en el lugar, la oscuridad cubre en su totalidad el recinto, pero puede notar por el olor que hay múltiples personas tiradas en el suelo.

― Natsu, está demasiado oscuro ―musita el gato, algo atemorizado ante el olor fuerte de la sangre.

― Tranquilo, Happy, yo me encargo ―responde, chasqueando los dedos. El fuego en su palma se desprende, flotando hasta dividirse en varias lenguas de fuego que se dispersan por alrededor del lugar, iluminando el escenario.

La escena antes sus ojos, es repulsiva.

Y lo que más resalta, es la marca de sangre que resalta en el fondo. La marca del gremio oscuro, Tártaros.

― Natsu… esto es…― musita el gato asustado.

Un chasquido de molestia se escapa de los labios del Dragneel, sin duda el gremio oscuro estaba seguro que él volvería por pruebas.

― Sin duda son astutos ―comentó Gajeel―. Les pedí que se quedaran afuera, quería hablar un momento contigo, Salamander. Tal parece que se divirtieron asesinando a todos, estoy seguro que era un gremio oscuro que robaba en los puertos del norte.

Las palabras de Gajeel no son escuchadas con claridad por Natsu, mientras concentra su mirada en la extraña marca del gremio de Tártaros. La figura es de un demonio con cuernos rodeado de cadenas, como si lo retuviera. Puede recordar haber visto aquella figura con anterioridad, pero la imagen es tan difusa que su mente no logra conectarla con momentos pasados.

― Natsu, ¿qué pasa con tus flamas? ―pregunta con curiosidad Happy, al notar como una de las lenguas de fuego se remueve inquieta.

― No soy yo ―responde, acercándose hasta llegar a la legua de fuego. Estira la palma, intentando regular su magia, pero la flama se remueve sin control entre sus dedos―. ¿Qué rayos?

― Está reaccionando a otra magia ―indica Gajeel―. Y creo que es con esa marca ―dijo, señalando la marca en la pared.

Un mal presentimiento se expandió por el cuerpo de Natsu al enfocar sus ojos de nuevo en la insignia de Tártaros, estiro la mano con cierto nerviosismo, impropio de su actitud usual, el fuego se desprende de su mano, directo contra la marca.

La pared brilla en un tono violáceo oscuro, consumiendo las flamas al instante. Al mismo tiempo, la marca de Tártaros se deshace, reduciéndose a unas letras en fuego al centro. El brillo anaranjado en ellas se difumina hasta desvanecerse. Natsu se asoma a leerlo con detenimiento.

El mensaje es claro y definitivo. Sus ojos se llenan de rabia tras leerlo y se da vuelta, sumiendo de nuevo el lugar a la oscuridad absoluta.

― ¡Salamander! ¡Oye, espera! ― grita Gajeel. Tanteando para detenerlo.

― Ve con las muchachas de regreso al gremio, necesitamos darle un mensaje a todos los guardianes ―exclama en un tono autoritario. Saliendo rápido del lugar, en la entrada, Levy y Juvia le miran extrañadas.

― ¿Natsu? ¿Pasa algo? Te ves molesto ―se anima a decir Levy. El de cabellos rosados pasa a su lado sin decir palabra―. ¡Natsu! ¿A dónde vas?

― Regresen al gremio, yo debo de ir a ver a alguien. Apresúrense ―ordenó, dándoles unas señas al felino azul―. Vamos, Happy.

― Aye ―se limitó a responder en un sonido bajo, extendiendo sus alas y tomando al mago de fuego por la espalda.

― ¡Natsu-san! ¡Espere!― gritó Juvia, sin lograr detener al mago de fuego. A su lado, Levy ingreso rápido al oscuro escondite. La maga peli azul camino rápido, hasta chocar con el cuerpo de Gajeel entre la oscuridad.

― ¿Levy-san? ¿Dónde está? ―preguntó la ex-elemental four, entrando de a pocos al lugar.

― Oye enana, enciende una luz y que sea rápido ―indicó Gajeel, sujetándola por los hombros. Levy asintió en silencio, escribiendo por sobre el aire la palabra "Light", iluminando el lugar de nuevo―. Bien hecho ―alagó, caminando directo hacia las paredes para leer el mensaje que dejo tan ofuscado al hijo de Igneel.

Sus sentidos se alertaron casi de manera automática.

― Debemos volver ―afirmó, llamando al par de magas para que se acercasen al lugar. Juvia y Levy se acercaron, aguantando la repulsión al pasar por entre los cuerpos tendidos sobre el suelo. El mensaje en la pared, llamó su completa atención.

― No puede ser… Lucy-san…

― Debemos regresar al gremio, debemos advertirles a todos ―respondió Gajeel, atento al ligero temblor que recorrió el cuerpo de su compañera.

― Ese gremio… Tártaros ―musitó sorprendida, re-leyendo el mensaje una y otra vez.

"Las llaves serán de Tártaros, estén listas hadas"

― ¿Cómo se enteraron? ―exclamó asombrada.

― Eso no importa, ahora debemos de proteger las llaves que quedan. Son trece guardianes, debemos de advertirles a todos ellos ―aseguró Gajeel, meciendo a la chica por el hombro para que se calmara.

Levy levantó la mirada, encontrando la serena mirada de Gajeel. Debe de mantenerse tranquila, el deber ahora es proteger las llaves de su mejor amiga.

Yo soy una guardiana, y mi deber es proteger una de tus llaves, Lu-chan. Tranquila, Géminis estará a salvo conmigo.

― Regresemos al gremio, debemos advertirle al maestro ―exclamó Juvia. Levy y Gajeel asintieron ante su oferta y salieron del lugar, encaminándose de vuelta a Fairy Tail.


El sonrojo en su rostro no puede ser mayor, rodeada por tres galantes y simpáticos hombres que se desviven por atenderla a cada segundo. Esta recostada sobre una mullida cama de grandes almohadones y colchas espesas, tiene varias vendas en el cuerpo, producto de la derrota contra el gremio oscuro, pero gracias al cielo logro escapar de ellos y caer cerca de los territorios de Blue Pegasus.

― ¿Te sigue doliendo el cuerpo, Sheryl-san? ―pregunta preocupado Eve. La de cabellos rosas le mira nerviosa y niega con la cabeza―. ¿Segura? Podemos pedir más medicamentos, estás muy mal herida.

― N-No, estoy bien, gracias ―responde.

― ¿E-Estás segura? ―pregunta con un fuerte sonrojo el miembro de piel oscuro y cabellos negros.

― ¿Eh? Si, sólo… estoy preocupada por Jura-san y Lyon-sama.

El joven de largas pestañas, Hibiki, se acercó con cuidado hacia ella.

― Tranquila, Fairy Tail está cuidando de ellos. No hay de qué preocuparse ―le animó, causando una tímida sonrisa en ella―. Bueno, Eve, debemos irnos, dejemos a Ren a solas con Sheryl-chan.

El más joven del trío le miró confundido, para luego darle una sonrisa picarona al morocho y salir seguido de Hibiki rumbo a la puerta. Una vez esta fue cerrada, el silencio sumió totalmente a la pareja de magos, quienes sonrojados son incapaz de decir palabra para romper el silencio.

― ¿R-Ren? ―le llama, luchando por no tartamudear.

― S-Si.

―Eh, b-bueno… quisiera pedirte… un favor ―musitó nerviosa, jugando con sus dedos para calmar su vergüenza. Ren le giró a ver, acercándose hasta la cama para quedarse de pie a su lado―. N-Necesito hablar con el Maestro, por favor. Es urgente ―dijo rápido, intentando controlar su tono de voz.

― ¿El maestro? ¿Por qué?

― ¿Eh? Es… es algo… confidencial…

Ren le miró sereno, sin duda Sheryl estaba haciendo un esfuerzo por mantenerse serena. A diferencia de las primeras horas cuando despertó, la joven maga parecía mucho más tranquila, claro, quién podría estar tranquilo luego de caer casi cien metros sobre el aire y aterrizar en un bosque.

― Está bien, iré por el maestro ―indicó, retirándose rápido de la habitación para dejar a solas a la mujer.

Sheryl alzó la vista, notando como la figura del mago desaparece tras la puerta y la soledad de la gran habitación la envuelve totalmente. Su mirada se ensombrece ligeramente, y se levanta de la cama, descubriendo sus piernas llenas de vendas. Un sonido, similar al de una campana le llama desde la puerta, y a paso lento, sale de la habitación. La vista ensombrecida nota las figuras de los magos de Fairy Tail al entrar por la puerta del gremio donde se está hospedando, al igual que la figura de Ren hablando con el Maestro Bob.

El viejo afeminado parece contener un suspiro y con unas palmaditas al moreno del trío mágico se dirige a la puerta por la que ella ha salido, su cuerpo se oculta en automático de su vista y camina por otro extremo del gremio, ocultándose hasta llegar a un corredor largo y poco iluminado. Una puerta con un fino cerrojo llama su atención y la abre con cuidado, buscando en el interior de la pintoresca habitación.

― ¿Dónde está? ¿Dónde está? ¿Dónde está la luz más poderosa? ―musitó, comenzando a rebuscar con fuerza entre los cajones.

― ¿Eh? ¿Ya despertó? ―preguntó Erza, tratando de evitar los piropos de Eve y Hibiki.

― Despertó hace ya varias horas, la pobre dice que intento huir de sus captores y estos la lanzaron desde lo alto del cielo, pero no recuerda si estaba en una nave o algo parecido ―aclaró Eve.

― ¿Ha dicho algo sobre quiénes la tenían secuestrada o lo que querían? ― inquirió Gray.

― Tampoco, sólo dice que perdió algo importante en la misión ―dijo Hibiki.

Gray y Erza intercambiaron miradas, la lagrima de agua que el Consejo ordenó trasladar había sido robada.

― Ya veo, ¿el maestro Bob está aquí? Tengo un mensaje para él ―informó Titania.

― Está hablando con Sheryl ahora mismo, tardara un poco ―comentó Ren, acercándose al grupo para saludar.

Al lado de Gray y Erza, Wendy permanece con la mirada fija en un punto al final de la barra del gremio, casi como si estuviera buscando algo. Gray la bajó a ver, al notar como la gata blanca posee la misma mirada que su compañera, fija en la nada.

― Wendy, ¿pasa algo? ― preguntó.

La Marvell enfocó su mirada tras dar un rápido respiro.

― Sheryl-san está por allá, acabo de sentir su presencia cerca de aquellos corredores ―infirió, señalando con el brazo un pasillo que se conecta a la barra.

― Eso no es posible, no la hemos visto salir de su habitación.

La negación de Hibiki trae un mal presentimiento por parte de Erza. Puede sentirlo, algo no está bien, algo dentro de Blue Pegasus anda completamente mal.

― ¿Dónde está la habitación de Sheryl? ―dijo con voz autoritaria. Eve se encoge un poco al oírla y contesta.

― Yo te llevo hacia allí, Gray y los demás, vayan con Wendy-chan. Quizás sólo se perdió ―respondió rápido Hibiki, indicándole a Erza para que le siguiera dentro del gremio.


El gran Maestro Bob entra con una expresión seria a la habitación, encontrando el cuerpo tendido de Sheryl en la cama, la mujer se levanta a paso suave, mirándolo con ojos serenos y algo enfadados.

― Debo felicitarte, de no ser porque anduve investigando los hechos en el mundo espiritual, quizás habrías pasado desapercibida ―indica, apretando los puños y separando las piernas en una pose serena y robusta―. Pero, estás equivocada si crees que me engañaras a mí ―expresa, esta vez con un tono más grave y masculino.

Sheryl emite una sonrisa, extendiendo el brazo a un lado para mostrar las dos llaves doradas.

― Capricornio y Virgo, las llaves perdidas de hace dos años, ¿cómo las obtuviste? ―pregunta, acumulando una magia azulada en la palma derecha de su mano.

― No tengo intención de decírtelo, sólo vine por qué debo dejar un mensaje de mi maestro ―respondió―. Ven, Capricornio.

A su lado, en un brillo dorado la figura de la cabra se muestra valerosa y serena al lado de su maestra.

― A sus órdenes.

― ¿Cómo te has atrevido a tomarlos? No te bastó llevarte a su maestra original, también te los llevaste contigo, maga de Tártaros ―bramó furioso el Maestro, alzando el puño para arremeter contra ella.

― Capricornio ―ordenó rápido. El espíritu a su lado meció su mano, desvaneciendo la magia del miembro de Blue Pegasus―. Estoy sorprendida de que dedujeras que yo asesiné a Lucy Hearthfilia, pero… es más que sólo eso, maestro Bob.

Las palabras de la fémina dejar caer poco a poco la falsa apariencia de Sheryl, mostrando el cuerpo cubierto por una fina capa. En su mano izquierda le muestra una llave de plata. Una sonrisa amplia se expande en su rostro.

― La constelación del camaleón, así fue como tomaste la figura de Sheryl para engañar a Ren y los demás ―deduce el varón, identificando la constelación de la llave plateada.

― Algo así, pero no nos adelantemos… he venido a traerle un mensaje del líder de Tártaros. Escuche bien, para que luego no se arrepientan.

Su aclamación sale acompañada por el ataque frontal de Capricornio, quién arremete potente contra el viejo maestro, quién aunque envejecido, intercepta con total experiencia el golpe y contraataca con los puños, comenzando una pelea a mano limpia contra el espíritu.

― Nosotros, Tártaros, emprenderemos la guerra contra el mundo mágico actual, y todo él que se oponga será eliminado del mapa, al igual que aquellos pueblos que osaron faltar a nuestros principios.

― ¿Fueron ustedes? ―pregunta el Maestro, desviando la mirada de Caprico para observar como la maga se descubre el rostro, mostrándole unos oscuros cabellos cortos y ondeados, mostrando el pálido color de sus ojos y una marca en su mejilla.

― ¡Capricornio, ahora!

― ¡A la orden! ―respondió el espíritu, separándose de su oponente para lanzar una esfera cristalizada al suelo, que explota justo en los pies del mago, esparciendo un humo rojizo que penetra por la piel y lo entumece.

― ¡No te dejaré ir! ―gritó el varón, formando un triangulo con la punta de sus dedos―. ¡Magia Destructora, Marea Negra!

Un circulo de magia rodea el triangulo de luces, creando una fuerte marea de aguas turbulentas que se dispara en proyectil contra la maga, mientras Capricornio se queda estático a un lado de la habitación.

― ¡Su Alteza! ―gritó aterrado el espíritu, al ver como el ataque ha dado de lleno en su maestra.

― Oh, ¿usaste una magia de paralización al intercambiar golpes con Capricornio? Digno de un Maestro de gremio oficial. Aunque… ya deberías saber que estos ataques no tendrán efecto contra mí.

La magia de aguas se desvanece a pocos centímetros del cuerpo de la maga de cabellos oscuros, dejando tan solo un rastro brillante de polvo.

― Ábrete, puerta del escudo, Scutum ―susurra, mostrando en su mano izquierda una nueva llave de un tono cobrizo, con la punta redondeada. Delante de su cuerpo un escudo brillante con bordes cinco afilados bordes superpuestos a la circunferencia y grabados con la figura de la constelación aparece.

― A sus órdenes ―musita una nueva voz, un hombre con armadura cuyo brazo es el mismo escudo―. ¿Esta herida, Su alteza? ― pregunta.

Los ojos negros de la maga se entrecierran mientras le da una simple caricia en la cabeza al espíritu.

― Para nada, puedes irte ―dijo, el espíritu asintió, desvaneciendo de pronto.

La expresión en el rostro del Maestro Bob es de expectación absoluta.

― Esa llave… ―musita asombrado.

― Era tuya hace veinte años, costó hallarla pero me adoptó bien a encontrar cosas. Por ejemplo, ya pude encontrar un objeto de mi interés ―expresa, sonriendo ampliamente―. Es hora de que me vaya, no deseo enfrentarme a Titania por ahora.

La palma de su mano se extiende a un lado, abriendo un portal dimensional en la pared tras suyo.

― Regresa, Capricornio. Hemos acabado aquí. ― informa, tomando la capa del suelo para volver a cubrirse. ― Tenemos a tu viejo amigo de vuelta.

La satisfacción en su rostro es casi tan grande como el temor del líder de Blue Pegasus. Intenta dar pasos hacia ella, volviendo su vista a sus piernas, corroídas por aquel humo rojizo que quema toda su piel. Un jadeo de dolor escapa de sus labios, pero se sigue manteniendo, dando más pasos hacia ella.

― No te lo permito, yo soy… el protector de ese objeto. Tú… la mataste… a esa hada ―dijo, con la voz adolorida.

― Ya no tienes que protegerlo, porque ahora me pertenece ―respondió, expandiendo su palma hacia el frente para mostrarle una pequeña esfera dorada que brilla de manera opaca―. Voy tres, quedan nueve.

Y con fuerza aprieta la esfera entre sus manos, quebrando la capsula desde donde se revela la figura de la llave dorada del zodiaco. Un espectro dorado se difuma al lado de la peli negra de Tártaros. La llave le pertenece ahora.

― ¡Espera!

― ¡Maestro Bob! ¡Maestro!

Los gritos vienen desde la puerta, que se desploma tras un fuerte estruendo, dejando ver la figura de un agitado Hibiki, junto a Erza, quién lleva puesta su armadura del purgatorio.

― ¡Maestro! ―gritó Hibiki, corriendo hacia él.

Erza desvió la mirada, notando la presencia oscura de aquella mujer con una llave entre sus manos y portal tras de ella. Una extraña sensación de familiaridad recorre su cuerpo.

¡Esta magia es…!

― ¡Erza, es ella! ¡La maga que intercambio lugares con Lucy! ―gritó enardecido el maestro, resistiendo el dolor de las profundas quemaduras.

Un sonido de crujido llenó el lugar. La magia de Erza se llenó de una furia incontenible, lanzándose sin pensarlo con la gran espada en su mano, lista para rebanar a su contrincante. Su enemiga se ha dejado caer en el portal, apretando su reciente adquisición en su mano.

― ¡Erza, cuidado! ¡La llave! ―gritó Hibiki, al notar el brillo que reluce en la muñeca de la mujer encapuchada.

¡Lucy!

Adiós, Erza. Cuídate mucho, ¿sí? Y mantén a Natsu y Gray al margen.

¡Lucy!

― ¡No escaparas!

La pesada espada destroza la capucha por un extremo, generando un profundo corte en la mejilla de la maga de Tártaros.

― Hasta la próxima, Erza ―responde la maga, mirando fijamente los orbes enfurecidos de la Scarlett, desvaneciendo su cuerpo en el portal ya cerrado.

― Se ha escapado ―musitó frustrada la pelirroja, clavando su espada en el suelo.

― Y no sólo eso… se ha llevado la llave de Leo consigo ―añade el maestro, desvaneciéndose sobre el suelo.

― ¡Maestro! ¡Maestro reaccione! ―lo zarandeó Hibiki―. ¡Erza, trae a Wendy-chan! ¡Rápido! ― pidió.

Erza levantó la mirada, aún sorprendida.

El guardián de la llave de Leo, el maestro de Blue Pegasus, derrotado.

Hasta la próxima, Erza.

Ella está… coleccionando las llaves de Lucy.

Ella… quiere tomar todo los rastros de Lucy.

― ¡Erza!

― ¡Ya lo sé! ―contestó en un grito, echando a correr en busca de la Dragon Slayer. Al salir de la habitación, los recuerdos la inundan.

Erza, guarda esto en secreto. ¿Entendido?

Claro, maestro.

Creemos que alguien tuvo que ver en la muerte de Lucy, alguien más aparte de ese sujeto con el que se enfrentaron.

¿Alguien más?

Alguien que buscó llevarse la vida de Lucy y también su magia.

― Lucy, no dejaré que desaparezcas. Yo, protegeré la llave que se me encomendó y también todas las demás.

¡No dejaré a tus preciados espíritus en manos de ese gremio! ¡Lo prometo, Lucy!


*Avance*

― ¿Quién eres tú? ―preguntó.

― Lissana-san, ayúdeme, por favor ―musitó, alzando el brazo en su dirección―. Ayúdenos, se lo ruego. Mi mundo... por favor... salvemos... ―pidió, dejándose caer al suelo inconsciente. Lissana se acercó hasta su cuerpo, removiendo la capa destrozada de su cuerpo para ver su rostro.

―Tú eres... ¿Lira-chan?


NBRSuki: Al fin pude editarlo, disculpen la espera xD. Pero al menos no se quedan esperando los capítulos. Disculpa Lonely por dejarte esperando; pronto te daré los capítulos 4 y 5.

NALonely: ¡Chicos! ¡A que se nota la diferencia! ¡Con el fabuloso trabajo de Suki90, ahora les traemos un capitulo mucho mejor redactado y mas entendible! :D El tercer capitulo reeditado , ¿no es genial?. Muchas gracias a Su-chan por su trabajo. :3