3. Tierra firme
-Me pregunto...-vaciló Íñigo pensativo, mientras vaciaba el agua de su bota izquierda-... por qué, si eres una bruja... estooo... quiero decir, una maga...
Aurora le miró, mientras suspiraba frunciendo el ceño con fuerza. El temido momento había llegado: Íñigo había llegado a la conclusión de que algo no cuadraba en su secuestro.
-Quiero decir... -siguió hablando el español mientras sacaba el agua salada de su otra bota- si tienes poderes mágicos... ¿Por qué no los utilizaste para llegar hasta mí en mi barco? ¿Por qué me secuestraste a hurtadillas como un simple ladrón?
Aurora primero se encogió levemente de hombros y luego volvió a suspirar antes de contestar de carrerilla:
-Es que lo cierto es que AÚN no soy maga de pleno derecho... -Carraspeó como quitándole importancia- Estoy en una especie de... bueno, podríamos decir que estoy en "periodo de pruebas"...
Íñigo dejó de prestarle atención a sus botas y la miró alzando una ceja interrogativamente.
-¿Cómo?... ¿Y eso que quiere decir?
Aurora sintió que enrojecía levemente y evitó la mirada de Íñigo.
-Quiere decir que seguramente me he ganado una buena con el numerito de la barca...
Íñigo al principio no supo que decir, hasta que el aspecto apurado de la joven le hizo soltar una sonora carcajada. Aurora levantó los ojos y lo miró con ofendida indignación. Entonces Íñigo dejó de reírse, con alguna dificultad, y murmuró una disculpa entre toses.
-Bueno... -Continuó Íñigo al cabo de un rato- aclarado ese tema me tendrías que contar alguna cosilla más, ¿no crees?... Si quieres que te ayude...
Ella suspiró dándose por vencida.
-Mira, Íñigo –dijo al fin- hace años que estudio la magia. No hay nada que desee más en esta vida que llegar a ser maga. Pero resulta que el mundo de la magia está regido por muuuuchas normas -bajó la voz y miró por encima del hombro antes de añadir- algunas de esas normas son verdaderas estupideces de viejo chocho, pero ahí están... -otro suspiro- Hay una especie de consejo de magos..."El Aquelarre"...-Levantó los dedos haciendo el gesto de las comillas mientras lo decía- Lo cierto es que la mayoría los magos y magas que lo forman deberían haberse retirado hace tiempo... Pero esto que quede entre nosotros...- Le guiñó el ojo derecho con un gesto de complicidad que hizo sonreír a Íñigo- Bien, pues resulta que ellos, se reúnen cada medio siglo, más o menos, para elegir a un sucesor... Un mago joven que algún día formará parte de ese Aquelarre mágico.
Íñigo asintió algo confuso, sin llegar a relacionar este hecho con lo de su secuestro.
-Creo sinceramente que el mundo de la magia necesita sangre nueva...-Continuó Aurora suspirando- Mi madre lo creía también... Es por ella que quiero ese puesto en el Aquelarre...
-¿Tu madre era maga?
-Si... -Aurora desvió los ojos- era una maga increíble. Pero mi tío consiguió que la acusaran de brujería negra y la encerrasen en prisión...
-¿Vizzini hizo eso?
-No sé hasta que punto conociste a mi tío, pero era perfectamente capaz de acusar falsamente a alguien, si eso beneficiaba a sus propósitos.
Íñigo asintió. No albergaba ninguna duda de eso. El español siempre había tenido claro que si Vizzini le había ayudado a superar su adicción al alcohol en el pasado, no había sido en absoluto por intereses filantrópicos, sino por contar en su equipo con un espadachín brillante.
-Supongo -continuó Aurora- que ahora entenderás porqué no tengo el menor interés en vengar la muerte de mi tío...
-Ya veo... -comentó Íñigo- Pues bien, veamos, descartada definitivamente la venganza, me gustaría saber qué quieres de mí. Dijiste que necesitabas un buen espadachín, que parece ser una constante en la familia Vizzini para... esto... "recurrir" a mis servicios.
-"Touché"- Dijo Aurora sonriendo fríamente- De hecho, fue por mi tío por lo que me enteré de tu existencia. La última vez que le vi con vida, estuvo dándoselas de gran estratega por su gran plan de reclutamiento... Había oído hablar de ti y del otro, tu amigo el grandote...
-Fezzik...
-Sí, Fezzik... Dijo que iba a conseguir vuestros servicios y se iba a convertir en el gran genio mercenario de todos los tiempos. Que los reyes y dirigentes del mundo entero querrían solicitar sus servicios para provocar guerras, asesinar a sus enemigos y ganar elecciones amañadas por él...
-Muy propia de él, esa falta de humildad...-Comentó Iñigo.
-Yo siempre supe que mi tío acabaría siendo víctima de sus propios trapicheos...
Aurora suspiró, dando por finalizada esa parte de la conversación. Después miró alrededor intentando orientarse.
-Cuando me tiraste al agua hace un rato, íbamos en dirección a tierra firme. No estamos lejos de la playa donde nos dirigíamos. Creo que estaremos más cómodos allí para hablar...
-De acuerdo- Se apresuró a decir Íñigo, al que estar rodeado de mar en un pequeño bote de remos, a pesar de ser el pirata Roberts, era algo que no hacía feliz en exceso.
Hizo un gesto caballeroso y agarró los remos:
-¿Hacia dónde voy?
Pero Aurora sonrió mientras le decía:
-No harán falta los servicios del caballeroso pirata Roberts. Ahora que sabes que soy maga no importará que utilice mis hechizos delante de ti... ¡Siempre y cuando- levantó una ceja- no vayas comentando por ahí lo que soy capaz de hacer!
Íñigo llevó la mano derecha a su corazón y juró por su sangre de español y el alma de su padre muerto y vengado, que no revelaría que viajaba en compañía de una maga. Aurora asintió solemnemente, antes de levantar las manos hacia los remos y murmurar unas palabras, al tiempo que hacía un gesto circular con los dedos índices.
El español apenas se sorprendió esta vez, cuando los remos empezaron a moverse solos, llevando el bote con suavidad hacia la tierra firme.
***
Y en estos mismos momentos, en la frontera de Guilder con Florín, dentro de una pequeña tienda ligeramente alejada del campamento de batalla, el profesor Augustus Silverian Fleetwood Tercero, escucha consternado como su héroe (y objeto de la investigación de su vida) el Pirata Roberts, ha sido secuestrado del camarote su propio barco, "El Venganza" por una misteriosa mujer identificada como "La muerte del mar". Hacía tan sólo unas semanas de esto.
-Vaya por dios- Murmuró el viejo profesor, más para sí que para los demás, cuando Fezzik terminó su relato- Que desgracia más inesperada...
-Profesor Silverian- interrumpió Westly sus meditaciones- Cuando mi amigo Fezzik me ha contado la historia, he sabido enseguida que usted era el hombre que necesitaba para ayudarle.
El profesor levantó los ojos para mirarle sorprendido.
-¿Y qué podría yo hacer?
Esta vez fue Fezzik el que contestó, tomando la iniciativa.
-Verá, señor Fleetwood, no puedo abandonar a Íñigo. He decidido ir en su búsqueda y traerle de vuelta cueste lo que cueste... Y necesito ayuda para llegar hasta esa señora del mar y convencerla de que deje libre a Íñigo.
Silverian le miró entre sorprendido y confuso:
-¿Íñigo? ¿Íñigo es el nombre de pila del afamado pirata Roberts?
Westly se adelantó esta vez a Fezzik para responderle:
-Podría decirse que sí, profesor...
-¿Íñigo Roberts?... - El profesor miró hacia su hija Rose, totalmente confuso-¡¡Pero yo pensaba que Roberts era inglés y que su nombre sería algo así como William o Eric, incluso Wilfred!!... Pero ¿Íñigo?... Es un extraño nombre para un pirata... Parece Italiano o...
- Íñigo es español, profesor...- Se apresuró a aclararlo Fezzik
-¡Español!... Pero todo el mundo sabe que los españoles están contra la piratería... Desde luego jamás habría pensado que Roberts... Y menos con ese apodo,"Pirata Roberts", sería español... Quizá lo que quiera sea dejar mal al trono inglés con sus actos de pillaje o tal vez...
Fezzik miró a Westly bastante desesperado y este se apresuró a tomar cartas en el asunto, para que el profesor dejase de divagar.
-Verá, señor Fleetwood, estoy dispuesto a proponerle un trato increíble a cambio de que ayude a mi amigo Fezzik en su búsqueda de Íñigo.
Silverian Fleetwood levantó los ojos sorprendido hacia el joven rubio, al oír sus palabras.
-¿Un trato?... -Murmuró algo confundido.
Westly sonrió pícaramente, mientras asentía.
-Es mejor que nos sentemos- dijo después, haciendo un gesto que les abarcaba a todos- puede que esto nos lleve algo de tiempo. Estoy dispuesto a contarle la verdadera historia del Pirata Roberts, a cambio de que nos ayude a salvar a Íñigo. ¡Y le doy mi palabra de aventurero y enamorado -se llevó la mano al corazón- de que mi revelación dará el empuje definitivo a su biografía del Pirata Roberts!
***
Íñigo sintió el súbito impulso de besar la arena de la playa apenas puso los pies en ella. Pero se contuvo, por el bien de su prestigio. Sin duda Aurora no vería propio de un avezado pirata ese gesto de debilidad (rayano a la desesperación). El español debía reconocerse a sí mismo que, a pesar de haberle cogido cierto gusto a la piratería, estar sobre tierra firme otra vez le hacía realmente feliz. Pero ya pensaría en eso más adelante... Ahora debía ayudar a Aurora a anclar el bote en la playa para que no se lo llevasen las mareas.
Después ella condujo a Íñigo tierra adentro, hasta llegar a unas rocas entre las que había un par de fardos cubiertos por ramas.
-Son nuestro equipaje- Comentó Aurora- Pensaba traerte hasta aquí antes de presentarme... Pero cambiaste mis planes al obsequiarme con ese baño matutino -Íñigo murmuró una especie de disculpa, para terminar con algo así como "pero técnicamente me estabas secuestrando". Aurora asintió, encogiéndose de hombros e hizo un gesto para quitarle importancia- Bueno, ahora creo que será mejor que hagamos una fogata y sequemos algo la ropa que llevamos, para no coger una pulmonía. Me temo que tengo comida, pero no muda de ropa para los dos...
Un rato después, tras haber amontonado algunas ramas de arbolillos cercanos, Aurora encendió el fuego con un misterioso palito del que, de repente, había surgido una pequeña llama.
-¡Buen truco! ¡Eres una maga excelente!...-aplaudió Íñigo
-No es magia, Íñigo... - rió Aurora- ¡Es ciencia! Pronto todo el mundo las usará... Es un invento inglés, muy práctico. Las llaman "luces de fricción"... Pero yo prefiero usar el nombre de "cerilla". Es más fácil de recordar...
Íñigo cogió el resto del palito chamuscado de la mano de Aurora y se quedó mirándolo con atención.
-Es sorprendente...
Aurora sonrió y se empezó a quitar la ropa, para extenderla en unas ramas cercanas a la hoguera. Entonces Íñigo se puso rojo como un tomate y se volvió rápidamente, tosiendo azorado. Ella rió a carcajadas:
-¡No me puedo creer que el gran pirata Roberts reaccione así por ver desnuda a una mujer!
Íñigo hizo un gesto a medio camino entre el fastidio y la disculpa.
-¡Vamos Íñigo!- continuó Aurora, limpiándose las lágrimas de risa que le caían por la cara- ¡Te vas a congelar con esa ropa!... ¿¡No te dará miedo que te vea desnudo!?
El Español sentía la cara tan roja y caliente, que pensó que sólo con eso se secaría toda la ropa que llevaba encima, sin necesidad de que se la quitase. No obstante, para evitar más comentarios socarrones, optó por desprenderse de ella y ponerla sobre las ramas para que se secase al calor del fuego.
-Toma- dijo Aurora acercándose a él con una capa en los brazos, aún sonriendo- Así no tendrás frío.
Íñigo fue incapaz de mirarla a los ojos hasta que se puso alrededor la tela. Mientras, Aurora hizo lo propio con una camisola que sacó de las mochilas.
- ¿Así estás más cómodo?- Preguntó sinceramente ella, mirándole por encima del hombro mientras revolvía en los enseres para buscar algo de comida. Íñigo se limitó a asentir mientras carraspeaba, intentando recuperar algo de dignidad.
- Lo cierto es que no he estado con demasiadas mujeres en mi vida... -se disculpó muy serio- Buscar venganza es algo que quita mucho tiempo para hacer otras cosas, como enamorarte...
Aurora asintió, tendiéndole algo de pan, queso, cecina y una pequeña cantimplora
-Oí parte de tu historia por mi tío... Pero lo cierto es que no sé cómo terminó. Es obvio que conseguiste vengarte finalmente. Algún día me gustaría que me lo contases tú mismo.
-Si, pero creo que ahora lo justo es que me cuentes tú algo a mí... ¿Para que necesitas tú a un experto en esgrima?
Íñigo miró a Aurora fijamente, mientras masticaba con todas sus ganas. No se había dado cuenta de lo hambriento que estaba hasta que había probado un bocado del crujiente pan.
- Te conté antes lo del Aquelarre mágico y mi intención de llegar a formar parte de él. También te dije que estoy en periodo de pruebas... -Hizo una pequeña pausa y se quedó pensativa antes de continuar- En realidad, lo más correcto sería decir que para formar parte del Aquelarre hay que pasar una prueba que ellos imponen a los jóvenes magos que optan al puesto. Y ¿sabes?... He averiguado que esa prueba tiene mucho que ver con una espada. Por eso necesito a un gran espadachín... Y según mi tío, y por lo que he podido oír sobre el Pirata Roberts, eres un experto en el arte de la esgrima. No quiero arriesgarme a perder la competición. ¡Quiero ser el próximo mago elegido para formar parte del Aquelarre cueste lo que cueste!
Íñigo meditó unos instantes, y tomó un sorbo de la cantimplora antes de preguntar:
-¿Cómo lo averiguaste?... Lo de la espada, quiero decir...
Aurora le miró encogiéndose de hombros, antes de contestar:
-Digamos que dispongo de un "don" para averiguar las cosas...
Íñigo alzó las cejas sorprendido:
-Un... ¿DON?
- Puedo leer la mente... - Soltó ella a bocajarro
Íñigo se atragantó con el queso. Tosió hasta terminar de tragar y luego bebió un sorbo sintiendo dolorida la garganta. Aurora le miró, con cierta preocupación:
-¿Estas bien?
Íñigo asintió lentamente:
-Una maga que además puede leer la mente, ¿eh?
Ella sonrió con picardía
-Si, soy todo un descubrimiento...
-Ya... Pues yo no se si me gusta eso de estar con alguien que puede saber lo que pienso...
La voz de él salió ligeramente aguda, como si estuviese muy nervioso. Ella suspiró con cansancio:
-No lo hago habitualmente. Sé que no está bien... La gente tiene derecho a su intimidad. Además, no es tan fácil como leer un libro. ¡La mente de las personas es algo muy complejo!
Íñigo carraspeó incómodo. No le gustaba el cariz que esto estaba tomando. Y desde luego, no le gustaba que alguien pudiese "leerle" los pensamientos... ¿Cómo se fiaría de ella? ¿Tal vez sólo le dijese lo que sabía que él quería oír?... Además, era una Vizzini. ¡Y su tío le había demostrado que no eran una familia de fiar!...
Aurora se quedó mirándole. Finalmente, apartó la cantimplora que tenía en las manos y dijo:
-No me hace falta leerte la mente para saber qué estás pensando
-¿Ah, si?
Ella asintió: -Íñigo, los españoles sois demasiado pasionales. Se os nota en la cara lo que tenéis en mente. Sé que no te fías de mí. Bueno, en realidad te he secuestrado de noche, como una ladrona. Todos sabemos que los ladrones no son gente de fiar... Y luego te cuento una historia increíble, te pido ayuda y para ponerle el broche de oro a nuestro descabellado encuentro, te digo que puedo leer los pensamientos de la gente... Me pongo en tu lugar y como poco me sentiría incómodo...
-Por no decir enfadado... ¡Muy enfadado de hecho!
-Sé que no servirá de nada que te lo diga, pero siento mucho lo que ha pasado... ¡Ójala hubiese tenido otra forma de llegar hasta ti para tener la seguridad de que ibas a ayudarme!...
-Podías haber venido de día, como una persona normal y haberme pedido ayuda, como una persona normal... En lugar de secuestrarme, sacarme de mi propio barco, tratar de ahogarme...
-¡Eh!... ¡Qué lo de ahogarnos fue cosa tuya!... Además Íñigo, debes reconocer que no es tarea fácil llegar hasta el pirata Roberts... Y ¡qué narices!, no había tiempo para ser educado... ¡La prueba comienza en dos días!... ¡Y tengo que ganarla como sea! Yo...
-¡Esto es indignante!... ¿Pedirme ayuda decías? ¡¡Pero si me estas obligando a ir contigo!!... ¡¡No me está dando ninguna opción a negarme!!
Desde luego, a Aurora no le hacía falta leerle la mente a Íñigo para saber que estaba terriblemente enfadado. Lo cierto es que no había meditado demasiado su plan antes de ponerlo en marcha. Ni había pensado en ningún momento en cómo se tomaría Íñigo el que le "invitase" a unirse a su aventura sin ni siquiera preguntarle su opinión. Le miró con cara de arrepentimiento mientras murmuraba una disculpa que esperaba que sonara totalmente sincera. No sabía que decir porque, ahora que lo meditaba, se daba cuenta de que su comportamiento con el español había sido terriblemente egoísta y poco considerado.
Íñigo aún permaneció con cara de pocos amigos durante unos minutos, comiendo su ración en un silencio enfurruñado. Pero cuando terminó se levantó y le devolvió la cantimplora a Aurora mientras decía:
-Está bien. ¡Lo hecho, hecho está!... Aquí estamos, y sería una tontería que no oyese por lo menos tu historia. Así que es mejor que me cuentes con detalle algo que me haga convencerme de que hay una buena razón para que hayas entrado en mi barco de noche y me hayas secuestrado... Para arrastrarme a una playa en medio de la nada... Y además quiero que me jures por lo que más aprecies en tu vida que JAMÁS... bajo ninguna circunstancia... vas a leer mi mente. Mis pensamientos son cosa mía y sólo mía... ¡Y así pretendo que sigan siendo!
Ella dejó a un lado las cantimploras y se puso en pie. Después levantó la mano derecha sobre su corazón y dijo con voz solemne:
-Te juro por todo lo que más aprecio en mi vida que nunca te leeré la mente, bajo ninguna circunstancia. Respetaré tu intimidad... ¡Lo juro!
-Me has dado tu palabra, Aurora- asintió Íñigo- Espero que seas una maga con honor y la cumplas. Porque voy a confiar en ti, aunque no te conozca...
-¡¡Gracias Íñigo!!
Ella no pudo evitar abrazarle con fuerza. El español se sorprendió tanto que tropezó y ambos estuvieron a punto de rodar por el duro suelo.
CONTINUARÁ...
P.D. de la autora:
No tengo remedio... ¡Cada vez tardo más en colgar la continuación!
Pero aquí estoy otra vez... Y espero que a los que hayáis leído esta nueva entrega de la historia os haya gustado. Es un capítulo de "transición": no hay demasiada acción, aunque sí bastante información.
Digamos que estamos poniendo los cimientos de la historia...
Sobre la explicación de Aurora para no usar sus poderes mágicos en el secuestro de Íñigo, debo decir en mi defensa, que a veces la sencillez es la mejor respuesta.
Un saludo para Ginevre: ¡Muchos ánimos en tus preparativos para Mayo! Y otro para Valdemar: ¡Espero que sigas bien!.
¡Y por supuesto, muchas gracias a todos los demás que me lean y a los que no conozco!
Cirze
