La extraña vida de la familia Lestrange

/¡Hey yo de vuelta!…y de nuevo no subo un nuevo capitulo de un fic diferente…chin ya estoy quedando mal ¿no creen?...bueno al menos con ustedes Potterfans (¿oh más bien Slytherianos? xD) no quedo tan mal…/

Discraimer: Si yo fuera la mujer que escribió este libro seria archirequetemillonaria y ya estaría despilfarrando fortuna mujajaja…pero no solo soy una pobre adolecente con sueños de vivir en Europa U.U

Capitulo 3: Baratas y masacres

Iracebeth se asomó nerviosamente por el comedor, donde su madre se encontraba sentada. Apretó el periódico en su mano, y avanzo hasta donde su madre estaba.

-Madre...emm… bueno, yo...– Murmuraba con pena la joven Lestrange.

-¿Qué es lo que quieres, engendro? – Pregunto su madre viéndola con aburrimiento.

Su hija le señalo el periódico, donde había unas ofertas en las tiendas de moda del centro comercial. Bellatrix vio con interés el periódico, alzando una ceja.

-Ofertas en ropa y zapatos. Hnn...– Murmuro pensativa –. No suena nada mal.

-Bueno, yo me preguntaba si… bueno, tal vez...–. Tartamudeaba la castaña –. Además, hay descuento si van madre e hija y...bueno…– Trataba de explicar miserablemente.

-Ya está, engendro. – Se levantó de la silla –. Tu y yo iremos de compras, pasaremos por el banco de esos estúpido duendes y nos iremos a la tiendas. – Sentencio –. Apúrate, que si no tendremos que desintegrar más gente, aunque eso no es un problema. – Sonrió torcidamente.

-Ya estoy lista, madre. – le indico.

Usaba un conjunto de una falda negra con cuadros negro, verde y café, zapatos cafés, mayas negras y una blusa camiseta de manga larga negra, joyería dorada y lo que destacaba era una pulsera dorada con forma de serpiente que era perteneciente a la familia Black por generaciones.

Bellatrix sonrió y se acercó hacia la chimenea, sacando unos polvos fluu –. Apúrate, engendro.

Ella se apresuró y se puso junto a su madre, sonriéndole dulcemente. Bellatrix lanzo los polvos fluu, ambas desaparecieron en una nube de polvo verde.

Reaparecieron en el enorme espacio de color blanco que era el banco, los pequeños duendes caminaban de un lado a otro o revisaban los documentos frente a ellos.

Ambas caminaron hasta el centro donde estaba el jefe del banco. – ¿En qué les puedo ayudar?

-Quiero que abras mi caja ahora, enano. – Declaro Bellatrix cruzándose de brazos –. Rápido, que no tengo todo el día.

-Madre...emm, yo… bueno... ¿Está bien que tu estés aquí? –Le hablo preocupada, pero aún con esa sonrisa suya –. Es decir, estamos en público y bueno, ya sabes lo de aquella "escapadita" de "ese lugar" y quien eres...

-Engendro, ah ellos lo único que le importa son los clientes, ellos son criaturas que no están de ningún lado, y te prestan sus servicios a cambio de un pequeño...intercambio. – Sonrió maliciosamente –. Le ofrecí algo que no es capaz de rechazar, y si me delata... – lo miro amenazante –. Sabe lo que pasara.

-E-Eh, sí. Siempre es un gusto tener a una dama tan distinguida como usted aquí, Señora Lestrange. – Titubeo tembloroso el pobre y luego se volteó a ver a la niña – ¿Y quién es este encanto de jovencita? – Pregunto dirigiéndose a Iracebeth.

-Mi nombre es Iracebeth Lestrange de la Antigua y Noble casa de los Black. Estoy siguiendo los pasos de mi madre. – Le ofreció la mano –. Así que espero que nos empezamos a llevar muy bien. – Se la estrecho con tal fuerza que se oía el crujir de los huesos del anciano.

Bellatrix sonrió con aprobación a su hija, y miro de nuevo a Goblins. – ¿Y bien? ¿Qué esperas a entregarnos el dinero? – Frunció el ceño.

-S-Si, enseguida, Señora Lestrange. – Obedeció alejándose de las mujeres.

-Hnn... ya era hora.

El Duende corrió lo más rápido que pudo, pero debido a su avanzada edad y al saco de dinero se resbalaba un poco con el brillante piso del lugar.

-Inútil. – Mascullo cruzada de brazos –. Bien, dámelo.

-S-Si, aquí lo tiene. – Tartamudeo el pobre entregándole el dinero.

-Hnn. – Se lo arrebato y comenzó a avanzar hacia la salida –. Camina, engendro.

-Enseguida, madre. – Le respondió mientras esta salía, para luego voltearse a ver a Goblins –. No se preocupe, entiendo que la edad afecte tal vez debería...tomarse una vacaciones – Le sonrío sádicamente, mirándolo de forma helada.

-¿A-Ah que se refiere? – Preguntaba el anciano.

-Ah esto...– Respondió lanzándole una pequeña pero dañina chispa eléctrica de su varita, dejando la mano del anciano con un gran ardor.

El Gnomo cayó al suelo sosteniéndose la mano dañada, y viendo a la chica con cierto miedo.

-Me imagino que no le importara que tome unos cuantos caramelos, ¿verdad? – Le pregunto agarrando una gran cantidad, y el pobre negó con la cabeza, asustado –. Gracias...y...felices vacaciones. Espero que regrese más eficiente. – Se despidió saliendo del local, y reuniéndose con su madre.

Bellatrix le sonrió orgullosa, y se colocó la capa para que no la reconocieran –. Muy bien, engendro. Aprendes rápido, vamos, es hora de gastar y eliminar a unas cuantas personas.

Ambas se adentraron entre la gran muchedumbre, que entraba y salía de las tiendas con rapidez.

-De acuerdo. ¿Jugamos lo de siempre? – Le pregunto refiriéndose al pequeño juego de "Matar, eliminar y dañar" que consistía en quien más haga lo mencionado, ganaba y se daban puntos extra por originalidad...y no ser descubiertas claro.

-No sería una salida de compras divertida de madre e hija si no jugáramos ese juego. – Aclaro sacando su varita y ocultándola entre la larga manga de su gabardina.

-De acuerdo. Esto me servirá de práctica. – Se decía así misma sacando su varita y siguiendo a su madre.

Iracebeth siempre había visto los asesinatos que sus padres hacían, más no había cometido uno propio y si quería ser una mortifaga, tendría que hacerlo.

-Exacto, engendro. Algún día cometerás un verdadero asesinato, y espero que sea cruel y doloroso. – Dijo su madre –. Vi mi víctima, aquí voy. – Lanzo un "expelliarmus" y lanzo una mujer hasta medio metro, haciendo que chocara contra un vidrio, quebrándolo de paso.

-Vaya...– Se sorprendió un poco su hija –. Te doy once puntos (de veinte) si se cayó contra un vidrio y se estrelló contra el suelo. No podemos saber que tan dañada esta, y además pudo sobrevivir a la caída volando en su escoba o algo así, a lo mejor era una animago que se podía trasformar en un ave. – Observaba.

Bellatrix vio a su hija algo molesta pero a la vez sorprendida. A decir verdad su esposo una vez la había entrenado cuando ella no podía por una misión del Señor Tenebroso, seguro y le había enseñado formas efectivas de tortura y asesinato.

-Hnn...Sin duda alguna Rodolphus te enseño bien. – Murmuro para sí misma –. Hay gente alrededor, y algunas gritan en pánico, oh, que dulce sonido, seguramente si salió dañada –. Miro a su hija –. Tu turno, engendro. Veamos que tan bien lo puedes hacer.

-Humm...– Pensó en que podría hacer mientras observaba su entorno, luego vio al conserje que bajaba las escaleras del lugar – ¡Ya se! – Chillo contenta.

Se ocultó tras la pared y lo primero que hizo fue disparar un rayo a las cámaras de seguridad del centro comercial, para que así ya los guardias ya no pudieran vigilarles, y luego lanzó un rayo a los focos por donde bajaba las escaleras el señor. Si los vidrios que llovían no lo mataban, lo haría el impacto por las caídas de escalón o su carrito de limpieza.

-Limpieza en las escaleras del pasillo tres. – Bromeó con una sonrisa mientras veía su resultado.

-Muy bien hecho, Iracebeth. – Aplaudió Bellatrix –. Seguramente lo mataste, te doy 19 puntos. Un punto extra por tu broma. – Se carcajeó.

-Sabía que lo haría a la perfección. – Se vanaglorió sin dejar de ver el, ahora, cadáver –. Después de todo aprendí, de la mejor. – La miro con orgullo.

Bellatrix sonrió. – Gracias, gracias, no tienes que recordármelo. – Vio hacia la multitud, y encontró a su próxima víctima, sonriendo con maldad.

Había varias señoras sentadas charlando en una mesa, y a su alrededor había un tumulto de gente con varios polvos fluu de colores. Se acercó a ellos, y cuando estuvo cerca hizo un hechizo para que todos cayeran, ella en el proceso. Hubo unas grandes explosiones de colores, y ella aprovecho para hacer el "Avada Kedabra" a las señoras sentadas, y estas cayeron sin vida al momento.

Se levantó sacudiendo su ropa, y volvió junto a su hija con una sonrisa.

-Que hermoso espectáculo...– Expresó viendo encantada a los colores de los polvos que ya se habían mezclado y formado los del arcoíris, además de que los cadáveres de aquellas damas le daba un toque aún más hermoso, o al menos eso pesaba ella –. Que hermosa muerte...– Musitó –Te doy veinte, y dos más por el estilo.

Bellatrix sonrió con auto suficiencia, cruzándose de brazos. – Soy la mejor de entre mi familia, todos son una bola de debiluchos que no saben cumplir. Ahora espero que seas la mejor mortifaga, y aplastes a la vergüenza de hijo de mi querida hermana y a la idiota de hija de la traidora. – Siseó con enojo al recordarlas –. Busca tu víctima y dame un mejor espectáculo.

-¡Si, ama Lestrange! – Bromeó ella con tono firme y saludo militar –. Humm…– Observó de nuevo su entorno y diviso a una joven mujer con traje de ejecutiva, seguramente del ministerio de magia. Sonrío perversamente y se acercó a ella disimuladamente.

La joven pasó por donde estaban los perfumes y vacío una pequeña lata para cambiarla por otra que contenía un líquido de dudosa procedencia. Como era de esperarse, la mujer se roseó un poco de perfume, así que Iracebeth aprovechó y le lanzó un pequeño "Fiendfyre", uno tan pequeño que apenas si se podía ver, pero no dejaba de ser uno de gran poder. Acto seguido, la pobre mujer cayo en llamas, quemándose ya que lo que realmente contenía el frasco era gasolina.

Bellatrix la miro con asombro y orgullo. Se volteó y cubrió su boca, riéndose a carcajadas.

-Fue más fácil de lo que creí...– Comentó tambaleándose un poco, era la primera vez que lo convocaba en algo que no era practica.

-Eso fue impresionante, engendro. – Aplaudió, aun contemplando la escena mientras todos rodeaban e intentaban ayudar a la mujer, algunos gritando del terror –. Te doy veinte puntos y cinco extra por creatividad y crueldad.

-Además era una asquerosa mujer del ministerio de magia...– Viéndola con odio y repulsión, recordando que ellos fueron los que sentenciaron a sus padres a Azkaban, quitándole así el cariño y amor familiar que tanto quería.

-Hnn, esos asquerosos del ministerio...– Siseó con odio su progenitora. Entonces, algo capto su atención, y sonrió con crueldad –. Creo que acabamos de encontrar a nuestras queridas sangres sucias.

Cerca de ellas, los Wesley y Hermione caminaban con alguna bolsas, viendo con horror las muertes a su alrededor.

-Esas asquerosas...–Escudriño la niña observando a las menores con odio y rabia, pues eran sus archi-nemesis del colegio.

-Hnn...Creo que me toca a mí. – Bellatrix sonrió con maldad y se camuflajeó entre unas personas que pasaban por su lado. Alzo su varita discretamente, y lanzo un hechizo "Cruciatus" en su dirección, sin embargo, el hechizo falló cuando ellas se movieron más rápidamente, y el hechizo cayó en un joven, que rápidamente se retorció del dolor.

-Fallaste. – Sonó en un tono de broma de la boca de su hija.

-Cállate, engendro. – Gruñó enojada. Preparó nuevamente su varita, y la apuntó a Hermione –. Bombarda. – Susurró con una sonrisa cruel, imaginándose como ella explotaría en mil pedazos, y sin embargo, Hermione se movió, y el hechizo recayó en una tienda cercana, explotando y – posiblemente –, matando a aquellos que estuvieron dentro o cerca.

-Eso te pasa por pasarte mi turno. – Resopló Iracebeth calmadamente.

Bellatrix gruño, regresando con su hija –. Bien, engendro, veamos si tú lo puedes hacer mejor.

Ella sonrío frívolamente y se acercó sigilosamente a Ginny, lanzando un rayo que impactó con un letrero que caía sobre Ginny, quien cayó sobre Hermione, quien luego aterrizo en la señora Wesley, y así todos esos traidores caían sucesivamente.

Luego volvió hacia su madre con tranquilidad – ¿Sabes? ratas tan asquerosas como ellas merecen que su tortura sea más lenta y prolongada. – Le explicó con una sonrisa sádica y mirada fría y atemorizante.

Bellatrix la miró, y alzó su varita. – Depulso. – Las chicas, que intentaban levantarse, fueron lanzadas potentemente, chocando contra paredes, quebrando cristales o cayendo encima de otras personas.

Iracebeth se quedó callada observando sus trucos, hasta el momento eran limitados, solo conocía Stupefacta y el Fiendfyre, y el segundo todavía le costaba mucho trabajo y energía de manejar.

Bellatrix aún no estaba conforme con la contemplación de pánico que comenzaba a llenar las calles. Sin embargo, antes de poder realizar algo más, aurores comenzaron a llegar, lo que obligó a ella a maldecir entre dientes y tomar la mano de su hija –. Larguémonos, engendro. – Volteó una última vez, y alzo la varita –. Bombarda máxima. – El lugar tuvo una gran explosión, creando distorsión para que ellas pudieran escapar.

-¿Aurores, no? – Dedujo su hija viendo rápidamente la escena anterior.

-Exacto, no podíamos irnos sin dejarles un pequeño regalito. Aun no es momento de acabarlos, ya después podremos torturarlos todo lo que queramos. – Sonrió con crueldad

Su hija asintió. – Y no te preocupes, madre, yo misma me encargare de esas sangre sucias, y el Señor Oscuro y tu tendrán sus cabezas en charola de plata para la cena...– Le aseguraba sonriendo sádicamente, y con cierto toque de locura combinado con crueldad, mientras se imaginaba la sangre de ellas en sus manos.

-No sabes lo orgullosa que me ponen esas palabras, Iracebeth. – Anunció, siguiendo su camino hasta su casa.

La niña sonrió y caminó junto a su madre. – Ah, por cierto, antes de la confusión tome este vestido para ti. – Le enseñó un elegante vestido arreglado de forma provocativa color vino.

Bellatrix lo tomó con fascinación, mirándolo de pies a cabeza. – Sin duda una pieza muy elegante. – Miró a su hija y le sonrió de lado –. Tienes buen ojo, engendro. Sin duda alguna me queda.

Cuando llegaron a su casa, Rodolphus se encontraba sentado en la mesa. – ¿Dónde habían estado? – Preguntó sin interés.

-Buenas noches, Padre. – Saludó dulcemente la niña – ¿Hay algo nuevo en el diario? – Preguntó observando lo que su padre leía e ignorando la pregunta de este.

-No. – Las miró con una ceja alzada –. Pero debo suponer que mañana si lo habrá.

Bellatrix sonrió. – Digamos que hemos causado que haiga una noticia interesante.

-Lamento que te lo hayas perdido, Padre, pero...solo fuimos de compras. – Le bromeó –. Tu sabes, "cosas de chicas" – Le explico mientras lo abrazaba tiernamente por el cuello.

-Bien, supongo que Bellatrix y yo iremos a recorrer las calles, tú sabes, "cosas de adultos".

Bellatrix rodó los ojos, y sin decir nada, subió a su habitación.

-Ah, ¿Ósea que me darán un hermanito? – Cuestionó divertida y haciéndose la inocente.

Bellatrix paró en seco en las escaleras, y Rodolphus se le quedo mirando –. Hnn...No suena tan mala idea. Un sirviente más para Lord Voldemort y un digno Black.

-Si se les ocurre hacer "eso" – Los miró con rabia –. Les juro que por mi sola aprendo el "Avada kedrava" y lo eliminare...– Les advirtió controlando su expresión facial para no mostrar celos.

-Hnn... ¿Celosa? – La mueca burlona de su madre le hizo saber que la había descubierto –. Te dejaría hacerlo si él fuera un sucio traidor, tal como la inútil de Andrómeda. – La miro con advertencia –. Fuera de eso, te pondría un Cruciatus que te dejaría como los Longbotton. – Sonrió sádicamente al recordar a la pareja que había torturado hasta dejarlos en el hospital aun hoy en día.

-No necesitamos a alguien más aquí, yo sola puedo. – Apretó los puños –. Yo soy la hija de los más famosos torturadores del mundo mágico...yo sola puedo y no necesito un bobo hermanito. – Se volteó para encararla –. Además, ¿tu porque lo defiendes? ¿Acaso quieres tener hijos? Si mal no recuerdo yo fui un embarazo no deseado, ¡Por eso me llamas engendro! – Le reclamó dolida.

Bellatrix torció los labios, mirándola impasible. – Si, tienes razón. No fuiste deseada. Fue un completo error, pero debo decir que al menos sirvió para darle a Mi señor una sirvienta digna, como toda Black. – Rió –. No quiero tener hijos, aunque si resultara ser un gran mortifago de gran poder, lo haría. Pero si resultara ser un asqueroso traidor lo mataría por mi propia mano. – La miró con frialdad –. Y no pienses que no lo haría contigo si deshonras a la familia Black, o le fallas a Mi señor, engendro. – Siguió su camino hacia su habitación, dejando a su esposo e hija solos.

Iracebeth río locamente mientras lloraba, luego se volteó a ver a su padre –. No necesitan más hijos, conmigo basta...– Cruzó la puerta de su casa y la abrió dispuesta a salir.

-Iracebeth...– Llamó Rodolphus, y suspiro en frustración. Él no era bueno en ese tipo de situaciones, mucho menos le gustaban, pero al menos debía hacer algo para evitar futuros conflictos entre su mujer y su hija –. Aunque no hayas sido planeada y mucho menos deseada, debes saber que eres un orgullo para nuestra familia, y nos has demostrado ser una digna hija para nosotros.

No era bueno con las palabras, y no pretendía serlo, pero al menos debía manejarlas correctamente para evitar algún daño.

Su hija se quedó callada por unos instantes –. No quiero un hermano ni hermana porque...– Tragó con dificultad –… Tal vez a él o ella lo quieran más que a mí...tal vez a él o ella mamá si lo ame, y si le de ese cariño maternal que yo tanto quiero...– Le confesó tratando de no llorar ni sonar vulnerable, jamás se perdonaría si sus padres o el Señor Tenebroso la miraran así.

-Tu madre jamás llegara a amar a alguien que no sea Lord Voldemort. – Dijo con frialdad –. Nosotros apenas y llegamos a tener afecto, si tenemos otro hijo, no creas que recibirá amor o cariño maternal, Bellatrix no sabe de eso y mucho menos le importa. Lo único que ella quiere es servirle a su señor y darles sirvientes fieles y poderosos. – Se levantó de su silla, caminando escaleras arriba –. Deberías sentirte honrada y feliz de que al menos te reconozco como hija y la hagas sentir orgullosa. – Dejó a su hija sola, el sonido de la puerta de su habitación cerrándose, siendo el único sonido en ese sepulcral silencio.

Iracebeth suspiro triste, su padre tenía razón. Oh bueno, al menos eso parecía, aunque ella desearía que no. De repente vio la sala de entrenamientos, si lograba hacer un "Crucio" "Avada kedavra" o "Imperio", lo que sea, ella seguramente tendría el cariño de su madre. Si, tenía que ser una digna hija suya, seguramente ella era el problema, todavía no se esforzaba lo suficiente...aún no era una Lestrange…

Ni Black digna de ser su hija.

/Aww…solo tengo dos cosas que decir: ya esta perdiendo cordura jejeje (¿apenas?),2. ¡Ya no me siento tan segura en los centros comerciales y no aceptaré muestras gratis de perfume! D: Sin mas que decir me despido con una ultima petición ¡Recomienden el fic enserio necesito comentarios esta sección siempre me deja nerviosa y pienso "¿les gusto?"…"¿Estubo mas feo que los caramelos con sabor a vomito?"…¡Por favor no me dejen morir! T-T./

Agradecimientos especiales a :Tsukimine12 la beta y la co-creadora del fic