Perdonad este tiempo que no actualicé. Estuve fuera de mi país y no he tenido tiempo. Sorry. Os recompenso con un capítulo muy largo. Este hay que tomarlo con calma porque hay mucha información, un poco de tensión. Con esto ya terminamos la introducción de la historia.

Gracias por los comentarios de los otros capis. Debo decir que con respecto al anterior, Hermione como ya deje claro en el primer capítulo es muy hábil con cosas de correr, siempre hay gente sorprendente en estos temas del ejercicio, y siempre la hubo, no es nada nuevo.

Recordad también que las relaciones de antes cuando había este tipo de sociedad de esclavos y dueños, los tratos personales eran muy diferentes. Una sociedad distinta a la nuestra, sus valores también, pero no por ello eran menos humanos. Era una sociedad dura.

Aquí está.

CAP 3

La mansión Potter estaba sobrecargada con adornos brillantes y lujosos con los que pretendían fascinar a los invitados. Los esclavos,bajo las órdenes de los anfitriones, formaron un pasillo de esclavos para darles la bienvenida.

-¡Hermione!-chilló su compañera Ginny desde la distancia. Su diminuto pelo pelirrojo se movía por la entrada con la gracia de una rama en llamas. - No se te ve casi nunca, ¿dónde te metes?

-Bueno, ser esclava personal requiere más tiempo del que te crees - dijo para evitar entrar en el tema de que aprovechaba el tiempo libre para leer. - Oye Ginny, ¿por qué tanta cosa?

-Ah, ¿no te has enterado?- preguntó de forma retórica. - Vienen los Malfoy.

-Los Malfoy- repitió la castaña dejando caer que no sabía de quién se trataba.

-Los Malfoy son una familia de magos ingleses que viven aquí en Francia. Son muy amigos de los Potter. Te aviso, hablan muy raro. El marido no recuerda el inglés, y es horrible escucharle. El hijo es peor todavía, lo destruye. La mujer no, la mujer lo habla bien. - Ginny solía despotricar contra los magos. Aunque entonces, no pudo hacerlo mucho, pues un esclavo de media melena oscura le hizo ademán para que callase. La pelirroja no se detuvo por ello, aunque fue más cauta y decidió acercarse para susurrarle a la nueva adquisición lo siguiente- Vamos que tú y yo lo hablamos mucho mejor que ellos.

A lo que Hermione respondió - Ginny, yo nací en Inglaterra.

-¡¿Eres inglesa?!- preguntó Ginny emocionada. A Hermione no le hizo gracia que lo gritase. - Yo de Francia, pero mi madre es irlandesa. Los esclavos de los Potter casi todos somos británicos o descendientes. Los que son franceses son los de la señora y no hablan mucho inglés. Los únicos que dominan ambos idiomas son los que nacieron en época de cría, como Nymphadora.

-¿Qué es época de cría?- Era un término desconocido. Aún así había algo en él que le resultaba repulsivo.

La pelirroja seguía hablando con normalidad. Para ella, era bastante común hablar de tales temas- Cuando hay un matrimonio noble, cada uno tiene sus esclavos y los juntan temporalmente para que tengan hijos. Es un gesto de unión entre ambas familias.

-Y una forma de perpetuar la esclavitud- añadió una esclava que pasaba cerca de ellas para colocarse en la fila. Se trataba de una mujer de unos veinte años con melena de color avellana que le llegaba hasta el hombro. Su piel era un poco más oscura. Tenía rasgos faciales muy suaves, aunque su mirada poseía una gran personalidad.

-Ella es de la que te hablé, Nymphadora.- presentó Ginny.

-¿Y quién era el esclavo que nos mandó callar? - preguntó Hermione mirando a aquél hombre de semblante fúnebre.

-Apuesto que el pesado de Severus - dijo Nymphadora sin molestarse en pedir más información. Ginny cabeceó indicando que su compañera estaba en lo cierto.

-¡¿Queréis callaros ya?!- intervino de nuevo aquel tal Severus. Debió sentirse molesto por haber sido mencionado. - Además, tú no debes estar aquí - le dijo a Hermione en un tono de pocos amigos. -Debes ponerte al lado de Rosmerta como esclava personal de los amos.

La castaña de mala gana accedió a buscar a su compañera de cuarto, pero había demasiados esclavos y no lograba ubicarse. Antes de dar un paso en falso, el brazo de la señora de Potter la agarró con fuerza y la dejó en el lugar correcto. Ésta misma se dio media vuelta y le dijo a su esposo- Creo que ya están todos los esclavos en su sitio, querido.

-Perfecto- contestó James frotándose las manos. El señor Potter seguido por todos los miembros de la familia, se puso frente a la puerta principal y la abrió. Los guardias al verle, dieron la orden de que se procediera a hacer lo mismo con las compuertas exteriores de la hacienda para dar paso a un opulento carruaje, de cuya parte trasera salían unas cuerdas que mantenían unidos a un número reducido de muggles que pertenecían a la familia visitante.

Lo primero que vieron salir de ese carruaje fue un pie, un bastón de madera noble, y una mano vestida con un guante blanco. No tardó en verse la persona, un hombre albino trajeado con capa de corte arterciopelada, melena rubia arremolinada y gesto mezquino. Definitivamente, el señor Lucius Malfoy. Una apariencia tan lujosa como grotesca.

-Si el mal gusto tuviera apellido...- dejó caer Fleur cuando se dio cuenta de que su padrastro no podría escucharla. Aunque sí lo hizo Hermione, que no pudo evitar acompañar su sonrisa burlesca.

-¡Mi amigo! - dijo Lucius Malfoy poniendo su mano en la cara de James. - ¡Mucho tiempo de no ver! - Las palabras de Ginny sobre el inglés de los Malfoy vino a la cabeza de Hermione. ¡Y aún no había escuchado al hijo!

Por su parte, la señora Malfoy no poseía tantos lujos como era de esperar tras ver a su esposo. Podríamos decir que iba sencilla sin implicar ser humilde, pues la calidad de las telas con las que vestía negaban dicha humildad. Se la veía con más temple y saber estar. El hijo, Draco, era igualito al padre físicamente y en la forma de vestir. Los niños Potter, Harry y Gabrielle, saludaron más amigablemente a Draco de lo que lo hizo Fleur. Por algún motivo, ese chico no debía de gustarle, o eso pensó Hermione.

Al pasar por la fila de esclavos, el futuro heredero Malfoy se había detenido justamente en la muchacha. Su mirada aguda estudiaba con todo detalle las fracciones de la nueva adquisición de los señores Potter. -Esta esclavo no antes estar.- Su inglés era de suicidio colectivo y la melosidad de su voz resultaba enfermiza. Su cara se iba acercando a la de la chica y ésta, que no le gustaba nada tanta fijación, se fue alejando de forma disimulada hasta que llegó un momento en el que él, osado como casi todo Malfoy, se atrevió a acercar la mano a su rostro. Ansiaba tocarla. Fue entonces cuando Hermione decidió actuar de forma brusca y dar varios pasos hacia atrás ganándose así las miradas de todos.

-Gabrielle es mi dueña- dijo ante tanta expectación. La pequeña mente de Hermione quiso decir "Gabrielle es mi dueña, dejen de mirarme", pero las mentes de los magos entendieron "¡Tú no eres mi dueño, no me toques!". Se hizo un silencio bastante incómodo. Regañar a la chica implicaría quitar autoridad a la joven Potter. No decir nada sobre ese comentario sería un insulto hacia los invitados. Escabrosa situación en la que se encontraban.

Apolline, que ya conocía de sobra las intenciones de aquel niño consentido, decidió intervenir. Y aunque la compasión no era un rasgo común en ella, le sobrevino un sentimiento de empatía al imaginarse a sus hijas en dicha posición.

- Es cierto, mis queridos- dijo finalmente la señora Potter rompiendo ese instante afásico con una mueca alegre.- Es la esclava personal de Gabrielle. Es la primera vez que mi hija tiene una esclava y está encantada. Se pasa el día dando órdenes a la chica- Apolline tenía un don, y es que cuando ella sonreía, quienes estaban a su alrededor se relajaban.

-Sí, se la regalé yo. Me parece una buena compra si con ello tengo contenta a mi nena - dijo el señor Potter poniendo una mano en su hija menor.

El muchacho de los Malfoy ajeno a la conversación de los adultos siguió caminando hasta llegar a Ginny. Se le dibujó en el rostro una sonrisita malévola al detenerse frente a ella. La reacción de ésta fue diferente. Ella ya sabía que Draco esperaba que se le reconociera la existencia- Buenos días, señorito Malfoy. Espero que haya tenido un viaje...guay.

-Un buen viaje - corrigió el dichoso Severus.

-Espero que haya tenido un buen viaje - repitió Ginny.

Draco escrutinándola con la mirada le dedicó una mueca de agrado. Iba a acercarse más a ella, cuando el niño de los Potter le dijo que tenía un nuevo juguete de parte de Sirius. El rubio no dudó en salir corriendo tras su amigo a comprobar el nuevo artefacto. Cualquier cosa regalada por un auror merecía la más preciada de las atenciones.

Cuando la familia visitante terminó de cruzar el pasillo de esclavos, la señora de la mansión se giró, y con un gesto ordenó que todos volvieran a su lugar. Hermione dudaba cuál era ese lugar, pero se orientó al ver a Rosmerta al lado de Fleur. Por regla lógica, supuso que su lugar era al lado de Gabrielle, y ahí se colocó. Las muchachas pidieron permiso para retirarse a sus aposentos donde podían jugar con sus cosas sin estar atentas a las conversaciones farragosas que solían tener los adultos.

Llegadas a la habitación, Gabrielle fue la primera en proponer un juego- ¡Ya sé! ¡Juguemos a ver quién viste a más muñecas en diez minutos!

-Pero Gabrielle, yo soy mucho más mayor que tú, te voy a ganar.

-Pues no- contestó la hermana pequeña- porque Hermione viene en mi equipo e iremos más rápido.

-¡Dos contra una no es justo! - protestó Fleur.

-Hermione cuenta como media porque no tiene magia, y tú eres mayor, así que tú cuentas como dos personas- replicó Gabrielle.

Rosmerta se dio cuenta de que algunos niños con todo su poder, también se sentían muy solos para tener que jugar con aquellos que la sociedad les enseñaba a odiar. A pesar de los golpes que Gabrielle atinaba a Hermione por equivocarse de los atuendos de las muñecas, ahí estaban las tres jugando. Dos usando su magia, y otra sus propias manos. Rosmerta sabía que eso nadie lo podía ver, que es algo inconsciente en el ser humano, ella misma lo vivió cuando era una niña con su dueña. Ed aquí la única verdad innegable, y es que todos nacemos iguales y nos hacemos diferentes cuando crecemos. Esas niñas pronto se darían cuenta de que no podían jugar juntas.

-¡Síííí!- gritó Fleur saltando - ¡Perdedoras, tata tata! ¡Perdedoras, tata tata!

-¡No es justo!- se enfurruñó Gabby- ¡Sólo has ganado porque yo jugaba con una sucia muggle!

Fleur seguía saltando alrededor de su medio hermana - ¡Excusas, excusas! ¡Peeeeerdedoras, peeeeeerdedoras!

Hermione que estaba en su vena competitiva máxima, se metió de lleno- ¡Te reto a hacerlo sin magia! ¡Tú y yo, un cara a cara!

Se quedaron en silencio. Eso no estaba dentro de lo común. Fleur con arrogancia supo que se merecía una contestación- ¿Yo compitiendo contra una sucia muggle? No me rebajo tanto.

Rosmerta iba a intervenir por miedo a lo que un berrinche de niña rica pudiera ocasionar para la esclava. Gabrielle adivinó su pensamiento, demasiado lista para tan corta edad, y como no le importaba ni nada ni nadie, inquirió en el asunto antes de que Rosmerta les quitase la idea.

-¿Qué pasa? ¿Tienes miedo, hermanita?- picó la niña Potter. Jocosa con los muggles como la que más, pero reconocía que tenía curiosidad por saber quién ganaría en una competición con las mismas facilidades.

-¡Yo no le tengo miedo a nada! - Fleur se autodefendía infantilmente.

-¡Demuéstralo!- contestó la rebelde muggle. Señaló las muñecas y con tono burlón añadió un- mi señora.

Pasaron los minutos, mientras que Fleur había dejado claro que con la varita ella hacía y deshacía como si de un dibujo se tratase. Con las manos... todo era distinto. Era mucha confusión. Un rompecabezas en toda regla. Necesitaba algo más de tiempo para entenderse con esos ropajes de muñeca hechos a imagen y semejanza de la vestimenta aristocrática. Para Hermione era como madrugar en la mañana y vestir a Gabrielle. No sencillo, pero ya no le era tan complejo. Había aprendido a lo largo de los días.

A Fleur aún le faltaban por vestir tres muñecas cuando la muggle ya había terminado todas.

Gabrielle fue la primera en reír a carcajadas- ¡Te ha ganado una sucia muggle! ¡Esto es buenísimo!

-¡Mis trajes eran mucho más complicados!- protestó la joven Delacour para justificar su poca habilidad con las manos.

-¡Excusas, excusas!- saltó Hermione imitando a Fleur. Un acto bastante inapropiado. Todo el mundo sabía que lo peor que uno podía hacer era reírse de una veela. Su orgullo siempre prevalecía ante cualquier cosa y se corría el peligro de despertar a su animal interior. Cosa que sucedió con Fleur, su veela tomó las riendas de la situación y empujó a Hermione al suelo. ¡¿Cómo osaba dejarla en evidencia?!- ¡¿Cómo te atreves?! - Dio unos cuantos pasos para intimidarla, pero cuando ambas acotaban la distancia sonaba la dichosa melodía que las hipnotizaba y a la par les provocaba gran dolor. Si se prestaba atención, uno podía ver que las fosas nasales de la francesa se abrían intensamente, y que ésta misma apretaba los puños como si le sirviera para mantener la calma ante tal sufrimiento.

Hermione, aprovechando que la mayor parecía tener una lucha consigo misma, se alejó cuanto le fue posible. Desde el suelo caminó hacia atrás colocándose a los pies de Gabrielle.

-¡Qué mal perder! - dijo Gabrielle con voz infantil- ¡No la tomes con la pobre muggle! ¡Tú has perdido! - Luego se dirigió a Hermione y con gesto de acariciar a un perro dijo- ¡Buena muggle! ¡Esa es mi esclava!

Fleur enfadada se marchó de la habitación. Rosmerta salió tras su ama, no sin antes darle una mirada de reproche a Hermione. Gabrielle por su lado, se quedó con ella y continuaron jugando. No ocultó su interés por esta muggle que no parecía ser como el resto. Ésta era una luchadora nata. Si logrará meterla en cintura sería una gran esclava.

Los días iban pasando y cada vez se hacía más difícil aguantar a los Malfoy. Por su manera de hablar incorrectamente, la forma de tratar con el resto y sus extrañas obsesiones. Incluso Hermione que era nueva ya se había dado cuenta de algunas de estas cosas, como el seguimiento constante de Draco a Ginny y de las exigencias de Narcissa por la sencillez en la comida que causaba que en cocina se trabajara el doble. -Dije bizcocho de zanahoria, en ningún momento dije que se espolvorease azúcar por encima.

¡Por no hablar de las conversaciones monótonas de Lucius!

-Yo temía esto - espetó Lucius Malfoy mientras doblaba el periódico- Esos muggles alemanes que se escaparon seguir desaparecidos. El gobierno sin saber qué pasó.

-¿Crees que cruzaron la frontera? - preguntó el señor Potter, que ya acostumbrado al mal inglés de su amigo, le comprendía a la perfección.

-¡Imposible! Las fronteras estar muy protegidas. El problema el gobierno alemán perder confianza. Decir que no saben qué pasó, y eso afectar negocios. La gente no invertir, y yo tengo negocios en Alemania, amigo mío.

Eran inaguantables. Hermione estaba esperando el momento preciso en el que quisieran dar una vuelta. No podían pasarse tantos días en el mismo lugar, ¿no? Tendrían que salir y ahí Hermione aprovecharía para preguntar si podría visitar la aldea.

-¿No crees que a los invitados les gustaría ver la aldea? Por no quedarse en casa todos los días- propuso Hermione con cuidado el primer día que vio a Gabrielle de buenas.

-¿Algún día dirás mi señora o me hablarás de usted a la primera?- preguntó Gabrielle haciendo caso omiso.

-Yo es que no sé hablar raro- contestó Hermione sin reprimir su ataque de sinceridad. Le daba vergüenza porque era la única de la mansión que no sabía conjugar bien la forma de usted en francés. No se trataba de un acto de rebeldía, aunque el no saberlo usar correctamente ya lo era en sí. - Pero, ¿qué te parece la propuesta?

-Mm... A mí me gustaría salir de la hacienda de vez en cuando - pensó la niña en voz alta- Podría intentar proponérselo a mi padre, pero no sé qué dirá. -Su mirada iba al salón donde ahora estaban los adultos junto con Draco, Harry y Fleur. Los niños en el suelo jugando con artefacto que disparaba mini pelotas a las que tenían que golpear con hechizos para que estas explotasen. El que más pelotas explotase ganaba.

-Fleur, ¿por qué no dejas de jugar con los chicos y nos amenizas la tarde con una canción? - Apolline se arrimó al piano haciendo un gesto sugerente a su hija.

-¿Va a tocar un piano? Eso es un poco muggle - El asco en la voz de Narcissa era más que evidente.

-En realidad, si mi madre estuviera aquí discutiría eso- replicó la francesa- muchas teorías defienden que en verdad fue un instrumento inventado por un veela, al igual que la flauta. Son los dos únicos instrumentos que se parecen a la voz de nuestros auténticos instintos.

- ¡Vaya! - dijo el señor Malfoy fingiendo estar impresionado- No saber yo eso.

Apolline sonrió educadamente evitando cualquier situación incómoda- Debería sentir vergüenza de admitirlo, pero yo tampoco sé mucho de la cultura veela. La entendida es mi madre.- dijo antes de llamar a su hija de nuevo.

Cuando la niña se sentó para tocar el piano, la madre pudo respirar con tranquilidad. Era una maniobra de distracción, ella con Narcissa estaba tranquila, se entendían en bastantes cosas, pero como volviera a escuchar la voz de Lucius con una de sus aburridas conversaciones le lanzaría un hechizo para que no pudiera volver a hablar en toda la tarde.

La melodía empezó a sonar. La voz suave de Fleur tomó el control de la canción. Era tan dulce como una nana, pero a la vez tenía una gran fuerza difícil de explicar. La letra que era cantada en una lengua extraña que contenía sentimientos muy ocultos. Era como una llamada que sólo la señora de Potter parecía entender. Hermione, hipnotizada por la melodía que tan familiar le parecía, observó como el pelo de Fleur parecía moverse a su voluntad, casi como si estuviese bailando.

Unas palmadas hicieron que Hermione saliera de su trance. Gabrielle estaba detrás de ella. - ¡Hermione, vamos! Quiero leer un poco y quiero que me alcances unos libros. - Al ver que aun así tardaba en moverse, le dio una fuerte cachetada que le dejó la mejilla dolorida. - ¡Espabila!

Tras aquello, obedeció y e fueron a la biblioteca a leer. No se podía decir que Gabrielle fuera una comelibros, ciertamente no, pero le encantaban las historias de grandes heroes y heroínas de sitios lejanos que encontraban aventuras y amores exóticos. Tan apasionada era de la lectura que, de vez en cuando, cesaba para hacer algún comentario sobre los protagonistas. Costumbre que adoptó Hermione fingiendo que adivinaba lo que pasaba por los dibujos, cuando en verdad había aprendido a leer francés y tenía un nivel adecuado de comprensión escrita. Y algo había empezado a leer en las clases de inglés, sin embargo, no leía tan bien como en francés. Irónico. A pesar de haber vivido casi toda su vida en Francia, se había criado con británicos, por lo tanto, su inglés era nativo. Su francés también era bueno, pero había cosas que aún debía comprender, como a conjugar el usted. Aunque quitando eso, podía pasar por una francesa más. Sin embargo en cuanto a la lectura, en francés leía mucho mejor. A veces, no le gustaba decir que ella era de Inglaterra, pues poco o nada recordaba de ese país, pero también poco o nada se sentía de este. Era como si no tuviera una patria. Algo que en las tardes de lectura le unía mucho a su ama, pues tampoco ella sentía especial apego por su lado británico, y a la vez no se sentía del todo supuesto, su lugar de nacimiento hacía más mella en ella, pero su padre siempre se preocupó porque conociera la cultura británica. Por eso cuando leían juntas, se sentían dos extranjeras en un reino desconocido.

No veían que nadie pudiera decirles nada por aquello hasta que una tarde el señor Potter, que pasaba por casualidad, las vio. Corrió hacia ellas y arrancó el libro de las manos de Hermione zarandeándola. - ¡¿Qué estás haciendo?!

Hermione acobardada por ese hombre tan alto y tan enfurecido se limitó a decir- Yo...sólo miraba los dibujos.

-¡Y habrás leído en voz alta!- acusó el señor Potter a su hija. Gabrielle que tampoco entendía mucho la actitud de su padre decidió mentir viendo la situación. - No.

James se pasaba la mano por la cara. Tenía que prohibir aquello sin decir el motivo - ¡Aquí tu gente no puede pasar! ¡Es un sitio sagrado sólo para magos, que stá por encima de vosotros!- No gritó pero la dureza de sus palabras eran como golpes. Una vez más agarró a la esclava de mala manera y la corrió del lugar casi a empujones. Gabrielle prefirió no añadir a su padre que la esclava era su bufón en clase. Ni le preguntó si debía leer en su cuarto. Lo hizo de todos modos. Necesitaba esclava y no iba a dejar de leer porque su padre no quisiera esclavos en la biblioteca. La casa era muy grande.

Apartando eso, las cosas seguían como siempre. Cuando pensó que algo podía cambiar, su ama le despertaba de su ensueño de un manotazo. Llegó el día en el que los Potter y Malfoy salieron a la aldea. Efectivamente fue la idea que ella dio a Gabrielle, y que esta a su vez se la comentó a su padre. Sin embargo, no permitieron que la castaña fuera con ellos.

-¿Por qué no puedo ir yo? - preguntó Hermione a Gabrielle.

-Porque no va ningún esclavo menos el cochero - replicó su dueña.

-¡Pero yo soy tu esclava, debo ir contigo!- Hermione quería aprovechar la mínima oportunidad para ir allí. Quería ver a Aberforth- ¡¿Acaso no he sido buena esclava?! ¡¿No he hecho todo lo que me has dicho?! ¡Deberías darme un premio por mi trabajo!

-¡Cuidado cómo me hablas, sucia muggle!- se encaró Gabrielle. La actitud de la castaña cada vez era más soberbia y debía ponerla en su lugar. Pero Hermione estaba desatada, y su actitud corporal demostraba agresividad- ¡Yo a ti te hablo como me da la gana, enana!

El insulto hizo un clic en la mente de Fleur que estaba en la misma entrada esperando al resto para despedirse de ellos, ya que ella también se quedaría en la mansión. Había obviado la situación hasta ese momento. Temiendo que la esclava pudiera golpear a su hermana se adelantó y empezó a atacarla. Del primer tortazo tiró a Hermione al suelo. Y lo siguiente que le vino fueron par de patadas antes de que Rosmerta interviniera y ésta también diera dos buenas cachetadas a la niña rebelde, la tomase del brazo y la empujase hacia otra habitación gritándole que tendría un castigo mayor del que podría soportar.

-¡Esta te la guardo, Rosmerta!- gritó Hermione desde la otra habitación una vez que Rosmerta se había ido. Miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba en el comedor de los nobles, y no estaba sola. Allí también estaba aquél tipo raro del otro día, el tal Severus.

-¡Guarda la voz para cuando sea necesario! - le dijo el hombre.

- No eres un mago - le respondió Hermione- a ti no te tengo que obedecer.

El hombre hizo una mueca que por dibujaba una sonrisa fantasmagórica. Era la ilusión de una sonrisa, un juego de la mente, pues no había tal cosa en su rostro. - Si no tienes que obedecer, no obedeces. ¿Esa es tu filosofía? ¿No tienes disciplina si no te obligan?

La niña seguía sin decir nada porque ni sabía a dónde quería llegar, ni qué estaba diciendo- He visto la escena de ahí fuera. Tienes suerte de que Rosmerta haya intervenido.- dijo aquel hombre.

-Es una traidora- escupió la castaña con asco.

Severus con semblante imberbe se movía de un lado a otro por si alguien les pudiera estar escuchando - Te ha salvado de un castigo por parte de los Potter. Yo le daría las gracias.

-Me lo pondrá más tarde, ¿no la has oído? - El rencor de la niña era tan fuerte en esos momentos.

Severus seguía apacible- Me habían dicho que eras inteligente.- la miró por encima del hombro con bastante desgana sin reprimirse en añadir- ¡Qué decepcionante!

-¡Soy inteligente!- replicó ella sin darse cuenta de que en realidad nadie le había dicho nada a Severus de ella.

-Pues ya es hora de que lo vayas demostrando un poco- el tono de su voz transmitía tranquilidad. No una que te dejase buena sensación. Más bien una que te hacía meditar de forma tremebunda. - Rosmerta no tiene ningún poder para imponer ningún castigo.

-¿Entonces? - preguntó la castaña intentando que tuviera sentido lo que le estaban diciendo.

-Ella te dio dos golpes y te sacó de la habitación. Ellos no hubieran parado.- se dio media vuelta y lanzó su última advertencia antes de marcharse- Reza porque las niñas no se den cuenta de lo sucedido a su padre y lo dejen en una anécdota. Sería muy desagradable que te castigasen siendo tan pequeña.

Hermione se quedó parada un momento pensando qué podría hacer para evitar eso. ¿Y si le cortaban la lengua por una tontería como esa? No lo harían, eso sería muy exagerado, ¿no?

Volvió al mismo lugar que antes para arreglar la situación. Se encontró con que a lo lejos la familia se estaba yendo y en la casa sólo se quedaban Fleur y Rosmerta,así que se dirigió a la noble para disculparse por su compartamiento.

-Quiero hablar con Fleur para pedir perdón- dijo Hermione con arrepentimiento y miedo, mayormente lo último, de lo primero poco.

La francesa, que ya iba aprendiendo de las enseñanzas de sus padres, hizo un gesto para que su sirvienta les dejase a solas. Rosmerta no tuvo otro remedio que obedecer.

-Me he portado mal, no volverá a pasar. Lo siento mucho - Hermione iba soltando todo lo que se le pasaba por la cabeza que sonase a disculpa.

La veela con total frialdad se dispuso a tratar la materia haciendo gala de sus aires nobles. - Mi hermana y yo hemos decidido no molestar a mi padre con tales asuntos- Lo cierto es que aquello era falso. No fue por su decisión, el padre estaba muy ocupado con sus invitados como para atender a los niños - ¿Qué castigo te pondrán?

El castigo... ¿Qué le debía decir? La castaña decidió tirar por el lado más sencillo- No sé. Uno muy malo.

Fleur se distanció y, aunque estaba a varios metros de ella, su gélida mirada traspasaba la piel - La próxima vez que le hagas algo así a mi hermana, te mataré.

La sentencia erizó la piel de Hermione como la de un puercoespín. La veía muy capaz y vio más conveniente marcharse a terreno esclavo, la cocina. Allí parecían estar todos celebrando algún tipo de festividad que desconocía.

-¿Qué fiesta es?- preguntó Hermione a Nymphadora que pasaba por su lado con una jarra de cerveza en la mano.

-Ah, estamos despidiendo a Percy y Charlie. Los Malfoy los han comprado, necesitan esclavos en sus establos y, por lo visto, los de aquí les han dejado impresionados - dijo Nymphadora señalando a los aludidos que formaban parte del grupo de esclavos pelirrojos de la mansión. Se debatía si echaban algo a la comida que volvía a los esclavos pelirrojos o si existía consanguinidad. Hablando de pelirrojos, se dio cuenta de que la chica que le tendió la mano cuando entró en la casa por primera vez, Ginny, estaba sola sentada al margen del resto.

-¿Qué te pasa? - Le preguntó Hermione sentándose a su lado.

-No sé, estoy un poco triste

-¿Por qué?- inquirió la castaña con ganas de animar a su compañera.

-Han comprado a dos de mis hermanos. Sé que es algo que suele pasar, pero me pone triste- dijo Ginny. No iba a llorar ni nada por el estilo, simplemente era una niña que no tenía ganas de celebrar lo que ella consideraba una pérdida. Le consolaba mucho pensar que era una familia amiga y que cada dos por tres les tendría de vuelta, aun así...

Llamó la atención de ambas que dos gemelos, también pelirrojos, se pusieran de pie sobre una de las mesas y alzando sus cervezas hablasen con la muchedumbre - ¡Señores!

¡Y señoras!- añadió uno de ellos.

¡Esta canción va por ustedes!- continuó el otro.- ¡A la de una...!

-¡A la de dos...!

¡Y a la de ...!- dijeron los dos a la vez antes de empezar a cantar una saloma.

Esta es la historia de un pobre barbero inglés

que solo y abatido a una cantina se fue a beber

y tras la primera pinta que él se bebió

en un mundo muy borroso él entró.

Dingdingding aiiooo, dingdingding aiiooo

En un mundo muy borroso él entró.

La canción era muy conocida entre los muggles. Era la típica que sacaba una sonrisita simpática y animaba hasta al más tristón a salir a la pista a bailar. En este caso, a Ginny, a la que Hermione casi obligó con chantaje emocional- Es la última vez que ves a tus hermanos. ¿No querrás que te recuerden así?

Era la quinta pinta y la noche quería empezar.

El barbero estaba motivado y se puso a bailar.

Él bailaba con una vedette de muy buen ver,

lo que él no sabía es que en realidad bailaba con el bidé.

Dingdingding aiiooo, dingdingding aiiooo

Lo que él no sabía es que en realidad bailaba con el bidé.

Entonces Nymphadora, se puso al lado de las chicas y les enseñó el juego de pies con el que se bailaba la música de ese estilo. Era tan complicado y divertido, que ninguna de las tres podía parar de reírse de su propia torpeza.

Con la cartera ya mangada se puso a mendigar,

y por casualidad se encontró a un amigo de otro bar.

Y el amigo que era muy cabrón

le metió en la bebida algo más que alcohol.

Dingdingding aiiooo, dingdingding aiiooo

Le metió en la bebida algo más que alcohol.

Aunque les regañaron por cantar esa estrofa, lo cierto es que fue la que más le subió el ánimo a Ginny. Incluso, se atrevió a moverse y bailar con Charlie enganchando su brazo.

De pronto, una mano tiró de Hermione para bailar en pareja. Era Ronald, otro de los chicos de los establos, al cual se lo seguía encontrando algunas mañanas en la cocina robando comida.- ¡Hoy no viniste!

-¡No tuve hambre esta mañana!- contestó entre tanto ruido.

El pobre barbero inglés, tan galán como solía ser,

estaba tan ciego que apenas podía ver.

Y como era tan galán a una dama conoció,

pero por la mañana en un caballo se convirtió

Dingdingding aiiooo, dingdingding aiiooo

Pero por la mañana en un caballo se convirtió.

-¡Pues te guardé una manzana!¡Luego te la doy! - Ronald se acordó de ella y quería que lo supiera.

-¡A lo mejor luego estoy ocupada con mis obligaciones!- le respondió Hermione queriendo hacerse de rogar.

-¡Imposible!- dijo él- ¡Gabrielle no está! ¡La que está es Fleur y ella tiene a Rosmerta!

-¡¿Y tú cómo sabes eso?!

-¡Porque yo les acerqué los hipogrifos al coche!- respondió Ron- Hoy queremos hipogrifos, no caballos porque queremos impresionar a los invitados- dijo imitando el tono que el señor Potter usó con él.- ¡Los hipogrifos y los unicornios son casi tan orgullosos como los magos!¡Pobre Tonks, que tiene que llevar el coche con hipogrifos!¡Seguro que cuando venga estará hecho una furia!

El pobre barbero vio que así no podía seguir,

se juró a sí mismo que ya no bebería tanto,

pero al finde siguiente quiso repetir,

pues él era inglés y ya estaba curado de espanto.

Dingdingding aiiooo, dingdingding aiiooo

Pues él era inglés y ya estaba curado de espantooooo

Todos aplaudían como locos. Amaban esa canción. Y los gemelos, George y Fred, eran muy buenos. Sabían cómo celebrar a lo grande.

-Son geniales - dijo Hermione , sin ahora tener necesidad de dar voces.

-Sí, está en la sangre. La única herencia familiar que tenemos es esa- contestó un muy orgulloso Ron.

Hermione se volteó hacia él.- ¿También eres de esa familia?

-Sí. Ellos y todos los pelirrojos de la hacienda compartimos sangre - respondió como si fuera tan obvio.

En realidad, no era complicado hilar tanto, pero no se lo había planteado. Si Ginny practicamente se lo acababa de dejar ver. Pero por lo que fuera, no esperaba que Ronald también estuviera incluido en ese grupo de pelirrojos. Con un par de gestos más se dio cuenta de otra cosa nueva, ninguno de los hermanos hablaba de la familia como gente cercana. Hacían menciones como si se tratase de un vecino del pueblo. Pronto se daría cuenta de que, a pesar, de conocer a sus hermanos o padres, la vida familiar que se permitía en la mansión distaba mucho de la que tenía los muggles en las aldeas. En las casas de los magos, los esclavos aún teniendo cierto apego por los de su sangre convivían por igual con sus hermanos que con el resto de muggles. La diferencia era escasa o nula.

Pero ese no era el asunto que les atañía en ese preciso momento. Entonces, sólo les preocupaba hacer una buena fiesta de despedida como Charlie y Percy se merecían. Una que esperaban que nunca pudieran olvidar.

Tras esto decir que me encantaría ver lo que pensáis por saber si está yendo bien la historia. Me encantan los reviews. Muchas cosas que no salen directamente es porque o salen en la otra historia que escribo en paralelo o porque saldrá más adelante.

¿Qué os pareció?

Sé que voy un poco lenta. Son aún niños los protagonistas, pero es que quiero construir la tensión desde los cimientos. Me gustaría explicar ese mundo tan diferente al nuestro. En medida de lo posible.