Just A Coincidence


Notas de la Autora: Cuanto... tiempo... ^^'...

One Winged ngel: Me acabo de dar cuenta tras leer los reviews... que no te mencioné en las Notas de la Autora del segundo capítulo y de hecho fuiste la primera en reviewear v.v... Lo siento!! Aunque tal vez fue porque no entiendo ni papa de francés v.v...

becky: Pues sí... el segundo capítulo salió relativamente prontito v.v... El tercero ya ha sido un tema a parte v.v No recordaba haber leído tu review en su momento pero he de reconocer que no vas mal encaminada lo primero... Y lo segundo que me has dado un par de ideas XD Gracias!!

Rinoa-LeBeau: También es una de mis parejas favoritas! Siento la tardanza pero en principio tengo la intención de acabarlo v.v... Ale a seguir gritando XD

AkiraTokugawa: Sha está el siguiente capítulo XD Espero que sigas paseándote por aquí para ver si las cosas se actualizan v.v... Y aunque es verdad que son personajes con pasados sombríos espero conseguir el aire más alegre y fresco que quisiera que tuviera este fic. Habrá momentos así más dramáticos... pero espero que sean contados! XD

AllEgrhA: La pareja sigue con sus historias v.v... pero siento que haya sido tan tarde ^^'


CAPÍTULO III: CON TRES PALMOS DE NARICES.


Me desperté de nuevo aquella mañana llena de energía y con ganas de hacerlo todo perfecto, dando el 110% de mí misma. Bueno vale, ahí sobra el "de nuevo"... Más que nada porque la mayoría de las mañanas era un alma en pena buscando una buena razón para sonreír a mis compañeros de clase y no parecer tan borde como todos me veían. Bueno... No parecer tan borde como en realidad soy, porque seamos realistas... Soy una borde.

Bueno, el caso es que esa mañana era distinta. Me había despertado como otra cualquiera en la misma habitación diminuta, con la misma cama pequeña y alborotada, bajo el mismo techo tristemente blanco. Pero por fin estaba feliz... Dos días más y volvería a casa con papá y mamá a hacerles entrega de mis notas excelentes. Todo para que se sintieran orgullosos como cada año y me dejasen pasar las vacaciones en algún lugar algo más animado que mi casa.

En cuanto salí de mi habitación me llamó la atención la ausencia de alumnos en los pasillos. Me paré a mirar el reloj y efectivamente era la misma hora de cada mañana. Entonces recordé que ese día se hacía la entrega de notas a los alumnos de nuestro curso y no había clase. Tan sólo de doce a doce y media del mediodía para darnos el papelito que a mí personalmente me llevaría directamente al próximo campamento de verano de la asociación de vecinos y conciudadanos de Deling.

El campamento en sí era la cosa más aburrida que podía imaginarse... Un montón de niños pijos de papá cantando junto al fuego con una guitarrita en la mano canciones sobre la paz y bla bla bla... Algo que a los 10 años me entusiasmaba... Pero lo cierto es que desde que cumplí los 15 me empezó a interesar más el monitor que nos guiaba durante los dos meses que pasábamos allí que no el campamento en sí.

Así que tenía algo de tiempo libre antes de ir a buscar mis notas, por eso me fui directa al centro de entrenamiento. No llevaba el equipo necesario para enfrentarme a enemigos de según qué nivel, pero por lo menos haría algo de ejercicio con los más débiles.

De esa manera entré decidida a aplastar a todo ser de más de dos piernas y menos de un palmo de masa cerebral... Aunque ahora que lo pienso un Arqueosaurio se apoya sobre las dos patas traseras... Bueno da igual, estaba dispuesta a cargarme algún que otro Grat...

La cosa cambió radicalmente en cuanto mis pies tocaron las baldosas de los vestuarios que había justo antes de llegar al recinto en el que los monstruos campaban a sus anchas.

Dichos vestuarios se encontraban al girar el pasillo, y era imposible continuar hasta el centro de entrenamiento sin pasar por la sala común que daba a las dos puertas que diferenciaban los vestuarios femeninos de los masculinos. Éstos tenían una primera zona con diversas taquillas de uso común que formaban una especie de muro tras el cual se encontraban las duchas. Así era imposible verlas desde fuera.

Sin embargo la puerta principal de dichos vestuarios estaba normalmente abierta de par en par. Lo cual no era un problema ya que la gente solía pasar a la zona de las duchas para cambiarse de ropa. Sin embargo desde fuera se podía ver a todos aquellos que se preparaban para entrenar antes de cambiarse o ducharse.

Esto es lo que me hizo cambiar de idea, hubiera entrado como había planeado hacia el centro de entrenamiento... pero nada más girar el pasillo y entrar en la sala común de los vestuarios me encontré justo frente a una espalda desnuda sobre la que relucía una limpia marca, fina y alargada, de unos 20 centímetros de largo y algo más blanca que la piel sobre la que estaba dibujada.

Todo el mundo conocía esa cicatriz, habían mil rumores y leyendas sobre cómo la había conseguido, pero lo cierto es que nadie estaba completamente seguro de cómo había adquirido una cicatriz como aquella un cadete de primer grado de tan sólo 17 años como Seifer Almasy.

Así acababa de empezar uno de los días más felices que podía recordar en mucho tiempo... Y a menos de una hora de mi despertar me veía obligada a encontrarme con aquel homínido.

No estaba dispuesta a toparme con él y permitirle que también destrozase aquel día de mi vida, así que aproveché que parecía ocupado limpiando su equipo y di media vuelta sin hacer el más mínimo ruido hasta salir de allí para encaminarme hacia cualquier otra parte.

Sólo faltaban dos días y prefería no tropezarme con Seifer ni una sola vez hasta el próximo curso.


- ¡Quistis! ¿Tienes un pañuelo?

Selphie llevaba ya un buen rato dando vueltas de un lado para otro mientras retorcía un kleenex entre sus dedos, el cual había terminado tirando a la basura. Ahora que al parecer volvía a tener las manos empapadas en sudor se acordaba de él.

- Sólo tengo éste... - le contesté.

Le mostré el pequeño pañuelo de tela que siempre llevaba en algún bolsillo y la chica hizo un ruidito de fastidio, como un chasquido de su lengua contra el cielo de su boca, y se giró de nuevo en su asiento, pasándose las manos compulsivamente sobre la falda.

- No le fue demasiado bien en el examen del otro día...

Selphie solía sentarse frente a mí, mientras que Rinoa estaba a mi izquierda, por lo que sólo yo oí las palabras que susurró recostándose levemente hacia su derecha.

Mis ojos no pudieron evitar dirigirse con cierto aire de pena hacia Selphie, si las notas no le salían como sus padres esperaban ya le habían advertido que pasaría gran parte del verano con un tutor particular dándole clases.

Después de unos minutos más entró por fin nuestra instructora, que se sentó en su escritorio y comenzó a sacar con toda la calma del mundo diversos papeles y bolígrafos. Era una mujer muy tranquila y sosegada, y en estos momentos aquello era algo muy malo para el resto de la clase.

Todos cuchicheaban y hablaban nerviosos entre ellos hasta que la instructora entró, ahora un silencio atormentador había tomado el protagonismo. Casi podía oírse la respiración contenida en los pulmones de mis compañeros, esperando sus notas. Como un montón de corderos a la entrada de un matadero.

Yo sin embargo permanecía como una simple observadora ante aquella escena. No tenía de qué preocuparme. Nunca lo había tenido.

- Muy bien, id acercándoos en orden de lista, a medida que os vaya llamando – ordenó la instructora -. Y nada de numeritos, el que tenga algo que discutir conmigo sobre sus notas que espere al final de la clase y hablaremos.

Yo eché mano del libro de bolsillo que en ese momento guardaba bajo mi chaqueta y lo abrí tranquilamente, Trepe era un apellido que tardaría aún un rato en ser nombrado. Me concentré en la lectura y tan sólo la voz de Rinoa me hizo girar la cabeza un par de minutos después. Parecía por su cara que el papel que tenía en su mesa, bajo sus brazos no le preocupaba lo más mínimo. O bien le había ido como esperaba o no le preocupaba que le hubiera ido mal. Al fin y al cabo su padre veía siempre bien lo que su princesita hiciera mientras se mantuviese dentro de sus límites morales. Era un poco mimada.

Sin embargo hablaba con Selphie, que por su lado acababa de sentarse de nuevo en su mesa con una expresión de alivio exagerada.

- Por los pelos... - susurró como si le acabaran de notificar que viviría 100 años más.

Parecía que la chica había vuelto a aprobar sin haber estudiado a penas. Otra cosa que no entendía de aquella muchacha. Si tantas dificultades tenía para memorizar lo que ponía en sus libros, ¿por qué no se esforzaba un poco más?

- Trepe – dijo la instructora Crane.

No había oído una sola palabra pronunciada por aquella mujer hasta ese momento. Tenía un radar para saber cuándo alguien se dirigía a mí.

Me levanté en silencio de mi silla y me acerqué con una media sonrisa de agradecimiento hasta mi tutora, que me tendió aquella hoja sin mirarme directamente a los ojos, con cara de "Había esperado algo mejor".

Dirigí mis ojos hacia el papel y me encontré con lo esperado. Todas y cada una de mis asignatura tenían la nota máxima.

- Umbrent.

La instructora seguía llamando alumnos uno a uno pero su cara de decepción seguía ahí. ¿Tal vez era por las notas del resto de mis compañeros?

Comencé a caminar hacia mi mesa mientras buscaba alguna nota de algún profesor con algún tipo de queja o halago hacia mi persona, pero no había nada fuera de lo normal en aquel papel. Excepto...

A primera vista todo parecía correcto. Pero una de las notas era distinta del resto. Por lo visto la asignatura de Primeros Auxilios y Magia de Curación estaba aprobada con tan sólo un suficiente rascado.

- Instructora Crane... - comencé confusa.

Aquella mujer me hizo un gesto con la mano en señal de espera. Por un segundo se me había olvidado aquello de esperar al final de la clase para discutir cualquier desacuerdo.


- Y sintiéndolo mucho me temo que esto no podrá quedar así... - dijo la instructora con el ceño fruncido en señal de disgusto - Me gustaría hablar con tus padres...

Aunque me hubiera explicado el motivo de aquel desliz con mis notas y yo lo hubiera casi comprendido y finalmente acatado no alcanzaba a entender por qué tenía que llamar a mis padres para comunicárselo.

- Pero... - no sabía ya cuántas veces había pronunciado esa palabra en los últimos 10 minutos.

- Quistis... - mi nombre pronunciado de aquella manera lastimera era lo más humillante - Una de las partes más importantes en la labor de un SEED es el trabajo en equipo...

Bajé la mirada al suelo sabiendo que ahora repetiría las mismas frases que había oído hacía unos segundos.

- Este año el examen práctico ha sido justamente de esta asignatura – usaba exactamente las mismas palabras -. Y la dominas a la perfección, igual que las demás. Conoces todo el procedimiento de primeros auxilios y no tienes problema para ponerlo en práctica.

No pude evitar aquella especie de sonrisa socarrona. No necesitaba que aquella mujer me dijera lo que sabía o no sabía hacer. Suerte que mi tutora estuviera demasiado concentrada en sus palabras como para ver mi gesto de casi burla.

- Sin embargo una gran parte de la nota de los exámenes prácticos... sean de la asignatura que sean... es sobre la actitud como miembro de un equipo – y ese era el problema al parecer -. ¿Recuerdas cómo trataste a Seifer Almasy?

De nuevo el nombre de aquel idiota estaba relacionado con un episodio negativo de mi existencia.

- Pero de ahí a llamar a mis padres... - volví a quejarme.

- Tus padres tienen especial interés por saber cómo se desarrollan tus avances académicos... - justamente... - De hecho son los únicos que llaman cada mes para informarse de cómo van tus notas y cómo te comportas en clase.

Qué suerte la mía.

- Tan sólo quiero que sepan que la nota de esa asignatura se ha visto afectada por un problema aislado en cuanto a tu trato hacia ese otro alumno – y seguía sin ver por qué debían saberlo -. No a ningún tipo de problema de ineficacia por tu parte.

Estaba claro que iba a llamarlos y les iba a contar todo aquello quisiera o no. Así que sólo me quedaba callar y esperar a que aquella instructora se cansase de hablar e hiciera lo mismo que yo.


Seguía de un humor de perros y casi no podía evitar la forma en que se tensaban los músculos de mis mandíbulas cada vez que se apretaban sobre un nuevo pedazo de carne.

Seguía cenando completamente sola en la cafetería esperando a que pasase lo que quedaba de ese día y el siguiente para salir de aquel horrible lugar que era ahora mi querido Jardín.

- ¡Quistis!

Me giré lentamente al oír mi nombre, dejando bien claro que no tenía ganas ningunas de ver a nadie en aquel momento. Pero eso a Selphie le daba igual.

Se paró a mi lado y se sentó dramáticamente en la silla, respirando como una desesperada, como si llevase horas corriendo por los pasillos del Jardín. Aunque conociéndola no me hubiera extrañado lo más mínimo que así hubiera sido.

Levantó la cabeza hacia mí mientras seguía recuperando el aliento, parecía esperar un "¿Qué ocurre?" por mi parte. Y supongo que era lo esperado en dicha situación. Pero seguía sin ganas de hablar de nada en absoluto. No me importaba ni si quiera que estuviera a punto de estallar una bomba en medio de la cafetería.

- Tu... tu móvil...

Finalmente había decidido hablar sin esperar reacción ninguna por mi parte.

- Tus padres han... han estado llamando a nuestra habitación... - dijo cogiendo aire.

Sinceramente, era una noticia que no me cogía de nuevas. De hecho hacía ya tiempo que mi teléfono móvil no paraba de ronronear cada 15 minutos en el interior de mi bolsillo. Pero de lo último que tenía ganas era de hablar con mis padres. Sabía lo que tendrían que decirme.

- Me han pedido que te diga... que busques tu móvil y les llames de inmediato.

Metí mi mano en el bolsillo y coloqué aquel aparatito electrónico sobre la mesa. No me lo había olvidado en ninguna parte. Sabía que estaban llamando desde que sonó la primera vez a la media hora de haber salido de mi pequeña reunión con la instructora Crane.

Selphie lo miró por unos instantes algo confusa. Supongo que esperaba que yo no supiese que habían estado todo el día intentando contactar conmigo. Justo en ese momento se encendió la pantalla y el teléfono comenzó a moverse lentamente sobre la mesa, emitiendo aquel molesto zumbido. En la pantalla seguían apareciendo las mismas letras "Mamá".

- Quistis... no... ¿no lo coges? - preguntó confusa.

- Tengo tiempo más que suficiente para que me griten y se enfaden por mis notas... - contesté con desgana - Prefiero que lo hagan sólo durante la media hora que pasaré en casa antes de irme al campamento.

Selphie levantó una ceja algo en desacuerdo con lo que había dicho. Pero era la pura verdad. Tenía aún un día que aguantar allí dentro y no quería estropearlo más soportando sus charlas.

- Si no lo coges lo haré yo y les diré que estás aquí.

Selphie dijo esto mientras echaba mano del móvil, evitando que pudiera quitarlo de su alcance. Lo levantó lentamente con el dedo pulgar sobre el botón de descolgar. Sabía que acabaría pulsándolo.

Su dedo presionó aquella pequeña tecla verde y extendió la mano después hacia mí. Ya podía oír la voz de mi madre al otro lado de la línea, pronunciando mi nombre.

Se lo quité de las manos a regañadientes y me lo llevé a la oreja. Igualmente acabarían llevándome aquella charla tarde o temprano.


Supongo que estaba demasiado enfadada como para oír sus pasos a mis espaldas, pero no me hubiera girado ni dejado mi camino aunque todo el cuerpo de SEED's del Jardín hubiera trotado para detenerme en ese momento. Alguien debía morir aquella noche.

Estaba prohibido para los cadetes entrar en el centro de entrenamiento pasado el toque de queda, pero aún quedaban un par de horas para eso. Tampoco llevaba ningún arma conmigo, ni magias siquiera de apoyo y sanación. Pero me daba igual. Alguien debía morir.

Entré en aquella porción de jungla infestada de monstruos y no tardé en encontrar a uno de aquellos apestosos Grats. Tenían una costumbre bastante estúpida de dejar el rastro más claro del mundo, eran francamente fáciles de encontrar.

En cuanto me planté frente a él aquella criatura se me acercó intentando parecer amenazador, pero poco tenía que intimidar teniendo en cuenta mi humor. Me mantuve en el mismo lugar sin moverme lo más mínimo, esperando a que aquella alimaña aprovechase su primer turno para atacar. Y en cuanto lo hizo tan sólo pudo morder el aire.

También estaba demasiado ocupada esquivando a mi oponente como para haber oído su voz de alerta. Me hice a un lado y agarré aquella bestia por aquellas ramificaciones que usaba como si fuesen tentáculos, estirando de ellas hasta haber arrancado un par de cuajo. El animalejo se retorció violentamente de dolor y consiguió tirarme al suelo mientras intentaba deshacerse de mi agarre.

Fue entonces cuando me jacté por primera vez de su presencia, y fue porque se acercó a toda velocidad y me apartó de aquel Grat cogiéndome de un brazo. Seifer me había seguido hasta allí y llevaba un buen rato vigilando mis movimientos.

- ¡¿Qué demonios haces aquí!? - grité enfurecida - ¡Suéltame!

Seifer se echó a un lado y volví a sentir cómo el Grat tiraba de mí, intentando que lo soltase, pero en lugar de hacerlo me giré hacia él y comencé a golpearlo a puñetazo limpio. Era una sensación maravillosa, poder sentir toda mi ira siendo descargada sobre algo. No sólo descargar mi ira, sino que el objeto que la estaba recibiendo sufriese por ello.

- ¡Para de una vez, maldita sea! - gritó él.

Esta vez me cogió rodeando mi cintura con ambos brazos, haciendo que mis pies se levantaran del suelo. En ese momento aquel pequeño monstruo dio un último tirón y salió corriendo hacia la maleza, mutilado en parte y sangrando.

- ¡Maldito imbécil! - esta vez era mi turno para maldecir - ¡Todo es culpa tuya!

Seifer continuaba sujetándome en el aire, por lo que sólo podía zarandear ambas piernas como una loca mientras intentaba agarrarlo con las manos, algo bastante difícil al estar de espaldas a él.

- ¡Tranquilízate, joder! - que él me pidiera eso en este momento no hacía si no enfurecerme más aún - ¿Se puede saber qué coño te pasa?

Me pasaba que todo lo que había dado por sentado desde hacía meses se había desvanecido gracias a un simple examen junto a aquel idiota. La gran urgencia en la llamada de mis padres no era sólo por darme un sermón por lo que la instructora Crane les hubiera dicho. Sino también castigarme por ello. Me había quedado sin vacaciones.

En lugar de aquel par de meses junto al monitor de campamentos de cada verano me esperaban tres meses encerrada en casa, mientras mis padres disfrutaban del verano en algún que otro lugar paradisíaco del mundo.

Me quedé quieta, mirando hacia el techo cubierto de aquella especie de inmenso invernadero, esperando a que Seifer me dejase en el suelo. Y en cuanto lo hizo me encaminé hacia los dormitorios sin hacer ningún caso a sus llamadas. Sabía que si me giraba hacia él tan sólo conseguiría una pelea innecesaria y más problemas con el Jardín. Y ya me había llevado bastantes sorpresas por aquel día.

Tenía todo el verano planeado y estaba deseando que llegasen mis vacaciones... y ahora me había quedado con tres palmos de narices.


Bueno... lo dicho... cuánto tiempo! XD