FDKOEKFOREKFCOKFO XDDDDDDDDD Morí escribiendo este capítulo! Aún recuerdo el comentario de Saa Alice en el foro y cómo me reí con sus comentarios del capítulo -se rie como loca-
Bueno, ok... El siguiente capítulo puede tener escenas un tanto provocativas, ok, no XDDDD Pero si fue divertido poner a estos dos en esa situación. Ahora cómo se van a salir de ésta... ni me pregunte, estoy trabajando en ello (?) o.o
Ahora cuando coman helado de chocolate, pensarán en Ichigo :$ Por lo menos mi decencia para comer helado ya no será la misma (?) XDDDDDDDDDDD
Disclaimer: ¡Sí, Tite, hombre! Que me acuerdo de ponerte los derechos, los personajes son tuyos, pero algún día me pasarás los derechos de Renji. ¡Y el helado de chocolate es mío! jajajajajjajajajaj
Accidente en el parque
Ichigo se encontraba tendido en su cama, recién despertando. Estiró sus brazos para desperezarse y llevó sus manos tras su cabeza, aún acostado sobre su cama.
Era fin de semana. El día anterior fue cuando la morena había prácticamente colapsado y él la había cargado hasta llegar a su residencia, para después recostarla en su respectiva cama y dejarla descansar. Sin embargo, se quedó a su lado por unos minutos hasta que la shinigami lo sacó de sus pensamientos al revolverse incómoda. En cuanto despertó, le llevó unos bocadillos e incluso esa misma noche patrulló los alrededores para cerciorarse que ningún hollow rondaba, esperando que eso aminorara la carga de su compañera.
Se mantuvo un momento más hasta que decidió levantarse rumbo al baño para darse una ducha. No debían ser más de las nueve de la mañana, mas no podía conciliar el sueño. Así que en cuanto terminó con su aseo diario se dirigió de vuelta a su habitación, pensando qué hacer esa mañana hasta que su celular comenzó a sonar.
—¿A esta hora? —murmuró, acercándose al aparato para ver de quién se trataba, verificando que se trataba de un mensaje de texto— Con que Mizuiro… —alzó una ceja, y después de leer el contenido del mensaje reflejando desconcierto en su expresión, lanzó un bufido llevándose una mano hasta su nuca.
La hermana castaña del shinigami sustituto había salido temprano a la casa de una amiga, Karin hace poco también se había marchado y el médico de la familia no sabía si estaba durmiendo o también había salido. En fin, Rukia se encontraba desayunando sola mientras veía televisión. Se había despertado junto a sus dos compañeras de habitación puesto que la morena tenía el sueño ligero. Cabe agregar que había dormido más de lo normal por el asunto de su descompensación de azúcar del día anterior.
—¿Por qué la gente se entretiene viendo estos programas? —se cuestionó la teniente de la undécima división, apoyando su rostro en su mano izquierda mientras que con la otra llevaba el alimento hasta su boca.
—¿Qué les dio a todos en esta casa que se levantaron tan temprano? —la pelinegra se sobresaltó ante la voz que oyó muy cerca suyo. Al voltearse se encontró con el joven de cabellera anaranjada— ¿Te asusté? —se mofó Ichigo, apoyándose en el respaldo de la silla contigua a la que se hallaba sentada la morena.
—¡Por favor! Un perro asusta más que tú —lo fulminó con la mirada.
Frunció el ceño ante la respuesta de la chica. Para después reparar en su vestimenta, percatándose que aún llevaba su pijama con un conejo estampado en la prenda superior.
—Oye —comentó, llamando la atención de la muchacha pero sin lograr que se volteara a verlo—, vístete.
—¿Qué? —replicó Rukia, aún sin terminar de ingerir su alimento— ¿Por qué? —preguntó extrañada de la petición.
—Sólo vístete, quiero mostrarte algo —explicó, quitándole los palillos a la morena y terminando su porción de comida matutina, ganándose un improperio de parte de la chica al ver su merienda asaltada.
—Tu hermana dejó tu porción en la nevera —replicó, lanzándole una mirada de disgusto por no dejarla terminar su desayuno.
—Bien —dijo una vez hubo tragado—, mientras yo como tú vístete.
—Ichigo —nombró—, quiero que entiendas algo —lo miró de brazos cruzados—. No pienso moverme de aquí hasta que me digas a dónde quieres llevarme.
…
Momentos después iban caminando uno al lado del otro y Rukia durante todo el camino no había logrado sacarle descripción alguna del sitio al que Ichigo la guiaba. De vez en cuando le volvía a insistir pero el muchacho no revelaba nada.
—Maldición, Rukia, ¿no puedes esperar hasta que lleguemos? —resopló el chico.
—¡Es muy raro que me lleves a algún sitio! —expresó la muchacha— ¡Debes estar planeando un atentado contra Chappy y mi desayuno!
—Rukia… el que me haya comido parte de tu desayuno no tiene que involucrar a ese mugroso conejo.
—¿¡Ves!? ¡Quieres atentar contra la vida de Chappy! —afirmó la morena, adelantándose al joven y entorpeciéndole su avance al pararse frente a él.
Ichigo frunció más el ceño ante la actitud de su compañera.
—En primer lugar, tu horrendo… —se detuvo al ver la actitud amenazante en la fémina— tu conejo es un peluche —rodó los ojos esperando que el mal calificativo hacia el ser adorado de su amiga no le valiera una agresión a su cuerpo—. Y segundo —agregó, antes que la Kuchiki le propinara una patada —, mira hacia atrás.
Con cautela, Rukia hizo caso a su compañero y volteó para ver el paisaje tras ella. Sorprendiéndose al instante.
—¿Qué… —articuló, maravillada— es eso?
Los inmensos pedazos de fierro que se alzaban coloridos entre los árboles estaban esparcidos alrededor de todo ese parque. Y a medida que Ichigo la encaminó hasta aquella entrada podía escuchar los gritos eufóricos de la gente allí dentro. Globos, serpentina, varias personas disfrazadas, distintos puestos y aquellas enormes atracciones de metal que podía apreciar a medida que su compañero la guiaba, la dejaron embobada.
—Es un parque de atracciones —explicó el Kurosaki—. Mizuiro me comentó que este fin de semana había una promoción para los estudiantes de instituto. Así que pensé en traerte… —comentó rascándose la nuca.
—Ichigo…
Estuvieron un rato haciendo fila para comprar los boletos y otro más para entrar, pero durante todo ese tiempo la morena no dejaba de admirar maravillada todo a su alrededor. Había varios jóvenes de la edad de Ichigo, la mayoría de las caras se le hacían desconocidas, sin embargo de vez en cuando le parecía ver rostros conocidos.
—Oye, Ichigo… —llamó, una vez entraron a aquel enorme lugar— Creo que es mi imaginación, pero... me parece haber visto a algunas de estas personas…
—Ah… —articuló— No sería extraño que alguno de nuestros compañeros estuviera por aquí.
—¿En serio? —cuestionó curiosa.
—Bueno, así mejor —mencionó—. Si alguno de tus pretendientes te ve conmigo ya puedes empezar a recurrir a tu plan de hacerme pasar por tu…
—¡Ichigo, mira! —gritó la morena, interrumpiéndolo, provocando que el muchacho se sobresaltara.
—¡Mierda, Rukia! —exclamó— ¿¡Qué…!? —soltó, en cuanto sintió que era arrastrado por la shinigami— ¡Rukia, maldición, suéltame!
—¡Mira, Ichigo! —reiteró, señalando un peluche de conejo en el estante de un puesto en el que se hallaba un sonriente comerciante al notar que tenía su primer cliente de la mañana.
—Mierda… —articuló el joven de cabellera anaranjada.
Bendito conejo, pensó sarcástico.
Posteriormente, una sonriente morena caminaba junto al joven shinigami sustituto. Entre sus brazos llevaba un blanco conejo de peluche, mientras su acompañante iba farfullando con el ceño más fruncido que lo usual.
—Aún no entiendo por qué te compré esa… cosa —bufó el joven, mirando fulminante al animalito de felpa.
—Porque te comiste mi desayuno —le respondió de la misma forma la morena.
—¿Sigues con eso? —soltó, observando a su acompañante y percatándose cómo la pelinegra frotaba su rostro sonriente contra el peluche— Da igual… —suspiró, ahorrándose el comenzar un pleito.
—Parece que de verdad las personas la pasan bien aquí —comentó curiosa, mirando a su alrededor y reparando en varios jóvenes que parecían divertirse, además de algunas parejas que rondaban el lugar.
—Sí, bueno, cuando nos subamos a un juego verás que… —se detuvo a mitad de la frase al dirigir su mirada unos metros frente a él— Debes estar bromeando… —musitó, incrédulo.
—¿Ichigo? —a la shinigami le llamó la atención la actitud del joven, observándolo con atención.
—¡Vamos a ese juego! —señaló el muchacho al azar, nervioso, dando media vuelta para que Rukia lo siguiera.
—¿Qué te pasa? —consultó extrañada al seguirlo con la mirada— ¿Por qué estás tan inquieto…? —preguntó, dirigiendo su vista donde anteriormente miraba el sustituto.
—¡Rukia! —exclamó, tomándola de la muñeca para arrastrarla en sentido contrario.
—¡Ichigo! ¿¡Qué diablos…!? —espetó, mirando fugazmente hacia donde su compañero evitaba por todos los medios que observase, reparando inmediatamente en algo que abarcó toda su atención— ¡CHAPPY! —gritó a viva voz, con la ilusión plasmada en sus ojos.
—¡No, Rukia! —intervino el joven, jalándola.
Pero era demasiado tarde. La morena ya había sido hipnotizada por el flamante personaje a pocos metros de ella. Obviamente, se trataba de alguien con un disfraz de conejo, no obstante eso no aminoraba la emoción que embargaba a Rukia.
—¡Ichigo! ¡Es Chappy! —rebatió, intentando soltarse del agarre.
—¡Rukia, no hagas el ridículo! —haló de ella, continuando con el forcejeo.
A unos pasos de distancia, el enorme conejo miraba con nerviosismo los ojos maravillados de la shinigami, quien intentaba por todos los medios huir del agarre de su compañero y lanzarse sobre el conejo.
—¡Rukia, no me obligues! —amenazó, percatándose de varias miradas curiosas que comenzaban a posarse en ellos.
—¡No intervengas en nuestra relación, Ichigo! —escandalizó la morena.
Y en vista de que la pelinegra se iba a zafar de su prisión, rodeó su cintura con un brazo y la cargó. Tal como tiempo atrás lo había hecho en su rescate, sólo que esta vez era para evitar una vergüenza descomunal en el parque de atracciones.
—¡Suéltame, Ichigo! —se removió, estirando un brazo para intentar alcanzar a su adorado conejo, puesto que con el otro sujetaba a su peluche de felpa e Ichigo la había cargado al revés, de tal manera que su cabeza se hallara al nivel de la espalda del chico y ella presenciara, agonizante, cómo se alejaba paulatinamente de aquel enorme conejo.
—¡Rukia, te vas a caer! —advirtió el muchacho ante los movimientos de la morena, meditando en cómo detener su pataleta— Te compraré un helado —concluyó.
—¿Un helado? —cuestionó curiosa.
Al parecer la estrategia había dado resultado.
Mientras Rukia se dejaba llevar por su compañero, ya más en calma, varias miradas inquisidoras los observaban a la distancia. Atentos a la pelinegra que era cargada por el Kurosaki.
—Hey, ¿esa no es Kuchiki? —comentó un joven adolescente, a varios metros de la pareja— ¿Con quién va?
—¿Kuchiki? —repitió un chico de castaña cabellera.
—Ah, sí —concordó otro muchacho, a su lado—. Creo que es Ichigo Kurosaki. Cuando cursaba primer año estuve en su misma clase y ambos se comportaban a menudo de manera extraña, pero siempre los veía juntos.
—¿Kuchiki cursó primer año en el instituto? —cuestiono el joven de ojos miel.
—Sí —aseguró el chico a su lado—, ¿no lo sabías? —cuestionó con una ceja alzada.
El castaño sólo frunció el ceño y miró atentamente el lugar por donde había desaparecido el joven de cabellera anaranjada con la morena.
—¡En seguida vuelvo! —anunció, largándose a correr y alejándose de sus compañeros. Mientras éstos gritaban cuestionando su repentina acción.
…
Para evitar que su amiga y compañera de batallas fuera tras el conejo gigante, que en realidad era una persona disfrazada, Ichigo no tuvo opción que sobornarla con un helado de barquillo. Y ahí se encontraban ambos ahora, sentados en una banca mientras la morena expresaba su extrañeza por el singular tentempié y el conejo de peluche se hallaba posado junto a ella, lejos del alcance de su acompañante.
—¿Dices que sólo tengo que lamerlo? —cuestionó por enésima vez la muchacha.
—Sí, Rukia —comentó, pasivo, como alguna vez le enseñó a beber de una caja de jugo—. Lame los bordes para evitar que el helado se derrita y te chorree las manos.
—¿Los bordes? —volvió a preguntar, mirando el helado de diferentes ángulos y observando cómo el joven a su lado degustaba su respectivo refrigerio.
—¡Cuidado! —advirtió Ichigo, observando las acciones de la pelinegra— ¡Lo vas a derramar! —reprendió— Maldición, sólo lame los bordes. Así —aclaró el joven, mostrándole cómo debía hacerlo.
Rukia miró atenta al muchacho, reparando en que lamía por la orilla del barquillo e iba girando el cono para así poder saborear alrededor de todo el helado. También se dio cuenta que el chico había ingerido buena parte de su helado y estaba comenzando a comer del barquillo.
—¿Eso igual se come? —cuestionó, impresionada.
—Sí, dentro hay más helado —explicó, mostrándole a la pelinegra el contenido dentro del barquillo—, ¿ves?
—Oh… —la shinigami alternó su mirada entre el helado que tenía en sus manos y el que le mostraba su compañero, varias veces— Oye, Ichigo…
—¿Qué? —articuló.
—Cámbiame el helado —demandó la muchacha, llegando a la conclusión que al paso que iba nunca terminaría de ingerir esa cosa.
—¿Ah? —expresó con desconcierto el muchacho junto a ella, percatándose que el escurridizo helado de la morena era tendido frente a él y que estaba derramándose sobre sus blanquecinas manos.
—¡Rukia! —reprendió— ¡Lame el maldito helado!
La aludida notó la exasperación de su compañero y observó como el helado empezaba a correrse sobre sus manos, deslizándose con destino de cumplir con la atracción de la fuera de gravedad.
—¡Ah! —exclamó, llevando el barquillo hasta su boca y lamiendo a ratos parte del helado.
Ichigo la vio atento con el ceño fruncido, reparando en que los intentos de la chica eran en vano, puesto que el helado seguía chorreándose por sus manos con intención de aterrizar en la ropa de la morena.
—¡Maldición, dame eso! —se desesperó el muchacho, cogiendo la mano de la fémina que sujetaba el barquillo y llevándolo hasta su boca para él mismo arreglar el desastre que había dejado la shinigami.
Rukia siguió con la mirada cada acción de su compañero hasta que notar que el helado ya no escurría entre sus dedos y que las manos de Ichigo habían quedado impregnadas del viscoso líquido. El helado había quedado perfectamente moldeado en una circunferencia embutida en el cono.
El joven de extravagante cabellera le terminó de arrebatar el barquillo a su compañera, para intercambiárselo con el que anteriormente él estaba degustando y que aseguraba que a pesar de los descuidos de la morena, no se derramaría por los bordes.
—Gracias… —mencionó, observando su nuevo helado y mordiendo con cuidado el borde del barquillo.
—Qué desperdicio de chocolate... —farfulló, observando sus manos pegoteadas por el líquido escurrido y posteriormente hacer uso de las servilletas que había cogido al comprar el helado, dándole unas cuantas a la chica.
La shinigami le agradeció mentalmente por el gesto mientras disfrutaba del ambiente que la rodeaba. Las filas para subirse a los juegos estaban repletas y el parque no había sido abierto hace mucho. No se habían subido a ninguna atracción aún, sin embargo, no eran los únicos que se hallaban descansando en las bancas alrededor del parque. Varios grupos de amigos se encontraban en los sectores de comida y parejas sentadas en las bancas disfrutaban de unos momentos a solas.
Rukia pestañó repetidas veces ante el hecho de estar rodeada de enamorados.
—¡Ichigo! —exclamó, propinándole un susto a su acompañante.
—¿Qué pasa? —cuestionó el chico, mirando con una ceja alzada a la morena mientras terminaba de comerse el barquillo.
—¿No te traerá problemas el qué estés aquí conmigo? —preguntó— ¿No le parecerá mal a Inoue que estemos los dos solos aquí?
—¿Eh? —pronunció el muchacho, sin lograr entender a lo que se refería— ¿Qué tiene que ver Inoue en esto?
—¿Qué tiene que ver? —repitió atónita la shinigami— ¿No estás saliendo con ella?
—¿Saliendo con Inoue? —la extrañeza no se hizo esperar en el rostro del joven— ¿Por qué crees eso?
El enfado surcó el rostro de la morena, extrañando aún más al chico.
—¡Vamos, Ichigo! —alegó, apuntándolo con lo que restaba de su helado— ¡No intentes negarlo!
—¿Negarlo? —ahora era el turno del chico para fruncir el ceño— Rukia, ¿de qué diablos estás hablando?
—¡Se supone que estarías saliendo con ella! —rebatió— ¡Por eso suspendimos el plan!
Ichigo la miró como si hubiera terminado de perder la cordura. Luego, se convenció a sí mismo que la única manera de tratar con un loco, era ser paciente. Así que, armándose de toda la tolerancia que poseía, suspiró.
—Rukia… —comenzó— Inoue es mi amiga —hizo una pausa meditando en sus palabras al percatarse de la ceja alzada en la morena—. Sería… raro que saliera con ella —comentó, en su rostro reflejando una expresión como si lo que hubiera dicho fuera obvio.
Al contrario de lo que creyó el Kurosaki, su explicación no provocó satisfacción alguna en la shinigami, puesto que la chica se cruzó de brazos y lo miró fulminante.
—Oh… —pronunció— Pues perdona por pedirte hacer cosas raras.
—¿Qué? —articuló el joven, con el desconcierto reflejado en su rostro— Rukia, ¿ahora de qué hablas?
—Aceptaste salir conmigo, ¿no? —le recordó— También somos amigos, Ichigo.
El muchacho se revolvió el pelo con una mano, perdiendo la paciencia.
—¡Es diferente, Rukia! —soltó— ¡Además, tú me lo pediste!
—¿Quién fue el que no quiso que se lo pidiera a Renji? —debatió con una sonrisa burlona en su rostro.
Como solía pasar en sus pleitos, ambos se habían dejado llevar por la efusiva contienda y se acercaban cada vez más al otro para intimidarse mutuamente, provocando que la distancia entre sus rostros disminuyera y dando la sensación de que se gruñían el uno al otro.
—¡Hola, Ichigo! —interrumpió la afable voz de su amigo de cabellera castaña.
Momentos antes, Keigo se hallaba paseando por el parque junto a Mizuiro y unos compañeros de su clase. Le pareció vislumbrar a su amigo de llamativa cabellera y se acercó sin dudarlo para saludarlo con una palmada en la espalda. Sin embargo, no contaba con la presencia de la morena y mucho menos que se hallaran en medio de una pelea, así mismo tampoco esperaba que al darle la palmada a su amigo éste hubiera sido impulsado hacia adelante encima de su acompañante.
—¿I…chigo? —articuló pasmado el joven.
El golpe había pillado desprevenido al muchacho, y en su intento de no aplastar a la shinigami había alcanzado a sujetarse del respaldo de la banca mientras que su otra mano había aterrizado en el asiento, junto al cuerpo de la chica.
Rukia, por otro lado, al sentir que se caía hacia atrás había agarrado su soporte más cercano. Sus manos tomaron con fuerza la ropa del joven frente a ella en un intento de no golpearse en la caída pero aplastando a su conejo de peluche y tirando lo que restaba de su helado en el proceso.
Sin embargo, no lograron evitar chocar. Ambos se hallaban atónitos y sus miradas reflejadas en la del otro al percatarse que sus labios se habían rozado en una sutil caricia. Y precisamente eso es lo que había evidenciado Keigo Asano.
—Tú… Ichigo… Rukia-chan… —trastabilló mientras los apuntaba con la mano temblorosa, aún sin creerse lo que habían presenciado sus ojos.
Ichigo se incorporó de un salto intentando esconder el rubor que había aparecido en sus mejillas producto de la bochornosa situación. La shinigami, en cambio, seguía pasmada y sentada aún en la banca.
—¡Maldición, Keigo! —espetó el Kurosaki furioso— No… —balbuceó— ¿¡No podrías saludar como una persona normal!?
El susodicho seguía con la boca abierta mientras su amigo le recriminaba.
—Mierda… —masculló ofuscado el joven, para después dirigirse a la morena en la banca— ¡Vámonos, Rukia!
Comenzó a caminar lejos del castaño a paso firme, pero la shinigami aún seguía en la banca todavía pasmada por lo sucedido. Al darse cuenta, Ichigo volteó y repitió el llamado logrando que la chica al fin se incorporara y cogiera su peluche para posteriormente seguir el paso de su compañero. Dejando a Keigo aún absorto.
En el mismo estado, o peor que Asano, se hallaba un joven adolescente parado en medio de la multitud del parque. Le había costado trabajo encontrar a la pareja puesto que los había perdido por un rato. Sin embargo, jamás esperó encontrarse con esa escena.
—Kuchiki-san… —musitó, aún incrédulo.
LA SOLA CAG***** XDDDDDDDDDDDDDD Quiero un peluche como el de Rukia (?) Me acordé cuando fui al parque con unos amigos y el novio de una amiga intentaba conseguirle un peluche gigante... NUNCA LO LOGRO XDDDD -re mala- Pero Rukia es muy persuasiva y sin ese peluche no se iba... Ahora, el Chappy gigante... Juro que visualicé la cara de pánico de ese conejo cuando vio a Rukia que se quería lanzar sobre él XDDDDDDDDD
¡Agradecimientos a los no registrados! :D -si me demoro en actualizar es porque les respondo sus comentarios :$ (?)-
SOOf: ¡A ver si te pones contenta de nuevo cuando veas que subí el cap 3! :DD Un Ichigo celoso :$ Todas queremos eso jejejejjejejejej -rie como tonta- A ver si el helado es mejor que Ichigo celoso (?) -huye- Saluditos! :DD
AkiraMatsumoto: Lindaaaa 3 x3 Gracias! Aquí dejo la continuación, espero te guste! Gracias por pasarte a comentar! (:
sumire: Yo me le declaro a Rukia si dice que no está interesada en hombres! *_* Jajajajjajajaj Es que nadie se resiste a Rukia :$ -recibe los besitos y abrazo- Gracias por dejar comentario! :DD -le manda alegría (?)-
Beatriz: Yo... o.o No sé si sentirme muy agradecida por dejarme un comentario o asombrarme porque te entendí lo que dijiste o_o -corre a google traductor- emm... Você leu a fic em espanhol? o.o NO SE ESCRIBIR EN PORTUGUES ;_; Yo... Muito obrigado por ler o fic ;O; Eu admiro você! o.o SALUDOS DE CHILEE :DD
