Capítulo 3.

No hacía mucho que el oso polar había cruzado el puente de madera y cada paso que daba se aferraba más a la idea de volver al submarino. Pero no podía hacerlo, tenía que cumplir las órdenes del capitán si no quería ser regañado. No obstante, por más que avanzaba no encontraba a nadie, por más que mirara no veía nada; solamente casas aparentemente deshabitadas, ni siquiera había plantas o hierva que creciera en el suelo.

Sin embargo, Bepo no se daba por vencido y decidió ir a inspeccionar alguna vivienda. Se acercó a la morada más cercana y miró por la ventana, pero apenas podía ver nada porque estaba muy sucia. Así que decidió entrar dentro para asegurarse y afirmar que en realidad no había ninguna persona. No le hizo falta forzar mucho aquella puerta de madera a causa de que ya estaba muy suelta, solamente la tiró hacia él.

Vamos allá.

Una vez abierta, el oso se dispuso a entrar de manera sigilosa. Caminó paulatinamente por el pasillo principal, mirando de reojo cada sector. El interior de la casa estaba realmente descuidado y había polvo por todas partes, entonces, se fijó, que los muebles no tenían tanta polvareda como en las paredes o las mesas y que incuso había huellas, huellas de persona. Se extrañó bastante y abrió varios cajones, y una vez abiertos, vio que no había nada dentro. Bajó la mirada al suelo y se percató que no sólo habían marcas en los muebles, si no que también habían pisadas del tamaño del pie de un hombre.

— ¿Hola? –Preguntó en voz alta con la esperanza de que alguien le contestara.

— ¿Hay alguien ahí? —Volvió a preguntar, pero no recibió respuesta alguna

Bepo salió de esa vivienda y se quedó cerca de la puerta, observando el resto de la ciudad. No tardó mucho tiempo en darse que cuenta que era una localidad fantasma. Ahora sí que estaba seguro de que no había habitantes. De todos modos decidió darse un paseo comprobando el estado de los edificios. La gran mayoría estaban decaídos y muchas de las ventanas se encontraban rotas e incluso faltaban las puertas.

Además de ser un sitio despoblado, también lo han saqueado. No tengo más remedio que volver al submarino con las manos vacías. ¡Lo siento capitán! Pensó lloriqueando un poco.


Trafalgar, en cambio, se encontraba a las afueras; cerca de un edificio en mal estado y donde vivían una serie de personas en barracas. El capitán se extrañó bastante de lo que estaba viendo ya que la última vez que estuvo no había nadie establecido ahí, es más, el bloque estaba en perfectas condiciones.

— ¿Qué coño buscas aquí? —Le preguntó un hombre mientras se acercaba a él.

—Busco al señor Lancaster.

—No está —respondió gruñón otro —. ¿Para qué lo necesitas?

—No es asunto tuyo —contestó —. ¿Dónde le puedo encontrar?

—Oye, si no quieres problemas será mejor que te largues —dijo un hombre con gran musculatura y sosteniendo una hacha —. ¿Eres pirata, no? Lo sé por tu sudadera amarilla, que lleva incrustada, lo que parece ser, tu banderita. Aquí sabemos distinguir bien a los que no son bien recibidos —comentó el corpulento hombre —. Te lo vuelvo a repetir: ¡Lárgate! —dijo alzando su hacha.

— ¡Sí, eso! ¡Largo de aquí maldito pirata! —gritaron muchos otros que se encontraban alrededor de Law tirándole diversas herramientas.

Room —pronunció el joven capitán, e inmediatamente se formó un círculo alrededor de aquellos hostiles y, sin más miramientos, desenfundó su nodachi y los despedazó a todos —No tengo más tiempo que perder. ¿Podéis decirme dónde se encuentra el señor Lancaster o no?

Los numerosos hombres empezaron a gritar porque todas sus extremidades habían sido cortadas, sin embargo, aún seguían con vida y eso era lo que más les extrañaba.

— ¡Eh, tío! ¡Tranquilízate! —dijo con miedo uno de ellos —Te diré dónde está Lancaster, pero te advierto que la respuesta no te va a gustar… –comentó. Al escucharlo, Law arqueó una ceja —. A cambio, nos retornarás a la normalidad.

Después de pensarlo varios segundos, Trafalgar aceptó la propuesta. No ganaría nada matándolos.

—El señor Lancaster está enterrado en el cementerio de la ciudad.

— ¡¿Qué?! —Exclamó sorprendido —. Explícate. —dijo seriamente.

—Yo ya te he dicho dónde está, ahora regrésanos a la normalidad.

A Law no le gustó nada la respuesta, esto estaba fuera de sus cálculos y eso le cabreaba mucho. Pero había hecho un trato y él era un hombre de palabra. De esta forma, volvió a juntar todas las extremidades de aquellas personas.

—Bien, gracias —dijo aquel hombre mientras muchos de los otros salieron corriendo, seguramente por el miedo.

—Ahora explícate. ¿Cómo es que el señor Lancaster ha fallecido?

—No tengo por qué responderte a eso —replicó.

— ¿Ni siquiera por tu vida? —dijo el capitán acercando la punta de su espada a su cuello.

—Vale, vale. Te explicaré todo lo que sé, pero aparta eso de mí —dijo asustado, así que Trafalgar volvió a enfundar su nodachi.

—Te escucho —dijo él, tranquilo.

—Hace casi un año vinieron unos piratas… empezaron a destrozarlo todo y a matar gente inocente con la excusa de que si no les pagábamos cada tres meses una cantidad de 300.000 belis nos irían ejecutando uno a uno —el hombre hizo una pausa —. En un principio la gente iba pagando, pero poco a poco se iban resignando e iban abandonando la isla antes de ser liquidados —volvió a hacer otra pausa —. La cosa es que Lancaster se negó a pagar esos 300.000 belis desde un principio y la consecuencia fue… bueno, su muerte… y… también se llevaron todas sus pertenencias y todo lo que vendía. Creo que no le gustaba la idea de estar a la merced de alguien. Ya no queda nada de lo que había antes.

—Entonces, ¿por qué vosotros seguís aquí?

—Porque ya no viene nadie, todo el mundo se ha marchado o ha muerto. Es como si esta isla fuera solo para nosotros… nos vamos apañando a nuestra manera. Además, Whitewine, el hombre que venía aquí cada tres meses con su tripulación para pedirnos el dinero, no ha cometido el mismo error en las demás islas del West Blue.

— ¿Qué quieres decir? —preguntó extrañado.

— ¿No lo sabes? Algunas de las islas del West Blue están controladas por ese pirata —explicó —. A lo que me refiero es que esas islas no han de pagar 300.000 belis cada tres meses, si no, 100.000 cada mes. Así se reduce el tiempo y la gente no tiene ocasión de escapar, ya que algunos de esos malnacidos residen en dichas islas.

—Ya veo… ¿Sabes dónde puedo encontrar al señor Whitewine?

—No, pero supongo que en alguna ínsula de por aquí… estás de mala suerte porque esos ya no se pasan por Shikoku.

— ¿Por casualidad no tendrás algún Log Pose?—dijo con sosiego.

—No, tío… si no tienes uno de esos estás jodido.

En efecto, Law estaba jodido. Esto se escapaba de sus planes y, si por algo se caracterizaba el capitán Trafalgar, es por ser un hombre frío y calculador, siempre con algún as en la manga. Pero esto no lo tenía controlado, debía de pensar alguna estrategia para salir de Shikoku. ¿Qué debía hacer, volver por dónde había venido?

De momento sólo se dispuso en volver al submarino volviendo por el camino que había tomado antes, pensando con tranquilidad algún plan y otros "planes b". No sólo necesitaban suministros, también material médico y la única solución que encontraba para poder conseguirlo era regresar y tomar otra ruta diferente, pero eso conllevaría demasiado tiempo… y no disponían de abastimiento suficiente para poder hacerlo.

Al llegar al sumergible el capitán observó que había sangre en la cubierta, se agachó para tocarla. Efectivamente, no estaba seca, lo que significaba que era reciente. Ladeó la cabeza, siguió con la mirada las gotas de sangre y vio que la puerta también estaba manchada.

¡Bepo! Pensó

Corrió siguiendo las manchas pensando en que el oso había resultado herido, pero no era así. Llegó hasta la enfermería y vio a una muchacha destrozándolo todo. No muy alta, delgadez enfermiza, con cadenas en las manos y en los tobillos y ensangrentada. Tenía en cabello largo, le llegaba, por lo menos, hasta el trasero y era de color negro.

— ¿Qué pasa aquí? —dijo mientras encendía la luz. Gracias a eso, pudo apreciar más su aspecto. Efectivamente, esa chica tenía una delgadez extrema, se notaba por sus esqueléticos brazos, asimismo, tenía una piel muy blanca. La joven estaba muy desaliñada, las ropas que llevaba estaban muy sucias y rotas aunque sólo llevara una camiseta mugrienta y unos pantalones cortos… no tenía zapatos.

Eco estaba de rodillas al suelo y tenía mucho miedo de darse la vuelta, la habían descubierto y no tenía intención de morir, no sabía qué hacer, estaba asustada y las lágrimas comenzaron a salir de sus ojos… no tuvo más remedio que darse la vuelta.

—Ayúdame… —suplicó sollozando —Mi amigo está muy grave, necesita un médico urgente, por favor…

Law no daba abasto, alguien le estaba suplicando, suplicando a un pirata. Encima era una esclava, se podía ver desde lejos, además, él no era una persona que se dedicaba a ayudar a los demás. ¿Por qué tendría que hacerlo ahora? De alguna manera, no se supo negar y eso que odiaba a la gente llorona… pero toda ayuda merece una compensación… al menos para Trafalgar.

— ¿Dónde está tu amigo? —preguntó secamente. Esta vez, podía ver su rostro, tenía un ojo de cada color: uno negro y otro blanquecino, o eso parecía… pero no, se fijó mejor. No era heterocromía lo que padecía, su ojo derecho era ciego. Observó que también estaba herida, no sólo en la cara si no también en uno de sus muslos tenía una herida bastante fea. Aun así, sólo se preocupaba por su amigo, haciendo caso omiso a sus lesiones y a su tétrico aspecto. Eso le impactó mucho a Law.

—Está abajo… —dijo secándose las lágrimas y poniéndose en pie —. ¿Puedes ayudarlo?

El capitán simplemente la miró y se marchó caminando hacia afuera para echar un vistazo a su amigo, Eco iba detrás de él. Al llegar a la cubierta la chica cogió a Trafalgar por el antebrazo y le indicó dónde se encontraba Hákon. Room, pronunció el joven capitán haciendo que el hombre y la tabla que lo sostenía, apareciesen junto a él.

Eco se sorprendió al ver lo que podía hacer ese individuo. No sabía muy bien con quién estaba tratando, pero parecía que quería ayudarlos.

— ¿Hay algún médico? —preguntó muy preocupada.

—Yo lo soy.

La chica no se podía creer que aquel hombre misterioso fuera médico, no tenía aspecto para ser tal cosa. Era un joven de unos veintitantos años, alto, delgado y de tez morena. Sus rasgos faciales se caracterizaban por tener unos penetrantes ojos grisáceos acompañados con unas ojeras marcadas bajo sus surcos. También tenía un par de pendientes de aro en ambas orejas. Llevaba puesto un sombrero blanco con motas marrones, unos pantalones vaqueros con unas marcas similares a las de su sombrero, zapatos puntiagudos negros y una sudadera amarilla con el mismo símbolo que había en el submarino incrustado en el pecho, las mangas de ésta eran negras y estaban arremangadas, además de tener múltiples tatuajes visibles en sus antebrazos y manos… y la palabra DEATH escrita en los nudillos de su mano izquierda.

Este tío no puede ser médico.

—Yo ya sé la respuesta pero… sólo le ayudaré si me dices cómo llegar a la siguiente isla.

— ¿Qué? —preguntó impresionada Eco.

Law suspiró.

—Si me dices cómo ir a la próxima isla ayudaré a tu amigo —repitió —. Si no tienes ni idea, marchaos, no tengo la obligación de salvarle la vida —dijo dándose la vuelta.

Eco pensó un par de segundos y miró un poco a su alrededor.

—Sé cómo llegar.

El capitán se paró en seco, sabía que diría eso con tal de que lo salvara, pero eso no iba a colar.

—Demuéstramelo — dijo seriamente mientras se daba la vuelta de nuevo.

— ¿Estamos en Shikoku, no?

—Sí, pero eso no demuestra nada.

—Puede, pero sé que esta isla fue tomada por los Piratas de Avery hace algo menos de un año.

Trafalgar esbozó una sonrisa de satisfacción.

—Te equivocas —rio —. Fue invadida por Whitewine y su tripulación.

—Quien se equivoca eres tú. Whitewine es su segundo abordo. Nunca verás a Hendrik Avery hacer el trabajo sucio, nunca le verás pisar ninguna de las islas que él controla —explicó convencida —. Puedo llevarte a cualquier lugar del West Blue, sólo dime el nombre.

— ¿Cómo sabes todo eso? Acaso tú…

—En efecto —interrumpió ella —. Nos hemos escapado del barco pirata de Hendrik Avery —hizo una pausa e inmediatamente se le pusieron los ojos llorosos —. Ahora ayuda a mi amigo…

Law no tuvo más remedio que creer en sus palabras, además de que ella era su única vía de escape. Avanzar, eso era lo que quería el capitán, no volver hacia atrás.

—Veamos…

— ¡¿No lo llevas a la enfermería?!

—Te recuerdo que me la has destrozado.

—Lo siento…

Trafalgar inspeccionó el cuerpo de Hákon, lo primero que saltaba a la vista era esa estaca clavada en su abdomen, así que le rompió la camiseta para ver el estado. No tenía buena pinta, había perdido muchísima sangre y por si fuera poco, también tenía una pierna rota.

— ¡¿Cómo que tiene la pierna rota?! —exclamó —. ¡Pero si ha caminado conmigo y ha buceado!

—Pues la tiene rota. También ha perdido mucha sangre… y no tengo bolsas de repuesto…

— ¡¿Qué?! –gritó —. ¡Pero si te he dicho lo que querías saber! ¡Sálvalo, joder! —dijo totalmente histérica.

— ¡Pues no tengo el material suficiente para hacerlo! —gritó cabreado.

—Sangre… la mía es universal. ¡Úsala!

— ¿Es que quieres morir tú también? ¿Pero tú te has visto? Apenas puedes ponerte en pie, estás rozando la anorexia y ¿ahora quieres que te saque sangre para salv…

—Tú hazlo —interrumpió.

—Bueno, tú misma.

Dicho eso el capitán fue a buscar rápidamente las herramientas necesarias para extraerle la sangre a Eco mientras ésta se quedaba junto a Hákon. Maldita. Pensó Law, le había destrozado la sala de curas y ahora le costaría mil y una noches encontrar los utensilios... cómo deseaba tenerlo todo ordenado...


Hasta aquí el tercer capítulo~

Siento la demora, la verdad es que no lo quería subir hoy pero hay gente (¬¬) que me ha insistido en publicarlo, pues aquí lo tenéis xDD

Espero que os guste y no olvidéis de dejarme algún review, que me hace mucha ilu para seguir :3

Muchas gracias a los nuevos favs y follows, espero que vosotros también disfrutéis de este nuevo chap~~ *^* 3

Voy a responder por aquí a la gentecilla que me ha dicho cositas lindas 333

Laugerid: jaja sí? Yo también espero que se salven! Aunque ya se verá más adelante, en el próximo capítulo xDD Muchísimas gracias por leer 3 Disfruta de este chap también 3

MidnightMaddy: Me encanta que te encante :3 Aiish.. ya ves, probrecillos, qué mala soy xDD

Gennovah: En serio? No pensé que te iba a gustar tanto ;_; me haces muy feliiz 3333 Ya le irás cogiendo cariño, ya xDD yo también odio a ese malvado de Hendrik ò.ó . Espero que tengas razón y este sea aún mejor que el anterior! Muchisimas graciaaaaaas, eres amor 3333

Alfred: Ya la estoy prosiguiendo pero a mi ritmo! xDDD No es que me cueste escribir la historia porque ya tengo una trama y unas ideas para ella, pero quiero que quede bien redactada y eso (?). Me alegro de que te guste :3 Al final vas a aprender cosas con mi fic y todo xDD