Just like Romeo and Juliet

By: A n D s I


Capítulo 2

"Incertidumbre"


Tocando notas suaves y continuas, acompañadas de una voz increíblemente hermosa.

Desde el salón de música se escuchaba una melodía proveniente de aquella joven de cabellos castaños y ojos color miel, quien cantaba una canción con tanta pasión haciendo que una de las criadas de la mansión se detuviera tras la puerta a escucharla cantar.

Mimi Tachikawa era reconocida por sus dotes artísticas, tanto en pintura como en la música. Desde pequeña fue acostumbrada a tocar el piano, el violín, la flauta… todo aquello que según su padre eran instrumentos de la clase alta. Pero su fuerte realmente era el canto…

Tal y como su madre.

-"All i want is to rock your soul…"- la castaña por memoria cantaba y tocaba el piano, mientras que su profesor se cercioraba de que todo iba a la perfección –"together with the rain, and the sun… Only with de rain, and the sun…"- para luego finalizar con una nota final, silenciando poco a poco el salón.

Su profesor de música, un joven de cabellos azules, alto, con lentes y ojos negros poseía sus brazos cruzados mirando a la castaña. La verdad era bastante apuesto con sus 19 años, mostrándose como una persona culta y madura…

-has progresado bastante, Mimi…

-gracias, profesor…- suelta agradecida.

-si quieres puedes aplaudir…- refiriéndose esta vez a la puerta, que al no recibir respuesta se acerca a ésta abriéndola -¿Te gustó?

-¡…!- una chica un año menor que Mimi casi cae al suelo de la sorpresa, no imaginó que sería sorprendida -¡perdone la interrupción!- haciendo una reverencia apenada.

-oh…- la castaña la mira sorprendida, era la primera vez que veía a esa chica.

-¡canta maravillosamente bien, señorita! ¡Disculpe el atrevimiento!

-no se preocupe…- parándose del piano, mostrando un largo vestido blanco -¿De verdad le gustó?

-¡SI, SI, SI!- haciendo nuevas reverencias bastante rústicas -¡CANTA HERMOSO!

-jiji… gracias, es muy amable de su parte…

-¡permiso señorita!

-adelante…

Segundos después, estaban solos de nuevo…

-me alegra informarte, Mimi… que hemos terminado este nivel- sonríe, acercándose a la chica -¿Lo has disfrutado?

-¡sí!- contenta –siempre es muy divertido recibir clases de usted…

-por favor, no me hables de usted…- ríe –no tenemos tanta diferencia de edad.

-de… acuerdo- sonrojada.

-me comentaron que has finalizado las clases… ¿No es así?

-sí…

-¿Qué has decidido estudiar?

-bueno…- recordando el día anterior, sintiéndose abrumada –ciencias políticas…

-vaya, es una gran carrera- sorprendido –pensé que querías estudiar arte…

-quería pero…- suspira –soy Tachikawa, y los Tachikawa tienen que cumplir con la tradición.

-¿…?

-¡olvídelo!- sonríe -¿Y Usted… digo, estudiaste música?

-no… doy clases de música, pero realmente estoy estudiando medicina- recogiendo sus libretas –tengo 4 semestres apenas, pero creo que me va bastante bien.

-que emocionante… ¡será un gran doctor!

-¡gracias! Si proviene de ti entonces tendré buena suerte…

-…- nuevamente, sonrojada… mientras que el joven solo la contemplaba encantado.

-bueno, debo irme…- dirigiéndose hacia la puerta.

-¡Disculpe…!

-¿sí?

-quería preguntarle si… no querría en algún momento… ¿Venir a tomar el té…?- desviando la mirada, sentía como sus manos le temblaban… era la primera vez que lo invitaba como una persona que no era su profesor.

-oh…- tras un silencio bastante inquietante para la castaña, el joven sonrío –me encantaría…

-¡¿En serio?!

-¡sí, será un placer!

-¡excelente! Entonces prepararé mis mejores galletas…- uniendo sus manos, emocionada.

-¿Cuándo sería el día?

-¿Qué le parece mañana?

-con gusto. Esperaré con ansias…

-igual… yo- ocultando sus pensamientos con una sonrisa.

-hasta mañana, Mimi…- para luego retirarse, y ser guiado por una de las mucamas que lo esperaba fuera del salón.

-hasta mañana… Superior Jou…

-_-_-_-_-

-¡Matt!

El Mercado Central de Tokio había dado inicio a la venta de la mercancía más económica de Japón… Éste era el sitio más frecuentado en los sábados, conocido por la facilidad de conseguirse cualquier cosa gracias a los buhoneros.

Justamente, en ese lugar, caminaba un rubio bastante pensativo… tratando de descifrar mentalmente el secreto de la mafia de su padre. Ayer al fin había recibido la invitación para entrar a los Ishida formalmente, y ser, literalmente, un Ishida. Lo cual realmente no era buena idea pero… necesitaba conocer su apellido, y conocerse así mismo.

Se detuvo analizando aún más aquello… ¿Era hoy, al fin, el día en el cual sabría todos los secretos de los Ishida? Tenía la sensación de que algo muy grande ocultaba la mafia, quizás lo suficientemente grande como para justificar los actos malévolos que cometía su padre día a día…

Y si estaba en lo cierto, ¿será suficiente para que Yamato sea como su padre y siga la tradición Ishida?

-¡MATT!

-¿eh?- observó desconcertado al nuevo rubio que se había unido a su paso, deteniéndose frente a el.

-¡venía llamándote desde hace rato y no me escuchabas!- recuperando el aliento -¿En qué pensabas?

-en nada…- indiferente –andaba distraído.

-pude notarlo- sonriendo –perdón por la tardanza, es que tenía que hacer unos encomendados antes de venir.

-no te preocupes, Tk… la verdad me quedé viendo los kioscos. Logré comprar algunas cosas…

-¡oh, ya veo!- esta vez, ambos al mismo paso –¿Hoy había que hacerle mercado?

-ujum…- nuevamente, distraído.

Ambos iban caminando entre los buhoneros comprando algunos que otros alimentos y productos caseros, compartiendo todo lo que no pueden durante la semana… pocas veces lo hacen debido a la situación que está sometida su ciudad, últimamente a estado bastante delicada la inseguridad.

Aunque estando en compañía con su hermano mayor era más seguro, ya que lastimar a un descendiente de los Ishida era buscar la muerte.

-oye, Yama… ¿Qué te pasa?

-¿Eh? ¿Por qué lo preguntas?

-pareces preocupado… ¿Pasó algo?

-no es nada.

-Matt…

-…- mirando el suelo –solo si no te alarmas.

-lo prometo.

-ayer… mi papá me dio la invitación.

-…- deteniéndose en seco -¿Hablas en serio?

-…- silencio.

-No puedo creerlo… ¿Cómo puedes andar tan tranquilo entonces?

-no estoy tranquilo…- suspira –estoy pensando… ya que hay algo que no me cuadra, Tk.

-¿…?

-creo que él me va a contar todos los secretos de los Ishida… y algo me dice que todo cambiará de perspectiva –lo mira –puede que exista una razón por la cual nuestro padre es así…

-…- aún, en silencio.

-no te quedes callado, Takeru... a mí tampoco me entusiasma la idea.

-es que no solo no me entusiasma- serio –me preocupa… ¿Tendrás alguna idea de lo que es la mafia Ishida? Vamos, hermano… ¡estamos hablando de los nuevo Yakuza de Japón, pero PEOR!

-no puedo hacer nada- dándole igual –recuerda que él es el que manda, tendré que hacer lo que me pida.

-¡por Dios, Yamato! ¡No puedo permitirte hacer eso!

-…no tienes otra opción, recuerda que ese es el precio…

-…

-es la única forma para que tú y mamá estén tranquilos…

-pero… ¡te pueden matar! ¡Entrar a la mafia Ishida es hacer un juramento con sangre! ¡y…!

-¡TAKERU!- el grito dejó sin palabras a su hermano menor -¡ya te dije, ese fue el precio…! Yo seré el descendiente y seguiré la tradición, sino… no sé de qué es capaz de hacer nuestro padre, y estoy seguro que ustedes están en su mira.

-hermano…- humedeciendo su mirada –no quiero perderte.

-…- apenado por aquellas palabras, le dolía ver a su hermano sufrir –no te preocupes, Tk… tú sabes como soy yo. No me pasará nada.

-…- sintiendo un poco de tranquilidad -¿Lo prometes?

-lo prometo…

-en ese caso…- aún desacuerdo, pero como había dicho su hermano mayor, no tenía otra opción –te deseo suerte…

-…- sonriendo, recibiendo la misma respuesta –vamos… aún falta por comprarle algunas cosas a la bruja…

-¡Yamato, no le digas así! Es una pobre anciana…

-¿Pobre anciana? ¡Tienes que ver la cantidad de drogas que vende!

-hermano…- regañón.

-_-_-_-_-

-Señorita… es hora de su almuerzo.

-sí.

Levantándose del escritorio donde estaba leyendo libros de arquitectura, fue interrumpida por una de las mucamas.

-¿Dónde desea comer, joven Mimi? ¿En el comedor, en el jardín, en el…?

-¡con ustedes!- sonriente.

-¡pero señorita…! Usted sabe muy bien que su padre esta en contra que compartamos la misma mesa…

-Herm, ¿no habías dicho que mi padre se encuentra en un viaje de negocios?

-sí, pero…

-quiero comer con ustedes… créeme, es mucho más divertido que almorzar en una mesa para 20 personas cuando solo una silla será ocupada.

-pero…

-¡sin peros!- ríe –Vamos, prometo que no diré nada…

-

En la cocina, mejor dicho, en el depósito de alimentos de la mansión, era un punto de reunión del servicio… y para ser más específicos, donde ciertos criados se reunían para comentar algunos que otros rumores más destacados del Palacio y fuera de éste.

Ciertamente, era un lugar muy ameno… y a pesar de lo humilde que era a la castaña le encantaba estar ahí. Desde hace muchos años se escabullía para escuchar las conversaciones de las criadas. Y a decir verdad, su padre odiaba que ella compartiera de esa forma con los criados, nunca se supo realmente el porque…

Pero aún así ella sentía que aquellas personas a las que su padre llama "Muchedumbre" eran muchísimo más divertidas e interesantes que el tipo de gente que rodeaba al presidente, esas personas bien vestidas y que creían ser dueños de todo...

Como decía su madre, no importa lo que tienes, a la final todos somos iguales…

-oh, la Señora Tachikawa- en un segundo, todas callaron apenadas… -que persona tan encantadora.

-y decir que de un día para otro… se nos fue…

-no, no se nos fue…- exclama molesta una de las señoras –todas sabemos que la señora Tachikawa fue arrebatada de nosotros…

-¡shh!- calla ruidosamente una de las cocineras quien servía los últimos platos en la mesa –recuerda que nos tienen prohibido hablar de eso, Yume… si la señorita se enterara de que…

-¿enterarme de qué?- una joven había entrado a la cocina sorprendiendo a todas las mujeres del lugar, acompañada por su nodriza… quien mandó una mirada asesina a sus compañeras.

-¡señorita!- todas hicieron un saludo en reverencia -¡buenos tardes!

-¡buenos tardes…!- sonriente.

-la señorita almorzará con nosotras. Por favor, Ori… ¿Puedes servirle un plato?

-¡con gusto!

-…

-¡vamos! Díganme… ¿enterarme de que?- curiosa.

-oh, bueno… de que… bueno…

-¡de lo mucho que nos gustó oírla cantar!- agrega una.

-¡oh!- avergonzada -¿También me oyeron cantar?

-bueno, su voz resuena en toda la mansión, señorita… es como oír a las aves cantar.

-¡y también toca muy bien el piano!

-tiene un muy buen maestro, joven Mimi…

-…- sonrojada –sí, es muy bueno…

En eso, el sonido de unos platos al caer interrumpió la conversación.

-¡oh, no… no de nuevo!- exclama una señora levantándose de la mesa y dirigiéndose al cuarto de vajillas.

-¿Qué sucedió?- extrañada.

-una de las nuevas es algo despistada, joven Mimi…

-su nombre es Yolei, llegó pidiendo trabajo como una urgencia… pero si sigue así lo perderá.

-oh…- preocupada –espero que esté bien.

-lo está- regresando con sus compañeras –solo se le cayeron 5 platos… ya le dije que será descontado de su sueldo.

-va a terminar sin sueldo si vuelve a romper 5 más…- haciendo reír a todas de la cocina, mientras que la castaña miraba el cuarto preocupada ignorando los chistes de las criadas.

-_-_-_-_-

Los chicos al finalizar el pequeño mercado se adentraron a un sitio turístico llamado el Bosque Sagrado… un lugar que alimentaba al poco turismo que se permitía en Tokio.

Dentro de éste había una pequeña cabaña algo descuidada del estilo Japón Antiguo, siendo el hogar del guardián del Bosque… una anciana apodada como "La Bruja" que cuidaba las ofrendas que hacían los japoneses a sus ancestros… un profundo pozo maltrecho al que normalmente cuando fallecía un familiar se le lanzaba una moneda para que éste la busque y pueda pagar su viaje al mas allá.

Simples leyendas…

Realmente, la Bruja, era una mujer de 80 años que manejaba la medicina natural con hierbas, y que según ella veía a los espíritus que visitaban el pozo… era por ello que se le respetaba mucho; su sabiduría era supersticiosa, pero cierta.

-¡anciana Kaede!- el rubio mayor golpeaba la puerta mientras esperaban pacientes a que abrieran –¡anciana Kae…!

-¡ya, ya!- abriendo la puerta una mujer bastante arrugada, de cabellos largos canosos amarrados en una trenza.

-¡buenos tardes, anciana Kaede!- saluda cordialmente el rubio menor.

-buenos tardes joven Takeru…- sonriendo, para luego poner una mueca de mal gusto al ver a Yamato –buenos tardes, mojigato.

-¡…!

-hermano, calma…- riéndose –Le hemos traído unas compras, anciana Kaede…- dando a mostrar unas bolsas que llevaban los chicos en cada mano, con algunos que otros alimentos y productos de limpieza.

-adelante, adelante…- dejando a los chicos entrar -¿A qué se debe su agradable y…- mirando al rubio mayor –desafortunada visita?

-¡no estoy de humor, anciana…!

-¡Nunca lo estás!- dándole un golpe en su cabeza.

-¡¡OIGA!!

-oh, vamos… soy una pobre anciana ¿Qué daño te puedo hacer?- riéndose a escondidas tras entrar a la cocina con algunas bolsas, mientras que el rubio menor observaba acostumbrado la escena.

-sino fuera una vieja…- pausa -¡…!- una hoya repentinamente salió de la nada cayendo en su cabeza, haciendo que soltara un alarido.

-gracias por molestarte, pequeño Tk…

-no se preocupe, la verdad fue idea de mi hermano…- el rubio se apena, odiaba mostrarse afectivo con alguien que no sea su hermano.

-es muy bueno para ser un mojigato…- sentándose junto con los chicos en la sala, esperando reacción por parte del rubio mayor, el cual… nunca llegó –pasó algo malo… ¿verdad?

-¿Cómo… cómo lo sabe?

-puedo presentirlo… y el rostro de tu hermano esta más feo que de lo normal….

-…la verdad, anciana Kaede…- tratando de no reírse –es que sí pasa algo malo.

-¿Qué sucedió?

-…a mi hermano…- pausa.

-no lo hagas tan pesado Tk…- suspira -simplemente tengo una reunión con la Casa en la noche.

-…- la vieja observa sorprendida a los chicos -…entiendo.

-¿Qué no le dé peso? ¡entrarás a la mafia, no irás a una fiesta, hermano!- preocupado -¿Qué podemos hacer, anciana Kaede?

-bueno…- acomodándose en su mecedora –nada.

-¿Cómo que nada? ¿Sentarnos a ver como mi hermano entra al a mafia Ishida y ya?

-pero es que no tiene otra opción…- Yamato observa a Tk comprobando lo que había dicho –si se rehúsa tú y su madre peligrarán… ese era el precio. Yamato por ser el primogénito debe cumplir con la tradición Ishida…

-pero… nuestros padres hicieron un pacto… si yo me quedaba con él, a mi madre y a Tk no les pasará nada malo. Solo es entrar a la mafia… Ese es el pacto, ¿no?

-joven Yamato…- agarrando un kimono que estaba sobre la mesa del centro y agujas e hilo, prosiguiendo con lo que estaba haciendo –la mafia Ishida no hace pactos…

-¿Qué quiere decir con eso?

-entrar a la mafia no es sentarse a ver el techo, Yamato… tendrás que cumplir con todo lo que pida tu padre.

-…

-mientras que tu cumplas sus órdenes, nada tendrá porque pasarles…

-entonces no hay más que decir, seguiré con la tradición- decidido.

-no es así de sencillo…

-¿eh?

-ellos estarán bien si cumples, pero si te pasa algo o ya no quieres seguir con la tradición, tu familia… morirá, Yamato- aquellas palabras fueron fuertes, dejando aún más desconcertados a los chicos –…así que no solo tendrás que cumplir con lo que la mafia Ishida te ordene, también tendrás que proteger tu vida… esas son las condiciones para entrar a la mafia; si mueres, entonces las personas que amas morirán contigo…

-y si…

-no joven Takeru, esconderse es absurdo; más que del gobierno, Japón pertenece es a los Ishida- sin dejarlo terminar.

-…al parecer, no tengo escapatoria.

-me temo que no…- se escucha un suspiro.

-Anciana Kaede…

-¿sí?

-¿Usted aunque sea podría hablarnos sobre los secretos de los Ishida…?

-…- la anciana se detuvo, dejando al lado los objetos y notándose más preocupada aún –No me concierne hablarles sobre eso.

-¿Por qué…?

-ya les dije… los secretos del apellido Ishida son demasiado grandes para que salgan por mi boca; ese es el papel de su padre…

-mi padre es un demonio- suelta Yamato –seguramente manipulará sus palabras y me hará creer en una mentira.

-yo no pensaría eso si fuera tú…- entrelazando sus manos y hablando con autoridad –los Ishida serán monstruos, serán los responsables por lo peligrosa que es la ciudad de Tokio, los asesinos y portadores del crimen; pero… ellos son así por una razón.

-¡otra vez esa razón!- golpeando la mesa -¡quiero saber de una vez por todas esa maldita razón!

-lo único que podría decirte, me querido Yamato…- seria –es que esa razón tiene mucha relación con los Tachikawa…

-lo sabía…

-pero del resto, creo que tendrás que saberlo de tu padre…

-comprendemos, anciana Kaede…- responde desilusionado el rubio menor.

-y Yamato…

-¿…?

-los secretos de los Ishida han sido por generaciones un tesoro mortal… o más que eso; una maldición.

-¿Para qué me dice eso?

-te lo digo porque si no estás preparado para entrar al mafia Ishida, entonces deberías considerar la idea de suicidarte.

-…

-_-_-_-_-

Había pasado alrededor de una hora, cuando en la cocina no había nadie más que aquella joven que habían catalogado como despistada. De cabellos morados y ojos marrones, quien siempre llevaba puestos unos lentes redondos que la hacían ver bastante simpática.

Su nombre era Yolei Inoue, y se trataba de una simple chica de 16 años. Había sido contratada para cumplir con ordenes de limpieza de la mansión, pero su torpeza le estaba costando dinero… incluso lavar unos pocos platos la ponía nerviosa.

-disculpa…

-¿eh?- la joven volteó a ver a donde provenía la voz, y al notar quien era de la sorpresa soltó un vaso que tenía en las manos, dejándolo caer al suelo rompiéndose en mil pedazos -¡OH DIOS! ¡DISCULPA, DISCULPA, DISCULPA!- recogiendo los pedazos rotos con la mano.

-¡espera, te vas a cortar…!- acercándose preocupada.

-¡por favor, no se moleste conmigo, señorita…! ¡soy tan terca y…! ¡AUCH!

-te has cortado…

-perdone…- bajando la mirada.

-¡dame un segundo!- la castaña de la nada sale corriendo de la cocina dejando a la chica bastante molesta consigo misma. Unos segundos después, llegó con una curita ya lista para usarla –ven, dame tu dedo…

-¿…?

Acto seguido, le colocó la curita sutilmente, la cual era rosada con corazoncitos blancos.

-listo… ¿Te sientes mejor?- sonríe.

-es usted… muy atenta- avergonzada –de verdad disculpe mi terquedad, es que me sorprendió verla pero… entenderé si tiene que despedirme ya que…

-jajaja, tranquila… no te preocupes, es un simple vaso… y unos simples platos, y una simple ventana y…- recordando todas las veces que escuchó algo romperse en la semana.

-¡PERDONE!

-jajaja, ¡en serio, tranquila!- recogiendo lo que quedaba del vaso.

-es una curita muy linda- detallándola –de verdad gracias.

-¡es un placer!- sonriente -¿Te llamas Yolei, no?

-sí… y usted es Mimi Tachikawa, la hija del presidente y señorita de la mansión- recordando las palabras de su superior.

-solo… dime Mimi…- sonriendo.

-…de acuerdo- sorprendida.

-Ven, te ayudaré con el resto…- arreglándose las mangas y empezando a lavar.

-¡NO! Señorita… ¿Cómo se le ocurre…? ¡usted no puede limpiar!

-¿Por qué no?- ríe –somos iguales… la única diferencia son nuestros nombres.

-…- la pelimorada había quedado impactada por aquella humilde actitud… jamás pensó que una chica como ella, de la "realeza", podría decirle algo así…

Pero al ver el rostro melancólico de la castaña despertó una incertidumbre en ella… ¿Acaso…?

-Disculpe pero…

-¿sí?

-¿Por qué estas triste…?- Mimi volteó sorprendida hacia la chica, ¿Cómo es que sabía…? –es que… tienes un rostro muy triste, ¿Te pasó algo malo?

-…- aquello hizo detener a la chica en lo que estaba haciendo, jamás alguien se a preocupado por lo que reflejaba su rostro…

-lo lamento… a veces suelo ser atrevida- bajando la mirada.

-sí…

-¿…?

-sí estoy triste…- para luego, bajar la mirada.

-¿Quieres… hablar?- se acercó a Mimi cerrando la llave del lavaplatos -…si quieres, puedes hablarme, te prometo que seré buena aconsejándote.

-que amable…- suspira –es que mi padre me hizo una promesa que nuevamente no cumplió…

-oh…

-pero ya estoy acostumbrada…- volteando con una sonrisa –no te preocupes.

-…- quedó pensativa por unos instantes, ver a aquella castaña en aquel estado la perturbó… sus sonrisas eran tan cálidas y verla triste era incómodo…

Pero en eso Yolei tuvo una excelente idea… la mejor manera de despejar los sentimientos pesados.

-¿Qué harás en la noche…?

-¿ehm? ¿Por qué…?

-mi mejor amiga me invitó a su fiesta de cumpleaños, ¿No te gustaría venir conmigo…?- sonriente.

-oh… pero…

Quiso decirle la verdad, de que le era imposible salir de la mansión por reglas de su padre. Pero en ese instante recuerda la promesa que le había hecho el día anterior, y como no la cumplió.

Y si él no la cumplió, ella tampoco cumplirá con sus estúpidas reglas.

-lo sabía… ¡era demasiado atrevido invitarte si no me conoces!- apenada.

-Yolei…

-que tonta soy, ¡disculpa! Es que como te vi tan triste pensé que querrías salir y…

-¡Yolei…!

-¿eh?

-sí quiero ir…- tomando sus manos –me encantaría ir contigo esta noche.

-¡¿En serio?!- entusiasmada.

-¡sí! pero…- pensativa –nadie puede enterarse que salí.

-¿Estás castigada…?- inocente.

-algo… parecido.

-mmm… bueno, creo que podemos pensar en algo.

-¡en un buen plan!- riendo juntas.

Y a la vez… ignorando que estaban a punto de idear el peor plan.

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- To be Continue -

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