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II

Kiss (naked) / Besos (Desnudos)

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Raven abrió los ojos rápido creyendo estar en otro lugar, sus pupilas se cerraron un tanto y volvió a cerrarlos por la luz directa de la ventana sin cortinas, realmente al percatarse de los alrededores no encontró la familiaridad próxima hasta que recordó que era la otra habitación vacía de la casa de Jason y que estaba desnuda cubierta por la manta de varios meses sin salvar donde habían pasado la noche anterior muy entretenidos en ellos mismos.

Era la misma rutina, solo era otra habitación. No había remordimientos en ella, solo se sentía cansada.

Buscó su chaqueta cercana en sus bolsillos su móvil. Eran las once del sábado, no había escuela pero tenía trabajo.

Escuchó la entrada en el primer piso abrirse, no se movió del lugar recorriendo con la vista donde había tirado su ropa. Solo recogió las piernas para recargarse en ellas, pasando sus largos dedos por las ebras negras de su cabello. No era completamente resaca, raras veces era resaca, pero preferiría haber amanecido en otro lugar y no en ese.

Jason subió las escaleras dejando las llaves de su auto en la credenza junto a la puerta. Era un pedido para llevar de alguna cafetería que sobrevivía a la invasión de Starbucks. Encontró a Raven sobre el viejo colchón en el sucio piso de madera ya despierta.

—Creí que no tardaría—, desplegó una sonrisa confiada— esperaba encontrarte dormida todavía. ¿Me extrañaste?

Raven solo recogió su cabello tras su oído.

—Sabes que no espero arrumacos después del sexo, tampoco que me paguen con ropa o comida por hacerlo, mucho menos me interesa tu conversación Jason

El del mechón de blanco en su cabellera sonrió de nuevo tomando su café de la caja. La chica tenía una lengua filosa y no callaba su opinión, eso le gustaba.

—Son dos cappuccinos, no sé lo que te gusta, tómalo o déjalo, te sentará bien con la resaca

La pelinegra lo aceptó sentada cubriéndose con una mano sujeta la manta contra su clavícula. Era una vista que Jason fingía no detallar pero le gustaba reparar en ello. La luz de la ventana rota detrás de ella llegaba a pintar con una mancha de sol su blanca piel hasta hacerla parecer dorada. Como si ella misma irradiara.

—No bebo lo suficiente para tener resaca —admitió soplando la caliente bebida. El primer sorbo le fue reconfortante, más de lo que hubiera querido admitir. Por eso apuró el segundo.

—También traje cannoli

La chica no se vio emocionada, negó bebiendo otro sorbo de su café.

—Estoy bien

Jason dejó a un lado el dulce chupándose los dedos para quitarse la chaqueta de cuero y la camisa. Su acompañante no pudo pasar esto por alto cuando lo vio abrir su cinturón.

—¿Qué estás haciendo? —le miró inquisitiva.

—Es sábado, no tengo nada que hacer hoy, volveré a la cama si no te importa

Raven rodó los ojos.

—Tampoco tienes nada mejor que hacer, tu turno empieza a las cuatro

Con otro trago de café lo sintió meterse bajo la manta con ella, acercándose a su cintura.

—El que sepas mi horarios sin que yo te lo haya contado no me agrada Jason. Y me tengo que ir, tengo otras cosas que hacer

—¿Cómo qué cosas? — acariciaba sus hombros desnudos admirando la pálida piel.

—Escuela, tengo trabajo pendiente

—¿No puede esperar?

—No—se desasió de él alcanzando su ropa interior y poniéndosela. Jason la siguió con los ojos viendo sus pechos colgar cuando se ponía de nuevo la lencería negra a la que era tan aficionada y buscaba la falda que le había arrebatado de su cuerpo la noche anterior con todo y cinturón de estoperoles. Se puso la remera negra y subiendo las medias por sus grandiosas piernas Jason se recargaba mirándola.

—Creo que debería comprar una cama —recargaba las cabeza en los brazos.

Raven se ponía las botas que le llegaban a las rodillas, se cerraban con un zipper.

—Haz lo que quieras en tu casa, es tu casa

—Pienso remodelar esta y la habitación de al lado

El tema a Raven no le interesaba, estaba más ocupada cepillando su negra melena con las manos para no verse tan desarreglada, aunque su cabello había crecido considerablemente comparado con el corte que había tenido en la preparatoria.

—Pienso empapelar y pintar, ya sabes, como esas imágenes de revistas y fotos de internet

La chica se puso de pie recogiendo por ultimo su chaqueta y el café.

—¿Realmente piensas hacerlo?—preguntó manipulando la pantalla de su celular, dando otro sorbo.

—Es algo que he estado pensando.

—Pero ¿realmente lo harás?

—¿Por qué lo preguntas?

—Si necesitas ayuda podría venir

—¿Tú? —sintió la ironía —apenas conoces mi nombre, no creí que te interesaras por mí

Raven dejó de lado lo que estaba checando para marcar un número cruzados los brazos.

—Si no me necesitas solo olvídalo

El teléfono que marcaba no le respondían. Raven lo dejó para marcharse sin decir adiós. Así era ella. O por lo menos lo era con Jason.

—Si lo dices en serio Rae tender que remodelar realmente —alcanzó a decirle. La joven ya estaba por las escaleras.

—Haz lo que quieras Jason, no es como si me interesara

Fue al mes y medio que Jason ya había comprado la pintura, el papel tapiz, las brochas y todos los implementos. Invitó a Raven como una broma, la cual fue tomada en serio con cada snapchat de los productos comprados -y algunas cuantas de desnudos de los cuales Jason estaba muy orgulloso- que la chica, quizás harta o sintiéndose comprometida por la promesa que había hecho, acabó acudiendo.

El día que lo programaron volvía a ser fin de semana. Jason la recibió. Ella vestía un overol de mezclilla y una playera de cuello de Tortuga sin mangas de color negro.

Lo que sea que Jason hubiera imaginado no era lo que ella había tenido en mente porque venía en son de apoyar, a prestar manos para la labor, no cómo el dueño de la casa que había esperado ver los shorts de mezclilla muy cortos que usaba con medias pero sin estas y alguna playera de tirantes, algo simplemente revelador y que en definitiva ella no usaría para subir al transporte público.

—Creí que debías traer ropa que no querías cuidar, ropa vieja

Raven estaba segura de su atuendo, incluso se había recogido el cabello y atado una bandana en la frente.

—No tengo problema con esta ropa, ¿acaso tú si?

No hubo respuesta a esa pregunta. Su ideal para con ella era verla desnuda de todas formas.

Él ya había quitado la pintura anterior con una espátula hasta del techo, había comprado una lámpara en el departamento de hogar del supermercado que planeaba instalar pronto. No quería ninguna pasta, pero había planeado que la pared frente a la puerta sin ventanas tuviera papel tapiz y las otras pintura.

Raven se mostró hábil con la cinta de pintor y periódico cubriendo el quicio de la ventana y el marco de la puerta. Jason vació la pintura en la bandeja y con una brocha marcaron los límites primero antes de empezar a usar los rodillos. Mostraron mano firme esparciendo perfectamente la primera capa a que quedara uniforme. Siguieron con la otra pared tomado ritmo, no era difícil y entre dos parecía lo más fácil del mundo.

Como hizo calor Jason se mostró triunfante cuando Raven se quitó la playera quedándose solo con el overol. Fue mejor aún porque no llevaba brassier. Y para admitir que se veía caballero se quitó la playera el también y llevó el ventilador del sótano.

Pintaron el techo de blanco. Los colores que manejaban eran oscuros. Jason decía que quería hacer de ese cuarto un refugio para sus armas o jugar videojuegos. Raven sabía que lo que hacía para ganar dinero podría no ser algo legal pero tampoco le importaba. No se hacía llamar su novia, ellos solo eran dos extraños que se acostaban a veces, había atendido en la misma preparatoria y tenían algo de historia, pero nada había sido demasiado personal, así lo acordaron desde el principio. Al menos era lo que Raven pensaba porque Jason sabía mucho más de ella de lo que le permitía a su amante conocer.

Antes de empapelar comieron, ahí fue donde el primer broche del overol fue desabrochado quitándose la liga del cabello. Estaban recostados entre los periódicos y sábanas viejas para cubrir el piso.

Dejaron los restos a un lado y dieron la segunda mano, todavía había sol y tenían la distracción de la música en las bocinas del iPod de Jason.

Antes de empapelar Jason ya estaba descalzo y Raven se había quitado el overol, se había puesto la bandana anudada a la espalda pese al fingido enfado de Jason por querer pintar desnudos, eso fue algo a lo que Raven no aceptó.

Instalaron la persiana en la ventana. Para esto se había comprado un taladro, o quizás robado, el objetivo es que Jason tenía uno. Apurado por impresionar no le fue difícil hacerlo porque también para ello había comprado pintura de secado rápido. Todavía para limpiar Raven ató con ligas dos toallas en unas pinzas de pan para limpiar cada persiana. El otro estaba intrigado por la forma que tenía de hacer cualquier tarea tan meticulosamente, habilidad que había mostrado desde la cinta de pintor.

Difícilmente alguien trabajaba tanto para una casa en la que no iba a vivir. Solo se trataba de Jason haciendo conjeturas el solo en su cabeza.

Lo siguiente fue la lámpara. Jason iba a subir la escalera pero Raven se ofreció a hacerlo, se puso las gafas de seguridad y usó el taladro siendo cargada por el otro que se congratulaba de tenerla en sus hombros. Usaron taquetes y después de algunos minutos de trabajo arduo estaba terminado. El resto sería limpiar la habitación y dejar la pintura secar.

—Compré una cama—admitió cuando ya estaban compartiendo unas cervezas en el suelo mirando la obra que habían concluido juntos. El rodillo ya estaba en solvente para ser limpiado, aún quedaba pintura fresca en la bandeja.

—Bien por ti— lucía desinteresada Raven dando un trago. Se recostó cansada, habían sudado un poco pero ella estaba complacida consigo misma por ayudar. Solo no quería hacer pensar a Jason que lo estaba ayudando porque iría a mudarse con él. Quizás esto lo pensó demasiado tarde porque él ya estaba acariciando su hombro y parte de su espalda. Jugaba con el nudo de la bandana que quería deshacer pero cómo temía hacerlo y que ella se molestara tocó la pintura aún secándose en la bandeja del rodillo y pintó una mancha en la blanca piel de Raven. Era como un lienzo en blanco en el que quería divertirse.

La chica mirando lo que había hecho dejó su cerveza, tocó pintura y le hizo una marca en la mejilla.

Más animado Jason volvió a tomar pintura, descorrió el nudo de la bandana y pintó pequeñas manchas en la piel de Raven rodeando el tatuaje de cuervo en su espalda baja. Era como un cielo invertido con estrellas negras salpicadas.

Jason se encaramó en ella que le pintó desde abajo los hombros con líneas que se perdían entre los músculos de los brazos y los del pecho.

Él la besó, y la contempló con sus suaves senos acomodados por la fuerza de gravedad, tersos, los pezones rígidos, el esternón estaba marcado por su delgadez, el plexo solar hundiéndose dejando ver la marca de las costillas en la caja toráxica donde estaba dibujando espirales de pintura azul oscuro. Fue recorriéndola en besos desde el valle de sus senos hasta el ombligo y la ropa interior negra que esta vez tenía encaje rojo.

El chico tuvo que morderse los labios antes de besarla y pasar una mano por su cintura para recoger su pelvis contra la suya, solo ahí Raven metió la mano en los jeans rotos de Jason acariciando y él se separó del beso para terminar de desvestirla a ella, contemplarla, besar su vientre y quitarse lo que le quedaba de ropa él también.

Se recostó a un lado besándola. Ambos se miraban con pacíficos semblantes, a veces acariciándose o solo contemplando el otro cuerpo. Ya ni siquiera emplearon la pintura o recordaron la cerveza.

Jason pasó el brazo por detrás de la cabeza de la pelinegra, la atrajo hacia sí pegando sus pechos contra su corazón palpitando, enredando sus piernas con la suyas, estrechado su cintura contra la propia, pegando el pubis contra su entrepierna, acariciando sus labios y su cabello con la otra mano.

Era demasiado difícil soportar que fuera hermosa, porque así de frágil y apacible cómo se veía era un demonio egoísta, a veces igual de egoísta que él pero como si no hubiera punto de comparación.

Se besaban pero Jason siempre tenía en mente las palabras de Raven como una letanía grabada en fuego con letras doradas en su cuerpo, su mirada y sus labios. Era solo sexo y no le interesaba nada más.

Pero un hombre que renuncia a tener sexo con cualquier otra solo por una mujer no ve a esa mujer como solo sexo.

Esto era algo que los tendrían que aprender de la peor manera cuando ya hubiera sentimientos de por medio.

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Se los dije pero si llegaron hasta aquí han de saberlo.

El número tres en la lista del reto es Primera Vez... y será con Richard Grayson...