Disclaimer: Lamentablemente esta historia, One Piece y sus personajes no me pertenecen, son propiedad de Eiichiro Oda y de la escritora Kagehime3 quien me ha dado permiso de traducir su fanfic al español.
Advertencia: El Rating es cambiado a partir del capítulo 9, pero he decidido colocarlo en M de una vez para que queden advertidos.
Capítulo 3
Hostile Environment
-Al llegar a la isla. Nami rápidamente se dio cuenta de por qué los Marines no habían estado ansiosos por ir tras ella cuando salto por la borda.
Subiendo desde el agua en la playa cerca del puerto de la Ciudad principal, se movió lo más rápido que pudo con una bala alojada en su muslo, encontrando en su camino un callejón desde pudiera examinar en silencio la ciudad en la que estaba y que tipo de amenazas se encontraban allí. Los carteles de búsqueda se encontraban alineados en las paredes de muchas tiendas, muchos desgarradas por ser usados como practica de tiro. Era un ambiente hostil para un pirata que era buscado por la Marina. Fantástico.
Volviendo de nuevo a los sombras del callejón, Nami arrastro los país lentamente lejos de la carretera principal, pasando por las tiendas y casas hasta que llego a una zona que no parecía tener tanto tráfico. Miro a su alrededor, vio justo lo que necesitaba: Un consultorio médico.
Mantuvo la cabeza abajo, y se lanco al otro lado de la calle, robo una capa que estaba en el carro de un vendedor ambulante para cubrir su vibrante cabello de color naranja, debido a que resaltaba mucho entre las personas y las personas que la buscaban sin duda estarían allí. Con gracia se movió más allá del edificio, al otro lado de callejo, hasta que encontró la puerta trasera. No había nadie a la vista cuando ella se metió en la trastienda llena de cosas que le serian útiles, y tampoco había nadie cuidándolo.
Tal vez su suerte no se había ido del todo.
Se asomó por el pasillo que conducía a la sala de espera, una enfermera estaba sentada en un escritorio apuntando de espaldas a una tabla. Echo un rápido vistazo alrededor, Nami entro en un consultorio médico justo al otro lado de la sala de almacenamiento, que estaba vacía a su satisfacción, lo que significaba que debía estar con un paciente en otra de las habitaciones o haciendo una llamada. No importaba; siempre y cuando se mantuviesen alejados el tiempo suficiente para que ella pudiese curar su pierna herida.
Volviendo a la sala de almacenamiento. Nami cerró la puerta con cuidado, haciendo una mueca cuando el clic del pestillo pareció sonar cada vez que la movía. Detuvo su aliento con fuerza en su pecho, espero a escuchar pasos que se dirigían a ellas para investigar el sonido que juro que había sido lo suficientemente fuerte como para que todo el bloque la escuchase. Luego de un minuto de espero, poco a poco soltó un suspiro, ya que nadie iba a venir. Sin perder ni un momento se trasladó al pequeño escritorio que empujo contra una pared, tipo hacia abajo la capa que había robado antes y ella busco en el armario ganas y antiséptico.
Frunció el ceño al ver solo suministros básicos de primeros auxilias allí, no había instrumentos de suturas para ayudarla con la bala que se iba comenzar a infectar si la dejaba allí más tiempo. Dejo llevar su atención a los gabinetes de adelante y atrás mientras trataba de decidir donde sería mejor buscar. Estaba segura de que habría herramientas más útiles en aquella oficina, sabiendo que los cuartos de los pacientes estaban fuera del caso debido a que un médico podría estar ello, pero no podía correr el riesgo de aventurarse más lejos de única salida.
Dio una última mirada a los estantes llenos de gasa, y se vio obligada a cojear en silencio de nuevo a la puerta. Poco a poco, suavemente, con la facilidad que solo una gata ladrona podría tener, abrió la puerta de la entrada y se asomó de nuevo. La enfermera aún estaba en su escritorio, el único cambio en su posición era que tenía entre sus manos una manzana que agarraba con flojera, solo tenía una mordida, y tenía la silla inclinada hacia atrás, con los ojos todavía fijos en la carta. Otras dos puertas en el pasillo entre ella y la enfermera se cerraron; estaba bien, estaba segura de que no necesitaba ir a alguna de aquellas habitaciones, solo la que estaba directamente frente a ella. Sus ojos marrones se enfocaron en la puerta abierta del frente, había un escritorio en la oficina y no estaba ocupada por alguien. Con una respiración profunda, ella dio un paso hacia adelante.
Una tabla del suelo crujió bajo su paso, se congelo en el lugar y centro toda su atención de nuevo a la enfermera estacionada al frente. La mujer suspiro inclinando su cuerpo hacia delante de su silla de nuevo mientras se ajustaba la table hacia abajo. Volvió su cabeza a un lado, Nami contuvo la respiración mientras observaba como dejaba su manzana para sacar de un cajón una hoja de papel y volver al trabajo.
Nami salto prácticamente al consultorio medico luego de eso, respirando profundamente al darse cuenta de que estaba entrando demasiado en pánico para su propio bien. Ella era Nami la gata ladrona de los Sombreros de Paja, entrar ilegalmente y robar era como un juego de niños para ella, aun cuando aquella ciudad parecía estar cargada de resentimiento hacia los piratas que navegaban por el Grand Line. A medida de que ritmo cardiaco se redujo a la normalidad, intento aliviar su ansiedad con constantes recordatorios de que era eso con lo que se ganaba la vida desde que era niña. Nami finalmente se obligó a concentrarse en su tarea en cuestión.
Sus ojos recorrieron cada rincón de la habitación durante unos segundos hasta que aterrizaron en la bolsa abierta de un médico situada al lado del mostrador. Echo una rápida mirada en su interior y encontró que tenía suturas y los instrumentos que necesitaba para cuidad de su herida, esterilizadas y listas para su uso.
Justo cuando iba a cerrar la bolsa y prepararse para regresar a la habitación, se congelo en su lugar cuando oyó la puerta de donde había venido abrirse y cerrarse, seguido por el sonido de pasos seguros en el suelo de madre. La persona se detuvo en sus pasos por un momento y Nami tomo el tiempo para atrincherarse en una esquina, una vez más, contuvo la respiración mientras esperaba a ver si alguien lograba entrarla.
Su mano estaba en su Climatact, listo para crear una distracción u ocultar su cuerpo de ser necesario, espero y escuchó como la persona comenzó a caminar de nuevo, hacia el pasillo y la parte delantera, lejos de ella. Con toda la calma que pudo reunir en ese momento, Nami se impulsó hacia arriba lo suficiente para agarrar la bolsa de nuevo, en cuclillas cerca del suelo mientras lentamente se dirigió a la puerta para ver si estaba despejado. Tan pronto como llegó allí, podía oír fácilmente de lo que hablaban las dos mujeres, uno, obviamente la enferma, y la otra que Nami adivino que sería el medico a juzgar por el tono que usa al hablar con la otra mujer.
"María, ¿Dejaste entrar a alguien en el almacén mientras que no estaba? "La Mujer un poco mayor le pregunto a su enfermera. La respiración de Nami se quedó atrapada en su garganta mientras que sus ojos se movieron de golpe a la habitación en la entro por la manta, y que había dejado allí. Un error estúpido. Tenía que salir de allí.
"¿No, porque?"
"Hay un mato allí atrás, juro que no estaba allí cuando salí antes."
La enfermera se limitó a encoger los hombros por la preocupación de la doctora, su atención fue a su manzana, comenzó a hablar antes de tomar un bocado. "Bueno, he sido yo todo este tiempo. Tal vez un paciente lo dejo y simplemente no te diste cuenta."
"Hmm, tal vez." La doctora pensó, mirando hacia atrás por un momento antes de volver su atención de nuevo a la enfermera. Cuando Nami tuvo la oportunidad de mirar, se adentró lentamente en el pasillo hacia el almacén, se dio cuenta de una pila de libros entre las manos de la doctoro, así como unos carteles que descansaban en la parte superior de ellos. "Creo que no es importante en este momento, pero me encontré con uno Marines que patrullaban las calles; nos dijeron que estaban buscando a este pirata." A medida que hablaba, saco un cartel de la pila y se la entregó a la enfermera, el pelo brillante de color naranja lo pudo ver claramente en la imagen, tenía los ojos como platos al darse cuenta de que estaban sin duda en busca de ella. "Ella se escapó de la nave que se dirigía a la base cuando fue atacado. Al parecer, ella recibió un disparo al saltar por la borda, por lo que en caso de que ella se arregló para llegar a tierra, así que quieren que sobre todo el personal médico esté atento."
"¿De verdad cree que esta chica sería tan estúpida como para entrar en el consultorio de un médico para tratar la herida?" La enfermera se rio, cerrando el cartel sobre le mesa mientras se inclinaba hacia atrás en la silla, despreocupada y totalmente a gusto. Nami utilizo su conversación y distracción como beneficio para poder correr al almacén rápidamente y empezó a cargar más vendas y medicamentos en la bolsa que había tomado en la oficina, sin hacer nada sobre lo que hablaban sobre ella. "Si ella mete un pie en esta ciudad, vería con claridad qu este lugar tiene muchos Marines esforzándose en la lucha contra la piratería. Ella sabría que no tiene ninguna oportunidad si estuviera atrapada. Y si un médico se viera obligado a tratarla, los marines la atraparían en un segundo. Teniendo en cuenta de que estamos hablando de la Gata Ladrona, que probablemente ya lo sabe y está tratando de robar lo que sea que necesi…-"
Los ojos de Nami se abrieron al oír como la mujer no continua hablando, el fuerte golpe de la silla la alerto con el hecho de que su tiempo había terminado. Agarrando su capa robada y la bolsa llena de materiales para curarse, comenzó a dirigirse hacia la puerta de atrás y pasos fuertes se escucharon acercándose a ella rápidamente.
Los ojos de Nami se abrieron al oír la mujer se interrumpió, el fuerte golpe de la silla volver a caer alertar al pirata con el hecho de que su tiempo había terminado. Agarrando su capa robada y la bolsa llena de materiales de construcción, comenzó a dirigirse hacia la puerta de atrás sólo pasos tan fuertes se escucharon acercándose
Así como la doctora y la enfermera llegaron a irrumpir en el almacén, la puerta trasera se cerró detrás de ella y Nami utilizo su Climatact para mezclarse a la perfección entre las sombras y las paredes del callejón. Justo cuando ella doblaba una esquina, miro hacia atrás en el momento en que las mujeres salieron corriendo tras de ella, deteniéndose en el pasillo vacío mientras buscaban desesperadamente alguna señal de la pirata, se dieron cuenta muy tarde de que había robado.
Era demasiado tarde, sin embargo; ella se había ido, deslizándose por las calles hasta que llego a la seguridad de casa vieja y abandonada. Estaba deteriorado, enredaderas cubrían la madera podrida y el ladrillos rotos a lo largo del exterior, sino que era un lugar que estaba segura podría encontró paz solo por un tiempo, suficientemente limpiada y lista mientras encontraba una forma de salir de la isla que era propiedad de la marina.
Se ocultó en ella sala donde tuvo una visión clara de las puertas delanteras y traseras, las ventanas estaban cubiertas, pero podía ver las sombras de cualquier persona que llagara a patrullar demasiado cerca. Sentada en el suelo cubierto de polvo, Nami extendió la manta que hacia agarrado y lo utilizo para mantener fuera la suciedad mientras jugaba a ser medio para curarse a sí misma. Abrió la bolsa y saco una pequeña jeringa y una ampolla de anestesia; ella no era Zoro, que estaba a punto de operarse a sí misma sin algo que tomar antes, aunque no duraría mucho tiempo con su metabolismo. A medida que el medicamente fue trabajando en adormecer el área, saco la gasa y otras cosas colocándoles en un lugar que pudiera agarrarlos fácilmente.
Saco un conjunto de pinzas largas y las puso en la herida de su muslo. Respira profundamente. Respira profundamente. Se dijo a si misma mientras que empujaba el instrumento en su carne, haciendo una mueca por la presión y el dolor aguda cuando ella saco el fragmento de bala que seguía alojada en ella. Tuvo que hacer un esfuerzo para tirar de ella con sumo cuidado, no queriendo dejar caer ni que se rasgara más su herida. En el momento que estaba afuera, lanzo su último aliento con una larga punto, tomo un segundo para respirar antes de salir corriendo a buscar la gasa para detener el sangrado.
Hizo un enjuague rápido con su Climatact proporcionando una ducha y algunas propiedades antisépticas, y ella estaba ocupada con la tediosa tarea de saturarse mientras apretaba los dientes. Con cada hilo dejo que su mente vagara con los pensamientos acerca de su tripulación, las muchas cicatrices y los puntos de sutura que había ganado todos esos años. Físicos y emocionales, todos ellos tenían su parte.
Se sentía muy sola.
Secándose una lagrima perdida, Nami se obligó a recuperar la sobriedad, alejar la tristeza y la preocupación por sus amigos repartidos por todo el Grand Line, una vez más. Todos ellos se encontrarían otra vez. Lo hicieron antes. Pueden hacerlo otra vez. Ella creía en todos y cada uno de ellos, sabía que todos sobrevivirían por sus propias cuentas, todo lo que tenía que hacer era enfocarse en su propia supervivencia.
No estaría sola por mucho tiempo.
