N/T:¡Sábado! ¿Lo ven? Soy taaan puntual, joder. Si no es el perro, es el tío. He pasado las ultimas 24 horas en una clínica D: Me perdí la fiesta de playa y ¿saben qué? Dejare la carrera de medicina y me convertiré en taxista. LOL. Me encantó traducir este capitulo, en serio. Cómo amo a Edward, cómo amo a Bella, cómo amo a la bendita banca :O Todos saben que la historia no es mía, ¿verdad? Es que llegan algunos reviews con "Me encanta tu historia" y me ponen nerviosa. Yo sé que los reviews no son para moi, pero igual D: Dios, ya estoy poniendo paranoica. Camee me escribió un mensaje hace unos días, contándome que podía leer los reviews sin necesidad de un traductor, LOL. Eso quiere decir que capta el español. Para hacerle la vida más fácil, ambas estaríamos muy agradecidas si se habla normal y no con net-talk en los reviews. No os jodo más con la nota, ¡disfruten del capitulo!
N/A: ¡Hola a todos! Los reviews me ayudan enormemente a continuar escribiendo asi que, gracias.
Summary: Traducción. Una tormenta se avecina. Bella echa un vistazo por la ventana y se encuentra con una figura alta, encorvada en su banca verde botella favorita, y teme por su seguridad. Ella sólo intentaba ser una buena samaritana, pero todo cambia cuando se pierde en sus problemáticos ojos. Edward/Bella.
Disclaimer: Twilight no me pertenece, la historia tampoco. Sólo adjudico la traducción.
La Banca Verde
Fue la manera formal en la que lo dijo, o el hecho de estar presentándose luego de todo este tiempo lo que hizo que Edward sonriera, no lo sabía. Pero tan pronto como ella había pronunciado esas palabras, una sonrisa rota cruzó su cara y sus hombres temblaron ligeramente en una silenciosa carcajada.
Él tenía una sonrisa inmaculada. Un lado de sus bellos labios se elevaba más que el otro al momento de sonreír. Estaba torcida, y a Bella le encantó.
Ella se maravilló una vez más cuando él alargó su manos y tomó la suya, apretándola ligeramente en un saludo tardón.
Cada vez que sus pieles hacían contacto, ella sentía la necesidad de tocar más y más de él. Quería envolver su cuerpo con el suyo y simplemente… estar cerca de él.
Él ladeó su cabeza, con la sonrisa en su lugar, y tal acto hizo que Bella quisiera tocarle el rostro.
— Hey —dijo roncamente, antes de extraer cuidadosamente sus dedos de los de ella.
Luego, tan rápido como la atmósfera jovial había aparecido, desapareció. Como si estuviera recordando la razón de su angustia, el rostro de Edward se tornó agrio: su labio inferior se levantó, sus cejas se fruncieron y sus ojos nadaron con fantasmas, mirando la nada. Una cuadro de dolor y miseria, una vez más.
Bella se sintió frustrada consigo misma. Deseaba poder hacer lo suficiente como para hacerle olvidar. Quería ayudarle con sus problemas. A pesar de tener las imágenes de su cuerpo grabadas en la mente y estar completamente segura de conocer cada centímetro físico de él como la palma de su mano, ella se dio cuenta que no lo conocía en lo absoluto. No lo conocía lo suficiente como para preguntar. Ella pensó que tal vez, eventualmente, tropezaría con el momento indicado para preguntarle qué era lo que pasaba por su cabeza, pero en orden a eso, concluyó que tendría que retenerlo un poco más de tiempo.
Volteando la cabeza en dirección a la mesa, se dio cuenta que las galletas abandonadas y el - ahora frío – té reposaban sobre la superficie de madera.
Una manera para prolongar su estadía.
— Edward. —Oh, qué bien se sintió su nombre corriendo por sus labios. Ella lo miró, con las cejas levantadas en señal de pregunta—. ¿Te gustarían unas galletas?
— Por favor —respondió, con la cabeza recostada en el respaldar del sofá una vez más.
Bella tomó la galleta más grande que había y tras partirla, la llevó hacia los labios de Edward. Llegando a la conclusión de que él no tenía la energía suficiente como para tomar la galleta con sus manos y metérsela en la boca, lo hico ella misma.
Bueno, eso es lo que se dijo a sí misma.
Los labios de Edward se abrieron mientras Bella empujaba las galletas caseras. Observó con fascinación cómo masticaba amablemente, para luego lamer sus labios lenta y dolorosamente. Dios, qué labios
La rutina de las galletas continuó por un tiempo. Bella rompió un pedazo y se la dio a Edward, y luego se dispuso a tomar otra. Sus momentos favoritos fueron cuando las yemas de sus dedos rozaron ligeramente sus labios. Ahí fue cuando la piel de gallina apareció de nuevo. Para el momento en que él dijo que se encontraba satisfecho y lleno, ya había comido como seis o siete galletas.
— Gracias —dijo cuando ella terminó de poner cada cosa en su lugar.
Bella lo miró. Él había vuelto a su posición en el sillón, con los ojos cerrados y la boca ligeramente abierta. Se veía adorable. Sensual como un infierno, pero adorable. Él aparentaba ser un niño pequeño, exhausto tras un largo día de juegos. Pero al instante, ella recordó que sus problemas eran mucho más grandes que los de un niño pequeño. A pesar de estar a punto de caer dormido, ella podía ver las líneas de preocupación que recorrían su rostro. Ella quería preguntarle la razón por la que sus ojos estaban ahogados en dolor y tristeza, pero decidió hacerlo más tarde.
Por ahora, ella le dejaría descansar.
Bella alcanzó otro par de mantas de la encimera y con una envolvió el cuerpo de Edward, asegurándose que se encontrara caliente. Ella trepó al sofá opuesto con la segunda, mirando a Edward mientras lo hacía. Se quedó sentada un largo rato, observándolo. Observando su pecho subir y bajar rítmicamente con cada uno de sus profundos respiros. Observando sus pálidos párpados y dedos moverse ligeramente. Estaba soñado, supuso.
Ella esperaba que sean sueños y no pesadillas. Esperaba que él estuviera escapado de la miseria que sentía hacia un mejor lugar, un lugar sin preocupaciones.
Bella no podía permitirse quedar dormida. Temía demasiado. ¿Y si él se despertara y necesitara algo? O peor, ¿se despertara y se fuera? Ella sabía que sentía algo por él. Cada vez que lo miraba a los ojos, podía sentir sus pies despegándose del suelo y volar hacia lo desconocido. En ese instante, lo sintió. Podía tropezar y caer con facilidad, incapaz de volver a trepar hacia el lugar en el que había estado; eso tenía mucho sentido. Sin embargo, Bella se encontraba abriéndole los brazos a la incertidumbre. Siempre se consideró una persona cautelosa, pero ahora todo indicaba lo contrario. Edward era una distracción bienvenida y ella quería mantenerlo a su lado. Por estas razones, ella no podía permitirse quedar dormida.
A pesar de estar perdida en sus divagaciones, Bella registró – por la ranura del ojo – que Edward estaba agitándose. Su cuerpo convulsionaba, sus manos se empuñaban y una fina capa de sudor comenzaba a formarse sobre su ceño. Estaba experimentando una pesadilla.
Deshaciéndose de la manta, ella se apresuró al lado de Edward y se arrodilló a la altura de su cabeza. Tras haber cepillado su cabello fuera de sus ojos, ella habló gentilmente en su oído.
— Edward, Edward, despierta.
Sus ojos se abrieron en un disparo, llenos de pánico y confusión.
— Bella —respiró pesadamente, su ancho pecho levantándose y cayendo filosamente.
— Sí, estoy aquí. —Sus ojos se conectaron con los de ella. Se encontraban tan cerca que Bella podía contar prácticamente las pestañas que rodeaban sus ojos—. Estabas teniendo una pesadilla.
Él observó sus manos, empuñándolas y estirándolas, comprobando si de verdad se encontraba despierto. Aunque Edward habló bajito, Bella pudo escuchar claramente cómo trataba de tranquilizarse: "Sólo una pesadilla, no era real. No era real. Tan sólo una pesadilla…"
Valientemente, Bella estiró sus manos y acunó el rostro de Edward en sus manos. Ella creyó que era el momento perfecto para conocerlo un poquito más. Acarició sus suaves mejillas; confortándolo con sus palmas, le dijo:
— Parecía ser horrible. La pesadilla. ¿Quieres hablar al respecto?
Bella sintió cómo su rostro se tensaba con rapidez en sus manos y sus ojos se abrían del horror. Sus largas manos comenzaron a temblar en su regazo. Él se alejó de ella de un tirón y comenzó a mover su cabeza de lado a lado vigorosamente, mientras se alejaba de su tacto lo más que podía.
— No, no quiero —respondió agriamente.
— ¿Estás seguro? Siempre he creído que hablar sobre lo que nos preocupa o molesta cuando todavía anda fresco ayud—
— No, Bella —su voz era baja y demandante—, no voy a hablar de ello, deja de preguntar.
Bella estaba sorprendida y helada por su reacción. Ella creía que su relación había crecido desde que lo había encontrado en la banca, pero él seguía siendo igual de insistente en no hablar con ella.
Edward presionó el puente de su nariz con los dedos y su torso se dobló ligeramente en el confortable abrazo del sofá. Su respiración no se aceleró, sino que se mantuvo pausada y pesada.
Ella comenzó a reprenderse a sí misma. No era de su incumbencia, ella no estaba en los zapatos para arreglarlo o lo que sea que trataba de hacer. Ella debió haberse quedado en silencio.
Se paró abruptamente y regresó su antiguo sillón, sintiendo la necesidad – debido a su rechazo – de alejarse de él.
— Lo siento —dijo sinceramente mientras se sentaba en el borde del mueble—, no era mi intención presionarte.
Bella se revolvió incómodamente, incapaz de relajarse ante la obvia tensión.
Tras unos cuantos minutos interminables, él habló.
— Bella, discúlpame. Mi comportamiento fue inexcusable.
Le miró, le miró de verdad; y ella no pudo encontrar en su corazón ni un simple rastro de enojo después de su explosión emocional.
— Está bien, estás disculpado. Sólo ten en cuenta que puedes hablar conmigo cuando te sientas listo, ¿vale?
Él lanzó un suspiro en señal de alivio; sus ojos encontrándose con los de ella una vez más. Él asintió.
De repente, preocupada por la hora, Bella buscó con la mira el reloj – justo arriba de la chimenea – y se encontró con que eran casi las dos de la madrugada. En el sillón opuesto, Edward respiraba profundamente con la cabeza descansando perezosamente en el brazo del sofá. Ella podía sentir que él estaba a punto de caer dormido, por lo que decidió sugerir algo.
Acercándose a su cabeza y acariciando los contornos de su rostro, le susurró:
— Edward, levántate, hora de ir a la cama.
Ella lo zarandeó ligeramente y él gruñó ruidosamente, rehusándose a moverse.
Una vez más, ella le jaló la sudadera.
— Edward, vamos. Te cargaría en brazos pero desafortunadamente eres el doble de grande que yo. Creo que voy a necesitar un poco de ayuda.
Cuidadosamente, él se empujó a si mismo fuera del sofá, con una sonrisa atravesando su rostro, en respuesta a su comentario chistoso de segundos antes.
Él dejó que Bella lo arrastrara, cargando parte de su cuerpo, pero no lo suficiente como para que se lastimara. Subieron las escaleras con dificultad, tambaleándose.
Bella no había tenido tiempo como para preparar otra cama de antemano, por lo que se dirigió a su propia habitación, jaló las sábanas de la cama y empujó a Edward delicadamente al colchón. Inmediatamente, sus ojos se cerraron.
Ella jaló las sábanas y las lanzó alrededor de él, tapándolo como a un niño. Empujó sus finos cabellos de sus ojos y, en un impulso, se agachó y frotó sus labios contra la frente del hombre. Él gimió contentamente, como cuando ella había masajeado su cabeza. Tal sonido hizo que la mente de Bella se fuera nuevamente al desagüe.
Ella puso una de sus manos sobre su duro estómago, acariciándolo a través de la fábrica; y la otra tras su cabeza, estudiándolo. Se concentró en sus labios entreabiertos y se agachó hacia ellos inconscientemente. Con las narices casi pegadas, ella inhaló profundamente su potente aroma. Casi podía saborearlo. Su boca se aguó y su lengua barrió su labio inferior con emoción.
La mano que estaba sobre su estómago recorrió sus marcados músculos hasta llegar a su barbilla. Ella movió sus dedos de ida y vuelta por su mandíbula, con suma suavidad; y simultáneamente, su nariz se movió hasta tocar su pómulo izquierdo. Ella acarició toda la suave piel de su rostro antes de separarse de él (eventualmente). Enderezando su tronco, ella habló tiernamente.
— Dulce sueños, Edward.
Ella se inclinó hacia la mesa de noche para apagar la lámpara y luego de eso, proceder a abandonar la habitación, pero antes de que diera un paso, unos dedos de pianista se enroscaron alrededor de su muñeca.
— Quédate.
Fin del Capítulo.
N/T: No me disparen, ya sé que es lo que todos piensan: "Esa perra nos dio un spoiler de lo que sería la última parte del capitulo." Bahahaha, qué gracioso, joder. Ya sé que todos amaron el capitulo y por eso, todos van a dejar un review. Ahora Penélope se pondrá su bata blanca que tato asusta a lo niños e irá a efectuar unas cuantas traqueotomías. Nos vemos en dos sábados, chicos :)
N/A: Por favor dejen un review si pueden hacerlo. Gracias :)
Spoiler:
A través de la oscuridad, ella vio que su rostro se retorcía en dolor y miseria. Sus gemidos comenzaron a hacerse más y más fuertes con cada segundo que pasaba. Su cabeza batía constantemente de lado a lado, y su otro brazo y ambas piernas se encontraban volando inexorablemente una contra otra. Su cuerpo se dobló violentamente y su brazo atrapado, de alguna manera, logró liberarse del agarre de Bella. Él comenzó a lamentarse y a gritar incoherentemente.
Estaba fuera de control.
Espero que no hayan mojado sus pantalones.
