Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen a mi si no a Masami Kurumada, esto es sin ningún fin de lucro. Contiene texto explícito sexual, no apto para menores. No yaoi.

Dedicado a Sweet Victory ,mi autora favorita de humor, una bella amiga de años y en agradecimiento por todas las risas, subidas de ánimo y demás cosas que ha provocado en mi con sus fics.

Amiga, aquí lo prometido por tu ayuda, fue muy difícil un lime sin mi amazona favorita, ojalá lo disfrutes.

Capítulo 3 Leo y Géminis

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Periodo pre-Torneo Galáctico.

Aquel bello rubio que custodiaba Leo, entró a su privado tras terminar sus arduos entrenamientos matutinos, molesto por su ropa pegada al cuerpo debido al calor de la ciudad. Una ola de incesante de elevada temperatura azotaba en Atenas y él a pesar de lo mucho que le agradaba el verano, no podía soportar por mucho tiempo la sensación abrumadora de respirar aire caliente haciendo pesados sus suspiros y el constante goteo de su cuerpo mojando sus ropas.

Y pronto, al entrar a su cuarto con la firme intención de darse un baño de agua fría para refrescarse, supo que no todo estaba en su sitio.

Oteó a su alrededor rápidamente por un extraño presentimiento como el de un león custodiando su territorio, sobre si alguien había penetrado sus dominios en su ausencia. No se equivocó. Espero unos segundos en silencio a que la presencia se anunciará, sin embargo, no vio ninguna silueta o presencia alguna a su alrededor ni tampoco percibió un cosmos peligroso, por lo que continuo su rutina sin mucha precaución.

Se despojo la camisa, dejando a exposición su bien formado torso y piel bronceada que mantenía un brillo particular por su sudor y al girarse con rudeza, notó en su escritorio una caja con una nota en particular.

Intrigado, se acerco hasta el mueble y tomo la nota sobre la caja. Al abrirla, la bella caligrafía en su interior revelo su contenido:

-"Que disfrutes estos obsequios, como disfrutas observar a tu amiga amazona todos los atardeceres"

Leo hizo conexión de inmediato con sus pensamientos. Alguien le había estado espiando a él y a su amiga Marín durante sus encuentros por un largo tiempo. Pero, ¿quién?

Apreso la nota en su puño con duda y abrió la caja. En el interior, una revista con imágenes de jovenes semi desnudas le sorprendió. Tomo la revista en sus manos y la hojeo rápidamente. Bufó molestó al ver su contenido y aventó la revista irritado hacia la esquina mas lejana de su habitación, lleno de furor. Había sido una broma, una "muy" estúpida y mala broma. Aioria sin duda se las arreglaría para averiguar el remitente de tal paquete, pero por lo pronto trataría de calmar su calor personal tras el entrenamiento con una fría ducha.

Aioria se abrio el cierre del pantalón y dejo caer sus pantalones exponiendo su figura marcada de dios griego a plenitud. Luego entonces, avanzo hasta su baño contiguo de su recámara y abrio la llave de su bañera, permitiendo que su cuerpo se atemperara con el agua fría. El griego dejo que el agua le escurriera los mechones mojados en el rostro y mientras se sostenía recargado en la pared embriagándose de la apaciguadora sensación, cerro sus ojos y comenzo a divagar en su mente.

Algo era cierto, "alguien" le había descubierto mirando descaradamente el cuerpo de su compañera y amiga amazona a distancia mientras ella entrenaba o incluso durante sus charlas. Y no lo hacia por morbo como muchos otros aprendices y caballeros, si no honestamente por curiosidad.

La realidad era que el joven Aioria además de pensar en la forma de vengar a su hermano y convertirse en el mejor santo de su generación, en sus ratos libres había comenzado a pensar en las amazonas. Si, a veces pensaba curioso, en lo enigmática que le parecia su amiga de Japón y todas las de su género. Tan diferentes a ellos, los caballeros. Era rudas pero al mismo tiempo delicadas como flor, justo como su amiga japonesa. Pensó en ella un instante y su pasado.

Aioria y Marín se habían conocido tan solo siendo unos niños y con el cuerpo de tales, pero con el tiempo, todo cambio. Marín comenzo a desarrollar sus finas formas femeninas definidas por sus entrenamientos y él, él a veces tenía "extrañas" reacciones en su cuerpo al verla que solo apaciguaba con baños de aguas frías, como aquellas que ahora le acariciaban. Tenía curiosidad, sinceramente quería conocer un hermoso cuerpo femenino y percibir a plenitud la belleza que era, aunque no de aquella manera como se lo "habían" sugerido a través de la broma, si lo con alguien que él admirará y en efecto, le quisiera como creía que era correcto.

Cerró la llave del agua y se dejo caer hasta los pies de su bañera, sentado con el agua cubriendo sus rodillas, y recosto su cabeza en el filo de la tina, relajandose.

Luego entonces, suspiro profundo y cerro sus ojos, divisando en su imaginación el cuerpo de su amiga mas cercana, pues era la que mas bonita le resultaba de sus compañeras de orden y le mantenía un cariño especial.

¿Cómo seria la piel debajo de su leotardo?, se pregunto y en instantes su cuerpo comenzo a reaccionar a inconsciencia. ¿Y su piel, sería color durazno o tendría ese color luna que había podido ver a través de la desnudez de sus hombros?

Involuntariamente una de sus manos bajo lentamente por su pecho pasando por las líneas gruesas de sus músculos e hizo lo que hasta entonces se había prohibido a si mismo. Llego a la altura de su vientre y se acarició su encendida virilidad. La sensación lenta del roce su piel con su mano bajo el agua le revolvió los sentidos. La sangre bombeaba a su cabeza presurosa por sus venas, llenándolo de cosquillas enloquecedoras y calmantes que le llenaban de paz con tan solo una caricia. Luego entonces, con su mano libre se acarició el cuello, pasando su mano por el hueso en forma de manzana en su garganta e imaginó que era besado mientras se acicalaba el cuerpo con vehementes movimientos sobre sus piernas. Aioria se inundo en su universo placentero de cosquillas, perdiendo la razón ante la deliciosa y nublante conmoción que el mismo se provocaba con sus fantasías personales. Todo se sentía tan bien que eclipso de perdición.

El santo gruño con fiereza al sentir que pronto su suplicio de ansiedad terminaría, como todo un león embravecido, haciéndole suspirar ansioso y fruncir los ojos en aquella cálida y vaporosa habitación. Su cuerpo se arqueó cuando su esencia se derramo y desvaneció entre las aguas, calmando aquellos deseos en su cuerpo y relajando cada músculo de su piel. Su mágica caricia le había llevado al cielo.

Leo tras quedarse relajado unos minutos en aquella tina, se levantó de ella y busco una toalla para cubrirse la cintura. Avanzo con su silueta goteante hacia su cama fuera del baño y confundido se echo sobre las sábanas dejando estampada su húmeda presencia al caer. Luego entonces, Aioria observo al techo con sus hermosas esmeraldas confundidas y se pregunto a si mismo si lo que había hecho había sido era correcto...pensar de aquella manera en su compañera, el explorarse las sensaciones de su cuerpo a voluntad, calmar sus deseos de placer, ¿acaso era normal para un joven como él que eso sucediera?.

A veces odiaba que Aioros no le hubiese hablado al respecto, en esas ocasiones le necesitaba tanto como apoyo.

-Mi señor...-una voz femenina irrumpió su calma y reflexión. El santo se levantó sorprendido sobre las sábanas de su cama y observo a una bella doncella pelirroja de ojos sol, ataviada con un vestido blanco y joyas preciosas, en el interior de su habitación. Sin miramientos, la doncella comenzó a acercarse hacia él, deslizando ligeramente por los hombros aquel vestido griego que portaba ante su ojos brillantes e incrédulos. Leo entonces comprendió que esa era la presencia que había irrumpido su privado y había dejado la caja en su mueble.

-¿Quién eres, qué haces aquí?. -soltó confundido el rubio.

Ella le sonrió amable y hasta un tanto inocente. -Soy un regalo del señor Arles, me ha pedido que le trajera esa caja y pasara la noche a su lado.

Ahora entendía como no había podido sentirla. Arles le había ayudado a ocultar su presencia en su Templo.

Aioria se levanto de la cama, arrugando la cara llena de ira al conocer al remitente de "los presentes" durante ese día y avanzo hasta la doncella antes de si quiera ella pudiera deslizar completamente su vestido, sosteniéndole de los hombros.

-Yo no deseo ningún regalo ahora, así que vete. -sentencio Leo con frialdad. Ella le negó con la cabeza.

El santo con fiereza hizo girar a la doncella a pesar que ella se resistía a abandonar el Templo y la jalo de su muñeca hacia el exterior. No lo aceptaría.

- ¡Por favor señor Aioria, es una orden de mi superior!

-¡No me importa!- sentenció Leo obligándola a avanzar a su ritmo por los pasillos de Leo.Y una vez en la entrada de su Templo, la soltó.- ¡Vete!

El santo se dio media vuelta ante la mirada atónita de la doncella y volvió a su habitación con suma ira sin si quiera volver la mirada atrás. ¿Cómo se atrevía Arles a burlarse de si de aquella manera, acaso quería verlo estallar o era una manera de burlarse aún mas de su dignidad y la de su hermano?.

Leo apretó sus puños, furioso. No veía el dia de reivindicarse y ganar su propio respeto y el de la memoria de su hermano.

Los suspiros antes relajados de Leo se hicieron pesados y profundos. Estaba frustrado. Ahora lo sabía, debía ser cuidadoso a cada paso, Arles conocía sus más grandes secretos y no dudaría en usarlos en su contra. Él como un felino protector, protegería a su única aliada en aquel lugar y sobretodo, jamás se dejaría humillar, no de aquella manera pues si el felino conocería el amor, lo haría a su tiempo y con quién él deseará.

Maldijo por debajo a Arles, se echo en la cama y pensó al menos por esa tarde, descansar. El tiempo le haría justicia y le haría vengar aquel osado acto.

-x-

Diez años más tarde.

Sobre una cama, el caballero de Leo sujetaba con su silueta desnuda bajo una sábana a una femenina y frágil figura.

-¿Estas segura?- pregunto Leo a su amada bajo su abrazo. Ella le sonrió tímida y le arrebato un fugaz beso.

-Se gentil, es mi primera vez.

Él sonrió con las mejillas encendidas, acompañadas con sus anhelantes suspiros antes de reclamar su cuerpo. -Lo seré, también es la mía.

Un "te amo" selló aquella unión de esos amantes explorándose la piel primera vez, por fin ambos eran uno mismo. Leo jadeo satisfecho ante su reclamo, había valido la pena esperar a que "ella" fuera la primera que le permitiera entregarle su amor. Su amada y su más grande amor. Había hecho lo correcto, esperar por ella.

Continuará...

Gracias por leer, ustedes imaginen o decidan con quien Aioria perdió su virginidad al final, no necesariamente tiene que ser el Águila, puede ser cualquier chica, esto es a libre criterio.( Ese Aioria es un loquillo) Y sin más, me despido, gracias lectorcitos.