Pido perdón por la larga demora en la actualización, pero la verdad es que me distraje y me enfoqué en otras cosas dejando de lado la continuación de esta historia.

En fin, después de más de un mes (casi dos) finalmente les traigo el tercer capítulo :)

Tal como lo prometí este capitulo contiene LEMON así que absténgase de leer aquellas personas a las cuales esta categoría no les agrada.

Espero sus comentarios con muchas ansias, de verdad que me hacen muy felices y me animan a escribir con mayor rapidez ante la emoción de saber que hay personas interesadas en saber cómo continuará la historia, dónde está Neji y qué pasará con estos dos calenturientos adolescentes que juegan con fuego.

Sin más, les dejo leer, espero que les guste.

Sólo para que se queden tranquilas y ansiosas de más, les cuento que Neji NO está muerto, sólo que todavía no aparece en la historia... pero ya pronto vendrá a cambiar el mundo tranquilo de Sasuke y a hacer temblar el suelo de Tenten.

Pásense por mi profile, Vistoria dio señales de vida :)

P/D: Si desean más escenas íntimas y sexuales entre Sasuke y Tenten, no tengan miedo de pedirlo. Incluso acepto sugerencias de aquello que les gustaría leer.


3 -. Tardes entretenidas.

A pesar de ser sólo el inicio de la semana, el centro comercial se encontraba bastante poblado a esa hora de la tarde, pero a ellas no les importaba en lo más mínimo que algunas personas las observaran con el ceño fruncido al verlas caminar riendo tan sonoramente como estaban acostumbradas, rompiendo con la normalidad que el mundo aceptaba, enganchadas del brazo, animadas, sonrientes y satisfechas de las compras que cargaban con su mano libre.

Luego de terminado el entrenamiento y tal como lo habían acordado, se dirigieron rápidamente a sus casas para cambiarse la ropa deportiva y darse una ducha antes de partir rumbo al principal centro comercial de la ciudad para efectuar las compras que Temari tenía en mente. Se divirtieron y rieron pasando a las tiendas sólo para probarse ropa que nunca podrían comprar; eran dos adolescentes que todavía dependían de sus padres por lo tanto sus presupuestos se basaban en el forzado ahorro más alguna regalía por parte de sus progenitores, aun así lo pasaban bien desfilando atuendos estrambóticos de ropajes que no sabían si alguien tendría la valentía de usar.

―¿Helados? ―sugirió Temari sonriendo a la par que movía sus cejas sugestivamente.

―Me encantaría ―respondió la castaña con una sonrisa alegre.

Sus pasos se dirigieron rápidamente a una de las heladerías del lugar, para luego de realizada sus elecciones sentarse en alguna de las mesas disponibles.

―Supongo… ―comenzó Temari pareciendo casual. Llevaba mucho rato aguantándose las preguntas―, que lo que te compraste es para alguien especial… ―y sonrió macabramente.

―Nop ―negó la aludida tranquilamente mientras saboreaba su helado―. Son para mí ―argumentó―. Sabes que me gusta mucho la ropa interior…

―Sí, lo sé ―confirmó sin dejar de sonreír―, pero el conjunto que compraste es demasiado sexy para guardártelo sólo para ti…

―Puede que se lo muestre a alguien más… ―declaró sonriendo traviesa dándole una sugerente lamida a su helado.

Ambas estallaron en sonoras carcajadas.

Se conocían desde toda la vida, literalmente. Sus madres habían sido amigas desde la juventud, para luego al tener novios y comprometerse, prácticamente obligar a estos a hacerse amigos también. Desde el útero habían estado juntas, teniendo sólo unos meses de diferencia en sus nacimientos, vivían distanciadas por media calle y nunca, nunca se habían separado. Conocían todos sus secretos, pensamientos e incluso a veces creían que estaban mentalmente conectadas. Desde muy pequeñas fueron consideradas como un par de esos gemelos malvados ―incluso cuando no se parecían físicamente en nada― debido a que siempre se metían en problemas o hacían travesuras juntas y desde el jardín de niños (o antes)jamás habían logrado separarlas sin que se pusieran a llorar.

Se conocían completamente, se comprendían y se apoyaban, porque aparte de su larga amistad ambas también compartían una vida parecida: tenían dos hermanos hombres recelosos y sobreprotectores que siempre estaban molestándoles y un padre que se transformó también en madre. La mamá de Temari murió dando a luz a su hijo menor: Gaara, mientras que la de Tenten falleció en un trágico accidente automovilístico cuando ésta tenía cinco años.

De alguna forma se tenían como la referencia femenina una de la otra, dándose el apoyo, brindándose el cariño de amigas que con los años se hacía más intenso.

Eran tan desiguales físicamente, Temari era alta, pero su cuerpo no era menudo y poco desarrollado como el de la típica modelo de referencia, todo lo contrario: era voluptuosa, con curvas pronunciadas y provocativas, todo puesto en su lugar de la forma precisa y exacta, como si hubiese sido hecha a mano, decían algunos. Poseedora de unos llamativos ojos verdes y un cabello rubio oxigenado (nada natural); una belleza exuberante que llamaba la atención de muchos hombres. Demasiado desarrollada para su corta edad.

Por su parte Tenten era mucho más pequeña que su mejor amiga, con el cuerpo más menudo y menos llamativo, aunque sí agradecía haber heredado el prominente par de tetas de su madre, para así tener algo que lucir, según ella. Sus piernas cortas y su trasero se habían forjado gracias al duro entrenamiento deportivo que había realizado desde pequeña debido a su fascinación por los deportes, particularmente por el vóleibol. Sus ojos eran de un color café chocolate bastante común, aunque a veces variaban de tonalidad dependiendo del clima, su cabello era de color castaño natural, demasiado largo para el gusto de su mejor amiga y muy desordenado. Tenten no era tan exuberante y llamativa como Temari, pero incluso así era considerada bonita por varios chicos. Aunque lo que más le gustaba y satisfacía (subiendo su autoestima) era cuando su padre, con todo el cariño paternal que poseía al considerarla su princesa, le decía que era la más linda del mundo.

Eran muy diferentes físicamente, pero el conjunto que creaban llamaba la atención de muchos.

―Sabes… ―comenzó Tenten mirando algún punto indefinido sobre la superficie de la mesa―. A veces me asustó de mi misma…

―¿Cuándo te miras al espejo y ves esa mata de pelo que tienes? ―bromeó Temari.

―No ―negó sin ofenderse por los dichos de la rubia―. Cuando no puedo controlarme…

Temari frunció el ceño sin entender. ―¿A qué te refieres?

―Me asusta no poder controlarme respecto al sexo ―esa conversación la habían tenido otras veces, pero insistía abordándolo de manera distinta―. ¿Es normal que me guste tanto?

Sin poder evitarlo, la receptora del mensaje estalló nuevamente en sonoras carcajadas producidas por las palabras y el rostro lleno de falsa inocencia con que la miraba su mejor amiga.

―¿Y qué tiene de malo? ―cuestionó divertida―. Debes pensar que quizás en unos años más estaremos secas por falta de sexo. Debemos aprovechar ahora que tenemos un pene dispuesto para nosotras… después andarás quejándote del tiempo que llevas sin tener sexo…

―Pero… ―comenzó con algo de duda―. ¿Es normal a nuestra edad? Sólo tenemos diecisiete y al menos yo cuando veo a Sasuke en lo único que pienso es en lanzarme encima de él ―reconoció sin una pizca de vergüenza―. ¿Será normal? ¿Las demás chicas sentirán lo mismo después de conocer el sexo?

―No lo sé, ni me interesa ―se encogió de hombros la rubia―. Todas las otras chicas son unas mojigatas que se escandalizan cuando oyen la palabra pene o sexo… incluso hasta vagina, cuando se supone que todas las mujeres tenemos una ―sentenció con dureza―. A mí también me gusta mucho el sexo ―reconoció como tantas otras veces―, y no me avergüenza que me guste, lo disfruto mucho y no me importa lo que los demás piensen o digan sobre mí ―volvió a encoger los hombros desinteresada―. Además… deberías sentirte la reina del universo al ser la única chica que se folla salvajemente al pesado y asexuado de Sasuke.

―Créeme que de asexuado no tiene nada ―comentó Tenten mordiéndose el labio inferior al tiempo que dejaba a su mente ser consumida por placenteros recuerdos.

Temari volvió a reír al ver el rostro de su amiga.

Siempre recordaba con diversión aquella fiesta meses atrás en la que su mejor amiga apareció de la nada, con apariencia descolocada comentándole sin creerse sus palabras que acababa de follar con Sasuke.

Hasta donde sabía ella era la única persona que sabía de los secretos encuentros sexuales de Sasuke y Tenten, y como mejor amiga guardaba recelosamente el secreto, aunque eso no significaba que nunca hablaran del tema; tenían tanta confianza una por la otra que los detalles de sus encuentros sexuales no provocaban la más mínima vergüenza al ser compartidos.

―Tú también debes sentirte reina del universo ―recordó Tenten volviendo de su ensoñación―. Eres la única que despierta algún tipo de interés en el flojo de Shikamaru.

Volvieron a reír estruendosamente.

Muchos sospechaban que la relación que compartía con Shikamaru Nara iba más allá de los constantes reproches por parte de ella y la categorización del chico como "mujer problemática", pero nunca nadie había confirmado nada y sólo quedaban en rumores desmentidos por sus constantes peleas. La única que sabía que desde el año anterior estaba teniendo sexo con Shikamaru era Tenten.

Continuaron conversando, riendo y bromeando respecto a sus relaciones poco decorosas hasta terminar sus respectivos helados y decidir volver a casa.

Cuando Tenten llegó a su hogar su adorado padre ya tenía terminada la cena, tomando rápidamente asiento en la mesa de la cocina y disfrutando de la comida en compañía de sus hermanos y su padre como lo hacían diariamente. Comentaban acerca de su día; de las cosas que habían hecho, de lo que no, reían y se acompañaban como acostumbraban.

Luego de terminada la cena y dejando entre todos ordenado, se dirigieron a la sala en donde dejaron de preocuparse por el correr de las horas jugando con la Wii. Finalmente Tenten cayó rendida después de un largo día en el colegio, acompañado de un exhaustivo entrenamiento, una tarde de compras y la infaltable entretención familiar.

Fue a medianoche cuando Sasuke asumió finalmente que ella no se conectaría a Facebook.

Los miércoles eran el día favorito de Sasuke dentro de la semana. La razón de esto recaía en que ese particular día Itachi tenía clases hasta tarde, su madre estaba en el consejo semanal de profesores hasta las seis de la tarde y luego se reunía sagradamente cada miércoles con su esposo para ir a cenar a algún restorán acudiendo posteriormente a cualquier evento o actividad de ocio que se les presentara, siguiendo la tradición adoptada durante su matrimonio de dedicarle tiempo al romanticismo y a no perder la magia que los mantenía unidos. Oportunidad en la que los inocentes hermanos Uchiha tenían a su disposición durante algunas horas el hogar familiar para así realizar algún tipo de acción prohibida por sus progenitores. En especial el menor quien estaba completamente solo hasta aproximadamente las siete de la tarde que era cuando Itachi llegaba de la universidad, acompañado de su novia la mayoría de las veces.

Miraba ansiosamente el reloj que con su molesto y constante sonido le avisaba que pronto serían las cinco de la tarde. Fruncía el ceño cada vez que el minutero estaba más cerca del doce, preguntándose internamente si ella le había hecho falsas ilusiones con eso de presentarse en su casa durante la tarde.

Después de sentirte ofendido y enojado al comprender que Tenten simplemente aquella noche no se conectaría a Facebook sin siquiera tener la decencia de enviarle un puto WhatsApp para que él no se quedara como idiota esperándola, tomó de infantil decisión de ignorarla más de lo habitual durante el día martes, prometiéndose a sí mismo que no caería en la tentación ni sedería a su necesidad de sexo, jurándole a su reflejo que aquel día no la buscaría ni se le insinuaría para tener algún rapidín escondidos en cualquier parte. Terminada la jornada escolar y ya en su casa, sintió ganas de aplaudirse por su enorme fortaleza de no ceder ante sus instintos que afloraban cuando ella estaba cerca. Pero a cierta hora del día en la cual ya casi sucumbía a la tentación de calmar a solas su necesidad, un inesperado mensaje lo hizo casi saltar de alegría (obviamente no lo hizo) al imaginar lo que se avecinaba.

Cuando se dio cuenta, las ansias lo tenían mordiéndose las uñas. Necesitaba con urgencia algún tipo de terapia para calmar su desesperación por follar. No lo comprendía, realmente no sabía de dónde venían esas ganas constantes de tener sexo a cada momento del día, sin importar el lugar ni nada; sólo follar, follar y seguir follando con Tenten. ¿Por qué? No lo sabía, pero quizás cuando en su vida adulta debiera acudir al psiquiatra, éste le diría que sí, que era uno de esos tipos que no podían vivir sin el sexo, que pensaba al menos cuatro veces por minuto en el coito y que era enfermamente adicto a la masturbación y al porno.

Pero eso sería después, en sus cuarenta y tantos, ahora sólo quería hundirse salvajemente en Tenten.

Al escuchar los golpes en la puerta quiso correr para abrir, tomar a la chica y sin importarle nada follársela ahí mismo, pero se dio cuenta que parecería un desesperado, por lo cual optó por respirar varias veces profundamente y así serenarse, tomándose posteriormente su tiempo para alcanzar la puerta y abrirla con total desgano, recordando que debía aparentar indiferencia luego de lo que le había hecho, pero al verla se sintió completamente consumido por ese deseo intenso que siempre se presentaba cuando la veía.

Tenten le sonrió a modo de saludo, él por supuesto no devolvió el gesto, invitándola a pasar con un movimiento de cabeza. Cerró la puerta con normalidad y luego se volteó para encararla, ella seguía sonriendo sin decir nada y eso lo exasperó. Pensó que quizás lo recompensaría con algún tipo de caricia o lo motivaría con alguna vestimenta llamativa para compensar el total desinterés expresado el martes y parte del miércoles además del abandono del lunes, pero nada. Llevaba su típico abrigo negro que le llegaba poco más arriba de la rodilla, medias del mismo tono y las botas que no se sacaba nunca: nada novedoso. Alzó una ceja.

―¿Quieres algo? ―ofreció caballerosamente. No podía tomarle la mano y llevársela directamente a la habitación, aunque ganas no le faltaban.

―No ―negó ella dedicándole otra sonrisa―. La verdad es que estoy un poco ansiosa por mostrarte algo.

―¿Te tatuaste mi nombre en una teta? ―sugirió él a modo de broma, sonriendo burlonamente.

―No, en el culo ―respondió ella y Sasuke sintió que toda su molestia lo abandonaba.

―Pues bueno… no eres la única ansiosa― reconoció finalmente tomándola de la cintura tirando de ella para apegarla a su cuerpo―. No tenemos mucho tiempo…

―Lo sé… ―susurró la chica antes de besarlo.

Siempre tenía el pensamiento y el deseo de querer comerse a Tenten a través de sus besos. No sabía por qué exactamente, pero le gustaba besarla. Mucho. Creía que podría pasar largas horas besándola y no se aburriría. Por supuesto que había besado a otras chicas antes, pero nunca de aquella manera; era como una adicción que no terminaba de agradarle porque se sentía vulnerable, inquieto y le ofuscaba no encontrar la razón de su gusto por ella, siendo que existían chicas mucho más guapas y follables y él no debería esforzarse por tenerlas, pero la mayoría de ellas habían perdido la gracia, ninguna lograba prenderlo tanto como Tenten y hasta ese momento no sabía por qué. Ni le interesaba saberlo.

La fricción entre sus cuerpos aumentó, sus manos viajaban enloquecidas por distintas partes y la ropa estorbaba en demasía; el calor de la sala era asfixiante. Tenten se separó de él, con la respiración agitada y los ojos brillantes. Rápidamente se quitó el abrigo que llevaba, dejándolo caer sin cuidado mostrando así el vestido que con esmero había escogido para ese día; no era nada muy atrevido, más bien simple: le llegaba a mitad de muslo y era blanco con extrañas flores negras estampadas por doquier, una hilera de grandes botones en el mismo color partía en el escote y hasta el final de la tela. Sasuke ni lo miró por segunda vez, lo único que le interesaba era lanzarse sobre ella nuevamente y devorarla. Volvieron los besos ansiosos, desesperados, con mucha lengua y saliva, con el oxígeno robado y la sangre fluyendo como lava volcánica por las venas. Las aventureras manos del chico no dudaron ni un segundo en inmiscuirse por bajo la falda y tocar un poco de piel; su tacto necesitaba con urgencia saciarse de aquella piel suave y ardiente, pero nada más apretar sus glúteos se encontró con algo que no había sentido allí. No sabía exactamente qué era. Sabía que no se trataba de sus bragas, lo que tocaba más bien se sentía rígido, delgado y atravesaba en forma vertical ambos lados del trasero de Tenten. Se separó escasos centímetros de los labios femeninos, mirándola confuso y exigiendo una respuesta. Creyó por unos instantes que ella se había colocado una especie de trampa o prueba que hiciera más difícil desnudarla.

―¿Vamos a tú habitación? ―propuso sonriendo de aquella forma en que sólo ella podía. Mordió su labio inferior.

Él no respondió, ni siquiera lo pensó.

Cerró la puerta de su santuario de (no) virginidad de golpe, desesperado y caliente, mirándola fijamente expectante. Ella parecía tranquila, gozando del momento de saberse superior, conocedora de la anhelosa calentura que siempre embargaba al Uchiha, disfrutando de torturarlo, de jugar un rato antes de culminar con el único motivo que los llevaba a buscar momentos para reunirse en secreto.

Se acercó unos pasos hacía el calenturiento adolescente, inclinándose en la punta de sus pies para besarlo, apenas un roce leve, de aquellos que los prendían a ambos. Apoyó sus palmas sobre el pecho aún cubierto por la camiseta traspasando el calor de sus extremidades a través de ésta, lo empujó un poco en dirección a la cama antes de volver a besarlo, con más profundidad y calma, incitándolo e intentando apaciguarlo, invitándolo a participar un poco del juego. Continuó con la siguiente parte de su plan, tomando los bordes inferiores de la prenda superior de Sasuke hasta quitársela. Él suspiró fuertemente al sentir el tacto caliente de ella sobre su piel expuesta, de manera lenta, frotándose por sobre sus hombros desnudos, el largo de sus brazos, subiendo y bajando consecutivas veces, prolongando el momento, enloqueciéndolo. Tocó luego su pecho, sus tetillas, con la misma calma desbordante que lo torturaba, deslizándose hasta su vientre, palpando su ombligo y el inicio de sus caderas levemente marcadas por el deporte. Jugueteó con el escaso vello que comenzaba en su ombligo y se perdía bajo sus pantalones. Jadeó desesperado cuando ella alcanzó la pretina de su pantalón entreteniéndose allí hasta quitar finalmente el cinturón por completo. Sus miradas no se despegaban ni por un segundo, hasta que él se vio en la urgencia de observar las manos de la chica que con lentitud se hacían paso entre los botones de sus vaqueros. Reprimió el gemido de sorpresa al sentir que sus pantalones eran deslizados con rapidez por sus piernas.

No hubo siquiera tiempo de comentar algo, sólo sintió el fuerte empujón que lo llevó a quedar prácticamente recostado sobre la cama. La miró impresionado, pero Tenten le sonreía coqueta sin darle tiempo para preguntas, tomando una de sus piernas y despojándolo de su zapatilla, misma acción realizó con la otra extremidad, hasta que finalmente lo dejó vestido únicamente con el bóxer que reprimía su creciente erección. De espalda sobre la cama, a medio sentar, apoyándose sobre los codos y con ambos pies plantados en el suelo, la observó inquieto y expectante, exigiendo a través de sus ojos la respuesta a su comportamiento, pero Tenten sólo le sonreía.

Las interrogantes quedaron atoradas en su garganta cuando vio que Tenten, sin apartar su mirada de la de él, empezaba a desabotonar uno por uno los grandes botones negros del sencillo vestido que llevaba. El joven Uchiha siguió con sus ojos los movimientos de aquellas manos con dedos torcidos producto del deporte que practicaba, hasta que ella terminó su labor y dirigió sus extremidades hasta los bordes del vestido, comenzando a quitárselo de manera lenta y detallada. Los oscuros ojos de Sasuke brillaban intrigados y ansiosos, desesperándose levemente por la lentitud con la que ella se desvestía.

Su garganta se secó y debió obligarse a pasar saliva varias veces una vez que la prenda quedó olvidada en el suelo. Sus ojos recorrían de pies a cabeza una y otra vez la figura femenina plantada frente a él y es que realmente no podía creer lo que observaba. ¡Era como una de aquellas fantasías eróticas que se negaba a aceptar!

Tenten tenía puesto un conjunto de ropa interior similar a aquellos que poseían los maniquís en las tiendas de lencería; completamente de encaje traslucido en color negro y el azul contrastando en los bordes. Sus senos alzados por la prenda superior dejaban expuesta la mitad de aquellos blancos y tersos montículos, mientras que las finas tiras de la braga rodeaban sus caderas perdiéndose en la parte trasera que aún no contemplaba totalmente. Pero aquello no era todo, un poco más arriba de las bragas y por debajo de su ombligo, otra pieza de lencería se extendía alrededor de su cuerpo y luego bajaba en sendas tiras elásticas hasta calzar en broches con los bordes de las medias negras que llegaban hasta la mitad de los muslos tonificados por el deporte. Aquello era un liguero, él lo sabía (no era tan idiota) los había visto anteriormente en películas y en revistas. Siempre los encontró llamativos, pero ahora eran hermosos y provocadores si los veía a un par de centímetros de distancia. Su entrepierna dio un respingo haciéndole saber que lo que veía era de su completo agrado. Más que eso: le encantaba.

La chica al darse cuenta de la forma en que su compañero de travesuras la observaba, sonrió complacida y mordió su labio ante la nueva idea que atravesó su perverso cerebro. Lentamente comenzó a girar para darle al chico una vista más panorámica de su atuendo, deteniéndose deliberadamente al darle la espalda. Torció la cabeza sobre su hombro al sentir la mano caliente que se posaba sobre uno de sus glúteos y lo apretaba con fuerza.

―¿Te gusta? ―cuestionó traviesa sabiendo de sobra la respuesta.

―¡Debo hacerte unas fotos! ―exclamó él sin dejar de mirarle el culo―. Tengo que tener una prueba que esto realmente pasó…

Soltó una ligera risa al verlo manotear sobre su buró en busca de su teléfono móvil. Con el tiempo había descubierto que Sasuke Uchiha tenía un especial interés por la fotografía, sólo que él nunca se había dado cuenta que siempre andaba tomando fotos de distintas situaciones. A ella no le molestaba que la fotografiara con ese atuendo, es más, la idea le parecía tentadora y excitante al imaginarse los propósitos que tendrían a futuro aquellas fotografías.

Utilizando su móvil (que tenía una excelente cámara fotográfica) se encontró capturando distintas partes del cuerpo femenino ataviado en tan sensual vestimenta: su trasero cubierto mínimamente por aquella diminuta prenda que terminaba perdiéndose entre sus glúteos, sus piernas con medias y portaligas, sus senos voluminosos, caderas, cuerpo completo, su largo cuello, su espalda media cubierta por su desordenado cabello. Realizó todas las tomas que se le antojaron y es que más allá del deseo que verla así pudiese despertar en él, el cuerpo femenino de plano se le antojaba sumamente bello, sensual y artístico. Más todavía cuando él era el único que podía disfrutar y presenciar de tal espectáculo.

La tomó de las caderas y la atrajo a sí, dejando por un momento su teléfono de lado, besando su vientre y mordiendo la piel descubierta que quedaba entre las bragas y el liguero. Sus manos viajaron hasta los glúteos de ella y los amasaron con fuerza, regodeándose con la suavidad de la piel de aquella zona. Los dedos pasaron a deslizarse por sobre la textura de la tela, recorriendo la forma de la prenda y tirando del elástico que rodeaba las caderas. Su boca, tentada por lo que sentía, fue a dar sobre el mismo elástico que instantes antes había tirado con sus dedos, tomándolo entre sus dientes y deslizándolo levemente, sin querer realmente retirar la prenda. Tenten suspiró complacida sin quitar los ojos de los movimientos del chico, profiriendo un quejido de sorpresa cuando él volvió a tirar de su cuerpo quedando completamente recostada sobre el cuerpo masculino encima de la cama.

Se besaron lenta y profundamente, acariciando sus labios, saboreándose, jugueteando con sus lenguas y acariciándose complacidos. Las manos de Sasuke viajaban por el cuerpo femenino como si no lo conociera, recorriendo el largo de sus espalda, la curvatura final y luego su trasero, apretándolo contra él para intensificar el choque entre sus caderas. Los senos se aplastaban contra su torso y las manos de ella viajaban por su cuello, sus hombros y subían de golpe para enredarse en su cabello. Las respiraciones se volvieron más agitadas y el joven Uchiha se detuvo, deseando cumplir un último gusto antes de ya no poder controlarse a sí mismo.

La tomó de forma precisa, volteándola de un movimiento y dejándola de espalda sobre la cama. Rebuscó su celular hasta que dio con él y se posicionó más cerca quedando de tal manera que las piernas abiertas de ella rodeaban sus caderas y sus entrepiernas se rozaban provocativamente. Configuró la cámara y se dedicó a tomar nuevas fotografías.

La imagen de Tenten sobre la cama, con el cabello esparcido por sobre el colchón, los labios entreabiertos y las mejillas arreboladas se le tornó tremendamente erótica. Capturó una secuencia de esa toma y luego él mismo deslizó con sus dedos la tira del brassier por el brazo de la chica destapando en el proceso parte de su seno. Hizo otras fotografías hasta que Tenten comenzó a quejarse de pronto avergonzada, cubriéndose con ambos brazos parte del rostro brindándole así una nueva toma, que consideró aún más sensual. Finalizó la sesión fotográfica con algunas inmortalizaciones del choque entre sus entrepiernas todavía cubiertas por la ropa interior, pero no pudo evitar pensar que la imagen de su marcada erección escondida tras su calzoncillo rozándose contra la intimidad de la chica cubierta por aquella sensual prenda, era simplemente erótica y digna de mantener a la posteridad. Cuando ella comenzó a mover las caderas aumentando la fricción, no pudo contenerse más.

Dejó el teléfono olvidado y volvió a los labios de ella, utilizando sus manos para deshacerse de la prisión de su erección, corriendo un poco la delicada tela de la braga y hundiéndose completamente en ella de una sola estocada. No tenía intención de quitar aquellas diminutas prendas que lo llevaron al punto del no retorno.

Nunca pensó que una simple imagen así de provocadora podría ponerlo a mil, pero comprobó que su nivel de excitación era inimaginable y eso que ni siquiera estuvieron acariciándose y tocándose durante mucho tiempo; sólo verla así le produjo la necesidad irrefrenable de querer penetrarla una y otra vez hasta hacerla gritar de placer.

Su ritmo se tornó constante, suspirando sonoramente a medida que su pene entraba y salía de ella, robándole placenteros quejidos de sus labios entreabiertos. Tenten lo miraba fijamente con sus grandes ojos del color del chocolate brillantes mientras le acariciaba la espalda, la cintura, las caderas y el trasero, cruzando sus piernas tras la espalda para atraerlo más a su cuerpo, elevando las caderas de manera automática con el objetivo de intensificar el choque entre sus intimidades. Sasuke se sostenía con sus brazos y manos apoyadas sobre la superficie de la cama, sin dejar de mirar y admirar cada uno de sus gestos. El sudor empezó a acumularse en el nacimiento de su cabello y frente debido al esfuerzo que hacía por mantenerse firme y constante en sus movimientos, pero la fricción de su cuerpo contra el de ella no le ayudaba, más si sumaba la humedad y estrechez de aquella zona que invadía, la cual lo recibía como un guante. ¡Mierda! Nunca se había sentido tan duro, tan necesitado de ella, su pene clamaba por liberarse pronto. Y es que las sensaciones lo consumían completamente, su excitación llegaba a niveles insoportables y lo quería todo; todo lo que ella le pudiese dar, pero primero debía hacerla estallar.

Dejó de soportarse con sus manos dejándose caer sobre el cuerpo femenino, el cual lo recibió con un quejido de lujuria. Uno de sus brazos viajó hasta la espalda de la chica, en la zona intermedia entre la cintura y las caderas, alzándola e intensificando su penetración. Tenten gimió y él se dedicó a acelerar el ritmo de sus embestidas, cada vez más duro y profundo, logrando que ella lo buscara con las caderas recibiéndolo en cada nueva estocada, retorciéndose bajo su cuerpo presa de la delirante pasión que los envolvía. El Uchiha intentaba soportar un poco más, tenía que esforzarse para que fuese ella quien alcanzara primero el orgasmo, pero la sensación de los turgentes senos de ella aplastándose contra su pecho y el intenso choque entre sus caderas no lo ayudaba mucho. Jadeó extasiado, mordiendo el cuello de la chica robándole así un gemido glorioso, aumento aún más el ritmo y pronto la sintió estremecerse entera prueba indudable del clímax alcanzado. Entonces se dejó ir.

Cayó rendido sobre el cuerpo de la chica, sin preocuparse por su aplastarla con su peso. Jadeaba complacido. No había sido el acto sexual más largo de su corta vida, pero no podía negar que sí había sido el más satisfactorio, y por la forma en la que ella respiraba agitada, con la frente perlada de sudor y el gemido glorioso que confirmó su orgasmo, podía asumir sin temor a equivocarse que ella también había sentido lo mismo, o algo similar. Quedó recostado boca abajo sobre la cama, muy pegado al cuerpo sudoroso de su compañera, con las piernas colgando y todo su ser totalmente relajado víctima del orgasmo recién experimentado. Ladeó la cabeza observándola y sonrió orgulloso.

―¡Joder! ―fue lo único que logró expresar en un susurro entrecortado la castaña―. Eso fue…

Y rió.

Para Sasuke aquella tenue risa provocó un estremecimiento general, transformando su sonrisa en una más pronunciada, genuina, pocas veces vista en él quien se esforzaba siempre por no sonreír de manera sincera. Afortunadamente ella no lo veía.

―Espero hayan muchos más atuendos así ―susurró contra el oído de la chica, inclinándose levemente para observarla desde arriba. Tenten le sonrió mirándolo.

―Ya quisieras…

Y se besaron. Largo y pausando, comiéndose a través de aquellos besos a los que en secreto se habían acostumbrado, disfrutando de la lengua y boca del otro. Calmándose y recuperando la fuerza consumida por el sexo.

No había cansancio eterno, ellos lo sabían, aún gozaban de la vitalidad que les proporcionaba su juventud desmedida y necesitada, sus hormonas alborotadas y la urgencia de más. Prontamente el beso se tornó más hambriento y desesperado, las manos cobraron vida y las caricias volvieron. Sin darse tregua, Sasuke terminó de quitar el bóxer que momentos atrás quedó olvidado entre sus piernas, con su miembro a penas consciente, pero recuperándose al sentir aquel cuerpo femenino que se restregaba contra él. Se separó de la boca de ella, besando sus mejillas, bajando por su cuello, mordiendo su clavícula y siguiendo el descenso. Sus labios se posaron sobre la parte expuesta de sus senos, para con ayuda de sus dedos, bajar la copa del brassier y devorar con hambre aquellas tetas que lograban arrebatarle el oxígeno. Lamió, mordió, besó con dedicación sus senos, terminando finalmente por quitar el sostén y dejar desnuda la parte superior. Fueron sus manos las que se encargaron de seguir agasajando esa zona mientras su boca seguía hambrienta el recorrido más abajo.

Quería desquiciarla, ese era su objetivo. Hacerla gemir como jamás un hombre podría lograrlo. Recompensarle en parte también lo que ella había hecho por él, demostrarle cuanto le había gustado la sorpresa y disfrutar con eso.

Quitó la braga, deslizándola por las piernas y lanzándola lejos sin importarle dónde fuese a parar. Olvidó sus abultados senos y separó con un poco de fuerza debido a la reticencia de la chica, ambas extremidades con el objetivo de venerar su intimidad. Pocas veces lo había hecho y sentía cierto pudor y vergüenza, incluso un poco de pusilanimidad debido a su inexperiencia y a torturarse pensando en que no lo hacía bien. Pero se había informado, averiguado nuevas formas de besar y mover la lengua, incluso detalló en los movimientos realizados por los actores porno en sus películas. Sin darle tiempo para quejarse o arrepentirse, arremetió contra aquella sensible zona femenina, dedicándose y enfocándose completamente en hacerla gemir, suspirar y todo lo que pudiese causarle sentir sus lengua, labios y dientes agasajando esa parte del cuerpo de Tenten.

Utilizó sus dedos para separar los húmedos labios vaginales, lamiendo un poco el hinchado clítoris y tomándolo posteriormente con sus dientes sin ejercer demasiada presión. Movió su lengua rápidamente y besó. Ella gemía y movía las caderas mientras él besaba y succionada. Quería ir más adentro y su paladar se regocijaba con las secreciones de la muchacha, inspirándolo a seguir moviendo sus lengua con más lentitud, robándoles más gemidos placenteros y arqueamientos de espalda. Tenten se estremecía de pies a cabeza con cada nueva lamida y él no pudo más que sonreír orgulloso. Internó dos dedos en la cavidad deseosa y los movió rozando las paredes vaginales sin detener la labor de su boca. Simuló un acto de penetración y ya para ese entonces la chica no reprimía los sonoros quejidos que él podía provocarle. Utilizó su pulgar estimulando el botón del placer, lamió, besó y mordió un poco más. Hambriento, deseoso, satisfecho y regocijado con la muestra mojada que secretaba la vagina de Tenten. Acarició un poco más y cuando sintió que ella gemía su nombre fuertemente tironeando de sus cabellos y alzando las caderas en busca de más, supo que tan mal no lo hacía. Un nuevo estremecimiento electrizante por parte de ella lo hizo conocedor del orgasmo alcanzado.

No le dio tiempo de gozarlo, su erección ya despierta y necesitada exigía más del cuerpo femenino, por lo que tomándola sin previo aviso la hizo levantarse. En rápidos y simples movimientos él quedó sentado sobre el borde de la cama, con su pene latiendo dolorosamente en busca de hundirse en aquella cueva mojada que siempre lo recibía gustosa, abarcándolo en su totalidad, presionándolo y acariciándolo. La giró, la tomó por las caderas maniobrando para dirigir su erección hasta la cavidad de la chica penetrándola lentamente a medida que ella se iba sentando en sus piernas.

Los gemidos volvieron a inundar la habitación. El joven Uchiha no podía refrenar sus movimientos entrando y saliendo de ella todo lo que la posición en la que se encontraban le permitía. Las piernas de la chica eran más cortas y apenas rozaba el suelo sin darle un correcto soporte, optando entonces por tomarla de las caderas, separarle las piernas posándola a ambos lados de las suyas, moviendo sus caderas y alzándola violentamente haciendo acopio de la fuerza de sus brazos para maniobrar con el cuerpo femenino. Tenten era pequeña y escuálida lo cual facilitaba un poco sus movimientos, pero aun así no le permitía una comodidad total en su ritmo de penetración.

Tan enfocados estaban en sus actos que no escucharon la voz que llamaba al dueño de casa hasta que la puerta de la habitación se abrió de golpe quedando completamente expuestos al encontrarse la cama arrinconada contra la pared y en paralelo a la entrada al santuario de virginidad del más joven de los Uchiha. Sasuke detuvo sus movimientos al darse cuenta del par de ojos que los miraban casi saliendo de sus orbitas. Su instinto lo obligó a soltar a la chica y conducir sus manos hasta los senos de ella, siendo esa la única idea que tuvo por cubrir aunque fuese algo la silueta desnuda. Tenten no pudo evitar el gemido al verse totalmente empalada captando con la mirada los ojos negros que los observaban desde la puerta.

Fue cosa de segundos antes que volvieran a estar solos, inmóviles, con la vista fija en el lugar que acababa de cerrarse.

―¡Eres un degenerado Sasuke! ―gritaron desde el otro lado―. ¡Moriré de un infarto por culpa de la calentura de mi hermano!

Y los gritos siguieron, haciéndose cada vez más tenues hasta desaparecer.

Continuaron sin moverse un centímetro, en la misma indecorosa posición: Tenten sentada a piernas abiertas sobre el regazo del chico, penetrada hasta el fondo y él con sus manos cubriéndole las tetas, ambos totalmente expuestos frente a la puerta de la habitación.

Sasuke escondió el rostro en la espalda de la chica, soltando el suspiro que llevaba reprimiendo. Estaba tenso y su pene dolía incluso dentro de ella. Había perdido la cuenta de las veces en que su hermano mayor lo había pillado en pleno acto junto a la castaña, menos todavía sabía el número de ocasiones en que su estúpido y jodido hermano había visto desnuda a su compañera. ¡Maldita sea! ¿Por qué olvidó el cerrojo?

Pero de nada le servía lamentarse sobre la leche derramada, no se trataba de un acontecimiento nuevo; Itachi podría lidiar con aquello, pero lo que no podía hacer era sin duda dejarse opacar por lo que acababa de suceder y no terminar con lo que estaban haciendo. Su miembro viril se lo pedía a gritos: necesitaba llegar al orgasmo y quedarse así sólo sería más doloroso.

No le dio tiempo para arrepentirse o avergonzarse, la soltó y la levantó de su regazo, poniéndose también él de pie y guiándola hasta la puerta que siempre olvidaban cerrar con seguro. Su pene dolía enormemente en cada paso, por lo que no tardó en acomodarla de cara a la puerta, obligándola a inclinarse y apoyarse sobre la madera con ambas manos, dándole una visión perfecta de su trasero y su entrepierna mojada. La tomó con una mano de la cadera, con la otra tomó su angustiado pene y volvió a penetrarla. Ambos gimieron, olvidando completamente lo que segundos atrás había ocurrido; más que acostumbrados estaban a aquello. Le costó un poco retomar el ritmo, pero a medida que la embestía el placer volvía y los azotes se volvían más fuertes y profundos debido al ángulo en el que se encontraban sus cuerpos.

Sasuke la tomó fuertemente por las caderas, enterrando sus dedos en la piel de aquella zona con más fuerza de la debida con el objetivo de estabilizarla. Escuchaba sus propios gemidos entremezclados con los de ella, cada vez más y más fuerte, el chocar de sus testículos contra las nalgas femeninas y eso sólo consiguió excitarlo más. Tenten hacía uso de su poca cordura para sostenerse contra la puerta, arqueando la espalda y mirando el vaivén desenfrenado de sus senos a medida que su compañero la penetraba con fuerza, manteniendo el ritmo y la profundidad. Sus piernas tiritaban y el calor en su bajo vientre aumentó. Lo sentía, venía cerca, ya no podía seguir soportándolo más y sin contenerse gritó el nombre del azabache cuando alcanzó el orgasmo, teniendo que soportar unas cuentas arremetidas más hasta que él se retiró completamente de su interior estallando en un orgasmo que le cubrió el culo y parte de la espalda.

―¡Dejen de gritar, maldita sea!

Hicieron oídos sordos a las quejas que venían desde el piso inferior, demasiado extasiados, satisfechos y complacidos. Sasuke la tomó de la cintura al darse cuenta que ella parecía incapaz de mantenerse en pie, él mismo se sentía de aquella manera. La apegó a sí con fuerza, besándole y utilizando su propia mano para esparcir por la piel trigueña la esencia que instantes antes había esparcido sobre ella. La condujo a la cama dejándose caer sin dejar de besarle: agotados pero totalmente satisfechos.

Al separarse de ella y mirarla a los ojos se encontró con una visión en la que nunca antes había reparado, algo que le gustó demasiado para ser sano. Por un breve segundo, Sasuke tuvo miedo.