Capítulo 3: Miedo
Yuri
No recordó lo horrible que era quedarse solo hasta que lo estuvo. Sin los otros dos ahí para distraerlo, su mente quedó libre para divagar.
Recordaba la sensación de estar entre los brazos del canadiense, de tenerle dentro, de sentirlo moverse y llenarle por completo. Intentó reprimir los recuerdos, pero volvían cada que cerraba los ojos al parpadear.
Otra cosa… otra cosa… lo que sea, piensa en otra cosa, ¡rápido!
Una vívida imagen de él mismo cargando un pequeño bebé de ojos verdes le llegó a la cabeza al dejar de pensar en JJ. Reconocía los ojos del pequeño, los veía siempre que miraba el espejo.
—¡No! —gritó, sentándose.
Sudaba frío y comenzaba a sentir náuseas. De ninguna forma querría que aquello se hiciera realidad. El nerviosismo le ganó y terminó corriendo al baño a vomitar.
Una vez dejó de dar arcadas sobre el escusado, volvió a llorar como había hecho antes. Confusión, miedo, angustia y desesperación, todas aquellas emociones se arremolinaban en el cuerpo del adolescente, oprimiéndole el pecho tanto que le impedía respirar.
Así le encontraron los mayores, cuando llegaron. Hecho un ovillo junto a la bañera y llorando. Era tan poco característico del menor romper en llanto de aquella forma que ninguno de los dos supo que hacer.
Yuuri se arrodilló a su lado para abrazarle e intentar reconfortarle, mientras Viktor rebuscaba en la bolsa que habían traído de la farmacia.
—Yuri, tranquilízate —dijo Viktor, pasándole una botella de agua y un par de cajitas—. Te trajimos anticonceptivos de emergencia y supresores. Toma ambos y, con suerte, te sentirás un tanto mejor.
Lo hizo de inmediato. Tragó las pastillas que le brindaban y se tomó el resto del agua, no había notado lo sediento que estaba… ¿cuánto tenía sin comer o beber algo? Era en lo que menos había pensado.
—Vamos, Yurio, puedes dormir un rato, te vez agotado —le dijo Katsuki, ayudándole a levantarse.
—No… de hecho, tengo otro favor que pedirles —dijo, viendo primero a Yuuri y después a Viktor —. ¿Podrían ayudarme a regresar a Rusia sin que nadie lo note?
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Capítulo 3: Responsabilidad
JJ
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—¿Estás ahí? JJ, vamos, abre la puerta, cariño —escuchó la voz de su madre llamarle.
La tarde anterior, tras una presentación catastrófica y colocar tercer lugar, se había recluido en la habitación. No tenía ganas de ver a nadie y sus padres lo habían comprendido.
¿Habrían ido diferente las cosas de no haber actuado así? Seguramente, si hubiera salido junto a sus padres y prometida a festejar el bronce, aquella mañana no se habría despertado para ver a Yuri Plisetsky intentar escabullirse de su habitación, luego de haberse vinculado.
—¡JJ! —ahora era la voz de su padre. Sonaban bastante preocupados.
El canadiense se levantó del sillón en el que había pasado la mañana entera pensando y fue a abrir su puerta. El alivio en el rostro de sus padres se esfumó nuevamente tan pronto repararon en la cara del menor. ¿Cómo lucía, para que sus padres le vieran así?
—¿Qué ocurre, hijo? ¿Qué te tiene así? —preguntó su padre mientras su mamá se acercaba para abrazarlo.
¿Cómo iba a explicarles? ¿Cómo iba a decirles a ellos? ¿¡Cómo iba a decirle a Isabella!? Le había dado vueltas y vueltas al asunto sin obtener una respuesta satisfactoria. Solo había una cosa que tenía completamente clara; tomaría responsabilidad completa de sus acciones.
—Mamá, papá… debo hablar con ustedes.
Les contó a ambos lo ocurrido de principio a fin sin verse interrumpido. Los adultos le escucharon con atención y al final, tras compartir una mirada, finalmente rompieron el silencio.
—JJ, nada de eso fue tu culpa —dijo su madre, acariciando la mejilla de su hijo.
—Nunca te hemos contado la historia completa de cómo nos conocimos, ¿cierto? Eso es porque, como tu historia con Yuri, la nuestra tampoco comenzó de la manera más… apropiada —agregó su padre.
—Sabes que papá y yo somos destinados, claro pero, ¿sabías que cuando conocí a tu padre él estaba salía con alguien más? —El rostro triste de su mamá le tomó por sorpresa tanto como la noticia en si misma.
—Yo salía con otro omega en aquel entonces, habías prometido casarnos… Sin embargo, conocí a tu madre en un banquete de caridad. No hubo la menor duda que ella era mi destinada. Intenté resistirme a ello, claro, yo tenía a alguien a quien amaba, pero no es algo sencillo. Una vez se ha encontrado a la pareja destinada, el cuerpo se olvida de como vivir sin esa persona. Cada que mi celo venía, era un tormento mil veces mayor al anterior —recordó su padre. También su rostro reflejaba aquella tristeza que nunca había visto antes.
—La persona con quien él salía no soportó verlo sufrir así y… bueno, armó un plan bastante complicado tras el cual papá y yo nos vinculamos… Supimos de él hace poco, vive feliz junto a su pareja e hijos, cosa que nos hizo sentir un poco menos culpables. Sin embargo, le lastimamos mucho en su momento —agregó su mamá, quien intentaba darle un tono alegre al final feliz que contaba.
El chico los miraba a ambos con sorpresa. No tenía la menor idea de qué decir pero, sin duda, se sentía ligeramente aliviado. El tener a padres tan maravillosos que le apoyaran y comprendieran definitivamente era un privilegio.
—JJ, tendrás que hablar con Isabella y comunicarle lo ocurrido de inmediato. Debes hacerlo pronto, pues Yuri necesitará de ti de aquí en delante. De por si los celos son difíciles para un omega vinculado separado de su pareja, pero cuando su vínculo es con su destinado… bueno, no habrá problema siempre y cuando estés ahí para él —le dijo su padre, sonriéndole.
Para él, no cabía duda de que su hijo haría lo correcto y se responsabilizaría. Lo había criado bien, después de todo.
Un capítulo particularmente corto, ya que es de transición. ¡El siguiente será más movido!
