Regresé, ¡estoy viva por aquí! Siento mucho, muchísimo el retraso… Y la verdad no tengo ni excusa. Así que, gracias a aquellos que me recordaron la existencia de esta historia, que debía terminarla, pero la verdad hasta yo me sentía desesperanzada, creo que no es muy buena pero si les gusta, pues la continúo con buena cara :D
Disclaimer: Ni Digimon, ni sus personajes me pertenecen, son propiedad de Toei y Akiyoshi.
Les dejo con la lectura, la verdad es fic corto pero no sé porque me cabeceo tanto con él.
.Real Thing.
Por Mizh-n-Rozh.
.I Told You So.
Hikari Yagami POV's
Caímos muy en las profundidades, pensé que la presión y el frío del mar dañarían mi cabeza, sentía ese peso sobre mí y las ganas de respirar con urgencia, tenía miedo de hacerlo porque aún estábamos abajo, yo quería subir a la superficie pero no encontraba esa fuerza que necesitaba para alzarme contra la densidad del agua y mi propio cuerpo. Creí que era mi final, hasta que él apretó el agarre de mi mano, y volteé a verlo.
El cabello se disparaba a todas las direcciones. Estaba allí esperando por mí, a que lo apoyara en esta con la mejor cara. Enseguida nadamos hasta arriba y por fin pude respirar; debía admitir que no fue la mejor tajada de aire que me pude dar en la vida, pero a fin de cuentas podía tomar oxígeno, con dificultad, pero lo hacía.
—¿Estás bien, cielo? —me preguntó Tk una vez que él recuperó el aliento, a mí me costó verlo. Apenas lograba escuchar su voz por el mareo y su mano era lo único que me decía que él estaba allí y bien.
—Sí —en parte era verdad, no estaba tan mal como para morirme. Aún.
La idea de estar perdidos y llegar a convertirnos en náufragos me asustaba terriblemente, pero mis miedos y el pavor que sentía de estar perdida en la mitad del mar gigante debían eliminarse y en su lugar, cultivaría valentía y fuerzas para salir de esta experiencia que no se la deseaba a nadie.
Takeru ni siquiera tuvo que decirme que me moviera, sabía que ya era hora de nadar.
La fuerza del agua era increíblemente enorme y nos hacía tambalear en las zancadas marinas. Me tenía en un baile de un lado a otro y eso no ayudaba a mis mareos pues yo tampoco tenía suficiente ímpetu para mover mi propio cuerpo a mi voluntad.
—¡Hikari!
Takeru me llamaba a lo lejos pues mi cuerpo se dejaba llevar por las olas. Él se regresaba todo el camino que había nadado con esfuerzo para verificar que yo estuviera bien…
Su mano ya no me sostenía.
Prácticamente estaba luchando sola contra la horrible corriente marina, como cuando tuve que irme. Quedarme sola y encontrar mi propio camino, sentía que era la culpable de todo esto. ¿Y si me hubiera quedado en Estados Unidos? ¿Si hubiera vivido todo con Wallace allá? ¿Si jamás me hubiera reencontrado con Tk? Entonces seguro todo sería más fácil. Takeru no estaría aquí, intentando salvar dos vidas, ni siquiera la suya, estaría en casa trabajando en sus cuentos y amando a su familia y a la vida. No preparándose para morir.
Y es que nada más pensaba en eso:
Vamos a morir.
Vamos a agonizar.
No lo lograremos…
Ya no luches, Hikari.
Deja que el agua te lleve.
—Hikari —volví a oírlo—. ¿Kari, estás bien? —no pude responder a esa.
Pero cuando escuchaba su voz sentía que debía brillar con mucha fuerza y batallar contra las voces en mi cabeza. No era la primera vez que me traicionaban, pues muchas veces al estar en Estados Unidos me dijeron que persiguiera a Wallace, que lo buscara, que saliera con él.
Déjate llevar, era la palabra de cada día.
Déjate llevar tomada de su mano. Déjate llevar cuanto te llame para ir al cine. Déjate llevar cuando te diga que te ama, y te proponga matrimonio. Déjate llevar cuando te muestre la cama, cuando te haga suya, cuando te convierta en la madre de su hijo, cuando diga que las cosas no funcionan así. Déjate llevar cuando te rompa el corazón.
Y Llora cuando por fin te lancé.
Llorar no era una opción, pude sonreír antes, claro que podía sonreír ahora. Me abracé a mí misma sin dejar de chapotear mis pies en el agua y seguir flotando.
—Nada, Tk. Nada por nuestras vidas.
De inmediato adelanté su paso y tomé el ritmo de su nado, no era fácil, pues Tk era bastante bueno en la natación desde que lo conocía. A mí no me servía de mucho mirarlo pues lo poco que aprendí a los 12 fue flotar y mover los brazos con torpeza. Al poco tiempo me di cuenta que de cada cinco que daba Tk yo hacía uno, y nos estábamos retrasando… volviendo a lo mismo.
Se retrocedía y me esperaba.
Preguntaba si estaba bien, y yo asistía.
Nadábamos de nuevo, y volvía a quedarme atrás.
Las cosas no mejoraban demasiado para nosotros, pues ahora el factor tiempo también era imprescindible, el atardecer estaba allí. El cielo se ponía anaranjado y nos quedaríamos hasta la noche… para mí ya no había duda. Íbamos a morir.
Pero dejé mi pico cerrado.
Me detuve y no quise nadar más, era suficiente para mí. Me dolía el corazón, la cabeza, los brazos, las piernas, no veía nada y sentía que apenas habíamos avanzado un par de metros. Estábamos perdidos en las aguas torrenciales de Japón, ¿quién se iba a imaginar que una pareja de treinta años estaría allí? Nadie vendría por nosotros, estábamos destinados a acabar la felicidad aquí.
Mi hijo, Aoi. Mi hermano, Taichi. Mamá, papá, mis amigos… a todos ellos les quedaría un hueco en el alma al saber que una más se había ido y estaba muerta en el fondo del lago. Lo que dejaba, lo dejaba en Tk… aunque ahora mismo dudaba de mis palabras anteriores:
Siempre he confiado en ti.
Me cuestionaba qué tan cierto pudo ser eso, porque había jurado luchar y ahora… me sentía tan inútil, no lo estaba ayudando, mas bien, mi descomposición era la causa de que nuestras aventuras acabaran aquí. De un digimundo con bestias y monstruos digitales temerarios a un estúpido lago inmenso, así terminaríamos.
—Por favor, Kari, no te hundas —escuché su voz, con dificultad miraba sus cabellos dorados mojados, aplacados y cerraba mis ojos lentamente—. Hikari… Hikari —repitió con desesperación—. ¡Hikari, por favor lucha! ¡No me dejes solo ahora! ¡Te necesito!
—No puedo, Takeru.
Lágrimas corrieron sobre mis pómulos y se confundieron con el agua salada del mar, me sentía como un estorbo, aceleraba la muerte de Tk y eso me hacía sentir peor.
—¡Cómo que no puedes! ¡Hikari, quiero que estés conmigo en esto! Te amo, vivamos, combatamos contra este maldito destino.
Yo también lo amaba. Aunque por un momento dudé de la confianza que plasmaba en él, sabía a la perfección que él era todo lo que tenía, era mi alma, mi todo, mi amor verdadero, lo que dejaba a mi corazón latiendo y revivía las esperanzas en mi núcleo para iluminar nuestro camino.
Ese camino que para mí era invisible, pero que para él era lo más sagrado.
Eso me faltaba. No era la confianza, era un rayito de la esperanza. La única salida que él no veía e, increíblemente, yo sí. Algunas cosas se volvían invisibles para unos, mientras otros miraban lo intangible… eso ocurría aquí.
Compartí mi dolor y Tk lo curó con uno de sus besos, muy similar al que me regaló en el "Light to Hope", pero es que cada uno de nuestros besos, de niños o apasionados, cada uno era distinto y lleno de diferentes sensaciones que no tenían nombre en ningún idioma. Eran esos besos por los que seguía sonriendo y por los que él quería que siguiera despierta, que el mar no me empujara a las profundidades.
Takeru me amaba.
Tanto como yo a él… y con peso en el alma, tenía que ser sincera, quizá él me amaba más de lo que yo a él.
—También te amo, Tk —confesé con el corazón en la garganta, dejándolo a él hablar—. Lo siento tanto, soy una estúpida… yo sólo hago que te atrases más y así no llegaremos a Shonan jamás. Soy una inútil.
—No digas eso, Kari. No eres inútil —las olas seguían empujando nuestros cuerpos, ahora pegados, y llenándose del calor que transmitía el otro—. Tú eres la razón por la que yo continúo nadando, si tú no estuvieras aquí yo…
—Takeru, sé que lucharías por verme de nuevo. Yo lo haría si la suposición fuera al revés, pero el hecho es que los dos estamos aquí, somos uno, pero más que un uno, somos un equipo y debemos trabajar bien para poder salir vivos de aquí —aclaré con voz más alta—. Debemos hacerlo bien para salir vivos.
Me miró con sus ojos, ahora que él estaba más cerca lograba visualizarlo mejor. Este era él, el primer amor de mi vida, mi primer beso, y mi único mejor amigo… mi razón por sobre todas las cosas de ser valiente y dejar a un lado la inquietud que me rozaba, acabando conmigo misma.
—Quiero ayudarte, quiero servir para algo… De nuevo, estamos los dos solos.
—¿Qué quieres hacer? —inquirió él, aún sin comprender mis palabras.
Era una locura, de eso estaba segura, pero por el amor se hacen locuras irremediables. La única opción, la opción que nos salvaría a los dos… El portador de la esperanza que se unía con mi corazón, y yo, la portadora de la luz que alumbraría su camino en la oscuridad.
—Ya salimos de esta antes, podemos hacerlo de nuevo.
Sonreí sin querer y besé su mejilla. Como despedida.
—Vete, Tk —él no se creyó lo que escuchaba, ni lo que le estaba pidiendo. No habló… y decidí seguir yo—. Yo no puedo nadar como tú, y está oscureciendo. Además…
—Yo pensé en eso, Kari —admitió con la cabeza baja—, pero no quiero dejarte sola en medio del mar… tú te sientes mal y yo…
—Confía en mí. Yo confiaré en ti.
Esta vez no mentía. Confiaría aunque me sintiera a punto de caerme y fallecer.
—Estaré bien. Me preocupa cómo estés tú… tendrás que luchar mucho.
—Por nosotros, lo haré, Hikari.
Takeru no tardó en apretar mi segundo chaleco y por último, el beso de buena suerte en la frente. Ambos nos resignamos y deseamos que ocurriera lo mejor para ambos, si yo debía morir y él quedarse solo, que así fuera. Si él moría y a mí me rescataban de casualidad, que así fuera. Si ambos sobrevivíamos, que así fuera.
—Mantente flotando y viva —fueron sus palabras de esperanza—. Te amaré siempre, no lo olvides.
Y esas, las últimas.
Si los dos moríamos, moriríamos en el intento de salvarnos… Y lo mejor, amándonos, que así fuera. Su futuro estaba en mis manos, y el mío en las suyas. Lucharíamos codo a codo contra el mar, que quizás era más grande que nuestros cuerpos, pero el amor que sentíamos era un millón de veces más firme.
—¡Te amo Takeru!
Ya no lo veía marchándose. No miraba nada, pero debía gritarlo… todo lo que sentía…
—¡Te esperaré por siempre!
Mantuve mis brazos a los lados y los pies en movimiento, aún estaba claro el cielo y no tenía dificultad para mirar las nubes abrirse entre ellas y chocar como las olas que me empujaban a mí. La unión de ellas que formaban una figura armónica, me llenó de alegría para volver a sonreír y pensar que lo lograríamos, podríamos contra esto.
Juntos…
Te lo dije, vocecita.
No me vas a controlar de nuevo.
Notas de Autora.
*Le caen pastelazos y tortazos* Hola *le lanzan un tomate* Ya, ya, sé que estuve casi dos meses sin actualizar esta historia… Lo siento mucho, la verdad es que no tengo excusa, o sí, pero una muy mala: Sin estimulación.
Porque en verdad tengo un resumen de lo que ocurrirá en cada capítulo pero no me daba la voluntad para escribir, hasta que por un milagro y las palabras de aliento de alguien logré sentarme en mi silla con otra cara y dije: "Bien, Rose, hoy escribirás Real Thing, quieras o no" y lo peor fue que, prácticamente, ¡se escribió solo! Otra muestra de que no hay excusas para mí.
Recibo reviews con amenazas, no hay problema, los comprendo, ha de ser terrible esperar dos meses por un fic, sabiendo que la autora está activa pero no actualiza esta historia. ¿Provoca golpearme, no?
Entre otras cosas, les invito a pasarse por mi perfil y leer algún otro fic que les llame la atención, no se sientan presionados ;) ¡Listo! De nuevo cumplo con la canción de Boys Like Girls, y ya no se me ocurre cómo llamar al siguiente capítulo -_- A ver qué pienso de aquí a allá.
Gracias por sus comentarios: Nallely-963, Amai do, Ichijouji Kany-chan & SoraTakenouchii.
Los quiero mucho, lectores. ¡Nos leemos! Besos.
Rosesita.
