Naruto y personajes pertenecen a M. Kishimoto
Solo la trama de esta historia es de mi autoría.
.
.
.
.
ORACLE
III
Konohagakure
.
.
.
.
Las olas golpeaban en la roda del barco. Aproximadamente 5 días llevaban en el viaje que las llevaría a su nuevo destino, Konohagakure, metrópoli regida por el Emperador Itachi, quien sería su salvador.
Los ojos azules de Ino se perdían en la inmensidad de aquel precioso mar, su aparente calma, contrastaba con la ansiedad que la aquejaba desde aquella noche, en la que no solo perdieron su libertad, sino también abandonaron la posibilidad de regresar a casa. A pesar de que el General Namikaze, prácticamente las trataba como sus invitadas y protegidas, el titulo de esclava estaba impreso en sus cabezas, todos los tripulantes de aquella embarcación, conocían de la situación de las tres, así que seguro pensaban que él las usaba para otro tipo de favores, lo cual la indignaba y la hacía sentirse molesta con Sakura y Hinata, por permitir aquella locura. Giró el rostro al percibir una presencia tras ella, su ceño se frunció.
-¿Hasta cuando seguirás molesta?, Ino, esto era necesario, de otra forma no habríamos podido viajar hasta konohagakure –se posicionó a su lado la pelirosa.
-¿Pero a que precio Sakura?, somos las esclavas de ese hombre. ¿Qué tal si tocando tierra decide que ya no es bueno y nos encierra, nos vende, o regala? –su tono reflejaba toda la preocupación que sentía.
-No, recuerda que yo vi como nos llevaba ante el Emperador, además Hinata dice que-…
-Hinata, ¿qué no has visto como lo ve?, como si fuera su Dios, es obvio que nuestra hermana esta perdiendo la cabeza por él, y eso no es bueno, ese hombre debe de tener esposa, hijos, que se yo, no es correcto que ella se ilusione, y tampoco tu, todavía queda la posibilidad de que el Emperador se niegue a cooperar.
-Ino, sé que no es fácil para ti, para ninguna lo es, si Hinata esta interesada en el General, hay que dejarla, recuerda que creímos que nunca saldríamos del monasterio, es muy justo que busque su felicidad. ¿Acaso ya olvidaste todos los sueños que tenías?, siempre estabas triste porque renegabas de tu destino, querías una vida diferente, ahora puedes tenerla hermana –le acarició el rostro con infinita ternura.
-Es que…me da miedo Sakura, son lo único que tengo, y si las pierdo… -las lágrimas empezaron a escapar de sus preciosos orbes.
-Nada pasara, confía, y aunque algo pasara, lo enfrentaremos juntas, como hermanas, como siempre –la consolaba con sinceridad.
Por supuesto que también tenía miedo, el temor de que su misión fracasara la aterrorizaba, pero no podía demostrarlo, Ino y Hinata necesitaban de su fortaleza, de su temple para estar tranquilas y seguras, así que debía mostrarse valiente.
-Esta bien, espero que en serio tu visión nos lleve a un buen desenlace –se dejó abrazar por la de ojos jades.
.
.
.
.
En su camarote descansando un poco su cuerpo, se encontraba el General Namikaze, todo ese asunto de las tres chicas lo tenía intranquilo, aun se debatía si debió haber rechazado la oferta de la oji perla, pero es que simplemente al ver su mirada suplicante, no tuvo otra opción que ceder.
Flash-back
-¿Cómo... mis esclavas? –preguntó sorprendido.
¿Aquellas jóvenes querían volverse esclavas?, pero si a simple vista ellas parecían ser damas finas. ¿Cómo que querían servirle?, además por el resto de sus vidas. No, claro que no aceptaría, seguramente le propusieron esa descabellada idea por lo agradecidas que estaban, pero cualquiera en su posición las habría ayudado, bueno, tal vez no cualquiera, este mundo estaba lleno de gente malvada y sin escrúpulos. Aun así, se negaría, en primera, él no necesitaba esclavas, y en segunda, esa decisión no era suya, era de Itachi, quien no se encontraba ahí para darle el debido permiso.
-No es necesario Hinata-san, créame que lo hice sin esperar nada a cambio –contestó serio.
-Pero es que…mas que agradecimiento, también es porque lo necesitamos, no sabemos a donde ir, si usted nos acepta, le serviríamos con gusto, como mi hermana le dijo, somos huérfanas, si nos deja aquí, a merced de nadie, lo mas probable es que nos metamos en mas problemas –expresó ahora la del cabello rosado.
-Pero es que llevarlas conmigo, eso…es imposible, yo parto en tres días, ¿saben si quiera donde esta Konohagakure?
-No, nosotras nunca hemos salido de aquí –confesó de nuevo la de ojos verdes.
-Esta a casi un mes de viaje por mar, es muy pesado para una mujer, aparte, para aceptarlas como mis esclavas, necesito que mi Emperador me otorgue su permiso, y aunque lo hiciera, ustedes son demasiadas para mi, a lo mucho necesito a una –les explicó tratando de hacerlas desistir.
-Por favor Naruto-kun –imploró la peliazul mirándolo a los ojos.
Su mirada era tan hermosa, a pesar de esa tristeza y el miedo que la había acogido minutos atrás, y el cual aun no se disipaba, sus perlas eran preciosas. Su cuerpo se relajó, era incapaz de dejarlas ahí a su suerte, rogó a los dioses para que Itachi no se molestara por su falta, incluso tal vez necesitaría de la ayuda de Sasuke, pero estaba decidido, se llevaría con él a las hermanas.
-Bien, irán conmigo, solo espero que esto no termine mal –suspiró a la vez que ellas se emocionaban.
Fin flash-back
Se pasó la mano por sus rubios cabellos, a pesar de ser sus supuestas esclavas, no las trataba de esa manera, no le veía sentido, estaba acostumbrado a cubrir sus necesidades él mismo, era bastante independiente, así que no le pedía a ninguna de ellas algún tipo de servicio. Aunque eso no impedía que cierta peliazul buscara complacerlo cada vez que podía. Como justo en este momento, en el que ella llamaba a su puerta.
-Naruto-kun, puedo pasar –se escuchó su tímida voz.
Desde aquel día, ella lo llamaba así, y él lo permitía, no le veía problema a darle un poco de confianza a esa hermosa mujer.
-Pasa Hinata –se reincorporó sentándose en una silla.
La muchacha entró con una bandeja con comida, misma que colocó frente a él, en la pequeña mesita que usaba de escritorio.
-Tal vez no sea de su agrado, pero es lo único que pude prepararle –se sonrojó cuando él inspeccionó la cena.
-Hinata, llevas diciéndome lo mismo estos cinco días, no tienes que disculparte, estoy acostumbrado a esto. Los viajes son lo mas difícil, se tiene que ser muy cuidadoso para que las reservas no se agoten, así que, no importa el sabor, solo nutrirse, –tomó un pedazo de pan y se lo llevó a la boca- aun así, siempre haces maravillas para que esto me sepa bien –le sonrió amable.
-Que…bue-no que…le gu-gusto –empezó a tartamudear victima de los nervios, ese rubio la hacía sentirse de una manera muy extraña.
-Ven, siéntate a mi lado, cena conmigo –se puso de pie arrastrando otra silla.
-No sé si…
-Anda, quiero conversar contigo –la tomó del brazo para que no siguiera negándose.
-¿De qué?, ¿hice algo mal? –se preocupó.
-Claro que no, todo lo contrario, aunque no se porque insistes en tener estas atenciones, te dije que no era necesario –le pasó unos trozos de manzana algo maduros.
-Soy su esclava, tengo que-…
-Shh –puso su dedo en sus labios- ninguna me debe nada, además, no me gusta que te llames así –se acercó a su rostro.
La oji perla temblaba, un escalofrío la recorrió de pies a cabeza, nunca había tenido a un hombre tan cerca de ella, y eso empezaba a darle miedo, lo que comenzaba a sentir por Naruto, la llenaba de pánico.
-Sera mejor que me vaya, yo…
-¿Quieres saber como es Konohagakure? –desvió el tema regresando a su postura, entendió perfectamente el nerviosismo de la chica.
-Si, sería maravilloso oír de esa ciudad –se emocionó, plasmando una sonrisa en su rostro.
-Mn, ¿por dónde empezare? –se llevo la mano al mentón- ¡ya sé!, te hablaré del palacio. Es muy grande, en el vive el Emperador, su prometida, por supuesto mi mejor amigo, que como ya te dije es el hermano del Emperador Itachi, hay muchos sirvientes, ah, me olvidaba de Sai, él es un gran artista, cuando lleguemos le pediré que te pinte –se le ocurrió haciendo sonrojar aun mas a Hinata.
-Yo…mn, que interesante, pero…tengo que irme, mis hermanas me esperan, si gusta puedo llevarme la bandeja…ahm –se puso de pie rápidamente, ¿Naruto quería un retrato de ella?, si se quedaba un minuto mas ahí, probablemente se desmayaría.
-No te preocupes, déjala, ve con tus hermanas –le permitió poniéndose formal, ¿de dónde había salido la idea del retrato?, estaba loco, con que derecho le proponía eso a la pobre chica, se regañó el rubio.
-Si, con permiso –corrió fuera del lugar.
"Aunque no puedo negar que en mi recamara se vería muy bien su cuadro", pensó sonriendo.
.
.
.
.
-Es la ultima oportunidad que te doy. ¿Dónde esta la triada oráculo? –preguntó enojado Kankuro.
Los monjes lejos de poder contrarrestar su ataque y el de su ejército, fueron cayendo uno a uno fácilmente, no llevaban ni una hora en el lugar y los cadáveres de aquellos cenobitas ya estaban apilados en el suelo del santuario. En ese momento, el castaño trataba de interrogar al último de ellos, para su mala suerte, no había señal de las mujeres, y ninguno de los que ahí estaban, habían confesado algo antes de morir.
El monje solo lo miraba a los ojos, no pronunciaba ni un solo sonido, eso desesperó aun más al furioso General.
-¡Que hables maldita sea! –atravesó con su espada el cuerpo del hombre, soltándolo para que callera muerto a sus píes- ¡Diablos!, ahora no sabremos donde están, aunque lo mas probable es que jamás hayan existido –habló para si.- Registren todo, tomen lo que encuentren de valor, quemen los cuerpos, ¡rápido, regresamos a Suna! –ordenó a gritos.
.
.
.
.
Las velas ardían a su máximo, iluminando las sombras que se formaban en la habitación, revelándole un gran cuarto y una gran cama, donde justo ahora se hallaba sentada. Sintió en su espalda una mano cálida que la recorría, su rostro giró topándose con dos preciosos ónix que la devoraban con lujuria. Aquella mano inquieta se pasó ahora por sus muslos, su juicio era escaso, lo nublaba una espesa nube de placer y turbación, su cuerpo topó con el blando colchón, sintió la opresión de otra figura sobre ella, tocó su piel pálida y tersa con sus propias manos, mientras él acariciaba su rostro y su cintura. "Sakura", susurró sobre su oído con voz ronca y exquisita, apreció como cada beso suyo se absorbía en su cuello, él paseaba su boca travieso, de repente, su mano tomó su mentón firmemente, él la miró directo a sus jades, y por un momento, pudo sentir la tremenda conexión que se estableció en ambos, cerró los ojos cuando su beso demandante inundó sus labios, danzando ambos con sus lenguas de manera única y excitante. Abrió sus piernas y él se colocó entre ellas, el frio recorrió su piel desnuda, el beso terminó, y los ojos de él se volvieron rojos de pasión, "serás mía", expresó agitado antes de unirse a ella.
-Ahh -despertó de golpe, el sudor recorría todo su cuerpo.
¿Qué había sido todo eso?, no tenía idea, lo que si era seguro, es que era una visión, se sentía tan real que su corazón aun latía desbocado, su respiración agitada hacía que su pecho subiera y bajara exaltado. ¿Quién era ese hombre?, quiso saber, **sus ojos, eran hermosos**, recordó. Su intranquilidad aumentó cuando fue consciente de lo que estaban haciendo, **es imposible, yo, entregándome a ese hombre… ¡no!, debo enfocarme en mi misión, nada mas**, negaba desesperada con la cabeza.
-Sakura-san, ¿estas bien?, ¿qué tienes? –preguntó Hinata que recién estaba despertando.
-Nada, solo fue…una pesadilla –sonrió falsamente.
No quería preocupar a sus hermanas, tal vez eso no era nada, intentó convencerse.
-Bueno, descansa, ya falta poco para que amanezca –le aconsejó.
-Si, trataré de volver a dormir. Sabes, estoy emocionada, solo un par de días mas y llegaremos a Konohagakure –comentó recostándose de nuevo.
-Si, por fin cumpliremos con nuestra misión.
-Ay, pero que ruido hacen, ya duérmanse, además, no sé como pueden estar emocionadas de llegar a esa ciudad en la que no conocemos a nadie –refunfuñó la rubia.
Ambas chicas rieron por lo bajo para no molestar mas a Ino. Hinata se acomodó y enseguida recupero el sueño, mientras Sakura no pudo pegar un ojo en lo que restó de noche, le preocupaba volver a ver a ese hombre.
.
.
.
.
Lo miraba frío e impasible, los ojos turquesa del Emperador no se movían de la figura que tenía frente a él. Desde que Kankuro terminó de contarle como le había ido en el viaje, él no dijo palabra alguna, solo registraba la información recibida.
-Ya veo, así que no encontraste nada, es una pena –soltó tranquilo.
-Gaara-sama, te dije que era un mito, eso no podía ser verdad.
-Salgan –ordenó a los esclavos que se hallaban en aquel salón, se puso de pie y caminó hasta el General de su ejército.
A pesar de que Kankuro era más alto y robusto que él, la presencia del pelirojo se imponía sobre la del castaño.
-No es un mito Kankuro, lo sé, porque yo las vi –le reveló, haciendo que el de ojos cafés se sorprendiera- cometí un error al no contarte toda la verdad. Verás, mi padre, era igual que yo, ansiaba dominar el mundo conocido, anhelaba conquistar cada pedazo de tierra y mar. Así que, hace mucho, cuando yo tenía 5 años, me llevó a uno de sus viajes, el más importante de su vida quizás. En esa ocasión, recuerdo vagamente que llegamos a un templo, este era presidido por una sacerdotisa y unos ancianos que eran sus consultores, ¿cómo se llamaba? –se quedó pensativo tratando de recordar- oh, si, Tsunade, ella era respetada, incluso adorada, por su sabiduría y vínculo con los Dioses. Mi padre acudió a ella por información, él necesitaba la misma seguridad que yo busco ahora, pero ella se negó, a pesar de los intentos que él hizo por convencerla, la sacerdotisa no cedió, como mi padre era muy respetuoso de la voluntad divina, no intentó nada contra ella, así que cobardemente nos retiramos, pero antes de irnos, pude observar la torre que se alzaba por encima de aquella construcción, había un gran balcón, ¿sabes que vi? –preguntó acercándose peligrosamente a él.
-No... –contestó nervioso el castaño.
-A ellas…tres hermosas niñas –sus ojos se perdieron como vislumbrando aquella escena- una rubia, una de cabello azulado, y la otra –su mirada se oscureció- una pelirosa. Se veían menores que yo, sus rostros eran tristes, pero incluso así, una me miró y me sonrió, a la vez que me decía adiós con su mano –platicó serio.
-¿Crees que ellas…?
-Lo sé, las que de verdad tenían el poder eran ellas, no la sacerdotisa. Eso nos lo contó uno de los ancianos que se dejó corromper por mi padre.
-Vaya, por eso querías a las tres niñas, bueno, que para este entonces ya deben ser unas mujeres –resaltó con obviedad.
-Exacto, necesito a las tres, a menos que descubra quien es la elegida –expresó sereno, haciendo que el castaño lo mirara con curiosidad.- Solo una ve el futuro, pero es imposible saber cual, ni siquiera Tsunade lo sabía, ellas se protegían entre sí, ese es el propósito de que sea una triada.
-¿Sabías todo eso y no me lo dijiste? –preguntó con cautela, aunque estaba molesto ante la falta de confianza de Gaara, no lo demostró, no quería terminar empalado por su osadía.
-Entre menos personas sepan de esto, es mejor para todos. Kankuro, yo sé que ellas existen, tienes que regresar allá y buscarlas, no sé lo que tengas que hacer, pero no regreses hasta que sepas algo, ¿me entendiste? –lo atravesó con la mirada.
-Entendido Gaara-sama, con esta información que me has contado será más fácil encontrarlas. Partiré cuando despunte el alba, si no hay nada mas, con su permiso, me retiro –se arrodilló haciendo la reverencia correspondiente.
-Solo algo más, una advertencia. Tu vida depende de lo que consigas, no te olvides de eso Kankuro –amenazó gélido.
.
.
.
.
Las tres se recargaban en la proa, a lo lejos podía distinguirse una inmensa ciudad. Por fin habían llegado, estaban a escasos minutos de tocar tierra firme. Se tomaron de las manos emocionadas, el sol iluminaba sus rostros, y la brisa marina humedecía el ambiente, estaban listas, su misión estaba a punto de completarse.
-Ya estamos a punto de arribar –se escuchó Naruto tras ellas.
-Si, es hermoso –giró la pelirosa regalándole una sonrisa.
El rubio le correspondió y se colocó junto a ellas.
Poco tiempo después, el barco llegó al puerto, los tripulantes bajaron apresurados, incluidas las tres hermanas y el General, las personas los recibían amigablemente, todos en ese lugar parecían felices.
-Bien chicas, al fin llegamos a Konohagakure, ahora… -tomó una pausa para respirar profundamente- las llevaré ante Itachi.
.
.
.
.
Capitulo 3 listo.
Uff, pues que les diré, me he tardado en actualizar los 3 fics, pero ya estoy retomando el ritmo =), como ven, les dije que el lunes, y lo cumplí!, espero que les guste, si es así, ojala me lo hagan saber, si no también, igual y cambio lo que les parezca malo.
Algo que quiero comentar es que aparte del SasuSaku, si será NaruHina, creo que esta pareja esta bien como esta, no soy seguidora de ellos pero tampoco me incomodan, por eso siempre los pongo juntos. En cuanto a Ino, pues no se, tampoco me molesta ponerla con Sai, o con Itachi, de hecho en esta historia esta planeada para mi buen Ita-kun, pero si no les gusta, pues me dicen y hago lo posible por cambiarlo.
Así que ya saben, espero sus sugerencias. Tratare de regresar pronto con la conti, por cierto, ya tuvimos algo de acción, aunque fue en la visión de Saku, pues supongo que ya se imaginaron quien era el oji negro verdad!, ese fue un pequeño regalito para ustedes haha XD, por su apoyo y sus comentarios que me hacen el día, en serio que si. Por ahí me preguntaron si habrá lemon, pues eso tengo planeado, eso si no me entra la santurronería, hahaha, na, soy muy pervertida así que si, si habrá!
En fin, se cuidan, les mando un gran abrazo, estamos en contacto, nos leemos pronto!
