Sakura limpiaba algunas cosas detrás de la barra mientras Ino aceptaba el dinero que el chico muy pálido le estaba tendiendo con una sonrisa falsa. Ino lo tomó, hizo una cuenta mental muy rápida y le devolvió el vuelto, el joven tenía la mirada fija sobre la rubia que estaba incómoda y casi asqueada. Esos chicos eran violentos, daban miedo y eran extraños, y ése la miraba de una manera horriblemente depravada.
Los jóvenes salieron por la puerta de vidrio y comenzaron a alejarse por la calle en donde la tarde anaranjada empezaba a desvanecerse para dejarle paso a una noche profunda. Se habían hecho las ocho de la noche y Tenten se levantó para comenzar a cerrar el lugar, salió afuera para juntar las mesas con sombrillas y empezar a entrarlas mientras que Karin pasaba un trapo húmedo en las mesas de adentro echando miradas fugaces a Suigetsu y a Sasuke que continuaban sentados charlando de manera seria y haciendo comentarios al azar sobre sus vidas. Ino también los miraba, parecía muy concentrada como si quisiera que Uchiha le leyera la mente pero él ni la registraba, ni a ella ni a nadie más.
Sakura comenzó a bajar la persiana verde para culminar con el día laboral cuando un hombre de pelo blanco y largo y ropas juveniles entró. Tenía una nariz ancha con una verruga graciosa y los ojos oscuros, sonreía y traía en la mano varios panfletos.
—Lo siento, estamos cerrando —Comentó Sakura distraídamente.
—No importa, tomará un segundo. Quiero hablar con el dueño del lugar —Sakura asintió algo nerviosa y paró de hacer su trabajo para observar con detenimiento al hombre, no parecía un inspector, ni un proveedor.
—Sí, yo soy la responsable —Dijo hablando seriamente, en tono maduro que no denotaba ni una pizca de nervios. Sus compañeras la miraban curiosas desde sus puestos de trabajo.
—Perfecto, mi nombre es Jiraiya y trabajo para una radio internacional —Sakura asintió comprendiendo pero todavía no sabía a dónde quería llegar ese hombre—. La radio Konoha's Rock está interesada en hacer una colecta benéfica para los pacientes del hospital central de Tokio —Sakura ubicaba ese lugar, allí trabajaba su tía Tsunade, la hermana mayor de su mamá. No quedaba lejos de la cafetería—, y estamos organizando una fiesta para todos los que quieran ir, la entrada es gratuita y pueden llevar alimentos no perecederos, ropas o cualquier cosa que se quiera donar, también dinero claro… ya que el hospital está pasando por una crisis… En fin, no voy a entrar en detalles —Sakura ya no comprendía nada—. Lo importante es que está invitada toda la ciudad y a pesar de que ya se habló de esta mega fiesta en la radio se quiere expandir la noticia lo más que se pueda —Mostró sus panfletos—, quería preguntar si se puede pegar un panfleto en la vidriera de la cafetería y dejar otros en la barra para que la gente pueda agarrar los que quiera.
—Ah, claro —Dijo Sakura emocionada, una súper fiesta, eso iba a ser divertido. El hombre le entregó los panfletos y la chica los aceptó sonriente—. Muy bien, los voy a pegar y mañana cuando abramos El Refugio todo el mundo lo verá —Prometió la chica. El hombre la observó y clavó sus ojos en los de la joven.
—¿Eres Sakura?— La joven se sorprendió.
—Sí.
—Tu tía Tsunade me recomendó este lugar. Pasaré algún día —Tras decir eso se marchó saludando alegremente. Ino corrió y le quitó un panfleto de las manos. Lo leyó y sus ojos azules se iluminaron de inmediato.
—Esto va a estar genial. Sakura, es el momento perfecto para promocionar la cafetería y además para divertirnos…
—Tuve la misma idea, Ino —Le sonrió su amiga.
—Expliquen… —Ordenó Tenten desde detrás del mostrador donde acomodaba las tazas y las cucharitas.
—Bueno, es una perfecta ocasión para usar el Refugio Móvil —Dijo Ino con una sonrisa mientras le extendía el panfleto a la chica de los rodetes para que lo leyera. Sakura terminó de cerrar las persianas justo en el momento en el que Suigetsu y Sasuke se dignaban a salir, le pagaron a Karin y se despidieron, pero antes de agacharse para pasar por la mini puertita de la persiana, Suigetsu le quitó de las manos uno de los panfletos y se lo llevó a la oscuridad de la noche. Sakura cerró la puerta y miró a Karin a los ojos.
—De verdad es muy guapo.
—Te lo dije y no me creíste —Comentó Karin poniéndose las manos en la cintura.
—Dios Karin, debes invitarnos a tu casa la próxima vez que ese chico esté apenas a unos metros de ahí —Dijo Ino sonriente. Tenten seguía leyendo el panfleto confusa.
—La verdad es que es muy lindo… —Comentó distraídamente mientras dejaba el panfleto sobre la barra y continuaba trabajando.
—Se los dije —Rio Karin divertida ante las caras de babosas de sus amigas y se sentó en una silla—. Sasukito es único —Los ojos rojos le brillaron tras los lentes.
—Si no dijeras eso de todos los chicos que te cruzas tal vez te hubiéramos creído a tiempo —Rezongó Ino bromeando—. En fin, si tu vecinito piensa ir a la fiesta tal vez lleve a ese adonis así que, con más razón, tenemos que asistir.
—¿Para qué?... —Preguntó la pelirroja cruzada de brazos— Es verdad que va a haber mucha gente pero no sé si me apetece ir.
—Vaya, qué raro, la máxima fiestera rechazando una mega fiesta.
—¿Qué es el Refugio Móvil? —Preguntó Tenten, recién en ese momento, de manera distraída nuevamente.
—Ah, cierto que empezaste a trabajar hace poco… —Razonó Sakura— Es un invento extraño de mi padre, tenía unas ideas muy locas cuando le dejaron el lugar. Creía que podía poner puestos ambulantes por ahí y que todos se emocionarían mucho pero lógicamente eso no funcionó. Pero se puede estrenar ahora —Sakura caminó hasta un armario de escobas que tenían junto a la escalera y sacó de allí adentro un carrito como los de los vendedores de helado que tenía varias tazas, una máquina de café incorporada y un cartel muy vistoso que decía «El Refugio Móvil»—. Es momento para hacer que funcione, tomarnos el tiempo de ir a la fiesta y, por turnos, atender el refugio móvil para los que quieran tomar una taza de café frío —Ino soltó un grito que interrumpió las explicaciones de su amiga.
—Aquí dice que la fiesta será en la playa… Estará perfecta, no es lejos y hace mucho que no vamos a la playa —Se entusiasmó la rubia mientras releía el panfleto.
—Bueno… voy a ir —Decidió Karin levantándose—. Me imagino que pagarán por horas extras.
—Claro que sí —Dijo Sakura con tono ofendido—, repartiremos las ganancias entre las cuatro.
Karin asintió y tomó un trapeador del armario para luego caminar hacia los baños. Ino se sentó a un lado de Tenten que parecía que no le importaba nada lo de la fiesta.
—Qué tal si va tu chico también —La codeó la rubia, Tenten se movió nerviosa en la silla y no miró a su amiga ni por un segundo.
A la mañana siguiente, el panfleto ya estaba pegado en la vidriera y cada uno que pasaba lo leía emocionado. Ino había llegado ese día con una bolsa grande repleta de alimentos no perecederos, estaba más maquillada que de costumbre y con un humor estupendo. Brincaba, entablaba conversaciones con las personas que pasaban por ahí y hacía su trabajo más a gusto. Ése fin de semana iba a ser estupendo para ella. La rubia estaba tan contenta con todo aquello que no podía parar un segundo.
La chica de nombre Hinata que había estado el día anterior con Naruto llegó andando en bicicleta vestida con una camisa sin mangas de color turquesa, una gorra negra y un short del mismo color, tenía su librito bajo el brazo y se detuvo como todos los que por allí pasaban a leer el panfleto, no se mostró impresionada ni emocionada y pasó directamente a sentarse en su mesa habitual y a pedir lo que quería tomar.
Detrás de ella pasó el grupo de punks que habían estado la tarde anterior, leyeron lo que estaba allí pegado y se quedaron un rato debatiéndose qué hacer al respecto, Ino los miró y cruzó los dedos con disimulo implorando que no entraran. El joven pálido de gruesos labios la miró fijamente hasta que sus dos compañeros terminaron la conversación, Ino le sostuvo la mirada desafiante y cuando todos estaban por marcharse el joven le sonrió falsamente de nuevo, como había hecho la noche anterior.
—Son escalofriantes —Sakura que pasaba por allí la miró sin comprender.
—¿Qué pasa? —Preguntó a la joven depositando sus ojos verdes en los azules de Ino.
—Esos punks de ayer, violentos y raros… y, parecen capaces de hacer cualquier cosa. Uno de ellos me miró extraño todo el día de ayer y recién pasó por aquí y me miró de la misma manera fría y… arg, no quiero ni pensarlo. Me da miedo —Se abrazó a sí misma sin dejar de mirar el lugar por el que había desaparecido el pálido muchacho.
Sakura, con algo de temor por su amiga, decidió distraerse un poco y siguió con su trabajo.
Naruto había salido de su trabajo cubierto de grasa y aceite, estaba vestido con un mameluco azul bastante remendado, su madre se la pasaba remendándolo una y otra vez porque Naruto era muy bruto y siempre lo rompía. El joven no era bueno para el estudio, nunca le había dado mucho la cabeza para esas cosas y se llevaba mejor con el trabajo. En especial si era uno que requiriera de fuerza y no de mucha inteligencia, sin embargo estaba consciente de que su trabajo era muy agotador y que en un futuro no tendía vacaciones, ni podría jubilarse cuando se le diera la gana, ni tendría mucho tiempo para pasar en familia. Ahora, era sólo un joven adulto de veintiún años de edad, apenas salido de la adolescencia, con responsabilidades pero no tantas… Su madre se lo repetía una y mil veces, ella deseaba con todas sus fuerzas que su hijo estudiase, decía siempre «Los conocimientos dan libertad», mientras que su padre entre sonrisas compinches le respondía por lo bajo «La ignorancia es felicidad» Naruto siempre supo que los consejos de su padre eran en modo bromista y no lo decía en serio pero a veces se sentía más a gusto con éstos que con los de su madre que requerían de mucho esfuerzo y dedicación.
Su jefe, un hombre de cabellos plateados llevados hacia arriba trabajosamente y un flequillo que le cubría un ojo, le había dado últimamente más tiempo libre pagándole, igual, el tiempo completo, y Naruto lo agradecía mucho. Kakashi Hatake, era un hombre extraño, no necesitaba de ése taller mecánico, lo tenía por hobby, él era profesor en una academia de mucha importancia según lo que decían todos, aunque Naruto, nunca había oído de él hasta el día que lo conoció; y ahora que el hombre estaba por fin de vacaciones en su trabajo «verdadero» tenía más tiempo para ocuparse de sus gustos personales y reparaba los vehículos casi él solo. Era un tipo soltero que tenía guardada, según lo que Naruto había encontrado por accidente una vez, un cajón repleto de pornografía y relatos eróticos, al joven le había costado una semana entera volver a verlo como antes.
Secándose el sudor de la frente con la manga de su mameluco, salió del taller dejando atrás el aroma a combustible, el espacio cerrado y fresco y los autos que le encantaban, y saliendo a la calle donde la luz del sol era cegadora y el calor era potente. No había casi nadie, la gente estaría refugiada en sus casas con aires acondicionados o ventiladores al máximo, mirando una película o riendo en familia, o durmiendo la siesta, o comiendo. El estómago le rugió feroz, no había desayunado esa mañana, se había levantado tarde y ahora eran las doce del mediodía y había estado todo el día sin probar bocado.
Dos jóvenes lo atraparon por la espalda y, Naruto, salió de su ensimismamiento dando un respingo, detrás de él se encontraba un chico de piel morena y cabello alvino muy corto y algo puntiagudo, sus ojos negros mostraban inseguridad y mascaba nervioso un chupetín, una chica sonriente lo acompañaba, tenía una sonrisa salvaje y llena de confianza al contrario de su compañero, su piel era igualmente oscura pero sus ojos eran color ámbar, delicados y fieros a la vez y su cabello largo y desprolijo rojo carmesí estaba cubierto en parte por una bandana blanca; detrás de ellos había dos jóvenes muy parecidos, una chica hermosa rubia con corte recto y flequillo y un joven del mismo corte, la única diferencia era que él tenía la cara más cuadrada y ella más refinada y… bueno, los enormes pechos de la joven. Naruto sonrió al ver a sus amigos. Omoi, Karui, Atsui y Samui.
—Ey, chicos… ¿vinieron a verme? —Samui, la joven rubia, asintió de manera seria, fue su hermano quien comenzó a hablar, Atsui tenía la voz grave y pesada.
—Tenemos noticias —Le tendió a Naruto un panfleto de color celeste y letra prolija. El joven lo miró sin comprender, pero tampoco se molestó en leer, sabía que sus amigos le harían saber tarde o temprano lo que decía.
—Fiesta en la playa… O mejor dicho ¡La Mega Fest patrocinada por Konoha's Rock! —Karui seguía sonriendo con su cabello rojo flameando a sus espaldas con el poco viento que aparecía de vez en cuando, como un fantasma, y desaparecía de la misma manera y con la misma rapidez— Darui y Bee están organizándolo todo.
—¿Eh? —El joven no entendía nada.
—Que Darui y Bee están haciendo arreglos con la gente de la radio para que nos permitan tocar en su fiesta —Naruto tardó unos segundos en procesar la información y a medida que lo hacía una sonrisa iba invadiendo su rostro. Omoi pareció sobresaltarse y habló con voz queda.
—No sé si será buena idea tocar frente a tanta gente pero no quieren oírme… Podrían suceder cosas terribles… —Antes de que el joven comenzara con sus especulaciones sobre vergüenza, deshonor y muerte, Karui le pegó un codazo en las costillas que lo hizo callar.
—¿Qué dices Omoi? Será genial —Exclamó Naruto extendiendo los brazos.
—Como, por ahora, sólo nos dedicamos a covers —Siguió Samui algo rígida en su lugar—, no creo que la radio tenga algún problema, después de todo, lo más probable es que nos digan ellos las canciones que quieren que cantemos…
—Eso sólo es más aterrador —Siguió Omoi asustado—. Tenemos sólo un par de días para prepararnos para la fiesta, además de nuestras responsabilidades cotidianas.
—Ya basta Omoi —Lo calmó Atsui un poco harto, el joven moreno no se quejó más.
—Bien… déjenme ir a casa a bañarme y comer… —Dijo Naruto intentando dejar la conversación para otro momento, así podría asearse y alimentarse antes de tomar una decisión— y nos veremos a las dos en «El Refugio» con Darui y el viejo Bee para que nos den las buenas nuevas… Y entonces votaremos qué hacer, así Omoi también tiene oportunidad de dar su opinión…
—A Omoi lo callaré las veces que sea necesario —Karui se cruzó de brazos molesta.
—A ti también te debería dar pena, Karui —Continuó el joven enojado—, la gente verá el poco pecho que tienes y no se te acerca… —No completó la oración, la chica lo había acorralado contra una pared y lo golpeaba con antipatía en el estómago. Samui y Atsui tuvieron que acudir a ayudar al muchacho que se estaba quedando sin aire.
Naruto decidió aprovechar la conmoción para alejarse lo más rápido posible de sus amigos y caminar a grandes zancadas hasta su casa que no quedaba lejos de allí.
Su casa era pequeña, parecía aplastada entre dos casas enormes, estaba pintada de verde, tenía un techo de tejas oscuras y un masetero en la entrada con plantas bien cuidadas; era como las casas de las películas infantiles o de los libros de cuentos, el muchacho entró con la llave que quitó de su bolsillo y saludó a su padre; un hombre muy similar a él pero más envejecido, con el cabello rubio en picos pero más largo y sus ojos celestes intensos; el hombre le sonrió con cariño mientras miraba televisión en el sofá de su sala. Minato Namikaze había sido un estupendo político, querido por todos ya que ayudaba a la gente con frecuencia, lastimosamente tener un corazón tan noble no era para políticos, no le fue bien en el trabajo y encontraron la forma de destituirlo, el hombre actualmente estaba desempleado y su esposa que acababa de entrar al lugar para saludar a su hijo, era la responsable de que tuvieran un plato de comida en la mesa todos los días; la hermosa mujer de cabellos iguales a los de Karin pero menos descuidados, más lacios y más largos le sonrió al joven hombre con cariño, Kushina Uzumaki… Él, Naruto, había sido bautizado con el apellido de su madre debido a que casi no había Uzumakis en el país a excepción de su familia y de no haber sido así el apellido se hubiera extinguido. Lo mismo había sucedido en el caso de Karin y su hermano mayor Nagato; la hermana mayor de Kushina, Kushijo Uzumaki, también les había dado el apellido a sus hijos por la misma razón, eso le habían dicho de niño.
—Viniste más temprano.
—Sí —Asintió muerto de calor y sudando a chorros. El estómago volvió a rugirle, lo había olvidado, también tenía hambre.
—Te prepararé algo… —La mujer desapareció decidida por la puerta nuevamente, Naruto sabía que no existían padres mejores que los que él tenía. Con ese pensamiento en la mente se dirigió a un baño pequeño que había al atravesar un pasillo y se desnudó para meterse en la ducha fría.
Hinata, con su cabello tan largo que incomodaba, atado en un rodete alto, leía concentrada bajo la sombra de un árbol con sus enormes lentes circulares y su gorra negra a un costado. Se encontraba en uno de sus lugares favoritos, un verde césped, un fresco aire veraniego, un lindo árbol como compañía y nadie que la molestara. El jardín de su casa era maravilloso. Después de haberse pasado la mañana en la cafetería, estar en casa era agradable.
—Así será —Oyó una voz gruesa, de hombre, que la distrajo de su lectura y levantó la vista, Hiashi Hyuga, un hombre maduro de tez clara y cabello largo, vestido muy elegantemente aunque fresco y poco vistoso se acercaba a ella hablando por teléfono celular seriamente—, sí, y quiero un gran escenario… ¡Sí, ya dije que sí! Queremos que vaya toda la gente posible así que si hay un par de mocosos que quieren presentar a su bandita que así sea… —El hombre soltó un bufido—. Eso hará que asistan ellos, amigos y familiares, no seas tonto —El hombre se paró frente a su hija clavando sus ojos aperlados en los de ella y luego los desvió para hacer un último comentario a su interlocutor—. Bien, asegúrate de que todo quede espléndido —Hiashi colgó el teléfono, se lo guardó en el bolsillo y miró a su hija con dulzura— Me preguntaba…
—¿Si quiero ir a tu fiesta? —La chica lo miró igualmente tierna.
—Más bien esperaba que fueras, aunque sea sólo por compromiso…
—Papá… sabes que no quiero heredar tu radio —Hinata hablaba con su tono dulce, gentil, educado y tímido pero con mucha decisión.
—Lo sé, pero espero que todavía estés a tiempo de cambiar de opinión —Hiashi no levantaba la voz ni se mostraba decepcionado, le hablaba a su hija con mucho cariño y respeto, igual que ella se había dirigido a él—. Por lo menos asiste con Neji… y diviértete.
—Papá…
—Por favor —Insistió el hombre con el fin de que su hija conociera el fantástico mundo de la música—. Jamás te he oído siquiera escuchar una canción…
—Pero sí oigo música papá, sólo que no…
—Mira, Hinata —El semblante del hombre cambió un poco, pareció endurecerse por un momento y luego volvió al tono en el que le estaba hablando antes—: Tu hermana es muy pequeña para ir aún, pero estoy depositando esperanzas en ti, ¿En las manos de quién más podría dejar mi radio cuando yo muera?
—Todavía eres muy joven y estás sano…
—Igual que mi hermano gemelo lo estaba, y mira lo que le pasó al padre de tu primo —Hiashi se cruzó de brazos.
—Si es con esa excusa entonces yo también podría morir mañana mismo, o incluso hoy —El hombre le dedicó una mirada llena de pesar y tristeza y carraspeó nervioso.
—Sólo quiero que lo pienses… quiero que salgas a divertirte y que dejes de estar tan sola y encerrada en tu mundo de hadas, duendes, magos y fantasía. Ya eres una mujer adulta —Hinata se enderezó seria.
—Y tomaré responsabilidades de mujer adulta… pero seguiré con mis gustos, encerrándome en mis mundos de fantasía por el resto de mi vida, papá —El hombre chirrió los dientes entre apesadumbrado y enojado y se marchó, por donde había venido, con pasos nerviosos.
Uchiha Sasuke, estaba viendo una película, no tenía la necesidad de trabajar, estudiaba y le iba bien con eso, a sus veintiún años no sabía lo que significaba hacer un esfuerzo real pero eso tampoco le molestaba. Tirado en el sofá impecable de su casa comía palomitas de maíz con caramelo derretido, mientras disfrutaba del fresco de su aire acondicionado y se estiraba perezoso. Iba vestido sólo con un jean y tenía la televisión a máximo volumen.
Su hermano entró por la puerta acompañado de un amigo muy unido de cabellos azules parados y ojos muy pequeños y amarillos redondos, como dos cuencas iluminadas por un foco de luz, su piel era pálida al extremo de parecer algo morada o azulada y llevaba ropas que le contrastaban mucho, bastante oscuras. Itachi Uchiha, por su parte, era muy similar a su hermano pero un poco más alto y más sonriente, tenía un humor estupendo al lado del de Sasuke, y llevaba su cabello largo atado en una cola de caballo baja, en la nuca. Su pelo era la perdición de la mayoría de las mujeres y sus ojos negros eran mucho más brillantes e intensos que los de su hermano menor.
—Sasuke… Kisame y yo vamos a asistir este fin de semana a una fiesta en la playa ¿Qué te parece si vamos juntos? —Preguntó el mayor sonriente.
—No me gustan ese tipo de cosas…
—Vamos, va a haber muchachas lindas seguramente —Itachi sonrió y su acompañante rio divertido.
—¡Qué raro Itachi de cacería!
—Ey, tú no te quedas atrás —Le espetó el de pelo negro a Kisame Hoshigaki.
—Seguramente estará plagado de colegiales estúpidos y niñitos mimados… —Bufó Sasuke aburrido intentando prestar suma atención a una escena sangrienta de la película.
—No, no lo creo. Es para una causa benéfica así que habrá gente de todos lados —Informó Itachi—. Me gustaría que vinieras, pasas mucho encerrado en casa últimamente.
Sasuke bufó nuevamente desinteresado por mucho pero acabó por asentir.
—De todas maneras se lo prometí a Suigetsu —Kisame lo miró extrañado. Kisame Hoshigaki era el medio hermano mayor de Suigetsu Hozuki. Su madre lo había tenido muy joven, a los diecisiete años y sólo duró dos meses casada con el padre de Kisame, cuando éste nació la joven madre no tardó en volver a enamorarse y cometer el mismo error nuevamente, un mes después de su primer parto ya esperaba otro bebé: Mangetsu Hozuki y tres años después a Suigetsu. Por la cara que había puesto Kisame, su hermano menor no lo había informado de nada.
—Y entre tantas falsedades, muchas de mis mentiras ya son verdades…—Cantaba un rubio al entrar a la cafetería, su prima estaba con mil brazos atendiendo dos mesas repletas de gente al mismo tiempo, Sakura limpiaba sofocada un charco enorme que había en el suelo, seguramente alguien había derramado algo, Tenten no estaba e Ino atendía las dos mesas de afuera con el mismo problema que Karin.
En una mesa algo alejada estaba sentado un hombre maduro, de treinta y seis años, de piel morena y pelo rubio oxigenado, teñido, su barba candado era del mismo color artificial de su cabello, llevaba unos lentes oscuros que no permitían que se le vieran los ojos; el hombre estaba acompañado por un muchacho de piel incluso más oscura y cabello blanco pálido, como Omoi, pero más largo y con flequillo a un costado. El muchacho era Darui, de veintitrés años, uno de los representantes de la, apenas iniciada, banda que tenían; el adulto se hacía llamar Killer Bee, el que comenzó con todo, el de la iniciativa de la banda musical, un hombre que se había quedado con las ganas de triunfar en su adolescencia y había convencido a sus vecinos jóvenes de que lo ayudaran a triunfar ahora. Naruto se sentó con ellos.
—¿Y los demás? —No saludó. Los demás tampoco.
—Ya llegarán… —Darui estaba muy serio… Bueno, no era novedad. Samui, la joven de recto cabello rubio, de veintitrés años, también se encargaba de representarlos, pero se enfocaba más que nada en sus vestimentas; a los integrantes les gustaba fingir que tenían el éxito asegurado y que tenían gente que los vestía y maquillaba, y ella disfrutaba siendo esa persona. Atsui, su hermano mellizo, era vocalista pero también tocaba el bajo, Bee la batería, Karui de veintiún años era muy buena guitarrista y Omoi, también de veintiuno, se encargaba del teclado. Naruto era el único que no tocaba ningún instrumento y sólo se dedicaba a vocalizar, pero la gente lo adoraba por su increíble participación en el escenario. Claro que hasta el momento, sólo habían tocado en escenarios chicos, de discotecas poco concurridas o de concursos barriales sin importancia. En ese momento llegaban los demás, siempre en grupo.
Se sentaron todos en derredor de la mesa y Naruto notó que su prima lo fulminaba con la mirada, teniendo en cuenta que no daba abasto con el trabajo.
—¿Y bien? —Karui habló como siempre con esa mirada fiera y violenta, llevaba su guitarra criolla colgada tras un hombro.
—Dijeron que sí —Darui continuaba serio, con la vista perdida en el traqueteo de sus dedos sobre la mesa redonda—. Tenemos que estar una hora antes para presentarnos y que nos indiquen lo que tenemos que hacer.
—Es una gran oportunidad —Habló Samui emocionada, con el calor llevaba poca ropa y era inevitable no mirarle los pechos tras ese escote. Naruto se concentró haciéndose el distraído—. Nos irá bien.
—Sí, claro que sí… Eso si no nos equivocamos, nos humillan y nos destierran de Japón para siempre —Rezongó Omoi pero al notar la mirada de Karui en su rostro se sosegó.
—¿Y entonces? —Fue Naruto quien preguntó, quería saber qué harían con los ensayos y demás cosas— Hay muchas cosas por preparar.
—Darui cree que estamos preparados, no hay que perder la calma aún si no estamos entrenados —Rimó Bee, al azar, como si fuera un comentario normal.
—Propongo que ensayemos en mi casa —Puntualizó Atsui— mis padres, es decir, nuestros padres —aclaró señalándose a sí mismo y a su hermana—, se van de vacaciones y nos quedamos solos, no va a haber problema…
—Siempre y cuando pasen después de los horarios de trabajo —Puntualizó Samui, siempre más responsable.
—Traje mi guitarra —Señaló Karui contenta por la noticia de su próximo concierto—. Podríamos practicar una rápida aquí entre que esperamos que alguna de las chicas se desocupe —Todos estuvieron de acuerdo rápidamente. Ignoraron la música que sonaba y Karui comenzó a tocar una canción que todos conocían muy bien, era la misma que Naruto había entrado cantando minutos antes; Samui y Darui simplemente miraban, no tenían nada más que hacer. Comenzó Bee como solía hacer siempre, emocionado, sus rimas fueron rápidas (más rápidas que la canción original en sí y Karui tuvo que apurar las notas para que fueran con el ritmo del hombre)
—Ya tuve que ir obligado a misa, ya toqué en el piano «Para Elisa»,
Ya aprendí a falsear mi sonrisa, ya caminé por la cornisa.
Ya cambié de lugar mi cama, ya hice comedia, ya hice drama,
Fui concreto y me fui por las ramas, ya me hice el bueno y tuve mala fama —El hombre miró a Atsui que continuó más despacio y Karui de nuevo cambió los tiempos de sus notas.
—Ya fui ético y fui errático, ya fui escéptico y fui fanático,
Ya fui abúlico y fui metódico, ya fui púdico y fui caótico —Prosiguió Omoi moviendo las manos como si rapeara algo único y original.
—Ya leí Arthur Conan Doyle, ya me pasé de nafta a gasoil,
Ya leí a Bretón y a Moliere, ya dormí en colchón y en somier —Naruto continuó en el mismo tono que Omoi, lleno de pasión pero más despacio que Bee.
—Ya me cambié el pelo de color, ya estuve en contra y estuve a favor.
Lo que me daba placer ahora me da dolor, ya estuve al otro lado del mostrador —Y los cuatro juntos, junto a la voz femenina de Karui cantaron el coro.
—Y oigo una voz que dice sin razón,
«Tú siempre cambiando ya no cambias más»
Y yo estoy cada vez más igual,
Ya no sé qué hacer conmigo.
En cuanto acabaron con su pequeño ensayo, había algunas personas alrededor observando, pero ellos no les dieron importancia.
—Yo creo que con un par de ensayos más estamos más que listos para la Mega Fest de Konoha's Rock —Dijo Darui muy convencido. Una joven que volvía por segunda vez en el día y justo estaba pasando por allí se detuvo en seco. La muchacha de pelo largo y lacio de color negro azulado, miró con ojos dulces y sorprendidos a todos los que estaban en la mesa y los clavó en Naruto que al sentir su mirada volteó a verla y le dedicó una sonrisa compinche.
—Na… Naruto —Dijo acercándose un poco, ruborizada por la timidez pero prendida por la curiosidad— ¿Estarás en la Mega Fest?
—¡Sí! —Se levantó para que todos lo oyeran, como si quisiera hacerse notar para recibir alabanzas o hacerse propaganda— Mi banda y yo tocaremos en la Mega Fest —Hinata se miró los pies— ¿Irás a verme, Hinata? —La joven se ruborizó aún más por la invitación decidida del chico, que ni sospechaba que el realizador de la fiesta era su padre.
Lo miró a los ojos, haciendo un gran esfuerzo, de nuevo estaba roja como un tomate, sentía el calor en sus mejillas pero no era algo que pudiera controlar. Ni siquiera conocía a ese joven muchacho pero con sólo verlo el estómago le daba una patada y el corazón le latía fuerte. No creía estar enamorada pero sí muy interesada en su persona extravagante, inquieta y agradable.
—Sí… ahí estaré… Te veré en el escenario —Ella le sonrió y él le devolvió la sonrisa, siendo observado por todos sus compañeros de banda, por su prima y por las otras personas que estaban ahí.
