A/N: Hasta la piel – Carla Morrison.
Una roca saltaba sobre el agua. Dio unos 5 saltos más antes de hundirse, solo para encontrarse perseguida por una segunda que fue a hacerle compañía al final del canal.
El teléfono vibraba, ya habría sonado unas 10 veces si no mal recordaba. Sin embargo, se limitaba a mirar la pantalla brillar y luego voltearse nuevamente hacia el agua oscura, cuya única iluminación era la luna menguante. Era una noche agradable, templada, y con cielos despejados.
Pero para Sayaka lo único relevante era la temperatura en ese momento.
¿Qué hora era ya? Echó otro vistazo rápido al aparato que vibraba y no le sorprendió ver que ya marcara las 4 de la mañana. Apretó el abrazo a sus piernas y enterró la barbilla entre sus rodillas.
Se sentía patética.
No quería la compañía de nadie, por eso estaba en ese lugar.
Pero la verdad, no estaba siendo completamente honesta; si estaba ahí y no en cualquier otro sitio, era porque aquí mismo era donde se encontraba con Kyouko cuando las cosas se ponían feas para ella.
Peleas con sus padres, rupturas con sus novios…
Y ahora, recién, era capaz de darse cuenta que ninguna de esas veces trataron algún problema de Kyouko; siempre eran los propios. Llevó su dedo pulgar a la boca, y mordisqueó ahí la punta mientras hacía su mejor esfuerzo por tragar las lágrimas.
No quería llorar más. Había estado llorando hace horas, aunque siempre fue muy reprimido. No había puesto un pie en su hogar como para tener la libertad de hacerlo con todas sus ganas.
Lanzó otra piedra; recordaba que Kyouko siempre le decía que canalizara toda la rabia, o tristeza, o frustración, en ella; que viera a la roca como la personificación misma de todo, y que con lanzarla, todo se iría, se lo sacudiría.
Entornó los ojos, y hubo otro chapoteo en el agua por su nuevo lanzamiento. Una sonrisa débil se formó en su rostro, mientras las lágrimas caían libres de nuevo.
Por más que lanzara todas las piedras que tenía alrededor, sabía que sería inútil. Kyouko nunca le enseñó qué hacer el momento en que no estuviera con ella, el momento en que la personificación fuera Kyouko misma.
Lamentablemente, la rutina hizo que se acostumbrara a la idea de que siempre tendría ese hombro cálido a su lado, ese hombro donde poder apoyarse y aferrarse cuando se hiciera pedazos.
Se sentía de lo peor; el que Kyouko se fuera era exclusivamente su culpa.
Olvidó valorarla.
Kyouko tenía razón, a fin de cuentas siempre veía por sí misma todo el tiempo. Claro, solo respecto a Kyouko, porque no tenía problema en arriesgarse o pasar horas reconfortando a Madoka o Hitomi.
Siempre se excusó en que Kyouko era estable, que nunca se rompía, y si caía, era lo suficientemente fuerte como para ponerse de pie sin ayuda de nadie.
Llevó una mano a cubrir todo su rostro, y sus dedos agarraron el cabello de su flequillo, jalándolo, en un intento inútil de focalizar el dolor en otra cosa; de sacarla de ese estado.
Por otro lado, intentaba entender algo más allá.
Porque sí, le dolía, y le seguiría doliendo, pero…
¿Por qué?
Hace años, estaba segura, que no se había sentido tan mal. Probablemente, si hacía memoria, sería el momento en que se enteró de Kyousuke y Hitomi. Pero hoy, dentro de todo, mantenía la suficiente cordura como para que su Soul Gem no comenzara a amplificar lo malo de la situación.
Además…
Se le caería la cara de vergüenza si Kyouko llegara a verla en esas condiciones de nuevo.
Apartó la mano del rostro, y fue a invocar la gema solo por prevención.
Se escuchó un fuerte rechinar de dientes en cuanto lo hizo; la piedra tenía varias nubecillas de corrupción girando entre el azul desgastado. Abrió su bolso de mala gana, y procedió a purificarla. Necesitó 2 Grief Seefs para dejarla completamente brillante, pero a pesar de lo decepcionante que fue, se sentía muchísimo mejor.
El pecho le pesaba todavía, claro, pero al menos se podía dar ánimo para volver a casa e intentar dormir un poco. Se puso de pie, y al recoger el móvil, decidió ingresar al menú de mensajes. Apretó los labios, cejas fruncidas, y requirió toda su fuerza de voluntad para enviarlo.
Después de todo, ya nada podía ser peor.
…O eso esperaba.
"¡Ya veo! Entonces eres una verdadera abuela en el rubro, Kyouko-nee."
Una barra de chocolate fue a encontrar rápido y con fuerza, simulando una espada, el cuello de la chica. Ella se paralizó de golpe, y la mirada fija de Kyouko fue la que hizo que agachara la cabeza a modo de disculpa.
"A ver, niña, en primer lugar, no vuelvas a llamarme abuela, mira que tengo solo 2 años más que tú, eh. En segundo, tampoco te he permitido llamarme de esa forma, así que déjalo ya." Apartó la barra de su lugar, y en cambio fue a desenvolver de un solo tirón el envoltorio y encajarlo en su boca.
"Pero oneee-san, ¿qué tiene de malo? Después de todo, eres nuestra superior, nuestra sen-pa-i."
Kyouko casi se ahoga con eso, y acabó tosiendo fuerte para expulsar la comida. Hiyori se apresuró a su lado para ayudarle, y para cuando empezó a relajarse, le dio un par de palmadas en la espalda. "¿Está bien, Kyouko-san?"
Kyouko dio una última tos y luego se irguió por completo. Llevó ambos brazos tras su cabeza, y siguió caminado. "Mhm, gracias… ¿Hiyori, era?"
"¡Sí! Ah… Y disculpe si le molestó el comentario de Kari, no hemos conocido a muchas chicas mágicas que toleren una conversación así…"
"Deja la formalidad, no me gusta. No soy senpai de nadie, así que no me deben respeto extra por ser veterana, relájate. De todos modos… ¿Son las únicas en la zona?"
"Está Miyu también, pero hoy no quiso venir con nosotras."
"¿Uh?" Kyouko se detuvo entonces para voltearse y ver al par, quienes pararon de golpe, temiendo haber dicho algo malo. "Entonces son un equipo de 3, ¿no?"
Akari asintió con vehemencia. "Miyu fue la primera de nosotras, ayudó a Hiyori cuando estaba a punto de caer en manos de una bruja… Y luego, ¡Hiyori me encontró a mí!" Fue a agarrar el brazo de la otra, la cual no pudo ocultar el sonrojo, "me ayudó a escapar de una chica que quería robar mi única Grief Seed, y digamos…" Apartó la mirada, "que no estaba en mi mejor estado, la necesitaba."
Hiyori le dedicó una sonrisa leve, y luego fue a encontrar la mirada de Kyouko, "llevamos un par de meses juntas, aunque Miyu va de aquí y allá siempre. La verdad… Nos gusta verla como un gato, en ese sentido, pero siempre aparece cuando la necesitamos."
Kyouko no pudo retener la risa, "¿un gato? Pff, conozco a alguien así también."
Akari iba a seguir comentando cuando otra presencia mágica se acercó rápidamente hacia ellas. Las chicas inmediatamente se iluminaron y comenzaron a saludar a la nada, para gusto de Kyouko, y simplemente se cruzó de brazos esperando lo que fuera que viniera.
Pero casi se cae cuando se dio cuenta de que quien venía trotando no era nada más ni nada menos que Mami.
"¡Mami-san!"
"¡Niñas! L-Lamento la demora, un profes-" Y abrió unos ojos de plato, "¿Kyouko?"
"Ajam, la misma, Mami-senpai."
El tono burlesco que ocupó ganó una inmediata mirada reprobatoria de Mami, una de esas miradas que a Kyouko ya le decía que el castigo se vería reflejado en la cena.
Tenía ganas de morderse la lengua por bocona.
"Bueno, digamos que fue oportuno. Tenía planeado presentarlas hoy, de todos modos. Ella es una de las chicas de las que les hablé, estará ayudando con el cuidado de la ciudad, así que espero que se lleven bien."
"Kyouko-nee es un poco gruñona, Mami-san, ¡pero a mí me agrada ya! Además lucha cuerpo-cuerpo, me serviría mucho poder entrenar con ella."
"¿Eh? Hey, novata, no sé qué bicho te picó conmigo, pero yo no tengo la paciencia de Mami, así que búscate otra maestra."
Akari se puso delante de Kyouko, solo para hacerle un puchero, "¿por favor? ¡Te puedo invitar a comer cada vez que me enseñes!"
Bingo.
Kyouko bufó, y luego alargó una mano para revolver el cabello de la otra, "más te vale que me lleves a buenos lugares, mis lecciones son duras y no te las llevarás baratas."
"Kyouko."
"¿Qué? ¡Ella insistió!"
"No abus-"
"¡Trato hecho!" Y Akari fue a tironear a Kyouko del brazo, sonrisa brillante en su rostro, "¡vamos por algo ahora mismo!"
Mami y Hiyori se dieron una mirada mientras el ruidoso par avanzaba con rapidez, y ambas se echaron a reír al unísono.
"¿Madoka?"
"¡Ah, mamá!" Madoka casi lanza el teléfono lejos por el susto, y se giró a ver a su madre con un puchero instalado en su rostro.
Junko se sentó en la cama, junto a ella. "¿Aun nada de Homura, no?"
Madoka apartó la mirada.
Suspiró profundo, para luego rodear a Madoka con un brazo. "¿Has pensado qué harás?"
"¿Eh? ¿A qué te refieres?"
"¿Pretendes seguir sin un plan para tu futuro por siempre, Madoka?"
"N-No es tan fácil…"
"Nada lo es, hija. Yo estaría feliz de que te quedes acá hasta que estés arrugada como pasa, pero…" Y sonrió nostálgicamente, "sé que no es eso lo que quieres. Tienes que ir por lo que efectivamente quieres, la vida no espera a nadie, y bueno… Homura está avanzando."
Hubo un silencio, y Junko sabía que era porque Madoka estaba reteniendo las lágrimas; su respiración se había hecho inestable. Llevó una mano hasta el mentón de la otra, y lo alzó para que la mirara "¿vas a sentarte a esperar que vuelva, lo cual puede que no ocurra, o ir tras ella y caminar a su lado?"
Las lágrimas corrieron libres, y Madoka lanzó ambos brazos a aferrarse a su madre, "¡c-claro que quiero s-seguirla! ¿p-pero c-cómo puedo? No soy buena en n-nada, mamá…"
"Eso no es cierto. Y no te lo digo por ser tu madre, no. ¿Sabes? No tienes por qué seguir caminos tradicionales, Madoka. No te fuerces a enfrascarte en carreras que no te gustan solo por no arriesgarte a otras cosas."
Madoka se separó lentamente, solo para verla con el rostro levemente ladeado. "¿…Mamá?"
"Tu papá y yo siempre te apoyaremos, así que no temas por eso. No digas que no eres buena en nada, porque no es verdad. Tú sabes en qué tienes talento, ¡y tienes mucho! Y no lo digo yo eh, lo dicen todas esas distinciones que tengo colgadas en la sala."
"N-No es suficiente, es solo un hobby…"
"¿Cómo sabes que no lo es, Madoka?" Llevó ambas manos a tomar sus mejillas, "tienes que tomar riesgos por las cosas que quieres en tu vida. Créeme que si le pones corazón, todo irá bien. Y sino, tienes varios brazos que te ayudarán a levantarte, aprovecha eso."
"Pero y si Homura-chan…"
"Estoy segura que estará feliz. ¡Pero ponle empeño! Siempre apunta bien alto, y sabes que la mejor academia está en Tokyo, cariño."
Junko jaló sus mejillas mientras le daba una amplia sonrisa, "no te subestimes, si de verdad creyera que eres incapaz, no te empujaría a una caída segura."
Madoka le dio un par de manotazos a Junko para que la soltara, a lo cual respondió con una risotada mientras Madoka simplemente miraba hacia su regazo.
"…Quizás tengas razón." Se puso de pie entonces y se volteó para dedicarle una amplia sonrisa, "¡gracias mamá! Creo que por fin logré animarme de verdad."
"Solo necesitabas una meta, un propósito. Cuando caminas sin rumbo, es obvio que estarás desmotivada. Trata de recordarle eso a Sayaka también."
Hubo un silencio prolongado antes de que Madoka chillara. "¡Lo olvidé, argh!"
Junko parpadeó mientras Madoka se abalanzaba contra su móvil, "¡no me contesta nada desde ayer! Quizás le pasó algo…"
"¡Estoy segura que está bien! Sus padres ya me habrían quemado el teléfono a llamadas si no supieran de ella, seguro solo quiere estar sola, no te preocupes."
Madoka se quedó mirando la pantalla con un puchero; ahora ni Sayaka le respondía.
Genial.
Definitivamente había cosas que no cambiaban.
El olor de las galletas recién horneadas le provocaba muchas sensaciones, pero la principal era la nostalgia. Recordaba que cuando era pequeña le encantaba visitar a su abuela para estar en su casa que siempre guardaba olor a dulces; a chocolate, a masa en general, y…
Flores, hibiscos.
Tenía la vista fija en el pequeño, pero bien cuidado invernadero que tenía en la terraza. Escuchaba el murmullo de platillos resonar desde la cocina y las indicaciones que le daban a Miyuki. Por curiosidad y por matar el tiempo, sacó su móvil para checar la hora, pero se arrepintió en el momento porque tenía 3 mensajes en la bandeja; 1 de Mami, y 2 de Madoka.
2 de Madoka que se amontonaban con los otros 20.
Abrió el de Mami; aparentemente solo quería saber a qué hora regresaría, que quería enseñarle algo. Se encogió de hombros, segura de que no había forma de que saliera de ahí pronto. Escribió una respuesta rápida, y cuando estaba a punto de bloquearlo, su dedo vaciló y acabó abriendo el par de mensajes.
Los 2 eran similares, los 2 apuntaban a lo mismo: que la extrañaba, que esperaba que estuviera bien.
Cerró los ojos por un momento, tratando de apaciguar las emociones, y apagó la pantalla sin mirar. Abrió los ojos al sentir que se acercaba la presencia de las otras dos y se volteó hacia ellas.
Su abuela traía, como esperaba, una bandeja con galletas con chispas de chocolate. Miyuki traía el té, y las tres se sentaron alrededor de la mesa baja de la sala.
Era muy incómodo que la tuvieran en medio; sabía que era la extraña ahí pero no era necesario recalcarlo.
Luego de servir el té, su abuela se dirigió primero, la sonrisa gentil siempre en su rostro. "¿Hace cuánto que estás por aquí, Homura-chan?"
"Oh, hace un par de semanas. Aun me estoy estableciendo a decir verdad…"
"¿Estudios?"
"Mhm, bueno… Es parte de las razones, pero sí, es la principal."
La anciana asintió en entendimiento, y decidió no profundizar al respecto, "¿tienes donde quedarte?"
"Ah, sí. Tengo un sitio que compartiré con una amiga que se vino conmigo desde Mitakihara, pero nos estamos quedando temporalmente con otra amiga que vino a Tokyo desde el año pasado, mientras nos habituamos al cambio."
"¡Vaya! Me alegra que tengas amigas tan buenas, me relaja mucho saber que no has estado sola." Una mano fue a encontrar la de Homura y su dedo pulgar pasó a acariciar la piel que alcanzaba.
Homura asintió lentamente. Sí, efectivamente las tenía, las había tenido todo este tiempo.
Sinceramente a veces olvidaba agradecer eso.
Regresó el agarre con suavidad, y sin soltar, su abuela se giró hacia Miyuki que las miraba expectante mientras tomaba un sorbo de té.
"Ahora las presentaré bien. Miyu es hija de la hermana de tu madre, y ha estado viviendo conmigo desde aproximadamente… Un año luego de que te fuiste."
Homura ladeó la cabeza, la duda instalada en su rostro, "¿y por qué? ¿qué pasó con mi tía?"
La abuela guardó silencio, pero Miyuki fue la que respondió. "Mis padres murieron en un accidente de tránsito, por eso he estado al cuidado de oba-san."
Homura se volteó hacia ella, ojos púrpura abiertos como plato; no podía ocultar la sorpresa.
Luego, algo la golpeó. Tragó saliva, y lentamente regresó su mirada hacia la mujer que tomaba su mano. "¿…Y mi madre?"
"Ayuko… Estaba de vacaciones con ellos, y se vio en vuelta en el mismo accidente."
"…"
"…Homura-chan."
"Y no tenía idea…" Se llevó ambas manos a cubrirse el rostro y se inclinó hacia abajo. Sentía que literalmente le habían lanzado un tanque encima.
La abuela entornó los ojos, la culpa carcomiéndola. "Te busqué, pero no había rastro de ti. Llamé al hospital y no tenían ningún archivo sobre ti luego de tu recuperación…"
"…Está bien, es mi responsabilidad por dejar las cosas así. La verdad, en lo que menos pensé fue en ella durante estos años… ¿Irónico, no? A pesar de que fue ella quien no quiso nada más conmigo, no quería que las cosas terminaran así."
"Ayuko-san empezaba a repensar el asunto sobre ti, Homura-san."
Homura se destapó el rostro para voltearse a ver a Miyuki, al igual que su abuela.
"…Quiero decir, compartí un tiempo con ella, por mis padres. Y bueno… No podría decir algo concreto, pero al menos eso percibí. Se le veía nostálgica cada vez que se te nombraba por cualquier motivo, Homura-san."
Miyuki dijo todo con la mirada baja, como si de verdad sintiera lo que decía. Homura estiró los labios en una línea, y tras apretar los puños bajo la mesa, acabó suspirando antes de encontrar al par de ojos turquesa. "Te lo agradezco, aun si es solo tu interpretación." Luego se volteó hacia su abuela, "quiero preguntar más cosas, pero no hoy. Tengo que volver a casa luego y no quiero preocupar a mis amigas."
Asintió. "Será lo mejor, de todos modos… Puedes venir las veces que quieras, me encantará tenerte aquí más seguido."
Homura entrecerró los ojos, el calor lentamente deshaciendo el frío que se había instalado en su pecho por las malas noticias. Sonrió suavemente y asintió; todo estaba saliendo mucho, mucho mejor de lo que esperó, de lo que imaginó.
"¿Homura-san?"
"¿Eh?" Se volteó, saliendo por completo de su hilo de pensamiento.
Miyuki giraba la cuchara dentro de su taza de té, por primera vez sin atreverse a mirar de frente. "Uhm, quizás sea una tontería… Pero, tengo curiosidad, ¿por qué el listón rojo?"
Instintivamente llevó una mano a cubrir su muñeca mientras sentía el calor subir por sus mejillas. "E-Estehm…"
"A-Ah, ¡no tienes que responder si no quieres!"
El rubor era contagioso aparentemente.
"A mí también me interesa, Homura-chan~"
Ahí estaba. Casi olvidaba que a su abuela le encantaba molestarla siempre que tenía la oportunidad.
Sacudió la cabeza, y tras respirar profundo, habló lo más claro que la vergüenza le hizo posible. "Es… Una promesa."
Al ver que ambas la miraban expectantes, esperando que siguiera con algo que no quería hacer realmente, se resignó. "…Una promesa de que esperaré a una persona… I-Importante para mí."
Y ahí estaba la cara roja como luz de semáforo.
"¡Homura-chan! ¿Dejaste un novio en Mitakihara?"
"¡N-No, no es eso!"
"No se me ocurre con quién más podrías hacer una promesa así…" Miyuki dijo todo mientras revolvía el té con una rapidez ridícula, que si la taza estuviera más llena, ya hubiese salpicado la mesa.
"P-Pues…" Homura imitó la acción, solo que en vez de cuchara, daba golpecitos sobre su plato con una de las galletas, la cual derramaba un poco de migajas con cada toque, "…Es una amiga."
Hubo silencio de golpe, donde el sonido de la taza y de la galleta cesó. Homura sentía ganas de invocar su escudo y detener el tiempo ahí mismo para poder escapar.
"…Entonces era novia." Su abuela hizo énfasis en la última sílaba.
"…No somos novias, abuela… "
"Todavía."
"Dios, ¡no lo sé!"
Sintió como un brazo rodeaba sus hombros, y alzó la vista para encontrar la sonrisa de su abuela.
"Siempre has sido insegura con las personas, Homura-chan. Veo que eso no ha cambiado con el tiempo, lo cual no es malo, siempre y cuando no signifique perder cosas importantes por ello. Quizás solo les falta un empujón, el cual puedes dar tú misma perfectamente."
"Mhm, además, Homura-san… Sin saber de quién hablamos, presiento que es alguien que te quiere mucho."
"¡Hazle caso a Miyu! A veces da miedo como nunca se equivoca en estas cosas, niña."
"…Puede que tengan razón." Suspiró y compuso su expresión para que las demás no se preocuparan por su reacción. Le echó un último vistazo al lazo rojo que rodeaba su muñeca, y agachó la cabeza a modo de reverencia. "Muchas gracias, a ambas. Tanto tiempo sin vernos, y lo único que hemos hecho es hablar de mí… Lo lamento."
"¡Y de ti quería hablar! Viniste hasta acá luego de 3 años de estar perdida, y créeme que me da sueño el solo pensar en hablar de la cotidianidad siendo que puedo ponerme al tanto de cómo está mi querida nieta en vez."
La música de su teléfono rompió el momento, y se puso de pie para contestar en el pasillo.
"¿Kyouko?"
"Sí, sí. ¿Dónde estás? No has dado señales de vida desde la mañana, ¡te perdiste un enorme festín!"
"Estoy un poco ocupada aquí."
"¿Eh? Mira, no tientes a la suerte, sabes que estas calles no son como las de Mitakihara; acá se ponen las cosas feas por la noche, y ya son las 8."
"¿Andas de chaperona, Kyouko? Me impacta que una callejera como tú me esté soltando el sermón."
"¡Silencio! Y yo que me preocupo por ti…" Hubo un cambio abrupto en el tono de voz de Kyouko, "necesito que vengas, cosas pasaron y solo puedo hablarlo contigo."
"¿…Kyouko? ¿Qué pasó?"
"Solo ven, ya hablaremos. Te llevaré algo de cena también, ¡nos vemos!"
"Esp-"
Llamada finalizada.
Suspiró y su frente se arrugó.
Guardó el teléfono en el bolsillo de su pantalón y volvió a la sala. "Tendré que irme ya, abuela. Se hace tarde y mis amigas se preocuparon."
"Oh, claro." Se puso de pie y fue hacia la cocina para luego volver con una bolsa que llevaba una generosa porción de galletas. "Llévales esto, es mi agradecimiento por cuidar de mi nieta."
"Abuela…"
"¡Sin réplicas! No se discute con mujeres mayores." Le dio un par de palmaditas en la mejilla antes de dedicarle una cálida sonrisa la cual fue lo suficientemente contagiosa como para que Homura la imitara a la vez.
"Está bien, no olvidaré que no puedo ganar contigo."
"Exacto, me alegra que lo tengas claro."
Compartieron risas, y luego Homura se volteó hacia Miyuki para darle una sonrisa leve también. "Un gusto conocerte, Miyuki-san."
"Ah…"
Ladeó la cabeza, "¿pasa algo?"
Miyuki se llevó un brazo tras la nuca, notablemente nerviosa, "¿…Te molesta si te acompaño?"
"¡Oh, eso es muy buena idea! Aun no te familiarizas con el barrio, será bueno que Miyu te acompañe."
"¿No será más peligroso que ella vuelva sola luego?"
"Miyuki es increíblemente astuta, a pesar de lo delgada que es nunca han sido capaces de tocarle un pelo. Sabes lo aprehensiva que soy, así que si yo estoy tranquila con que vaya, es porque es seguro."
La expresión neutra de Homura no ayudaba a calmarla, en absoluto. Cerró los ojos para esperar la negativa, cuando una mano se posó en su hombro. Abrió los ojos de inmediato, solo para encontrar púrpura mirándola fijo.
Y se arrepintió de su ofrecimiento en el momento en que sintió que el pecho se le apretaba al no poder escapar de la intensa mirada de Homura.
"Te lo agradecería. Entonces estaré a tu cargo, Miyuki-san."
"¡No hay como los postres de Mami-san! No valía la pena comprar en otro lugar."
"Huh, me suena más a que no querías gastar más dinero, novata."
"¡Kyouko-san! No mientas así, además…" E hizo un puchero, "no tienes de qué quejarte, comiste hasta quedar llena."
La risa de Mami hizo que las otras 3 se voltearan a la vez, "¿quedar llena? Ya verás como Kyouko nunca queda llena.
"¡Hey Mami!" Kyouko hizo una mueca pero siguió masticando su trozo de tiramisú.
"¿Qué? Sabes que es verdad. Pero, ¿saben? Me es bastante útil cuando quiero probar recetas nuevas; nunca tengo que botar comida."
"¿Ves? Es un pecado tirar la comida."
"De todos modos es algo bueno, veo que tampoco es quisquillosa, Kyouko-san." Hiyori la miraba con curiosidad mientras tomaba un sorbo de té.
"Ah, claro." Mami llevó una mano hasta el hombro de Hiyori, "los padres de Hiyori-chan tienen una panadería, ¡y muy buena además!"
A Hiyori se le encendió el rostro, y asintió, "así es, me toca ayudarlos luego de la escuela."
Kyouko alzó una ceja, "¿y las brujas no te han dado problema con eso?"
"Uhm…" Su mirada vaciló hacia el lado a encontrar los ojos castaños de Akari, "ha sido problemático muy personalmente; me gusta ayudarlos y pretendo heredar el negocio. Pero Kari me ayuda con las excusas; ella se dedica a patrullar por sí sola o con Mami-san, así que si me necesita, viene a verme y me lleva con ella diciendo que necesita que le enseñe tal o tal asignatura."
Kyouko miró de soslayo a Akari con una sonrisa de lado, "no sé por qué no me sorprende pensar que esta chica es mala en la escuela."
"Nee-san, ¡estás siendo muy borde conmigo!" Y ahí iba el puchero de nuevo.
Irónicamente, le recordaba levemente a su hermana. Pero de buena forma, era positivamente nostálgico. Sin embargo, el recuerdo hizo que su mano se moviera casi involuntariamente hasta el tope de la cabeza de Akari y acariciar ahí para confortarla.
El gesto logró callar las quejas de Akari, reemplazado por un silencio compartido por las demás. Se sonrojó levemente mientras Kyouko retiraba la mano.
De pronto, sintió 2 pares de ojos clavadao en ella y se volteó lentamente para encontrar la mirada de una confundida Mami, quien parecía querer hablar por los ojos con ella.
Lo cual, lamentablemente, no funcionaba con Kyouko.
Ante lo incómodo de la situación, llevó un dedo a rascarse la mejilla antes de que Akari rompiera el silencio con una risa.
"Al parecer Kyouko-nee no es tan malota como quiere aparentar." Le sacó la lengua a Kyouko la cual solo respondió con un fruncir de cejas. "Y bueno, tiene razón… Los estudios no son mi fuerte, así que de pronto me serviría que aquello no sean solo excusas."
"U-Uhm, pero te lo he ofrecido varias veces…"
"¡Es aburrido!"
"En eso concuerdo, es muy aburrido."
"Kyouko, agradecería que no le pegues tus mañas a las niñas, ellas aún tienen reparo y es nuestro deber guiarlas por el buen camino."
"Pff, no sabía que tu rol de senpai incluía el de madre postiza, Mami." Se detuvo ahí, claramente queriendo decir algo más, cuando explotó en risas, "¡no debería sorprenderme, por eso te llamas así pfff!"
Akari se llevó una mano a la boca para intentar apagar sus risas, pero no podía ocultar la sonrisa asomándose entre los dedos.
Mami se había puesto a otro nivel de roja, y la verdad no encontraba nada que replicar, menos con Kyouko hecha un desastre de burla frente suyo.
Fue Hiyori la que habló, "a mí me gusta esa parte de Mami-san. Desde que está con nosotras, hemos improvisado mucho. Nos enseñó muchas cosas de las que no teníamos idea, y bueno… Yo era malísima con mis armas, ahora puedo, supongo…"
Mami le respondió con una sonrisa, mientras que por fin el otro par se calló. "Yo también he aprendido con ustedes, además… No esperé encontrar un equipo cooperativo aquí, venía preocupada de meterme en peleas con otras chicas mágicas, por suerte no fue el caso."
"¡Seguro que igual les dabas una paliza, Mami-san! Tú con tus escopetas y ¡bang, bang, bang!" Akari simuló el disparo con ambas manos.
"Sí sí, ahora, ¿dónde está el último miembro de tu fanclub, Mami?"
"N-No sé a qué te refieres…"
"A la amiga de estas dos, ¿cómo dijeron que se llama? La niña gato."
"¡Oh! Miyu-san. Le escribí hace rato pero no ha respondido, aunque eso no es raro…" Era triste, pero Hiyori ya había aprendido a no tomárselo personal. Miyu era así, y lo era con todos, de hecho con ellas tenía un leve trato especial, porque aunque fuera horas después, llegaba aunque sea una palabra monosílaba de respuesta.
"Y hablando de chicas gato, Homura ya se está tardando. Y le dije claramente que la necesitaba aquí pronto, tsk."
"Mhm, a mí me respondió hace un rato ya, que se había tardado en lo que tenía que hacer…"
Kyouko bufó, "eso, tú sabes a donde fue, ¿no? Ustedes andan con los secretitos de hace días, ya me empieza a cabrear."
Mami frunció el entrecejo por la acusación, pero se limitó a cerrar los ojos para no responder nada pesado frente a las demás. "No hay ningún secreto, Kyouko. Da igual, seguro te lo contará todo cuando venga, fue a buscar a su abuela, el único familiar que tiene en Tokyo, según entendí."
Kyouko se enderezó y golpeó la mesa con ambas manos.
Por todo lo que habían vivido hasta hoy, estaba segura de que no existía más familia para Homura, o sea, nunca la vio hacer ni recibir alguna llamada de ellos. Tenía severas ganas de golpearla ahora, la familia hay que valorarla.
Después de todo, nunca sabes en qué momento puedes perderlos para siempre.
"¿¡Abuela!? Demonios, que ingrata es, ¿cómo es posible que no haya venido en todo este tiempo a visitarla entonces?"
"…Kyouko. Cada cual tiene sus razones para hacer las cosas, me insististe en eso, ¿no? Sayaka-san y yo juzgamos mal de buenas a primeras a Homura solo porque era claro que ocultaba cosas, y al final… Resultó que escondía un infierno en sus hombros." Mami pausó para tomar un poco de té, y ordenar sus ideas. Luego recordó la presencia de las otras dos chicas, y se volteó con una sonrisa de disculpa. "Lo siento chicas, no entienden nada de lo que estamos hablando…"
"¡E-Está bien, Mami-san!" La mirada de Hiyori vaciló un poco, antes de mirarla de frente, claramente nerviosa, "no es por chismosa, pero ya que conoceremos a Homura-san… Me intriga, me gustaría saber más de todas ustedes, si no les molesta."
Mami se llevó una mano a la boca; eso no se lo esperaba para nada, ni sabía cómo reaccionar al respecto.
Kyouko la salvó justo a tiempo, "…Tienes razón, Mami. Supongo que todo lo que ha pasado me tiene un poco más… ¿Sensible? Ugh." Sacó la lengua, simulando asco, "y bueno, te deseo suerte con eso, ya ves, yo llevo años viviendo con Homura y me sigo enterando de más cosas de ella."
"Oigan, perohm… ¿Podríamos empezar con lo básico? O sea… ¿Su apellido, al menos?"
Kyouko apoyó un hombro contra la mesa y descansó el lado de su rostro ahí, girada para mirar a Akari, quien había hecho la última pregunta. "Akemi. Akemi Homura."
Ambas chicas abrieron unos ojos de plato de pronto, y el chillido fue al unísono.
"¿¡Akemi!?"
A pesar de que era Miyuki quien se suponía que iba a dirigirla, Homura caminaba algunos pasos adelante suyo.
No habían pronunciado palabra desde que abandonaron el apartamento, pero extrañamente, no le incomodaba. En general, no le incomodaba el silencio, pero sabía que a los demás, en situaciones como esta, sí, y eso era lo que la solía poner nerviosa. Pero de Homura no percibía eso, quizás era como ella en ese sentido.
Sin embargo, se detuvo de pronto, y por suerte Miyuki tenía buenos sentidos y reaccionó de inmediato para no chocar contra su espalda. No pasaban personas, estaban junto a un puente que estaba en reparaciones, así que lo normal era usar otras vías.
"Querías hablar conmigo sobre chicas mágicas, ¿o me equivoco?"
Homura no se volteó para hablar, aparentemente esperaba su respuesta para seguir caminando. Entrecerró los ojos; no sabía cómo tomar el tono de su voz, y era extraño para ella; era perceptiva para cosas así.
Y descubrió que, de nuevo, se sentía abrumada y no tenía idea por qué.
"¿Miyuki-san?"
El púrpura intenso que la atrapó hace unos minutos volvía a capturarla de pronto; Homura se había volteado y la miraba con el rostro ladeado, expresión neutra. Tragó saliva, y sacudió la cabeza repetidas veces hasta que sintió un poco más de seguridad para hablar. "L-Lo siento, Homura-san… A-Ando un poco dispersa…" Desvió la mirada, y sus manos se escondieron en los bolsillos de su abrigo, "y a tu pregunta… En parte, sí."
"¿En parte…?"
Asintió. "Eres el único familiar, además de mi abuela, que tengo, y bueno… Me impresiona que precisamente tú seas una chica mágica también… Pero más que nada, quería… Uhm… ¿Saber de ti? En general, digo."
"Oh."
¿Oh? Vale, hace muchísimo tiempo que no se sentía tan ahogada en una situación tan simple.
Homura parecía debatirse algo, y tras unos segundos de silencio, asintió. "Sigamos caminando entonces, busquemos un lugar donde sentarnos. Si eso es lo que quieres, no creo que logremos mucho en lo poco que nos queda para llegar a la estación."
Y sin esperar respuesta, Homura reanudó la marcha.
Una vez que estuvo libre de la mirada penetrante de esos ojos púrpura, se permitió sonreír abiertamente. "C-Claro, me gustaría, Homura-san."
"Homura está bien, sin honorífico."
Parpadeó. "¿No te molesta?"
"Me incomoda que me digas así. Para mí o es totalmente formal, o totalmente informal, así que Homura simplemente."
"Oh… Mhm…" Hubo una pausa, y apretó la tela de su abrigo, "…Homura."
"¿Sí?"
"Puedes llamarme Miyu, entonces. La verdad son pocas las personas que me llaman por mi nombre completo."
"Vale, así será."
Silencio de nuevo, y esta vez sí le incomodó. Quería preguntarle muchas cosas, pero no sabía por dónde empezar.
No sabía desde donde sería prudente.
"Acércate, dudo que podamos hablar así todo el camino, contigo detrás…"
Miyu soltó una risa débil, e hizo caso a sus palabras. Movía los dedos al interior de los bolsillos, y bajó la mirada. En eso, el anillo de Homura se cruzó en su rango visual, y pudo notar el púrpura que bailaba ante sus ojos, por el movimiento de la mano.
"Quieres iniciar por el tema de la magia, al parecer."
La voz de Homura la sacó de todo su hilo de pensamiento, y asintió levemente. "Creo que es lo mejor. Uhm… ¿Hace cuánto hiciste el contrato?"
"Años. Hace 3 años, aproximadamente."
Muchos más años.
"¿Tanto tiempo? Vaya…"
"Los incubadores suelen buscar chicas dentro de tu rango etario, digamos que les son más… Atractivas."
"Ya veo… Bueno, luego quisiera preguntarte más sobre eso, porque no lo acabé de entender, pero no quiero desviar la conversación. ¿Puedo preguntar qué deseaste…?"
Silencio.
"L-Lo siento, eso es muy personal…"
"Dejémoslo para otro momento, ¿vale?"
Asintió. "¿Ha ido bien, al menos?"
Homura se volteó a verla, rostro levemente ladeado.
"Digo, tu deseo. ¿Salió bien? No conozco a muchas más chicas mágicas, pero… Lo más común es que acabara como esperaban…"
"Mhm, así es." Hubo otro silencio prolongado, "…sí. Se cumplió, mi deseo."
Miyu solo le respondió con una sonrisa.
"¿Y tú?"
Y ahora sí se volteó a verla, la duda en su rostro.
"Tu deseo. ¿Se cumplió?"
"Ah… Sí, apenas lo pedí. No era algo tan milagroso, a decir verdad, pero para mí era muy importante. No tengo remordimientos al respecto."
"Un deseo racional, entonces… Bueno, estarás bien, es un alivio."
Asintió, sabía a qué se refería.
La conversación prosiguió con el mismo ritmo; Miyu preguntaba, Homura respondía. Sentía levemente la ansiedad que emanaba Miyu, así que le dejaría las preguntas a ella, y en otra ocasión podría preguntar.
Era extraño, se sentía efectivamente como…
Familia.
Quizá el dicho de que la sangre es fuerte tenga razón.
Estuvieron un rato sentadas en unas bancas ubicadas fuera de la estación, hasta que se acercaba la hora del último tren. Homura lo pensó varias veces, pero acabó ofreciéndole que se quedara en su apartamento, para seguir platicando. Miyu llamó a su abuela para preguntarle si podía, y la señora accedió sin problemas.
En el camino, Miyu se enteró de que se dirigían al apartamento de Mami, y tras comunicar que la conocía, Homura ni se inmutó. Solo dijo que hacía sentido que se conocieran, siendo chicas mágicas ambas.
Y efectivamente hacía sentido.
Decidió que le agradaba la forma racional de pensar de Homura.
Decidió que Homura en sí le comenzaba a agradar.
Llegaron al apartamento solo para ser recibidas por un amplio comité de bienvenida, sorpresas y gritos por todos lados. Le reconfortó mucho el momento en que Homura se le unió en el balcón, también buscando algo de tranquilidad.
Ninguna pronunció palabra, solo estuvieron paradas una al lado de la otra, observando la noche. Aunque para Miyu, aún era difícil estar completamente tranquila con Homura al lado.
Su presencia, su intensidad, no dejaba de abrumarla.
Estaba cansada, pero no podía dormir. La sugerencia de su madre la tuvo inmersa en ideas todo el día; desempacó materiales, revisó obras terminadas…
No se sentía segura en absoluto.
Se volteó hacia una en particular, fuego abrazador. Era un fuego intenso, pero las llamas bailaban suave, dando la impresión de no poder dañar. Que solo proporcionaban calor. Sonrió para sí misma; nunca lo dijo, pero aquel lo hizo por Homura.
Tenía el piso de su habitación lleno de pinturas, pinceles… Era un desastre, y cruzaba los dedos esperando no haber manchado ninguno de sus peluches en el proceso.
Miró hacia la mesa de noche; el reloj marcaba las 2 de la mañana.
Recordó que por la mañana iría a entregar solicitudes de trabajo a varios lugares, y se sintió profundamente frustrada por no poder dormir. Nunca había tenido problemas de ese tipo, siempre dormía como un tronco.
Cerró los ojos nuevamente, y sorprendentemente, esta vez sentía su cuerpo más ligero, los párpados pesados.
Y su teléfono sonó.
La estridente canción pop inundó el lugar, y Madoka dio un salto por el susto. Tomó el teléfono de mala gana, ¿quién llamaba a esas horas?
Se tuvo que restregar los ojos para comprobar que lo que veía no era producto del sueño.
La pantalla brillaba con el nombre de Homura en medio. Aunque su primera reacción fue la alegría llenándola, pronto se apagó por miedo.
Homura, históricamente, solo llamaba en ese horario cuando había problemas.
O cuando ella estaba demasiado mal como para lidiar consigo misma.
Un vacío ocupó su estómago, y se apresuró en aceptar la llamada.
"¿…Homura-chan?"
"Madoka, eres tú…"
El pecho se le apretó; Homura tenía la voz quebrada.
"Claro que lo soy, Homura-chan… ¿Qué pasa?"
"Lamento molestarte a esta hora…"
"Sabes que estoy para ti a cualquier hora, no te preocupes."
"…Disculpa."
Tragó pesado; la voz de Homura por fin se rompió y sintió sus ojos arder, las lágrimas asomándose.
"¿Por qué? ¿Q-Que pasa, Homura-chan?"
"…Te extraño, Madoka."
Se escuchó un sollozo del otro lado de la línea, y no pudo responder.
"T-Te extraño, m-mucho… Lo siento p-por no hablarte en t-todo este tiempo, p-pero… Ya no puedo."
"Homura-chan…"
"Te n-necesito, M-Madoka…"
Las lágrimas corrieron libres por su rostro, y tuvo que cubrirse la boca para callar los sollozos.
Sabía que, por su lado, Homura debía estar haciendo lo mismo.
Homura hablaba con un hilo de voz a estas alturas, "n-no hay d-día q-que no p-piense en t-ti…"
Su corazón dio un vuelco. "N-Ni yo, H-Homura-chan… P-Pensé que… Que y-ya no querías nada conmigo…"
"No puedo e-explicarlo así, p-pero… Madoka, n-no hay forma de que eso pase…"
Sentía que el corazón se le salía por la boca.
"Quiero verte, Homura-chan…"
"Y-Y yo a t-ti… ¿Madoka?"
"¿Sí?"
"…Mi mamá… Mi m-mamá murió, Madoka."
"¿…Qué?"
"Hace 2 años," se escuchó una risa proveniente de Homura, "y me vengo a enterar hoy, p-pedazo de hija que soy."
Le dolía. Le dolía mucho escucharla así, le dolía no poder hacer mucho más desde aquí, que escucharla.
"¡Hey, Homura! ¡Deja la botella, que también es para mí!"
"¿…Esa voz?"
Hubo ruido; aparentemente Homura se movía, porque podía escuchar el murmullo de ropa contra el teléfono.
"L-Llévate eso, y n-no molestes, Kyouko…"
"¿Eh? ¿Quieres que te deje ahí botada? Olvidaba lo extraño que es beber contigo, Homs… Oh, ¿con quién hablas, uhm?"
"V-Vete, h-hablo con Ma-Madoka."
"…Ah, por eso lloras. En serio, no sé quién de nosotras es peor."
Hubo más ruido. "Hey, rosita."
"¿…Kyouko-chan?"
"A la orden. Hey, disculpala, bebió mucho y creo que traía mucha basura encima. No te preocupes, acá cuidamos a tu bebé llorón con Mami, duerme tranquila. ¡Nos vemos!"
"¡E-Espera! Déjame despedirme de ella, al menos…"
"Como quieras."
Ruido de nuevo, pero le relajó escuchar a Homura más tranquila esta vez, "Kyouko exagera, solo bebí un poco de sake, nada más…"
"Mhmhm."
"U-Un poco mucho."
Rodó los ojos, pero no pudo evitar soltar la risa, "Homura-chan, ¿qué haré contigo?"
"Quererme."
Y su corazón se detuvo. "¿H-Homura-chan?"
"¿No?"
"¡N-No es eso!"
"Entonces me quieres."
Estaba roja hasta las orejas, "¡Homura-chan, ya! N-No es algo que debamos hablar por aquí, ni contigo así."
"…Mhm, pero…" Silencio. "Pero yo te quiero, Madoka."
Le había pasado muy pocas veces el poder sentir casi tangible el latir de su corazón, y de forma instintiva llevó una mano a agarrar la zona, aferrarse a la tela del pijama. "Yo-Yo tam-"
"Shh. No es momento ni medio, solo quiero que no lo olvides, y que… Mantengo nuestra promesa."
La sonrisa fue inmediata, "mhm, te esperaré siempre, Homura-chan."
"Te esperaré siempre, Madoka."
Hubo un silencio por parte de ambas; las dos disfrutando el momento, las dos respirando profundo.
"Buenas noches, Madoka."
"Buenas noches, Homura-chan… ¡Y deja el sake!"
Fin de la llamada, y Madoka se lanzó a recostarse en la cama, teléfono en mano aun. Se quedó mirando el techo de su habitación por unos minutos, y luego agarró un cojín con el que se cubrió la cara por completo.
Nunca esperó escuchar eso salir de la boca de Homura, menos así. Pero lo había dicho, y realmente no le importaba el cómo. Aun le preocupaba lo de su madre, pero sería egoísta esta vez, y archivaría la preocupación para la mañana. Ahora solo quería desquitar su impulso de felicidad apretando el cojín, luego los peluches.
Homura le correspondía, y…
Sintió un disparo de energía y determinación. Ya no dudaría más, y trabajaría para que la aceptaran en el instituto. Lucharía, además, para que Homura estuviera orgullosa de ella.
A/N: *Vomita arcoíris*
Los ebrios siempre son divertidos. Y yo soy amiga del dicho "lo que ebrio hizo, sobrio lo pensó."
Bueno, otro fail añadido a esta historia, como siempreee las críticas constructivas son bienvenidassss
Ahora es cuando exploto PORQUE SE FILTRÓ EL TRAILER DE MADOGATARI Y OMG MAMI WTF NO HAREMOS MÁS CHISTES DE CABEZAS.
Y AhAHhaHHAhahHAHahHAAAAAAAAAAAAAAAh sufro mucho con la espera.
También sufro con el hecho de que quería MUCHO más Madoka Magica, pero a la vez no lo quiero ahora porque mi corazón sufrirá y tengo miedo y presiento que personajes morirán y lloraré un año entero si es Madoka o Homura ;_;
Also, tenía un proyecto Post-Rebellion, un estilo así como este fic, pero AAHAH se va la basura Shaft mató mi atrevimiento por escribir al respecto SNIF.
Danny out.
