El viaje
Emma, en verdad, nunca había tenido una vida fácil, ella, de hecho, estaba marcada con esa madurez y esa fuerza que tenían todos los niños maltratados, castigados, zarandeados por la vida.
Sea como sea, al volver a casa, había sido recibida por una buena corrección por parte de Linda que la acogió con bofetadas; castigo por no haber estado presente durante la visita de la asistente social; después, tras ocuparse de los niños, había ido a acostarse exhausta y desanimada. Lucy fue a verla de puntillas y le devolvió su pulsera "mágica" diciéndole que la necesitaba más que ella.
Emma compartía su habitación con Amber y a menudo tenían largas conversaciones antes de quedarse dormidas. Solo se llevaban tres años y Emma le había cogido de verdad mucho cariño.
A todos, para decir verdad.
No había ni uno a quien no quisiera. No podía pasar al lado de Jeremy sin cubrirlo de besos, tenía esa mirada inquieta cuando veía a Nathan volver de la escuela con un labio partido o un ojo morado, y ella adoraba parlotear con Amber y Joy, que se confiaban a ella, tomándola, sin duda, por una hermana mayor. Lucy era aún tímida con ella, pero Emma sabía que era una gran muchachita.
Y después de tres meses, tenía nuevos aliados que estaban dispuestos a hacerle olvidar esas brutalidades contándose toda clase de historias. Elsa y Anna habían llegado a casa de Linda y George hacía tres meses, y enseguida, un lazo muy fuerte se había creado entre ellas y Emma. Elsa tenía la misma edad que Emma y ese hecho propiciaba que Emma pudiera conversar con ella de cosas que no podía con Amber y Joy.
Al día siguiente, Elsa se subió a un taburete de la cocina para coger un pancake, inclinó la cabeza para ver la huella del golpe en la mandíbula de Emma e hizo una mueca mientras se sentaba a desayunar.
-Ha tenido la mano suelta…- soltó indicándole a Emma la huella
-¡Zorra!- gruñó la joven sacando un poco de maquillaje para extendérselo en la zona azulada.
-¿Estás mejor?- preguntó Elsa mordisqueando un trozo de bacón
-Pasará- respondió Emma con voz lúgubre –Solo estoy cansada de llevarme golpes continuamente, pero…pasará
Emma suspiró de frustración, cerró los parpados y puso la sartén en el fregadero para fregarla más tarde.
-Emma, yo nunca he vivido eso, pero…pronto terminará, podrás vivir tu vida sin tener que rendirle cuentas a nadie, ¿comprendes?
-Sí…
-Después de todo, solo te queda un año…
Elsa y Anna nunca habían vivido con una familia de acogida, ellas formaban parte de esas felices familias en las que la dicha era cotidiana y en donde no les faltaba de nada. Y aunque la vida les hubiera arrancado a sus padres en un naufragio meses antes, ellas no podían saber lo que era vivir eso desde el nacimiento.
Los cabellos de Elsa eran de un rubio casi blanco y contrastaban con la rojez de Anna, ellas eran muy diferentes y sin embargo se amaban con un amor tierno. Elsa era una pequeña estrella del patinaje artístico y Emma ya la había visto en televisión deslizarse alegremente sobre el hielo. En seis meses, debería participar en los campeonatos de los Estados Unidos, pero charlando con ella, Emma se había dado cuenta de que el sueño de Elsa quizás había muerto con sus padres. Si no se ponía a entrenar rápido, se retrasaría con relación a los otros miembros del equipo y de hecho, se vería descalificada.
-¿La asistente social no ha tenido noticias de tu tía?- preguntó Emma
Tras el naufragio de sus padres, los servicios sociales habían intentado ponerse en contacto con la tía de Elsa y Anna, pero sin resultado. Nadie sabía dónde buscarla, pues viajaba siempre y nunca daba su lugar de residencia…las investigaciones se preveían complicadas.
Elsa movió la cabeza negativamente y su mirada se perdió en su taza de café durante algunos minutos. Después, alzó los ojos, feliz de repente.
-Ayer hablé con Linda y me ha autorizado a retomar los entrenamientos
-Eh, bien, hay progresos- dijo Emma abriendo sus ojos
-¡Emma, el bus llega en diez minutos!- gritó Nathan desde los alto de las escaleras.
Las dos rubias se miraron y se apresuraron en meter sus tazas en el fregadero antes de correr a prepararse.
Regina era bonita, no, era bella. Era lo que siempre le habían dicho. "Bella" Como si eso definiera a una persona. Bella, como si ella solo fuera eso. Después de todo, era, sin duda, lo primero que se veía de ella, y estaba bien así. Ella nunca habría pedido ser fea, pero de ahí a ser definida por ese simple atributo físico le ponía los pelos de punta. Acabó de trazar la línea roja sobre los labios y los frotó para extender la pintura. Comprobó que el color no se hubiera salido y sonrió a su reflejo.
Inteligente, eso, ella lo sabía. Había luchado tanto para que reconocieran que su valía no era debido a su familia, para que finalmente dijeran que se había merecido su importante puesto…
Inteligente, sí. Bella, ¿por qué no?
Cogió el lápiz de ojo y se hizo la raya.
Carisma, también tenía y era algo innato en ella. En cuanto entraba en una habitación, todo el mundo la miraba, y no era porque fuera bella, sino más bien porque desprendía algo que intrigaba a la gente. Muchos la temían, pocos osaban dirigirle la palabra. Aquellos que lo hacían, recibían generalmente una mirada glacial y un tono seco. Pero otros se habían molestado en arañar la capa de barniz que encerraba grandes debilidades y un gran corazón. Sus mejores amigos ahora, que a veces se habían peleado con ella para que aceptara su parte de luz.
Regina arqueó una ceja pensando en ello. Los amigos que se arriesgaban a que ella se aceptara no habían conocido nunca de verdad los estragos y a veces ella les replicaba que estaban locos, locos por intentar hacerle creer que era una mujer buena. Era falso, pero de vez en cuando, ellos lograban hacérselo creer. Un poco.
Se colocó sus pendientes e hizo algo de fuerza para metérselos.
Nadie conocía realmente su vida y se sentía a menudo sola frente a la adversidad de sus demonios. La pesadilla que aparecía más a menudo era aquella en la que estaba en lo alto de un barranco desde el cual largos brazos negros y rojos, descarnados, amenazadores se extendían hacia ella para precipitarla al vacío. Siempre, uno de esos brazos le agarraba el tobillo para tirarla violentamente y ella caía, y era arrollada por los largos brazos pútridos que rápidamente la rodeaban en cuando había caído. Poco a poco, la arrastraba hacia el fondo del agua, un agua turbulenta donde su visión era entorpecida por brazos informes y cuando le faltaba el aire, se despertaba ahogándose.
Regina suspiró y soltó su perfume, dio la espalda al espejo y salió del baño.
Emma siguió gruñendo y apretó la lista de los libros que tenía en la mano mirando la puerta de la biblioteca. Ruby se había negado a acompañarla y Belle había puesto como excusa que tenía que hacer una llamada. Emma Swan nunca había puesto los pies en la biblioteca y nunca había prestado verdadera atención a lo que había detrás de esas anchas puertas de madera. Estaba nerviosa pues solo los empollones entraban ahí dentro, así que no podía dar un paso en falso. No quería hacer el ridículo.
Le sorprendió el silencio que reinaba y en el mismo momento en que se cerraron las puertas, la calma le saltó a la garganta. Ya ningún sonido le llegó y creyó que de repente se había quedado sorda. Caminó entre dos estanterías polvorientas y sus pasos casi le dieron miedo. Llegó al mostrador y miró a derecha e izquierda para ver si alguien venía. Se estremeció, ¿cómo podía Belle frecuentar este tipo de sitios? Peor, ¿cómo le podían gustar?
Una voz la hizo sobresaltarse violentamente y casi dejó caer la lámpara de escritorio que decoraba el mostrador.
-Buenos días, Miss, ¿qué puedo hacer por usted?
Emma se dio la vuelta para ver quién había surgido tras ella y descubrió a una joven pelirroja que llevaba una pila de libros.
-Euh…busco…varios libros y me gustaría que…en fin…querría saber si los tiene- balbuceó Emma
-Bien, ¿ya ha buscado en los estantes?- preguntó la joven mientras se colocaba detrás del mostrador
-Euh…no, pensaba que debía tener una autorización
-¡No viene usted a menudo por aquí, eh!- constató la pelirroja
-Sí…realmente no. Entonces voy a…buscar mis libros…
La bibliotecaria sonrió y arrancó la lista de las manos de Emma. Tenía una expresión de suficiencia en el rostro que enseguida incomodó a la rubia. Ella la vio suspirar, y escribirle el número de estante al lado de cada título y una vez que hubo terminado, Emma cogió su trozo de papel y casi escapó hacia las estanterías.
-¡Un lugar maravilloso, Emma! ¡Ya verás!- murmuró ella furiosamente imitando la voz de Belle –¡Francamente, es el mejor lugar del mundo, la gente allí es tan acogedora!- siguió la rubia lanzando una oscura mirada hacia los estantes -¿De veras hay algo atractivo aquí?- gruñó mientras cogía la última obra que le faltaba.
En el momento en que alzó el libro, este dejó aparecer un par de ojos casi negros. Ella gritó de estupor y dejó caer pesadamente las obras. En el momento en que volvió a alzar la mirada, no encontró sino el vacío.
-¡Miss Swan, podría estar un poco más atenta!- gruñó la voz de la Directora tras ella. Poco faltó para que le diera un ataque y se giró impulsivamente para encontrarse cara a cara con su profesora.
-¡Me ha dado un susto de cagarse!- dijo en un tono más agudo de lo que le hubiera gustado.
Regina arqueó una ceja ante el lenguaje de su alumna y plantó su mirada sobre Emma. Estaba última tuvo la desagradable impresión de ser cazada.
-Quiero decir, me ha…asustado- rectificó bajando el tono
-¿Dracula?- prefirió preguntar la mayor señalando un libro con un movimiento de cabeza
-Euh…sí, forma parte de los libros que usted nos ha mandado leer. En fin…sé que es para que progresemos, hein. Pero…en fin…he elegido Daracula.
La Directora Adjunta se encogió de hombros y se dio la vuelta para abandonar la biblioteca. Sus tacones resonaron en la madera y Emma se preguntó durante un momento cómo se las había apañado para no hacerse escuchar al entrar.
Con la boca abierta, Emma vio a la morena dejar la estancia. ¡Qué carácter! Le daba el susto de su vida y a continuación se iba como si nada, sin decir nada, sin hacer un comentario sobre su lectura. Encantadora…
Terminó de recoger los libros que hacían referencia al conde, volvió al mostrador esperando que la pelirroja no la pinchara más. Una vez que tuvo sus libros metidos en su mochila, se dirigió a la cafetería donde la esperaban Ruby y Belle.
-¡Bueno, chicas, propongo que no hablemos de la opción que vamos a elegir para nuestros exámenes!- declaró Belle una vez que Emma se hubo sentado entre sus dos amigas.
-¿Por qué no hemos de hablar?- preguntó Ruby haciendo un lado su plato para que Emma tuviera más sitio.
-Porque si lo hacemos vamos a elegir en función de las otras, y sé que las dos vais a estar en la misma materia y que yo me quedaré sola- rezongó la muchacha.
Ruby y Emma se lanzaron una mirada atravesada, Belle no estaba equivocada, Ruby y Emma elegirían una materia para estar juntas mientras que Belle elegiría una materia en la que se sintiera bien…y como las chicas no tenían en absoluto los mismos gustos, estaría condenada a estar sola mientras que las otras dos se divertirían como locas.
-¿Tú qué crees que vas a coger?- le preguntó Ruby
Belle reviró los ojos y la golpeó en el hombro moviendo un poco a Emma
-¿Qué es lo que acabo de decir?- refunfuñó la chica como si fuera una mamá que acabara de prohibirle algo a uno de sus hijos.
-¡De acuerdo! ¡De acuerdo!- hizo una mueca la morena masajeándose el sitio del golpe.
Emma lanzó un vistazo a las lista de posibilidades que tenían.
Aproximación histórica y antropológica a Asia
¿Existe un arte de pensar occidental?
Teatro
Deporte
Filosofía
Arte prehistórico
Relatos de viajes, cuentos y lecturas
Los personajes monstruosos
Cultura americana
Canto
Música
Foto analógica
Las controversias científicas
Especies amenazadas y biodiversidad
Ella suspiró, a parte del deporte, no sentía gran interés por las otras materias, sin embargo, el hecho de encontrarse con Scarlett le daba nauseas y prefirió meter su hoja en el fondo de la mochila antes que preocuparse por ello un segundo más. De momento, tenía la mente en una cosa mucho más importante…Su primera clase de apoyo era en algunas horas y aunque iba con Ruby, no estaba tranquila por hallarse en petit comité con Regina Mills. Durante toda la sobremesa, sintió su vientre contraerse cada vez más y cuando tuvo que dirigirse a la clase de apoyo, Belle se empezó en acompañar a sus dos amigas, con expresión jovial en el rostro.
-¡Qué suerte! ¡Me gustaría tanto poder ir con vosotras, seguramente aprenderéis cosas apasionantes!- se animó ella mientras que estaban delante de la puerta esperando a su profesora.
-¡Esas cosas apasionantes, tú ya las conoces, Belle, es por eso que no tienes necesidad de apoyo!- replicó Ruby buscando huellas de Regina Mills por el pasillo.
Belle suspiró, Ruby también; a veces, se encontraban la una a la otra irritantes. Emma escuchó claramente el sonido de los tacones sobre los azulejos y giró la cabeza precisamente en el momento en que su profesora aparecía por la esquina del pasillo.
¡Qué andares!
Sin saber bien por qué, Emma no lograba apartar la mirada, incluso ajustó sus gafas para ver mejor. Evidentemente le gustaba mucho lo que esa mujer transmitía tanto como le resultaba pavorosa. La morena desprendía un halo de peligro, de misterio. Con una señal de la mano, la profesora hizo entrar a los alumnos presentes y con mirada fría, despidió a Belle.
Ella entró, cerró la puerta y con paso mesurado se dirigió al escritorio donde dejó su bolso, a continuación los saludó y les dirigió una sonrisa diabólica. Parecía que hubiera establecido un ritual, pues parecía estar acostumbrada a las miradas temerosas. Se puso delante de la mesa, se sentó en una esquina de esta mientras miraba sus pies posados en el suelo.
Miró a la media docena de estudiantes que tenía ante sus ojos y comenzó la clase.
-Sabed que estáis aquí porque tenéis dificultades en mi materia, y aunque considero que cada uno de vosotros debe asistir a este curso, también soy consciente de que tenéis otros proyectos. Así que, os dejo marchar si lo deseáis, pero sabed que si atravesáis la puerta, la decisión será definitiva. Mis reglas son estrictas y sin cuestionamiento.
Ella recorrió la estancia con fría mirada y al ver que ningún alumno tenía la intención de moverse, continuó mientras se movía entre los alumnos.
-Bien, mirando vuestras pruebas, de lo que he podido darme cuenta es que tenéis lagunas en todos los terrenos de la literatura. La historia literaria, el análisis, la escritura, la ortografía tiene un pase, pero el vocabulario, jóvenes. ¡Es capital, vais a necesitarlo a lo largo de vuestra vida para poder aplastar con palabras a aquellos que quieren mostrarse más fuertes que vosotros!
-En mi barrio, puedes usar todos los registro de lengua que quieras, si deciden meterte el puño en la cara…¡te lo meten!- murmuró Ruby al oído de Emma
Emma le hizo seña de callarse y siguió escuchando la clase.
-Vamos a trabajar ese aspecto franqueando diferentes etapas, cada dos semanas, haréis una disertación, que me tendréis que dar, sobre la obra que hayáis elegido, esas tareas serán puntuadas, pero no contará para vuestra media. Sin embargo, no os aconsejo hacer una chapuza- dijo en tono amenazante que no presagiaba nada bueno –Cada mes, tendréis una clase como esta durante la cual trabajaremos un movimiento literario, o un género, o incluso una obra en concreto. Vamos a comenzar con esos libros- dijo señalando una pila de viejas obras al fondo de la clase –Hay un ejemplar para cada uno.
Los alumnos se levantaron y fueron a cogerlos,
-Pero…¡son cuentos!- dijo Ruby observando la encuadernación
-¡Exacto, Miss Lucas!
-¡Esto es para niños!- gruñó Killian tirando su libro sobre la mesa, con aire de desdén.
-¡Señor Jones, le aconsejaría que vigilara su tono!- dijo ella con voz seca, después retomó más calmadamente –Sepa usted, señor Jones que, en el pasado, los cuentos no fueron hechos para los niños. Llevan una enseñanza y para ello, ¿qué mejor manera que darle un final trágico a una historia?- dijo ella barriendo toda la sala
-¿Quiere usted decir que…los cuentos no terminaban con "y vivieron felices y comieron perdices"?- preguntó Mulan retorciéndose en su silla, incómoda.
-No, no todos. ¿Alguno puede citarme un cuento que no acabe bien?
-¡La vendedora de cerillas!- dijo Emma, ya que conocía bien ese cuento
-¡Muy bien, Miss Swan!- cumplimentó Regina posando dos dedos en el antebrazo de la joven. Después, se alejó para escribir el título del cuento en la pizarra. Emma se había quedado estática ante el gesto que acababa de hacer su profesora. El contacto la había electrizado y sentía una descarga recorrer su cuerpo. Jamás había sentido eso antes y se preguntó durante varios segundos lo que pasaba en su cabeza.
-¿Otros?
Ante el silencio de los alumnos, ella escribió otro.
-¿Caperucita Roja?- dijo sorprendida Ruby que acababa de leer la fina caligrafía, llevándose una mano al corazón
-Los cuentos son advertencias. Existen para ponernos en guardia. Nos dan una moraleja. ¡Caperucita Roja termina devorada por el lobo!
Ruby hojeaba ávidamente en el libro, buscando una prueba de lo que decía Mills. Soltaba palabrotas a medida que descubría la verdad sobre el tema de su cuento favorito.
-¡Veo que algunos estáis sorprendidos! Sin embargo, le rogaría que cuidara su lenguaje, Miss Lucas, bajo pena de castigo- garantizó la morena
A medida que la clase avanzaba, los alumnos se relajaban y descubrían, poco a poco, la personalidad de su profesora. Era severa, incluso seca, pero sentía una gran pasión hacia lo que les enseñaba. En cuanto a los alumnos, estaban tomándole gusto a escuchar las explicaciones de su profesora. Había escogido un tema que todo el mundo podía conocer para comenzar el año. Los cuentos parecían ser un terreno fácil, incluso infantil para los jóvenes y ella sentía un gran placer haciendo que descubrieran elementos que nunca habían percibido.
Emma tenía una sonrisa de oreja a oreja, miró a Ruby con expresión satisfecha y cruzó los brazos cuando Mills les acababa de señalar un fragmento para que lo leyeran en silencio.
-¡Es guay, eh!- murmuró Emma inclinándose hacia su amiga
-¡Es grave! Creo que me estoy enamorando. Me he quedado porque tenía pavor a que ella me pusiera en mi sitio si movía un dedo, pero ahora, me doy cuenta de que era sincera cuando dijo que podíamos marcharnos.
-¿Decepcionada?
-No, sí. No lo sé, podría estar con Peter en lugar de aprender que mi personaje de cuento favorito acabó engullida.
Killian se giró hacia las dos chicas enarbolando una expresión burlona.
-¡Pues yo me he quedado por su culo, claramente!
Emma se echó a reír, no por la broma de Killian, sino más bien a causa de la voz agua que había usado.
-¡Vosotros tres!- resonó la voz de su profesora
Se sobresaltaron y Emma dejó inmediatamente de reír, la profesora Mills aunque llevaba siendo amable desde hacía una media hora, su voz adquirió un tono duro y frío. No había duda de que hubiera podido crucificarlos en el sitio con una sola mirada.
-¿Puedo saber qué hay de tan divertido, Miss Swan?- preguntó con un rictus de disgusto
-Hein, euh…no, nada…realmente, nada de…de divertido…
Tras una severa mirada, Regina Mills se levantó y durante un momento, Emma creyó que era para darles una bofetada. Finalmente, ella retomó la clase. Al cabo de una hora, el timbre resonó fuertemente y los alumnos recogieron cuidadosamente sus cosas.
-Miss Swan, me gustaría hablar con usted dos minutos- dijo la morena mientras los alumnos estaban saliendo.
-¿Sí?
Esperaron a que todos hubieran salido y Emma avanzó con prudencia hacia la mesa de su profesora. Caminaba lentamente, incómoda mientras que la morena metía una carpeta en su maletín de cuero.
-No ha traído su autorización para el viaje de fin de curso y…
-Oh…es porque no voy a ir- cortó la joven sintiéndose aliviada.
Una expresión molesta se dibujó sobre el rostro de la morena, no le gustaba que le cortaran la palabra.
-¡Déjeme terminar de hablar, Miss Swan!- replicó con voz fría
-Lo siento
-Entonces, ¿por qué no va a ir?- retomó la directora cogiendo su maletín
Emma se sintió de nuevo incómoda, ¿había hecho algo malo? Jamás un profesor se había alarmado por su ausencia en los viajes de fin de curso.
-Euh, bueno, no puedo
Regina Mills frunció el ceño y cruzó los brazos, esperando explicaciones.
-¿Es todo lo que quería, profesora?
Regina arqueó las cejas, asombrada. No había obtenido respuesta a su cuestión y ella tenía por costumbre obtener todo lo que quería de sus alumnos, no abandonaba jamás, y si esa pequeña tonta pensaba que podía escaparse así como así, se equivocaba.
-No. Me gustaría saber por qué no puede ir, ¡es un gran viaje! ¿Se trata de un problema económico?- preguntó de manera neutra, ya podría estar conversando sobre una mosca que se hubiera posado en la ventaba, no habría usado otro tono.
-Sí…¡ya está!- Emma saltó
-Bueno, podemos dar facilidades a sus padres para el pago, hábleles de eso, eso podría hacer que se decidieran a dejarle ir- dijo Regina haciendo un vago gesto con la mano.
-Sí…Se lo comentaré- mintió Emma dando un paso hacia atrás para dejar el aula lo más rápido posible.
Se hundió en el pasillo que la llevaba a la salida.
El viaje escolar.
Emma realmente jamás le había prestado atención. Cada año, le daban los papeles, cada año ella tachaba la casilla "no participará", y cada año, Ruby y Belle le contaban sus peripecias. Por primera vez, se puso triste por no participar. Después de todo, era la última vez que tendría la ocasión de realizar tal viaje. Volvió sobre sus pasos para hacer la pregunta que le quemaba en los labios. Cuando iba a entrar en el aula, escuchó la voz de su profesora tomada por cierta cólera. Se pegó a los casilleros para no dejarse ver.
-Escucha, no puedo…ya hemos hablado…Es mucho mejor como…
Emma intentó dar media vuelta sin hacer ruido, pero Regina apareció ante ella, sin esperárselo, con aspecto visiblemente sobresaltado. Emma se quedó parada a la vez que la directora y esta última entrecerró los ojos. Emma tuvo la desagradable sensación de haber sido pillada con las manos en la masa, en la esquina de una jaula donde habrían metido a un león hambriento. La leona en cuestión colgó en las narices a su interlocutor al que Emma podía escuchar gritar al otro lado de la línea e inclinó la cabeza, esperando una explicación.
-¿Escuchar en las puertas le gusta, Miss Swan?- preguntó la joven profesora, furiosa
-No…es solo que…tenía…tenía…una pregunta…- balbuceó la rubia retrocediendo con precaución.
Regina arqueó una ceja y tiró rabiosamente su teléfono dentro de su bolso.
-¿Sí?
Emma vaciló, el momento no podría haber sido el peor, pero no podía desinflarse ahora, si no, la morena creería realmente que Emma estaba escuchando la agitada conversación.
-¿Es que…yo…en fin…usted…está bien?
Tras un asombro pasajero, Regina retomó contención y declaró con voz firme
-¿Y eso qué le importa?
-No. En nada. Quería preguntarle si usted nos acompañaría en el viaje.
-¿Tomará usted su decisión dependiendo de eso?- replicó secamente la profesora
-No, solo quería…en fin, es…
-¡Desaparezca de aquí antes de que le ponga una hora de castigo!- escupió Regina impaciente.
-Ah euh…no, no. Buenas tarde
Regina vio la espalda de Emma, que se alejaba por el pasillo para salir de la escuela. ¡Demasiado curiosa esta alumna! Esperaba que Emma no hubiera escuchado nada comprometedor, sin embargo no veía bien preguntarle. Tras algunos minutos, se alejó ella también para salir.
-¡Redge!- llamó la voz de Chloé Tinker tras ella
Cholé era su mejor amiga y jamás desperdiciaba la oportunidad de pasar tiempo con la morena. Trabajaba como enfermera en el instituto, pero todo el mundo sabía que era mucho más ducha en reparar corazones que en hacer desaparecer dolores físicos. Acabó de rehacerse su moño antes de borrar los pocos metros que la separaban de Regina
-¡No me llames así aquí, Cholé!- la regañó revirando los ojos
-Lo siento, señora Directora Adjunta, ¿puedo dirigirle la palabra, señora Directora Adjunta o acaso soy indigna de su real presencia, señora Di…?
-¡Chloé, si sigues, te arranco la lengua!
La rubia se encogió de hombros y sostuvo la mirada de Regina.
-Ya me has arrancado el corazón…- dijo amargamente –Y además, si me arrancas la lengua, una gran cantidad de mujeres se pondrían de luto
Regina reviró los ojos y suspiró. Su amiga, a veces, podía ser pueril y eso la molestaba profundamente.
-Entonces, ¿cómo va todo? ¿El comienzo y esas cosas? Los monstruosos expedientes…
-Estoy muerta, tengo mucho trabajo, pero estoy en las nubes, porque en algunos meses, recuperaré el puesto en la dirección- dijo despertándose la morena
-¡Wow! Más reuniones, expediente de alumnos que clasificar…¡cómo no te envidio!- respondió suavemente Chloé sacando las llaves de su coche
-Eso seguro, tú prefieres…meter aspirinas en vasos
-¡Hey! ¡Yo curo a la gente!- suspiró Cholé queriendo pinchar a la morena
-¿Tú haces eso?- preguntó David Nolan que acababa de aparecer al final del pasillo
David era el profesor de matemáticas del instituto y sabía usar su encanto para captar la atención de las chicas durante la clase, no estaba interesado en las alumnas porque Mary Margaret le colmaba sobradamente. La joven profesora de ciencias naturales no había tenido ninguna dificultad en hacer que se enamorase de ella y ese verano se habían prometido.
Ellos habían sido los primeros en acoger calurosamente a Regina cuando ella había llegado a la ciudad y aunque a veces Regina encontraba a Mary Margaret demasiado color de rosa, reconocía que ese carácter venia muy bien en este mundo tan cuadriculado.
-¡Y yo les ofrezco un futuro!- soltó Regina para devolverle el pique a Cholé
-¿Dónde está tu tierna y querida novia?- preguntó la enfermera a David cambiando así de tema
-Ya en casa, ya que ella no ha tenido hoy la quinta
-Bueno, Dav, ¿cuándo cogeremos un pedo en tu casa?- preguntó Chloé dándole un ligero golpe en el hombro
-¿Pedo? ¿Qué edad tienes, por Dios?- dijo asombrada Regina haciendo una mueca ante el lenguaje de la joven
-Intento parecer más joven de lo que soy. Eso me permite salir con jovencitas de diecinueve años
David carraspeó incómodo y Regina se giró impulsivamente hacia su amiga hundiéndole un dedo en el pecho.
-¡No toques a mis alumnos!- le previno en un tono que no permitía réplica
-¡Venga, tranquila, ya me conoces!
-¡Precisamente!
Llegaron al aparcamiento y David se despidió de las dos estrechando rápidamente a Regina por los hombros. Chloé esperó a que se marchara para ponerse más seria.
-¿Estás bien?- preguntó mirando a la morena a los ojos
Regina suspiró y movió la cabeza
-Estoy cansada y eso que apenas hemos…
-¡No hablo de eso, Regina!- corrigió la enfermera
Regina miró un punto a lo lejos y sacudió la cabeza encogiéndose de hombros.
-Va bien. El verano…bien- se refrenó
-Bien
Chloé sabía cuando podía apretarle un poco más a la directora. No era el momento.
-¡Hasta mañana, señora Directora Adjunta!- soltó una última vez.
Emma había vuelto a su casa precipitadamente y se había plantado delante de Linda.
-¡Voy a buscar un trabajo para participar en el viaje escolar! Voy a pagarme el viaje- anunció orgullosamente
Linda respondió con un gruñido, poco inclinada a conversar y Emma subió a su habitación. Amber, Anna, Joy y Elsa ya estaban allí, haciendo sus deberes o escuchando música. La mayor alzó los ojos de su libro de historia y siguió a Emma con la mirada. Esta desenterró una caja de caramelos de limón, y la abrió con la ayuda de los dientes, se colocó sus gafas sobre el pelo, como si fuera una diadema.
-¡Pareces…feliz!- replicó Elsa manteniendo a Emma en su campo de visión
-¡Voy a pagarme mi viaje escolar!- confesó con una tímida sonrisa
-¿Noooo? ¿No es verdad?- gritó Joy sobre excitada -¿Qué harás?
-¡Voy a trabajar!
Inmediatamente, las chicas sacaron los periódicos de la mañana y comenzar a ojear los anuncios.
-¿Mudanzas?- propuso Amber alzando la cabeza
-Ya le cuesta cargar un saco de papas…- murmuró Joy continuando su lectura atenta.
-¿Pizza?- gritó Anna
-Hace falta saber cocinar para eso- respondió Emma que era bastante consciente de sus competencias culinarias.
-¡Tendrías que trabajar en un restaurante que abriera latas de conserva para las comidas!- subrayo Joy riendo
-¿Mensajera?- dijo animada Amber una vez más
-¡Hay que tener el permiso de conducir!- dijeron la cuatro a la vez
-¡Ah, vaya, sí, es verdad!
-¡Puedes repartir los periódicos! ¡Buscan a alguien para mañana!- informó Elsa
-Ya no tengo bici, George le pasó por encima con su coche el primer año que llegué
-¡Qué cabrón!
-Y además ahora está helando, ¡no quiero acabar congelada! ¡Y pagan una miseria!- terminó de argumentar la joven
-¡Hey, presumidas! ¿Qué hacéis?- preguntó Nathan entrando en la habitación, arrastrando los pies
-¡Buscamos un trabajo para Emma!
-¿Por qué?
-¡Para ganar dinero, tonto!- replicó Anna haciendo una mueca
-¡Ya, bah, suerte porque habrá que ver si Emma sabe hacer algo!
Joy se puso roja de cólera y apretó los puños.
-¡Soportar a los idiotas como tú, ya es algo!- intervino Joy lanzándole un cojín a la puerta que ya se cerraba.
-¡Hay un puesto de camarera en el Chapelier Fou!
-¡Es fuera de la ciudad!- hizo la remarca Amber
-Sí, pero está bien pagado- replicó Joy
-Da igual, si no puedo desplazarme hasta allí, no podré recibir esa paga
-¡Quizás yo tenga una bici a disposición!- intervino Elsa
-¿Ah, sí?
-Sí, en casa de…mis padres, tengo una bici que nunca usé. Quiero regalártela
-¿De verdad?
-Sí, sí, toma, llama al bar y solicita una entrevista.
Las otras bajaron para que pudiera llamar tranquilamente.
Linda y George habían salido, lo que significaba que tenían la tele para ellos solos y que la noche iba a desarrollarse entre golpes de mando a distancia e insultos entre Joy y Nathan, quizás Amber se metería en la pelea. Sin embargo, Emma amaba mucho esas noches, aunque el salón era minúsculo y la mayor parte del tiempo, uno no se podía mover sin tener los pies de alguien en su cara. Salió rápidamente de sus pensamientos al escuchar una voz al otro lado de la línea.
El timbre resonó por los pasillos del instituto y los alumnos salieron del aula. Emma, por su parte, demoró en guardar sus cosas y una vez que estuvo sola con su profesora de literatura, se acercó lentamente a la mesa e intentó captar su mirada.
-¿Sí, Miss?- preguntó Regina sin alzar los ojos de su cuaderno
Era una manera bastante curiosa de acoger a un alumno, Emma reviró los ojos y se acercó aún más.
-Euh…quisiera hablarle del viaje escolar…
-¿Sí?- Regina alzó la cabeza, fingiendo estar interesada
-Eh, bueno, me gustaría pagarlo yo misma. Pero necesito algunos meses para reunir el dinero
-¿Sus padres no quieren pagarle ese viaje?- preguntó la morena recolocándose la blusa por dentro de su falda gris, que le quedaba super ceñida
-No, no es eso, es solo que ellos prefieren que aprenda el valor del dinero y de las cosas. Entonces…por eso tengo que…trabajar.
Emma se asombró de su mentira.
-Bien, veré qué puedo hacer, la mantendré informada
-Bien…
Emma miró los ojos un poco enrojecidos de su profesora y frunció el ceño. Le vino rápidamente a la memoria la llamada telefónica que había sorprendido el día anterior y no pudo evitar pensar que había asistido a una pelea amorosa.
Al ver que ella no se iba, Regina la miró fijamente, con expresión interrogadora en la mirada.
-Lo siento, profesora, pero…¿es que…va todo bien?- preguntó finalmente la rubia con una inquietud fuera de lugar.
Regina clavó sus ojos en los de su alumna y con toda la frialdad del mundo dijo
-¡Buenos días, Miss Swan!
¡Qué atrevimiento! Atreverse a penetrar en la esfera privada de su profesora de esa manera. Regina miró a la rubia salir y suspiró. Amaba a sus alumnos, aunque lo mostraba poco, quería verlos crecer a lo largo del año y salir de ahí siendo adultos, listos a enfrentarse a la vida exterior. Le gustaba mucho saber que habían tenido éxito en la vida. No le importaba saber si había logrado alcanzar un alto puesto en una gran y multimillonaria empresa, quería saber que eran felices. Cada cierto tiempo, tenía noticias de sus antiguos alumnos sin que ellos lo supieran, se llenaba de orgullo cuando ellos lograban éxito en alguna parte. Pero esta Emma Swan la ponía de los nervios.
La semana pasó a una velocidad impresionante, y aunque Belle no dejaba de acosar a Emma para que rellenara su ficha de opción, esta no lograba decidirse. Dudaba profundamente entre teatro y personajes monstruosos…Madame de Merteuil, Dracula, Hannibal, Grenouille, Dr. Jeckyll…
Se dejó tentar y metió una pequeña cruz delante de esa opción algunos segundos antes de que la profesora Mills tendiera la mano para recoger las hojas.
-Bien- comenzó Regina una vez que hubo recogido todas –Aquí tenéis los profesores que os darán estas materias a partir del mes de noviembre. Cultura americana y El arte de pensar occidental, serán impartidas por el profesor Smith; Teatro y los relatos de viaje, cuentos y lecturas, serán dadas por el profesor Darling; Deporte, por el profesor Scarlett; la filosofía, por el profesor Hopper; Acercamiento histórico y antropológico de Asia será impartido por el profesor Yen Sid; Arte medieval será dado por el profesor Blanchard; canto y música por el profesor O'Malley; las controversias científicas por el profesor Gold; las especies amenazadas y biodiversidad, por el profesor Triton; los personajes monstruosos, lo daré yo, y foto analógica por el profesor Bonnefamille.
Belle puso una gran sonrisa, Ruby parecía satisfecha y Emma abrió de par en par sus ojos.
-Emma, ¿todo bien?- preguntó Belle posando una mano en su brazo
-¡Tengo a la Mills!
-¡Repites!- se echó a reír Ruby
-¡Ruby! ¡No tiene gracia! ¿Qué has elegido tú?- replicó Emma
-¡Teatro!
Emma se giró hacia Belle, furiosa
-Gracias por tu genial idea, Belle. Ahora me encuentro entre las garras de Mills
-Miss Swan, ¿tiene algo que decir?- preguntó la voz de Regina tras ella
Emma suspiró y apretó los dientes
-No, profesora…¡Nada!- declaró mientras seguía mirando atravesadamente a Belle.
