Silent Wish.

Tercer capítulo.

Los dedos se crisparon cuando Alfred se acercó a abrazarlo, tal vez era porque Arthur siempre tenía las palabras correctas en el momento correcto, se sintió aliviado. Arthur se estaba muriendo y su corazón palpito muy fuerte dentro de su pecho. Alfred era suave, no era gordo como muchos de los compañeros de la universidad declaraban que era, era…era perfecto, Arthur podía asegurar que se dormiría en sus brazos.

El abrazo de Alfred era largo…muy largo.

Arthur abrió los ojos lentamente y se encontró en la misma posición, se cuestionó si Alfred se había quedado dormido, y evito esa posibilidad al sentir como enterraba sus dedos en su cabello, demasiado lento, sus parpados revolotearon suavemente mientras un escalofrío agradable recorría su espalda, la piel de sus brazos se volvió de gallina.

-Alfred…- Llamo el británico con algo de duda…-

Alfred se separó lentamente, y lo miro fijamente, Arthur busco incorporarse lo mejor que pudo, sabia como estaba su rostro en ese momento, quizás sus orejas aún estaban rojas. Sin saberlo aun sostenía parte de sus antebrazos y una de sus manos tenia capturada el lado izquierdo del suéter del menor. Arthur miro su mano capturando la tela en un breve silencio y detallo con un análisis algo obsesivo la forma de la playera del otro, holgada, aun así detonaba la forma de su abdomen. Alfred no dijo nada, solo mantuvo sus ojos en el rostro del otro que se volvió cada vez más colorido.

- ¿Arthur? –

-Ah…-Arthur alzo la mirada con aire perdido y parpadeo al verse incorporado, soltó a Alfred al instante - Lo siento, creo que tengo que ir a trabajar… -Se excusó distraído, desvió su mirada y su cuerpo lejos del muchacho con lentitud, arrepentido.

La culpa, era una suave caricia repentina.

-Ah…-Alfred apenas reacciono, parpadeo y se levantó del sofá rápidamente, tomo a Arthur de la mano como un impulso. – Espera…Arthur…

-Hu? – Se esforzó en reflejar la indiferencia en su rostro, Alfred dudo por un momento lo que iba a decir, se tomó un tiempo. La expresión de Arthur luchaba por no salir de la senda de la indiferencia. –

-Tu…-Comenzó Alfred- has estado raro…¿Qué pasa?. ¿Tienes algún problema?

Problema era una palabra muy pequeña.

-No…-Dijo, y su estómago sufrió un vuelco, un ardor- No, te estas imaginando cosas…

- No me imagino cosas… - Le expreso con seguridad y solo aligero el agarre de la mano, sentía que aquel contacto había sido muy impudente, aunque el británico no se había esforzado en demostrar alguna incomodidad, solo confusión.- Arthur, sé que no soy nadie para preguntarte estas cosas…pero has estado algo distante… ¿te sientes bien?, digo, tu…ya casi no me…cuentas nada y siento que estás enojado conmigo….

No sabía y quizás Alfred jamás lo podría ver, pero detrás de aquellos ojos verdes un horrible temor anidaba: estaba lastimando a Alfred.

Con su indiferencia.

Arthur se dio un momento de silencio, se quedó inmóvil y traslado sus ojos a los pies del otro, apretó los labios meditando. ¿Qué podía decirle? ¿Qué?, no podía negarlo, al parecer Alfred estaba convencido, total y absolutamente convencido de que él tenía algo. Y no se equivocaba!

- No quiero que estés enojado conmigo. –Le dijo Alfred, intentando llamar la atención del otro que parecía perdido en las nubes de su pensamiento. – Yo te quiero de verdad. Y no quiero que algo que hice nos distancie…

Oh, esas son declaraciones muy maduras de Alfred.

- Yo también te quiero Alfred, créeme cuando te digo que esto no tiene nada que ver contigo. Son cosas que pasan… -Mintió tan cínicamente que no se reconoció, se había sorprendido de su capacidad en el engaño. No lo hizo con la intensión de herir, si no de proteger. Quería proteger la fraternal relación que hasta el momento llevaban, aún que jamás pudiera tocarlo cuando quisiera, o incluso besarlo, acariciarle el cabello o cargarlo. Arthur se había mentalizado que jamás pasarían las cosas que él quisiera hacer o decir. Todo eso se veía bien hasta que aquel evento sucedió.

Ese demonio llamado deseo se coló en su mente, jugó con sus profundos sentimientos e instintos y lo había hecho caer en el doloroso placer de sus anhelos.

Alfred lo taladro con sus ojos azules y Arthur sintió sus mentiras detectadas, era un cuchillo en su pecho que quería salir desde dentro y desangrar toda su angustia. Los ojos de Arthur no soportaron tal visión, se aparataron drásticamente del americano y en un intento de hablar fracasó en una voz rota y baja.

No, no, no podía ser víctima de la culpa en ese momento, no en ese momento. Tenía que mantener la neutralidad e indiferencia, así Alfred no sospecharía más de lo que ya tenía para sospechar. Debía sellar sus ojos y su boca, sus sentimientos y su cercanía, así el menor no vería su inseguridad, culpa y deseo.

- ¿Arthur? ¿Arthur que tienes? -

- Nada. -Le respondido—Alfred, tengo que ir a trabajar…tengo que…

Su voz no salió más, cuando las manos de Alfred se adjuntaron a una de ellas, la derecha había sido tomada. Alfred estaba realmente preocupado, realmente…preocupado, tanto, que busco los ojos esmeraldas escondidos en las hebras desordenadas de cabello, cuando las encontró, las detallo brillantes y cristalinas..

- Arthur…-

-Arthur…

-Déjame cumplir….todos tus deseos...

No mentiría con decir, o incluso suponer, que en muchas ocasiones quiso que aquel evento se repitiera, aunque la culpa siempre lo arrastrara a una amarga negación, Arthur deseaba con acalorada necesidad tocar a Alfred nuevamente, pero no un toque casto y fraternal, como siempre había tenido varios de esos toques y cercanías, demasiados para él, demasiado para lo que quería. Aquel cariño se había transformado en algo grande y monstruoso, Incontrolable.

Por eso la piel que sentía bajo sus dedos no le causo miedo en un primer momento, no, sin miedo en absoluto recorrió con las yemas de sus dedos la suave piel que tanto codiciaba, era suave, cálida ante su toque. Alfred cerró los ojos y se hundió en el mueble largo de la sala. No podía ver sus ojos azules, estaban ocultos bajo sus parpados, sus cejas se arrugar en el placer.

Arthur puede escuchar su nombre, es la voz de Alfred que le susurra tan cerca de su oído, hundió la nariz en el cuello del menor, y aspiro suavemente su aroma, juvenil y embriagador, algo martillaba la conciencia de Arthur haciéndole perder el sentido. Todo en su mente era Alfred.

Sentir la cercanía de su cuerpo, ignorando cuando lo había tomado y lo había aplastado suavemente en los cojines, y cuando se había atrevido a besarlo, adentrarse en su boca, recorrer cada rincón con adoración, cálida y húmedo.

Le había dicho quizás las palabras que movieron algo en él, esa confesión de afecto tan puro le había retorcido en interior del británico, había activado su más grande fascinación por ese muchacho, los deseos en susurros le arrastraron hacia el con devoción tal que olvido la situación que se había presentado.

- Te quiero, Alfred – Le dijo las primera veces que se encontraron cara a cara, tirados en el sofá. Los ojos verdes se perdieron en lo azules que lo admiraban sorprendidos - ¡No tienes idea! ¡Duele demasiado no decírtelo…!

Cada respiración…cada parpadeado de Jones, era percibido al instante por los ojos del británico. Alfred era su tesoro, quizás el más valioso que pudiera tener, tan cerca…luego de ese momento, luego de que lo volviera a besar, Alfred cerro los ojos y expuesto al hambre que el inglés tenia, se quedó inmóvil con la cabeza apoyada en la cabecera.

Arthur escucho su nombre en susurros cuando Alfred lo apretó a su cuerpo y sus caderas se frotaron con desesperada necesidad de fricción. Algo no andaba bien, pero poca atención le presto a la conciencia.

Devoro la ropa del menor con desesperación y Alfred no se resistió ante las acciones que el otro le hacía ser víctima. Si Arthur hubiera percibido que al ver los parpados abierto, mostraron un azul tan eléctrico y sobrenatural. tan ajeno, como si la inocencia escapara de sus ojos. Los dedos del menor viajaron por el torso desnudo de Arthur que repetía infinidades de adoraciones en besos a su pecho y desabrocho con rapidez los pantalones, acariciando lo músculos de sus piernas, frotando ambas pelvis una con la otra. Provocando a Alfred a jadear.

Otra vez se movieron en una danza prohibida de ansias, quizás los más oscuros… los más silenciosos…

No despertó si no cuando ya caía la tarde que se movió con pereza. Sentía un fuerte dolor en su cabeza y un dolor en su espalda que no era otra cosa que un ardor por heridas leves de uñas.

Arthur abrió los ojos lentamente, y lo primero en que se fijo era en que Alfred aun dormía bajo de él. Acurrucado como una especie de ovillo. El británico se tomó la cabeza con un gesto adolorido. Y Se miró al espejo de la sala. Estaba empañado.

Alfred aún estaba dormido cuando escucho muy claramente como un risa, muy nítida atravesaba sus oídos con travesura, fue tan real que se vio obligado a volver a donde Alfred estaba pacíficamente acostado y dormido. Sospecho por un momento que fuera él. Porque era casi idéntica a su tarareo…casi idéntica…

Arthur recogió su ropa y se levantó para vestirse… Se sentía…mal

Extrañamente perseguido, Observado…custodiado. Rodo sus ojos por la habitación en la sala, y solo la luz anaranjado de la ventana cubierta por la cortina dejaba observa, era tan fina y débil..

Alfred suspiro en su sueño y Arthur se relajó al no escuchar nada más…

- ¿ahora qué harás? –

Alguien pregunto, desde el fondo de la habitación, desde algún rincón oculto. Arthur se sobresaltó.

- Ya has cumplido tu deseo. Al pie de la letra… ¿Qué pasa después?...

Arthur quería hablar y exclamar un grito. No había nadie con él en esa sala más que Alfred. Y este dormido era ajeno a la voz que resonaba en la habitación.

- ¿crees que de verdad él quería esto, Arthur? –Alguien se asoma desde el largo pasillo al fondo de la sala, la escasa luz no se le deja distinguir bien, pero se acerca a pasos ligeros y casi imperceptibles. Como si pudiera flotar – Ese es el problema de los deseos…Nunca creen que realmente los puedan cumplir.

Ese hombre que ahora se inclina fuera del marco de la puerta, muestro su rostro pálido como un fantasma, de ojos brillantes de azul eléctrico y un cabello tan oscuro como el carbón. Con lentes…

-Cuando se cumplen ya no saben qué hacer… - Se lamentó con falsa empática. Pero, podemos escuchar la opinión de Alfred. Creo que es conveniente que el sepa…todo lo que ha pasado…

El estómago de Arthur se revolvió, y pensó que perdería el desayuno en ese momento. El mareo se volvió más fuerte y sintió su cuerpo enfriarse de repente.

- ¿Qué …cosa eres?

El ser ladeo el rostro con interés y a la vez divertida curiosidad. Su cabeza se ladeo tanto que parecía un títere de cuerdas flojas, sonrió y Arthur sintió un escalofríos recorrerle al ver sus dientes afilados.

-Yo soy, tus más silenciosos deseos… -


DamistaH.

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-Vuela-