Los personajes no me pertenecen, son propiedad de S. Meyer. La historia es completamente mía y queda terminantemente prohibido la parcial o completa utilización de ella sin mi permiso.


Capítulo 3

La voz de mi madre me sacó de mi estupor.

- Isabella, ¿qué clase de modales son estos? Deja pasar a Edward - me regañó.

Asentí levemente con la cabeza y me moví de forma automática, haciéndome a un lado. No podía dar crédito a lo que mis ojos estaban viendo. Aquel debería ser un sueño... O quizá estaba en el cielo, luego de un coma farmacológico o alcohólico. Pero de ninguna manera ese hombre podía ser verdad.

Edward era un espécimen perfecto. Tenía las facciones cuadradas y afiladas, unos pómulos marcados y una nariz recta. Sus ojos eran de un verde esmeralda, tan profundos, que me hacían sentir desnuda frente a él. Sus labios... ¿Qué decir de ellos? Parecian suaves, delicados. Tenía un color de cabello bastante peculiar, era castaño con reflejos cobres, lo que lo hacía totalmente extravagante.

Observé su ropa. Vestía una camisa negra de manga larga con los dos primeros botones desabrochados, lo cual dejaba ver sus pectorales bien marcados y con un poco de vello cobrizo, y unos jeans azul oscuro. Cuando pasó delante de mí, no pude dejar de ver cómo se le marcaba el bulto y un culo que parecía de lo más ideal.

Enseguida mi mente se llenó de imágenes de Edward besándome. Edward cogiéndome. Edward...

¡Basta ya! Recuerda que sólo es la nueva adquisición de tu madre - me reprendió mi mente.

Y vaya que es buena -me autocontesté.

Alguien me habló, sacándome de mi discusión mental.

- Mi nombre es Edward, mucho gusto... - dijo con una voz aterciopelada.

- Isabella - contesté.

Levanté mi mano para estrechar la suya. Sin embargo, la tomó y dejó un beso sobre mis nudillos. Maldición, podia jurar que sentí miles de descargas en mi cuerpo.

- Bella, ¿podríamos hablar? - preguntó Bree.

- Si, claro, discúlpanos Edward.

- No tarden mucho, en cinco minutos sirvo la cena - gritó mamá.

Bree y yo fuimos hasta mi habitación, primero pasó ella y luego yo, cerrando detrás de mí la puerta.

- ¿Qué te parece?

- ¿Quién? - pregunté confundida, no sabía si por Edward o por la secuela de la droga.

- Edward, idiota - contestó ácida.

Le eché la mirada de tigre, por su contestación

- No lo sé, ¿qué opinas tú? - contesté con un encogimiento de hombros

- Parece buen tipo, pero deberíamos interrogarlo... Sólo para asegurarnos que no es igual que los anteriores y no nos lastimará - murmuró lo último, agachando la mirada.

Hubo una vez que Reneé trajo un hombre a vivir con nosotras. Cayo era su nombre, el muy cínico era un ángel con mamá, pero se empeñaba en golpear a Bree en su ausencia.

Mi hermana no decía nada, para no entristecerla, eso fue hasta que yo los descubrí. Volví un día temprano de la secundaria y, al entrar, encontré a Cayo golpeando a Bree con una manopla en su estómago. Rápidamente lo eché de nuestra casa e hice la denuncia. Tuvo una orden de alejamiento de mínimo cien metros. Reneé la pasó mal, no por Bree, sino por el tipo a quien, en teoría, amaba.

- ¿Bella? ¡Bella! - gritó mi hermana dándome un pequeño golpe.

- ¿Si?

- ¿Me estabas escuchando? - bufó molesta.

- Claro que si, y me parece una excelente idea - me dirigí a la puerta y la abrí-. Ahora vayamos antes que mamá enloquezca.

Ambas salimos en silencio de mi habitación y nos dirigimos al comedor. Allí encontramos a Reneé con Edward en una situación bastante comprometedora. Ella estaba sobre la encimera, con las piernas enrredadas en las cadera de Edward, mientras se besaban apasionadamente.

- ¿Cenamos? - pregunté en un tono hosco.

Los dos se separaron apresuradamente y se acomodaron la ropa. No pude evitar poner los ojos en blanco. Ya había visto a mi madre en situaciones similares anteriormente, pero jamás sentí la ira como en ese momento. Quería ir y abofetearla. Pero, ¿con qué motivo? Ah si, porque se estaban besando casi pornográficamente frente a sus hijas.

Si, claro - dijo mi voz interior.

Los tres nos sentamos en la mesa, mientras Reneé servía los platos. La cena consistía en pollo al verdeo con papas. Algo bastante elaborado y caro, pero parecía que quería impresionar a Edward. Una vez más, sentí mucho enojo.

- ¿Edward?

- ¿Si, Bree?

- ¿Cuántos años tienes? - preguntó de forma angelical, pero a mí no me engañaba.

- Uhm... Ehm... - Edward se puso nervioso y se desacomodó el cabello con una mano-. Veintiseis.

- ¿Sabes cuántos años tiene mi mamá? ¿No te da verguenza salir con alguien mayor? - pregunté de forma irónica.

- ¡Isabella! - gritó mi madre muy enojada-. ¿Por qué hablas de esa manera y me faltas el respeto?

Edward tomó la mano de Reneé de forma tranquilizadora.

- Déjala, Reneé. No me molesta contestarle - se giró hacia mí y me miró tiernamente-. Si sé cuantos años tiene tu madre. Sé que es ocho años mayor que yo, pero no me importa ni me averguenza. ¿O a tí te importa la diferencia de edad?

Quise creer que fue una simple e inocente pregunta, pero por el modo que lo dijo y con la fiereza que demostraban sus ojos, me fue imposible no pensar que tenía un doble sentido pura y exclusivamente para mí. ¿Me importaba la diferencia de edad? ¿Saldría con alguien mayor que yo? ¡Maldición, si!

Intenté recomponerme rápidamente y negué levemente.

- ¿De qué trabajas? - volvió a la carga Bree.

- Soy CEO de mi propia empresa. La manejo junto a un amigo - contestó simplemente.

Bree asintió como respuesta.

- Bueno, creo que son muchas preguntas, niñas. No lo abrumen - pidió Reneé, mirándonos ferozmente.

- Si, mamá - respondimos a coro.

Edward se carcajeó y volvió a tomar la mano de nuestra madre.

- Déjalas, amor, son un encanto. Bree es muy suspicaz para su edad - comentó sonriéndole a mi hermana-. E Isabella es... increíble, no tengo palabras.

Nuestras miradas se juntaron y juro que pasó su lengua por sus labios de manera imperceptible. Quizá la droga me estaba pasando factura, realmente me estaba sintiendo enferma. Me levanté suavemente de la mesa.

- ¿No te quedas para el postre, hija?

- No, Ren... Mamá, tengo que hacer deberes de la escuela y voy a acostarme temprano, mañana tengo exámen de biología.

Reneé asintió.

- Que descanses, cielo.

- Si, Isabella, buenas noches - dijo Edward mirándome de arriba a abajo.

- Adios a todos - me acerqué a mi hermana-. Ten un oído en ellos, ¿de acuerdo? - susurré y ella asintió.

Me metí rápidamente a mi cuarto y me tiré sobre la cama. ¿Qué diablos estaba pasando? ¿Estaba Edward coqueteando descaradamente conmigo o eran ilsuiones mías? Me permití volver a analisarlo en mi cabeza y llegué a la conclusión que estaba demasiado follable. No importaba que fuera nueve años mayor, ni que fuera el nuevo novio de mi madre. Todo eso sólo lo hacía más imposible y excitante. Todo un reto... Y yo amaba los retos.


Aquí estoy con un capítulo nuevo, dando la introducción de Edward a la historia.
Para las que me preguntaban la edad de Edward, ahí dejé en claro, pero por las dudas: Edward 25, Reneé 34, Isabella 17 y Bree 12. Tambien me preguntaron cada cuanto iba a actualizar y la verdad es que no lo sé. Todo depende de la facultad y el trabajo. Intentaré actualizar como hasta ahora, cada cuatro días.
¿Qué más...? Ah, si! Bella, obviamente no es la clásica Bella, ella está muy echada a perder con un pasado y un presente muy oscuro... Y Edward tampoco es el clásico, él también tiene sus muertos en el placard.

Bueno, espero que les haya gustado y les haya aclarado las dudas :) Nos estamos leyendo!
¿Críticas? ¿Halagos? Por el go!