Capítulo 2
Estaban por dar las siete de la noche ese día. Quince minutos más y la jornada laboral terminaría para los empleados del banco.
Un joven que captaba la atención de casi todas las mujeres y algunos hombres ahí se hallaba tras un escritorio, con el auricular de teléfono en el oído y tomando apuntes sobre una pequeña libreta amarilla. Llevaba un traje de marca en color gris, una camisa blanca y corbata negra. De lado izquierdo pendía una insignia dorada con el nombre de Yamato Ishida. Más de un par de ojos contemplaban con admiración la porte de aquél joven y guapo hombre. Llevaba su cabello rubio algo desprolijo, sus ojos azules brillaban ante los reflectores de luz y en su rostro tenía grabada una sonrisa como si estuviese escuchando palabras angelicales. La secretaria que se hallaba sentada en la silla a su lado se veía algo nerviosa, intentaba disimular cuando volteaba a verlo pero era bastante obvio, incluso para él. Al cortar la llamada le agradeció a la mujer y se fue al fondo del banco en donde ingresó una clave de acceso y se abrió una puerta que estaba camuflajeada con el tono opaco de la pared. Entró ahí sin darse cuenta de la cantidad de miradas que lo habían seguido hasta que se perdió.
Caminó por un pasillo algo corto hasta que llegó a su oficina. Ésta era amplia, aunque no lo suficiente como la que había tenido en la otra sucursal en la que trabajó hacía un par de años. Tenía un librero de lado izquierdo, aunque la mayoría de la literatura eran cosas sobre administración y contabilidad. Al frente se hallaba su escritorio de roble en donde tenía la nueva iMac que acababa de adquirir como capricho suyo, una silla de piel y varios portarretratos en donde aparecía él al lado de una joven pelirroja y en otras junto a otro muchacho también rubio y con su mismo color de ojos.
Apagó la computadora y se dedicó a guardar unos papeles a los que les daría seguimiento al día siguiente. Miró el reloj, eran las siete con cuarto, sonrió para sí mismo y, sacando su celular del pantalón, utilizó la marcación rápida para llamar a su prometida.
-¡Hola, amor!- escuchó la dulce voz de Sora tras el primer timbre.- ¿Cómo estás?
-Ansioso por verte, preciosa. ¿Y tú? ¿Estás lista?
-Ah si…- por el tono que utilizó ella supo que las cosas no iban a resultar como las había preparado para esa noche.
-Sora, ¿qué sucede?
-Es que me han llamado del hospital para pedirme que cubra a una de las enfermeras de la noche. Tendré que estar en una cirugía.
-¿Qué…?- soltó un suspiro exasperado y se dejó caer sobre su silla de piel llevándose una mano al cabello.- Pero, amor…
-Lo sé, lo sé. Créeme que para mí fue una sorpresa, Matty, pero tengo que ir.- él se mordió el labio reprimiendo su enojo, sabía que no era culpa de ella.- Pero no canceles aún, mi vida. Quiero que tú vayas…
-¿A escuchar la banda? Estás loca, eso es algo que debemos elegir juntos.
-No Matt, hablo en serio. Ve y después me dices qué te parece, ¿si? De todos modos tú tienes mejor oído musical que yo.
-Pero no quiero ir solo.
-Entonces pídele a TK que te acompañe.
-Al enano le toca predicar ésta noche en la reunión de jóvenes.- espetó Matt de mala gana. Dado que era un hombre muy perfeccionista y organizado, odiaba cuando las cosas no le salían como las planeaba.
-Amor…
-Está bien. Iré a escuchar la banda.- dijo resignadamente.- Estoy por salir de la oficina, llámame en cuanto llegues al hospital, ¿si?
-Claro, mi cielo. Y nuevamente, perdóname…
-No te preocupes, esas cosas pasan. Te amo, Sora.
-Y yo a ti, Matty.
Tras decir eso colgó la llamada y dejó el celular sobre el escritorio. Se puso a meditar un momento antes de irse.
Sora era enfermera y como tal requería de su entera disposición para ejercer su trabajo. No era la primera ocasión en que ella le cancelaba una cita. Ha decir verdad, gracias a situaciones como esas, Matt había aprendido a ser paciente y comprensivo. Al principio hubieron muchos problemas y ella tuvo que terminar la relación y distanciarse pero él no lo soportó, se dio cuenta cuánto la quería, lo importante que era en su vida y fue así como decidió cambiar, por ella, por ese amor que le tenía. Aunque claro, como todo cambio, no era fácil y requería de un proceso en el que tenía que aprender a acostumbrarse a la manera de ser de las cosas y aún se encontraba en eso.
-Kari, sigo pensando que no es buena idea que hagas esto.- comentó Yolei con cierto nerviosismo en la voz. Su amiga, que se hallaba sentada al borde del ventanal contemplando inexpresivamente la bulliciosa ciudad, le dio una calada al cigarrillo deteniendo por un buen rato el humo en sus pulmones antes de expulsarlo. El pecho se levantó al escapársele un suspiro y volteó hacia la joven de lentes y cabello lacio que estaba cruzada de piernas sobre su cama con la laptop en el regazo.
-Enamorar chicos no es un problema para mí.
-No lo digo por eso.- la castaña arqueó una ceja. Inhaló por última vez su cigarrillo antes de aventarlo por la ventana.- Sé que lo lograrás y es precisamente eso lo que me preocupa. No estás hablando de robarle el novio a alguien, Yagami, sino el prometido. Esos chicos están por casarse. Ponte en los zapatos de ella, ¿sabes la ilusión que debe estar teniendo? Al ver todos los preparativos, invertir gran parte de su día en los detalles para que la boda sea perfecta y…
-Corta esa ridícula mierda ahora mismo antes de que me vomite, Yo.- espetó Kari haciendo un ademán con las manos y levantándose de ahí. Se paró frente al espejo que colgaba de una de las puertas del clóset y se quitó la blusa quedando únicamente en ropa interior.- Si no pasa ahorita pasará dentro de unos años. Créeme, el divorcio es algo inevitable.
-No es verdad.- la desafió su amiga y Hikari sonrió mirándole a través del reflejo.
-Esas cosas del amor verdadero y que alguien cambie y dedique su vida por ver feliz a otra persona es pura mierda.- farfulló divertida.- En serio, Yolei, ¿en qué planeta vives? Dios, deberías dejar de leer tantos libros, te están afectando el cerebro.- algo fastidiada, se encerró en el baño en donde momentos luego se escuchó el sonido del agua cayendo por la regadera.
Kari había sido testigo de cómo la relación entre sus padres se fue desapareciendo. El amor y los cuidados que su madre tenía para Susumo se convirtieron en miradas frías y charlas ocasionales en las que sólo se cuestionaban asuntos relacionados al trabajo de él. Tras esto miró a su hermano, tan ambicioso como su padre, que se casó con la hija de una familia de nobles sólo porque la fama y la riqueza era lo más importante en la vida.
Después de confesarle que le gustaba a un chico que asistía con ella a clases de natación y no ser correspondida por él, hizo que el amor y los sentimientos dejaran de existir en su mundo y pronto cerró su corazón a todo eso. Un día cuando regresó del colegio, cogió todas las novelas de romance que solían sacarle sonrisas, lágrimas y suspiros, y las quemó en una hoguera en el patio trasero de su casa. Esa noche, con lágrimas en los ojos, se juró a sí misma no volver a creer en el amor ni el destino pues esas cosas eran para gente estúpida, y se dedicó a explorar otro camino en la vida, uno que pocos aconsejan y la mayoría lo desaprueba: las drogas, el sexo y el libertinaje.
Salió envuelta en una toalla del baño y sin importarle que Yolei aún estuviera en el cuarto, empezó a vestirse.
-¿Así piensas dejar que Yamato te vea?- preguntó la chica de lentes al verla. Kari llevaba un short de mezclilla bastante corto, una blusa rota de tirantes roja que dejaba ver su brasiere negro con encaje.
-¿Qué tiene de malo?- Yolei negó con la cabeza y se puso de pie.
-Perdón que te diga esto, pero si yo fuera cristiana y te viera así diría que eres una prostituta.- Hikari soltó una carcajada que contagió a su amiga.- Déjame te traigo algo. Espera.- Yolei salió del cuarto. Mientras la castaña aprovechó para desenredarse el cabello, planeaba alaciarlo un poco aunque tan sólo pensarlo le daba pereza. Se maquilló mientras como usualmente hacía.
Mimí le había llamado en la mañana para informarle que Matt iría a un bar en donde tocaría una banda que pensaba contratar para su boda. Unos cuantos movimientos de la chica y pronto hizo que Sora tuviera que trabajar esa noche y así darle paso a Kari para que iniciara con el plan.
La puerta se abrió de golpe sobresaltándola un poco y miró a Yolei, con un vestido rojo en las manos que tenía diminutas flores en color blanco.
-¿Qué es eso?- preguntó haciendo un gesto de desagrado.
-Lo que usarás ésta noche. Póntelo, apuesto que te quedará muy bien.
-¿Estás loca? No pienso usar…- no terminó la frase cuando su amiga se acercó extendiendo el vestido frente a ella. Yolei parecía muy seria y dado que ella no tenía muchas ganas de discutir la obedeció. Se quitó lo que llevaba puesto arrojándolo al suelo y se puso la prenda roja.
-¿Ves?- Kari se miró en el espejo. El vestido le quedaba un poco arriba de la rodilla, aunque no tanto a como acostumbraba a andar siempre. Era de tirantes, con una cintilla blanca muy delgada en la cintura. Le acentuaba bastante bien a su esbelta figura y los huesos de su cuello resaltaban, aunque no se veía para nada mal.- El rojo te queda muy bien.- dijo Yolei, sonriendo.
-Mmm no sé, no me convence.
-Es porque no estás acostumbrada a verte así.
-¿Crees que deba tapar el tatuaje?- inquirió Kari, señalando la frase que había decidido grabar en su piel apenas cumplió la mayoría de edad. Lo tenía en el antebrazo derecho, y decía La vie sans peur, que traducido es Vivir sin miedo, y decidió hacerla poco después de iniciar el viaje por el mundo con el corazón cerrado y los sentimientos apagados.
-Pues a mí me gusta pero no sé cómo lo vea él.- Yolei meditó un momento llevándose una mano al mentón como solía hacer cuando se ponía a pensar. Kari sonrió y fue a sentarse en la cama pero antes encendió un cigarrillo pues su cuerpo le pedía a gritos algo de tabaco. La chica de lentes buscó entre la ropa de su amiga en el clóset hasta que sacó un suéter negro, era de tela delgada lo cual encajaba perfecto para el clima primaveral.- Toma, póntelo.- se lo dio a la castaña y sonrió complacida al ver que le hacía buen juego al vestido.
Una hora más tarde, Kari ya estaba saliendo del campus de la universidad y tomando un taxi que la llevaría al bar en donde finalmente conocería en persona al famoso Ishida.
Durante varios días se la pasó indagando en internet el gusto musical del chico, demasiado aburrido y común para ella, al igual que sus películas favoritas, libros, comida, entre otras cosas. Parecía ser un hombre bastante sencillo, apegado a la iglesia, a su familia y responsable en el trabajo. Sería como cuando visitaba a su padre y tenía que tratar con todos los empresarios y pretender que no se hallaba interesada en las drogas, alcohol, fiestas que terminaban con alguien preso o ese estilo de vida para que la halagaran y felicitaran a Susumo por la hija ejemplar y maravillosa que tenía.
Apariencias, apariencias, apariencias….
Cuando hubo llegado finalmente al bar entró sin necesidad de mostrar su identificación pues ya el guardia, un amigo cercano de Mimí, la había conocido y estaba enterado a media información de las cosas y sabía que ella llegaría.
-Buenas noches, señorita Yagami.- saludó el hombre, de piel oscura, que le sacaba casi dos cabezas a la joven. Ella sonrió mostrando su perfecta dentadura.
-Buenas noches, Antonio.- dijo amablemente.- ¿Ha llegado…?- él asintió simplemente y le indicó que podía entrar.
Se trataba de un bar en el que acostumbraban a ir bandas que hacían covers o tributos a otras. Tenía una enorme barra en donde había aproximadamente unos seis hombres atendiendo. Al frente se hallaba el escenario, aunque no era lo bastante grande comparado con otros que Kari había visto. A las orillas había pequeños sillones y sillas. Todo se hallaba a media luz y la mayoría de las personas que había ahí parecían sacadas de una convención de licenciados.
La castaña fue a sentarse a la barra en donde pidió un whiskey sencillo. Uno de los bar tenders tenía la orden de darle todo cuanto pidiera y lo cargaría a la cuenta de Mimí. Los ojos almendrados de la chica buscaron detenidamente entre la multitud a ese joven apuesto de cabello rubio pero desde donde estaba era difícil ver bien. Tras terminar su bebida tranquilamente decidió irse al frente. Más de un par de miradas la siguieron pero ella no les dio importancia. Si algo odiaba de los hombres era precisamente que hicieran eso: mostrar su pervertido interés en ella sin disimular.
Se detuvo a escasos centímetros de la espalda de Matt. Era él, aunque no veía su rostro, estaba segura que se hallaba atrás de él. Un escalofrío recorrió su espalda y por alguna razón sintió nervios.
-Relájate, Hikari. Ya has hecho esto antes.
Se paró a su lado pero sin voltear aún. Fingió estar atenta a la música que entonaba un cover de la canción Iris por el grupo Goo goo dolls. Entonces de reojo lo miró. Era Ishida, la víctima del perverso plan de Tachikawa. Estaba a una distancia extremadamente corta de ella.
Kari se movió haciendo como si alguien la hubiera empujado y fue a dar al pecho de él quien con reflejos rápidos reaccionó y la agarró para que no cayera.
-Lo siento.- dijo ella en voz alta para que pudiera oírla. Matt sonrió y la miró a los ojos.
-¿Estás bien?
-Sí, sólo un cretino que no se fijó por dónde iba.- explicó separándose un poco y acomodándose el vestido. Yamato volvió a sonreír y ésta vez Kari le devolvió el gesto. Los ojos azules del chico volvieron a posarse en el escenario.- Me agrada ésta banda.- farfulló intentando sacar plática.- Aunque definitivamente…
-Goo goo dolls es mejor.- dijeron ambos al mismo tiempo y luego sonrieron. Matt la miró asombrado y con una elegante sonrisa en el rostro.
-Bien hecho, Kari. Lo has enganchado.- pensó para sí misma.- Me llamo Ronnie.- mintió, pues le había prometido a Mimí que no usaría su verdadera identidad con Yamato.
-Matt.- la saludó él estrechándole la mano.
Se quedaron atentos un par de canciones más hasta que la banda anunció que tomarían un descanso de quince minutos. Luego de esto pusieron música de cintas y la mayoría de las personas en la pista se puso a bailar.
-Voy por un trago, ¿quieres algo?- preguntó el rubio.
-Te acompaño a la barra.- respondió Kari. Él pidió una sangría y ella otro whiskey.
-¿Has venido sola?
-Sí, se supone que mi mejor amiga me acompañaría, estoy ayudándola a elegir bandas para su… fiesta…- dijo, pensando que si le decía que era para una boda sería muy obvio.- Pero me canceló de última hora.
-Mmm, dímelo a mí. Estoy aquí por lo mismo.
-Pues, salud por eso.- exclamó sonriendo y alzando la copa al mismo tiempo. Matt sonrió también.
Charlaron de cosas irrelevantes. Él le contó que trabajaba en un banco. Se había graduado de Yale y algunas bandas de su música favorita, tema que le favoreció mucho a la castaña pues pudo utilizar la información que había hallado en internet sobre esos grupos y dejar impresionado a Ishida, quien juró no haber conocido a otra chica que entendiera o supiera esas cosas antes. Los quince minutos se pasaron volando pero ellos permanecieron sentados en la barra platicando. Kari utilizó el juego de las miradas. Observándolo cuando estaba distraído y, una vez que él se daba cuenta y volteaba, ella se giraba hacia el escenario. Repitió el patrón un par de veces aunándolo a sonrisas ocasionales cuando sus ojos chocaban encontrándose.
Hubo un momento en donde ella se sintió mareada. Tuvo que dejar a Matt ahí para ir al baño pero fue pésima idea ya que todo le daba vueltas y la vista se le nubló. Se miró en el espejo dándose cuenta de lo pálida que estaba. Las piernas le temblaban y empezó a sentir muchos escalofríos.
Quizás era hora de irse.
Volvió junto al rubio quien se puso de pie al verla. Se percató de la expresión preocupada del chico y éste la sostuvo una vez que llegó.
-Ronnie, ¿te sientes bien?- ella sólo negó con la cabeza y, antes de poder decir o hacer algo más, se hundió en una densa y profunda oscuridad y no supo más de sí misma.
Oh what a shame that you came here with someoneeee (8) so why are u here in my arms? (8) no puedo con Ke$ha jajajajaja
