Aquí otro capítulo más, aunque éste es más corto que los anteriores ... Por cierto, feliz 2009 !! =)

Capítulo 3, Emboscada

Abrí los ojos lentamente, despegándolos así de mis párpados para poder visualizar en donde me encontraba. Y precisamente, el lugar donde estaba seguía siendo el mismo. Volteé mi mirada hacia la ventana, todavía seguía lloviendo, pero ésta vez lloviznaba. Escuché un golpe fuerte proveniente de la puerta, y dirigí mi mirada hacia allí. Era Dumbledore, al parecer estaba apurado y tenía un atisbo de preocupación en las facciones de su rostro desvencijado. Me destapó bruscamente, y me ayudó a pararme, cosa que ya no me costaba como antes.

-¿Qué sucede? -Pregunté preocupada. ¿Qué era lo que pasaba? ¿Por qué Dumbledore estaba tan apurado y preocupado? Seguramente tendría que ser algo grave como para que se preocupase y quería saber qué era lo que lo abrumaba tanto. Me tendió ropaje muggle, y señaló delicadamente con su mano derecha hacia el baño.

-Ve a cambiarte. No hay tiempo para explicaciones. -Dijo fríamente. Nunca escuché que él hablara de una forma inexpresiva y fría, era la primera vez que lo escuchaba hablar así. Algo estaba ocurriendo y quería saber qué era.

Decidí no protestar y dirigirme hacia el baño para poder cambiar mi ropaje ensangrentado por el nuevo que me acababa de brindar el mago. No me observé en el espejo si estaba peinada o no, tampoco me preocupé por recoger la ropa que me acababa de sacar, ya que no había tiempo para ese tipo de cosas. Salí del baño luego de lavarme la cara rápidamente y Dumbledore me agarró de la mano para luego desaparecer conmigo.

Aparecimos en un bosque, el cual estaba recubierto por hojas que caían, puesto que era Otoño y las hojas estaban teñidas de un color marrón claro. Me observó por unos instantes, se puso delante de mí. Me brindó mi varita, la cual agarré. Estaba preocupada, ¿qué sucedía? ¿Por qué había tanto movimiento? Mis preguntas obtuvieron respuesta cuando cuatro encapuchados aparecieron alrededor nuestro. Sus capuchas y túnicas negras avanzaban hacía nosotros, mientras que Dumbledore y yo nos juntamos más e intentábamos alejarnos de ellos para poder protegernos más, cosa que fue totalmente en vano.

-Entréguenos a la señorita Nightlife. -Dijo el que estaba en frente nuestro. Tenía su varita en la mano y su cuerpo era un tanto corpulento, era de cuerpo grandote, mientras que sus pies parecían tener garras en vez de uñas al igual que sus manos. Nos miró con ojos rojos que brindaban terror, nosotros lo único que hicimos fue retroceder más.

-No les daré a Claire, Axel. -El hombre lobo rió a carcajadas, sus carcajadas eran sumamente sonoras y aturdidoras. Estaban llenas de burlas, de falta de respeto. Intenté adelantarme un paso, pero la mano de Dumbledore se interpuso en mí. -Los Aurors ya vienen en camino, no te preocupes. -Me susurró al oído, pero al parecer el hombre lobo pudo escuchar y se rió aún más.

-"Los Aurors ya vienen en camino, no te preocupes" -Dijo imitando la voz de Dumbledore, cosa que me hizo enfadar. Intenté tranquilizarme, pero no pude. Alcé la varita apuntándola hacia el que correspondía al nombre Axel, y éste me miró con ojos incrédulos y a la vez satisfactorios. Se había quitado la capucha, revelando así un rostro desgreñado, totalmente desvencijado y sucio. Sus rulos negros rodeaban su cabeza hasta los codos, mientras que todavía seguía posando sus ojos negros en mí. -¿Acaso pretendes atacarme, Claire? Sabes perfectamente que soy más fuerte que tú, hasta lo has comprobado por una mala experiencia, ¿lo recuerdas? -Río entre dientes, observándome con una mirada macabra y siniestra. Me adelanté unos pasos hacia él.

Claro que me acordaba, mi supuesta bienvenida al grupo de Voldemort… Varias imágenes se me vinieron a la cabeza, un hombre lobo torturándome, azotándome e incluso quebrando varias partes de mi cuerpo. Pero luego me vengué de él, le realicé la maldición Sectumsempra. Recuerdo perfectamente cómo se desangraba, cómo sufría ante ese desangre. Recuerdo que Voldemort había dejado a alguien a cargo a esa "pequeña" prueba que me habían brindado. Esa persona era de cabellera morocha, y sus ojos eran de igual color, almendrados, observando satisfactoriamente la escena.

Volví al presente, sin haberme dado cuenta pronuncié unas palabras para realizar un hechizo con la varita, el cual produjo que Axel se estampara contra un árbol que yacía detrás suyo. Me miró con ojos furiosos y se dirigió rápidamente hacia mí, casi como un rayo. Esta vez fui yo a la que estamparon contra un árbol, prisionera por sus brazos y garras que me apretaban cada vez más fuerte contra la madera misma. Su boca se iba transformando, se estaba haciendo cada vez más grande de lo normal.

-Esta vez no intentaré transformarte como la anterior, ésta vez te despedazaré traidora. -Escuché un grito de preocupación de parte de Dumbledore mientras éste se batía a duelo contra los demás Mortífagos, los cuales le impedían el que se acercara hacia mí para poder salvarme.

Su boca de lobo se acercaba hacia mi cuello, estaba forcejeando para librarme de él, pero esos movimientos fueron inútiles, puesto que cada vez estaba más cerca de mi piel para degollarme. Me preguntaba cómo se sentiría morir, que cada punto vital del cuerpo ceda y que todos los órganos se detengan, cómo se sentiría estar perdida en un abismo sin fin, absorto en una oscuridad absoluta, negra y siniestra.

Sus dientes estaban a unos escasos centímetros de mi cuello hasta que se escucharon unas palabras provenientes de otra persona poco conocida a mi gusto. Solo sabía que su nombre era Frank Longbottom y que pertenecía a la Orden del Fénix.

-¡Desmaius! -Murmuró y el hombre lobo acto seguido se desprendió de mí como si una fuerza invisible lo tironeara desde el lado contrario de donde yo estaba. Axel estaba furioso, se le notaba en los ojos, llenos de ira y rencor hacia quien le había humillado en frente de sus compañeros Mortífagos.

Él se abalanzó hacia el señor Longbottom, obligándolo a éste reaccionar de tal forma que realizara el hechizo Incendio, provocando así quemaduras en el cuerpo del hombre lobo. Éste mismo le dio unas señales con sus manos hacia sus compañeros, los cuales se estaban batiendo a duelo con otros Aurors que habían llegado hace poco. Era una señal de retirada. Acto seguido, los Mortífagos desaparecieron entre las sombras, dirigiéndose hacia quien sabe dónde.

-¿Te encuentras bien? -El señor Longbottom estaba jadeando a causa del nerviosismo de la ocasión, pero su atisbo de voz era amable y cálida. Asentí levemente con la cabeza, asustada aún, con las manos temblándome las separé de la madera del árbol y me dirigí hacia el pequeño grupo de Aurors que había en el bosque.

-Luego te explicaré todo. -Me dijo Dumbledore seriamente, él me agarró del brazo y desaparecí junto con los demás.