30 días en nuestras vidas

III Calor en la chimenea

Había estado trabajando a doble turno, y aún parecía que su cuerpo se negaba a ceder al cansancio. Al parecer su entrenamiento militar era algo que aún parecía mantenerse firme en su memoria corporal.

Arrastrando los pies, John subió los diecisiete peldaños que llevaban al 221 B de baker street. El medico soltó un suspiro al entrar y ver la polvorera y mezcla de utensilios dispersos en la sala. La inusual ausencia de su compañero de piso le causo cierto desconcierto, sin embargo, asumió que este, estaba buscando algunas muestras para analizar.

Resignado abrió el refrigerador, hallándose con lo que parecía ser un intestino, al que John rogó para sí mismo por que no fuera de procedencia humana. Tomo un poco de leche que había en la despensa y se dispuso a calentarla, una buena taza de leche tibia le vendría bien para dormir.

Después de haber bebido su relajante taza, y aún un poco inquieto por que Sherlock no había llegado aún, se encamino a su habitación, necesitaba dormir con urgencia.

No fue solo unas horas mas tardes, cuando el sonido del timbre en su celular le saco de su estado de profundo descanso.

John tanteo un par de veces en la mesilla ubicada al costado de su cama hasta encontrar el objeto de donde venía el ruido.

El medico cogio su celular y aún con la vista nublada leyó el mensaje que tenía en el buzón.

-Baja, es urgente S.H

Ciertamente John Watson se consideraba un hombre paciente y de buenos modales, sin embargo había ciertas cosas, como las que hacía su compañero que lo molestaban terriblemente y entre esas estaba mandarle mensajes a cualquier hora y en cualquier lugar.

John se dio media vuelta en su cama decidido a ignorar la petición de Sherlock. Estaba cayendo nuevamente en los brazos de Morfeo cuando el acuso de un nuevo mensaje le hizo retornar a la realidad por segunda vez.

-Baja, por favor S.H-

Aquel mensaje le sonó extraño, ¿Sherlock le estaba pidiendo por favor?, ¿era posible que el mundo se estuviera volviendo loco y el aún no se había percatado?

Con enfado y resignación John se sentó en la cama, acomodándose las zapatillas para bajar por las escaleras al primer piso.

Watson sintió un pequeño escalofrió al descender a la sala principal. Sin embargo eso no lo detuvo, continuo descendiendo hasta que se encontró con el causante de su ahora desvelo. Sherlock Holmes. John estaba a punto de darle el discurso de su vida cuando se dio cuenta de que algo no estaba bien con su amigo.

-John…-

-¡Oh! ¡Por Dios Sherlock!- exclamo Watson al ver al detective que estaba pálido como el papel.

De inmediato John se acerco hasta su compañero, quien estaba sentado en su sofá de siempre y le examino. Sherlock estaba frío como el hielo, sus palpitaciones estaban altas y se le notaba mareado, John no tubo que examinarlo dos veces para reconocer los síntomas de una fuerte baja de presión.

-John…- se quejo Sherlock mientras Watson lo tendía en el sofá acomodando sus piernas

-Tranquilo, vas a estar bien, solo debes dejarlo en mis manos- le pidió John quien ahora estaba en modo de medico.

-John no puedo… estoy cansado- susurro Sherlock pestañeando pesadamente

-¡No!, gritó John- Mantén tus ojos en mi Sherlock, prometo que pasará- ordeno, aunque su voz sonó más como una suplica.

Sherlock hizo un esfuerzo sobre natural para mantenerse conciente y luchar contra las oleadas de mareo que constantemente le agredían. Sus ojos aguas se diluían en los verdes de Watson. Sentía frío.

Y aunque sabía que el calor de la chimenea estaba surgiendo efecto, este no podía apaciguar el hielo que provenía de su interior.

Al cabo de un rato John había terminado de administrar los medicamentos y Sherlock se encontraba estable, sin embargo, aún estaba somnoliento y agotado.

John suspiro más tranquilo, debía reconocer que se había asustado por un momento. El medico dio un vistazo a su amigo, quien estaba inmóvil en su lugar.

-John…- le llamo con los ojos cerrados y la voz ronca por el cansancio

-¿Que pasa Sherlock?, ¿te sientes mal?- pregunto John acercándose de inmediato e inclinándose al costado del sofá.

-Tengo frío- soltó casi como un susurro

Watson suspiro con paciencia. Le sonrió con cariño antes de ir a la chimenea y echar un par de troncos de leña para avivar la llama. Luego, se acercó hasta donde se hallaba su amigo, y levantándolo con cuidado, se sentó en el sillón acomodando la cabeza del detective en su regazo.

-¿John…?-

-shh… no digas nada Sherlock- contesto John mientras ordenaba los rizos dispersos del mas joven.

Sherlock le miro vacilante, no obstante hubo algo que le hizo no hablar, inesperadamente el frío había comenzado a menguar en la habitación y en su cuerpo. Quizás era por el calor del fuego, quizás era por esas manos que jugueteaban en sus cabellos con devoción, o tal vez no tenia que ver con el calor de la chimenea; Si no más bien, con algo que cierto medico hacia que se agitara en su interior…

NotaS:

¿Que tal? ¿Les gusto? ¿Reviw?

Escrito con cariño para todos, espero que les haya gustado.

Tuty y paradice-cream gracias por los comentarios en el fic.