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ABANICOS Y PENDIENTES
Drables y Viñeta Ayako x Miyagi
Disclaimer: personajes reciclados de la cabeza de Takehiko Inoue
III
Graffiti
Hace un par de días, ocurrió un suceso espantoso en la preparatoria Shohoku. Un vandalismo puro y adolescente, los profesores no podía hablar de otra cosa. Alguien, o un grupo de individuos (era imposible precisarlo), en un acto de rebeldía e insubordinación manifiesta, también cobardía, y posiblemente aburrimiento, se apropió de una de las murallas que daban a la calle, y escribió lo impensable:
Shohoku rules!
Pésima caligrafía y mal gusto. Un ultraje, eso es lo que era.
Decían los profesores, en su intento por causar miedo, que no había justificación para tratar así la infraestructura de la preparatoria, y el castigo para quien resultase culpable sería severo. A menos, y porque siempre hay excepciones en esta vida, que confesase y pintase la fachada del colegio... además de limpiar los baños y sacudir los borradores llenos de tiza.
Un ganar-ganar.
Ryota intentaba aguantarse la risa. Cualquiera podía ser el responsable, pero por supuesto, lo señalaron de inmediato como uno de los principales sospechosos, por su extraño peinado o su pendiente reluciente, o de repente por su sucio expediente. Sea cual fuere el motivo que les llevó a sus maestros el interrogarlo, no pudieron inculparlo, y Ryota no era tan idiota como para dejar los aerosoles en el casillero.
—En realidad no sé por qué arman tanto alboroto —comentó Ayako cuando ya habían salido de clases. Se detuvo frente al graffiti y lo examinó con detenimiento —esto demuestra el orgullo que sienten los alumnos de pertenecer a la escuela. Este año, Shohoku ha liderado en varios deportes, y estas manifestaciones son el resultado de una buena gestión —se acercó más a la muralla, pasó las yemas de los dedos por la pintura. Cálido al taco. Sonrió—. Vandalismo... no puede ser vandalismo una expresión de arte.
—Hay formas y formas de hacer las cosas —resolvió por responder Ryota. Se encogió de hombros y retomó la marcha de regreso a casa.
Ayako fue capaz de observar su rostro de sorpresa reflejado en el pendiente del muchacho, justo antes de que el rebote de los yaros solares la cegara momentáneamente.
No era una respuesta que se esperaría de Ryota. Si no le conociera, diría que estaba madurando... lo pensó un segundo más, movió la cabeza de un lado a otro y rechazó aquella idea. Imposible, hace menos de una semana Ryota estuvo a cinco centímetros de volarle los dientes al nuevo base del Kainan. Tuvieron que frenarle entre cuatro, el pobre de Yasuda recibió por accidente un codazo que le dejó el ojo morado.
No se tragaba que Ryota hubiese madurado. No todavía.
Corrió tras él para alcanzarle. Bastó una mirada de soslayo para descubrir el cinismo detrás de sus palabras. Se mordía los labios, mal esfuerzo por contener la risa. Ayako terminó captando el sarcasmo
Madurar... ¡qué ingenua eres, Ayako!
—No puedo creerlo ¡estúpido irresponsable! ¡fuiste tú! ¡tú pintaste el graffiti!
—Shhh, baja la voz.
Ryota aceleró sus pasos y se metió por un callejón. Ayako no se quedó atrás. Ese muchacho ¡qué coraje le daba! ¿por qué siempre tenía que hacer ese tipo de cosas?
—Ryota ¿es que no te das cuenta aún? ¡eres el capitán! no puedes estar haciendo ese tipo de tonterías. Imagina que te descubren. Tienes que pensar en el equipo y madurar de una buena vez. Esas son las acciones puede costarte tu puesto en el equipo.
—Vamos, no exageres ¿Y por qué crees que fui yo?
—Pero... si lo acabas de admitir.
—Yo no he hecho tal cosa —Ayako retrocedió en sus palabras. Claro, no le había dicho "sí, yo fui" pero técnicamente lo admitió al pedirle silencio ¿así que ahora le preocupaba la semántica? Increíble, se superaba a momentos. Y Ryota tuvo la desfachatez de seguir—. Me ofendes, yo no haría algo tan... tan...
—¿Irresponsable? ¿Estúpido? ¿Innecesario?
—Mediocre.
Ok, eso era nuevo.
Ryota hundió sus manos en los bolsillos y comenzó a patear las piedrecillas del suelo. Qué remedio, se lo tendría que contar. Le pidió calma, que no era la gran cosa, que por una vez intentara no darle con el abanico, que no sacaba nada con enfadarse si el mal ya estaba hecho. Eso solo logró que Ayako se alarmase más.
—Si dices que me puedo enfadar, entonces no te puedo prometer tal cosa.
—¿Quieres saberlo o no? —Ryota empezaba a perder la paciencia.
Ayako susupiró. Eso fue suficiente para él.
—Ese mensaje... Shohoku rules!... una forma de decirlo es que yo lo hice. Otra forma sería decir que yo lo pedí... y otra forma más correcta, es que obligué a Hanamichi y Rukawa a obedecerme o las siguientes semanas serían un infierno —fue imposible no reírse entre dientes.
Ok, era definitivo, Ryota era el peor capitán. Con destreza ninja, el abanico cortó el aire. Un golpe certero en la nuca, un muchacho que se presiona la herida con fuerza, y lágrimas que escapan de los ojos.
—¡Te dije que sin abanicazos! —protestó con un hilo de voz.
—¿Por qué? Solo contéstame eso.
—Porque acabamos de clasificar para las nacionales —Ayako abrió mucho las ojos, Ryota soltó un suspiro—. Hanamichi y Yohei son los mejores amigos. Mitsui y Hotta no se separan, y no puede ser de otra forma. Cuando compartes estos... "delitos" o como quieras llamarles... —Ryota se encogió de hombros, le gustaría que Ayako no le observase con tanta incomprensión—. El profesor Anzai me dio la tarea de unir al equipo. Cuestiona mis métodos todo lo que quieras, pero darán resultados.
—Son poco ortodoxos.
—Cuando trabajas toda una noche en una travesura, escuchas los comentarios de los asombrados, a profesores inculpando a la gente incorrecta... no lo entenderías, pero de cierta manera... crea lazos. Y reconforta.
Ayako sabía qué debía estar pensando Ryota: que era un genio por ocurrírsele ese tipo de estrategias tan creativas, por plantearlo de alguna manera. No entendía muy bien el mundo de los inadaptados del que provenía el muchacho, pero aquella forma de pensar, arriesgada y elaborada, era... la forma de pensar de un capitán.
A lo mejor, podría decirse que había madurado. O que estaba en vías de hacerlo.
Graffitis ¿por qué no? Ella misma lo dijo: si es arte, no puede ser vandálico. Sus motivos no eran malos.
Siguieron caminando, metiéndose entre calles despobladas, llenas de cuervos y gatos. Aparecían graffitis de tanto en tanto, frases en su mayoría, pocos dibujos. No se diferenciaban mucho del que había en la escuela.
—¿Por qué dices que es mediocre? —preguntó de pronto Ayako—. A mi... yo creo que fue un buen trabajo. Con Matsui nos sacamos una foto allí, a todos les gustó.
—Trabajo de principiantes.
Ryota se lo pensó un segundo antes de cambiar de ruta e introducirse por un callejón húmedo y oscuro. Ayako salió tras él. Para cuando le alcanzó, se quedó de piedra.
Alguna vez, aquella fue una pared de ladrillos desvencijados y ajados.
Una mujer sentada sobre una enorme pelota de baloncesto. Con la visera ladeada, y los cabellos crespos meciéndose con el viento. De labios gruesos y nariz recta, de calzas azules y pies desnudos. Una pared sin vida convertida en un retrato perfecto.
Ayako no podía creerlo.
—Lo bueno del graffiti, es que independiente de si lo firmas o no, de no comunicarlo, nadie puede afirmar quién lo ha pintado. Pero... habría que ser un idiota para no comprender el motivo que te ha llevado a hacerlo.
Ryota no le dio tiempo a Ayako de contestar. Se alejó corriendo, prefirió dejarlo así. No era un secreto para nadie los sentimientos de Ryota por Ayako, pero él no tenía el valor de saber si los sentimientos de la chica habían cambiado luego del primer rechazo.
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NOTAS DE AUTORA
Siempre me he imaginado que a Ryota le van los aerosoles y el arte urbano. Cosas... la gente tiene sus hobbys, uno de los míos es inventarme el de otros.
