.

.

El amor es...

.

.

Hay leyendas o pensamientos que dicen que, cuando deseas algo con muchísimas ganas, con todo el corazón y toda la buena voluntad, suceden sin más.

Cosas que pueden materializarse con los fervientes pensamientos, que se forman frente a nosotros que parece casi magia. Situaciones que no esperas y te cambian el mundo o la vida, cuando sólo lo soñaste o se lo pediste a una estrella, a una moneda a una fuente o tan sólo a ti misma. Es extraño, sí, el como las cosas pueden voltearse de cabeza de un día a otro. Frases como "Nunca digas nunca" o "Las cosas ocurren cuando menos te lo esperas, podrían ser más que simples charlatanerías o palabras de aliento a solitarios. Claro que, hay que tener mucho cuidado con lo que se desea, sobre todo si ése deseo podría no agradar a otros, o no entendemos la magnitud de ése deseo. Podemos tener miedo de cambiar, claro, pero seguramente es parte de la misma inseguridad. El miedo al cambio es sólo miedo a lo desconocido, y le pasa a muchas personas. Pese a que traten de ocultarlo, aunque nos convenzamos de que "cambiar siempre es bueno", podría no serlo. Podríamos no aceptarlo, o enfrentarlo tan sencillamente.

Aún así, siempre es mejor cambiar si lo que tienes no te gusta.

Aún así, el alma siempre busca encontrar lo perdido.

Porquea veces debemos despabilarnos, de ése sueño que se ha acumulado durante mucho tiempo, encarar el día y atrevernos a actuar, no avergonzarnos de quién somos. Pero sobre todo, tratar de desatarnos de todos ésos errores cometidos en una vida contenida.

.

.

"Es reencontrarse"

.

.

Y mientras, todos siguen con su vida. Perdiendo o no el tiempo, el mundo no se detiene por nosotros. Serena se levantó ése día inquieta, como si no hubiera dormido bien por un asunto pendiente o muy importante, y aunque ella no tenía para nada algo qué hacer, no podía despegarse de ése ansiosa sensación. Se bañó concienzudamente y salió como siempre, sin poder estar tranquila. Al final supo por qué tenía ésa cosquilla insistente: al llegar a la puerta del colegio ubicó las figuras de sus cuatro amigas. Todas paradas frente al colegio, todas muy calladas.

¿Qué ocurría?

Sus caras no decían nada malo, pero tampoco pintaba para que fuera la noticia feliz del año.

Fue Mina la primera en reconocerla, y se adelantó a saludarla.

—Hola Sere —dijo, y a Serena le dio la impresión de que estaba tiesa —. Llegas temprano.

—Esto... hola —dijo desconcertada, mirándolas una a una —. Siempre llego a ésta hora, de hecho.

—Oh —notó Mina, incómoda.

—Rei —sonrió Serena, visiblemente sorprendida —. Tenía mucho de no verte por aquí.

—Mucho tiempo, ciertamente —reconoció Rei, asintiendo. A Serena le pareció algo tajante su respuesta, pero se dijo a sí misma haberlo imaginado.

Imaginar siempre era mejor que la realidad ¿verdad?

—¿Por qué están todas aquí?

—Estábamos esperándote —dijo Amy, arrugando un poco las cejas. Por supuesto era la que tenía más tacto de las tres. Su amabilidad y consideración eran irreprochables, y aún así Serena también notó matices distantes. Fue cuando entendió, se habían puesto de acuerdo previamente.

—¿De qué? —preguntó con inocencia.

Como ninguna quería empezar, Rei tomó la iniciativa.

—Luna nos vio hace poco, contó algunas cosas sobre ti —parecía la más apurada por aclarar las cosas —, nos gustaría que nos explicaras por qué recibimos reclamos de Luna antes que de...

—Rei —Amy intervino con cierta aprensión, porque Serena estaba algo pálida —. Sere, lo que queremos decir es que Luna nos visitó, nos dijo que te sientes mal últimamente, y el motivo podríamos ser nosotras.

Serena pestañeó, asustada. La verdad es que no se esperaba aquello. En realidad sólo pensaba que sus amigas estaban demasiado ocupadas para pensar siquiera en ella, y no las culpaba, simplemente era algo que no se podía evitar, y ella estaba resignada. No había emitido ninguna llamarada de auxilio ni hecho ninguna rabieta, se sentía sola y Luna lo sabía pero... ¿por qué habían actuado a sus espaldas? ¿por qué Luna no le contó la opinión de ellas?

¿Por qué se sentía como un ratón, acorralado por un gato?

Se tronó los dedos, y empezó a hablar:

—Yo no sé nada —evitó —. Luna no mencionó cosa alguna...

—Les dije que lo negaría —bufó Rei.

—No niego nada, sólo no sé de qué hablan. E-explíquenme...

Mina, la segunda más valiente, se atrevió a explicarle, tal y como pedía.

—Luna dijo que nosotras te hacemos a un lado, y estás enfadada por éso —prosiguió, con ésa postura tan derecha que solía tener —. ¿No sabes nada de éso tampoco?

—Yo...

—Sólo admítelo —le solicitó Lita, dando un paso al frente. Serena sintió como el corazón se le aceleraba a mil pulsaciones por minuto. Nunca se había sentido intimidada por Lita, a pesar de que muchos le tenían miedo por su altura y su fuerza. Tampoco nunca había visto ésos ojos críticos de Amy, ni el sarcasmo de Rei.

¿Por qué estaba ocurriendo ésto?

—No hay nada qué admitir, chicas —gimió Serena, bajando la vista —. Yo me sigo por mi lado, es decir, para no estorbarles...

—No te hagas la víctima, Serena —le reciminó Rei, de pronto perdiendo un poco la compostura —. Sólo queremos confirmar lo que Luna nos dijo.

—No entiendo, más bien parecen afirmarlo...

—Mira, no es complicado —le explicó Rei a su manera —. Algo mencionó Luna que estás deprimida, y quizá porque piensas que ya no nos interesas sólo porque tenemos compromisos en otra parte. Lo que me extraña es por qué se lo dijiste a Luna y no a nosotras. Sabes que aún ocupadas, nos preocupamos por ti.

Es decir, parecía que a Rei le molestaba que Serena ocultara sus sentimientos, pero no entendía cuándo o cómo iba a expresarlos, si ni siquiera tenían tiempo para éso.

—Lo sé —dijo, sin embargo.

—No necesitas mensajeros de la paz —siguió Rei —. Nosotras podemos arreglar cualquier cosa que...

Vale, suficiente.

—Oh, lo siento tanto —explotó Serena de repente, sin motivo aparente —. ¿En qué momento podría hacer éso? Tiene meses que no te veo siquiera, ni me devuelves las llamadas. Podría ser un miércoles que estás libre, pero no, porque ése día Mina tiene ensayos. ¡Oh, podría ser después de clases! Pero tampoco es el caso, porque Amy estaría tomando sus intensivos. ¡O mejor los domingos, el único día posible! Pero éso es imposible, porque habría tanta gente en el templo que no escucharías una palabra de lo que digo...

Se detuvo porque la voz se le cortó. Las demás chicas se miraron pasmadas, viendo como Serena recuperaba el aliento. Se llevó una mano a la boca, porque apenas era remotamente consciente de que acababa de soltar toda la sopa, sopa que ni siquiera pensaba siquiera. O sí, pero se lo había callado tanto tiempo que había preferido omitirlo, o negarlo, a saber.

Pasmadas, las chicas no dijeron nada en un buen rato. La más natural era Rei, quién no la había interrumpido. Éso era justo lo que Rei necesitaba, que se diera valor al menos para darse a escuchar.

—Yo... no quise...

—Sí querías, no es tan difícil —contestó Rei —. Nos habrías ahorrado el numerito con Luna...

—Pero no quería decirlo así...

Sin darse cuenta, ya tenía los ojos llenos de lágrimas.

Fue Amy quien se animó a querer tocarle el hombro, pero las demás no se movieron. La voz de Mina atravesó el aire de pronto:

—Sere, no puedes llorar siempre ante cada dificultad que tienes —le recomendó la rubia, claramente recelosa porque en vez de que Serena se alegrara de sus triunfos, se hacía una mártir —. No todo va a ser siempre como quieres, la gente a veces toma sus distancias y no es culpa de nadie.

—Y nos gustaría que también nos entendieras a nosotras —secundó Lita —. Nos ha costado mucho trabajo llegar a dónde estamos, y lo que menos queremos es pelear contigo por éso. Pero si no nos dices cómo te sientes no podremos resolver nada.

—Quizá sería bueno que fueras a visitar a Darien unos días —le propuso Amy entonces —. Te haría bien verlo, salir con él...

Pensó en la llamada, y se le encogió el corazón.

—No, estoy bien —dijo, apartándose —. No necesito nada. Ni a nadie...

Rei dio un paso al frente, hastiada.

—A ver, Serena... ¿cómo te hago entender qué...?

—¡No soy su mascota! —gritó hacia Rei —. No me digan qué hacer, no me hagan parecer idiota. No me hagan creer que son indispensables en mi vida. ¡No lo hagan!

Así, sin decir nada más porque sintió desgarrarse la garganta, salió corriendo de ahí lo más rápido que pudo. Chocando con estudiantes y maestros, atravesando la calle hasta casi encontrarse con un auto y sin fijarse en el semáforo, sin ver absolutamente nada por sus ahora nublados, así como el vértigo de escaparse de ahí, de desaparecer en una dimensión donde solo estuviera ella.

No podía irse a casa ¿qué excusa le daría a su mamá? Tampoco era una opción ir a casa de algún conocido, todos estaban en clases a ésas horas. Volvió sus pasos para irse caminando, porque las fuerzas se le habían acabado para correr. Había un lugar que siempre le había dado buenos recuerdos, aquél donde solía pasar en bote junto con Darien. Ése donde habían tenido tantos almuerzos al aire libre, dónde había conocido a Rini...

Miró el largo por tiempo indefinido. Miró los pájaros, las mariposas... olió las flores. Pensó que ayudaría a que las cosas que traía en la cabeza se le disolvieran, igual que se disuelven las hojas secas al caer en el agua.

En cierta forma se arrepentía de lo que había dicho, y del modo en que lo dijo. Pero ¿en verdad había deseado decirlo, o solo estaba muy enojada? Es decir, Luna no mentía cuando les había dicho a las chicas lo sola que se sentía, pero tampoco había armado un drama por ello. Quizá debió explicarlo apropiadamente, abrirle su corazón a sus amigas (porque seguían siendo amigas ¿cierto?) lo de la llamada de Darien, las presiones que sentía porque ellas estaban dejándola atrás... quizá ellas lo habrían comprendido. En vez de éso, había descargado su amargura y resentimiento, echándoles en cara cosas que no eran para tanto.

Entonces ¿qué había hecho mal?

Muchas veces se había enfadado con Rei, muchas veces se había peleado con Mina por tonterías. Incluso Amy había llegado a desesperarse con ella por alguna cosa, y nunca había ocurrido algo así.

O quizá… simplemente las cosas habían cambiado.

.

.

.

Seiya acababa de fallar en una nota, dónde se suponía iba el coro de la canción. De nuevo, había sentido una punzada desagradable en el pecho, como si una cadena jalara de adentro hacia afuera, haciéndolo perder la concentración. Como cada vez, Serena se le había venido a la mente, y aunque quisiera negarlo o hacerse el que no lo sentía, cada vez era más frecuente.

Tampoco le había dado a la princesa Kakkyu una respuesta, o por lo menos no lo había decidido como tal. Ya habían pasado tres días desde que le aconsejó marcharse a la Tierra un tiempo, pero él no estaba muy seguro de querer estar ahí, sobre todo si era acompañado por Taiki y Yaten. A lo mejor ellos no apoyarían ésa decisión, y aunque cumplieran las indicaciones de Kakyuu, sabía que no lo harían con una sonrisa en el rostro. Sin embargo, no le apetecía ir solo, porque sentía que claramente lo verían como un invasor. Al menos un par, sí.

Y pese a que ansiaba ver a Serena más que respirar, enfrentar la realidad con todo lo asustaba un poco. Es decir, cuando la conoció no conocía a Darien, no sabía de su amor por él ni todo su historial juntos. Tampoco estaba físicamente ahí. Pero verlos juntos, haciendo planes o demostrándose afecto, no sabía si era algo que pudiera soportar. ¿Y qué sentido tendría atravesar el universo? ¿Todo para convencerse de algo que ya sabía de ante mano, y volver echo pedazos?

Suspiró intentando asimilar cual sería su decisión, y nada le aclaraba más a pensar que cantar, escribir y tocar.

Entonces escuchó un rechinido de la puerta, y unas palmaditas lo hicieron girar la cara, contrariado.

─¡Cantas como los ángeles!

É enfocó un poco más la vista, para ver de quién se trataba. Una muchacha de mediana estatura, de cabello castaño claro y ojos ojos miel acababa de entrar. Nunca en su vida la había visto, pero sabía que se trataba de Mya, la doncella que su princesa había elegido para casarse con él. Encajaba con la descripción, además de que nadie adicional podría estarle buscando.

Sin embargo, Seiya no sintió atracción ni curiosidad, sólo se sintió algo invadido.

─La puerta estaba cerrada por una razón —murmuró —. ¿No tocas?

La chica arqueó las cejas, claramente ofendida.

—Bueno, lo lamento. Pero desde fuera te escuché cantar y... no pude evitarlo.

Y sonrió.

Seiya se ablandó un poco, pero no dejó la oportunidad abierta.

—No pasa nada, pero ahora estoy algo ocupado —le dijo, obviamente invitándole a que se largara.

—No pretendo importunarte, sólo quería preguntarte algo. Algo que tengo derecho a saber —completó muy seria. Seiya captó su atención de inmediato —. ¿Puedes responder?

—Adelante —accedió Seiya con su usual caballerosidad, pero permaneció frío. Ninguna chica de Kinomoku se había dirigido así con él, por ser un cortesano cercano a la princesa.

Debía tener agallas, sin duda.

—¿Por qué me has evitado?

Seiya dejó la guitarra sobre el sofá, dónde había estado cantando todo éste tiempo. Se aclaró la garganta:

—Porque no es mi intención casarme contigo —respondió, simple.

—Eso es más que claro —sonrió Mya, reticente —. Pero ¿por qué?

—Soy muy joven, quiero hacer otras cosas antes de unirme a una persona que ni siquiera conozco.

—Pero si eres tú el que no quiere conocerme —dedujo, lógica.

—Mya... —Seiya se impacientó —. Te contesté tu pregunta, pero ésto no es una charla. Lo siento, quiero estar solo. Ahora, y después también.

Y se puso de pie, para indicarle amablemente la salida.

Podría verse un poco grosero, pero no tenía opción. Sabía como funcionaban las chicas, una vez que se mostrara simpático y galante, no se la quitaría de encima. Y no era su intención crear ilusiones falsas o poco fundamentadas, cuando pensaba en viajar a la Tierra.

Un momento...

Pues sí, acababa de decidirlo.

—Eres honesto —reconoció Mya con calma —. Espero que éso por lo que ahora te niegas a ver más de lo que conoces, valga realmente la pena.

Seiya cerró la puerta tras ella, y puso el seguro con fastidio. Luego entendió perfectamente el motivo de la visita de Mya, que fue coordinada por Kakyuu. Ella quería que se vieran, pero no por los motivos que Seiya creía. Claro, había notado sus dudas e inseguridades por decidir si ir o no, y justamente le dio el empujón que necesitaba.

Sabía que necesitaba ver lo que le esperaba en el futuro, si no se decidía en su presente.

.

.

.

Luego de la riña, las chicas buscaron a Serena por los alrededores, sin éxito. Finalmente, cada una se fue por su lado a clases, porque no podían esperarla todo el rato. Luego se fueron a sus casas o sus otras ocupaciones, porque a pesar de que a ninguna le había gustado el resultado de aquella plática, las cuatro coincidían en que era absurdo todo ésto. Serena estaba teniendo una pataleta, o no confiaba en ellas para decirles sus cosas. Cualquiera de las dos opciones era mala, así que no habían mucho que pudieran hacer.

Cada una tenía su opinión al respecto: Mina estaba preocupada, en éso no podía mentir También se sentía algo culpable, porque Serena llevaba razón en éso de que solo hablaban sobre ellas, que ya no compartían tanto como antes. Amy, aunque quería verlo del modo más neutral posible, sentía pena por la situación. Serena siempre le habría brindado su apoyo y sacarle una sonrisa aún en los peores momentos, y ahora ella la estaba pasando mal sin que ella pudiese hacer nada, pero no podía también reprochar un poco el inantilismo de Serena. Lita pensaba más o menos lo mismo, aunque no había querido ver llorar a Serena, objetó que Serena lloraba siempre por todo. Cuando se sacaba una reprobatoria, cuando se le acababa el chocolate, cuando perdía en un juego de carreras, cuando Darien no llamaba, etcétera...

Luego Rei, creía firmemente que sólo se sentía sola por función a Darien. Ninguna de ellas estaba haciendo nada malo o inapropiado, y no tenían la responsabilidad de que su novio fuese más grande que ella, y que hubiera decidido irse a Estados Unidos. Tendría que avanzar y seguir, no hacer lloriqueos con Luna. Eso tendría que haberse quedado en la secundaria.

Cuando Serena llegó a su casa, de inmediato Luna saltó de la ventana. Parecía que la había buscado por todos lados.

—¡Serena! —exclamó saltando sobre la cama —. ¿Dónde estabas? ¿Qué ocurrió con las chicas?

Ella sólo se dejó hundir sobre el colchón.

—¿Por qué les dijiste a las chicas que estoy enfadada con ellas, que me sentía sola sin ellas?

La pregunta fue en tono débil. Luna agachó la cabeza, entendiendo que habían tenido un especie de enfrentamiento por ésto.

—Perdona, pero estaba preocupada por ti —explicó —. Pensé que podrían hacer las pases, que...

—Pues no funcionó.

Luna iba a disculparse otra vez, iba a decirle que aunque las cosas no hayan salido como planeaba, ahora ellas eran conscientes de ésto, ahora podrían intentar hacerlo funcionar. No en vano tenían años de conocerse...

Pero el móvil de Serena sonó. Esperando que fuese cualquiera de ellas miró el remitente y el corazón le dio un vuelco.

Era Darien.

—¿Hola?

¡Hola Serena! ─ se escuchó él, muy alegre ─. ¡Al fin logro comunicarme, éstas líneas! ¿Cómo estás?

Serena pasó saliva pesadamente. ¿Qué cómo estaba? Por supuesto que estaba mal. Quería una máquina del tiempo y meterse ahí, volver a la época en la que pasaba largas horas en su departamento, cenando y charlando. Cuando se tomaba fotografías con sus amigas e iban al parque de diversiones, las sesiones de estudio, los intercambios de regalos en Navidad.

Echaba tanto de menos abrazarlo, sus consejos...

—Estoy...

Necesitaba ser sincera ¿correcto? Por éso las chicas se habían enfadado con ella. Tomó aire y dijo la verdad:

—No estoy muy bien —dijo, entonces —. Qué bueno qué llamaste. Necesito hablar contigo...

¿Sucede algo malo?

Su voz se escuchaba preocupada.

─Es que... —Serena trató de comenzar sin echarse a llorar de nuevo, así que carraspeó —. Las chicas y yo, tuvimos una pelea.

¿Otra vez peleando por pasteles? —le regañó Darien. Serena abrió la boca, consternada.

─¡No! —atajó, resentida —. Escucha, no es éso. Necesito que me des un consejo. Hice mal en hablarles de una manera, y...

─No debe ser algo tan grave ¿o sí?

─Pues... no sé, supongo que no —Serena se desconcertó. ¿Por qué no la dejaba hablar?

─Entonces, no tienes de qué preocuparte─dijo él. Se le notaba atareado y distante, no tenía nada que ver con la distancia física ─. Mira, estoy seguro de que resolverán sus diferencias. Además, te tengo una buena noticia...

—Ah...

Serena perdió el sentido de la conversación. Acababa de decirle que estaba deshecha por un problema con las chicas, y él quería darle una buena noticia, sin escucharla siquiera.

¡Iré a Japón en Navidad! —anunció —. Es una promesa. Ya estoy arreglando algunas cosas… sé que apenas es septiembre, pero el semestre se pasará rápido y no sé… quería que lo supieras para que no hicieras planes y ésas cosas.

A ella se le iluminó el rostro, y miró a Luna radiante.

─¿En serio? ─preguntó, anhelante —. ¿Cuánto tiempo vendrás?

Supongo que sólo las fiestas, es que no me dan muchas vacaciones… —informó —. ¿Qué tal, estás feliz?

─Claro que sí ─contestó francamente —. Es una gran noticia... es que te extraño tanto. ¡Oh, Darien! ¿Qué haré para no echarte tanto de menos?

¡Ay, Serena! ─exclamó Darien, en una mezcla de gracia y ternura ─. ¡Sal con las chicas! ¡O con un chico, si quieres! Oye, era una broma… ¿por qué no te ríes?

─Están muy ocupadas ─dijo, sin reírse del otro comentario.

Bueno, habrá que coordinar horarios, nada de otro que irme, princesa. Te escribo en la semana, ¿sí? Sólo quería que supieras lo de la Navidad.

—Darien, ¿no puedes quedarte más tiempo en la línea? ─suplicó.

Él sólo chasqueó los labios.

Ya sabes cómo son estas cosas, muy costosas. Mejor te envío un correo luego, y me cuentas cómo te fue. Bueno, ahora sí me voy...

─Darien, por favor...

Te quiero, princesa…

Iba a decir su nombre de nuevo, rogando que permaneciera, pero lo siguiente que escuchó fue la línea de colgado.

—Yo también te quiero —dijo para sí misma.

Luna miró con aprensión el teléfono y luego a su dueña. Serena estaba en la misma posición, que dejó caer el aparato sobre la cama, para recostarse, dándole la espalda. Luna se acercó a preguntarle si todo estaba bien, y ella dijo que sí. Cosa que nadie creyó, porque pegó la cara a la almohada para que nadie la viese llorar.

.

.

.

Mina tocó insistente el timbre de aquél departamento. Había hecho hasta lo imposible por salir a tiempo de clases, luego a sus ensayos y aunque no había cenado, se fue a casa de Lita directamente.

La vivaz y alta muchacha abrió, y sonrió muy contenta.

─¡Mina! —saludó —. Es una sorpresa aunque te haya visto ésta mañana. Nunca vienes hasta acá.

Mina sonrió tímida.

─Espero no interrumpir.

─Oh, para nada, sólo estaba haciendo la cena —Lita abrió la puerta para que Mina pudiese entrar —. ¿Por qué no me acompañas? Siempre ceno sola, sería lindo tener una invitada...

—Y siempre es lindo comer comida de verdad, que mis típicos macarrones para microondas —bromeó.

Mina era un desastre en la cocina, así que sólo le ayudó a picar la verdura y poner la mesa. Luego de que se acoplaran a esperar el estofado que ya hervía en la olla, Mina se adelantó antes de que Lita le preguntara el inusual motivo de su visita.

─No he dejado de pensar en lo que ocurrió ésta mañana —confesó Mina, peleándose con la cáscara de una zanahoria —. No sé si estamos haciendo lo correcto.

—¿Te refieres a Serena?

Lita torció el gesto, y se acomodó el mandil para dirigirse a Mina.

—Yo tampoco me siento orgullosa de lo que pasó. Te confieso que pensé que intercambiaríamos un par de ideas, no creí que ella reaccionaría así. Como si fuera...

—Otra persona —completó Mina, girándose y dejando el cuchillo a un lado —. Entonces, algo debió cambiar. Algo de lo que no nos dimos cuenta...

─Tal vez nosotras somos las que hemos cambiado ─se encogió Lita de hombros, sin querer echarle las culpas a nadie.

─Todo era más fácil antes ¿no? ─le dijo Mina sonriendo con nostalgia ─. Cuando todas nos abarrotábamos de hot cakes aquí o veíamos películas de terror en la de Rei. Incluso cuando tratábamos de derrotar a un enemigo, o simplemente pasábamos un examen difícil. Ahora pareciera que tenemos que darnos razón de todo lo que hacemos unas a las otras, cómo si nos rindiéramos cuentas. Es extraño.

—Bueno, podemos resolverlo. Tampoco las cosas son irreparables...

—Díselo a Rei —dijo Mina mordazmente.

─No estuviste de acuerdo con su plan ¿verdad?

─Si por plan te refieres a sentarla en el banquillo de los acusados, no, Lita. No estuve de acuerdo...

─¿Y por qué no dijiste nada?

Mina resopló. Se echó el pelo hacia atrás, ofuscada.

—Porque yo también quería defender mi postura, pero Rei insistió en hacerlo de ésa manera, y siempre ha querido controlar a Serena, sin importar qué le digamos. No sé si está bromeando o no, no tiene que ver si la cuida o no, siempre impone su forma de pensar, y eso es amedrentador.

—No veo tus grilletes, Mina. Pudiste haberte impuesto y te hubiéramos escuchado —le dijo Lita con severidad. Es decir, le estaban pidiendo madurez a Serena, y ninguna estaba demostrándola mucho que digamos.

—Lo sé, estoy enfadada conmigo misma por éso —confesó a la mala.

—Aaah, y estás acá para buscar una aliada —adivinó Lita, volviendo al estofado. Mina se ruborizó, y asintió a la par.

—Algo así... —contestó —. A veces siento que la amabilidad de Amy la ciega a veces, por éso pensé hablarte a ti. Eres más independiente.

—Pues gracias, señorita Aino —Lita sacó de la nevera el té con el que comerían, y lo puso en las manos de la rubia —. Me alegra que tengamos la intención de arreglar las cosas con Serena, le hacemos y nos hace falta. No tiene caso seguir cada una por su lado.

—Entonces me ayudarás con Rei —coaccionó Mina, usando ésa cara de pilla que podía convencer a cualquier mortal.

—¿Quién le niega algo a Mina Aino?

—Perfecto —celebró.

—Pero antes, me ayudas con ésto.

.

.

.

En el planeta del fuego, las cosas estaban todo menos calmadas. Tan pronto como Kakyuu informó a Taiki y Yaten sobre sus deseos sobre Seiya, los reclamos no dejaron de surgir. Tal y como Seiya lo había imaginado, Taiki no estuvo feliz, pero no pensaba en contradecir en nada a la princesa. Era Yaten quien ni por todo el dinero del mundo iba a ceder.

—Qué estupidez —escupió Yaten, sin intención de ayudar.

Había empleado otros términos como ridículo, ilógico, incoherente, etcétera para referirse a la irrefutable decisión de Seiya de marcharse a la Tierra. Este había permanecido callado, esperando a que alguna fuerza divina -o nuevamente Kakyuu- intercediera por él, para no tener que 1)Rogarle ó 2)Darle un puñetazo para hacerlo entender.

—Yaten —le habló Taiki una vez más, porque éste estaba mirando por la ventana, sin siquiera dirigirles la mirada.

—Dejar a tu planeta, que es tu hogar —siguió Yaten, enfurecido —. A tu gente, a tu princesa... todo por una simple chica. ¿Cómo se te ocurre?

—No es sólo una simple chica —rebatió Seiya, aunque sin querer levantar la voz.

—Da lo mismo, así fuera la princesa del universo, las cosas no cambian nada —Yaten respiró un poco más, y daba la impresión de estar contando mentalmente del uno al millón —. No fue fácil para nosotros verte hecho polvo cuando estuvimos allá. Casi te matas sólo para verla, para ayudarla. Y ahora aunque no haya enemigo irás a lo mismo. ¡No lo acepto!

—No necesito tu aceptación, Yaten —le dijo Seiya —. Sólo tu apoyo.

—¡Pues tampoco lo apoyo!

—Entonces, seamos objetivos —intervino Taiki, dirigiéndose hacia Yaten —. La princesa ya dio órdenes, no lo veas como una petición de Seiya, sino de ella. ¿Vas a contradecirla a ella también?

—Claro que no —masculló entre dientes.

—Bien, pues nos iremos lo antes posible.

Seiya habló la boca sin creérselo.

—¡Gracias, Taiki!

Pero él puso una mano al frente, como si quisiera detenerlo.

—No me mal entiendas, Seiya —opinó muy serio —. Lo estoy haciendo por lo que la princesa ha dicho, nunca dije que yo esté de acuerdo con éso.

Seiya agachó la cabeza, pero siguió sonriendo. Para el caso daba lo mismo, había conseguido lo que quería y nada iba a hacerle sentir responsable o mal por éso.

Taiki se puso de pie, y dijo:

─Bueno, hay que terminar nuestros pendientes antes de irnos. Porque es una visita casi de... negocios —definió sonriendo —. No lo olvides, Yaten. Vamos a ser muy objetivos en la Tierra.

—Jódete, Taiki.

Y salió dando un portazo que hizo que los vidrios casi retumbaran.

Seiya miró la puerta un rato, sin entender mucho a qué venía ése comentario.

—Tendrás que lidiar con éso —le aconsejó Taiki a Seiya —. No concibe una vida lejos de la princesa, éso lo preocupa.

—¿Por qué teme tanto alejarse de ella?

—Más bien, creo que tiene miedo de querer quedarse en la Tierra.

—¿Por qué querría hacer éso?

Él sólo se encogió de hombros, con la misma actitud fresca.

—Yaten es muy leal a Kakyuu, pero créeme, no es insensible ni tampoco está ciego. Y con el tiempo... quizá cambie su manera de pensar hacia algo... o alguien.

Seiya frunció el entrecejo, pensativo.

─Descuida, ése alguien nunca será Serena.

Y aunque Seiya no supo la respuesta, se sintió mucho más apoyado que antes. También un poco más seguro, y aunque no tenía nada previsto, estaba dispuesto a cerrar sus círculos, tal como Kakkyu le había dicho. Siempre había confiado en las palabras de su princesa, ella siempre había tenido la razón. Seguro la tenía, y si no, estaba dispuesto a averiguarlo, aunque después llegara como un soldado herido a recuperarse de nuevo de una batalla emocional, podía con todo. Estaba seguro, porque los sueños y presentimientos no lo dejarían descansar hasta verla.

.

.

.

Y así pasaron otros tres días, en los que Serena aún no se hablaba con ninguna de las chicas. Se dirigían unas a otras para lo esencial, pero no habían dejado en claro disculpas ni nada adicional. Serena estaba confusa en lo que debía y no hacer. No tenía nadie a quien preguntarle una opinión o un consejo. Darien sencillamente estaba inexistente, si eso tiene sentido. Luna no había intentado acercarse de nuevo, estaba un poco cohibida con la situación. La que más se dirigía a ella era Mina, Serena la conocía muy bien. No era rencorosa y en cierta forma pensaba que Mina no había deseado aquella conversación. Lita y Amy permanecían en estado "cortés", y con Rei no había hablado para nada.

Ése día, Serena se despertó extrañamente aliviada, como quién despierta después de un ejercicio físico exhaustivo. Luego te das un baño y al final, uno despierta renovado y con energías. Tenía algo algo así como una sensación de descanso, aunque sus días no fueron precisamente placenteros. Pensó en lo que le dijo su mamá una noche antes, cuando la notó callada cuando ésta le preguntó sobre sus fines de semana con las chicas. Le dijo que todo lo malo siempre pasa, y cuando menos lo esperas, algo bueno llega.

Con ése pensamiento, salieron todas de la tercera clase, para dirigirse al descanso. Serena se adelantó un poco, algo así como si tuviera algo más de prisa o para no estorbar a los que iban pasando a su lado, aunque en realidad sólo quería permanecer apartada de su conversación.

Se dirigieron a los casilleros, y se deshizo de los libros que no le servirían para las siguientes asignaturas. Buscó su libro de lengua, mientras escuchaba como Amy le explicaba a Mina la tarea de matemáticas por segunda ocasión.

Luego oyó como Lita les decía que les compartiría sus tan envidiadas albóndigas de pulpo. Escuchó al equipo de fútbol que pasaba por ahí a zancadas.

Nada anormal.

Hasta que un grito de sorpresa de las chicas le hizo despabilarse.

—¿Ése es Seiya?

La voz de Lita le hizo paralizarse, claramente había escuchado mal. Hasta que las demás emtieron otros chillidos o risas, se giró para mirar la multitud de estudiantes.

Ahí estaba.

Entre la multitud de estudiantes trataba de pasar. Llamaba la atención de los demás por ir vestido como siempre, como un chico malote pero es demasiado guapo para pasar desapercibido.

Sin ser consciente de ello, los ojos se le nublaron de lágrimas, y contuvo un grito de euforia. No podía creerlo, ¡era él, lo era de verdad!

Entonces se deshizo de las carpetas y los estuches, causando un tiradero por ahí que no advirtió. Sólo avanzo sobre las cosas tiradas e ignorando a los demás, caminando a zancadas hacia el muchacho que siempre la había escuchado, que había sido su compañero en cosas que nunca imaginó. Como jugar en un torneo de béisbol cuando no lograba ni caminar sin caerse, como convencerse que no sólo las chicas pueden ser confidentes, e incluso, muy dentro de ella, admitir que había dudado de su relación por él.

Seiya se quitó las gafas para poder verla mejor. Aquél peinado era inconfundible. No esperaba verla tan de pronto, tan así, pero no pudo esperar más.

─¡Seiya!

El que gritara su nombre le hizo recordar que ella era real, que no la estaba soñando. Y qué mejor, ella estaba ahí, en el mismo mundo que ella, corriendo hacia él con los brazos abiertos y la cara radiante de felicidad.

No se detuvo aunque la estuviera viendo todo el mundo, sentía una eternidad desde que lo había visto. Solo se lanzó hacia él, abrazándolo como si fueran imanes, a la par que una voz conciliadora en su cabeza le decía que ahora todo iba a estar bien.

—¡Bombón, eres tú!

Seiya la alzó el brazos, devolviendo el abrazo mucho más cercano. Muchos no se dieron cuenta, a muchos tampoco quizá les importaba, pero a pesar de que estaba llorando, también estaba sonriendo.

Como hacía mucho no lo hacía.

.

.

.


Notas:

I KNOW! Por fin los chicos han llegado a la Tierra... y Serena está más más feliz que nadie. Parecía que la amistad de las chicas estaba horriblemente tensa y distanciada, así que posiblemente los Three Lights ayuden a que se vuelvan a unir y quizá en el camino ellos tampoco quieran marcharse. O quién sabe, yo no tengo pensado el final de ésta historia. Improviso sobre la marcha.

Vamos, no se corten y díganme, ¿la seguimos o no?