Disclaimer: los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, y la historia le pertenece a xkagome (Inuyasha).
Capítulo 3: Salvada
Se sintió como una tonta. Llegó a la escuela con un aspecto deplorable, no quería estar ahí. Ya no. Se sentó en su banco dejando sus cosas a un lado, recostó su cabeza entre sus brazos, angustiada. Sintió que alguien acercaba su banco hasta su mesa. Movió sus ojos apenas y vio a Sango que la miraba con tristeza. Ella sabía muy bien que a su amiga le había afectado el comentario, y ahora comprobaba que Edward no era muy bueno. Suspiró con algo de temor y aproximó una mano a los cabellos de su amiga.
—Ay, Bella... —murmuró.
—No te preocupes, estoy bien... Es solo cansancio —mintió ella con una sonrisa muy bien fingida. Rosalie torció la boca no muy conforme con lo que ella le estaba diciendo, sabía que no era verdad, y Bella también entendió que su amiga no le creía—. Enserio... Estoy bien, no te preocupes, ¿si?
—Pero... —no pudo decir nada más. Alguien se acercó a ellas como si nada y las miró desde arriba con mucha arrogancia. Rosalie le devolvió una mirada fulminante y Bella solo la desvió—. ¿Qué quieres? —preguntó de mal modo la rubia.
—Venía a saludar, ¿está mal?
—Vete, no queremos saludarte.
—¿Tú te piensas que yo...?
—Buenos días, Edward.
Él abrió sus ojos y bajó la mirada hasta la chica que lo saludaba con una sonrisa, como si nada hubiera ocurrido entre ellos. La observó impresionado, y de pronto sintió una angustia en el pecho, sintió que no podía hacerle esto a ella, se veía tan... y él tan... Desvió su mirada dorada sintiéndose un tonto por tratarla así y que ella le respondiera tan dulcemente. Bufó molesto por no ser capaz de ser amable con ella. Por un momento tuvo el impulso de saludarla y hasta de sonreírle, pero no, no podía hacer eso. Frunció el ceño hastiado y caminó hasta llegar a su lugar sin decir nada.
—¿Estás loca? ¿Cómo puedes saludarlo así después de lo mal que te hizo sentir ayer? —casi gritó Rosalie, molesta.
—Ya está, Rose, fue tan solo una broma y yo... lo exageré mucho... No hagamos un problema por eso, ¿sí?, ya pasó —musitó.
La rubia la miró y suspiró, luego le dio una mirada fugaz a Edward y se molestó. ¿Por qué tenía que ser así con ella? Tan... malo. Se sentó en su banco y recargó su cara sobre su mano, no estaba del todo convencida, su amigo no solía ser así con nadie, ¿por qué de pronto era así con Bella? ¿Qué pasaba? Tenía que haber una explicación, porque no se conocían desde antes. ¿Entonces que pasaba? ¿Podría ser que Edward y Bella...?
—Hola, Rose.
—Hola, Emmett —saludó ella un poco perdida.
—¿Pasa algo? —preguntó agachándose a su altura.
—Nada, es que... no sé, lo que hace Edward con Bella... y ella no le dice nada, lo trata como si nada, y me parece injusto que él le diga cosas que a ella la hacen sentir mal y que después Bells lo trate como si nada pasara —comentó con molestia.
—Uf, Rose, no sé que decirte, Edward es algo duro en carácter, él solo entiende las cosas que hace, y lo sabes —respondió el joven intentando no meterse demasiado en el asunto.
—Si, pero... Así no vale, Emmett. ¿Por qué ella tiene que soportar eso? ¿Por qué yo tengo que soportar que la trate mal? —dijo enfadada.
—No es para hacer tanto escándalo, fue una broma nada más.
—¿Alguien te habló a ti? —desafió la castaña al ver a Edward sentando al lado de Emmett.
—Si estás hablando de mí estás hablando conmigo, ¿no? —contestó el joven burlonamente.
—No, no estaba hablando contigo, así que agradecería que te vayas.
—Chicos, por favor, no peleen; si Bella lo perdonó, respeten su decisión y Edward, sería mejor de tu parte que trates de ser más amable con Bella así estamos todos contentos, ¿no? —propuso Emmett.
—¡Hmpf! —fue la única respuesta del chico, que se levantó y caminó de nuevo hasta su asiento.
—Es un caso perdido, y lo sabes —dijo Rosalie mirándolo.
—Puede ser... Pero hay que seguir intentando, tal vez algún día entienda las cosas y cambie en ese aspecto, ¿no? —Emmett sabía que Rosalie lo conocía muy bien, igual que él. Edward era un chico bastante difícil de tratar cuando se ponía en terco, y en general era muy cambiante de humor y cuando se enojaba, por Dios, que todos corrieran por sus vidas, pero en el fondo era un buen chico, lo único que necesitaba era un cambio— yo creo que llegará el día en que cambie un poco.
—Si, puede ser —suspiró la rubia—. Mejor dejemos esto acá, capaz que ahora las cosas cambian un poquito —comentó esperanzada.
—Esperemos que si —Emmett le regaló una sonrisa y Rosalie se sonrojó un poco, desviando la mirada—. ¿Sucede algo? —preguntó él un poco preocupado al verla reaccionar así.
—No, nada, no es nada —mintió regalándole una sonrisa.
—Bueno, te creo —rió Emmett mientras que se sentaba en su lugar, contento de saber que, algún día, iba a lograr invitar a Rosalie a salir, esa era una de sus tantas metas.
Las clases estaban sumamente aburridas, las encontraba a todas iguales, sin sentido y sin relación. Bufó molesto nuevamente y sacó su vista del profesor para fijarla en Bella. Se detuvo a observarla, parecía concentrada, o al menos eso demostraba. Vaya, ella lo había tratado de una forma muy extraña hoy, lo había saludado tan dulcemente, tan... agradable, que de un momento casi olvidó que no le agradaba. Cerró sus ojos y se dejó llevar por su voz... una voz tan dulce que lo hacía perder la noción del tiempo. La miró apenas, sintiéndose una mala persona. Debía tener un motivo para tratarla tan mal, tal vez... esa razón era porque ella... Sacudió la cabeza. ¡Basta! Debía dejar de comportarse como un idiota, no darle lugar al tema.
Bella sintió una puntada en el pecho. Desvió apenas la vista y lo observó de reojo. Lo vio sacudir su cabeza de manera casi brutal, como si intentara alejar malas ideas de su mente. Malas ideas acerca de ella, supuso. ¿Por qué podía odiarla tanto? ¿Acaso se habían conocido en algún momento y ella le había hecho algo? Volvió a mirarlo. Eso era imposible, un chico así no se olvida fácilmente. Suspiró agobiada tratando de concentrarse nuevamente en lo que el profesor estaba diciendo. Inútil, su cabeza estaba unos asientos más atrás. No podía creer que esto le estuviera pasando. Jamás había tenido problemas con nadie y ahora, de repente, parecía que un chico la odiaba por nada. Pero... ¿por qué le importaba tanto que la odiara? Sus sentimientos eran confusos. La campana sonó y ella saltó en su banco.
—¿Estás bien? —le preguntó Rosalie al verla asustarse de esa manera.
—Sí, sí... Es que no me esperaba que la hora terminara tan pronto —contestó avergonzada, mientras que se levantaba y tomaba sus cosas, guardándolas con poco cuidado.
—¿Bromeas? ¡A mí se me hizo eterna! —bufó la chica con mala cara, imitándola. Ambas caminaron hasta el patio. Se sentaron en el suelo y dejaron ambas mochilas a un lado. Estaban conversando y riendo muy fuerte y Bella casi lloraba de la risa por las anécdotas que su amiga le contaba.
— ¡Ey, chicas!, ¿qué opinan de mi nueva mochila? —comentó Emmett que apareció de quien sabe donde con una mochila rosa en la espalda.
Rosalie lo miró de manera asesina mientras que se ponía en pie al igual que Bella que comenzó a reír más fuerte. La rubia levantó la mano en forma de puño y le dedicó una mirada amenazante.
—Oh, no... Emmett, deja mi mochila donde estaba —dijo.
—Claro —Emmett se acercó haciendo de cuenta que iba a dejar la mochila en su lugar y, cuando Rosalie iba a sacársela, la esquivó y comenzó a reírse a carcajadas—. ¡Eso si antes logras quitármela! —gritó mientras comenzaba a correr a toda prisa lejos de ambas.
—Emmett, sinvergüenza, ¡vuelve aquí! —bramó Rosalie corriendo detrás de él.
Bella se quedó parada riendo de manera absurda mientras que los veía alejarse cada vez más. ¿Hasta dónde llegarían? Supuso que no valía la pena esperarlos. Recogió sus cosas y comenzó a caminar de forma distraída, casi sin preocuparse. El sol brillaba en lo alto y el viento era suave y cálido. Respiró hondamente llenando de aire sus pulmones e intentando no pensar en todo lo sucedido esos últimos días. Sintió que su celular sonaba, supuso que era Rosalie con algún tipo de mensaje. Lo tomó entre sus manos. Acertó. Le pedía disculpas por no poder haberse quedado con ella. Respondió sin mucha importancia y siguió su camino.
Sus pensamientos eran un torbellino, ya no sabía que pasaba con ella. Sintió que su corazón se oprimía cada vez que veía a Edward y no podía controlar sus emociones. Era extraño, muy extraño.
Estaba tan sumergida en sus pensamientos que no notó que alguien la tomó por la espalda y comenzó a forcejear tratando de quitarle las cosas y tal vez algo más. No podía gritar, estaba inmovilizada. Su corazón se había paralizado y sus intentos para liberarse eran inútiles. Por Dios. Sintió una desesperación que sobrepasaba su cuerpo y casi iba a desmayarse, cuando sintió que el agarre se aflojó y ella cayó al piso en forma brusca. No se atrevió a levantar la mirada. Quiso pararse, pero era imposible, sus piernas no se lo permitían. Se quedó incapaz de movimiento alguno en el suelo, esperando a que todo pasara. Pasados unos minutos sintió una mano en su hombro, cerró los ojos con más fuerza y comenzó a llorar aterrada de lo que pudiera pasarle.
—¿Estás bien? —dijo alguien.
Su corazón dio un vuelco al reconocer la voz de aquella persona. ¿Sería posible? ¿O sólo estaba alucinando? Nuevamente sintió que todo su cuerpo temblaba, esta vez de una forma casi brusca. Respiraba de manera agitada y casi sin poder articular palabra. Su mano firme sobre su hombro la hacía perder la razón. ¿Era posible? ¿Edward?
Continuará...
Bueno, aquí está el tercer capítulo de esta historia. ¿Cómo está?
Por cierto... Sé que he estado desaparecida estas semanas, pero estuve con unos problemas personales; pero ahora vuelvo con todo. Los que leen La Mejor Apuesta de mi Vida, lamento lo que dije en mi otra historia, pero ahora sí que subiré los capítulos que les debo. ¡Prometido! *Enreda su meñique con el de sus lectores* :D
¡Mordidas!
Nessie-Marie-Cullen-Swan
