A/N: Siento la tardanza en subir este capítulo. No tengo perdón de Dios. Ni lo quiero tener.
You could be happy
I hope you are
You made me happier
Than I'd been by far
(You could be happy - Snow Patrol)
Presente
"Henry! No corras!" gritó Regina en medio del barullo de la estación. Pero, Henry, ya se había desenganchado de su mano y corría hacía su otra madre que le esperaba medio arrodillada, con la maleta al lado y los brazos abiertos.
"Te he echado de menos chico" susurró Emma al oído de su niño.
"Yo también Ma. Mama no sabe contar historias"
Ambos se rieron. Regina los observaba a distancia. Emma había pasado una semana entera en Boston cuidando de su tío y, los dos, la habían echado muchísimo de menos. Llevaban juntas más de un década, habían vivido de todo y, aún así, no se habían acomodado en la rutina y las separaciones se les hacían difíciles. Regina se consideraba una mujer independiente, capaz de funcionar sin nadie a su lado pero Emma y Henry convertían su mundo en un lugar mejor. Era imposible no extrañarlos.
Emma y Henry andaban hacia el encuentro de Regina despacio y hablando animadamente. La joven mujer rubia percibió cómo una lágrima se escapaba de los grandes ojos marrones de su mujer a medida que se acercaba más a ella. Una vez frente a frente, Emma acarició la mejilla de su esposa secando, con su pulgar, la lágrima que se deslizaba en ella.
"Regina... reina"
Regina cerró los ojos y beso suavemente la palma de la mano que la acariciaba.
"Lo sé... lo sé. Sé que sólo ha sido una semana y que hemos hablado diariamente pero aún así..."
Emma sonrió tiernamente y apoyó su frente en la de su mujer mientras seguía rodeando a Henry con uno de sus brazos. Después de tanto tiempo, seguía sorprendiéndose que, detrás de esa apariencia tan dura y estoica, Regina escondiera una gran sensibilidad. Sus labios se acercaron y se encontraron suavemente después de casi siete días sin tocarse.
"Yo también te he echado muchísimo de menos … tonta. Y esta noche te demostraré cuánto". Emma volvió a besar a una Regina que no podía parar de reír después del comentario de su mujer.
Henry las devolvió a la realidad.
"¿Cómo está el abuelo Ma?" preguntó
Los tres empezaron a andar hacia la salida de la estación.
"Mucho mejor Henry. Ya casi esta recuperado del todo y tiene muchas ganas de verte este verano."
"¿Iremos de visita?" preguntó poniendo su cara de niño modélico y abriendo bien los ojos obligando a las dos madres a reírse a carcajada limpia.
"Claro que si Henry" respondió Regina.
Dentro ya del coche, con Henry sentado en el asiento de atrás y absorto en la lectura, Emma metió la pata inconscientemente.
"... y luego, el viernes, me encontré con Belle en el café y..."
Al oír ese nombre, Regina tensó el cuerpo y agarró con ferocidad el volante. Belle French era una joven encantadora, lista, simpática y guapísima y, quizás en otra vida, Regina y ella hubieran sido grandes amigas. Pero, en esta vida, Belle era la mujer que casi le había robado a Emma.
"Regina... cariño... el semáforo está en verde" dijo Emma acariciando el brazo de su mujer.
"Eh?"
"El semáforo... verde" repitió sonriendo Emma. Regina estaba rara y, repasando sus palabras, Emma supo enseguida porqué.
Una vez en casa, Henry subió las escaleras corriendo y desapareció de sus vistas. A Regina sólo le dio tiempo a cerrar la puerta antes de encontrarse atrapada entre ella y Emma que la besó con fuerza explorando su boca con su lengua y escurriendo las manos bajo la camisa y el sujetador de su mujer pinzando sus pezones fuertemente.
Después de unos minutos, Emma contestó a la pregunta silenciosa de Regina 'A que ha venido eso?'.
"Eres la única mujer a la que he querido, quiero y querré en mi vida. Y lo sabes... aunque tenga que recordártelo periódicamente" dijo la joven rubia sonriendo y tomando la mano de Regina que, al no encontrar las palabras perfectas, simplemente abrazó a Emma cómo si la existencia del mundo fuera en ello.
Pasado
Ese atardecer de julio, Regina, convertida ya en una joven abogada, paseaba sin rumbo por las calles del centro histórico de Boston. Hasta ese momento, la concentración en sus estudios había conseguido apartar de su mente a la joven rubia que había conocido en el avión hacía ya tres años. Pero, libre de toda carga estudiantil, los recuerdos habían vuelto y la abrumaban. Regina sabía que las posibilidades de volver a ver a Emma eran más que ínfimas, así que, esa era la razón por la que había aceptado que su amiga Katherine la hubiera enredado en una cita a ciegas que iba a tener lugar esa misma tarde en una librería – café. Su pretendiente era un joven y prometedor residente de medicina que la esperaría a las seis en punto vestido con una camisa roja como símbolo identificativo.
Echó un vistazo al reloj y vio cómo una de las manecillas se acercaba peligrosamente al número seis. Con un suspiro leve, emprendió el camino calle arriba con su mente intentando encontrar excusas no demasiado duras con las que desanimar al pobre chico que la esperaba. Se enfadó consigo mismo. Si quería continuar con el resto de su vida y dejar atrás a Emma debía dar oportunidades a otras personas sin pensar en formas para decepcionarles con antelación. Resuelta y decidida a empezar un nuevo capitulo recorrió los últimos metros que la separaban de la entrada del café. Respiró hondo, subió un par de escaleras y entró.
El joven médico con la camisa roja estaba sentado en una de las mesas del fondo al lado de unos grandes ventanales. Regina puso su mejor sonrisa y se dirigió hacía a él.
"Hola... ¿Eres Víctor no?"
Él levantó la mirada, la vio y sonrió y se alzó.
"Si... Y tu debes ser Regina. Katherine no mentía cuándo dijo que eras muy guapa. Por favor" le dijo apartando la silla de la mesa y invitándola a sentarse.
A Regina esa sonrisa le resultaba falsa. Sólo llevaba treinta segundos sentada y ya quería escapar. Más tarde, se juró, hablaría con Katherine sobre lo que era aceptable en un pretendiente y lo que no.
"¿Te apetece tomar algo?" La pregunta de Victor la devolvió a la realidad.
"Un café con hielo, por favor."
"A ver si consigo que la camarera me vea esta vez. Siempre esta tonteando con la jefa. La verdad es que no sé porqué la tienen contratada".
"¿Vienes a menudo?"
Victor respondió aún manteniendo el brazo en alto para atraer la atención de la camarera. "Si.. mi casa sólo esta a dos manzanas de aquí" dijo guiñando un ojo.
"Deja, ya me levantó y voy a pedirle el café. Descansa el brazo que lo necesitarás para más tarde" le dijo Regina, guiñándole un ojo también y levantándose de la mesa.
A medida que se acercaba a la barra dónde estaban la camarera y otra mujer hablando animadamente, una sensación parecida a las nauseas se adueñaba del estómago de Regina. Los tejanos ajustados, los brazos musculados, la melena rubia y ondulada … todo respondía a la descripción de lo que Regina más temía y más ansiaba a la vez.
Llegó a la barra. Alzó la mano lentamente para tocar a la camarera en el hombro pero una voz la paró. Era la de la otra chica.
"¿Desea algo?"
Sus ojos volvieron a encontrarse. Extrañas pero conocidas sensaciones recorrieron sus cuerpos por tercera vez en sus vidas. Regina, abogada elocuente y con don de palabras, se quedó muda.
"Regina..." La voz de Emma era un suspiro.
"¿Os conocéis?" preguntó curiosa la voz de quién estaba detrás de la barra y ahora abrazaba a Emma por la cintura.
"Si... pero fue hace mucho tiempo" contestó Regina tristemente. La confirmación de lo que siempre había temido estaba ante sus ojos. La sensación de ahogo se estaba haciendo demasiado presente. "¿Cómo estás Emma?"
Pero Emma no sabía que responder. Manteniendo la esperanza irreal de volver a encontrar a Regina había pasado los años acostándose con mujeres pero nunca quedándose y cuando, por fin, había decidido sentar cabeza y había encontrado a alguien con quien podía ser relativamente feliz, la joven estirada de Storybrooke, Maine, aparecía otra vez en su vida.
Dando un beso en la frente de Belle, Emma le preguntó:
"¿Te importa que me tomé un rato libre cariño? Me gustaría ponerme al día con Regina."
"Claro. No te preocupes. Igualmente ya queda poco para cerrar" le contestó Belle.
Emma se acercó más a ella y la beso tiernamente en los labios.
"Luego nos vemos preciosa".
Belle las siguió con la mirada hasta verlas sentarse en un banco de un parque enfrente de la librería-café. Alguna vez Emma había mencionado a una tal Regina pero no le había dado importancia. Belle no era una mujer celosa... y tampoco lo sería ahora aún y haber visto la forma en la que se miraban las dos mujeres. Despertó de su sueño cuándo un joven con una camisa roja dejó unos dólares encima la barra para pagar una cerveza y se largó diciendo "Todas son iguales."
El silencio reinó entre ellas durante varios minutos. Se miraban disimuladamente. Emma se mordía las uñas. Regina parecía no poder parar de alisar su vestido.
"¿Cómo estás?" preguntó Regina.
Emma levantó la mirada y colocó las manos en los bolsillos de sus tejanos.
"Bien. No puedo quejarme. Y tu, ¿Ya eres abogada?"
Esos momentos iniciales de conversación fueron raros, incómodos. Pero, poco a poco, ambas fueron animándose y acabaron compartiendo un par de horas de recuerdos y de ponerse al día. Resultó que Emma sólo trabajaba de camarera para ayudar a Belle de vez en cuando y que, en realidad, llevaba ya cuatro meses en la academia de policía. Por su parte, Regina le descubrió a Emma que se había licenciado como primera de la clase y trabajaba en el bufete como asociada en el que había empezado a hacer prácticas en su primer año de carrera. Compartieron anécdotas, recuerdos, risas... hablaron de todo y de nada y, otra vez, el mundo pareció que se paraba a su alrededor.
"Regina... cuándo nos vimos en la tienda... ¿Por qué te fuiste?"
"Estaba celosa"
Se miraron intensamente y Emma asintió con la cabeza. Regina empezó a levantarse.
"¿Ya te vas?"
"Se esta haciendo tarde Emma... Seguro que tu novia está esperándote"
Emma miró el reloj; pasaban diez minutos de las nueve. Belle seguramente ya habría llegado al apartamento que compartían y se sintió culpable por no haberse acordado de ella en todo ese rato.
"Regina... " dijo suplicando Emma mientras sus dedos rodeaban la muñeca izquierda de Regina "... no vuelvas a desaparecer de mi vida. Me gusta volverte a ver".
"No quisiera que tu novia se enfadase contigo" contestó Regina sin levantar la cabeza.
"¿Por qué iba a molestarse? ¿Por querer tener amigos?"
La palabra "amigos" resonó en la cabeza de Regina. El estómago le dio un vuelco y su corazón se paró por unos segundos, los mismos en los que había albergado la posibilidad de tener a Emma entre sus brazos. La ocasión se había esfumado pero iba a aprovechar la oportunidad presente. Quizás ya nunca pudiera tener la relación deseada con la joven rubia pero eso no quería decir que no pudiera tenerla en su vida en otra capacidad. Prefería ser su amiga que perderla de vista otra vez, así que, sacó un boli y un papel de su bolso y apuntó su número de móvil para después dárselo a Emma.
"Llámame" dijo Regina. Y se fue.
Presente
"Buenas noches Henry" dijo Regina dando un beso en la frente de su hijo. "Que descanses".
Emma había estado escuchando a su mujer contar parte de su historia de amor a su hijo. Cuándo Regina hubo cerrado la puerta de la habitación del niño, la rubia se abalanzó hacia a ella y la abrazó. Con los brazos enredados caminaron juntas hasta la habitación que compartían.
"Siento que tengas que recordarme que me quieres sólo a mi. Sé que es así pero oír hablar de Belle siempre me recuerda un tiempo en el que lo dí todo por perdido" susurró Regina.
"Belle lo supo des del primer momento" respondió Emma aún abrazada a Regina.
"¿El qué?"
"Cuándo lo dejamos me dijo que des del momento en que nos miramos en el café supo que yo estaba enamorada de ti y tu de mi. Supo que algún día nos daríamos cuenta."
Regina se desvistió y se puso el pijama. Tirándose en la cama le dijo a Emma:
"Y aún así tuvisteis una larga relación" su comentario sonó más despechado de lo que hubiera querido.
"Por aquel entonces yo aún creía que estabas con Daniel. Y tu tardaste en decirme que no era así". Contestó Emma alzando un poco la voz. "Además … pensaba que ya no volvería a verte y decidí probar con ella".
Regina suspiró intentando contener las lágrimas y apoyó la cabeza en la almohada. Emma se acurrucó a su lado acariciando la barriga de su mujer.
"Lo siento Emma. Pero cuándo veo todo lo que tenemos ahora y que podríamos haber perdido por ser tan cabezotas las dos... "
Emma se separó de Regina. Cogió una de las manos de su mujer y la llevó hasta su pecho, en el lugar del corazón, apretándola fuerte.
"Esto es tuyo. Y siempre lo será. Por muy cabezotas que seamos".
