Harry miró la puerta y luego la cama frente a él. En Gryffindor eran cinco por habitación, en Slytherin era sólo uno y con un baño propio. Era extraño ya no estar en la Torre de Gryffindor.

Silbó con admiración, aun estando en las mazmorras la Sala Común de Slytherin era iluminada y cómoda, tal vez no era cálida y confortable como la de Gryffindor, pero era agradable.

—Asombroso —murmuró entrando a su nueva habitación.

—Mi habitación está a un lado —informó—. Tal parece que los prefectos y premios anuales deben dormir después de cuatro alumnos.

—En Gryffindor no era así.

—Slytherin es mejor, admítelo de una vez —murmuró Tom con burla.

—Bueno... —la voz de Harry se fue apagando— Nos vemos mañana.

Tom sonrió y, por puro impulso, revolvió los cabellos del azabache, llevándose como premio una ligera risa del ojiverde.

—Buenas noches, Harry —contestó antes de adentrarse en su habitación.

A Tom le encantaba ver todas las expresiones de Harry, le encantaba ver el asombro en sus facciones o su sonrisa bailando feliz entre sus labios, pero lo que más le gustaba del azabache era cuando su mirada se perdía en cualquier punto de la habitación, usualmente eso traía más información de donde venía y de su antigua vida.


—Tom —llamó Harry corriendo detrás del nombrado—, ¿puedo estar contigo en Pociones?

—¿Por qué preguntas?

—Porque... nada.

—Harry...

—¡No uses ese tono! —murmuró Harry mirando a otra parte.

—No uso ningún tono —contestó.

—Claro que sí, siempre lo usas cuando me quietes regañar o advertir.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí.

—No.

—Sí... —antes de poder mandarle una mirada asesina a Tom, la imagen de Hermione y Ron discutiendo vino a su mente. Él y Tom se parecían a sus dos amigos, discutiendo por cualquier cosa.

Harry rió suavemente, interrumpiendo la replica de Tom.

—¿Qué es lo gracioso en esto? —siseó molesto.

—Mis mejores amigos siempre discutían por cosas pequeñas —contestó sin quitar su sonrisa—, justo como nosotros.

Tom suspiró rindiéndose.

—Vas a estar conmigo en todas las clases, te guste o no —contestó mirando de reojo a Harry—. Eso implica también en Pociones.

—¿Sin importar que haga explotar el caldero? —preguntó con sutileza Harry.

—¿Tan malo eres? —cuestionó.

—Bueno, creo que el profesor Snape me ponía nervioso —contestó Harry sin darle importancia—. En mi examen TIMO lo hice bien sin él rondando por mi alrededor.

Esa respuesta hizo detener el paso de Tom bruscamente, dándose cuenta de algo esencial: No sabía cuantos años tenía Harry.

¿Cómo no se le pudo ocurrir antes? Era una pregunta tan insignificante cuando se trataba del ex Gryffindor que prefirió enfocarse en otras preguntas.

—¿Cuántos años tienes? —preguntó en forma neutra. Necesitaba saber todo de Harry, porque Harry había ganado un lugar en su cabeza, uno muy profundo.

Tom le echaba la culpa a la curiosidad, simplemente eso.

—Cumplí los dieciséis en Julio —contestó encogiéndose de hombros.

Las pupilas azules perdieron el brillo, volviéndose opacas, de tal forma que, a simple vista, parecían negras.

—¿Cuándo es tu cumpleaños? —preguntó nuevamente. El tono que usó causó un escalofrío por la espada de Harry.

—¿Estás molesto? —parecía molesto, y a Harry no le gustaba cuando Tom se molestaba.

—¿Cuándo es tu cumpleaños? —repitió.

—Treinta y uno de Julio —contestó con precaución.

—¿No pudiste decir? —siseó molesto.

Los alumnos que pasaban cerca de ellos se alejaban al ver la pequeña escena y la postura de Tom Riddle. Nadie quería estar cerca de él por los rumores que lo seguían y, aunque la mayoría lo conocía por un chico educado y amigable, nadie quería comprobar esos rumores.

—Bueno, acababa de llegar y no te conocía como lo hago ahora...

—¡Harry!

—¡Ves! ¡Siempre usas ese tono cuando me quieres regañar! —dijo Harry en forma acusadora—... Perdón, Tom.

Harry bajó la mirada, sintiéndose culpable. Frunciendo el labio incómodo. Tom miró fijamente el labio torcido, como si fuera una especie de puchero enojado, cosa que le causó algo de ternura. Ver al azabache frunciendo sus rosados labios de forma tan infantil le causaron unas enormes ganas de abrazarlo, pero no podía. No con esa gente mirándolos, no porque, simplemente, ni él ni Harry soportan el contacto físico; Lo comprobó cuando él y Harry tenían que irse al comedor y, por culpa del azabache, éste ya se encontraba repleto de niños corriendo de un lado a otro. Simplemente se conformó con agarrar la mejilla de Harry y apretarla, quitando su deseo de hechizarlo y, a la vez, de abrazarlo.

—No me ocultes ese tipo de cosas —dijo/ordenó Tom.

—Tú no preguntaste...

—¿Contestarás todo lo que te pregunte?

—Bueno... depende de la pregunta...

—¿Qué parentesco tienes con los Potter? —preguntó Tom— No nos movemos hasta que me digas, y no me importa llegar tarde a Pociones.

El rostro de Harry se volvió pálido y luego, rápidamente, a un ligero color rosado.

—Te dije que dependía de la pregunta —murmuró Harry haciendo su puchero más marcado.

—No me importa.

—Pero...

—Pero nada —gruñó Tom, sorprendiendo a Harry. Él sólo siseaba, mas nunca gruñía—, le dijiste tan fácilmente a Orión que tenían parentesco, pero yo, que estuve preguntando por más de una semana, no me quisiste decir nada.

—Si te lo digo puedo cambiar el futuro —replicó.

—¿No crees que con el simple hecho de estar aquí ya lo cambiaste? —atacó Tom.

—Si cambié el futuro, ¿qué hago aquí? —gruñó molesto.

—Puede que hayas abierto otra dimensión y por eso sigues aquí, aparte, todo lo que hagas ahora se verá reflejado en el futuro. Sin importar que hagas, el futuro seguirá estando a pasos de distancia, pero tú perteneces a este tiempo.

—¿Y si me voy? —susurró indeciso.

—Iré a buscarte.

Harry levantó la mirada. Verde y azul se encontraron, luchando el uno contra el otro. En los ojos verdes se podía ver las miles de preguntas que pasaban por su mente, pero, al final, el verde dejó caer su protecciones ante el azul, rindiéndose ante el ojiazul.

Resignado, Harry miró al piso, como si todo eso fuese su culpa.

—Mi padre es James Potter, hijo de Fleamont Potter —contestó Harry—. Soy, o era, el último descendiente de la familia Potter.

—¿Por qué pareciera que tú y Orión se conocen? —Tom no iba a desaprovechar la oportunidad, él iba a saber todas las respuestas de sus preguntas... o iba a hacer todo lo posible para saberlas.

—El hijo de Orión se llamará Sirius —contestó Harry sorprendiendo a Tom—, Sirius es idéntico a él. Una copia exacta —susurró con nostalgia—. Sirius Black era el mejor amigo de mi padre, y mi padrino.

—Dijiste que eras el último descendiente, ¿eso quiere decir que tu padre murió?

—Tom... —la mirada suplicante le hizo saber al nombrado que ese era terreno prohibido, pero quería saberlo, quería saber todo de Harry, desde su infancia, hasta los lunares que tuviera en su espalda, y si podía saber un poco más de otros lugares, mejor— Mis padres fueron asesinados por el Señor Oscuro de mi época.

—¿Señor Oscu...?

—Tom...

—Bien —contestó—, vamos a las mazmorras, llegaremos tarde a Pociones —murmuró empezando a caminar seguido por Harry.

Algunas veces Harry podía sacarlo de quicio, pero, aun con eso, él quería estar a su lado. Era su deber protegerlo.

Dentro de su cabeza, Tom sumó la información que Harry le había dado a su lista, por ahora sabía su cumpleaños, la época de donde viene, del supuesto Señor Oscuro que mató a su padre, que era un Potter, que su primo se encargaba de hacerle su vida imposible, de su padrino, su edad y del profesor que también se encargaba en hacerle la vida imposible... ¿qué le pasó a sus abuelos? ¿por qué tiene esa peculiar cicatriz en la frente? ¿qué sería el culpable de sus pesadillas?

Miró a Harry por un momento, sus ojos reflejaban la vida que nunca tuvo, reflejaban la felicidad de mil niños en una juguetería, pero no se comparaba nada a la tristeza que un día sufrió.

Sonrió para sus adentros, su pequeño Harry era más fuerte de lo que se veía.

Bajaron las escaleras hasta llegar a las mazmorras. El profesor Slughorn los dejó pasar tan sólo ver a Tom, pero no había dos lugares juntos, un lugar se encontraba rodeado de alumnos de Slytherin y otro de Ravenclaw. Tom oyó el suspiro de Harry y, antes de poder fulminar a alguien con la mirada para que cediera su lugar, el azabache se sentó al lado de una Ravenclaw.

La chica no era buena en pociones y lo único que podía esperar Tom era que la clase no terminara a causa de una explosión de aquellos dos.

La clase pasó sin ninguna demora, la pareja que le había tocado para hacer la poción visionis era un completo fracaso, dándole ingredientes que no eran. Si Tom no conociera cada uno de los ingredientes era seguro que el aula de pociones hubiera terminado como un cráter, auqnue parecía que a Harry también le iba bien, riendo y entablando conversación con la pelirroja de Ravenclaw.

Le sorprendió ver a ojiverde haciendo la poción y a la pelirroja pasar los ingredientes, tal parecía que los dos combinaban perfectamente en esa materia. Ácido recorrió el estómago de Tom al pensar en eso, pero fue imposible quitar esa idea, más cuando esa chica se acercaba a Harry a preguntarle algo.

Tom fue el primero en terminar, ganándose los acostumbrados halagos de su profesor. Solo cuatro parejas terminaron la poción, Harry y la Ravenclaw fueron los últimos en entregarla y, tal pareció, la poción estaba en buen estado.

La pelirroja y Harry chocaron las palmas y sonrieron, empezando a hablar nuevamente. En ese instante la sangre de Tom hirvió, él debía estar ahí, hablando con Harry y haciéndolo reír, no la pelirroja.

—Bien, chicos, pueden salir —informó el maestro guardando las pociones en una estantería—. Tom, señor Doolfe y señorita Brooks, esta noche habrá una cena para dar inicio a las clases, espero no falten... Usted también, señor Wool —Harry miró al profesor confundido, estaba tan absorto en la conversación con su nueva amiga que no le había prestado atención.

Tom se acercó con sutileza hacia Harry, llamando su atención junto a la de la Ravenclaw.

—¿Te molestaría si me llevo a Harry? —siseó fríamente.

La joven miró a Tom con temor, luego vio a Harry y sonrió nerviosa.

—¿Nos vemos en la próxima salida a Hogsmeade, Harry? —preguntó la chica.

—Claro, aunque falta mucho...

—No importa —contestó rápidamente—, podemos hablar en las otras clases que compartimos...

—¡Genial! Hablamos luego... eh...

—Lily Scattirbul —contestó sonrojándose.

—Lily —susurró Harry pensativo.

—Sé que es algo feo... pero es una flor y...

—¿Feo? —cuestionó Harry— ¡Es hermoso!

La sangre de Tom hervía cada vez más y el ácido que invadía su estómago tenía más potencia.

—Mi madre se llamaba así... y también era pelirroja —informó Harry sonriendo con dulzura.

Tom miró la sonrisa de Harry, esa sonrisa debía de ser sólo suya, solo él podía saber de la vida privada de Harry, como el nombre de su madre.

Molesto, agarró la mano de Harry y lo jaló fingiendo algo de urgencia.

—Disculpa, Scattirbul, pero Harry y yo tenemos que ir a un lugar rápido —excusó viendo la confusión en Lily, pero poco le podía importar.

Tom jaló de la mano al azabache hasta que llegaron a la entrada de la Sala Común, era una suerte que Pociones les tocara a la última hora, más cuando debían asistir a la cena del profesor Slughorn esa noche.

—Novecientos noventa —susurró la contraseña para luego ingresar por el hueco que se formaba en la pared.

—Tom, ¿qué es lo que tenemos que hacer? —preguntó Harry confundido.

El pelinegro titubeó levemente al darse cuenta de su estupidez, pero logró recomponerse y pararse lo más recto posible.

—La tarea, claro está —dijo con firmeza—. Luego te vas a arreglar para la cena con el profesor.

—No quiero, no me agrada el profesor...

—Es una buena oportunidad para subir la escala social, Harry —le calló Tom—. Debes aprovechar esta oportunidad.

—No quiero, Tom —el azabache soltó su mano del agarre del ojiazul y bufó con con suavidad. Tom no sabía que seguía teniendo la mano de Harry junto la suya hasta el movimiento que hizo—. Yo no sirvo para eso.

—¿Lo harías por mí? —preguntó Tom suspirando.

Cuando Harry se metía una idea era difícil sacarlo de ésta.

—Menos —bromeó Harry sonriendo.

—¿Por favor?

—Sólo si prometes que pasaré desapercibido.

—Estamos hablando del profesor Slughorn, no puedo prometer mucho —contestó.

—Bien, me has convencido —Harry sonrió feliz, contagiado a Tom con esa felicidad.

Tal vez, aunque no creyese en eso, fue el destino quien puso a Harry en su camino, y él no desaprovecharía esa gran oportunidad de tenerlo a su lado.