Riko lo miró pintar el retrato de una niña pequeña en una carriola mientras su madre hablaba por el móvil a la sombra de un árbol al frente de Teppei. La mujer parecía ajena a él, pero la niñita le sonreía y Teppei le regresaba la sonrisa.
Teppei era bueno con los niños, pensó Riko y la imagen de una casa llena con él a la cabeza se le antojo apetecible. No era que fuese a dejar de ser realista al respecto.
La niña vio de reojo a Blancanieves y la llamó. La madre terminó su llamada y le preguntó a su hija:
— ¿Quieres tomarte una foto con ella? Oh, pero mira, si también nos están dibujando —acotó cuando notó la mirada de Teppei, quien estaba a mitad del boceto— ¿Quieres que te dibujen con ella?
La niña asintió. Debía tener unos tres años por lo que sus habilidades del lenguaje ya estaban bien desarrolladas.
— ¡Sí! —Chilló contenta la niña.
— ¿Puedes? Te pagaré por ello —Ofreció a Teppei, quien se encogió de hombros y le hizo una seña a Blancanieves para que se acercara. Ella se sentó en la banca a la sombra del árbol junto a la madre de la niña, quien le puso a su hija en el regazo a Blancanieves.
El dibujo que Teppei le entregó a la mujer era muy bonito.
Luego la mujer le dio unas monedas a Teppei, se fue y cada uno regresó a sus cosas en el parque.
Riko volvió a llegar ese día a una casa vacía.
Su corazón se encogió por su hermano. Ese día tenían una cita importante él y su cuñado y esperaba que al fin dejaran de ser idiotas y alguien le propusiera matrimonio a alguien. Los nervios la mataban.
Comenzó a pensar en sí misma. En lo estorbosa que sería ella en medio de la relación de los recién casados, en que tenía que comenzar su propia vida aparte, por mucho que la quisiera su hermano y su cuñado.
Pensó en una vida plena al lado de su artista, aunque se sintió infantil. Sus esperanzas con él no crecían y soñar era gratuito, no se iba a detener solo por esa clase de pequeños detalles.
Pensó en que quería dos hijos, un niño y una niña, pensó que quizás su hijo varón sería calmado y dócil como su hermano, pero gigantesco como su pintor y pensó que su hija sería una atleta que luego podría incursionar en el modelaje si también heredaba la altura de su 'padre'. Soñar era tan dulce que pensó que se derretiría en el sillón de su sala de estar, donde se había acomodado tan pronto llegó. Su hermano no debía tardar en llegar o mandarle un mensaje avisándole que de verdad no llegaba. Mientras ninguna de esas cosas pasaba lo esperaría. Quería cenar con él y contarle las noticias del día, quería decirle las veces que su artista tiró su caballete por accidente, lo torpe que era y lo lindo que se veía pidiendo disculpas cuando alguien se molestaba por ser mirado intensamente con esos ojos color chocolate. ¿Cómo alguien se podía enfadar de ser mirado por él? Eso era lo que Riko más anhelaba.
Quería que él le pusiera atención, quería que la conociera y quería conocerlo, quería estar con él, saber sus manías y las cosas que le disgustaban. Quería que él supiera de ella, de su gusto por el basquetbol, quería enseñarle el lenguaje de señas y hacerlo unirse a ella y su hermano en su lenguaje secreto, quería estar con él aunque lo sabía imposible. Soñar si costaba, eso lo sabría después.
Su hermano no llegó esa noche ni avisó que no iría. Riko cenó sola y lo espero temprano a la mañana siguiente, pero tampoco llegó.
Ese día, ya en su trabajo, alguien le dio las malas noticias. Su artista era lo suficientemente talentoso como para haberse ganado una beca en el extranjero. Uno de los enanos había escuchado a un hombre alabarlo y felicitarlo, luego de que Teppei anunciara con orgullo su partida, aunque había algo que tenía que hacer antes de irse, dijo.
Riko sabía que era ese algo y pensaba concedérselo.
Ese día viajaría hasta Kanagawa, algo lejos de su residencia en el centro de Tokio para encontrar a cierto modelo amigo de la familia.
Kise se sorprendió un poco de verla, pero no comentó nada. Era tarde, Riko había ido al salir de su trabajo. El último tren del día había sido el que la había llevado.
— "Por favor, enseñame a maquillarme" —Dijo una vez había sido invitada a pasar y a sentarse. Paladeo las palabras frente a Kise y luego hizo un gesto como de aplicarse colorete en las mejillas para que el otro lo captara.
— ¿Quieres que te enseñe a maquillarte?
— "Sí, por favor" —Riko asintió y la cara de Kise se volvió la cara de un niño al recibir el mejor regalo del mundo. Riko llevaba en su bolsa el maquillaje que había comprado.
— Ah, puedes quedarte ésta noche ya que es muy tarde, pasaremos toda la noche enseñándote mis maravillosas técnicas de maquillaje. Aprendí de los mejores estilistas, debería ser capaz de enseñarte algo más que lo básico.
Riko tomó su móvil pero seguía sin recibir respuesta de su hermano desde el día anterior por la mañana, cuando le dejó una nota sobre el refrigerador reprendiéndola por no cortar bien la fruta. Riko no veía el problema mientras los pedazos de fruta siguieran siendo comestibles, su hermano, en ese aspecto, era un llorica. Como fuere le envió un texto avisándole que no iba a llegar a dormir, que estaba de visita en Kanagawa con Kise y Kasamatsu (quien ese día tenía el turno nocturno en la estación, le aclaró Kise antes de que ella preguntara).
— Primero dejemos que lo intentes sola, para ver cuáles son tus fallos.
Ella asintió y comenzó; la mano le temblaba por los nervios y no lograba hacer una línea derecha para el delineador sobre su parpado.
— No, no, así no —Kise le quitó el pincel del delineador líquido y lo tomó con una mano, haciéndole una línea perfecta en el otro parpado—. Tienes que agarrarlo así —Le mostró el método correcto y ella lo imitó, ya con menos nerviosismo consiguió una línea decente luego de limpiarse el primer desastre. Kise la animó a seguir y entonces siguió con la base primer—. No, estás usando mucho, esto va antes del polvo, así que no debes usar tanto a menos que quieras parecer una geisha —De nuevo le mostró cómo hacerlo y, luego de lavarse la cara, lo hizo ella, ésta vez como era correcto. Para cuando llegaron al polvo ella ya lo hacía bien a la primera, aunque se excedió con el colorete—. Eso es muy intenso, usa menos —Le paladeaba las palabras para que ella comprendiera leyéndole los labios. Lo hizo como le indicaron y entonces se miró al espejo.
Una persona desconocida le regresó la mirada. Era hermosa, pero no se parecía a ella. La cicatriz estaba oculta con el maquillaje y de pronto se sintió de verdad hermosa. Lloró de felicidad y Kise entró en pánico.
— No llores, si no te gusta podemos intentar otra cosa.
Ella apretó los parpados y negó.
— "Gracias" —Dijo en señas y eso Kise lo entendió.
— Te ves muy mona.
— "Sí" —concedió ella.
Kasamatsu llegó a la mañana siguiente, justo cuando ella iba de salida. No preguntó porque estaba ahí, su despedida fue escueta y la miró con cierta pena. A Riko se le hizo raro pero intuyó que Kise le habría informado por el móvil el motivo de su visita. No regresó a casa ese día, llevaba ropa de cambio, un conjunto bonito a juego con su maquillaje. Ese día dejaría que su artista la pintara a ella y no a la muñeca que representaba.
Ese día Teppei no la buscó ni ella a él, aún aprehensiva a dejarse pintar.
Los siete enanos sabían que era su última oportunidad.
— ¿Sabes? —Comenzó uno.
— Hoy es su último día aquí, seguramente.
— Sí —continuó otro— Deberías dejar que te pinte.
— "No, ya es muy tarde, seguramente ya se fue".
Los enanos sonrieron satisfechos.
— Ponte el vestido bonito que trajiste.
Ella los miró sin comprender.
— El amor te espera —Dijo otro, como en una ensoñación.
Ella rio, pero obedeció cuando la dejaron sola para que se arreglara.
Iba a mentirle antes de irse y se sentía mal al respecto, pero no podía hacer otra cosa. Quería que la recordara bonita. Así que se maquilló como le había enseñado Kise Ryota y se puso su vestido antes de salir de su camerino.
En un lugar entre los juegos del parque iluminado por una lámpara la esperaba Teppei, su artista callejero y talentoso, próximo a convertirse en un artista itinerante y de renombre. Vaya honor para una mujer común y corriente como ella recibir un dibujo especial.
Días antes lo había visto dormitar en su silla plegable, con su caballete olvidado al frente. Ella había curioseado entre las páginas de su libreta de sketches. Se encontró imágenes de diferentes mujeres, todas con el traje de Blancanieves que ella usaba. Él trataba de imaginarla, pero ninguna terminaba por lucir similar a ella. Ninguna tenía una cicatriz queloide en la mejilla izquierda. Cuando él despertó Blancanieves tenía puesta su cabeza de muñeca y estaba sentada a su lado. Él de inmediato quiso proteger sus sketches con su cuerpo pero solo terminó por tirar el caballete.
'Pero que torpe eres. Si tan solo no fueras tan lindo'
Él se apresuró a levantar sus cosas y ella se despidió con un gesto de su mano.
Pero ahora al fin se le haría verla en persona, conocer su cara. Riko sentía que se lo debía, más por ella, que deseaba ser notada, que por él, que parecía obsesionado con descubrirla.
— Pensé que no te dejabas ver porque eras fea, pero veo que eres muy bonita.
Comentó a modo de broma. Ella puso morros, pero se sintió halagada.
'Son las luces y el maquillaje, no te hagas muchas ilusiones, te estoy engañando'
Se sentó frente a él y él comenzó a bocetarla. Sus facciones más prominentes, la forma de la nariz, la curva de su cuello, el modo en que estaba estilizado su cabello.
— ¿Sabes? —Comenzó a la mitad de su dibujo. Hasta entonces habían estado sentados en silencio y eso quizás lo pusiera nervioso— Tengo una beca para estudiar en el extranjero —La miraba mientras hablaba, por lo que ella podía leerle los labios.
'Tonto, ya lo sé, por eso me dejo ver por ti'
Pero estaba mintiendo. A quien pintaba era a una mujer guapa que jamás en su vida había tenido que luchar contra la naturaleza destructiva del fuego para salir victoriosa y ser una sobreviviente. Estaba pintando a una mujer bonita y alegre e inocente que nada tenía que ver con Riko y sus arranques y su actitud mandona. Estaba pintando a una Riko ficticia y no era justo.
Si sería recordada tendría que ser siendo ella misma.
Él dijo en algún momento:
— Estás muy callada.
'Sí, idiota'
Ella hizo un gesto y se señaló un oído, luego negó con la cabeza, después hizo el gesto de hablar con la mano y volvió a negar. El pareció comprenderlo y continuó con su dibujo. Cuando terminó se levantó y se lo ofreció a Riko.
Riko miró de nueva cuenta a la mujer del espejo de la noche anterior en la casa de Kise. Esa definitivamente no era ella.
"Dibujame como soy, por favor" Escribió en la parte de atrás del dibujo, junto a su nombre 'Riko Aida'
Ella no compartía el apellido con su hermano pues tenían diferentes padres, pero eso no importaba en aquel momento ni en ningún momento antes o después.
Ella se retiró y cuando volvió traía su conjunto sencillo, con el que había llegado al parque y no usaba nada de maquillaje. Se sentó frente a Teppei y el comenzó a dibujarla de nuevo, está vez haciendo un manchón con el carboncillo en donde estaba la cicatriz queloide de Riko. A mitad del camino se arrepintió y comenzó a borrarla.
— No sé cuándo volveré, pero… —Comenzó.
Riko se levantó de su asiento y lo abrazó. Él tenía la cabeza sobre el pecho de ella y escuchaba su corazón latir tan rápido como podía. Ella lloró en silencio.
Se quedaron así un rato hasta que él soltó, aún dentro del abrazo:
— Me voy mañana.
'Lo sé, lo sé'
Los enanos, que los vigilaban desde las sombras, encendieron las luces de los carros alegóricos del parque y la noche se volvió clara para ellos; los miles de foquitos de los carros parecían brillar como estrellas al alcance de sus manos. Riko sintió el antojo de tocarlas, aunque sabía que se quemaría por el calor que emitían.
Riko no odiaba el calor o el fuego como su hermano, no tenía problemas en sentir un poco de dolor físico si eso le garantizaba olvidar el dolor que su corazón sentía al saber que su amado artista callejero se iría. Ella no lo esperaría y él ni siquiera le pediría que lo hiciera. Eran desconocidos abrazándose en una escena de amor digna de una película. Pero su romance no sería así.
Era hora de decir adiós.
Ese día, cuando llegó a casa, su hermano parecía ausente y tenía los ojos muy rojos.
Se olvidó de su corazón roto cuando leyó en los labios de su hermano la peor noticia posible.
— Kagami está muerto.
Los ojos de Riko se llenaron de lágrimas. Lágrimas que eran por ella, por su amor roto, lágrimas que había estado conteniendo y lágrimas por el dolor de su hermano, lágrimas por la vida de su cuñado. Llorar era todo lo que se podía hacer y eso fue lo que hizo.
Comenzaba a odiar el agua salada de sus lágrimas. Comenzaba a odiarse por no ser de mucha ayuda, por ser egoísta y mezclar todas sus emociones personales con las de su hermano.
Comenzaba a odiar el agua que no había bastado para salvar a Kagami.
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N/A: ¿Lo siento? Por favor, no me odien. El siguiente capítulo es KagaKuro y es el capítulo final.
