Steve se quedó estupefacto varios segundos, con los labios aprisionados entre los de su compañero, la confusión lo había inmovilizado. En su espalda, los brazos de Tony lo sostenían con increíble fuerza, los dedos de sus manos incrustados con violencia en su piel. Podía sentir en su boca el sabor de su propia sangre inundándolo todo.

Comenzó a luchar, sus manos intentaron alejar el cuerpo que lo aprisionaba, su rostro intentaba alejarse con todas sus fuerzas y no podía sentir otra cosa más que el dolor que le producía los dientes de Tony, que con cada intento, se incrustaban más y más en la carne de sus labios.

Un grito de rabia comenzó a emerger desde la profundidad de su garganta, y sólo entonces Tony aflojó la fuerza. Se separó de Steve varios pasos, con el rostro impasible, pero los ojos cargados de ira.

-¡¿Qué demonios estás haciendo?! – Gritó Steve enfurecido. Tony ni siquiera se inmutó por el arrebato, en cambio, observó el rostro de Steve paseando su vista desde el pómulo hinchado hasta el labio superior que poseía unas grandes gotas de sangre depositadas en la herida que acababa de producir.

- Querías sentir dolor ¿No? - Contestó mirando a Steve a los ojos – Querías sentir lo que yo siento, eso fue lo que dijiste justo después de que intentaras darme una lección de integridad. ¿Estás frustrado, Cap? ¿Te sientes indefenso?

-Tony…

- No – Soltó Tony con resolución – Tengo un buen número de problemas contigo, Rogers, es más, creo que la lista es más abundante que el número de mujeres que han tratado de demandarme por paternidades ficticias, y eso ya es decir mucho. No puedo resolver todos los asuntos pendientes que hay entre tú y yo, pero sé perfectamente que puedo solucionar UNO.

-¿Y así es como piensas resolverlo? – Respondió Steve, una mezcla de irritación y desesperación en su voz. El arranque que Tony había demostrado, lo había dejado absolutamente desconcertado. Había pasado todo el tiempo desde que recibiera el mensaje hasta el día de la cita intentando encontrar, sin mucho éxito, alguna forma en la que pudiese reconciliar las decisiones que había tomado, con la ya conocida racionalidad implacable de Tony. Pero esto... Nada lo había preparado para esto. Pasó su lengua por el labio herido, intentando limpiar de alguna forma la sangre antes de que comenzara a caer por su barbilla.

-Para variar no estás entendiendo – Dijo con mordacidad Tony- Esto es una forma de venganza. Francamente me encantaría romper esa impunidad en la que vives de una forma más caballerosa, pero también está el problema de que, bueno, planeo sacarte de tu elemento lo más que pueda.

Tony comenzó a acercarse una vez más a Steve, con toda la cautela que fue posible reunir. Avanzaba despacio, con los ojos fijos en los de su interlocutor. No necesitaba descifrar el lenguaje corporal del otro porque simplemente le era irrelevante. Steve iba a resistirse, eso lo sabía, contaba con que lo hiciera, porque si lo hubiese encontrado receptivo, si Steve hubiese cedido completamente ante su primer impulso, Tony se hubiese detenido en ese mismo instante y hubiese enfilado hacia la puerta.
No podía ser dulce. No podía ser cálido, contaba con que fuese una lucha, y tenía todas las esperanzas puestas en dañarse y dañarlo a él. Ambos se lo merecían.

Steve estaba inmóvil. Todo en su interior le exclamaba que detuviera este engaño, y sin embargo no podía. No había un sentimiento que lo paralizase, no había una expectación que él pudiese identificar ni algún tipo de pasión que pudiese reconocer como palpable.

Y sin embargo estaba esto: Con cada paso de Tony, la culpabilidad se mezclaba con un estremecimiento que ni siquiera era capaz de suprimir. Cerca, demasiado cerca. Los ojos de Tony parecían encenderse de furia, lo había dicho el mismo, esto era una venganza. Podía sentir la sangre agolpándose en su cabeza mientras hacía intentos sobrehumanos por no echarse a correr.

Tony se acercó lo suficiente como para que la punta de su nariz llegara con delicadeza unos milímetros más abajo que la de Steve. Abrió un poco los labios y se deleitó al notar que su compañero había temblado tenuemente ante el gesto, aunque sin embargo no se había movido ni un ápice.
Esta era exactamente la forma en que él esperaba que fuese. Tony ladeó su cabeza repentinamente y acercó su rostro hacia un costado del cuello de Steve, sin llegar a tener contacto directo. Podía sentir su propia respiración devolverse debido a la proximidad con el otro, y se deleitó cuando con malicia, comenzó a rozar de un lado a otro el vello de su barba contra la piel sensible del cuello de Steve.

-¿No te vas a mover? – Preguntó Tony con un grave susurro, sin dejar de realizar sus menesteres.

-No – Respondió cortante Steve. Tenía la mandíbula apretada, y los músculos tensos en estado de alerta.

-Ya estás entendiendo – Dijo Tony. Y sin advertencia alguna, sus labios se apretaron contra el cuello de su compañero y su lengua comenzó a dibujar pequeños círculos exquisitos en la superficie sensible de Steve.

La mano derecha de Tony, sin ninguna precaución o delicadeza, aferró la nuca del otro, comprimiendo aún más la proximidad entre sus cuerpos, mientras que la izquierda se incrustaba poco ceremoniosamente en la piel que cubría sus costillas.
Steve sintió, absolutamente paralizado, como Tony lo aprisionaba con brusquedad desmedida. Y en su cuello, la humedad de la lengua comenzaba a expandirse hasta llegar a su clavícula.
No quería luchar. No tenía intención alguna de huir y dejar que Tony ganara. No iba a desertar.

De pronto, los dedos de la mano que no aprisionaba su nuca comenzaron a moverse por debajo de su camisa, tirando con torpeza la tela para poder tener completo acceso a su torso. Una vez que lo hubo logrado, Steve sintió la cálida palma de la mano de Tony, frotar con cierta brusquedad cada centímetro de su abdomen hasta subir a su pecho.

-Para – Murmuró Steve. Su voz se había mezclado con una exhalación cuando sintió que el índice y el pulgar de Tony se cerraban en torno a su areola. Aferró el brazo que estaba en su mayoría dentro de su camisa – Somos colegas, compañeros… Amigos…

-Ya no –Respondió Tony separando el rostro del cuello de Steve – Ese es precisamente el punto. No podría hacerle esto a Visión, no sé si me explico. Buen sujeto, pero…

No llegó a terminar la frase, sus labios comenzaron a acercarse a los de Steve que parecía realmente frustrado; la mano de Tony volvió a acariciar la perceptiva piel del abdomen de Steve, esta vez con absoluta delicadeza, haciendo que con cada roce, su piel se contrajera y un escalofrío recorriera su cuerpo.
Los labios de Tony se pegaron a los del soldado, sin ningún miramiento, y cuando su lengua encontró la cavidad sellada, comenzó a recorrer, húmeda, toda la hinchada estructura carnosa.

Steve comenzó a respirar con dificultad, la proximidad lo había aturdido de forma absoluta y una calidez arrebatadora había comenzado a acumularse en lo más profundo de su vientre. Podía sentir cómo la lengua de Tony se detenía a cada momento en su herida y sus labios se cerraban en torno a ella, como si intentara absorber la sangre que aún emanaba, aunque con menos fuerza.

Y entonces, con un profundo suspiro, Steve entreabrió los labios.

La lengua de Tony aprovechó la oportunidad y se introdujo de lleno. Su mano, aún en la nuca de Steve empujó hasta que el espacio entre los dos se hizo inexistente. Steve, a pesar del gesto, aún oponía resistencia, moviendo, infructuosamente la lengua de forma tal que escapara de la de su compañero, quien, captando el gesto, introducía con mayor profundidad la suya.

Los brazos de Steve se cerraron en torno a Tony y de entre la unión de ambas bocas, escapaban suaves gemidos.
Steve cedió finalmente y comenzó a devolver el gesto con furia. Parecía que toda la frustración se acumulaba en un solo beso. Se presionaba lleno de exasperación contra el cuerpo del otro. Era una batalla personal entre ambos, y cuando Tony, con la lengua de Steve de lleno en su propia boca comenzó a succionarla aprisionándola con sus labios, desató una verdadera contienda.

Steve arrastró a Tony hacia el sillón más cercano a su espalda, cayendo con pesadez sobre la blanda superficie, con el otro sobre él.

Tony bajó su mano derecha hasta el cinturón del soldado, desatándolo con brusquedad, y una vez que hubo pasado la barrera del cierre y la defensa de la ropa interior, su mano ingresó con rudeza hasta acomodarse en el, sorpresivamente, rígido miembro de Steve.

La fricción era grosera, no había mesura en la forma en la que su palma se cerraba alrededor de la dura estructura y lo frotaba de forma arrebatadora, limitado por la tela que aún cubría los movimientos. Mientras tanto, el beso había sido roto por Steve, su rostro contraído se pagaba en el hombro de Tony y sus brazos se cerraban alrededor su cuello. Podía sentirlo, no sólo era el obsceno movimiento de su mano, si no que en antebrazo de Tony, al no tener un libre acceso, rozaba con dureza su abdomen, poniendo en movimiento toda la superficie de su vientre.

Después de algunos minutos, parecía que Tony comenzaba a desesperarse, redoblando la violencia de los movimientos y llevando su boca hacia la piel sensible del cuello de Steve quien, con intensas exhalaciones, parecía estar en una lucha interna por no ceder ante los gemidos.
El sólo contacto de la lengua de Tony con su piel, hizo que Steve se aferrara con extremada fuerza al cuello del otro, causando que este soltara una maldición en protesta.

Tony se dio cuenta que el clímax de Steve estaba cerca, y detuvo la fricción en seco. Steve quedó absolutamente desconcertado ante esto, y ladeó la cabeza para observar con cierta desesperación el rostro de Tony, por primera vez en varios minutos.
La sonrisa cruel en el rostro de su compañero le volvía a recordar que esto no era un momento íntimo, si no que más bien una lucha de ofensivas, y sin siquiera pensarlo, comenzó a mover sus caderas de forma tal que la inmóvil mano de Tony, aun firmemente cerrada alrededor de su miembro, volviese a frotarlo.
La sonrisa de Tony se ensanchó ante el gesto y sus ojos se posaron en los de Steve, que con cada embestida, se cerraban con más fuerza.
De pronto, las sacudidas se volvieron más potentes y mucho más erráticas, y unos minutos después, con graves exclamaciones entrecortadas por la agitada respiración, Steve se quedó absolutamente inmóvil, resoplando con pesadez.

Tony esperó unos segundos antes de separarse de Steve y ponerse de pie con cierto trabajo. Observó su mano, absolutamente húmeda de las cálidas emisiones que había recibido y echándole una mirada a Steve, se dio cuenta que una vez pasado el fulgor de las emociones, lo que quedaba en el rostro del soldado era puro arrepentimiento mezclado con la más sincera confusión.

-No esta simple ¿No? – Preguntó Tony echándole una mirada cargada de oscura satisfacción a Steve que ni siquiera había sido capaz de moverse.