Capítulo 3
Canto r: Los Nacimientos
Los siguientes meses pasaron en una relativa tranquilidad, odiaba a Adelphos, pero el tener ante mí la simple presencia de Mithos, era mucho más que desagradable. Ninguno de los dos me toco hasta mucho después de dar a luz un maravilloso niño al que llamé Eros, como el hijo de la Diosa Afrodita.
Ambos aqueos se volvieron locos con ese hermoso niño, casi no me dejaban estar con mi hijo, si Eros no armaba un escándalo por hambre, no me lo daban, bueno aunque tampoco Eros lograba dormir entre los fuertes brazos de sus padres, esa tarea también me tocaba a mí.
Por 4 meses todo fue una muy "relativa" felicidad, seguía yo en la habitación de Adelphos, pero hubo problemas entre los primos.
— Deseo que a partir de hoy Anaïs se quede conmigo —dijo firme Mithos con Eros en sus brazos.
— Me temo que Atenea la de claras pupilas te ha abandonado primo, pues has abrazado a la demencia si crees que te daré a Anaïs — contestó Adelphos desafiante.
— No te lo estoy pidiendo, te doy una orden como Rey de esta isla que soy —de un arrebató Adelphos le quitó al niño de las manos de Mithos.
— Tú no eres el Rey, eres el hijo del Rey Peleo y si tú eres su amado hijo, yo soy su amado sobrino; hijo de su amado hermano, Peleo no aceptará que me quites a la que ha sido mi mujer por un simple antojo tuyo —desafió con sus palabras.
— ¿Tú mujer? No me hagas reír Adelphos, Anaïs no ha sido mujer de ninguno de los dos, pues con ninguno se ha amado por libre voluntad, pero sin embargo el niño que tienes en tus brazos aún no sabemos de quién es, si es tuyo o mío —mostró su elevada soberbia.
— Eso solo el tiempo lo dirá Mithos, y te lo advierto no te acerques a ella, pues es mía —amenazó.
— ¿Me amenazas? La Isla de Auras la conquiste yo, al igual que a ella, así que me pertenece por derecho, yo simplemente te la di como se la puedo dar a cualquiera cuando se me antoje, así que no busques mi enojo primo —su voz fue atemorizante.
— NO TE ATREVAS A TOCARLA —gritó y se largó de ese lugar.
Adelphos después de esa conversación no me dejaba sola ni a sol ni a sombra, estaba ya obstinada de tanta protección de su parte. Pasaron otros 4 meses y el pequeño Eros caminaba con tan sólo 8 meses de nacido.
— Me has dado un hermoso hijo —dijo Adelphos mirándome a los ojos y acariciándome el rostro.
— ¡Basta! —voltee mi cara, me desagradaba tener que rechazarlo, me amaba tanto, y yo no podía sentir ni siquiera cariño por él.
— Te amo —dijo acercándose a mí.
Te he dicho que no me digas eso –—retrocedí y me acorralo contra una pared.
Sus labios se acercaron y se situaron sobre los míos, sentí que mi cuerpo temblaba, el paso del tiempo al lado de él me hacía débil, me acostumbraba a él, a su presencia, a que me tocase, y prefería la muerte antes de ceder a sus caprichos.
— ¡Tiemblas! Sé que te pones nerviosa cuando me aproximo a ti, sé que me deseas.
¿Desearlo? Sí, sí lo deseaba pero eso nunca se lo demostraría, creo que ese deseo que sentía por él, era una pasión enfermiza que había nacido entre ambos, como esos bajos instintos que hay entre el secuestrador y el secuestrado, o el sádico y el masoquista.
Salí corriendo de ese lugar.
En el 1er cumpleaños de Eros, se dio una gran fiesta que yo organice durante todo un mes, muchos Reyes de tierras lejanas vinieron a conocer al hijo de Adelphos, pues aunque Mithos muriera de coraje, el Rey Peleo había decidido que yo era la mujer de Adelphos y por ende Eros sería conocido como su hijo, el gran Mithos no se dejaba doblegar por nadie, pero tanto su padre Peleo como su madre la ninfa Tetis lograban ser muy convincentes.
La fiesta fue grande y amena, aunque yo no fui más que un florero en ella, no me importo, mi hijo estaba feliz y aunque me doliese reconocerlo, Eros seria respetado por ser hijo de Adelphos un gran y reconocido guerrero de respeto ante el mundo entero.
Canto s: El Paso Del Tiempo
Mi vida continuo al lado de Adelphos, pero ahora estaba con mi hermoso bebe Eros un niño rubio con los ojos grandes y azules como el mar, hermoso y valiente, juguetón y muy travieso, volvía locas a las doncellas de palacio, ese niño era mi razón de vida, mi alegría y mi más grata compañía, aunque seguía sintiéndome inmensamente sola y con mucha falta de amor, pero el solo roce de su pequeña mano con mi rostro era más que suficiente para alegrarme el alma.
Cuando Eros contaba con dos años Adelphos debió viajar a otras tierras, no por negocios o relaciones, sino por conquista, se iría adueñar de alguna otra isla. Durante mis casi 4 años en Ptía, ya muchos esclavos de reinos conquistados había visto.
No habían pasado más d días de que Adelphos se hubiese marchado, cuando una nefasta noche fui nuevamente de Mithos y de su hombría embravecida y deseosa por mi piel.
Dos meses después esperaba a mi segundo hijo, y con la dulcísima espera de una nueva vida, también venía la misma duda que tenía con mi hijo mayor, no sabía de cuál de los dos era el padre. La noche anterior a que Adelphos se marchase había estado con él.
Adelphos al volver y al yo contarle lo sucedido, quiso matar a Mithos, pero casi fue Mithos quien lo mata, la intervención del Rey Peleo, fue la que evito una muerte segura a Adelphos, aunque Mithos lo amaba y sé que no lo mataría, a pesar de tanta pelea los sentimientos de ellos dos eran profundos e intensos el uno para con el otro.
Pasaron 7 meses y tuve una hermosa niña, que al igual que su hermano nació rubia como el sol y con los ojos del color del cielo, le coloque el nombre de Venus, la Diosa del Amor para los señores de Roma.
El tiempo paso inexorable, mi hermosa Venus cumplió 1 año y a los meses mi hermoso Eros cumplió 4 años, 24 años contaban en mi haber, y 6 largos años tenía como esclava en ese Isla.
Canto t: La Oscuridad Y La Luz
Cuando la noche es más oscura es cuando más cerca está el amanecer, eso dicen y es cierto. Adelphos volvió a zarpar a tierras lejanas, ya tenía 1 mes a la mar cuando vi a Mithos caminando con una comitiva de personas por la playa, Eros y Venus iban con ellos, el pánico se apodero de mí parecía tener la intención de zarpar a algún parte, corrí a su encuentro, no quería que Mithos estuviese con mis hijos más de lo necesario.
— ¿A dónde vas con mis hijos? —dije cuando logré alcanzarlos. El sol se ponía intenso en lo alto del cielo.
— Voy de excursión a lo más norte de la Isla —contestó con toda calma.
— Espero que te vaya muy bien, pero mis hijos no van a ninguna parte — cargue a Eros que estaba en el piso al lado de Mithos, y luego se lo di a Télaraco que venía conmigo—. Entrégame a Venus —exigí extendiendo mis manos pues él la tenía en brazos.
— No soportare esta aptitud tuya Anaïs, Télaraco dame a mi hijo —dijo con voz de mando, la joven de Lesbos tembló pero no se movió.
— Son hijos de Adelphos y él no está, así que sólo yo velo por ellos y no quiero que se vayan a ninguna parte contigo Mithos, sabes que las madres mandamos sobre nuestros hijos si el padre no está, así que dame a mi hija —hablé con carácter y no espere, estiré las manos y Venus se inclinó hacia mí.
— Esto lo discutiremos cuando vuelva Anaïs —mencionó con esa mirada penetrante y furiosa que caracterizaban sus fríos ojos azules.
A los tres días Mithos volvió y sí que discutimos
¡Plaz! Una sonora bofetada me partió el labio.
— Nunca te atrevas a desafiarme y mucho menos delante de las personas —estaba colérico.
— Piensa lo que te venga en gana Mithos pero a mis hijos tú no los tocas y mucho menos te los llevas fuera de esta casa, no tienes derecho alguno sobre ellos, no son tuyos —mi majestuosidad de Reina se dejaba ver por primera vez en mucho tiempo. Me tomó con su mano por el cuello y me acercó a su rostro.
— Son mis hijos, nadie puede saber si son míos o de Adelphos, así que no vuelvas a decir que no son míos —era completamente amenazante.
— Eres un idiota, o te quieres hacer el idiota —hable con una lengua muy viperina—. Sabes que son de Adelphos, tanto Eros como Venus son hijos de tu primo, te he visto mirarlos y no te ves en ellos, sus ojos por más azules que sean no son los tuyos y sus cabellos por más que destellen como el rubio sol no son como los tuyos, son de él Mithos, son de Adelphos. Afrodita te maldijo el día que me tomasteis y no tendrás el amor de un hijo nunca, ni tampoco placer ante una mujer —mi lengua era sagaz, me quite la mano del cuello, retrocedí diciéndole la más cruel de las verdades.
— Te he visto tantas veces que ya he perdido la cuenta, te he visto poseer a docenas de mujeres, de tres al mismo tiempo, te he visto poseerme con el más grande de los morbos en tu mirada, pero al final, después de todo, te sientes vació, te sientes mal y el placer de un par de segundos, no complace a tu alma, no eres feliz, te sientes sucio después que me obligas, tu alma y tu corazón están huecos y eso te atormenta, pues tú corazón nunca conocerá el amor…—no sé ni cuantas cosas más le dije, pero lo enfurecí hasta más no poder, gruesas lagrimas salieron de su rostro y tomándome con fuerza de los brazos me gritó a la cara.
TE EQUIVOCAS. MI MALDICIÓN ES HABER CONOCIDO EL AMOR, ES AMAR AL SER QUE MÁS ME ODIA DE TODOS. MI MALDICIÓN ES AMARTE A TI… ¡A TI, ANAÏS!
Me comenzó a besar a la fuerza, hasta arrastrarme a su lecho, yo forcejaba pero como siempre, era inútil.
— SÍ —le grite con ira—. HAZME TUYA A LA FUERZA, HAZME TU MUJER COMO SIEMPRE LO HAS HECHO, POR LAS MALAS, GANANDOTE MI ODIO CADA DÍA MÁS —le arañe el rostro.
Le costaba dominarme, estaba fuera de mí y con todo ese tiempo de trabajo que había tenido me había vuelto más fuerte con cada año, él me arrancaba la ropa, mientras yo le arrancaba los cabellos, me abofeteo pero eso no minimizo mi ímpetu.
— GOLPEAME MALDITO AQUEO, ESO ES LO ÚNICO QUE SABES HACER, ES ASÍ COMO SABES TRATAR A LAS MUJERES, OJALA MUERAS SIN TENER ESPOSA ALGUNA, DESDICHADO.
Forcejeamos por un par de minutos más y cuando ya estaba a su completa merced, Mithos se detuvo mirándome fijamente mientras que con sus manos pegaba las mías de la cama, su cuerpo estaba en el medio de mis piernas.
¡BASTA! —gritó con la respiración agitada y los cabellos pegados a su rostro—. No me amas, y nunca me amaras, pero me aseguraré que por siempre me odies —dijo y conocí en verdad el infierno.
Canto u: La Venganza de Mithos
Me confino amarrada a un tronco por tres interminables días y noches, días en los cuales ordenó que me azotaran 20 veces cada tarde, sentía que moría. Télaraco deseaba ayudarme pero era imposible, ya que por órdenes explicitas nadie podía ayudarme. Sin agua ni comida pensé que sería mi fin.
Algo magnifico sucedió la noche del tercer día, la maravillosa imagen de Afrodita apareció ante mí, yo ensangrentada guindando de mis manos ya que mis piernas no me sostenían, la miré y la sola visión de tan maravillosa Diosa embozo una sonrisa en mi rostro.
— Mithos pagará muy caro lo que te ha hecho, no hay hombre en este mundo que tenga derecho de tratar así a una mujer tan bella —la rabia se dibujaba en sus hermosos ojos.
— Mi Diosa, tú sola presencia ya me alivia el alma —dije, para después con asombro, mirarla recoger agua y dármela de beber.
Una hueste de soldados miraron anonadados como la vasija de agua por sí sola se acercaba a mis labios y yo tomaba con desespero, pues la Diosa sólo se dejaba ver por mí, muy pocos mortales hemos tenido la dicha de poder observar a tal Divinidad.
— Tiene que ser la gran Afrodita que la ha venido a ayudar —dijo uno de ellos.
— Tú ¿cómo lo sabes? —preguntó otro.
— Tan hermosa mujer como Anaïs tiene que ser consentida por tan benévola Diosa.
Afrodita hablo muy poco, como siempre y acarició mi rostro con su mano que parecía hecha de terciopelo.
— Eres mi creación, y aunque no he podido evitarte este destino, te juro Anaïs que te recompensaré, pues algún día mi madre Hera no estará viendo a su amado Mithos y ese día te juro que todo este dolor se acabará —habían profundos sentimientos en su voz y lloró sobre la vasija de agua, sus dulcísimas lagrimas cayeron en el refrescante líquido y con el bañó mi cuerpo sanando toda herida que hubiese en él, eliminando así todo dolor de mí, con su dulce voz curó parte de mi alma al decirme.
— Pronto amanecerá Anaïs, muy pronto.
Desapareció ante mí y no sólo mis heridas habían desaparecido, sino que además yo vestía un atuendo muy hermoso de color rosa, mis cabellos estaban perfectamente peinados, mi cara maquillada, mis sandalias eran doradas y bellas, desprendía mi cuerpo el apacible perfume de las flores, quien me mirase no tendría duda ni por un momento que yo era protegida por la Diosa del Amor.
A primera hora de la mañana Mithos llegó corriendo hasta el patio en donde yo estaba atada, lo esperaba erguida, imponente, sin miedo y muy pero muy hermosa, lo que sé que más le dolería.
— Buenos Días hijo de la Gran Tetis —dije arrogante.
— Al parecer para ti son muy buenos, pero no creo que el resto del día siga así —la malicia se prendió en sus ojos.
— Haz lo que te venga en gana, lo que me hagas no me dañará —mi voz fue suave, melodiosa, dulce y muy, muy tajante.
— Mi Señor —interrumpió un guardia—. Han llegado los Príncipes de Troya, y su padre reclama su presencia —Mithos puso cara de muy pocos amigos, y escupió a la tierra diciendo:
— Estúpido Peleo, haciendo tratos con esa gente avara y comerciante, al menos podré conocer en persona al asesino de asesinos el Gran Stelios —habló como pensando para sí mismo.
¿Stelios? ¿Príncipes de Troya? Me causaron gran curiosidad, cuando el gran guerrero se retiraba, volteo hacia mí y dijo:
— Llévenla a mis aposentos y atenla —ordenó, y mirándome a los ojos me dijo—. Serás la esclava de esta casa, lo que nunca debiste dejar de ser, el tonto de Adelphos se enamoró y te dio muchas comodidades pero él no está, así que esta vez nadie te salvara de mis designios.
Canto v: Los Pensamientos Oscuros
Tal como ordenara el gran guerreo fui a parar a sus aposentos, el solo olor de él en ese ambiente me daba asco. Télaraco me trajo a mis hijos, los extrañaba tanto, los besé y jugué con ellos, la noble mujer de Lesbos me había desatado las manos. Mithos no vendría hasta la noche, tenías muchas ocupaciones ese día.
Cuando era media tarde después de haber comido de una manera decente, Télaraco se marchó junto a mis pequeños, eso sí que tumbo mi ímpetu, amaba a mis hijos más que a nada en el mundo, pero sabía que ellos nunca serían míos, pues siempre y por ley les pertenecían a Adelphos. Me daba pánico pensar en el día que crecieran y se dieran cuenta cual fue la verdadera situación en que fueron concebidos, y ni pensar que les contaran que existía la duda de que tanto Mithos como Adelphos pudieran ser su padre, aunque yo ya estaba segura que eran ambos de Adelphos.
Tantos miedos azotaban mi cabeza, prefería en verdad no estar viva para ese momento, no ha de ser fácil aceptar que tu madre es una mujer cautiva, rebajada de Reina a esclava, que nunca ha amado a tu padre, que fuiste concebido producto de consecutivas violaciones y que además hay dos hombres que pueden ser tu padre. ¡No! Gritó mi mente y traté de alejar mis pensamientos de ese lugar tan oscuro en donde se habían metido.
Canto w: La Fiesta Pagana
La Noche llegó, y Mithos el nefasto entró a su recamara, ese maldito con sus fuertes brazos lograba dominarme con demasiada facilidad, me abrazó inmovilizándome con un solo brazo y me tomó el rostro con la mano que tenía libre.
— Esta noche serás la recompensa de un juego muy divertido —me besó. Le mordí el labio y luego le escupí el rostro, me lanzó en la cama y se echó a reír para mi gran asombro.
— Debería matarte por esto, pero no lo haré, no dañare el premio de esta noche, unas mujeres vendrán a prepararte, te agradecería que colaboraras, pues si no aceptas los términos de este juego, haré que cenes desnuda con los hombres del ejercito… Ahora iré a darle las buenas noches a MIS HIJOS —terminó de hablar con ahínco.
Varias doncellas entraron, me bañaron y llenaron de perfumes, me vistieron con una ropa horrenda para mí, pues era un minúsculo vestido rojo, bastante transparente, me maquillaron definiendo muy bien mis ojos, adornaron mis cabellos con flores, y me dijeron lo que tenía que hacer al entrar al salón en donde se daba la fiesta.
Las enormes puertas del Salón se abrieron ante mí, y camine en medio de muchos hombres que bebían y comían hasta más no poder, al igual que besaban y tocaban a las esclavas sexuales de palacio. Eso éramos "esclavas sexuales".
Mithos me vio y sonrió con malicia, sentado en su trono al final del salón. Todos me veían; con ese atuendo llame la atención pero sólo dos hombres llamaron mi atención, hombres hermosos, altos, uno de contextura más gruesa que él otro, imponentes ambos, de cabellos oscuros y pieles blancas, no era común gente de cabellera oscura entre los grandes hombres griegos, fue cuando supe que debían ser los Príncipes de Troya.
Deje de mirarlos tenía que centrarme en Mithos, llegué hasta él y tomándome de la mano dijo a viva voz:
— Esta noche, en honor de mis nobles invitados, haré un juego y el ganador del juego, tendrá a la más bella de todas las mujeres como premio —Menelao se rio a carcajadas y Mithos se molestó.
— ¿De qué ríes? —preguntó Mithos.
— La más hermosa de todas es mi esposa, Helena —ahora quien rio fue Mithos, yo quería que la tierra me tragase, la vergüenza y humillación por la que pasaba eran demasiado grande.
— Si es hermosa, pero mi bella Anaïs —dijo besándome la mano—, es aún más bella, sin contar con que los dones y favores de la gran Afrodita recaen en ella —la sonrisa de satisfacción de Mithos era única, pude ver entre los presentes al Gran Odiseo, el ingenioso, era notable su desaprobación a todo lo que pasaba, él aunque quisiera ya no podía oponerse.
Canto x: El Juego
— Tenemos en nuestro hermoso patio varios aros en línea, y en la perfecta oscuridad de la noche deberán disparar una flecha que pase por el centro de todos los aros, además que se clave en el árbol que esta al final, pues la flecha no debe de perder su potencia —sonreía muy irónico sabía que pedía algo imposible.
— Te has vuelto loco Mithos, eso es casi imposible – replico el gran Ajax.
— Pues considero que la doncella vale eso y más – respondió.
Yo ni siquiera me movía, trataba de mirar algún objeto para no tener que ver el rostro de nadie, pero la mirada fija que tenía sobre mí uno de los Príncipes Teucros me obligo a voltear a mirarlo, era muy hermoso, de cabello negro como la noche y algo largo, además sus ojos brillaban como las esmeraldas y su piel era nívea y reluciente, sin dura uno de los hombre más bello que había podido admirar.
Todos los hombres salieron eufóricos al patio, yo iba junto con Mithos encabezando la muchedumbre que iba al juego.
— Quiero verte con una sonrisa en el rostro —ordenó.
— No puedo sonreír cuando me muestras como a un trofeo —respondí seca.
— Pues si amas a tus hijos sonreirás, en verdad puedo ser muy malo Anaïs.
Sentí el temor asaltar en mi corazón, sabía que Mithos primero moriría antes de tocar a sus amados niños pero el simple hecho de que me haya amenazado con ellos, me dio pánico, así que tuve que mostrarme gustosa al juego.
— Veamos ¿Quién quiere ser el primero? —dijo alegre con un arco y una flecha en la mano, yo debí sentarme en una elegante silla que estaba a lo alto de unas escaleras, como el propio trofeo era mostrada a la vista de todos.
— Qué tal si usted mi noble Príncipe Stelios lo intenta primero —lo desafió. Aunque intento que sus palabras sonaran amables, no lo fueron.
Stelios así se llamaba quien debía ser el mayor de los príncipes Troyanos, era alto pero no tanto como el menor, pero su cuerpo parecía hecho de acero, no había musculo sin definir, la espalda era muy ancha y las caderas estrechas. Su piel era blanca y lustrosa como la del hermano más joven y en la cara se dejaba ser su rudeza como hombre, tenía una barba de varios días que sorprendentemente era algo rojiza.
El noble guerrero teucro le dio una gran lección en ese momento.
— En verdad es una prueba difícil, la que pones por lograr una noche con tu hermosa doncella, pero debo declinar el reto ya que mi persona, amor y cuerpo están felizmente comprometidos — enseñó la mano en donde tenía la alianza de matrimonio.
— ¡UN HOMBRE FIEL! —gritó en son de burla y todos rieron, pude ver el enojo por el comentario en la cara del otro Príncipe que parecía más joven quizás un par de años mayor que yo, pero el ingenioso Odiseo le quito el sarcasmo a Mithos.
— Pues mi Príncipe Stelios, es usted un hombre muy honorable y digno de respeto, quien sabe respetar a su mujer, tiene buenos valores en la vida y es una persona digna de toda confianza —Mithos obstinado le fue a ceder el arco, sólo por molestar.
— Gracias mi gran amigo, sabes que estoy felizmente casado —colocándose al lado de Stelios también le enseño la alianza a Mithos.
Pues yo soy felizmente soltero —dijo el gran Ajax, y tomó el arco.
En cada aro había un guardia para verificar si la flecha había pasado por el medio de la misma, creo que eran 10 aros y pues los ultimas 6 no se veían gracias a la enorme oscuridad.
5 NEGATIVO —gritó el guardia para indicar que la flecha de Ajax no había pasado la 5ta Diana y por ende había perdido el reto.
Un desfile de hombres paso, hasta el propio Menelao que se hartaba de decir que estaba casado con la mujer más bella del mundo, me deseo para él esa noche.
— Yo deseo intentarlo, si me lo permiten – pidió el otro Príncipe de Troya, el más joven.
Lo detalle nuevamente, era delgado pero muy definido y la armadura plateada lo hacía ver distinguido, no tenía la expresión asesina y dura de los guerreros, muy por el contrario era un joven elegante e imponente.
— Con todo gusto mi joven Príncipe, pero dudo que en verdad acierte, por lo que sé de usted, no es como su hermano, sino que al contrario esta versado en otras artes, como las mujeres —Mithos era descortés e indeseable cuando se lo proponía, pero el joven no se calló.
— No soy un gran guerrero si es a lo que se refiere, no soy amado por Ares como mi hermano, pero es cierto soy versado con las mujeres y amado por ellas, además el gran Apolo me ha dado dones con el arco —fue bastante seco y siniestro en sus palabras.
Ninguno había pasado más allá del 5to aro, el joven preparo muy bien su tiro, y la flecha silbó con fuerza al salir del arco, en pocos segundos se oyeron los gritos.
— 1 Afirmativa…5 Afirmativa…7 Afirmativa…10 Afirmativa, la flecha esta clavada con fuerza en el árbol —se escuchó gritar a diferentes guardias.
— Eso es imposible —dijo con desprecio Mithos, y varios entre ellos los Troyanos caminaron para confirmar con sus propios ojos la gran osadía del joven.
Al Mithos ver la flecha con toda fuerza clavada en el árbol, cerró el puño con rabia pero se mordió la lengua para no hablar.
— Pues permíteme felicitarte hermanito —exclamó el gran Stelios con una gran sonrisa—. Eres capaz de todo por una hermosa mujer— una risa contagió a todos, menos a Mithos.
Regresaron al comienzo de los aros en donde yo me encontraba y me sentí desnuda, más de lo que ya estaba al ver esos ojos verdes clavarse en mí cuerpo.
Un par de guardias me llevaron a los aposentos que esa noche ocuparía el joven Príncipe. Unieron mis manos sobre mi cabeza y las amarraron al copete de la cama, así lo habían ordenado.
Mithos se disculpó un momento de la fiesta y se fue hasta la habitación. Me vio acostada en la cama, intentando en vano desatarme y me dijo con el mayor de los odios.
— Adelphos no volverá en menos de 6 meses, mi padre no vivirá más de dos y yo seré Rey y Señor de esta Isla, así que él no podrá hacer nada por ti cuando vuelva, y desde hoy en adelante más nunca veras a tus hijos, serás el obsequio de esta casa a cuanto hombre este como invitado —la más pura de las verdades salía de sus labios.
Continuara…
Pues Anaïs será el regalo de Thomas por esa noche ¿Qué creen que pasará? ¿Cederá ella ante los encantos del Príncipe Troyano o lo rechazará? No se pierdan el próximo capítulo de esta ÉPICA HISTORIA.
Gracias por todos los reviews que me han dejado, espero que me dejen más.
P.D. quienes gusten pueden pasar por mi perfil y ver el traíler de este fic y de mis otros escritos, además de ver mis otros fics y one shot. El viernes 22 publicaré un One Shot de Thranduil, no se lo pueden perder.
Besos
Stef.-
