III. Extravío
La sangre de los malhechores se esparció por todo el claro. Hinata grito asustada. Sus pupilas temblaban. Sabía que le tocaba a ella.
Sin previo aviso, un kunai salio de alguna parte hacia la espalda de Gaara.
- ¡¡Detrás de ti!! –Gritó Hinata con las pupilas dilatadas.
Gaara se giro con los ojos abiertos de par en par. La arena se abalanzó hacia delante y lo protegió del kunai, que quedó clavado en ella. Gaara respiro aliviado, y miro hacia Hinata con sus fríos ojos, que hicieron que se estremeciera.
¿Por qué aquella ninja lo había avisado? ¿Acaso no le tenia miedo? Aquellos ojos perlados… No mostraban miedo, no ahora. Mostraban… ¿pena, quizás?
Gaara se acerco a ella y se agacho apoyando los brazos en sus rodillas, quedando en cuclillas. La miró fijamente, entornando los ojos, como si quisiera averiguar que había detrás de esos ojos del color de la luna. Hinata estaba por su parte nerviosa, no sabia a qué venia aquella mirada intimidante. Una gota de sudor cayó por su sien.
-¿Por qué?-inquirió Gaara, frío y cortante.
- … ¿E-el que?
- Me has avisado –declaró-. ¿Sabias que la arena me protegería?
Hinata trago saliva. Solo fue un acto reflejo. No tenía una respuesta concreta. ¿Qué haría?
Estaba empezando a pesarle el cuerpo demasiado. Toda aquella sangre derramada, la tensión, el nerviosismo, empezaban a afectar a su organismo. Todo se veía borroso, su chakra estaba debilitado, notó una sensación de embriaguez… Los ojos de Gaara la observaban aun inquisitivamente, aunque ella fue perdiendo la conciencia, de nuevo, y la vista se le nubló, hasta caer hacia atrás, ya inconsciente.
Gaara la miró. Necesitaba saber el porqué del auxilio de la Hyuuga.
"No la mataré aun"-Pensó-.
La necesitaba viva. Así que se arrancó una tira de su larga tela blanca, que llevaba colgada del hombro, llegando hasta un poco mas arriba de las rodillas. La ató como pudo a su costado y apretó.
Por el momento se quedaría por allí.
Neji abrió los ojos. Lo primero que vio fueron reflejos verdes. No reconoció donde estaba. Se incorporó y notó un pinchazo en el brazo donde no tenia las vendas. No le dio demasiada importancia, y se puso de pie. Reconoció el lugar. Estaba en el bosque, había maleza por todas partes.
Necesitaba encontrar a Kiba.
