Hola!
Ya estoy de nuevo aquí, como siempre más temprano de lo que esperaban ejeje
Cap. de tramite pero bastante importante el siguiente capítulo por fin la historia se pone algo más negra.
La llegada de Harry Potter había causado tal conmoción en la comunidad mágica que la noticia ya se había extendido por toda la nación. El hecho de que ''el elegido'' había regresado a Londres ya era el tema de conversación fijo en cualquier lugar donde se encuentre algún mago, bruja, duende o cualquier criatura mágica.
El ministerio de magia se encontraba en caos, la red flu se había congestionado, la entrada de servicio estaba repleta y centenares de magos de todas partes hacían fila en la entrada de visitantes. El personal de servicio y el cuartel de aurores intentaban de alguna manera controlar el ingreso al ministerio e impedir el paso de los reporteros del profeta los cuales tenían totalmente prohibida la entrada.
-Por favor, dígame el motivo de su visita al ministerio-, hablaba lo más alto posible uno de los aurores que se encontraba en la entrada a un mago de muy avanzada edad.
-¿Qué me dice?- pregunto el anciano, que parecía sufrir de sordera.
-QUE ME DIGA CUAL ES EL MOTIVO DE SU VISITA AL MINISTERIO-, grito algo exasperado el joven auror acercándose al oído del anciano.
-LO SIENTO; NO LOGRO ESCUCHARLE- también grito fuertemente el anciano directamente al oído del auror, causando que la voz del anciano retumbe en todo su interior, el auror se alejó y mando a uno de servicio para que atienda al anciano.
-¿Te dejo sordo?-, pregunto alguien a sus espaldas en tono de burla.
Inmediatamente se viro. Ahí atrás suyo se encontraba un hombre alto de cabellos rojos y rostro pecoso que lo miraba sonrientemente.
-Ron eres tu-, dijo el auror jovialmente. –Pues no, pero estuvo a punto de lograrlo.
-Creo que un hechizo muffliato hubiera sido más que suficiente.
-¡Muffliato!- exclamo el auror pegándose sonoramente en la frente. –Ese era el hechizo, en verdad este no es mi día y este lugar esta imposible hoy.
-¡Ja! Dímelo a mí, yo vengo de afuera y créemelo esta mucho peor. – dijo Ron negando con la cabeza. –Se tuvo que utilizar algunos hechizos antimuggles y un par de confundus para evitar que se haga más grande el problema.
-Me imagino- dijo el auror mientras reía. –Yo soy de padres muggle y creo que a nadie se le haría normal ver a más de cien personas haciendo fila en una cabina telefónica.
-Me pueden decir ¿Qué carajos está pasando aquí?-, les interrumpió una acalorada mujer que se hacía paso entre la multitud.
-Buen día Hermione-, saludo cordialmente el auror mientras que Ron simplemente hizo un gesto de saludo con su cabeza.
-Buen día Terry- respondió Hermione a la educación de su compañero y miro con desdén a Ron que mantenía su vista lejos de ella. –Me puedes explicar ¿Por qué tanto jaleo? Y ¿Por qué Smith me tuvo más de media hora en la entrada revisando mi certificado de auror?
-¿Todavía tienes el certificado de auror?- pregunto Ron con una sonrisa maligna en su rostro. –Bueno no deberías culpar al pobre de Smith, después de lo que hiciste cualquiera pensaría que te quitaron el certificado y que estas presentando alguna clase de falsificación.
-Yo no te estaba preguntando a ti imbécil-, respondió Hermione agriamente, mientras Ron mantenía una sonrisa de gusto en su rostro. -¿No sé de qué te burlas tanto? Claro como toda tui carrera ha sido tan mediocre lo único que puedes hacer es tomar mis errores y anotarlos como como una victoria personal, ¿no? Eres simplemente patético Ronald Weasley
-Podrás decir lo que quieras-, dijo Ron manteniendo su sonrisa. –Pero no me vas a quitar el gusto de saber que la sabelotodo, la alumna más brillante de Hogwarts, la lameculos número uno de los profesores, la prefecta perfecta; haya metido la pata como tú lo hiciste.
-Mira puedes mandarte toda esa miarda que hablaste por donde más te entre-, respondió Hermione claramente afectada por todo lo que dijo Ron, el mismo que se alejó, con una sonrisa victoriosa, donde estaba el personal de servicio todavía luchando por mantener el orden.
-No lo tomes en serio tu sabes cómo es él- dijo consoladoramente Terry. –Además tienes que entenderlo, también era su caso y al igual que a ti le costó mucho trabajo conseguirlo.
-No tienes por qué buscarle una excusa. Weasley siempre ha sido un patán de lo último-, dijo Hermione todavía mirando alejarse a Ron, al darse cuenta de la mirada insistente de Terry volvió a enfocar su mente en el lugar en donde debía estar. –Bueno ahora si me puedes explicar lo que pasa.
-Bueno lo que pasa es que Harry Potter llego hoy en la mañana al ministerio de magia y de una manera u otra…
-Espera, ¿Qué?-, interrumpió asombrada Hermione. -¿Quién llego esta mañana a Londres?
-Harry Potter.
-Harry Potter, ¿el elegido? ¿El Salvador del mundo mágico? ¿Ese Harry Potter?
-¿Conoces a otro Harry Potter?-, se burló Terry.
-¿Entonces es él?
-¿El qué?-, pregunto ya confundido Terry.
-El que se va a encargar del caso- dijo Hermione desviando su mirada a la enorme fuente que estaba en el centro del pasillo de entrada en donde una enorme escultura de oro de un joven alto y esbelto con una cicatriz en la frente en forma de rayo, que resplandecía antinaturalmente, empuñaba una espada dirigiéndola hacia el cielo mientras a sus pies decenas de magos y brujas se arrodillaban ante su imponente presencia.
-Bueno ahora que lo dices- dijo Terry meditando muy bien en sus palabras. –Pues sí, algo menciono el jefe sobre eso.
-¿El jefe ya hablo con ustedes?- pregunto Hermione con los ojos abiertos como platos.
-Ah sí, bueno también nos dijo…-, Hermione se dio cuenta que Terry parecía estaba pensando la mejor manera de decir algo no tan amable. –Que cuando llegaras te reunieras inmediatamente con el señor Potter.
-Seguramente no fue exactamente lo que dijo- Terry sonrió de manera idiota y Hermione sin decir más se alejó de él.
Camino a toda velocidad por los ajetreados pasillos del ministerio de magia, empujando a más de un mago al pasar. Al llegar a los ascensores noto que la fila era inmensa así que le sonrió a un tipo que estaba adelante de manera sugestiva y este la dejo entrar antes de él. Cuando por fin llego al piso donde se encontraba el cuartel, después de multiples atropellamientos y pisotones, camino rápidamente empujando a un par de personas hasta que se encontró con la mirada triste de su mejor amiga Ginny Weasley, irónicamente la hermana de la persona que más detestaba en el mundo.
-Ginny-, saludo alegremente Hermione.
Ginny hizo una mueca y siguió caminando hacia los ascensores casi sin prestarle atención. Hermione la observo extrañada, a pesar de todos los problemas que tenía con su hermano ella siempre había mostrado una actitud totalmente imparcial y muchas veces conciliadora. El concepto que tenía sobre Ron se lo reservaba, pero Ginny era la mejor amiga que alguien podría tener y siempre se habían apoyado en todo. No tenía ni idea del porqué de la reacción tan extraña de ella, pero el hecho es que ya era demasiado tarde y tenía que reunirse con Potter lo antes posible, camino rápidamente hacia las oficinas del cuartel de aurores.
Al llegar observo que un hombre alto y de cabellos alborotados y una espesa barba que le daba un aspecto algo indigente caminaba rápidamente a su encuentro, parecía sobre exaltado y furioso.
-¿Eres auror?- pregunto mordazmente el hombre.
Hermione se había quedado pasmada observando al hombre que tenía unos penetrantes y sombríos ojos verdes, subió lentamente su mirada y la pudo observar. Ahí estaba, como iluminada por una luz verdosa brillante, la cicatriz en forma de rayo, ahora entendía él porque del resplandor exagerado de la escultura. Era cierto Harry Potter estaba en Londres y en ese preciso momento estaba en frente de él.
-Le hice una pregunta simple-, dijo Harry cambiando el tono de su voz a uno más agudo y molestoso. –Solo tiene que responder si o no.
Hermione solo hizo un gesto con la cabeza que se podría interpretar muy difícilmente como un sí.
-Pues no lo parece-, respondió Harry con el entrecejo arrugado. En ese momento un dolor intenso invadió la frente de él y no pudo aguantar llevar su mano hacia su cicatriz.
-¿Le pasa algo?- reacciono al fin Hermione acercándose más a Harry y ayudándolo a reincorporarse.
-Solo dime donde está la oficina del jefe de aurores.-, respondió desesperadamente Harry.
Hermione señalo detrás de él y Harry rápidamente se dirigió a la oficina cerrando fuertemente la puerta.
Harry camino con dificultad y se agarró del escritorio para no caerse. Su cicatriz ardía fuertemente y le invadió un fuerte deseo de hacerse daño. Con las manos temblorosas saco de su capa un bolista y agarro de ella un frasco pequeño de donde tomo un par de pastillas. Al tomarlas su mente se relajó al instante y el ardor de la cicatriz fue remplazado por un latido pulsante desde el interior de su cabeza.
-¿Quién es ella?- se preguntó a sí mismo es voz baja. -¿Por qué todo en ella me resulta familiar? Su cabello, su olor, su voz. ¿Quién eres Ginny Weasley? ¿Cómo logras causar este desasosiego en mí?
Sus ojos tristes habían quedado grabados en su mente, lo desolaban, lo volvían vulnerable y a la vez lo hacían sentir humano de nuevo, como si alguna parte de él, que había quedado atrás en la zona más oscura de su interior quisiera volver a salir y ver la luz. Sentía una urgencia tremenda de volver a ver aquellos ojos, de volver a sentir el calor que le producía ese pequeño contacto con su piel, todo en ella brillaba, contrastaba con su oscuridad. Y todo este cumulo de sensaciones nuevas, pero que extrañamente se sentían olvidadas, se juntaba con un miedo y una sensación de angustia que no podía explicar, no podía dejar que eso siguiera sucediendo, ella revolvía su mente y él no tenía permitido que su mente divague, él tenía que estar tranquilo, había luchado tanto tiempo por estarlo. Pero no podía sacarse de la mente a esa mujer y de una u otra forma tenía que averiguar quién era.
-¿Se encuentra bien?
Harry se viro y vio que la joven auror que le había señalado la oficina del jefe de aurores lo miraba asustada.
-¿Cuánto tiempo ha estado aquí?- le pregunto serenamente Harry acomodándose y sentándose detrás del escritorio.
-Entre hace poco, ¿le pasa algo?-, insistió Hermione preocupada.
-¿Por qué no hay nadie aquí?, ¿Dónde están todos?-, pregunto Harry, restándole importancia a la pregunta de Hermione.
-Este… están algo ocupados arriba, tienen un problema en la entrada, nada importante-, respondió Hermione pensando que no era muy oportuno mencionar que el motivo del disturbio era precisamente su interlocutor.
-¿Nada importante?-, pregunto audazmente Harry. –Y como no es nada de mayor importancia se requiere a todo el cuartel del aurores, ¿no?
Hermione se tensó, la voz de Harry le resultaba molesta y su actitud era de lo más arrogante. No podía creer que ese hombre frio y sombrío, que no generaba nada más que temor, sea el salvador del mundo mágico a quien todos veneraban como un dios.
-¿Cuál es tu nombre?- pregunto Harry mientras con un movimiento de varita hacia aparecer una agenda y una pluma.
-Hermione Granger-, respondió rápidamente.
Harry levanto la vista y la observo directamente a los ojos, cosa que puso nerviosa a Hermione, parecía que sus ojos la examinaban como rayos x.
-¿Cuántos años tienes?- le pregunto sin bajar la vista y anotando sin ver en su agenda.
-Creo que tenemos la misma edad-, respondió Hermione tratando de parecer simpática.
-Creo que no entendió mi pregunta, quizás no fui claro-, Hermione volvió a tensarse. –Esperaba un número señorita Granger.
-Veintisiete años-, contesto agriamente Hermione sin bajar la vista, aquel hombre le resultaba muy familiar a un viejo profesor de defensa contra las artes oscuras que había tenido.
-¿Cuánto tiempo lleva trabajando en el cuartel de aurores?
-Seis años, de los cuales los dos últimos forme parte del grupo de investigación especial. –respondió serenamente Hermione.
-Tengo entendido que fue asignada al caso por el cual estoy aquí- dijo Harry sin dejar de anotar en su pequeña agenda. -¿me podía decir los motivos por los cuales se les fue quietado el caso a su departamento?
-El caso sigue siendo de nuestro departamento-, respondió apresuradamente Hermione.
Harry simplemente sonrió sarcásticamente y separo sus manos en gesto de que él no pensaba igual.
-Se filtró cierta información a la prensa.
-¿Por qué la culpa recayó solo en usted?
-Porque yo era la que estaba a cargo.
Harry bajo la mirada al fin y con un movimiento de su varita el papel que estaba totalmente escrito volvió a estar igual de blanco que al principio. Hermione lo miro asombrada ¿Qué clase de juego estúpido era todo esto?
En el escritorio aparecieron los archivos del caso, Harry cogió la primera carpeta.
-La primera víctima, mujer 19 años, madre soltera de una niña de meses, vivía sola en un departamento al norte de Londres. Su cuerpo fue hallado en su departamento, al igual que Anna Kiehl había sido abusada sexualmente y tenía las mismas manchas negras en todo el cuerpo.- relato Harry mientras observaba sin ningún estupor las fotos de la víctima. Hermione lo veía sorprendida, ¿Cómo había logrado memorizar todos esos detalles? Ella lo hubiera logrado fácilmente pero conocía muy pocas personas que tuvieran ese talento. -¿Cómo fueron las investigaciones?
-Por ser el primer caso, se trató de buscar algún tipo de conexión de la chica con el mundo mágico para poder dar con el móvil del crimen. Se revisó el registro de todos los magos y brujas de las zonas aledañas al crimen, se los estuvo interrogando, a uno se lo detuvo tenía antecedentes de ser un mago violento, pero no se llegó a nada a los dos días sucedió el segundo asesinato.
- Lisa Kornelius, danesa, 30 años la mayor del grupo. Sigue el mismo patrón, madre soltera con un niño de apenas un año, vivía sola en las afueras de la ciudad. Al parecer el maldito quiso ser más creativo-, menciono Harry observando detenidamente las fotos. –El cuerpo fue encontrado desnudo y suspendido en el departamento continuo, las mimas manchas negras, las facciones de la víctima habían sido totalmente transformados, tenía la boca desencajada y en sus ojos una expresión de terror-, dijo Harry observando la perturbadora imagen. -¿Qué es ese mensaje que se ve en la pared de al fondo?
- Pari pari, kusha kusha, paki paki, goku -, respondió Hermione sin atreverse a mirar de nuevo aquellas fotos y viendo a Harry que anotaba aquellas palabras en su agenda en la misma página donde había escrito mientras estaba hablando con ella. –Ningún idioma conocido. Cuando sucedió tuvimos que darle un giro a las investigaciones, sabíamos que tratábamos con algún tipo desquiciado que simplemente disfrutaba matar. Nos centramos más en las concordancias.
-Las manchas negras-, menciono Harry cogiendo las dos carpetas siguientes.
-Ningún efecto de algún hechizo conocido las causa-, dijo Hermione con algo de frustración, Harry asintió. –Acudimos a un experto en pociones pero nada, ninguna planta mágica causaría tales efectos.
-Desde ese momento cada día hubo un nuevo asesinato dentro de Londres o en sus alrededores. Las mismas características, pero cada vez más crueles. Siguió con el mismo mensaje, pero cada vez lo mostraba de una manera más impactante- decía Harry mientras pasaba carpeta por carpeta hasta llegar a la última. -¿Por qué con Ana Kiehl fue diferente?
-Unos días antes del asesinato de Ana Kiehl, uno de los aurores que formaban parte del equipo de investigación declaro ante la prensa los avances de la investigación que estábamos realizando-, respondió Hermione bajando la mirada. –La investigación desde el principio se había trabajado bajo absoluta reserva.
-Tu recomendaste a esa persona, ¿verdad?
Hermione alzo inmediatamente la mirada y vio que Harry seguía con la suya fija en la última carpeta. Era cierto, ella había recomendado a ese auror, era por eso que la culpa de todo recayó sobre ella, pero ¿cómo él podía saberlo?
-¿Qué fue exactamente lo que les conto?- pregunto Harry sin esperar la respuesta de Hermione.
-Todo, absolutamente todo. Al día siguiente apareció el cuerpo de Ana Kiehl, una mujer con un hijo ya mayor, que no vivía en Londres y que en muchas maneras era diferente a las otras, fue encontrado en Kent.
-¿Cómo es posible que hayan tenido un auror en Kent?, si todos los asesinatos habían sido en Londres-, pregunto Harry observando de nuevo a Hermione.
-Se me ocurrió que intentaría algo distinto-, dijo Hermione con suficiencia, pero noto que Harry no le impresiono para nada solo la seguía observando, así que se sintió sumamente estúpida y continuo hablándole. –Pense en algunas zonas aledañas a Londres y en otras más alejadas, desplace aurores en todos los lugares donde habían tenido familia las anteriores víctimas.
-Han pasado una semana y aun no se ha sabido de ningún otro asesinato, ¿Por qué?- pregunto Harry, más para sí mismo que para Hermione.
Harry observo de nuevo la foto de Ana Kiehl, era obvio que el asesino definitivamente estaba en Londres, pero no precisamente iba a realizar sus actos solo ahí, este hecho lo complicaba todo aún más.
Por años Harry se había internado en la mente de los dementes más crueles y calculadores y había notado que los magos y brujas dementes tienen una proporción y una 'habilidad' mucho más artística para saciar su apetito de matar, él era famoso en Bulgaria por comprender como la creatividad y la genialidad de un mago puede intentar escapar de su mente de las maneras más atroces. Pero este asesino en particular tenía algo especial, no lo entendía del todo, pero había algo familiar en su manera de actuar, algo que era conocido para él, pero sabía que nunca antes lo había visto.
Alguien toco la puerta al otro lado, Harry sin dejar de sostener la última carpeta hizo que la puerta se abriera con un movimiento de su varita. En seguida una mujer bajita y bastante rechoncha apareció en la habitación, su cara era pálida y sus ojos eran grandes, redondos y saltones, no tenía casi cuello y ese pequeño detalle trajo a la memoria de Harry a su tío Vernon.
-Buenos días señor Potter-, dijo la bruja con una voz aguda que molesto de sobremanera a Harry, algo en esa mujer le molestaba o quizás todo en ella era molesto. –Soy Dolores Jane Umbridge, el primer ministro me pidió de favor hacer las veces de su secretaria mientras este aquí. En realidad no encontraba una persona que estuviera más calificada que yo-, dijo con una sonrisa de autosuficiencia. –Aquí le traje esta carpeta donde encontrara…
Harry con un movimiento de su varita hizo que la carpeta que estaba en las manos de Umbridge volara hasta llegar a las suyas. En ella se encontraba el extenso curriculum de la mujer. Harry hojeo sin prestar mucha atención a las numerosas páginas e inmediatamente dejo la carpeta encima del escritorio.
-Yo no pedí ninguna secretaria- dijo simplemente Harry, mientras que Hermione removía nerviosa algunas de las carpetas que tenía en su bolso.
-Bueno señor Potter, el ministro pensó…
-El ministro siempre piensa muchas cosas, de las cuales ninguna me interesa-, respondió Harry irritado, no soportaba la vocecita de aquella mujer.
-Pero señor Potter lo único que desea el ministerio de magia es su comodidad.
-¿En serio?-, pregunto incrédulamente Harry. –Si hubiera sido así me hubieran dejado en Bulgaria en paz. Además no me sentiría nada cómodo si tuviera que ver todos los días su rostro, no me dejaría trabajar en paz.
Umbridge apretó los dientes y enseguida agarro la carpeta que se encontraba encima del escritorio de Harry no sin antes dirigirle una mirada asesina a Hermione que intentaba ocultar su risa lo mejor que podía.
Harry volvió a dirigir toda su atención a la carpeta de Ana Kielh, mientras que Hermione trataba de recuperar la compostura.
-Quiero que averigües porque todavía no ha llegado mi equipaje, necesito enviar una carta y mi lechuza todavía está en control de criaturas mágicas. Además quiero que convoques a una reunión a todos los que formaron parte de la investigación para hoy a las tres de la tarde, no importa que el mundo se esté acabando allá arriba los quiero a todos aquí.
Hermione lo miraba sorprendida y sin decir ni una sola palabra, se quedó algún momento así hasta que Harry la miro.
-¿Entendiste o quieres que te lo escriba en un papel?
-SOY UN AUROR NO SU SECRETARIA -, respondió histérica Hermione, pero ante la mirada de Harry volvió a bajar el tono de voz. –No sé qué le dijeron, pero yo no soy una novata, ni una becaria, a mí me asignaron a este caso como su compañera y yo no pienso trabajar en…
-Trabajaras en lo que yo quiera-, le interrumpió Harry, sorprendentemente sereno. –Por ahora necesito que hagas eso…-, Hermione estaba a punto de protestar pero Harry la detuvo. –Y si no estás conforme, ya escuchaste el ministerio quiere mi comodidad y yo puedo decir que no me siento cómodo trabajando contigo, ¿entiendes?
Hermione se mordió el labio para retener todos los improperios que estaba a punto de soltar, ¿Qué se creía este tipo? Harry Potter era un tipo insoportable y al parecer estaba demasiado acostumbrado a salirse con la suya. Hermione quería demostrarle que ella no era la niña estúpida y manejable que él creía pero estaba segura que eso le costaría el caso y quizás hasta su trabajo, si quería demostrar su valía tenía que soportar al pedante de Harry Potter. Así que con su mejor sonrisa fingida se levantó, al darse cuenta que Harry no la miraba hizo una reverencia exagerada y salió de esa oficina.
En una semana su vida se había vuelto un verdadero caos y la llegada de Harry Potter hacia que todo ese caos interno se exteriorizara a su alrededor. Su trabajo que era lo único que en verdad disfrutaba en su vida ahora era un infierno, sentía que había retrocedido, que todos estos años no habían valido para nada.
-Pretensioso, idiota-, hablaba furiosa mientras caminaba por el pasillo hacia los ascensores.
-Hermione- una voz la saco de sus pensamientos.
Para ponerle la cereza al pastel la persona con la que menos quería tratar ahora estaba en frente de ella. Definitivamente este no era su día.
-No estoy de humor para tus estupideces-, dijo ella dándole la espalda y siguiendo el camino hacia su cubículo.
Ron la siguió y se colocó de nuevo enfrente de ella.
-No seas idiota, ahora no tengo tiempo para eso-, dijo secamente Ron. -¿Sabes si le paso algo a mi Ginny?
-¿Por qué lo preguntas?-, dijo Hermione mirando por fin la cara de preocupación del hermano de su mejor amiga.
-Mi madre me envió una carta, me dijo que Ginny había ido a la madriguera y casi sin dirigirle la palabra se había encerrado en su antigua habitación.
-La verdad es que la note rara conmigo hoy-, respondió Hermione pensativa. –Pero pensé que era por los problemas que he tenido contigo.
-Ella nunca toma parte de nuestras peleas-, dijo Ron como si de algo rutinario se tratase. –Además siempre se pone de tu parte, así que lo dudo.
-¿Por qué será?-, dijo sarcásticamente Hermione.
-No empieces-, dijo Ron agriamente. -¿Tendrá algo que ver él tipo estúpido ese con quien estaba saliendo?
-¿Dean Thomas?- pregunto Hermione con las cejas alzadas. –Dean será todo menos un tipo estúpido-, Ron bufo, -además dudo mucho que Ginny se tome muy enserio lo de Dean, es más dudo que Ginny tome enserio a alguien.
-No sé si eso sea del todo bueno-, dijo pensativamente Ron.
Hermione rio al ver la expresión boba que se formó en la cara de Ron.
-¿Qué pasa?-, pregunto él con el entrecejo arrugado.
-Nada- respondió Hermione poniéndose roja. –No te preocupes después del trabajo pasare por la madriguera y hablare con ella. Cierto tenemos reunión con ''el niño que vivió'' a las tres.
-¿Por qué lo llamas así?-, pregunto Ron con risa, Hermione solo negó con la cabeza. -Perfecto, la verdad es que muero de curiosidad, me imagino que ha de ser todo un personaje.
-No tienes ni idea-, respondió Hermione mientras se alejaba rápidamente, a tratar de cumplir con todas las exigencias de su nuevo amo.
La antigua habitación de Ginny estaba tal y como ella la recordaba, habían pasado un par de años desde que había dejado la casa de sus padres y había decidido alquilar un pequeño adosado en Londres, pero al parecer su madre había decidido mantener su habitación como un santuario. Y qué bueno que lo haya hecho así, porque ese era el único lugar donde podría desahogar todo aquello que oprimía a su corazón.
Harry Potter había vuelto. Diez años tratando de hacerse a la idea de que él nunca volvería, tratando de olvidarse de él y arrancar todo ese dolor de su corazón, ¿para qué?, para que el vuelva y ella se evidenciara de esa manera tan estúpida. Se había mostrado tan débil ante él, que no se sorprendía de la actitud que había mostrado.
-Para él no significaste nada Ginny- se dijo a si misma mientras observaba su rostro en la en el espejo que tenía en su habitación. –Lo esperaste mucho tiempo después de la muerte de Tom Riddle y el nunca volvió.
Suspiro y camino hacia el otro lado de la iluminada habitación, donde había una pequeña cajonera con una combinación de colores bastante peculiar. Abrió el cajón más bajo, que estaba lleno de chucherías y cosas que a primera vista parecían carecer de importancia. Con un movimiento de su varita una hermosa agenda con una letra G dorada en su centro se materializo encima de todas las chucherías. Con su mano toco la pasta superior del mismo y la letra G comenzó a cambiar de colores mientras se hacía más pequeña. De la nada apareció una letra H al otro extremo de la página con los mismos colores de la G, alrededor de las dos letras se dibujó muchos corazones de colores que empujaban a ambas letras hasta quedarse lo más juntas posibles. Ginny sonrió y saco el pequeño cuaderno.
El cuaderno estaba totalmente escrito y tenía muchos dibujos y algunas fotos de ella con diferentes expresiones en el rostro. En la mayoría tenia párrafos cortos con menciones a algún poema conocido que siempre terminaba con las letras H y G. Paso rápidamente las paginas hasta llegar a la última donde estaba un hermoso dibujo de ella abrazando por detrás a un hombre alto y con cabellos alborotados, con unos hermosos ojos verdes y una cicatriz en la frente, él agarraba dulcemente su brazo y sonreía radiantemente.
-Soñé muchas veces con este momento Harry-. Se dijo mientras que con su varita arreglaba el dibujo para que la mano de aquel hombre quedara totalmente extendida hacia el suelo y su rostro quedara en blanco. –Me lo imagine de mil maneras, en unas había una razón por la cual nunca volviste y yo volvía a ti sin pensarlo o simplemente me envolvías entre tus brazos y me besabas con la misma urgencia que la última vez y yo volvía a ti sin pensarlo también-, hizo aparecer un lápiz y dibujo el rostro de aquel hombre con una expresión sombría, sus ojos verdes ahora carecían de brillo y su rostro estaba cubierto de una espesa barba. –Pero hoy volviste y veo que haz decidido a olvidarme, cosa que yo también debí haber hecho.
El rostro de la mujer que antes parecía relajado y brillante, ahora demostraba tristeza y parecía que se aferraba con desesperación de la espalda de aquel hombre.
-Siempre me aferre a tu recuerdo, a pesar de que sabía que no estaba bien y ahora que regresaste me doy cuenta que nunca podré olvidar a ese niño que conocí aquella vez con esos hermosos ojos verdes que me miraban con curiosidad, de aquel joven que me enamore, que me beso por primera vez, el cual creí que me amaba y al cual voy amar por el resto de mi vida.
Una lagrima resbalo por su mejilla y callo directamente en el rostro del dibujo, esta desapareció inmediatamente y el dibujo mágicamente se llenó de lágrimas.
Eran las 3 de la tarde en punto y todos los aurores que formaron parte del grupo de investigación estaban ya esperando la llegada del famoso Harry Potter. Eran un grupo de seis aurores de todas las edades y especialistas cada uno en diferentes ramas. La expectación y el nerviosismo se sentían en el aire, claro uno no ve todos los días a un héroe como decían algunos. Hermione por su parte estaba en un rincón mirando la puerta fijamente esperando que Harry entre de un momento a otro y este no se hizo esperar más.
-Buenos días-, saludo con su voz parca Harry mientras entraba rápidamente a su oficina, sin dirigir su mirada particularmente a nadie se sentó detrás de su escritorio. –Señorita Granger lo que le pedí.
Todos dirigieron su mirada a Hermione que salió de detrás de un auror calvo. Ella se dirigió rápidamente hacia Harry y le dejo en su mano seis carpetas algo polvorientas, al regresar a su lugar se pudo fijar en la sonrisa burlona de Ron.
-Muy bien, le pedí a la señorita Granger que busque en los archivos el curriculum de cada uno y que me detalle en que parte de la investigación estaba trabajando cada uno de ustedes-, dijo mientras abria una de las carpetas. -Esta noche las revisare con más cuidado, por ahora vamos a centrarnos en cómo será tratada la investigación de aquí en adelante. Pero antes quiero aprenderme el nombre de cada uno de ustedes. Ya conozco a la señorita Granger quien era la que estaba a cargo del caso anteriormente-, dijo mientras señalaba a una callada Hermione que no movía su vista de un punto fijo atrás de Harry. –Ahora, aquí tenemos a Terry Bones- Harry alzo su mirada.
-Mucho gusto señor Potter- se dijo acercándose aceleradamente al escritorio de Harry y estrechándole la mano, Harry se hizo para atrás asustado. –Para mí es un placer conocerlo y espero aprender mucho de usted.
Terry volvió rápidamente a su lugar casi tropezándose con la silla que estaba detrás de él. Harry lo miro con desdén.
-Muy bien evitémonos esto-, dijo Harry de manera molesta. –Todos aquí están encantados de conocerme, ¿no?- todos se miraron, mientras que una callada Hermione mordía nerviosamente sus uñas. –Todos están encantados de conocer al héroe que dicen que soy, ¿no? Quiero que les quede claro algo, aquí están para trabajar y cumplir mis órdenes. Yo no sé quién les dijo que yo venía a enseñarles algo o a gastar mi tiempo en ustedes. No vine a dar ninguna charla motivacional, ni ningún seminario, aquí estoy para trabajar, ¿entendido? Y de una vez, si alguien no está de acuerdo con mi estilo, no le gusta mi manera de trabajar o simplemente no cumplí su estándar de héroe, pues ahórreme el tiempo y salga de esta oficina.
Los aurores se miraron entre sí, pero ninguno salió de aquel lugar.
-Muy bien-, dijo Harry que siguió rápidamente con los demás nombres de su lista hasta llegar al último. –Ronald … Weasley-, Harry inmediatamente alzo la mirada y observo detenidamente aquel hombre que ahora lo saludaba atentamente, pelirrojo y muy parecido a aquella mujer.
-Mucho gusto señor Potter-, dijo jovialmente el joven auror que parecía tener su misma edad al igual que Hermione.
Inmediatamente una idea rondo por la cabeza de Harry, tenía que tener a ese tal Ronald Weasley lo más cerca posible.
Espero les haya gustado un enorme saludo y gracias por sus comentarios….
