Watamote pertenece exclusivamente a Nico Tonigawa al igual que todos los personajes de la serie. Lo único mío es la historia, gracias por leer.


—¿Mesa para dos?— Preguntó la agradable dependienta, mostrando una sonrisa mientras nos entregaba las cartas donde estaban los menús.

—Sí, si es al lado de la ventana, mejor.— Respondió Tomoki tomando las dos cartas y entregándole una a su hermana.

—Por supuesto.— Respondió con una pequeña risa la camarera haciendo un gesto con la mano para que la siguiéramos.

Cuando llegamos a nuestro sitio, la chica sacó una libreta. —¿Qué desean de beber?— Preguntó mientras del bolsillo de su camisa sacaba un bolígrafo.

—Yo só-sólo quiero agua.— Dijo Tomoko casi en un susurro, mirando fijamente sus rodillas, sin cruzarse la vista con la camarera, por vergüenza. Porque, qué decir, la chica era bastante guapa; pelo castaño claro, ojos oscuros y el uniforme le sentaba bien aunque fuera compuesto por una camiseta y un pantalón. —Yo tomaré un refresco de limón.— Dijo Tomoki haciendo que la mayor saliera de sus pensamientos.

—¿Y tienen pensado lo que van a cenar?— Preguntó la chica anotando las bebidas en la libreta, y volviendo a mirar a los hermanos.

—Sí.— Respondió Tomoki, ya que Tomoko no se dignaba a abrir la boca. —Una de queso y otra de carbonara.— Dicho ésto, la camarera con una pequeña reverencia, se adentró en la cocina para entregar el pedido.

Los dos hermanos se quedaron solos y la pobre Tomoko pudo respirar tranquila y aliviada, odiaba estar delante de gente y más si se trataba de una chica, y más si la chica era guapa.

—"¿Qué pensará outoto de ella?"— Tomoko miraba a su hermano, el cual estaba simplemente admirando la belleza del restaurante. —"Quizás debería preguntarle..."— La morena abrió la boca para hablar pero el pequeño la interrumpió.

—Creo que éste sitio es un poco caro, pero no creo que me cueste más de lo que llevo encima.— Comentó mirándola. —"Es cierto, no hemos mirado el precio de nada"— Pensó la mayor mirando la cubertería. —No te preocupes enana. Ayudé al padre de un amigo con una mudanza éste verano, y ahorré bastante para algo... especial.— Esa última frase no fue escuchada por la mayor.

—Bueno, tú verás, eres tú el que me ha roto la consola y quien debe compensarme por los daños causados emocionalmente.— Dijo la morena cabizbaja recordando aquel último "crack" que escuchó antes de decir adiós para siempre a su PSP.

—¿Me lo vas a estar recordando toda una vida?— Preguntó Tomoki rodando los ojos, resoplando y mirando hacia otro lado.

—Sí, hasta el día en que nos casemos.— Dijo Tomoko enfadada, pero, se dio cuenta de sus palabras y los dos hermanos se miraron sonrojándose un poco. —Nos casemos con nuestros respectivos, ya sabes ¿No? No quería decir que nos vayamos a casar...— Aclaró la morena, nerviosa, moviendo las manos en señal de negación.

—"¿Cómo eres tan tonta?"— Pensó Tomoki aún mirándola sonrojado, pero antes de poder decirle cualquier cosa, la camarera apareció con las bebidas.

—El agua por aquí...— Puso el vaso y la botella en el sitio de la mesa donde estaba Tomoko y cogió el abridor de la bandeja para abrirla, volvió a dejar el abridor y agarró el refresco del menor. —Y lo otro por aquí.— Concluyó dejando la bebida en el sitio del menor. —Las pizzas estarán dentro de nada, gracias por la espera.— Los dos hermanos sonrieron a la camarera y ésta se alejó, ésta vez a atender a más clientes. Tomoko la siguió con la mirada y después miró a su hermano que estaba dando un trago a su refresco.

—¿Te parece guapa?— Preguntó la mayor secamente. Tomoki casi se atraganta por la pregunta y mirando a su hermana confuso le negó con la cabeza. —No me jodas, dime la verdad... Es guapa.— Dijo casi en un susurro.

Tomoki, dejando el vaso en la mesa, miró a su hermana. —Me gusta más el pelo moreno... Me parece más atractivo.— Comentó mirando hacia otro lado. Tomoko simplemente sonrió. —"Yo tengo el pelo muy negro"— Sonriente se tocó el gorrito que le había regalado su hermano. —"Esa zorra no podrá seducir a mi hermano." Pensó para sí mientras miraba a la chica alejarse hacia la cocina.

—Onee ¿Te has dado cuenta de lo grande y lujoso que es éste lugar?— Preguntó Tomoki aún mirando y observando cada minúsculo rincón del restaurante.

Las paredes eran lisas, de un color granate. Tenían algunos cuadros, fotos con celebridades que habían pasado por ahí y algún que otro adorno pintado en blanco haciendo un bonito contraste. Miraron hacia arriba y divisaron un techo de madera oscura, del que colgaban una preciosas lámparas de araña con luz blanca, evitando que el granate diera un toque demasiado sombrío al lugar, pero aún así dándole un toque... romántico. Las mesas estaban cubiertas por dos manteles; el más grande y que cubría hasta los pies de la mesa era de terciopelo granate, muy suave; el otro era de tela, blanco y más corto, llegaba un poco menos de la mitad de la mesa. Los vasos reflejaban la tenue luz de una vela que se hallaba en el centro de la mesa, a la que los dos hermanos se quedaron mirando.

—Es bonita...— Susurró la mayor tomando el recipiente que contenía la vela con las manos y acercándosela a la nariz. —Huele como a fruta... melocotón creo.— Sonrió y extendiendo sus pequeños brazos, se la entregó a su hermano. —Mira, huele.— Tomoki agarró el recipiente con una mano, rozando levemente la de su hermana, Tomoko enseguida la apartó algo sonrojada, pero no le dio importancia y miró a su hermano esperando algún comentario. —Sí, huele a melocotón.— Se sonrieron mutuamente y el menor dejó la vela donde estaba, puesto que veía a la camarera detrás de su hermana que se acercaba con las dos pizzas.

— Aquí tienen sus pizzas, que aproveche la cena.— Con una dulce sonrisa la camarera dejó los correspondientes platos en la mesa. La morena la miró con repulsión, pero menos mal que la pobre chica no se dio cuenta y simplemente se retiró a seguir con su trabajo.

La mayor, con la baba casi colgando, se frotó las manos deseando hincar el diente a esa deliciosa pizza. —Qué rico...— Susurró mirando fijamente la comida que ya estaba partida en ocho pedazos iguales; se dispuso a coger uno, cuando su hermano carraspeó llamando su atención. Ella apartó sus manos rápidamente y le miró asustada. —¿Qué he hecho?— Preguntó algo molesta, le había quitado de poder deleitarse con el sabor de tan delicioso manjar.

—One... Los cubiertos están para algo.— Le reprochó el menor, enseñándole los cubiertos que yacían en la mesa.

—Tomoki... Con las manos, es mejor.— Haciendo caso omiso a su hermano, la mayor agarró un pedazo de pizza con las manos y comenzó a comer. Tomoki miró a su alrededor y divisó como todo el mundo que comía pizza estaba utilizando los cubiertos. —"Vaya, qué refinados... Ni que fuera pecado comer una pizza con las manos"— Pensó mientras veía la cara de felicidad de su hermana, comparándola con las caras de amargados que tenían algunos del restaurante, así que no dudó más e imitó a Tomokio cogiendo un pedazo con las manos y llevándoselo a la boca. —Onee, tienes razón. Con las manos es mucho mejor.— Concluyó Tomoki sonriendo al ver a su hermana como reía y asentía.

Mientras cenaban, Tomoko miró por la ventana. Había comenzado a nevar.


¡Hola! Estoy muy muy feliz porque he recibido un comentario nuevo procedente de - Bertha Nayelly - ya pensaba que mi historia no le iba a gustar a nadie xD, y me han dado muchas ganas de seguirla. ¡Te agradezco tu comentario!

Bueno, quizás éste capítulo es un poco más espeso, pero aún así es bonito ¿No? ^_^ Al menos, a mí me lo parece. En el próximo capítulo, Tomoko y Tomoki ya comenzarán su vida rutinaria de nuevo. ¿Seguirán tan unidos? ¿O Tomoki volverá a pasar completamente de su hermana como habitualmente? Oh, pues, ¡Seguid leyendo!

Un saludo y muchos besos. ¡Hasta otra!