Luna Roja

Capítulo III

Lagrima de sangre

Lo que en un tiempo había sido un palacio imponente y lleno de maravillosos tesoros ahora era un palacios en ruina. Aquellos tesoros que lo habían cateterizado ahora eran más que trastes viejos… si el gran palacio Malfoy ahora estaba en ruinas, había perdido esa gloria que con tanto esfuerzo habían logrado mantener y enorgullecerse sus habitantes durante siglos y siglos.

Aun así, en esos momentos después de unos meses de que había terminando aquella guerra sangrienta y que la mansión fuera una de las bases de los mortificas alojando en sus imponentes paredes al que no debe ser nombrado, aun así. La mansión seguía mostrándose imponente aun con aquel aire lúgubre y tenebroso debido a la magia oscura que fue practicada en ella.

La gótica mansión seguía en silencio. La familia Malfoy contaba con solo tres integrantes quienes cenaban en silencio. Solo se podía escuchar los cubiertos golpear el juego de bajilla de cristal. La mesa estaba rebosante de alientos dignos de un dios.

Dos candelabros con cuatro velas cada uno les brindaban la luz necesaria para ver aquellos alimentos que ingería lentamente.

Lucios estaba a la cabeza de la mesa, del lado derecho estaba sentada Narcisa y del izquierdo Draco.

Lucios tomo una copa de vino. Su rostro estaba un poco demacrado debido a todos esos meses intensos de lucha constante para sacar un poco el patrimonio y el honor de su familia el cual ya no era mucho.

Los arboles del bosque que rodeaba la mansión se mecieron todos al mismo tiempo y las cortinas que cubrían los grandes ventanales del aquel comedor señorial danzaron como olas apagando las velas de uno de los candelabros y parte de las otras velas del segundo candelabro.

Lucios miro hacia el ventanal y allí dos pares de ojos que lo aterraron le miraban fijamente.

Lucios sintió como su corazón latía cada vez con más fuerza y violencia. Su cuerpo se estremecía al tiempo que esa corrientes frías atravesaba su cuerpo tembloroso a causa del terror.

Hacía ya un año que él había visto aquellos ojos. Esos ojos fríos llenos de malicia, llenos de deseo de sangre y sobre todo vacios y carente de cualquier sentimiento. Esos ojos de los cuales había escuchado cientos de historias de su abuelo y padre.

Esos ojos a los que debía reverencial.

Y sin perder tiempo en divagar y comparar aquellos ojos con algún ser retorcido se levanto con movimientos pausados y sobre todo sin perder el temple y la elegancia en sus movimientos.

Narcisa y Draco miraron a Lucios y su rostro pálido y lleno de sorpresa mirando fijamente sin perder de vista la ventana por donde un viento frio que los hacía estremecer y le causaba un sentimiento de terror inigualable les invadía. Ambos miraron la ventana en busca de aquello que Lucios miraba con espanto.

Y fue allí que ambos pudieron ver un hermoso lobo con ojos plata mirarlos fijamente como si fiera una gárgola vigilante. Como si el fuero un depredador y ellos sus presas acorraladas.

No había nada de extraordinario en aquel lobo, en el bosque que rodeaba la mansión habían muchas manadas. Eran los animales favoritos de Draco. Pero lo extraño era que aquel lobo les causaba aquel terrible sentimiento. Era como estar en la presencia del que no debe ser nombrado. No esa sensación no se podría comparar con ese sentimiento de miedo. Este sentimiento era peor, mil beses peor. Porque con lord Voldemort sabias a qué atenerse, pero con esa extraña criatura que se atrevida al pisar la mansión Malfoy no sabían que esperar. Lo lógico sería lanzarle un hechizo y ahuyentarlo ya que no podían usar sus varitas para conjurar la maldición acecina. Pero ese método no podría usarlo ningún Malfoy ya que sus varitas tenían un hechizo que alertaría al ministerio de magia si ellos conjuraban alguna maldición imperdonable otorgándole así como premio un boleto sin retorno askaban, y ellos no estaban dispuesto a perder la poco libertad que les quedaba.

Las nubes eran arrastradas por el viento cubriendo la poca luz de la luna roja. Dejando en penumbras aquel comedor, cubriendo con su manto oscuro al lobo que simplemente se desvaneció en aire.

Narcisa y Draco tomaron sus varitas, no estaban dispuestos a correr ningún riesgo, aunque el lobo hubiera desaparecido antes sus ojos, aun así podía sentir su presencia, aquella extraña sensación que nublaba sus mentes, dominaba sus razones y sus cuerpos.

El lobo aulló y el aullido se pudo escuchar dentro de la mansión. Narcisa ahogo un gritillo de terror. Como lo había sospechado desde un principio aquel lobo era un ser mágico, un ser terroríficamente mágico. Y eso lo hacia un peligro eminente para su familia.

Draco se apresuro acercarse a su madre ya que su padre se encontraba en una especia de transe que no se preocupo por proteger a la única mujer en aquella mansión.

-¡Lucios… Lucios…! ¿Qué es ese lobo? ¿Por qué ha podido burlar la protección de la mansión tan facialmente? –Lucios miro a su esposa que era resguardada por Draco mientras mantenía su varita en alto manteniéndose en guardia.

Lucios suspiro comprendiendo el estado de alerta de su familia. El tambien lo estaría si no fuera reconocido aquel lobo y en el fondo le agradecía a Merlín que se fuera aparecido en esa forma y no la verdadera. No querría ni imaginase los problemas que le causarían a los nervios de su esposa. Y el que creía ingenuamente que sus únicas preocupaciones eran las económicas y restituir un poco de su honor perdido.

-No se preocupen. No les ocurrirá nada. El solo ha venido en busca de nosotros… debemos ir a un lugar en la mansión que ustedes no conocer. Un lugar que está prohibido para todo aquel que no sea un Malfoy.

Y sin esperar reacción alguna Lucios abandono el comedor con pasos largos y algo presurosos. No podía llegar tarde.

Después de tantos años ella estaba presente y exigía una audiencia. Estaba algo inquieto y asustado. Si el gran Lucios Malfoy sentía temor de aquella mujer. Esa mujer que solo había visto en contadas ocasiones y que ahora regresaba a su mansión y tambien había un sentimiento maligno dentro de el que empañaba sus otras emociones. Y ese sentimiento era ira. Si sentía ira porque ella los abandonado durante aquella guerra. Ella que tenía que proteger a los Malfoy. Pero que podía esperar de la mujer que dejo morir a su padre como un perro sarnoso.

Draco tomo la mano de su madre y sin decir palabra alguna se apresuro a seguir a su padre.

Draco se sentía extraño, esas sensaciones no eran un buen presagio. Aquel estado de su padre se lo había confirmado y ahora que lo veía mejor los retratos de algunos de sus familiares estaban vacios. Era algo sumamente extraño. A medida que avanzaba por aquellos pasillos que curiosamente daba aquella ala prohibida hasta para su padre que casi nunca se aventuraba por aquellos lugares, incluso los elfos le temían. Siempre creyó que ese lado de la mansión era donde se torturaban a sus enemigos, pero ese pensamiento lo descarto cuando su casa se volvió la base de aquellos mortifagos que incluso se negaban a vagar por aquel lugar. Solo Voldemort se atrevía a caminar por allí con insana tranquilidad.

Draco meneo su cabeza desechando aquellos pensamientos, debía dejar de pensar en los mortifagos y todo lo que estaba relacionado con ellos por los menos unas horas al día.

Narcisa se detuvo abruptamente asiendo que Draco trastabillara un poco.

Draco levanto la mirara para ver a su madre quien observaba con atención a su esposo.

Con manos temblorosas y el miedo a flor de piel Lucios estaba frente a una pared. Era de ladrillos negros y algo mohosos e húmedos.

Con una antorcha encendida. La única en aquel pasillo lúgubre.

Estaban dos metros bajo tierra. Para Draco eso no represento ninguna sorpresa. La mansión tenía cientos de cámaras subterráneas que había ido descubriendo a medida que crecía. Cuando era un niño y se escapaba de sus tutores para explorar y había descubierto gran parte de ellas y por supuesto tambien ese pasillo, aunque nunca se había adentrado en aquel lugar. Ni siquiera sabía que existiera esa pared frente a él.

Con la mano derecha desnuda Lucios la puso en cierto ladrillo que no tenía nada fuera de lo común. Solo era un ladrillo igual al resto. Eso pensaba Draco hasta que la mano de su padre comenzó a sangrar y fue debido a esas filosas agujas que salieron del ladrillo. Esas que solo se podían ver brillantes a causa de la luz de la antorcha.

Tras unos segundos el ruido de unas tuercas girando le dio a entender a Draco y a su madre que el muro rebelaría una puerta o se abriría como el muro que dividía el mundo mágico del muggle en el cardero chorreante. Pero ese ruido solo cedió aquel ladrillo que dejo ver un gran símbolo de oro con un sol y una luna entrelazados y con runas escritos a su alrededor y finos acabados de figuras que incluso Lucios no lograba definir con aquella escases de luz.

Lucios comenzó a girar el símbolo tres veces en sentido de las agujas del reloj y seis en el sentido contrario hasta que todos los picos en forma de estrella de aquel símbolo encajaron a la perfección. Durante unos segundos no se escucho nada salvo la respiración de los tres que era un poco agitada.

Y nuevo se escucharon tuercas, bisagras y cadenas en movimiento. Tambien pudieron captar movimiento bajos sus pies lo cual los asusto un poco. La pare comenzó a moverse hacia arriba, alabándose como unas persianas dejando ver un pasillo oscuro sin luz alguna lo cual perturbo a los tres Malfoy.

-Ya es hora de que conozcan a uno de los secretos de nuestra familia. –les aclaro Lucios dando el primer paso hacia lo desconocido para los otros dos miembros de la familia.

-Espera. –se apresuro Narcisa a tomar el brazo de su esposo algo angustiada por enfrentarse de nuevo a las artes oscura. Ella prefería estar alejada de todo aquello. No quería de nuevo caer en la desgracia. –Lucios… yo no quiero que nos arrastres a nuestro hijo y a mí de nuevo a las artes oscuras… yo no…

-En esta ocasión no tenemos opciones que elegir Narcisa. Al casarte conmigo comenzaste a formar parte de las artes oscuras. Siempre lo has sabido no es así. Los Malfoy siempre han estado rodeados por la magia negra y Draco al ser mi hijo sello su destino, no puedo hacer nada contra lo que me mis antecesores han hecho, salvo seguir con aquello que han jurado. Nuestro honor y supervivencia de nuestra familia depende de lo que veremos a continuación. –Lucios tomo la mano de Narcisa entro en la oscuridad llevándose consigo a la mujer que juro seguirlo hasta que la muerte tocara su puerta y la llevara con ella. Solo así se escaparía de sus garras y la maldad que lo rodeaba.

Draco siguió a sus padres sosteniendo con firmeza su varita. No se fiaba de aquella oscuridad, porque simplemente esta era absorbente, perturbante y sobre todo misteriosa. Esa oscuridad ocultaba algo o a alguien no lo sabía. Miro como su padre los guiaba con un lumux que por más que luchaba contra la oscuridad esta no cedía ni siquiera para ver en donde pisaban. Lo único que sabía Draco era que descendía y descendía tomando varias direcciones. En ese momento no tenía ni la más mínima idea en qué lugar se encontraba. Ya que las múltiples direcciones que habían tomando habían hecho que se desorientara. En aquel laberinto.

El pasillo oscuro llego a su fin cuando frente a ellos dos antorchas revelaban una nueva puerta imponente con dos gárgolas en forma de dragones custodiando la puerta, resguardando recelosamente aquel secreto.

Las puertas se abrieron lentamente cuando Lucios se paro frente a ellas. Los dragones solo los miraban reconociéndolos como legítimos Malfoy.

Y con pasos lentos e inseguros aunque su porte orgulloso no lo demostraba se adentraron más en aquella oscuridad tenebrosa.

A medida que avanzaban velas iban apareciendo flotando en el aire mostrando un camino hasta un gran mueble de espaldar alto de oro y terciopelo rojo en lo alto de una escalinata.

Y a su alrededor cuatro grandes cuadros de los abuelos y padres de Lucios.

Aquellas pinturas recobraron vida cuando las velas frentes a ellos iluminaron sus cuadros.

Miraron con curiosidad a los Malfoy que se acercaban hasta aquella silla.

Draco devoraba todo a su al redor. Las paredes tenían una serie de escritos en runas que él no alcanzaba a descifrar, los grandes muro estaban decoraros con detalles hechos con su mismo material, no había duda que la arquitectura era magnifica, todo en aquella sala era lujosa y antigua, las alfombras valían una fortuna de eso estaba seguro y caminar sobre ella era como flotar. Y entonces Draco se maravillo al ver aquellos cofres llenos de lujosas joyas, monedas de oros, perlas y piedras preciosas. Toda esa riqueza podría mantener a salvo su familia de la ruina, con ella podría vivir hasta sus bisnietos sin preocuparse por trabajar. Ahora la pregunta que surgía en su cabeza era el porqué su padre no asía uso de aquella fortuna para salvar sus empresas de aquella ruina que los asechaba, que esperaba el. No entendía, no comprendía nada ni siquiera el motivo por el cual estaba en aquel templo.

Miro a su madre y comprendió que ella estaba admirando el lugar igual de sorprendida que el. Y fue en ese instante que Draco sintió la presencia escalofriante de aquel ser.

Artemis estaba parado frente a ellos, con sus ojos plata como la luna mirándolos fijamente mientras su cola se mecía lentamente.

Su expresión era burlona dejando ver sus largos y letales colmillos marfil. Y detrás de el sentada en aquella silla una criatura se comenzó a materializar lentamente.

El recinto se enfrió tanto que una espesa neblina cubrió los pies de la familia Malfoy.

Narcisa tomo la mano de su hijo algo temerosa por todo aquella magia oscura que los rodeaba y sobre todo por aquel extraño frio que se le colaba hasta los huesos… la temperatura estaba descendiendo muy rápido y sus cuerpos comenzaron a estremecerse y Artemis seguía sonriendo.

-Artemis querido creo que esa no es la mejor forma de darle la bienvenida a nuestros amigos. –susurro la voz de Hermione que permanecía con una capa negra de terciopelo cubriendo su hermoso y pálido rostro de los ojos curiosos de los Malfoy que temblaron de terror a oír aquella voz suave como la seda que acaricio sus cuerpos como una fría serpiente a punto de devorarlos. –recuerda que ellos son simples humanos y no soportarían una temperatura tan baja por mucho tiempo, sin embargo comprendo porque impones el castigo, a mí tampoco me agrada esperar. –concluyo Hermione a la vez que Artemis dejaba de controlar la temperatura para volver a su lado, colocándose al lado derecho de aquella silla donde reposaba el cuerpo frio de Hermione sentado como una estatua de mármol.

Lucios dio un paso hacia delante poniéndose delante de su esposa e hijo y se inclino en forma de respeto para luego erguirse como una montaña a punto de derrumbase ante el temblor que se apoderaba de su cuerpo.

-Es un honor para nuestra familia estar ante su presencia. –dijo con caballerosidad mientras Hermione lo miraba fijamente con sus ojos rojos estudiando la actitud de Lucios con algo de burla.

-Lo sé. –susurro con arrogancia y una sonrisa burlona que claramente pudieron apreciar los presentes que temblaron de pánico al ver aquellos hermosos colmillos color perla que atraían la muerte y devoraban los pecados.

-¡Un vampiro! – no pudo evitar exclamar alarmado Draco dando un paso atrás.

-Draco. – Narcisa surra alarmada por la imprudencia de su hijo temerosa de lo que podía hacer aquel ser.

-Vaya pero si es el pequeño Malfoy. La última vez que lo mire con mis ojos inmortales fue el día de su nacimiento si no lo recuerdo mal o quizás fue en su segundo cumpleaños... Oh y la hermosa Narcisa cuanto tiempo que no la veía, ahora en sus 38 años. La vida de los humanos es tan corta que parece que fue ayer que contrajiste matrimonio con Lucios. –Hermione hablaba con nostalgia manteniendo su rostro oculto bajo su capa.

-Aque debemos el honor de su visita mi dama. –pregunto Lucios con respeto ante la atenta mirada del retrato de su padre que se mantenía en silencio desde que ellos se habían adentrado en aquel templo.

-Que caballeroso, digno nieto de mi estimado Nicolás. Aunque no tan puntual como él ah la hora que se le es llamado. Pero esos son detalles que espero que perfecciones pronto. Bueno el motivo de mi visita es simple Lucios. Quiero la sangre de tu familia.

Antes aquellas lúgubres palabras Narcisa jardeo y Draco contuvo la respiración mientras Lucios libero el aire de sus pulmones más tranquilo ante la petición de la bella vampiresa.

-Para nosotros será un honor brindarle un poco de nuestra sangre. –Lucios camino hasta posicionarse junto a Narcisa quien palidecía con cada segundo ante las palabras de su esposo que permitiría que la vampiresa tomara su sangre sin oposición alguna.

-¡No…!- Narcisa se negó moviendo la cabeza con movimientos frenéticos, no quería ser un monstruo. No quería que aquellos colmillos penetraran su piel y mucho menos quería que tocara a Draco.

Hermione se rio fuertemente, su sonrisa se entendió a lo largo y ancho de aquel recinto. Artemis miraba indignado y los cuadros colgados en las paredes tambien los miraban con reprobación ante tales faltas de respeto.

-¡Esto es inaudito… un Malfoy oponiéndose a mi pedido! ¿Qué deberíamos hacer para castigar esta osadía? –Hermione miro a los cuadros que asentían con sus cabezas de acuerdo con ella.

-Discúlpela… ella no está informada sobre el pacto. –se apresuro hablar Lucios dejando ver por unos segundos el temor en sus ojos antes las palabras de Hermione.

-Ya veo le has ocultado a tu esposa algo tan importante en lo que ella tambien es parte desde el día que acepto unir su vida a la tuya. Qué gran error no es así Artemis. – Hermione miro a su acompañante que se levanto asintiendo con su cabeza. –aun así, me temo que la ignorancia no es algo aceptable. Porque conservar la vida de alguien que no puede servirme. –Hermione puso rostro pensativo.

-Yo… yo no sé de que están hablando…- Narcisa por más que pretendía mantener su porte no podía, el temor así aquel ser era electrizante. La hacía temblar y sobre todo inmovilizaba su cuerpo.

Draco apuño sus puños, su mente estaba bloqueado, la voz de aquella vampiresa era tan conocida para él, pero no recordaba en qué lugar la había escuchado. Esa voz era hermosa y terciopelada y sobre todo estaba cargada de malicia. Había maldad en ella. Y aquella voz con la cual la comparaba inconscientemente era dulce y armoniosa, llena de coraje y pureza.

Draco miro de nuevo aquella figura. Estaba seguro que detrás de aquella capa se encontraba un hermoso ser que llevaría a la muerte a cualquier humano contar que su sangre calmara su sed. El no entendía porque su prestigiosa familia seguía hundiendo más en la oscuridad, se habían desecho de Voldemort a un alto precio el cual seguirían pagando por mucho tiempo. Se habían librado de askaban gracias al valor y la astucia de su madre y una fuerte cantidad de galones donada al misterio para reparar los daños causados en toda aquella guerra. Pero ahora se presentaba aquel ser, creyéndose la dueña de sus vidas, de sus destinos. ¿Por qué ellos no podían ser libres? Deseaba dejar toda su vida atrás, de aquello de lo que se había enorgullecido tan estúpidamente ahora se avergonzaba.

Estaba cansado de aquella vida. Quería estar en paz consigo mismo, lejos de todos los prejuicios de los que era presa y sobre todo de aquel rechazo con el que los trataba la sociedad. Su apellido y casa ahora no estaban llenos de gloria como antaño. Ahora solo había deshonra y vergüenza en ella. Y todo se lo merecían. El mal que habían hecho durante todos esos años estaba volviéndose en su contra. Aun así, el quería ser libre, quería extender esas alas que le habían sido atadas desde que sus ojos vieron por primera vez la luz.

Draco sin ser consiente apretó sus puños, no hablaba, no preguntaba. Y él no lo hacía porque no veía el sentido de negarse aquello que sin duda serian obligados hacer. No tenía opciones, siempre había sido así. No podía escapar a su destino.

-Lucios acércate y Narcisa no abras tu boca para decir estupideces, en estos momentos no tengo paciencia. Y mi estadía en este lugar no me evoca muy buenos recuerdos, así que espero que honren el pacto que les permite vivir bajo mi protección.

Lucios camino hasta Hermione quien extrajo de la oscuridad una copa de oro con cientos de incrustaciones de piedras preciosas que dibujaban un hermoso dragón en tan inigualable tesoro y se la ofreció a Lucios quien ya había honrado el pacto desde que tenía memoria. Hermione tambien le dio una daga con la hoja de plata que destello cuando la escasa luz de las velas la tocaron.

Lucios tomo ambos objetos sin temor. Se güiro lentamente para ver a su familia que se encontraba alejada de Hermione a una distancia prudente pero nunca suficiente si Hermione rompía el pacto.

-Hace muchos años atrás mi abuelo Nicolás hiso un pacto de sangre con la pequeña dama.- comenzó a contar Lucios a medida que se acercaba a su esposa pálida y temblorosa. –el pacto fue realizado para que nuestra sangre no dejara de existir. Y la vida de mis abuelos junto con la mi padre no desapareciera bajo la amenaza de los hombres lobos. Nuestra ama, los salvo y les brindo la oportunidad de seguir viviendo siempre y cuando ellos juraran servirle en vida y en muerte. No hay escapatoria el destino de todos los Malfoy están condenado desde aquella noche. Todos debemos honrar el pacto ya que nuestras vidas son protegidas por el ama. Nuestro linaje no se perderá siempre y cuando obedezcamos sus mandatos y vivamos bajos sus reglas. –Lucios le ofreció la copa a su esposa y con la daga corto su muñeca ante un jardeo de Narcisa que daba rienda suelta su llanto.

Lucios dejo caer las primeras gotas de sangre sobre la copa mirando fijamente a los ojos enrojecidos de su esposa.

-Esto es indignante una Malfoy llorando por rendir honor algo tan importante que asegura hasta su propia existencia. –exclamo Andrómeda desde su cuadro indignada por lo que estaba presenciando a las vez que Leonor asentía con su cabeza fervientemente de acuerdo con su suegra.

-Las lágrimas son algo repugnante para un Malfoy. No importa la situación en la que nos encontremos, no debemos llorar y mucho menos mostrar nuestros temores frente a otros. –recito Leonor una de las tantas reglas que debían cumplir los Malfoy para resguardar el honor.

Narcisa ignoro las palabras de su suegra y tomo con su mano temblorosa aquella daga que le era ofrecida por su esposo que fruncía el seño ante los comentarios de su madre.

Con indecisión corto su piel dejando en liberta su sangre que no tardo en dejar caer en aquella copa que sostenía Lucios con firmeza.

Hermione observaba todo en silencio. No quería involucrarse en las críticas de Andrómeda y Leonor. Las conocía a ambas y sabia como trabajaban sus cabezas en cuanto a deber de una mujer perteneciente aquella familia.

Miro tambien a Draco detenidamente. Se veía diferente un poco más alto y más delgado. Sus ojos parecían perderse en el infinito. Estaban vacios y fríos. No había luz ni esa chispa de malicia que siempre había apreciado en sus años como humana. Había cambiado, la guerra habían hecho de el aquel ser distante.

Lucios le ofreció la daga a su hijo y este lo tomo sin hacer ninguna clase de mueca, solo lo izo como si aquello no le afectara. Sin emoción en su rostro ante la atenta mirada de todos los presentes.

Sin miedo alguno o temor por la herida Draco se corto su piel pálida dejando fluir aquella sangre que tanta miseria había traído a su vida. Como la odiaba, si fuera por él se la daría todo aquel ser, si se la exigía. Dejo fluir su sangre en aquella copa que no parecía llenarse sintió como las piernas de comenzaron a temblar. La falta de sangre en su cuerpo era notable. Miro la copa sin preocupación y vio que esta aun no mostraba signos de llenarse aunque su herida no paraba de sangre en grandes proporciones.

-Ya es suficiente. –susurro Hermione, sin dejar de mirar a Draco quien ante la orden retiro su herida de la copa a la vez que Narcisa se apresuraba a curar su herida.

Lucios miro a Hermione y camino hacia ella con pasos lentos. Su cabeza siempre en alto y sus espala erguida sosteniendo con su mano derecha la sangre que le era ofrecida aquel ser y con la otra la daga en sangrentada que había cortados su piel.

A unos tres pasos de Hermione se inclino y bajo su cabeza puso la daga a los pies de Hermione y la copa la alzo para que esta la tomara.

Artemis se posiciono al lado de Lucios y asintió con la cabeza dándole a entender a Hermione que podía beber aquel líquido.

Hermione estaba sedienta. Ver como aquella sangre llenaba aquella copa había sido una tortura, pero controlo su necesidad, sus ansias de ahogarse con aquel líquido. Miro como Lucios con sus manos temblorosas se la ofrecía y ella tuvo que hacer gala de su auto control para no tomarla con desesperación. Miro con desdén a Narcisa y con burla a Lucios y tomo la copa entres sus manos.

-Con esa daga que han cortado su piel y han derramado su sangre como ofrenda a nuestro pacto. Con esta copa que ha sido llenada por su voluntad y juramento de lealtad. Es honrado como dicta la tradición el pacto. Ahora queridos siervos yo los protegeré a todos ustedes y sus descendientes. Acudiré al llamado de cada uno de ustedes y mientras yo exista los Malfoy no dejaran de existir. Sin embargo no interferiré si alguna enfermedad mortal se apodera de sus cuerpos. Ármenos que estén siendo envenenados.

Hermione llevo la copa a sus labios y bebió con urgencia. Deleitándose con aquel sabor. Aquella sangre que llenaba su boca y se abría paso por su garganta recorriendo todo su cuerpo con fiereza. Sintió como su necesidad se sangre volvía a estar bajo control y que esa sed perversa que amenazaba en tomar su cordura volvía estar calmada. Siguió tomando con la misma rapidez hasta que la copa se vio completamente vacía. Hermione cerró los ojos entregándose aquellas miles de sensaciones. Pudo sentir la magia corriendo por sus venas como un fuego cálido. Abrió sus ojos con lentitud y miro aquella familia oscura frente a ella. Se sentía un poco incomodad en aquel lugar luego de sus vivencias como humana. Esa parte que causaba estragos en ella y que había sido callada al sentir la necesidad de sangre.

-Lucios. –el nombrado miro con fijamente a Hermione dándole a entender que tenía toda su atención. –me han informado que tienes ciertos problemas económicos. Quiero un informe detallado de lo que está ocurriendo con las empresas y cuanto es el capital que se requiere para mantenerlas a flote. Tienes hasta mañana en la noche. Ahora pueden retirarse a excepción de Draco.

Narcisa se atraganto con un poco de su saliva y sus ojos mostraron terrón ante la petición de Hermione.

Lucios solo asintió con la cabeza y tomo de la mano a su esposa y abandono aquel templo.

Draco se quedo inmóvil, sintió miedo, angustia y un terror que estremecía su cuerpo. Aun así mantuvo la mirada en Hermione quien no rebelaba su rostro aun.

-Me han informado que no pretendes volver a tu último año en Hogwarts. – susurro Hermione caminando hasta el retrato de Andrómeda que miraba fijamente a su bisnieto para luego mirar a Hermione con una sonrisa. – ¿Eso es cierto? –pregunto mirando ahora a Draco.

-Sí. –fue su ceca respuesta sin emoción alguna.

-Me temo que eso no será posible joven Draco. Así que le recomiendo que vaya mañana por su material didáctico y su uniforme a Callejón Diagon. –hablo con suavidad Hermione dándole a entender que no era una recomendación si no una orden.

-Me temo que eso no podrá ser. No estoy dispuesto volver a ese maldito colegio. –las palabras de Draco estaban cargadas de ira, pero Hermione pudo deslumbrar por otro sentimiento y fue el miedo. El miedo de afrontar todo el mal que había hecho y sus errores al seguir a Voldemort.

Hermione sonrió con una risa suave como la brisa de la mañana que acaricio los oídos de Draco.

-Deberían de estar orgullosos. – Hermione miro a los retratos que afirmaban con sus cabezas. – aunque eres frio y no muestras tus sentimientos yo puedo olerlo Draco. Tu cuerpo te delata. –Hermione desapareció ante los ojos de Draco, para materializarse detrás de él y con voz suave, susurrante estremeció el cuerpo de Draco. –Huelo miedo. –susurro.

–No es una petición es una orden querido Draco. Mañana iras al callejón y compraras todo los materiales para cursar tu ultimo año en el colegio. No estoy dispuesta a tolerar que no culmines tus estudios. No le darás el placer a la comunidad mágica de ver lo derrotada que está tu familia. Así que dime Draco ¿qué harás mañana? –pregunto de nuevo Hermione con susurro escalofriante cerca del oído de Draco que se estremeció ante el gélido aliente de Hermione.

-Iré al callejón Diagon a comprar los libros para cursar el último año en Hogwarts. –fue la respuesta casi mecánica de Draco.

Hermione se alejo de él y lo miro a los ojos. Aunque estaba feliz de que la obedeciera, sentía algo extraño en su interior a verlo de esa forma sin voluntad. Sin ganas de vivir. Draco estaba vacío y eso le dolía. Sin embargo ella haría algo para cambiar aquello que la guerra había hecho con él, sanaría el alma de Draco antes de desligarse del mundo mágico.

Draco miro aquel ser, su cuerpo temblaba ante su cercanía. Ni hablar de aquel momento cuando sintió su gélido aliento en su cuello. Fue casi la muerte. Pero había algo en ella, algo completamente familiar. Algo que lo perturbaba.

Y entonces la sintió de nuevo. Sintió como era rodeado por sus brazos y como su cuerpo duro como el mármol y frio como el hielo lo rodeaban y fue en ese momento que pudo oler aquel perfume. Ese perfume familiar. Era vainilla estaba seguro, sin embargo había otros aromas; Pergamino nuevo, césped recién cortado, flores silvestre de vainilla, sangre y muerte. Esos aromas creaban aquel perfume exótico.

Entonces sintió como ella se separaba de el. Y por unos segundos pudo ver aquel rostro en las penumbras de aquel templo.

Hermione se desvaneció como la niebla y Artemis aulló desapareciendo en la oscuridad dejando a Draco solo en medio de la oscuridad. Donde su corazón era preso y su alma aclamaba ser liberada de sus penumbras.

Los antecesores de Draco lo miraban buscando alguna emoción, pero como desde su llegando no pudieron apreciar nada en el. Y con pasos elegantes y alargados Draco se apresuro a dejar aquel lugar tenebroso y lleno de riquezas.

En una amplia pradera llena de flores silvestre y un pequeño riachuelo estaba una casa vieja un poco maltratada y destruida a causa de guerra. La casa era a los que todos llamaban la madriguera.

Joven risueños trabajaban duro entre bromas y charlas.

La madriguera estaba siendo reconstruida después de años sin darle un cariño a sus descoloridas paredes y maltratado tejado.

Todos jugaban por doquier mientras las mujeres preparaban los almuerzos al aire libre cuidando que los nomos no robaran las frutas del sexto.

Solo se podían escuchar risas y tablas siendo clavadas en las paredes y las mas maltratadas siendo derribadas para sustituirlas.

Todo era alegría. Todos reconstruían en familia su hogar.

George y Fred pintaban de vistosos colores las vigas, mientras Charlie y Bill cortaban la madera para sacar las tablas. Percy revisaba los planos vigilando recelosamente que todo estuviera exactamente igual al diseño. Ron y Harry susurraban entre ellos mientras que clavaban las tablas de las paredes de la primera planta. Ginny preparaba la mesa bajo un frondoso manzano a orillas del riachuelo. Molly junto a Arthur bajaban los carderos humeantes del fuego entre risas.

Eran felices. En aire se podía respirar armonía, paz.

-Bien ya es hora. –dijo alegre Molly suspirando a ver la mesa puesta y todo en orden. –¡chicos vengan a comer!. –grito y solo vasto ese solo grito para que todos dejaran de hacer lo que estaban haciendo para correr a la mesa en busca de las delicias gastrónomas de Molly.

Luna y Fleur que se encontraban lavando las cortinas se pusieron de pie y caminaron apresuradas tambien entre risas.

Todos tomaron asiento en la larga mesa de madera mirándose a uno a los otros entre risas esperando la orden para dar inicio a tan esperado almuerzo.

-Silencio por favor hay que dar gracias. – dijo el señor Arthur con voz elevada debido a las conversaciones con voz alta que tenían sus hijos.

Todos lo miraron poniéndolo un poco nervioso por lo que diría a continuación.

-Estoy feliz... Si muy feliz porque toda la familia está aquí reunida en este día maravillosamente soleado, compartiendo y reconstruido esa maravillosa casa en la que hemos compartidos tantos momentos llenos de dicha y felicidad. Hemos sufrido pérdidas en la guerra. Hemos perdidos a personas muy cercanas las cuales amábamos como un miembro más de la familia. Fue duro pero aquí estamos hoy demostrando que todos los sacrificios valieron la pena. Aquí estamos demostrando que la paz existe. Aunque el camino hasta ella fue duro y lleno de dolor y lagrimas. Hoy me alegra de haber sobrevivido a la guerra, con todos mis amados hijos y esposa vivos. Y por supuesto Harry, Luna y Fleur. Ustedes tambien son como una familia para mí y mi esposas. Son tambien Weasley aunque sus cabellos no sean rojos. Gracias por mantenerse con vida. Gracias por luchar por la paz. Merlín sabe lo dichoso que soy en este momento. –Molly se puso de pie y abrazo a su esposo con lágrimas en los ojos mientras todos aplaudían con sus llenos de energía y felices. Bueno casi todos. Tres chicos se mantuvieron callados con las cabezas gachas con un gran vacío en sus corazones. Faltaba alguien. Alguien importante en sus corazones. Alguien que dejaba un vacio que los condenaban aquel sufrimiento. Una parte de sus almas les había sido desgarrada.

Harry miro a todos, sus sonrisas, su alegría. Una alegría que él no podía sentir completamente. Miro todo la mesa celebrando, riendo. Hasta que su mirada se poso en aquel sitio solo. Sin nadie sentado allí. Sin aquella persona de hermosa y cálida sonrisa que lo había dado todo por él. Si ella no estaba allí y no lo estaría.

Sin saber porque una amargura supero la felicidad, se puso de pie y abandono la mesa con pasos presurosos dejando una contrariada familia.

Si ahora Harry lo recordaba, recordaba el vacio de su corazón. Recordaba a Hermione. Su amada Hermione ya no estaba a su lado.

Ron y Luna se pusieron de pie y se apresuraron a seguir a Harry que caminaba en dirección a bosque.

Sin saber porque vieron como Harry comenzó a correr adentrándose en el bosque, como si estuviera huyendo de algo.

Todo ocurrió muy rápido. Todo sonido murió en ese instante.

Las aves y los cantos de las hadas cesaron, incluso los nomos dejaron de hacer travesuras y se ocultaron, una brisa gélida recorrió el prado y estremeció los cuerpos de la familia. Luna y Ron se detuvieron abruptamente congelados por un extraño miedo.

Todos comenzaron a caminar hacia ellos con pasos a presurosos. El miedo se podía respirar en el aire.

Luna miro aquellos ojos platas fijamente.

Ese lobo inexplicablemente hermoso la atraía. Ese lobo era una criatura siniestra ella lo sabía. Sin embargo ella ya lo conocía. Lo había visto en muchas ocasiones en Hogwarts. Si sabia quien era. Y que era. Lo había investigado en la biblioteca de su padre. Le había costado todo un año de investigación. Pero al fin había descubierto lo que era.

Camino hacia el, era atraída como imán. Dio otro paso más. Era peligroso y comía humanos, aun ella estaba segura que no le aria daño.

Estaba a unos pasos cuando sintió una mano cálida sujetarla fuertemente de la mano.

Una pálida Fleur sostenía con fuerza a Luna de la mano, ella tambien sabia quien era ese ser. Lo había visto en Hogwarts, y su abuela de le había hablado de ellos en una de sus tantas historias. Y sabia que si ese ser estaba allí su compañero tambien. Y eso solo significaba algo. Que sus vidas corrían un gran peligro.

Luna trato de zafarse del agarre de Fleur pero esta se negaba a soltarla.

Artemis sonrió siniestramente. Su ama había escogido un perfecto momento para aparecerse en aquella reunión familiar rebosante de felicidad la cual le ocasionaba asco. Miro sus caras aterradas y le gusto lo que ocasionaba. Pero aquellas dos rubias el ya las conocía.

La pequeña era de Hogwarts, siempre se le quedaba mirando, era un pequeña muy extraña con un don muy complejo, aunque nadie le tomaba la debida importancia. Pero él sabía que la pequeña si lo asía. De qué manera. Siempre lo miraba cuando estaba cerca y sobre todo no le temía sabiendo lo que era. No había duda que era muy rara y curiosa. Y la otra Fleur. Su sangre era una mezcla mágica aunque ya la esencia Vela no era muy fuerte en ella, aun así se podía percibir. Una Vela una criatura que seducía a los humanos más especifico a los hombres para llévalos a sus nidos y allí devorarlos, si no eran muy diferente a él.

-Es un demonio no te acerques. Te matara si vas hacia él. – la voz de Fleur fue escuchada por todos los presentes que gimieron de susto.

La rubia miro al demonio con temor pero mostrándose valiente. Siempre mirándole fijamente. Su abuela le había dicho que nunca le diera la espalda y le mostrara respeto porque él era más poderoso que ella, y desafiarle o menospreciarlo sería una sentencia de muerte.

Fleur un poco pálida y temblorosa inclino su cabeza en forma de respeto sin dejar de verlo a los ojos.

Artemis ensancho su sonrisa burlona.

Luna procedió hacer lo mismo que Fleur ante la mirada contrariada de todos los Weasley

-¿Que estupidez están haciendo ustedes dos?. – se apresuro a preguntar Fred ante la mirada alarmada de Fleur que los miro asustada. –espantemos a este perrito. –se apresuro a decirle a George que asintió con su cabeza no muy seguro pero valiente.

Artemis gruño ante la falta de respeto. Si los idiotas humanos lo atacaban no dudaría de arrancarle algún miembro aunque Hermione se molestara.

-Discúlpelos señor, ellos no conocer de su existencia. Su falta de respeto solo muestra la ignorancia de la que son presos. – se apresuro a justificar Fleur mirando al lobo a los ojos.

George y Fred junto con toda la familia Weasley estaban aterrados ante aquel escalofriante gruñido.

Artemis comenzó a caminar hacia Luna que lo veía como algo maravilloso digno de admiración.

Todos sacaron sus varitas y Artemis rio con fuerza, con una risa que resonó en todas las direcciones. Una sonrisa que traumaba a los presentes y espantaba todo animal o criatura mágica de los alrededores. Y los Weasley tuvieron que hacer todo acopio de voluntad para no salir huyendo de la presencia de aquel lobo.

Harry corría entre los árboles, le asía falta. Sufría su ausencia. Ya no le importaba nada si no la tenía a ella sonriéndole y regañándolo por cualquier tontería o tratando de protegerlo.

Se detuvo y se recostó de un alto pino y suspiro. Cerro sus ojos por unos segundos para luego mirar el cielo y las nubes pasar lentamente. Hacía ya mucho tiempo. Mucho tiempo que ella había desaparecido.

-Hermione. –susurro su nombre como algo religioso cargado de emociones y sentimientos que desgarraban su alma. El la quería incluso más que su propia vida.

Hermione había sido como un regalo del cielo. Ella había sido la voz de la razón, la fuerza y el pilar que lo habían mantenido de pie durante la guerra, fue ella la que siempre estuvo desde el principio cuidándolo, protegiéndole, brindándole calor y esperanza de un futuro mejor. Por brindarle un lugar seguro donde ella pudiera vivir en paz fue el motivo de su lucha. El solo quería una vida mejor para ella, donde no tuviera que esconderse por sus procedencias no mágicas. Y ahora todos festejaban como si no sintieran su ausencia. Como si ella nunca fuera existido.

Por las mejillas de Harry una lágrima rebelde recorrió su rostro. No se había permitido llorar por ella. Porque hacerlo solo significaba que se resignaba a su ausencia, a su desaparición.

No podía evitar evocar los recuerdos de cada una de sus sonrisas, de su voz llamándolo con cariño, de sus brazos protectores que le brindaron calor esas noches frías donde tenían que ocultase de todos. Solo ella estuvo durante esas noches. Solo ella estuvo allí desde un principio sin dudar un segundo en seguirlo en aquella travesía.

-Hermione. – su voz cada vez se veía más afectada. Sentía un nudo formarse en su garganta. Quería gritar. No sabía cómo comenzar esa nueva vida, ya no sabía quién era. Ella le había robado hasta su identidad. Solo ella estaba en sus pensamientos. En sus memorias.

No estaba seguro si esos que sentía era amor. Pero era un sentimiento que lo volvía esclavo de sus recuerdos, presa de sus sonrisas. Se estaba sumergiendo en la soledad de su ausencia.

-Hermione. –cuánto dolor mas sentiría.

Que silencio.

Que tranquilidad.

Qué tristeza.

-Hermione. –volvió a susurrar y esta vez su voz llena de pena fue acompañada de un amargo llanto.

El frio se apoderaba de su cuerpo. Quería gritar.

-Hermione curioso nombre. –la voz sedosa se escucho como un eco similar al canto de un ruiseñor penetro los oídos de Harry.

Quien busco con desespero aquella terciopelada voz.

-¡Hermione! –la llamo con desespero sonriendo y buscándola en todo las direcciones.

-Si es un nombre muy curioso. –susurro de nuevo aquella voz.

Harry camino entre los arboles tratando de ubicarla. El necesitaba verla, quería creer que no estaba perdiendo la cordura, que no estaba viviendo otra de sus visiones. No lo soportaría.

-Aun así es hermoso y aun mas si es pronunciado con tanto cariño y anhelo. ¿La extrañas mucho…? – pregunto en un susurro entristecido.

-¡Ahora no porque te estoy escuchando!. – grito sonriendo… buscándola detrás de los arboles.

Su respuesta que el silencio. Aquella voz desapareció de la misma forma que había aparecido.

Hermione miraba a Harry desde las alturas de un pino oculta entre sus ramas. Y sonrió después de tantos meses por fin pudo sonreír desde el fondo de su alma. Y dejo que el escuchara su risa. Dejo que sus oídos dieran con su paradero para desvanece.

-Hermione ven. –le pidió aun sonriendo, no estaba alucinando.

- Hogwarts Harry. En Hogwarts podremos estar juntos de Nuevo. –sonrió Hermione viendo aquella sonrisa que tanto amaba.

-Hogwarts. –dijo aun sin dejar de sonreír.

-Si… abrámosles las puertas aquellos que merecen una nueva oportunidad, Hogwarts fue el comienzo de todo y el final de todas las guerras. Así que podremos dar un nuevo comienzo a esas nuevas generaciones que han conocido el odio y el dolor. Brindémosle un nuevo hogar a todas esos niños sin hogar. Harry compartamos nuestro hogar. – pidió Hermione dejándose ver por primera vez por Harry.

Harry camino hacia Hermione con una loca carrera.

Pero antes que su manos pudieran atraparla se desvaneció en aire como una ilusión dejando a Harry horrorizado, dolido.

-¡Hermione…! -susurro callando el grito que quería desgarrar su garganta.

-Tranquilo estoy aquí Harry. Recuerda quien eres y quién soy. Porque yo siempre seré tu Hermione. Aunque ahora no me puedes tocar ni ver quiero que me escuches. Porque yo soy y seré la persona que más te ama. Aunque mi amor por ti sea invisible ante tus ojos yo siempre luchare para verte feliz. Porque tu felicidad es la mía. Porque tu sonrisa es algo que quiero ver por toda la existencia. Harry espero con mis brazos abiertos como las puertas de nuestro hogar. –con aquellas palabras Hermione se fue arrastrada por el viento hasta donde se encontraba Artemis.

Harry sonrió como un tonto y grito de emoción arrancándole una sonrisa a Hermione quien lo pudo oír a la perfección a pesar de la distancia.

-Artemis has sido muy imprudente. –susurro Hermione quien miraba a los Weasley desde las orillas de bosque.

La voz de Hermione fue tan suave que sus sedosas palabras doblegaron las defensas de autovivencia de la familia Weasley. Que miraba la figura de Hermione cubierta con aquella capa roja como si estuvieran viendo al mismísimo lord Voldemort regresado del más allá de las tinieblas del infierno.

Artemis miro a su ama y camino hasta ella, dándoles la espalda a los magos y sintiendo la mano de Luna tocar su cola ocasionando que su pelaje se erizara ante aquel tarto gentil.

Hermione desapareció junto a su compañero, ya había cumplido con su objetivo. Las familias mágicas y no mágicas enviarían a sus hijos a iniciar o concluir sus estudios mágicos estando Harry en Hogwarts, había esperanza de destruir aquel odio entre familias, era la hora de acabar con el prejuicio de la sangre y los rencores de la guerra. Iba a ser un camino largo y con muchos tropiezos y caídas, pero tenía dos poderosos elementos de ambos lados.

Harry y Draco…

Luz y oscuridad

Ellos dos levantarían el mundo mágico de las ruinas en el que se encontraba sumergido.

Hermione sonrió apareciendo en el bosque prohibido rodeada de miles de murciélagos mirando desde la distancia el nuevo Hogwarts irguiéndose orgullosos después de haber estado en ruinas.

-Dumbledore Hogwarts es como el ave fénix. –susurro con ojos brillosos sonriendo llena de nostalgia. Llena de melancolía recordando sus vivencias como humana dentro de aquel maravilloso lugar que no rechazaba su presencia a pesar de ser un ser oscuro corrompido por la maldad.

Hermione acaricio aquella barrera que la abrazaba como una madre amorosa dándole la bienvenida a un hijo después de meses de ausencia. Era la calidez que necesitaba. Hogwarts estaba llena de esperanza y luz.

Descendió y piso los terrenos del bosque prohibido.

Y llena de miles de sensaciones y nuevas emociones camino hacia el castillo con pasos lentos. Mientras su cabello era movido por el viento y capa se movía como olas furiosas. Artemis seguía sus pasos sonriendo como una llena.

El conocía las calamidades a las que se enfrentaría su ama y eso lo llenaba de emoción. El destino estaba escrito para los humanos y Hermione no era humana así que ella tendría que forjar su propio destino. Las ruedas de cristal giraban en el carrusel de la cordura y fortaleza de aquellos que la rodeaban.

La vida de los humanos era corta y Hermione debía aprovechar los años de vida de todas aquellas personas con las cuales había compartido su vida humana.

La profesora minerva veía desde su barcón como cientos de lechuzas abandonaban Hogwarts en busca de aquellos que bendecidos por la magia.

Se llevó la mano al pecho donde su corazón latía lleno de esperanza dejando rodar una lágrima mirando las estrellas sintiendo aquella suave brisa que entristecía su corazón por la soledad que la envergaba en ese momento.

Y fue en ese momento que se vio rodeada de polvo mágico que soltaban las mariposas de miles de colores que danzaban sobre su cabeza.

Minerva no tardo en reconocer ese hechizo. Ese hechizo fue el primero que ella aprendió cuando era una niña. Y la única persona que ella se lo había mostrado estaba justo detrás de ella.

-No temas. No he venido a causarte daño. –hablo Hermione dando pasos lentos hacia Minerva que la miraba asombrada y con algo de miedo. –es normar que sientas miedo ante mi presencia, no es tu culpa, no puedes controlar tus emociones y tu instinto humano que me rechaza. –Hermione se coloco junto a Minerva donde las lechuzas se perdían en infinito cielo estrellado llevando aquellas cartas. Y extendió su mano y sobre ella una lechuza temblorosa se poso sobre su brazo tendiéndole su patica donde una carta esperaba ser tomada.

-Este año habrán muchos alumnos. –susurro Hermione. – seria motivador que ofrecieras un magnifico banquete. –Hermione dejo ir a la lechuza que no espero ninguna recompensa lo único que quería el pobre ave era alejarse de aquella presencia siniestra.

Minerva tambien estaba pálida, aterrada.

Hermione se descubrió su rostro revelando un hermoso rostro aun demasiado pálido y unos intensos ojos carmín al igual que sus labios carnosos.

Minerva saco su varita de la falta de su túnica mostrando la valentía de una leona sin dejar sus sentidos fueran dominados por el terror.

-Como puede ser posible…¿ quién te ha hecho eso Hermione? –pregunto con lagrimas en los ojos. Mostrando el dolor que le causaba ver en aquel estado a su alumna preferida. A su querida Hermione. –¿quién te ha transformado en un… un?

-Monstruo… siempre he sido un monstruo Minerva. Incluso desde antes que naciera ya lo era.

Hermione miro la luna y una lagrima de sangre abandono su ojo y miro a minerva con una sonrisa triste. Porque Minerva tenía razón ella era un monstruo.

-Eh venido a cursar mi último año en Hogwarts.

Continuara…

N/A:

Hola chicos… un millón de gracias por leer esta historia… espero poder leer sus comentarios y recomendaciones.

Les agradezco a las siguientes personas por su apoyo…

Serena Princesita Hale

Caroone

Alee Malfoy BlackDagger

Lennn

Daniela SOS

Muchas gracias a todos…

Yuuki Kuchiki.