En cuanto la alarma sonó, Arthur, Remus y Tonks fueron al vestíbulo apuntando con sus varitas. En cuanto vieron a los mortífagos comenzaron a lanzar maldiciones, que rápidamente fueron contraatacadas. La señora Weasley mandó un patronus pidiendo ayuda a más miembros de la orden, y amigos. Pero todos los mortífagos lograron entrar. Con negativas de la señora Weasley, Ginny y Luna comenzaron a luchar también.

Iban por todas la casa, y las cosas se destruían con las maldiciones. Los mortífagos aún buscaban a Hermione, ya que no sabían que se la habían llevado, a excepción de Bellatrix, que se divertía lanzando maldiciones contra Tonks.

Pasó media hora, todos estaban heridos y agotados. Había un par de mortífagos en el suelo, y hasta ahora, ninguna baja para la orden, pero se preguntaban hasta cuándo podrían aguantar. Ahora, Remus luchaba contra dos mortífagos, y Bellatrix le lanzaba cosas puntiagudas a Tonks con su varita.

En ese momento, McGonagall, Flitwick, Dean y algunos más llegaron a ayudar. La alarma sonó y todos se distrajeron. El pequeño Teddy se había despertado y lloraba. La señora Weasley hacía todo para dormirlo, pero no lo conseguía. Tonks y Remus lo oían escaleras abajo, pero no podían subir. Aunque llegaron más miembros no podían darse ese lujo. Además, confiaban en Molly.

Lo que pasó después, fueron los minutos más horribles de la vida de Remus, y eso era mucho decir. Primero, el llanto del pequeño Teddy cesó, lo cual tranquilizó a ambos, que volvieron a la pelea, pero entonces oyeron un golpe sordo en el piso.

— ¿Molly? — gritó Tonks mientras luchaba con el mortífago, pero no hubo respuesta. Lanzó un reducto, con una mirada horrorizada en el rostro — ¿Molly? — volvió a gritar con un sollozo en la voz. Pero, no hubo respuesta.

Remus intentó calmarla, pero se distrajo por un segundo. Quiso hacer dos cosas al mismo tiempo, cuidarla a ella, y subir a ver a su hijo Ted. Y su esposa, que siempre tropezaba con todo y juraba que tenía dos pies izquierdos, tropezó mientras intentaba pasar por encima de un mortífago.

— ¡No, Tonks! — Fue lo último que oyó su esposa después de que la golpeara una maldición verde en el pecho. El brillo dejó sus ojos, y Remus la miró desplomarse. Con un grito maniaco, que pudieron haber jurado todos como un rugido de lobo. Con el corazón destrozado, se abalanzó contra el vestido de negro, lanzándole un puñetazo, y después una maldición mortífera.

Después, se giró contra otro, y le lanzó un Sectusempra. El mortífago chilló alarmado al ver como los cortes se abrían en su pecho, lanzando sangre por todos lados. Ginny, que luchaba con él, vio a Tonks en el suelo, y comenzó a llorar.

— ¡No, Tonks! — chilló y se abalanzó al piso.

Remus, estaba incontrolable, fue a la habitación, donde afuera estaba un mortífago. Le lanzó un hechizo aturdidor, seguido de un reducto, y después lo pateó. Y lo pateo de nuevo, y de nuevo, y otra vez, en los órganos, el mortífago estiró el brazo para tomar su varita, pero pisó su mano, la pisó y movió su pie para pulverizarla, como si se tratara de una cucaracha.

Oía una pelea en las escaleras, pero no le importaba, el mortífago gritaba de dolor. Pero no le importaba. Otra patada. Ginny lloraba a la distancia, y escuchaba que alguien decía su nombre, pero no podía responder, lo movían del brazo. Otra patada.

— No, déjenme. — Gruñó, y después, una voz suave esta vez, lo llamó por su nombre. Y entonces, su garganta dolió como si tuviese vinagre, su voz se quebró. Recordó su cabello rosa, y sus ojos grises. — Tonks, Tonks. — Sus mejillas sonrosadas. Tonks, su Tonks. Blanca y sin vida. — Tonks…— dijo a la oscuridad.

—...está vivo, Remus, Luna estaba con él. — La voz de Arthur lo trajo a la realidad. Peor él mismo parecía un cadáver, cuando lo volteó a ver. Sólo queda un mortífago, los demás han desaparecido, y, y se llevaron a Hermione y a Draco.

Entonces, supo lo que tenía que hacer, tenía que ayudar a Harry.

— No se muevan de aquí, Arthur. —Ordenó, a pesar de ser más joven que él y corrió hacia la última pelea que se desarrollaba allí. Ginny le lanzaba maldiciones a un mortífago que las esquivaba. No había escuchado cuando se había levantado del piso. Corrió al mortífago, cuando Ginny, se distrajo, y antes de que se desapareciera, lo tomó del brazo.