Vale sí, se que he tardado un montón en actualizarlo, lo sé, que le voy a hacer: soy un puto desastre. Pero que queréis que haga, el fandom de voltron me tenía secuestrado, no era capaz de salir. Y sí, sigo este fic para poder escribir un klance sin sentirme mal por dejar este abandonado, this is the type of chaotic person that i am.


Aquel era sin ninguna duda el mejor día que Harry había tenido nunca. Había ido a ver la final de quidditch con sus amigos, donde no solo ha visto a su ídolo sino que han mantenido contacto visual, Draco Malfoy había hecho lo que muchos ya llamaban "la jugada de su vida", Bulgaria había ganado el encuentro y se encontraba celebrándolo junto a sus amigos en la tienda de campaña de la familia.

-¡Harry! Cuéntales a Fred y George lo que te ha pasado antes con Malfoy que a mí no me creen

-¿Pretendes que creamos que Malfoy, el dios griego del quidditch, ha guiñado el ojo a nuestro desastre de amigo aquí presente?-preguntó George mientras ambos hermanos pasaban su brazo por sus hombros- No te ofendas Harry

-Sí, no te ofendas- repitió Fred

-¡Os lo digo enserio!- respondió un enfado Ron- ¡Harry vamos cuéntaselo!

Y Harry, como era obvio, estaba más que encantado de contar esa historia las veces que hiciera falta. Relató con un brillo especial en los ojos que no pasó desapercibido para ninguno de los presentes lo vivido hace apenas un par de horas.

Sin embargo, cuando estaba a punto de llegar al final de la historia algo lo interrumpió.

Gritos.

Fuera había gente gritando. Y no de cualquier manera. Gritaban de pánico.

Rápidamente Harry salió de la tienda seguido de la fiel familia Weasly para encontrarse con el completo caos; la gente corría de un lado para otro, unos lanzaban hechizos mientras otros usaban sus trasladores para huir lo más rápido posible de la batalla que se estaba formando. Una palabra sobresalía entre la confusión: Mortífagos. Los Mortífagos los estaban atacando.

-Volved todos al traslador y permanecer juntos- dijo Arthur Weasly mientras se dirigía varita en mano hacia el epicentro del ataque.

La gente corría sin saber muy bien a donde empujándolos mientras intentaban llegar a la posición del traslador. El fuego lo consumía todo, apenas dejaba a Harry ver a sus amigos que iban un par de palmos por delante suyo. Harry no sabía si se ahogaba a causa de estar corriendo, por el humo o del desconcierto que le rodeaba.

¿Qué hacían allí los mortífagos? ¿Por qué atacar ahora cuando la gente podía escapar más fácilmente en vez de haberlo hecho mientras todos estaban pendientes del partido? ¿Qué habían venido a buscar? ¿Sabían que estaba allí? ¿Venían a por él?

Harry no pudo evitar que el pensamiento de que todo lo que estaba sucediendo era por culpa suya le pasara por la cabeza. No era la primera vez que alguien salía mal parado por estar cerca suyo en el momento equivocado. Estaba seguro que tampoco sería la última.

Entonces los vio.

Tapados completamente por sus túnicas negras y ocultados en las mascaras que les representaban. Realmente eran ellos. Los mortífagos estaban atacando.

Todo el cuerpo se le paralizó. Harry no estaba listo para una lucha como esta, todavía era mágicamente inferior a cualquier miembro de las filas de Voldemort.

Le iban a matar. Tenía que salir de ahí.

Siguió adelante a pesar de haber perdido a sus amigos, le parecía oír la voz de Hermione gritar su nombre, pero no estaba seguro. Había demasiado ruido. Demasiados gritos.

El pánico dominaba a la gente. Nadie parecía poder razonar de manera sensata en esos momentos. Todos eran esclavos de su instinto primario de supervivencia. Ni siquiera Harry acostumbrado algo más que el resto a las situaciones peligrosas era capaz de sobrellevar la situación. Nunca había tenido que vérselas con un equipo de mortífagos al completo y estaba seguro de que no saldría muy bien parado. El ruido era ensordecedor, el humo quemaba en los pulmones a cada respiración y sus ojos luchaban por ver algo más allá que manchas difusas. No sabía a donde iba, la marea de gente le arrastraba lejos de lo que le parecía que era la dirección del traslador.

Estaba empezando a entrar en pánico.

En un intento de zafarse de la multitud la gente sin apenas verle comenzó a golpearle hasta que se cayó al suelo. Justo cuando estaba a punto de desmayarse a causa de la caída le pareció ver una cabellera rubia inclinarse hacia él.

Harry comenzó a despertase con una agradable sensación que le recorría el cuerpo. No. No era una sensación. Era magia. Alguien le estaba curando mágicamente y Harry podía jurar que era la magia más extraña y agradable que había conocido nunca.

La de Hermione era fría pero confiable, la de Ron era más bien un alboroto de calidez. Pero esta era muy distinta a la de sus amigos. Esta no era una magia blanca, tampoco era negra. Se sentía como… una mezcla de las dos. Podía sentir preocupación y ganas de ayudar, pero también un poder oscuro increíble.

Toda esa magia gritaba peligro.

Y a Harry le encantó.

Hasta que el fuerte olor a quemado termino de despertarlo. El partido de quidditch. Los mortífagos por todas partes. Él perdido entre el caos. Draco Malfoy inclinándose hacia él.

Abrió los ojos lo más rápido que ningún humano lo había hecho anteriormente y de un salto se separó del mago que le estaba curando. No sabría decir cual de los dos estaba más sorprendido.

-Vaya, veo que estás mejor. ¿Qué tal te encuentras?

-¿Qué?

-Que si estas bien. Creo que tienes una contusión bastante fuerte en la cabeza, te he curado la mayor parte de tus heridas, pero la verdad es que la magia curativa no es mi fuerte.

Harry le había escuchado perfectamente. Ese "qué" en realidad quería significar un "¿qué hacemos aquí?, ¿cuanto tiempo ha pasado? ¿Por que estabas curando? ¿Como me encontraste? ¿Y los mortífagos? ¿Se han ido ya? ¿Seguimos en peligro?"

Además, y una mierda la magia curativa no era su fuerte. Lo que el chico le acababa de hacer estaba al nivel de Pomfrey, apenas sentía un poco de molestia en su cabeza.

-Sí, me encuentro perfectamente. Gracias.

-No ha sido nada, tu hubieras hecho lo mismo- ahí estaba la sonrisa encantadora. Harry sentía que sus mejillas comenzaban a sonrojarse

-¿Cómo me encontraste? Quiero decir, aquello era un completo caos.

-Ah, bueno. Salí del estadio con mi escoba en cuanto me di cuenta de lo que estaba pasando. Iba con intención de luchar e intentar detenerlos, pero mientras volaba vi como alguien era golpeado y baje a ayudar sin pensarlo. No me di cuenta de que eras tu hasta que te cargue en mi escoba.

-Oh. Gracias.

-No hay de que, Harry Potter.

-¿Sabes quien soy?

-¡Por su puesto que se quien eres! Vivo en Noruega, no en alguna isla perdida alejada de todo contacto con cualquier civilización- dijo riéndose- quizás no lo sabes, pero yo soy inglés. Y no creo que haya algún niño inglés que no haya crecido oyendo las historias de Harry Potter, El Niño que vivió.

-Sí lo sé, eres de Wiltshire- ante la extrañada pero divertida mirada de Malfoy Harry se dio cuenta del enorme error que había cometido- quiero decir, todo el mundo sabe eso. Todos en Hogwarts te admiran, incluso si no te gusta el quidditch te ves forzado a escuchar tu nombre por los pasillos. No es que a mi no me gustes, ¡claro que lo haces! Pero no de la manera que estas pensando, sino me gustas como persona, ósea claro que eres una persona no me vas a gustar como animal, pero que no me gustas de esa manera… ¡no es que seas feo ni atractivo! pero yo… lo que quiero decir es que te admiro mucho por tus logros.

Malfoy, que había estado mirando sorprendido como Harry se ponía nervioso el solo rompió a reírse. Harry descubrió un dato más sobre el jugador de quidditch: que su risa era de esas que te hacen reír a ti también con solo escucharla. Era ruidosa, pero no de una manera excéntrica, sino más bien era de ese tipo de personas que se reían de verdad, con todo lo que tenían.

Harry, sin poder evitarlo y olvidando un poco la vergüenza que sentía, rió con él.

Aquel era sin ninguna duda el mejor día que Harry había tenido nunca. Había ido a ver la final de quidditch con sus amigos, donde no solo ha visto a su ídolo sino que han mantenido contacto visual, Draco Malfoy había hecho lo que muchos ya llamaban "la jugada de su vida", Bulgaria había ganado el encuentro y se encontraba celebrándolo junto a sus amigos en la tienda de campaña de la familia.

-¡Harry! Cuéntales a Fred y George lo que te ha pasado antes con Malfoy que a mí no me creen

-¿Pretendes que creamos que Malfoy, el dios griego del quidditch, ha guiñado el ojo a nuestro desastre de amigo aquí presente?-preguntó George mientras ambos hermanos pasaban su brazo por sus hombros- No te ofendas Harry

-Sí, no te ofendas- repitió Fred

-¡Os lo digo enserio!- respondió un enfado Ron- ¡Harry vamos cuéntaselo!

Y Harry, como era obvio, estaba más que encantado de contar esa historia las veces que hiciera falta. Relató con un brillo especial en los ojos que no pasó desapercibido para ninguno de los presentes lo vivido hace apenas un par de horas.

Sin embargo, cuando estaba a punto de llegar al final de la historia algo lo interrumpió.

Gritos.

Fuera había gente gritando. Y no de cualquier manera. Gritaban de pánico.

Rápidamente Harry salió de la tienda seguido de la fiel familia Weasly para encontrarse con el completo caos; la gente corría de un lado para otro, unos lanzaban hechizos mientras otros usaban sus trasladores para huir lo más rápido posible de la batalla que se estaba formando. Una palabra sobresalía entre la confusión: Mortífagos. Los Mortífagos los estaban atacando.

-Volved todos al traslador y permanecer juntos- dijo Arthur Weasly mientras se dirigía varita en mano hacia el epicentro del ataque.

La gente corría sin saber muy bien a donde empujándolos mientras intentaban llegar a la posición del traslador. El fuego lo consumía todo, apenas dejaba a Harry ver a sus amigos que iban un par de palmos por delante suyo. Harry no sabía si se ahogaba a causa de estar corriendo, por el humo o del desconcierto que le rodeaba.

¿Qué hacían allí los mortífagos? ¿Por qué atacar ahora cuando la gente podía escapar más fácilmente en vez de haberlo hecho mientras todos estaban pendientes del partido? ¿Qué habían venido a buscar? ¿Sabían que estaba allí? ¿Venían a por él?

Harry no pudo evitar que el pensamiento de que todo lo que estaba sucediendo era por culpa suya le pasara por la cabeza. No era la primera vez que alguien salía mal parado por estar cerca suyo en el momento equivocado. Estaba seguro que tampoco sería la última.

Entonces los vio.

Tapados completamente por sus túnicas negras y ocultados en las mascaras que les representaban. Realmente eran ellos. Los mortífagos estaban atacando.

Todo el cuerpo se le paralizó. Harry no estaba listo para una lucha como esta, todavía era mágicamente inferior a cualquier miembro de las filas de Voldemort.

Le iban a matar. Tenía que salir de ahí.

Siguió adelante a pesar de haber perdido a sus amigos, le parecía oír la voz de Hermione gritar su nombre, pero no estaba seguro. Había demasiado ruido. Demasiados gritos.

El pánico dominaba a la gente. Nadie parecía poder razonar de manera sensata en esos momentos. Todos eran esclavos de su instinto primario de supervivencia. Ni siquiera Harry acostumbrado algo más que el resto a las situaciones peligrosas era capaz de sobrellevar la situación. Nunca había tenido que vérselas con un equipo de mortífagos al completo y estaba seguro de que no saldría muy bien parado. El ruido era ensordecedor, el humo quemaba en los pulmones a cada respiración y sus ojos luchaban por ver algo más allá que manchas difusas. No sabía a donde iba, la marea de gente le arrastraba lejos de lo que le parecía que era la dirección del traslador.

Estaba empezando a entrar en pánico.

En un intento de zafarse de la multitud la gente sin apenas verle comenzó a golpearle hasta que se cayó al suelo. Justo cuando estaba a punto de desmayarse a causa de la caída le pareció ver una cabellera rubia inclinarse hacia él.


Harry comenzó a despertase con una agradable sensación que le recorría el cuerpo. No. No era una sensación. Era magia. Alguien le estaba curando mágicamente y Harry podía jurar que era la magia más extraña y agradable que había conocido nunca.

La de Hermione era fría pero confiable, la de Ron era más bien un alboroto de calidez. Pero esta era muy distinta a la de sus amigos. Esta no era una magia blanca, tampoco era negra. Se sentía como… una mezcla de las dos. Podía sentir preocupación y ganas de ayudar, pero también un poder oscuro increíble.

Toda esa magia gritaba peligro.

Y a Harry le encantó.

Hasta que el fuerte olor a quemado termino de despertarlo. El partido de quidditch. Los mortífagos por todas partes. Él perdido entre el caos. Draco Malfoy inclinándose hacia él.

Abrió los ojos lo más rápido que ningún humano lo había hecho anteriormente y de un salto se separó del mago que le estaba curando. No sabría decir cual de los dos estaba más sorprendido.

-Vaya, veo que estás mejor. ¿Qué tal te encuentras?

-¿Qué?

-Que si estas bien. Creo que tienes una contusión bastante fuerte en la cabeza, te he curado la mayor parte de tus heridas, pero la verdad es que la magia curativa no es mi fuerte.

Harry le había escuchado perfectamente. Ese "qué" en realidad quería significar un "¿qué hacemos aquí?, ¿cuanto tiempo ha pasado? ¿Por que estabas curando? ¿Como me encontraste? ¿Y los mortífagos? ¿Se han ido ya? ¿Seguimos en peligro?"

Además, y una mierda la magia curativa no era su fuerte. Lo que el chico le acababa de hacer estaba al nivel de Pomfrey, apenas sentía un poco de molestia en su cabeza.

-Sí, me encuentro perfectamente. Gracias.

-No ha sido nada, tu hubieras hecho lo mismo- ahí estaba la sonrisa encantadora. Harry sentía que sus mejillas comenzaban a sonrojarse

-¿Cómo me encontraste? Quiero decir, aquello era un completo caos.

-Ah, bueno. Salí del estadio con mi escoba en cuanto me di cuenta de lo que estaba pasando. Iba con intención de luchar e intentar detenerlos, pero mientras volaba vi como alguien era golpeado y baje a ayudar sin pensarlo. No me di cuenta de que eras tu hasta que te cargue en mi escoba.

-Oh. Gracias.

-No hay de que, Harry Potter.

-¿Sabes quien soy?

-¡Por su puesto que se quien eres! Vivo en Noruega, no en alguna isla perdida alejada de todo contacto con cualquier civilización- dijo riéndose- quizás no lo sabes, pero yo soy inglés. Y no creo que haya algún niño inglés que no haya crecido oyendo las historias de Harry Potter, El Niño que vivió.

-Sí lo sé, eres de Wiltshire- ante la extrañada pero divertida mirada de Malfoy Harry se dio cuenta del enorme error que había cometido- quiero decir, todo el mundo sabe eso. Todos en Hogwarts te admiran, incluso si no te gusta el quidditch te ves forzado a escuchar tu nombre por los pasillos. No es que a mi no me gustes, ¡claro que lo haces! Pero no de la manera que estas pensando, sino me gustas como persona, ósea claro que eres una persona no me vas a gustar como animal, pero que no me gustas de esa manera… ¡no es que seas feo ni atractivo! pero yo… lo que quiero decir es que te admiro mucho por tus logros.

Malfoy, que había estado mirando sorprendido como Harry se ponía nervioso el solo rompió a reírse. Harry descubrió un dato más sobre el jugador de quidditch: que su risa era de esas que te hacen reír a ti también con solo escucharla. Era ruidosa, pero no de una manera excéntrica, sino más bien era de ese tipo de personas que se reían de verdad, con todo lo que tenían.

Harry, sin poder evitarlo y olvidando un poco la vergüenza que sentía, rió con él.