De amor y otras leyes.

Rose Weasley es perfecta. Y quién diga lo contrario, simplemente se engaña a si mismo. La hija, hermana y prima perfecta. La abogada y socia perfecta. ¡La mujer perfecta! Y llega él, el maldito rubio, aquél que la forzó a perfeccionarse en un pasado, para volver a derrumbar su perfección. Porque el primer amor, tan imperfecto, difícilmente se olvida.


Capítulo tres.

5 de Enero, 2035.

Ese día Rose se había levantado con buen pie. Su rostro se encontraba adornado con una amplia sonrisa, producto de su reincorporación al trabajo. No había duda alguna, Rose amaba su trabajo por sobre todas las cosas y los cinco días que había tomado de vacaciones habían sido simplemente una dura tortura para ella.

No le habían faltado insistencias sobre alargar sus vacaciones. Por su hermano Hugo que deseaba que fuera a la casa de la playa con él y su familia o por parte de Dominique que insistía en que fuera a pasar unos días con ella porque Teddy viajaba para concretar un negocio en el mundo de la arquitectura. Incluso Lily le había pedido que se quedara un poco más de tiempo en su casa, para ayudarle a pintar el apartamento.

Pero no. Rose Weasley tenía trabajo y el Lunes primero de Enero estaba bien tempranito en el bufete, tatareando una vieja melodía que su madre le cantaba cuando era una niña. Aquél día sería perfecto y podría adelantar mucho trabajo antes de que Scorpius Malfoy llegara para su cita.

— ¡Maldita sea! —, exclamó la joven pelirroja al entrar a su oficina y al derramar el café, ya frío, sobre su blusa blanca recién planchada. Se había llevado un sobresalto al ver a Scorpius en el medio de su oficina, como Pedro por su casa.

El rubio se giró en redondo para mirarla y casi al instante lanzó una sonora carcajada. No era hecho de todos los días ver a Rose Weasley con la blusa destruida gracias a una gran mancha de café frío y con esa expresión llameante en su desencajado rostro.

— ¿Qué haces aquí? —, espetó ella, antes de cerrar la puerta con un golpe furioso—. Pensé que Natacha te había dicho a las once de la mañana.

—Sí, me lo dijo.

—Aja, ¿Y entonces? —. En ese momento, Rose de lo que menos estaba al pendiente era de la blusa manchada. Botó el café en la papelera de la oficina y lo miró fijamente, esperando una respuesta convincente.

—A las once no podía.

—Pe-pero, ¡Son las seis de la mañana! —. Indignada, la pelirroja se pasó una mano por el cabello que se había dejado en media coleta y suspiró pesadamente. Scorpius simplemente ladeó su sonrisa, un poco más.

—No me digas que te levanté, bonita, porque venías cantando muy alegremente—. Rose deseó haber tenido aun el café en sus manos, para echárselo por la rubia cabeza y sentirse satisfecha con su mañana. Sin embargo, se limitó a mirarlo largamente.

No lo veía desde la mañana del treinta y uno. Y debía admitir que había cuidado más su imagen para entonces. Aunque seguía con las mismas clases de pinta, unos vaqueros y una chemise de Columbia, nada de trajes, se había afeitado la insipiente barba de tres días y su rostro se veía claro y limpio. Y más atractivo, como era de esperar.

Luego de haber sido espiados por un miró la noche de año nuevo, la policía había llegado buscando explicaciones que ninguno en la casa le supo dar. Por supuesto, al saber de las falsas acusaciones hacía Scorpius lo habían tomado también como sospechoso de algún complot raro pero Rose había resuelto el embrollo. Lo que si dejó claro la visita de los uniformados, al menos para Rose, era que no podían confiar en ellos. Ellos no confiaban en Scorpius, así que no servirían de nada si volvían a ser espiados. O peor, atacados.

— ¿Rose? —. El rubio se preocupó, al no escuchar nada por parte de la pelirroja. Ella respondió con un ausente ¿Uhm? —Me gusta el sostén. Siempre me gustó como te queda el floreado—. Quiso insultarlo y borrarle aquella estúpida sonrisa del rostro, pero terminó por suspirar resignada.

—Bueno, Scorpius, he investigado tu caso—. Expresó ella, al tiempo que se dirigía al pequeño baño de la amplia oficina. Allí siempre tenía una blusa de cambio.

—Y no has encontrado nada bueno—. Scorpius se sentó en uno de los sillones que tan cómodos eran y que Rose no solía utilizar. —Ya lo sé. Yo tampoco he encontrado nada bueno.

—No creas—, la pelirroja salió con una nueva blusa azul, acomodándose el cuello de la misma—. Tu acusación no fue una coincidencia. Para nada. Hace cinco años tuviste un accidente, ¿No?

—Sí, pero no entiendo…

—Un accidente causado por otro auto que salió huyendo, en una carretera que no tiene cámaras de seguridad y donde no había absolutamente nadie más que un par de animales gracias a la hora del accidente, ¿No?

—Sí. Creo que ya sé hacía donde quieres llegar—. Scorpius se inclinó y cruzó ambos brazos, pensando en la misma onda que la pelirroja. Rose sonrío orgullosa, sabía que el rubio entendería que quería decir.

—Cuando lograste arrastrarte más o menos rápido, fuiste al local más cercano donde llamarón a las autoridades. Y entonces, las autoridades alegaron que fue un venado atravesado pues a pocos metros se encontró uno atropellado. Sin embargo, tú insistías en que no, había sido un auto.

—Sí, así es. Fue un auto. No vi la matrícula. No vi nada más que las luces y las yantas arrancando.

—Exacto. Pero, ¿De dónde fue el venado entonces? Porque el venado tenía poco tiempo en la carretera. Y…

—Estuve inconsciente. No sé cuanto tiempo exacto, pero lo estuve. Y podría jurar que escuché el auto regresar, las yantas derrapar. Pero, cuando abrí los ojos, ya no había nadie—. Solo olor a sangre. A mi propia sangre; quiso agregar.

—Tuviste otro accidente, ¿No es así? Hace tres años.

—Sí. —Scorpius admiró la forma en la que Rose se desenvolvía por la oficina, ubicando carpetas y papeles con demasiada facilidad. Él debía sufrir para encontrar algo y la pelirroja simplemente lo hacía con destreza. —Fue en una construcción. Una construcción que no se culminó por el accidente. En realidad, yo no estaba allí, pero era el encargado. Fue de madrugada. Empezó en la fuente que se construía en el vestíbulo. Iba a ser un hotel. Primero un incendio. Luego, los explosivos. Hasta que el edificio cayó—. El rubio suspiró con pesadez y recostó su cabeza en el sillón, con los ojos cerrados. Gracias a Dios no había nadie a esas horas de la noche.

—Tuviste consecuencias—. Ya todo eso Rose lo sabía. Solo quería la confirmación para poder hacer una conjetura general.

—Sí. La empresa de mi padre aun se recupera de esas consecuencias. Por unos meses nadie quiso contratarnos y tuvimos que pagar al dueño del hotel, y bueno, se nos fue una gran suma de dinero. Era algo grande el proyecto.

—Y ahora, tu ex novia, la única que has tenido desde…— Rose tragó en seco, y suspiró. Al menos eso había leído. —Desde los veinte años. La matan, a pocos metros de donde estás tú. Y con un objeto de tu posesión de tal manera que parezca que fuiste tú quién la golpeó y finalmente, asesinó. Y ahora, eres acusado.

—Sí, así es.

—Y no ha sido la única persona importante que has perdido por muerte violenta, ¿O no? —Scorpius se estremeció. No, por supuesto que no. También estaba Thomas. Thomas Nott. El hermano menor de uno de sus mejores amigos y de su más grande socio: Jeröme Nott.

—No. No ha sido la única. —Suspiró. Aun le dolía, a pesar de los años. Largos siete años. —Thomas tenía diecinueve años. Jeröme estaba fuera de la ciudad. Y yo saqué a Thomas, a celebrar que había pasado uno de los exámenes más importantes de su carrera. Thomas era igual que Jeröme: Una buena persona, de buen corazón. Noble. Sin embargo, tenía un problema y ese era el alcohol.

Scorpius masajeó su nuca, deseando nunca haber pasado por aquello. No haber regresado a Londres, porque si no hubiese regresado, entonces no estuviese allí sentado, dando explicaciones. Sin embargo, tampoco hubiese visto de nuevo a su pelirroja, y eso nunca se lo hubiese perdonado.

— ¿Qué pasó esa noche, Scorpius? —. Rose ya lo sabía. Sí. Todo. Con cada detalle. Había leído mucho sobre ese asunto. Pero, quería saberlo de la boca del rubio. Se arrodilló frente a él y colocó una de sus manos en la rodilla del rubio. Scorpius la miró y se apoyó en esa cálida sonrisa para proseguir.

—Fue una noche divertida. Hasta que Thomas empezó a pasarse de copas. Le dije que lo llevaría a casa. Sería eso de las dos o tres de la madrugada. Yo quería dormir, para olvidar la resaca y el dolor punzante de cabeza. Pero, había estacionado a una cuadra o una y media del bar. Así que le dije que esperara allí, en la entrada. Había un semáforo en la esquina. Con una cámara. Si le robaban, podría denunciar a los ladrones. Sin embargo no había nadie y eso me preocupaba. Él me dijo que todo estaría bien. Que fuera tranquilo a por el auto. Qué él ya era grande. Así que fui. Y lo dejé allí.

Al rubio se le quebró la voz. Suspiró largamente e hizo una pausa, para recomponerse. Recordaba que aquella noche había salido para olvidar a Rose, para olvidar su cabello y sus pecas en todo su rostro. Pero, solo había conseguido una desgracia.

Él fue a por el carro. No era muy moderno, no en aquél entonces, pero le llevaba a donde tenía que ir. Era cuadra y media, sino mal recordaba. E iba lo suficientemente ebrio que no se fijó en los objetos que llevaban un par de hombres, que si Scorpius los hubiese visto mejor, se hubiera percatado de lo sospechoso que se veían. No llegó al auto, eso lo recordaba. No llegó porque apenas lo vio se dio cuenta de lo que pasaba. Una emboscada preparada por unos ladrones que solo querían objetos de valor y que sea de paso, habían destruido la puerta de su cacharro.

Scorpius recordaba haber corrido. Rápido. Había dejado a Thomas en una calle desolada y aunque los ladrones no hubiesen pensado en robarle, igual lo harían si lo veían solo. Solo tenía diecinueve años, se suponía que debía cuidarlo. Sin embargo, a pesar de la respiración agitada y el cansancio por correr cuadra y media, escuchó los disparos justo antes de cruzar la esquina que daba a la calle. Tres disparos. Pum. Pum. Pum.

Y Thomas ya no respiraba cuando Scorpius llegó a su lado.

—Era tarde, Rose. Cuando llegué, ya era tarde. Después me enteré que el robo era para mí, los disparos también. Me venían investigando, lo que querían era sacarle dinero a mi padre. Pero, lo dejé solo. A Thomas. Y él pagó mis deudas—. Rose se dio cuenta que Scorpius se culpaba, así que se inclinó y lo abrazó con fuerza, esperando así brindarle el consuelo que no pudo brindarle siete años atrás.

¿Por qué no había estado con él? Si hubiese estado con él, entonces él no sentiría ese peso en el hombro. Pero, la vida daba demasiadas vueltas y nunca terminaba como uno lo esperaba. Habían tomado caminos distintos. Se había separado por el bien de ambos, porque las discusiones y las peleas eran demasiado fuertes.

A Rose aun le dolía el recuerdo de aquella fatídica tarde donde todo se quebró. Aun las lágrimas brotaban, por las noches, cuando nadie podía verla y consolarla. Rose aún sentía la desesperación, como si hubiese sido ayer. Ella reclamando una infidelidad que él ni siquiera negó o aceptó. Y él saliendo por la puerta de aquél apartamento que compartían, para no volver más.

Pero, lo que más le dolía a Rose era encontrarlo ocho años después así de destruido por dentro. Scorpius no lloraba en su hombro y Rose sabía que era nada más que por orgullo. Porque le dolía que lo acusarán de algo que él jamás haría y le dolía recordar todo aquello que aun tenía clavado en el pecho. Era como un niño pequeño, en busca de un refugio. Solo que Rose aun no lograba entender que el refugio que tanto buscaba ese niño era ella y nadie más que ella. Su hogar, el puerto seguro donde podía llegar sin problema.

—No fue tu culpa, Scorpius—. Las rodillas comenzaron a dolerle, por estar tanto tiempo inclinada, pero a Rose no le importó. Al contrario, lo abrazó con más fuerza—. No lo fue, ni lo es ahora.

Por primera vez en siete años, Scorpius se sintió completamente tranquilo. En casa. Y más decidido aún en recuperar esas sonrisas que él sabía que le pertenecían. Amaba a Rose y no había dejado de hacerlo, a pesar de tener otras en quién olvidar. La amaba desde que le había prometido enseñarle a sonreír. Y se había arrepentido con todo su ser, cuando una vez aprendida, Rose había dejado de hacerlo, simplemente. No había dado ni dos pasos fuera de aquél apartamento, cuando ya quería volver. Y no se había atrevido.

—Rose, hay algo más—. La pelirroja se separó del abrazo y lo observó fijamente, esperando sus palabras—. Algo que solo sabe mi padre y fue porque él me sacó del país.

Rose sintió la opresión en el estomago, el miedo que la dejó paralizada, esperando a que Scorpius terminará de hablar.

—El año pasado nos salió un proyecto genial en Chicago y mi padre me mandaría a mí para resolver los asuntos. Jeröme me acompañaría y todo, pero él tenía otro proyecto por Dubai y aun no ha regresado. —Scorpius se masajeó la nuca, suspirando pesadamente. Se sentía en el interrogatorio policial nuevamente—. O eso dijo mi padre a mi madre. Lo cierto es que me mandó porque fui amenazado y quiso sacarme del país. Llegué a casa, una noche, y toda la sala hasta la cocina estaba destrozada. Las mesas destruidas, los vidrios rotos y los adornos de la casa por el suelo, quebrados. Y con pintura roja en las paredes estaba escrita la palabra muerte, por todos lados. A los dos días me fui.

Rose se sentó en el asiento contiguo. Simplemente se dejó caer, repentinamente exhausta. Eso no lo sabía, por supuesto que no. Si solo lo sabía Draco Malfoy, entonces, ¿Cómo iba a saberlo? Suspiró pesadamente y calló un largo rato, pensando en todo lo que habían hablado en aquella oficina.

—Entonces, está claro: Hay un punto de partida en todo esto. Y eres tú. —Tocaron la puerta. Era Natacha diciendo que el cliente de las ocho ya estaba allí. —Haz una lista de quienes podrían tener algo contra ti. La examinaremos… Luego. —Scorpius se levantó, asintiendo.

—Ésta noche cenaremos en tu casa—. Y eso terminó por descolocarla. Rose se levantó de un salto, con los ojos como platos.

—Eh, eh, ¿Cómo que ésta noche en mi casa? ¿Tú te auto invitas ahora?

—Sí.

—Uhm. —Rose no lo vió venir. Por supuesto que no, ¿Cómo hacerlo? Sin embargo, antes de si quiera poder darse cuenta, ya tenía la boca de Scorpius devorando la suya.

No era un beso dulce. Para nada. Tampoco era como el de año nuevo. No. Ésta vez, Scorpius saqueó los labios carnosos de la pelirroja y ella se dejó hacer. Ardiente, una pasión desesperada. Un anhelo, un deseo ferviente creciendo en la punta del vientre. Manos tocando con fervor, esperando encontrar lo que buscaban. Rose sintió las ágiles manos de Scorpius recorrer su cintura y ella, ni corta ni perezosa, se aferró a la camisa de su cuello, buscando más. Y de pronto, el beso se derritió en una eterna dulzura, paciente que sabía a nostalgia. Y eso simplemente descolocó a Rose, por segunda vez en la mañana, que no supo como responder exactamente.

Cuando se separaron, la pelirroja aun se encontraba aturdida y el rubio aprovechó ese momento para tomar sus cosas, con una amplia sonrisa en su rostro.

—Nos vemos en la noche, Rose. —Y la puerta se cerró tras una Rose despeinada y completamente sofocada por la excitación. Su corazón atolondrado quería salirse del pecho y solo atinó a derrumbarse nuevamente en aquél sillón, con las manos fuertemente apretadas en el pecho, intentando descubrir porque seguía queriendo al maldito rubio.

—Dios mío.

{…}

—Rose, ¿Puedes quedarte tranquila? —. Dolly observó a su amiga mientras iba y venía por toda la habitación, ordenando aquí y allá. La casa de Rose no era muy grande, pero la pelirroja coleccionaba cada cachivache, así que tenía mucho que ordenar.

—No, no puedo. El maldito estúpido llegará en cualquier momento. No puedo permitir que vea tal desorden.

—Rose, tú casa está más limpia que un santuario—. Cat se acomodó en uno de los sillones, al lado de Dolly, mientras ambas compartían una barra de chocolate. Rose se limitó a mirarla fulminantemente. Aun no entendía como Cat era su amiga, pero aun así la quería.

Cat era de esas personas tan auténticas, que la mayoría del tiempo molesta por su personalidad. De esas personas que suben a un escenario para cantar los viernes por la noche en el karaoke de un bar de mala muerte o que te cuidan al pulgoso, porque saben ser amigas. Era rubia. Sí. Y tenía una impresionante memoria fotográfica que ni te digo y a pesar de ser algo pequeña de estatura y de contextura gruesa, trataba de mantenerse en forma para no caer en su peor adicción: el chocolate. Pero, ya ves, había momentos de momentos.

—A ver, par de morsas, ¿Por qué no se van? Dolly, ¿Mi primo no te está esperando? Y tú, morsa rubia, ¿Y la nueva conquista? —. Rose suspiró, antes de dejarse caer en uno de los sillones, al ver como sus amigas ni se inmutaban. Sí, debía admitir que una visita de Scorpius a su casa significaba darle un espacio personal. Y realmente, no quería que le volviera a romper el corazón. Una vez había sido suficiente para Rose Weasley.

—Si estás tan enojada o nerviosa o como quieras llamarle porque Scorpius viene, ¿Por qué no le dijiste que no? —. Dolly se moría de la curiosidad. Nunca, desde que conocía a Rose Weasley y era novia de James Potter, había visto a la pelirroja cediendo ante las decisiones de alguien más.

—Porque no me dejó, Dolls. Ya te lo dije—. La carcajada de ambas mujeres con chocolate fue instantanéa y no pudo ser más sincera. Rose frunció los labios, sin entender—. ¿Se burlan de mí?

—Sí—. Respondieron ambas al unísono, antes de seguir riendo. Rose se limitó a bufar.

—Es que, Rose, tú no dejas que nadie te deje—, dijo Cat como toda explicación para la risa espontanea que le había brotado de sus pequeños labios. —Admítelo, estás loquita por el rubio. Aun lo estás—. Rose iba a refutar, pero en ese momento sonó el esperado timbre de la casa. Rose ya sabía quién era, lo que no esperaba era encontrarse a su primo Fred junto al rubio.

—A ver, no entiendo.

—Fred viene por mi, Rosie. —Tanta era la confusión de la pelirroja, que ni prestó atención al sobrenombre. Cat se había levantado, había tomado su cartera y había ayudado a Dolly a levantarse—. Llevaremos a Dolly de camino a la fiesta.

— ¿Fiesta? ¿Vas a fiestas con mi primo? —. Rose no cabía de la impresión y Scorpius no podía estar más divertido.

—Sí—. Cat no dejó que Fred se explicara ni que Rose preguntara mucho más. Tomó a Dolly del brazo y salieron apresuradas, a sabiendas que al día siguiente no pelarían la riña de la pelirroja. Y sin más, Scorpius y Rose quedaron solos nuevamente, en el umbral de la puerta con el arranque del motor de la bronco de Fred de fondo.

— ¿Hiciste la cena?

— ¿Uhm?

—Cena, Rose. Tengo hambre—, Rose dejó de observar el camino por donde se habían ido su cuñada, su primo y su mejor amiga y pasó a mirar a Scorpius, quién le sonrió, mientras alzaba dos bolsas repletas de comida china, que ya sea dicho de paso, era la favorita de Rose.

—Bueno, pensaba hacer sopa, pero ya que pensaste… Pasa. —La tensión fue inmediata. Rose no supo si correr o quedarse allí, plantada, esperando que la tierra se la tragase. En su vida se hubiese imaginado que volvería a sentirse así por un hombre, sin saber qué hacer o como actuar. Y mucho menos, tratándose de su ex.

—Tranquila, no te besaré—. La carcajada de Rose fue tan sincera, que el corazón de Scorpius danzó de pura alegría. Tenía años queriendo escuchar aquella risa tan cálida y sincera y allí estaba, con su cabello rizado donde deseaba enterrar sus manos para no volverlas a sacar nunca más.

La cena pasó sin mayor inconveniente. Lograron mantener una charla amena y divertida. Scorpius consiguió escuchar esa risa que le hacía sonreír muchas veces más y Rose consiguió sentirse a gusto de nuevo con la compañía del rubio. Era como si se estuvieran conociendo de nuevo, como si los ochos años de por medio nunca hubiesen existido. Y estaba bien, la mutua compañía y la camadería que con los años habían perdido. Se sintieron niños de nuevo, solo que ahora compartían una botella de vino y comían mucho pollo teriyaki.

Pero, entonces, salió a colisión el tema del juicio que se celebraría sino se encontraban pruebas a favor de Scorpius. Y finalmente, terminaron analizando la lista de sospechosos que Scorpius había realizado con todos sus conocidos.

—No me has eliminado—. Rose frunció el ceño, mientras leía el papel. Scorpius tomó otro sorbo de vino.

—No. Debía incluir a todos mis conocidos—. Se encogió de hombros, antes de inclinarse hacía atrás con la silla—. Estás eliminada, eso indica el subrayado. Mi padre, mi madre, tú, James, Albus, a todos los eliminé.

—Eliminaste también a Jeröme.

—Sí.

—Pe-pero, no entiendo, ¿Por qué? Es el hermano del que empezó todo esto, o al menos, nuestro punto de partida. Es el principal sospechoso, ¿No? —. Al menos, Rose lo había tenido así todo el día. Y al contrario de como esperaba que reaccionara Scorpius, el rubio simplemente se limitó a negar con un gesto de su cabeza.

—No. —Al ver la confusión de la pelirroja, Scorpius decidió explicarse—. Jeröme estaba en un proyecto cuando mi accidente de auto. Y está en Dubai ahora, hablé con él ésta misma tarde. Mi padre viajó ayer para allá. Están juntos. Mi padre también quería verificar. Y de todas formas, nunca podría desconfiar de Jeröme. Es demasiado noble, como su madre. Su madre es un amor. Lástima que vive en Texas.

Rose suspiró. Esa explicación le convencía, además, tampoco esperaba que Jeröme fuera el culpable. Entonces, vio un nombre en negritas en la hoja, un nombre de mujer y supuso que esa era quién Scorpius tenía como principal sospechosa.

— ¿Cybil Parkinson? ¿Por qué?

—No sé si la recuerdas. Era bastante histérica, chillona y de buenas a primeras, se acostaba con todo su instituto así que también medio ramera. Tenía la misma edad que Thomas. Y eran novios—. Rose enarcó ambas cejas, al no saber esa información. —Además, estaba embarazada cuando Thomas murió. —Venga, todas razones para vengarse. —Además, es artista. Es famosa por usar solo el rojo para pintar sus cuadros.

—Uhm, comprendo. ¿Te has encontrado con ella?

—Sí. Muchas veces. Y me odia. Quedó muy afectada con la muerte de Thomas. Estoy seguro de que tiene algo que ver en todo esto—. Scorpius sabía que tenía que ver con todo eso. Cybil, además de tremendamente parecida a su madre, también era retorcida y al contrario de Pansy, era demasiado temeraria. Lo suficiente como para hacer algo que no debería.

—Le haremos una visita—. Declaró Rose, antes de dejar el papel sobre la mesa y comenzar a recoger los platos. Scorpius se levantó para ayudarla y entonces, sonó la puerta de la casa, así que el rubio se quedó solo en la cocina mientras Rose iba a atender.

A Scorpius le gustaba estar allí. Todo era Rose. La cocina era del estilo que Rose se quedaba mirando en las tiendas cuando paseaban juntos de novios. El suelo, la cerámica, hasta los cuadros que adornaban las cálidas paredes beige. Incluso, su aroma estaba impregnado en todos lados. Olía a rosas. A rosas frescas, floreciendo en un jardín amplio y lleno de flores. El aroma le recordaba a sus labios, a su sabor. Fresas, estaba seguro que Rose sabía a fresas con chocolate. Sí.

Un chillido le arrebató los pensamientos y le paralizó el corazón. No quería ir a la sala, no después del golpe seco que acompañó el chillido. No quería verla inerte, no quería tener que llorarla. Si Rose moría, él también. No sabía ni siquiera qué le impulsaba a mover sus piernas en ese momento, pero su corazón se había roto en mil pedazos sin posibilidades de volver a unirlo nunca más. La imagen de una Rose sin vida, en el suelo de aquella casa que solo tenía su presencia marcada, le desgarraba el alma y le quitaba el aire.

Pero, cuando llegó al umbral, lo que encontró fue muy distinto. La pequeña mesa de cuatro patas donde Rose tenía el teléfono estaba en el suelo, pero era porque la pelirroja se había ido hacía atrás al ver la caja de cartón que le habían dejado en la puerta.

Rose se sintió como una cría de nuevo y al ver a Scorpius llegar tan pálido como un fantasma a la sala, se lanzó a sus brazos y se refugió en su hombro. No lloraba, pero los ligeros espasmo le decían a Scorpius que estaba asustada.

—Hey, Rosie, eh, ¿Qué sucede? ¿Estás bien? ¿No estás herida? —, la separó de él y fue lo más difícil para él en ese momento. La quería mantener en sus brazos, protegiéndola a sabiendas que aun estaba viva. Rose asintió, mientras respiraba profundamente y contaba hasta diez, intentando controlar los nervios.

—E-es un ga-gato—. Sus manos temblaban. Rose amaba los gatos. Y no podía ver uno en aquél estado. Scorpius entendió entonces que había pasado. En la caja, había un gato. Lo que no esperaba era ver solamente la cabeza del gato y toda la sangre manchando el suelo, escurriendo de la caja. Decidió entonces llevar a Rose a su habitación y ocuparse él del asunto.

Y mientras limpiaba el suelo, luego de haber botado el animal al basurero del patio, pensaba en la nota que venía junto a la caja. Estaba claro. Y era lo que más le asustaba a Scorpius. Deja de ayudarlo. O tú sigues. Era una amenaza. Para ella. Y por su culpa.

— ¿Scorpius? —. El rubio alzó la mirada, al escuchar ese tenue susurro. Rose, en toda su menuda figura, se escondía aun en las escaleras, esperando que él confirmará que ya se había encargado. Scorpius se limitó a abrazarla de nuevo.

—Ya está todo bien.

—Era un animal inocente, ¿Sabes? Malditos bastardos que hacen eso—. Cuando Rose comenzaba a insultar, era porque se recuperaba. Y por eso, Scorp sonrió.

—Sí, es verdad—. Aun así, no la soltó. Y ella no hizo nada para separarse de él. Al contrario, recibió las caricias del hombre con toda la aceptación del mundo y lo abrazó con más fuerza, para mantener su calor. —No quiero que sigas trabajando en mi caso—. Eso la hizo reaccionar del todo. Se alejó con brusquedad y negó, repetidamente, con la cabeza.

—No. No te atrevas a pedirme eso—. Rose se cruzó de brazos, indignada—. Seguiré trabajando en esto, porque ahora es personal. Y no voy a permitir que te hundas, Scorpius. No seas imbécil, se un hombre.

El rubio se rascó la frente, pensando en lo que Rose le decía. Finalmente, asintió y terminó por bajar las escaleras. Sin embargo, al contrario de lo que Rose creía, no se dirigió a la puerta de entrada, sino a la sala.

— ¿Qué haces?

—Me voy a quedar.

—No, Scorpius, no hagas esto—. Elle le siguió y se paró frente a él, y a la chimenea, en aquella amplia sala que tanto se había esforzado en limpiar para no tenerle más nunca allí. Pero, ahí estaban. Los dos. Juntos.

— ¿Qué no haga qué? ¿Cuidarte, protegerte, impedir que te pase nada? No te estoy pidiendo que duermas conmigo, Rose. Te estoy diciendo que me quedaré.

—No me rompas el corazón de nuevo—. El corazón de Scorpius se encogió. Y como deseó tener una maquina en el tiempo para no haber cometido la estupidez de irse, de abandonar la batalla.

Colocó una mano en la mejilla de Rose y ella se limitó a cerrar los ojos, vulnerable al tacto del rubio. Sintió el beso, suave y dulce. Un simple roce que escondía una promesa. Una promesa de amor para la que ella no estaba preparada y por eso, se alejó.

—Te bajaré sabanas y una almohada—, dijo Rose al tiempo que subía nuevamente—. Dormirás en el sillón.

—Rose—, llamó él, haciendo que ella se detuviera en mitad de la subida y se girara a verle. —No lo haré—. Ambos sabían que se referían al corazón roto. Y ambos sabían que aquellas palabras estaban llenas de sinceridad. Pero, ambos no podían confiar en ello. Ya lo habían hecho una vez, y no había terminado bien.

Sin embargo, lo que Rose aun no comprendía y que Scorpius tenía ya claro era que no dormiría el sillón. Aquella noche sí, pero no permanentemente.


Disclaimer. Ésta historia me pertenece, más no sus personajes. Rose Weasley, Scorpius Malfoy, la familia Weasley y Potter, y el resto de personajes que reconozcan son de Jotaká. Dolliane, Jeröme, Thomas, Cybil y Catlyn son míos completamente y no quiero verlos en otra historia. No al plagio.

Bueno, aquí yo con otra capítulo. En ésta vemos un poco más de lo que le sucede a Scorpius, se insinúa una posible relación entre Cat y Fred, vemos a Dolly -me encanta Dolly, es como una muñequita Dolly- y se presentan a tres nuevos personajes: Thomas, mi guapetón Jeröme y la histérica de Cybil. Y bueno, todo tiene su porque, ¿No? Poco a poco se irá comprendiendo todo. Como adelanto, les digo que en el próximo capítulo veremos más de Cat y Fred, de Dolly y James y puede que lleguemos a conocer a Cybil. Recuerden que no prometo fechas de actualización y espero sus comentarios con sus opiniones acerca del capítulo.

¡Saludos! Gabiela. :3