Desde ahora seré lo más breve posible en esta parte de mis historias. Si se preguntaron por mi ausencia, pues se debió a la falta de tiempo y no saber organizarme bien. Ahora estoy tratando de volver a la escritura. Espero que comprendan. Un saludo a todos los que aún siguen mis historias.
Sin más, que lo disfruten.
Una historia de The Loud House: Futuro Perdido – Capítulo III
"Buenos días ciudadanos de Royal Woods, Hoy es 5 de Mayo del 2042, les habla su amiga Scarlet, otra vez con las noticias desde la radio oficial de nuestra querida ciudad. Antes de empezar con las noticias, les envió un saludo fraterno a todos los miembros del municipio, desde el alcalde hasta sus trabajadores de limpieza ¡Sigan haciendo un gran trabajo chicos! Bueno, como sabrán muchos de ustedes, han surgido rumores de que el recurso hídrico está en su punto más bajo, eso sin duda es una falacia… No se dejen engañar por egoístas que solo desean crear confusión y caos en nuestros hogares. Conozco personalmente a nuestro alcalde, y estoy muy segura que está haciendo todo lo posible para solucionar los problemas existentes, pues aunque no se haga oficial aún, una nueva fuente de agua está a punto de ser descubierta, solo es cuestión de esperar mis amigos. En otras noticias, debo informar que desgraciadamente, cinco personas fueron encontradas muertas de maneras muy difíciles de describir. Aún no se tiene información certera del autor o los autores de esa masacre… Dios mío, esto resulta muy difícil de creer para mí, ¡Pero afortunadamente nuestro alcalde Labrant está poniendo las manos a la obra para encontrar a los causantes de esto! Abriremos nuestra línea telefónica para escuchar sus opiniones.
― ¿Hola con Scarlet?
― ¡Sí! ¡Estas al aire! ¿Cuál es tu nombre radioyente?
― ¡Eres un perra vendi…!
― ¡Oh cielos! ¡Parece que se cortó! Es una lástima, esperamos más llamadas después de estos mensajes del alcalde…"
―Me agradaba más el locutor anterior, supongo que se cansó de ser un vendido y se reveló, en fin…
Mi cuerpo sentía un frio increíble, el calor corporal no era suficiente para evitar los temblores, ¿Acaso estaba en la Antártida? No sé si era mi imaginación, pero el vapor escapaba como cascada de mi boca. Quizás la temperatura este rodeando los cero grados, algo que en estos tiempos ya era considerado natural. Quizás deba quedarme congelado, así contribuyo a la recuperación del mundo… No, mi muerte no solucionaría nada, ya nadie puede hacer algo por arreglar toda esta mierda. El frío rodeaba mi cuerpo, ya casi no podía sentir mis manos, los dedos de mis pies estaban totalmente duros, la mucosidad de mi cuerpo estaba congelándose poco a poco. Creo… que solo debo cerrar los ojos y esperar… Pero eso no ocurrió.
Unos brazos rodearon mi cuerpo, regalándome un calor que nunca antes había sentido. Puede que sea algo artístico, pero el color rosado volvió a mi cuerpo, esos brazos, esas piernas, ese abultado abdomen, ese cuerpo, me regaló las fuerzas necesarias para soportar ese frio que quiebra hasta mi alma… Estoy seguro que se trataba de una nueva oportunidad.
―Estaba preocupada por ti, temblabas mucho al dormir, no me quedo otra más que abrazarte ―. La escuché decir, con algo de ternura.
Abrí mis ojos con algo de cansancio, no había mayor luminosidad que la del ambiente, pero es de esperarse si vives en medio de la nada… Mejor dicho en medio del bosque. Me costó tiempo, pero pude construir una cabaña a base de madera, era lo suficientemente grande para poder convivir, aunque no contamos con electricidad o agua potable, hemos podido valernos de nuestro propio esfuerzo, lo único tecnológico que tenemos es la radio, un teléfono móvil y una linterna a pilas. No lo negaré, las noches son frías, las mañanas son duras, pero la tranquilidad y la paz de vivir a la intemperie no se compara con nada. Estaba por empezar en mi aventura de cada día, gracias a su apoyo incondicional… Me resulta difícil de creer, pero durante seis meses hemos estado juntos, luchando por salir adelante frente a toda esta mierda. Quisiera dejarme caer y desfallecer de una buena vez, pero ya sea para bien o para mal, debo seguir en pie por ella… y por él.
― ¿Lincoln? ¿Te encuentras bien? ¿Quieres que ponga a calentar algo de agua para ti?
Su voz sonaba tan tierna, ya no usaba aquel tono seductor y/o lascivo, ahora era confortante, lleno de confianza, lleno de esperanza. No quería dejarla esperando mucho por una respuesta, me levanté de mi cama, caminé lentamente hacia ella, sujetando su blanco rostro, y le implante un beso de agradecimiento, ni siquiera los abrigos que llevaba puesto me evitaban abrazarla con ternura, aunque claro, lo hice con el mayor cuidado posible… Una embarazada no puede arriesgar su panza por nada del mundo.
―Estoy bien Cristina, gracias por haberme abrazado anoche, realmente lo necesitaba ―. Dije con algo de alegría, mientras colocaba mi mano derecha sobre su estómago. ― ¿Estas segura que no le paso nada a nuestro bebé? Quizás hice algún movimiento brusco y…
―Tranquilo ―. Me dijo al momento que posaba sus manos sobre mis mejillas. ―El bebé está muy bien, aunque últimamente está pateando más de lo debido. Ojala no adelante su llegada antes de tiempo.
Ese era de mi mayor temor. A veces no dormía por vigilar a Cristina, pensando en que algo malo le pasaría. El solo pensar en volver a ser padre, me traía sentimientos encontrados. Aún extrañaba a Lincy, pero mis acciones me daban una nueva oportunidad para corregir mis errores… Ahora las cosas eran más claras, solo debía preocuparme por Cristina, el bebé y en última instancia por mí. Tome su mano, invitándola a sentarse en la pequeña mesa de madera que hicimos con nuestro esfuerzo.
―No he podido dormir tranquilo últimamente, he soñado pesadillas sobre Cookie, Lincy, mis hermanas y nuestro hijo… Y lo peor es que todos terminan relacionándose, temo que algo le pase al bebé Cristina.
Con el tiempo tuve que contarle a Cristina sobre los acontecimientos de mi vida, si bien me guarde algunos como la relación que mantuve con algunas de mis hermanas, podría decirse que conocía todo de mí. Después de abandonar el bunker de Lisa, no paso mucho para empezar a convivir como ella había prometido, pero más tarde que nunca, decidimos abandonar Royal Woods, para empezar una nueva vida, con más tranquilidad. Nunca se me había cruzado la idea de vivir en el bosque, pero fue Cristina quien me convenció de mudarnos, ella había escuchado historias sobre personas que vivían muy tranquilamente dentro de la frondosidad, obviamente tenías que arreglártelas para conseguir comida y agua, pero no era tan diferente a como era la ciudad. No tuve que presentar mi carta de renuncia al hospital, estoy muy seguro que les importaba una mierda a los directores del sanatorio. Por el lado de Cristina, ella solo quería huir de la ciudad lo más pronto posible…
En el camino conocimos algunas personas que también vivían en el bosque, apenas dos hombres muy ancianos, cuyas casa estaban a kilómetros de distancia, pero su esfuerzo lo valía para cazar su alimento. No eran muy habladores que digamos, pero nos dieron tips para sobrevivir en la frondosidad. A opinión personal, lo más difícil fue encontrar un lugar donde establecer la cabaña, los recursos no serían tan complicados, pues por donde vieras había arboles de diferentes formas y tamaños.
Con el pasar de los días, logramos alzar la cabaña de madera, no era grande ni espaciosa, pero era perfecta para nosotros dos… Y en cuestión de un parpadeo, estábamos en la espera de alguien más en nuestra cabaña. Tanto Cristina como yo esperamos ansiosos al bebé, sobretodo ella, pues es la primera vez que será madre… Ese tema la volvía muy sensible. Su anterior vida no era la mejor para ser una madre, por eso se vio en necesidad de realizar constantes abortos. No la culpo, yo no podría tratar solo con un bebé, me volvería loco.
―Tranquilo, yo y nuestro pequeño estamos bien, debes prepararte para salir, hay que conseguir leña para esta noche.
Quizás nuestra relación no sea tan profunda como lo era con mis hermanas, y tampoco puede equipararse a mi relación con Cookie. Pero Cristina tenía algo especial que me daba mucha paz interior, y no hablemos de su sensual figura femenina.
Me vestí para la larga caminata en búsqueda de leña, y no tardo mucho para salir de nuestro refugio y encaminarnos en la frondosidad. Cristina se sujetaba de mí para no perder el paso, aun así tenía que moderar mi velocidad para no ocasionar un accidente. Los minutos pasaban, y el resultado era mínimo, nuestra leña reunida solo alcanzaría para un par de horas, y necesitábamos mucho más, pero para mí mala suerte Cristina ya estaba agotada por el esfuerzo físico. No podía arriesgarla más, usaríamos lo que reunimos, no quedaba de otra.
Me resultaba más problemático volver a nuestro hogar pues más allá de refugiarte, descansar, comer y dormir, no había otra cosas más que hacer. No me arrepiento de mi actual vida, pero a veces quisiera que me diera más sorpresas, pues cuando trabajaba en el hospital, situaciones curiosas sucedían constantemente. Y ahora todo es tan… Tranquilo.
Al volver a la cabaña, Cristina fue directo a la cama, estaba muy cansada para poder hacer algo. Eso solo me indicaba una cosa, ahora debía cazar algo para comer, o en su defecto, recolectar algún fruto del bosque. Por necesidad, aprendí a usar el arco y flecha, al inicio no podía ni darle a una roca fija, pero ahora soy bueno dándole a los conejos. Hoy en día tienes que fijarte mucho en lo que comes, la contaminación no perdono a los animales, era normal ver perros y gatos deformes, sin pelaje o con alguna extremidad extra, producto de las aguas contaminadas… La vida silvestre tampoco se salvó, si cazabas una liebre, conejo o lo que fuera, debías revisarlo y asegurarte de que no tenga algo extraño, un sarpullido o la carne de color negruzco, era signo inequivocable de carne toxica para el ser humano, aunque eso no significaba nada para muchos… Ya saben, la necesidad de comer algo.
Aventurarme en el bosque solo nunca era divertido, algunos sonidos llegaban a asustar si no estabas preparado, pero la necesidad te hace enfrentar todo. Empezaba a atardecer, debía apresurarme si quería llevar algo de cenar a casa. Otra vez, estaba caminando sin parar por muchos minutos, hasta que por fin encontré un conejo de color blanco a unos cuantos metros de distancia, comiendo algo similar a una rama.
―Ya te tengo amiguito… ―. Me dije apuntándole con la flecha.
El conejo estaba de lo más tranquilo, sin esperar lo que le pasaría. La tensión sobre la liga de mi arco estaba a tope, solo necesitaba soltarla para asesinar al bendito conejo, pero algo surgió a mi mente.
―Se parece a… Bun Bun…
Mi mente comenzaba a joderme demasiado, ¡No soy un niño joder! ¿Por qué ahora tengo que pensar en ese estúpido muñeco de felpa? Ha pasado tiempo desde la última vez que lo vi, ¿Porque ahora? Maldita sea…
No podía dudar más, era él o yo. No podía permitirme fallar. Solté la flecha, fue con velocidad, estaba seguro que acertaría en mi blanco, pero no fue así. Aunque quizás la flecha rozo al animal, no llegó a lastimarlo gravemente, al menos no que pudiera ver. No me daría por vencido, empecé a seguirlo con prisa, para tratar de encontrar y atinarle de una buena vez. Al llegar a donde se encontraba antes, pude hallar unas pequeñas gotas de sangre, quizás le cause una herida grave. Seguí el rastro de su andar, con esperanzas de que ese conejo no tenga carne toxica, pues ese sería la cereza sobre el pastel para un día de mierda como este.
Las plantas de mis pies me dolían de tanto caminar, pero muy en el fondo sé que vale la pena, no por mí ni por Cristina, sino por el bebé. Ese conejo corrió mucho para estar lastimado, pues su rastro seguía y seguía, llevándome hasta lo que parecía ser un árbol muy grande, era extraño, ya no había rastro del conejo pero sí de su sangre, un pequeño charco estaba cerca de las raíces del árbol, como si la tierra se lo hubiera comido y solo dejo el líquido rojo. Extraño no era la palabra, coincidente, esa sí lo era. Alguien o algo se llevó al conejo, por mi bien espero que no esté cerca. Estaba preparando una flecha para defenderme si era necesario, pero al momento de cargarla, algo cayó cerca de mí, y lo hizo con mucha fuerza, como si fuera lanzado directo al suelo como un balón de futbol americano.
― ¿Acaso es? ¿Es el conejo?
El animal parecía haber sido aplastado con mucha fuerza, como si una mano gigante lo hubiera sujetado y presionado hasta que sus ojos salgan de sus orbitas. Más allá de su motivo de muerte, no parecía estar contaminado o algo así por el estilo, estaba muerto y eso me servía. Lo recogí y lo oculte en mi bolsa de piel, mientras me preparaba para salir corriendo de esa zona del bosque. No esperé más y emprendí mi huida.
Corrí…
Corrí…
Y seguí corriendo…
Pero una rama me detuvo de la peor manera, haciéndome caer de manera muy brusca al suelo. El dolor en mis manos era mucho peor de lo que imaginaba, mi rostro estaba enterrado entre la tierra, el asqueroso sabor a tierra entro a mis ojos y a mi boca. Trate de levantarme, pero al subir la mirada, algo me dejo totalmente petrificado.
Ahí estaba, una extraña figura pequeña, algo delgada, parecía tener el cuerpo de un ser pequeño, pero me sorprendió que estuviera suspendido entre las ramas de los árboles. Parecía estar mirándome solo a mí, como si fuera una presa totalmente indefensa. No lo negaré, estaba a punto de orinarme al notar que sus ojos tenía un brillo rojizo, lleno de maldad, y fue peor cuando comenzó a moverse lentamente entre las ramas, dándome cuenta que poseía brazos muy largos, brazos extremadamente largos… No, me equivoco, se trataba de tentáculos, monstruosos y afilados tentáculos metálicos. Aquella cosa parecía estar cada vez más cerca, pues las ramas a su alrededor comenzaban a hacerse a un lado. No espere más, no iba a dejar que el miedo me consumiera, sujete mi bolsa con fuerza y empecé a correr con toda velocidad. Otra vez, sin mirar atrás, tropezando y cortándome con algunas ramas, pero llegar a salvo era mi mayor preocupación.
Aún faltaba mucho para llegar hasta mi hogar, el sol estaba por ocultarse y el frío empezaba a empeorar y los pocos animales del bosque regresaban a sus refugios. Mientras que yo corría, o al menos trataba, para volver a mi hogar, al lado de Cristina y el bebé en su vientre. Debo volver, no puedo permitirme fallarle, no puedo fallarle a alguien que amo otra vez.
Mis piernas estaban en su punto de resistencia final, mi respiración estaba sumamente agitada, ya casi no podía sentir mis brazos. El simple hecho de parpadear, me causaba un dolor que se acumulaba, mientras más tiempo me mantengo despierto… Espera… ¿Mantenerme despierto? No puedo ceder aquí, ¡Tengo que volver con Cristina! ¡No puedo rendirme aquí!
*CRICK*
¿Qué fue ese sonido?
*CRICK*
¡No maldición! ¡Tengo que…!
*ZOOM*
…
―Ahhhhh… Demonios… Mi cabeza, duele demasiado… ¿Dónde estoy?
Me había despertado repentinamente, con un dolor de cabeza mucho peor al de una resaca provocada por unos excesos en copas de whisky y ron. Los mareos apenas eran una mera entrada al dolor dentro de mi cerebro. Parecía que un taladro estuviera perforando mi cráneo, no... Un demoledor muy pesado, y muy cargado. Comencé a observar alrededor mío, concentrarme me resultaba difícil, pero algunas cosas me eran muy familiares… Un momento ¿Acaso regrese a…?
― ¡Lincoln! ¡Despertaste! ―. La escuché decir muy preocupada.
La que ahora considero mi mujer, Cristina, se acercó a mí y tomo mi rostro, acariciándolo con ternura y preocupación.
― ¡Me preocupaste demasiado! ¡Realmente pensé que algo te pasó cuando te encontré!
¿Encontrarme? ¿Acaso atravesó todo el bosque solo para encontrarme? ¿Es que no entiende su condición?
―Cristina… ―. Dije mientras trataba de sentarme en la cama. ―Eso fue muy arriesgado, no debiste haber caminado tanto para encontrarme en el bosque.
Esperaba cualquier reacción de arrepentimiento, pero no fue lo que conseguí. Su mirada expresaba confusión, como si estuviera hablando algún sin sentido. Eso me preocupaba sin duda, hasta donde recuerdo, me desmaye en el bosque por el cansancio, pero…
― ¿Cristina? ―. Pregunté. ― ¿Eso fue lo que hiciste no?
―En realidad no Lincoln, no fui al bosque ―. Eso me sorprendió. ―Casi una hora después de llegar a casa, me asome por la ventana esperando tu regreso. Pero me sorprendí cuando te vi tirado cerca a unos árboles, no tuve que caminar mucho, aunque si me costó cargarte por tu peso y el de tus animales cazados.
― ¿Animales cazados? ―. Esto me estaba dejando sin palabras.
―Así es Lincoln, nunca antes habías cazado tres conejos a la vez en una sola caza. ¡Sí que te superaste! ―. Dijo lo más alegre posible. ― ¡Hoy comeremos como reyes Je Je!
Esto ya era extraño ¿Tres conejos? Si apenas pude con uno… Mejor dicho, recolectar uno. No, esto no pintaba nada bien, y menos aun cuando esa cosa estaba ahí afuera, quizás esperando a cazarme otra vez. ¿Acaso ese maldito ser me trajo hasta aquí? ¿Se tomó la molestia de cazar dos conejos más para mí? ¿Qué demonios significaba eso…?
Si antes estaba preocupado por el bebé, ahora tengo que preocuparme el doble, buscar la manera de que esa cosa no nos moleste… Mi vida no ha dejado de ser una mierda.
Tres días después…
Los siguientes días me sentía más que preocupado, las cosas no pintaban nada bien, durante las caminatas en el bosque me sentía observado, terriblemente observado, como si algo estuviera esperando a que baje mi guardia para atacarme directo al cuello. No le dije nada a Cristina sobre el accidente con esa criatura, no quería preocuparla por temor a que le suceda algo al bebé. Debido a eso, andaba más preparado respecto a nuestra seguridad. Y trataba de no alejarnos tanto de la cabaña, por lo menos lo suficiente para no ser presas fáciles.
Algo dentro de mí estaba mal, podía sentirlo, es como si por dentro, mis intestinos empezaran a fallar por momentos, era obvio por los constantes episodios de debilidad extrema que tenía cuando caminaba… Soy doctor, y sé que esto no es nada normal. Quizás tantos años bebiendo todo tipo de licores, ya están cobrando factura… Pero necesitaba mantener mi esfuerzo ahora mismo, por mi hijo y por Cristina.
Hoy no es un día normal, pude sentir a Cristina muy distante, como queriendo evitar hablarme lo más posible. A contrario de lo que se pueda pensar, eso no me preocupa tanto, el tiempo me ha hecho menos cariñoso con las personas que me acompañan, siendo la única excepción esa pequeña vida que está dentro del cuerpo de Cristina. Nada me importa más en este momento…
Ya estaba atardeciendo y no habíamos conseguido mucho hoy día, en casa aún quedaba medio conejo para la cena, pero nos preocupaba no haber encontrado algo para los siguientes días, apenas unas cuantas vallas silvestres y aves pequeñas que apenas son un aperitivo… Quizás sea por eso la molestia de Cristina, aunque con las mujeres nunca se sabe, nunca las llegué a entender bien aun cuando conviví con diez hermanas, ni siquiera hoy que me falta poco para llegar a las cuatro décadas.
―Lincoln, debemos apresurarnos en volver a la cabaña antes que oscurezca, de lo contrario volver sería todo una odisea y seriamos presa fácil…
En eso no se equivocaba, como he dicho antes, el bosque no perdona a nada ni a nadie, debes ser muy consciente en todo momento, agudizar tus sentidos al máximo, planificar tu… Un momento… ¿Acaso dijo ser presa fácil? En todo el tiempo que llevamos viviendo juntos, ella nunca supo de algún peligro más que perderse en el bosque, y eso es decir mucho en realidad. Entonces, ¿A qué se refiere con ser presa fácil?
―Digo… ¡Seria fatal para la salud del bebé Lincoln! ¡Eso! ¡Creo que debemos volver ahora mismo, no me siento del todo bien!
― ¿Te sucede algo Cristina? ―. Pregunté con mucha preocupación. ―Volvamos de inmediato, no quiero que te suceda nada.
Por ahora no le preguntaría sobre eso, pero no puedo evitar sentir que… Algo no anda bien.
Por la noche
―Cristina, no puedo evitar pensar que algo muy malo pasará, mi instinto no para de decirme que debemos huir.
Mi preocupación era clara, acabábamos de comer nuestras pequeñas aves. Apenas un aperitivo para nosotros como dije, pero no habíamos conseguido nada más en los últimos días, era realmente desesperante para ambos.
―No exageres Lincoln, en todo este tiempo, lo único peligroso que afrontamos es la escases de comida, muy aparte de eso, no hemos sufrido ¿Verdad Lincoln?
Eso me ponía en una situación poco apetecible, no sabía si comentarle la verdad sobre el encuentro con ese animal en el bosque. Podría hacerlo, pero… ¿Cómo reaccionaría si lo hiciera? Lo que menos quiero es afectar su estabilidad emocional, y la del bebé también.
―Pues… Yo… La verdad es que… ―. Demonios, no me había puesto así desde que era un niño.
― ¿Acaso me ocultas algo?
Genial, ya la estaba jodiendo. Es decir, ¿Realmente debía hablarle sobre esto? Quizás aluciné de tanto cansancio, quizás realmente cacé dos conejos hace días y no me acordé de eso. Maldita sea, apuesto que todo esto me ocurre por la falta de alcohol en mí sangre, extraño el agrio sabor del ron en mi garganta…
― ¡Lincoln!
―Bueno Cristina, solo trataba de decir que hace días vi unos osos caminando cerca, y temo que vengan hasta aquí a lastimarnos. Sabes que soy algo paranoico, perdona por preocuparte tanto.
El rostro de Cristina mostraba insatisfacción, y era muy evidente pues mi nerviosismo era muy notable. Se acercó más a mí, tratando de buscar calor corporal, pues la temperatura ambiente comenzaba a descender. Mi brazo rodeaba su hombro, y ella trataba de abrazar mi estómago, parecíamos una pareja muy melosa y feliz, algo que no acostumbramos hacer.
―Sabes que no me gusta los secretos Lincoln, siempre te confieso todo sobre mí, y sé que tú también haces lo mismo ―. Dijo con algo de cariño, mientras me daba un tierno pero corto beso en los labios.
―Lo sé y siempre trato de no hacerlo ―. Ahora que estábamos así averiguaría porque dijo presa fácil hace horas. ―Cristina, cuando estábamos en el bosque, mencionaste algo que me dejo muy dubitativo ―. Dije con mucha intriga.
― ¿A qué te refieres Lincoln?
―Cuando el cansancio era evidente en ambos y estaba oscureciendo, tú dijiste: "Volvamos a la cabaña, que seremos presa fácil" Lo que es extraño, pues en todo el tiempo viviendo aquí, no hemos visto ningún animal peligroso en plena cacería y recolección, ¿A qué te referías con eso entonces?
Por un momento, mi actual pareja se quedó completamente callada, como si le hubiera dicho algo sumamente perturbador. Esto alimentaba mis sospechas, algo está ocultándome y debo averiguar que es.
―Parece que no puedes cumplir con tu propia promesa de "0 secretos" entre ambos. Pero no es tarde, cuéntame de que se trata Cristina, ¿Acaso viste algo fuera de lo común?
Al preguntarle eso, ella se soltó su abrazo y trato de separarse un poco de mí. La notaba muy tensa, pero trato de calmarse tomando un sorbo del mate caliente que había preparado. Con los pocos recursos que teníamos, esa bebida caliente era lo mejor que podías tomar para calentarte.
―Te lo contaré… ―. Dijo muy secamente. ―Pero primero toma tu mate, si se enfría ya no te podrá calentar.
―Vale, con tal de saber de qué se trata todo esto ―. Dije mientras tomaba pequeños sorbos de la taza. ―Cristina, solo quiero saber si es algo malo… Cosas muy extrañas han ocurrido recientemente. No pensaba tener que decírtelo, me encontré con una extraña criatura hace unos días, una muy peligrosa que se parecía a….
Repentinamente, mi cabeza empezaba a dolerme más de lo normal, mis ojos parecían querer salirse de sus orbitas y mi cuerpo empezaba pesar como si mi ropa pesara toneladas. Esto no era bueno, parecía entrar en un estado similar al de un drogadicto, entonces, con la poca consciencia que tenía, pude sacar mis conclusiones rápidas.
―Cristina… ¿Qué has hecho? ―. Trataba de decir con esfuerzo.
―Lo siento Lincoln ―. Decía a quien consideraba mi pareja, mientras las lágrimas salían de su rostro. ―Realmente lo siento Lincoln, pero él me prometió una vida libre, una mejor vida para nosotros... Donde no tendremos que luchar por sobrevivir, podremos ser felices… ¡Él me lo prometió! Solo debo entregarte, hablará contigo, y luego te dejara libre, nos dejará libre a los tres ¡Podremos ser felices Lincoln! Nuestro propio lugar en la ciudad, nuestro bebé tendrá la vida que merece, nosotros tendremos la vida que merecemos… Solo debo entregarte a él, a Robert Labrant.
Maldita sea, una parte de mí sabía que esto era inevitable. Ese desgraciado no me dejaría en paz, apuesto mis riñones a que ese maldito profanaría mi tumba y lanzaría mi cadáver a un pozo lleno de sanguijuelas, tan solo para que pueda reírse todo el puto día. Ahora estaba completamente hecho mierda, ese desgraciado ya había tomado lo último que me quedaba, esperanza…
―Cris-Cris-Cristina, ese hombre… No te dará nada… Solo quiere torturarme y luego matarme… Él te engaño… ―. Ya ni siquiera podía sentir mi rostro.
― ¡Te equivocas! ¡Él me lo prometió! ¡Me dio su palabra!
Sus gritos por tratar de tener la razón eran demasiado fuertes, inclusive para una mujer embarazada. Sus gritos se volvían más inentendibles, pero pude sentir unos movimientos extraños sobre la cabaña… Algo estaba cerca y ella no lo notaba, no estaba en sus cabales.
―C-Cristina… Debes huir… Por favor, no es…
Demasiado tarde…
Un fuerte sonido se hizo presente, mientras que mi "esposa" seguía gritando desesperadamente. El techo de madera se abrió en pedazos, dejando a la vista a esa cosa que me persiguió hace algunos días. Sus ojos rojos sedientos de sangre, fueron como una inyección de adrenalina a mi cuerpo, el cual reaccionó de forma instantánea ante el "olor" del peligro, pequeños impulsos trataban de moverme, siquiera un poco, mis extremidades.
Cristina se giró para ver aquel ser con tentáculos metálicos, este se acercó demasiado a ella, estando frente a frente.
―No… ¡Cumplí con su pedido! ¡Él debe cumplir su…!
No termino de hablar, su pecho fu atravesado por uno de esos tentáculos metálicos, sin que ella se hubiera dado cuenta. A pesar del dolor en mis ojos, pude observar que la atravesó justo en el corazón, inclusive pequeños pedazos del mismo estaban en la punta del tentáculo.
―No, carajo… T-te dije que co-corrieras, Cris… Te dije… ¡Maldición, no otra vez! ―. Grite con furia.
Ella no dijo nada, su cuerpo cayó al suelo mientras la sangre invadía el suelo, parecía una fuga de agua muy fuerte. Un espectáculo nada agradable, peor aún, sabiendo que dos vidas eran las que morían ahora mismo.
―No otra vez… No… Otra… Vez ―. Decía con mucho cansancio.
Trate de levantarme, poco a poco lo estaba consiguiendo. Pero mi cuerpo cedió ante la droga provocando que cayera cerca del cadáver de Cristina.
―Perdóname ―. Dije mientras derramaba muchas lágrimas. ―No he sido capaz de protegerte, no pude proteger a nuestro bebé, no sirvo para nada…
Quizás era mi momento de morir, ya no me quedaba nada. Todo lo que alguna vez amé… Ahora no existe.
Empezaba a cerrar mis ojos con lentitud, dejando libre a mi alma.
Aún no es tu momento.
Antes que todo acabará, sentí uno de esos tentáculos rodeándome con fuerza. El mismo me levanto cerca de ese maldito ser, mientras que otro de sus tentáculos toco mi pecho, emitiendo un poderoso choque eléctrico, despertando todo mi cuerpo del efecto de la droga. Era muy doloroso, juro que mis lágrimas se evaporaron en cuestión de milisegundos.
― ¡Que quieres de mí! ―. Dije completamente lucido. ― ¡Mátame de una vez!
Entonces, la protección alrededor de esa cosa comenzó a liberarse, mostrando al ser que ahí estaba dentro… Hubiera preferido morir antes de verlo.
―TÚ… SER… PADRE…
Ese pequeño rostro era inconfundible. No podía describirlo, es aún peor de lo que imagine. Ese desgraciado es capaz de cosas inimaginables, inclusive ha acabado con la humanidad de mi pequeña hija… Lincy
―PADRE… TRAIDOR… MALO… MORIR…
Mis emociones, que por cierto estaban por los suelos, empezaban a tratar de componerse otra vez.
―Lincy… soy yo tu pa…
No pude terminar de decírselo, uno de sus tentáculos golpeo fuertemente mi cabeza, haciéndome caer fuertemente contra el suelo. Ya no recordaba mucho, mis ojos empezaban a cerrarse, y lo último que pude observar, fueron esos tentáculos metálicos rodeándome con brusquedad. Todo esto parecía una maldita pesadilla.
―0―
Desperté con mucho dolor en la cabeza. A pesar del dolor en mis articulaciones, sentía que mis energías habían vuelto. No tarde en darme cuenta en donde estaba tirado.
―Maldita sea, tarde mucho para huir de este maldito agujero.
La frustración era evidente en mi rostro al ver mi antigua casa. Esa donde pasé mi infancia, esa donde descubrí el amor verdadero, esa donde obtuve mi primer beso… Me levanté con furia, dado que estaba de nuevo en Royal Woods, habría que encontrar la forma más rápida de salir de este lugar maldito. Sin embargo, algo me puso los pelos de punta al estar completamente de pie.
"CORRE"
Estaba escrito con sangre en el suelo, lo suficientemente grande para que un helicóptero lo pueda ver. Me revisé rápidamente, buscando alguna herida de gravedad. Para mi suerte estaba intacto, pero algo me decía que no lo estaría por mucho tiempo.
*CRICK* *CRACK* *TRICK*
Unos extraños sonidos se hicieron presente. No tarde en descubrir de donde provenían.
―Miren quien está aquí chicas ―. Dijo ese maldito demonio. ―Vamos a darle la bienvenida al estilo de las viudas negras.
Aquellas bestias metálicas aparecieron como demonios ascendiendo desde el infierno, sus partes metálicas no hacían más que provocarme un miedo tan profundo, tanto que podía sentirlo en la médula. Pero esta vez no caería, empezaba a retroceder con lentitud, debía llegar hasta la escotilla que escondía el ex-laboratorio de Lisa.
Mientras retrocedía cada paso, esos monstruos se acercaban como si fueran leonas rodeando a su presa. Ya había llegado a la escotilla, solo me quedaba colocar la maldita clave de acceso. No recordaba bien los números de la contraseña, pero ante ese momento los coloque involuntariamente sin pensarlo.
―Listo, ¡Ataquen viudas!
― ¡No carajo!
Trate de cubrirme, como si eso lograra evitar que me masacraran, pero algo inesperado sucedió.
― Miren quien es… ―. Dijo la viuda negra líder. ― Es la traidora ―. Dijo al ver quien había llegado.
―No puede ser… ¿Eres tu Lincy?
En mi rostro ya no cabían más expresiones, aquella que alguna vez fue mi hija, ahora impedía que esas bestias me alcancen. Su esfuerzo era evidente, pues ella sola contra tres viudas negras, solo aseguraba que terminaría muriendo muy pronto.
― ¡No hagas esto! ―. Grite con todas mis fuerzas, mientras ella las retenía.
― ¡CORREEE!
Esa voz, que fácilmente podía confundirse con la de un monstruo, me hizo reaccionar. No espere más, abrí la escotilla, adentrándome hacia el búnker. Lo último que vi de Lincy, fue como era rodeada por esas cosas. Podría jurar, que su pequeño ojo asustado, me dio una última mirada, dándome a entender que sería la última vez que nos veríamos.
Cerré la escotilla con fuerza, no había tiempo de pensar en las consecuencias de lo que haría. Debo de arreglar toda esta mierda, como dijo Lisa, en mis manos está la solución. Digité la segunda contraseña en la puerta secreta, abriendo paso al laboratorio secreto. Mientras hacía esto, fuertes golpes eran audibles, provenientes de la escotilla principal.
―Tal parece que no pudo retenerlas mucho tiempo.
Me dirigí rápidamente hacia las computadoras y la consola principal, configurando la máquina para poder realizar el viaje lo más pronto posible. Sí, activaré la máquina que me permitirá viajar hacia el pasado. Intentaré remediar mis errores… Ya encontraría una forma de hacerlo, espero que mis acciones no interfieran mucho a mi yo del pasado, hay cosas que deben evitarse.
*TURNNNN…*
El sonido de la escotilla cayendo al suelo se hizo presente, esas cosas lograron entrar a la primera parte del búnker. Tenía que apresurarme, la maquina necesitaba unos momentos más para estar disponible en su totalidad. Mientras esperaba, escuchaba a aquellas arpías de metal gruñir con furia y sed de sangre.
―Puedo olerlo hermanas… ― Escuche decir detrás de la puerta metálica. ― ¡ESTA DETRÁS DE ESTE MURO! ¡A POR ÉL!
Los golpes contra la puerta no se hicieron esperar. Un sonido me dio la señal de que era momento de entrar en la máquina. Sin pensar en las consecuencias, entré dentro de esa capsula de vidrio. El siguiente paso era colocar las intravenosas en ambos brazos. No fue la mejor parte que digamos, pero con toda la prisa del mundo, lo hice. Cerré la puerta translucida con algo de esfuerzo y la estrecha cabina empezó a llenarse de un líquido verduzco, este era necesario para empezar el "traslado". La máquina empezó a vibrar, similar a una lavadora.
― ¡VAMOS HERMANAS! ¡ATAQUEN CON FUERZA!
Esas cosas estaban por entrar, desde aquí se podía observar la grieta en la pared, la cual se volvía más grande con cada golpe. No paso mucho para que los primeros rayos se hicieran presentes, estos parecían bailar alrededor de la máquina, sus cables y sus conexiones… Entonces fue cuando sentí uno de ellos.
*ARGHMMM*
Grite dentro del líquido, recibir un rayo mientras estas sumergido en líquido no es nada agradable, es como si miles de agujas perforaran cada célula de tu piel… Y creo que eso se queda muy corto para describirlo.
Los rayos se intensificaban a mí alrededor, sabía que este dolor no sería muy duradero, pero debía aguantar, sé que funcionará, sé que funcionará, maldita sea ¡SE QUE FUNCIONARÁ!
― ¡AHÍ ESTA! ¡MÁTENLO AHORA!
Estaban a punto de atacarme, pero el tiempo pareció detenerse, todo frente a mis ojos avanzaba a un ritmo tan lento, hasta el punto que todo parecía estar congelado. Pude ver los detalles de todo, cada grieta en los trajes metálicos de las viudas negras, sus ojos cargados de un rojo brillante y claro, las manchas de sangre en cada una de ellas.
Pensaba que el tiempo empezaría a retroceder en cámara lenta, pero un pequeño destello se hico presente frente a mis ojos, y de un momento a otro… Todo era blanco, similar a ver directamente al sol, pero sin poder cerrar los ojos.
Era lo último que recuerdo.
―0―
― ¡Ahhh! ¡Carajo! ¡Mi…! ¡Mi cabeza! Y… ¿Tierra?
Estaba sobre mucha tierra, es como si hubiera sufrido una gran caída contra el suelo, no tan fuerte para matarme, pero si lo suficiente para dejarme bien jodido.
Levante la mirada para observar donde "caí". En todos lados solo había árboles, no tantos como un bosque, pero si los suficientes para obligar a encontrar un camino. ¿Acaso el laboratorio explotó y termine en el bosque de Royal Woods? No lo sabía a ciencia cierta… Pequeños luces brillaban en el horizonte, pasando los árboles. Eso solo podía significar una cosa: Civilización. A pesar de todo el castigo que viví recientemente, mi cuerpo parece estar en buena condición para trotar. Aceleré el paso para llegar hasta el final.
No podía creerlo…
―Funcionó… No puedo creerlo ¡En verdad funcionó! ―. Gritaba mientras saltaba, o eso trataba, al ver ese magnífico espectáculo.
Frente mío, estaba Royal Woods, brillando como en sus años mozos… Era el Royal Woods que recordaba, el que amaba, el que lucía como un pueblo honesto y pulcro. Antes de dirigirme hacia allí, gire mi cabeza para observar como estaba la zona donde "aterricé"
―Carajo… ¿Acaso llegué en un meteorito? ―. Dije al ver el cráter formado en la tierra.
No espere más y empecé a caminar a Royal Woods. Las cosas realmente eran diferentes de donde provengo, a pesar de ser algo tarde, la ciudad seguía manteniendo un ambiente amistoso, inclusive una monja me saludó y me pregunto por mi ropa quemada, ni siquiera me había dado cuenta de eso. No le respondí y seguí mi camino, no tengo tiempo para detenerme a hablar con desconocidos.
Aún recordaba el camino a casa, es por eso que no demore demasiado en encontrar la residencia más bulliciosa de todo Royal Woods. Ese caos que era observable desde fuera se mantenía intacto, sin embargo algo me resultaba curioso.
―No hay gritos…
Decir que era extraño era decir poco, solo bajo situaciones muy especiales, mi familia se mantenía en completo silencio. Ese tipo de situaciones por lo general eran… Oh… No es tan difícil adivinar este comportamiento.
―Tal parece que mi llegada si causo alguna repercusión, deberé mantenerme al marguen…
Poco a poco el ruido empezó a hacerse presente, señal evidente de que las cosas en la casa Loud retomaban su rutina diaria. Me acerqué un poco a la ventana, tratando de oír lo que había sucedido.
―Este fue un día shockeante ¿Verdad hermanas?
―Luan, si vas a seguir con tus chistes de movimientos telúricos, juro que estrenaré mis nuevos botines de fútbol en tu trasero.
―Haz lo que te dice Lynn hermana, podrás seguir con tus chistes en nuestra habitación.
― ¡Oigan! ¿¡Como que el suelo se movió un poco verdad!? Además de esas lucecitas en el bosque.
―Leni, literalmente, te expliqué diez veces seguidas que es un terremoto y un rayo…
―Estar en el sótano hizo que perdiera mi magnifico maquillaje ¡Qué horror!
―Je Je ¡Ahora podrás tener un maquillaje de polvo hermana!
―Quizás es una señal de que el fin de los tiempos está cerca. Suspiro…
― ¡Eso es completamente ilógico! ¡Las probabilidades de que el mundo se acabase a causa de un terremoto y un rayo son de 0.006%! Sin embargo, eso no resta lo incoherente de que esos dos fenómenos ocurran al mismo tiempo.
Mi corazón empezaba a latir con mucha fuerza. Después de muchos años, las veía con vida. No eran un espejismo, o una puta alucinación… Ellas estaban vivas frente a mis ojos, tan hermosas y tan puras. Una lágrima escapó de mi ojo izquierdo. No recordaba este acontecimiento, o bueno… Después de castigar a mi cuerpo con tanto alcohol, supongo que no puedo recordar bien los acontecimientos de mi pubertad. Poco a poco empezaba a retroceder, afortunadamente para mí, estaba lejos de su rango de visión estaba por alejarme por completo de mi antigua casa, pero alguien hizo su aparición.
―Bueno hermanas, esta inesperada situación ya pasó, ahora si me disculpan, subiré al segundo piso sin nada que reservar… ¡PIDO EL BAÑO PRIMERO!
― ¡HEY LINCOLN! ¡ESO ES TRAMPA!
Ese tipo de situaciones no eran difícil de recordar, a veces esas pequeñas discusiones por el dominio del baño, terminaban en risas y abrazos familiares. No quise seguir más tiempo ahí, comencé a tomar pasos rápidos para alejarme lo más pronto posible.
Bien, había logrado lo imposible al viajar en el tiempo, he confirmado que me encuentro aproximadamente un año atrás a que ocurra "la catástrofe", es decir, tengo tiempo de sobra para poder evitar que ocurra, arruinándome la vida. Muy aparte de eso cabe recordar que no tengo donde caer muerto, no tengo trabajo y no tengo ropa de cambio… ¿A dónde debería ir?
Media hora después…
― ¡Contratado! ¡Empiezas el día de mañana a primera hora, puedes usar la parte trasera de la tienda para dormir!
―Gracias señor Flip, esto solo será temporal, hasta que pueda tener el dinero suficiente para conseguir mis documentos y así poder ejercer mi profesión.
―Sí sí lo que digas, por cierto ¿Cuál era tu nombre?
No había pensado en eso… Vamos Lincoln, di algo bueno para que no sospeche.
― Me llamo… Lexter Lavern… Vengo de Canadá.
―Está bien Lexter, será mejor que estés preparado para atender a los clientes mañana, con lo ocurrido hace unas horas, muchos vendrán en búsqueda de gasolina y suministros.
―Estaré pendiente de ello señor Flip.
No fue difícil en realidad, el simple hecho de cobrar por debajo de lo mínimo reglamentario fue motivo suficiente para contratarme.
Ahora solo quedaba juntar lo suficiente para poder crear documentos falsos, y poder ir a algún lugar donde requieran a un doctor que cobre lo mínimo para poder vivir. Quien sabe, quizás alguna clínica de abortos clandestina o una morgue, solo me bastaba tener algo de lo que subsistir para poder estar cerca de mi familia y claro, de mí mismo.
Tengo todo un año para detener al lunático de Robert Labrant… Solo espero poder contar con los medios suficientes para ello.
Sé que lo haré, el que este aquí es prueba de ello…
¿Verdad?
Bueno, este es practicamente el capítulo final, si se lo preguntan... Sí, escribía esto cada dos meses (Osea caos total como resultado final) Aún así, era lo que quería presentar. Como siempre, un saludo a todos los que me siguen. Lo siguiente que actualizaré, será mi historia principal "Secretos y hermanas".
Basicamente esta historia concluyó, podría hacer un epílogo corto, pero deberían pedirlo.
Ahora sí, ¡Nos leeremos pronto!
