Notas: Esto lo iba a subir el sábado pasado, pero tuve un fin de semana y una semana muy movida, por eso no pude re-leerlo y publicar hasta hoy, pido perdón por la demora (que dado lo que suele ser en mí, no ha sido casi nada). En fin, como siempre espero le guste a Diane y lo disfrute.
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Kiss & WoW.
Parte III.
—Oye Rufus —llamó una vez sintió cómo contestaban al otro lado de la línea, arrojado de espaldas sobre su cama y oyendo a sus padres conversar (discutir) en el piso de abajo.
«¿Qué?»
Con la mano con la que no sostenía el teléfono se revolvió el cabello antes de hablar, dando vuelta en la cama para quedar de lado, mirando la pared en lugar del techo.
—Si pudieses conocer personalmente a alguien que conociste por internet —comenzó—, ¿irías?
Esperó unos momentos a que le respondieran.
«¿A qué pobre e inocente niño has engañado?»
—¡Oye! —reclamó enseguida, sentándose de golpe—. ¿Me estás tratando de psicópata?
«Tal vez.» Frunció el ceño ante esa respuesta. «¿A qué viene la pregunta? ¿Conocerás a tu amor platónico Archienemigo?»
¿Ese imbécil tenía alguna especie de sexto sentido para haber acertado?
—Tal vez —repitió, suspirando—. Bueno, por algo te estoy preguntando.
«Espera, ¿de verdad?, ¿quedaron en verse?»
—Eh... sí —dijo, mirando unos momentos la puerta por miedo a que alguno de sus padres interrumpiera—. Es de la ciudad así que sí. Digo, nada lo impide, ¿no?
«Lo dudo, si alguien fuera a ser el psicópata en esa ecuación serías tú, así que ve tranquilo.»
—Estoy comenzando a preguntarme para qué te llame.
«Si no lo sabes tú.»
—¿No podrías darme un consejo verdadero?
«Ves mucho CSI.» Rogue frunció el ceño una vez más ante eso. «Venga, los pedófilos no juegan juegos en línea, andan por Facebook, lugares donde hayan fotos y demás.»
—Eso no me hace sentir menos nervioso.
«¿Dónde quedaron?»
—En el centro, en la plaza central.
«¡Tarán! Miles de testigos, solo evita que te lleve a un lugar cerrado.»
—Siento que solo te estás riendo de mí.
«Touché. Verás, lo que sucede es que dudo mucho que le tengas miedo a un psicópata.»
—No estoy muy seguro de qué estás tratando de decir.
«Al final era chica, ¿no?»
Hubo un instante, relativamente amplio, de silencio.
—Bastardo.
«Mi bola de cristal lo predijo; vas a juntarte con una chica y estás nervioso.»
—Aún puede ser un psicópata.
«¿Y se tomó un año para acecharte? Ni que tuvieran tanto tiempo libre.»
—A algunos les gusta tomarse su tiempo.
«Entonces no te matará a la primera. Esperará a que bajes la guardia, quizás hasta espere a que tengan un momento íntimo o a que realices alguna acción en particular que le funcione de detonante.»
—Tampoco voy a juntarme contigo —se burló.
«Yo no te pediría una cita.»
—¿Pero sí matarías a alguien?
Silencio.
«De acuerdo, dejo de molestarte» dijo Rufus, «que poca paciencia.»
—Cállate. Además todo eso suena a que te he desenmascarado.
«Deja el tema, ¿quieres? No soy un maldito psicópata, pedófilo.»
—Vale, asesino serial —se corrigió—. ¿Algo importante que tengas para decirme?
«Pedir matrimonio en la primera cita queda apresurado.»
—Vale ya, dejo el tema del psicópata. ¿Un consejo verdadero?
«¿Qué estás esperando que te diga? No le has dicho la dirección de tu casa ni has aceptado subirte a su auto. En cualquier caso podrías con un psicópata.»
Enarcó una ceja.
—¿Tú crees?
«Ve con cuidado, podría estar armada.»
—Llevaré la navaja de papá.
«No es mala opción, solo no la apuñales en la primera cita.»
—¿Hemos vuelto a la idea de que yo soy el psicópata?
«Si van ambos armados se llama defensa personal.»
—Es un buen punto —razonó, quedándose callado unos momentos tras eso—. Entonces... ¿voy?
«Ya dijiste que ibas, ¿no? Psicópata o no está feo dejar plantadas a las personas.» Enarcó una ceja ante eso unos momentos. «Llega tarde.»
—¿Eso no también está feo?
«Mejor tarde que nunca. Estudia el terreno.»
—¿Ahora soy un comando?
«Oye, de verdad no la conoces.»
—No me estás haciendo sentir tranquilo.
«Llega tarde y estudia a la gente presente, no le des información de más y no aceptes acompañarla a algún lugar solitario.»
—Sí señor. —Y solo porque no lo veían no hizo el típico saludo militar, aunque mantuvo el tono.
«También ten el celular a mano.»
—Ya, no voy a morirme.
«Eso no lo sabes. Igual, psicópata o chica estás acabado de todas formas.»
—Tu fe en mí es conmovedora.
«En el caso de ser chica y no psicópata trata de ser amable y normal, tú sabes, sonreír y demás gestos humanos.»
—Me agradan más tus consejos de defensa personal.
«No te di consejos de defensa personal, solo te dije que estés alerta. Defensa personal sería decirte que apuntes el cuchillo a la traquea.»
—Anotado.
«De ser chica tampoco puedes apuñalarla con tu otra cuchilla.»
—No soy un depravado sexual, ¿y quién se acuesta con alguien en la primera cita?
«Tú lo has dicho, un depravado sexual.»
—Muy gracioso. Vale, tendré cuidado.
«¿Qué quiere decir eso, que vas a cortar?» le preguntaron. «Me vendría estupendo, porque no me he enterado de la mitad de lo que está pasando.»
—¿Pasando dónde?
«El discurso del rey.»
—¿Te he interrumpido la película?
«No te preocupes, ya he visto esta parte, lo que pasa es que nunca antes había podido cogerla del comienzo.»
—Ya veo. ¿Ahora pudiste?
«Por suerte sí.»
—Me alegra. En fin, te dejo. Nos vemos.
«Ojala no en una bolsa de basura.»
—¿Te han dicho que a veces eres macabro?
«Nos vemos, Rogue, suerte en tu cita.»
Frunció el ceño, pero no dijo nada y cortó la llamada, mirando el celular unos momentos.
—No es una cita —alegó a la nada.
No era, ¿cierto? O sea, habían quedado en juntarse y la definición de la palabra cita era amplia, pero no era una cita romántica ni nada parecido, él y Archienemigo, quería decir, Kagura, solo eran amigos.
Suspiró y se arrojó de espaldas a la cama, pensativo. Tampoco es que hubiesen quedado para el día siguiente, quién queda para un miércoles, pero nunca antes el viernes le había parecido tan próximo y ciertamente estaba algo nervioso. Tres días, podía hablar con ella a través del juego en ese lapsus, no era nada del otro mundo, ¿no?
Por supuesto, nada del otro mundo, se verían cara a cara pero eso no tenía porqué cambiar algo. Suspiró una última vez y dejó su celular sobre la mesa de noche, para luego levantarse y sacar su pijama, que estaba doblado bajo la almohada. Lo mejor por el momento sería dormir.
Nunca antes el viernes lo había sentido tan cercano.
Suspiró con nervio cuando se acomodó por a saber qué vez el cabello frente al espejo, incómodo y con las palabras de Sting en su cabeza.
«Si tu madre llama le diré que estás conmigo en los videojuegos.»
Todo perfecto, estaba con buen tiempo para llegar al lugar de encuentro, que había confirmado con Kagura esa misma mañana a través del juego, junto con intercambiar una corta descripción de sí mismos para poder reconocerse. Suspiró otra vez antes de salir del baño rumbo a su cuarto, para tomar sus cosas y marcharse escaleras abajo.
—¿Ya te vas, Rogue? —oyó que le preguntó su progenitora desde el salón.
—¡Sí!
—Dale saludos a Sting de mi parte.
—Sí —dijo rodando los ojos, suerte que ella no lo vio.
Salió de su casa y caminó rumbo a la estación del autobús, para poder dirigirse al centro. Se frotó las manos con algo de nervio y algo de frío cuando subió al vehículo, pagando su pasaje y sentándose en uno de los últimos asientos, a un lado de la ventana. Se acomodó y miró a través del vidrio las calles pasar, con las manos en los bolsillos y su celular en uno de estos.
Llegó a la parada en el cruce de la avenida principal con una de las calles más transitadas del sector y se bajó, caminando a través de la acera las varias cuadras que lo separaban de la plaza central, mirando unos momentos su celular para asegurarse que no iba tarde. No lo hacía, así que continuó a paso calmo hasta su lugar de destino.
La plaza central era amplia, adornada por una gran fuente en el centro y con varias bancas alrededor de esta, además de estar rodeada por un pequeño parque. Miró a un lado y otro en busca de alguien que coincidiera con la descripción dada, o al menos que estuviera solo o pareciera en busca de alguien más, justo como él. Sacó su celular del bolsillo y revisó la hora un segundo, eran las dos con ocho minutos cuando una persona se detuvo frente a él, obligándolo a alzar la mirada.
Era una chica de cabello largo y oscuro, más o menos de su estatura que vestía una camisa blanca con una falda negra. Enarcó una ceja al verla, centrando inevitablemente la atención en el lazo que llevaba en el cabello.
—Eh —carraspeó ella en tanto lo miraba de arriba a abajo—. ¿Eres Ryos? —Rogue bajó la mirada a ella, extrañado—. Quiero decir... —se corrigió la chica y él estuvo seguro de que iba a decir su nombre—, ¿Rogue?
Se le escapó una sonrisa.
—Kagura, ¿no?
La chica pareció relajarse con eso, de seguro temía haber hecho el ridículo con un desconocido.
—Sí, gusto en conocerte —le tendió la mano, en un gesto que le pareció excesivamente formal.
Aun así cogió la mano ajena con una de las suyas y la estrechó, en un saludo que en serio le parecía demasiado estirado. Se soltaron y ella se cruzó de brazos mientras él metía las manos en los bolsillos de su chaqueta.
—Entonces —comenzó, no muy seguro de qué decir—, ¿te costó mucho llegar?
—No —respondió Kagura—, solo tuve que tomar el metro.
—Yo llegué en el autobús —señaló hacia atrás, más o menos hacia donde estaba la parada del mismo.
Kagura sonrió levemente y se sentó a la orilla de la fuente.
—Ya veo —dijo—. ¿Y qué haces? —inquirió—. Digo, ¿estudias o algo?
Rogue asintió, sentándose a un lado de ella.
—Letras —aclaró—. ¿Tú?
Ella parpadeó al oírlo, por lo visto incómoda con algo antes de voltear la mirada.
—Letras —repitió—, ¿en la universidad?
Ante eso no pudo evitar fruncir el ceño, receloso de esa actitud.
—Sí, segundo año —aclaró—. ¿Por qué?
—No, nada, solo me dio curiosidad —dijo Kagura mirándolo—. Es que te ves... joven.
—Me lo han dicho antes —comentó—. ¿Tú qué estudias?
—Pues —dijo Kagura, volviendo a desviar la mirada—, me gradúo este año.
Volvió a fruncir el ceño.
—¿Te gradúas de...?
—El instituto —aclaró ella— salgo este año, luego estudiaré actuación —contó.
Rogue se quedo callado, oyendo una voz en su cabeza, horriblemente parecida a la de Rufus, repitiendo «¿a qué pobre e inocente niño has engañado, pederasta?»
—Ya veo —dijo, paseando la mirada por ella—. Pensé que serías mayor —comentó.
—He cumplido los dieciocho si es lo que te estás preguntando —dijo Kagura, regresando la mirada a él—, aunque hace dos semanas —murmuró.
—No me refería a eso, solo pensé que... bueno, que también serías universitaria —dijo, luego consideró unos instante qué decir a continuación dada la situación—. Yo cumplo los veintiuno el mes que viene.
—Ah, ya veo —articuló Kagura, algo incómoda—. ¿Y lo vas a celebrar?
—Por supuesto, así Sting se acuerda —dijo—, de otra forma olvida la fecha.
—¿Quién?
—Abejita —aclaró.
—Claro, ustedes se conocen en realidad, ¿no?
—Todo mi grupo —dijo Rogue.
—Oh —musitó Kagura—. Bueno, supongo que era esperable, se tratan con mucha familiaridad. ¿Estudian juntos?
—Misma universidad, pero no misma carrera.
—Ya veo.
Hubo un momento de silencio, bastante largo en realidad. Ambos desviaron la mirada, Rogue sin tener idea de cómo continuar la conversación. Pensaría algo tonto como qué harían sus compañeros a continuación de poder decidirse sobre cuál de todos sería peor.
—¿Quieres tomar algo? —preguntó Kagura de pronto, mirando a su alrededor.
—Supongo que sí —dijo él—. ¿Qué te gusta beber?
—Un jugo estaría bien, tú si quieres bebes algo con alcohol.
—No te preocupes, no suelo beber muy seguido —aclaró, sonriendo levemente.
Volvieron la atención hacia él antes de que, tras una serie de miradas algo inseguras, ambos se levantaran.
—¿A dónde quieres ir? —cuestionó.
Kagura se alzó de hombros.
—Cualquier lugar está bien.
Hizo un esbozo de sonrisa, algo incómodo, antes de ponerse en marcha. Lo bueno del centro es que habían varios locales comerciales, así que encontrar uno para comer y beber algo no era una labor demasiado complicada. Él pidió de piña, ella de mango. Jugueteó con la bombilla unos momentos ante el hecho de que no sabía cómo retomar la conversación, si al final eso de que hablar cara a cara y hablar por la internet eran cosas radicalmente diferentes iba a ser cierto.
—Algo que te guste hacer —cuestionó, mirando su vaso—, a parte de jugar en línea, claro.
Kagura alzó la mirada hacia él, cosa que Rogue no notó pues mantenía la vista fija en el jugo de piña.
—Práctico kendo —respondió, captando entonces su atención—, también me gusta el cine de terror, las actividades al aire libre y las ranas.
Rogue enarcó una ceja.
—¿La ranas?
—Son bonitas —dijo Kagura, bajando levemente la mirada—. ¿A ti te gusta algún animal? —le preguntó, volviendo a verlo.
Lo pensó un poco.
—Los gatos —contestó.
—Que curioso, tengo una amiga que es fanática de ellos.
—Bueno, fanático no soy, pero tengo un gato y me gustan —bebió un poco de jugo antes de seguir—. ¿Tú tienes mascotas?
—No, ninguna, a mis padres no les gustan los animales.
—Entiendo.
—Supongo que a los tuyos no les importa.
—No mientras lo cuide y no se suba a los sillones.
Kagura enarcó una ceja.
—¿No lo hace?
—Oh no, claro que se sube a los sillones —aclaró, sonriendo levemente—, pero no lo hace tan seguido así que mi madre lo pasa por alto.
—Ya veo.
Hubo un instante de silencio, solo que ya no era realmente incómodo por lo que ninguno sintió verdadera necesidad de romperlo, al menos por el momento. Lo cual era bueno, demasiados silencios incómodos por ese día.
Rogue pagó y salieron del local, hablando de vez en cuando sobre cosas triviales, aunque tampoco es que se conociesen tanto como para hablar de algo más. Sin embargo, conociéndose ya a través de la red tampoco podía ser tan difícil que pudiesen congeniar fuera de ella, ¿no? Al menos así lo sentía Rogue de regreso en el autobús, del cual se bajó una vez llegó a la parada frente a los videojuegos, cuatro antes de la que le servía para regresar a casa. Pese a la hora, siete y algo de la tarde, no dudaba que Sting seguía ahí perdiendo su tiempo; y tampoco se equivocó al hallarlo jugando al Resident Evil con una de las maquinas del lugar.
—¿Qué tal te fue? —le preguntó el rubio sin mirarlo, ocupado como estaba en disparar con la pistola de plástico de la maquina.
Tampoco es que necesitase hacerlo, era perfectamente consciente de quien estaba de pie a su lado.
—Bien —dijo Rogue, apoyándose levemente en la maquina—. ¿A ti?
—Mal —respondió Sting—, Rufus me ganó en el Marvel vs. Capcom y Orga en el hockey de mesa, pero logré ganar en el Gran Turismo.
—¿Ellos?
—Rufus tenía que hacer un informe, así que se fue temprano, Orga lo acompañó. Yo no tengo nada que hacer así que sigo aquí.
—Eso lo veo.
—¿Qué hiciste en tu cita?
Aquello le incómodo levemente, la forma en que sabía sus amigos usaban el término «cita».
—Bien —repitió, ganándose una leve mirada—. Sencillamente paseamos por ahí y hablamos.
—Suena interesante.
—Es mejor que estar matando zombies como un pobre diablo.
Sting hizo una mueca, una especie de sonrisa, al oírlo.
—Supongo —dijo—. ¿Quieres jugar? Me quedan fichas.
Rogue enarcó una ceja, antes de sonreír.
—Vale, así no habrá sido del todo mentira lo que le dijiste a mi madre.
—Me llamo unas trece veces —comentó Sting, permitiendo que lo mataran en tanto le daba espacio a Rogue y buscaba las fichas en su bolsillo—. Yo izquierda y tú derecha, yo evito que me mates y tú evitas que me maten.
—Evidente, ni tenías que decirlo.
Hubo unas cuantas sonrisas compartidas antes de que Sting se agachara para insertar las fichas en la maquina. De todas formas no era primera vez que se pasaba el día en los videojuegos con Sting, así que no era raro si volvía tarde a su casa por lo mismo.
Y como ya había dicho, así la mentira era solo una media mentira y no una mentira completa.
Cercano a las diez estuvo de vuelta en su casa, estaba algo cansado, motivo de que no encendiera la computadora (total se había pasado bastante tiempo en los videojuegos con Sting, no le urgía encenderla) y en lugar de ello se cambiara para acostarse y dormir. Había sido un buen viernes, así que tampoco tenía problemas en acabarlo temprano.
La mañana siguiente fue tranquila, aunque se sentía un poco más ansioso de lo normal por encender el computador e ingresar a su cuenta. Pese a ello desayunó y almorzó en calma, no le gustaba conectarse por las mañanas, nunca había nadie de todas formas. Lo hizo recién a las cuatro y media de la tarde, esperando encontrar a Archienemigo conectada.
No buscaba que algo hubiese cambiado particularmente, más bien presentía la necesidad de comprobar que todo estaba igual en cierta manera, como anhelando que el lazo que solían compartir siguiera ahí. Seguir conversando diariamente y perdiendo equipo a causa de ella era algo que quería mantener como estaba, independiente de que la idea de volver a quedar cara a cara no le molestase en lo absoluto. Claro, se había conectado solo para conversar, pedirle una salida cuando el día anterior habían salido quedaría muy... desesperado, o al menos eso diría Minerva, que era mejor si se esperaba al menos unas semanas. Rogue no era un experto precisamente en esos asuntos y por eso la ayuda externa no le venía mal, menos si era de su amiga que ya tenía experiencia en el tema. Al menos, dado que Archienemigo no estaba conectada para su disgusto, podía hablar con ella unos momentos.
Si Rogue se detenía a pensarlo, aunque no solía hacerlo, Archienemigo —o Kagura— en el último tiempo había pasado a ser uno de los pilares fundamentales de su vida, al mismo nivel que sus amigos y el imbécil de Gajeel, con quienes más tiempo pasaba. Por supuesto, se conocían solo a través de la red así que no contaba del todo, aunque dado que eso ya no era así podía decir abiertamente que era su amiga, ¿no?
Ocho mil y pico palabras para que recién vengan a conocerse, i know (?)
Espero les haya gustado. Nos leemos. Bye's.
