Los personajes de "Como entrenar a tu dragón", "El origen de los guardianes", "Valiente", "Enredados" y "Harry Potter" le pertecen a sus respectivos autores y casas productoras, yo soy solo una simple mortal que no tiene derecho sobre nada excepto la ridícula trama de este fanfiction.
Elinor Champvert fue educada por una madre estricta pero amorosa.
Su padre había muerto a causa de envenenamiento durante un experimento con unas hierbas mágicas que desarrollarían una fórmula para hacer crecer los apéndices amputados, ya que su padre había perdido el brazo cuando era niño.
Su madre era una mujer hermosa, elegante, discreta y una bruja extremadamente poderosa con un control extraordinario sobre las plantas, habilidad que ella había heredado y controlado a una temprana edad.
Fue admitida en la Academia Mágica Beauxbatons, donde se graduó como una de las mejores alumnas. Después de su graduación se mudó a Escocia, donde existían unas plantas que podrían ayudar a completar la investigación de su fallecido padre, pero completar dicha investigación quedo suspendida cuando conoció a Fergus Dunbroch, un muggle torpe y algo tonto, pero decidido y valiente, lo cual Elinor atribuía a su limitada capacidad de razonamiento, sin embargo, mientras la hechicera francesa más conocía al escandaloso y alegre hombre más le atraía, llegando a la conclusión de que Fergus Dunbroch era el hombre más adorable, amorosa, simpático, sencillo y honesto que había conocido en su vida, Elinor se enamoró de él y Fergus de ella, ¿Y qué mejor forma de sellar una amor mutuo que el matrimonio? Pero antes de dar el sí a dicha propuesta Elinor se mostró a su amado tal y como era en verdad, le mostro sus habilidades mágicas, temerosa de que el hombre que amaba le rechazara, pero no fue así. Fergus rio emocionado, aún más enamorado de Elinor de lo que estaba.
- Desde el primer momento en el que pose mis ojos en ti supe que la magia había llegado a mi vida. – dijo Fergus mientras acariciaba el rostro de su amada y luego la besaba.
Hubo dos ceremonias, la primera al estilo muggle, organizada por la familia de Fergus, que dieron una cálida y exuberante bienvenida a Elinor a su seno, y otra organizada por la familia de Elinor, está más sobria y elegante, pero aun así podías sentir la calidez y la felicidad emanar de la elegante familia de magos.
No paso mucho tiempo antes de que la feliz pareja tuviera a su primogénito, una bella niña de vibrantes ojos azul verdoso, rostro redondo con nariz ligeramente respingada y bañada con pecas, alocado y esponjoso cabello rojo fuego. Elinor no podía estar más feliz, su primer nacido era una bella niña con la cual ella podría compartir las grandes maravillas de ser mujer. Vestidos, maquillaje, modales, zapatos, joyas, no cabía en su propia emoción al ver a su preciosa niña acomodada en sus brazos durmiendo plácidamente.
- ¿Ya pensaron en algún nombre? – cuestiono la enfermera mientras tomaba a la bebé para llevarla a su primer baño.
Ambos padres se miraron sonrientes entre sí.
- Se llamara como mi madre. - respondió Fergus.
- Merida. Merida Dunbroch. – concluyo orgullosa Elinor.
- Merida… me gusta, un hermoso nombre para una hermosa niña. – dijo la enfermera en voz alta, una sonrisa enternecida pintando su rostro.
Pero con el paso de los años Elinor se dio cuenta de que las cosas no siempre acaban como una quiere.
Merida era su niña, es correcto, la podía vestir con adorables vestidos de hermosos colores, le podía amarrar el cabello cuando salían a pasear con preciosos lazos de seda, e inclusive podía ponerle zapatos con moñitos rosas, y Merida podía verse como la más bella de las princesas… y todo eso se iba por la borda en cuanto le quitaba los ojos de encima a su hija.
Los adorables vestidos sucios y con agujeros, los lindos peinados con lindos listones, desarreglados y hechos nudos, los zapatos llenos de lodo y sin moños, a veces solo volvía un zapata y el otro desaparecía misteriosamente.
Merida era preciosa, Elinor sabía eso, pero tenía la personalidad aventurera y desafiante de padre.
A la edad de seis años, al tiempo que Elinor dio a luz a un trio de traviesos niños pelirrojos, Merida les suplico a sus padres que la inscribieran a clases de arquería, a los ocho les pidió que también la inscribieran en clases de esgrima, cosas en las que Merida resaltaba por sobre todo, a los diez, y con esperanza de que hija se volviera más una damita, Elinor inscribió a Merida a clases de equitación, las cuales encantaron a la pequeña pelirroja, lamentablemente no de la manera en la que su madre hubiera querido, mientras que Elinor quería que su hija se volviera más elegante, la chica se especializo en arquería mientras cabalgaba a todo galope en su caballo.
- Parece un bárbaro! – exclamo Elinor mientras veía a su hija jugar a las luchas con sus otros tres pequeños hijos.
- Cálmate amor. – hablo Fergus – Es solo una etapa, cuando sea más grande se convertirá en la dama que debe convertirse, bella, elegante, inteligente y extraordinaria bruja. ¿Sabes cómo lo sé? – cuestiono juguetón Fergus a su esposa – Porque tú eres su madre y yo soy su padre. –
Elinor sonrió a su esposo en gratitud por las palabras de apoyo y le dio un ligero beso en los labios.
Cuando Merida cumplió diez años fue cuando ocasiono su primer escándalo mágico.
Estaba en la escuela, ocupándose de sus propios asuntos cuando vio que un grupo de niños de un grado mayor se acercaban a otro del mismo grado que ella y los empezaron a molestar.
Merida conocía a los tres chicos que eran molestados, se trataba de Wee Dingwall, un chico rubio y algo extraño con apariencia dormida y tonta, Mac Macintosh, autoproclamado galán del salón, aunque la verdad es que era algo presumido, y Joe McGuffin, primo de Wee, algo grande para su edad, pero cuyos problemas de organización de palabras y tartamudeo le conseguían muchos abusivos a su alrededor, Merida nunca había hablado con ninguno de esos tres chicos de su salón, nunca lo considero necesario, pero verlos ser molestados por esos abusivos más grandes y fuertes la hizo rabiar, los más fuertes no deben disponer de los más débiles.
- Oigan ustedes! Bola de brabucones sin cerebro! – insulto Merida a los mayores – Métanse con alguien que si sepa defenderse! – grito Merida mientras se detenía cara a cara con el que era el líder de los brabucones.
La cosa no acabo bien, Merida le dio un puñetazo directo en la nariz al líder, lo tiro al suelo de lo fuerte que fue el golpe, los otros tres brabucones se tiraron sobre de ella, pero Wee, Mac y Joe no se quedarían sentados viendo como un montón de abusivos lastimaban a su salvadora, el líder se volvió a poner en pie y arremetió contra Merida cuando vio que sus tres amigos eran detenidos por los tres inútiles a los cuales habían molestado, los mayores ya tenían dominados a los menores, Merida se desesperó, rabiosa de enojo por lo que estaba pasando.
- Déjennos en paz! – grito furioso la pelirroja.
Una extrema ráfaga de aire salió expulsada del cuerpo de Merida, haciendo que los cuatro brabucones salieran volando y chocaran contra una pared, dejándoles inconscientes.
Wee, Mac y Joe miraron incrédulos a Merida.
Merida respiro rápidamente, con pánico.
- Mamá va amatarme. – susurro asustada y salió corriendo.
Desde ese día los tres chicos han estado perdidamente enamorados de Merida, pero eso no importa ahora.
Elinor estaba hecha una furia.
- ¡¿Entiendes las consecuencias de tus actos Merida?! ¡Usaste magia contra muggles! ¡Tenemos suerte de que el consejo lo haya tomado como un accidente! – regaño Elinor a su hija.
- Pero es que no les dejaban en paz, mamá! Tu siempre me dices que la magia es para ayudar a los demás! Papá no ve lo que he hecho como algo malo! – se defendió la pequeña pelirroja.
- No metas a tu padre en esto! Y eso no es una excusa para usar magia de esa forma! Pudiste haberlos matado! – vocifero Elinor.
Los ojos de Merida se abrieron asustados.
Elinor suspiro al ver el rostro aterrado de su hija.
- Debiste haber llamado a un profesor. – aconsejo más calmada Elinor – Haber gritado por auxilio también hubiera servido. –
Merida miro el suelo avergonzada mientras su madre se la acercaba y la daba un abrazo.
- Existen formas para actuar Merida, y la violencia siempre debe ser la última de las opciones, no puedes recurrir a ella siempre, uno tiene que pensar antes de actuar, hablar antes de alzar el puño. – explico Elinor a su hija mientras la sentaba en sus piernas.
- Papá nunca hace eso, ¿o sí? – cuestiono Merida.
- He estado trabajando en eso, tu padre era mucho peor cuando lo conocí. – compartió la mayor – Cuando entres a Beauxbatons te mostraran como ayudar a las personas sin necesidad de violencia, a pensar, te va encantar. – sonrió esperanzada Elinor.
- Beauxbatons… claro. – acepto Merida no muy segura.
La verdad es que Merida no quería ir a Beauxbatons, ella quería ir a Hogwarts, su deseo más grande era entrar a la casa de Gryffindor, la casa de los héroes, el lugar donde Harry Potter había residido, pero era el sueño de su madre que ella entrara a Beauxbatons.
Merida cumplió doce años un otoño y al inicio del siguiente verano ocurrió el desastre, no solo llego la carta de la Academia Beauxbatons, pero también llego una carta de Hogwarts.
COLEGIO HOGWARTS DE MAGIA Y HECHICERÍA
Directora: Minerva McGonagall
Querida señorita: Merida Dunbroch
Tenemos el placer de informarle de que dispone de una plaza en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Por favor, observe la lista del equipo y los libros necesarios.
Las clases comienzan el 22 de agosto. Esperamos su lechuza antes del 20 de julio.
Muy cordialmente, Subdirectora: Aurora Sinistra
Los alumnos de primer año necesitarán:
- Tres Túnicas sencillas de trabajo.
- Un sombrero negro puntiagudo para uso diario.
- Un par de guantes protectores.
- Una capa de invierno.
Todos los alumnos deben tener un ejemplar de los siguientes libros:
- El Libro Reglamentario de Hechizos Miranda Goshawk
- Una Historia de la Magia, Bathilda Bagshot
- Teoría Mágica, Adalbert Waffling
- Guía de Transformaciones para principiantes, Emeric Switch
- Mil Hierbas y hongos mágicos, Phyllida Spore
- Filtros y Pociones Mágicas, Arsenius Jigger
- Animales Fantásticos y Dónde Encontrarlos, Newt Scamander
- Las Fuerzas Oscuras. Una guía para la autoprotección, Quentim Trimble
Resto del equipo
1 varita.
1 caldero.
1 juego de redomas de vidrio o cristal.
1 telescopio.
1 balanza de latón.
Los alumnos también podrán traer una lechuza, un gato, una rata o un sapo.
SE RECUERDA A LOS PADRES QUE A LOS ALUMNOS DE PRIMER AÑO NO SE LES PERMITE TENER ESCOBAS PROPIAS.
Decía la carta de Hogwarts.
La de la Academia Beauxbatons decía las mismas cosas que la de Hogwarts, solo el nombre de la escuela y los directores era diferente, y mientras la carta de Hogwarts había sido enviada por una lechuza color café oscuro, la de la Academia Beauxbatons llego en la forma de una mariposa que se posó delicadamente en las manos de Merida.
Elinor estaba que irradiaba felicidad, su niña había aceptada en Beauxbatons. La mujer sostenía la carta de su alma mater con orgullo y satisfacción.
Al fondo, detrás de Elinor, Merida le indicaba a su padre que sacara a sus hermanitos de ahí lo antes posible, que tenía que hablar de algo importante con su madre.
Fergus lo entendió de inmediato, el no sería brujo, mago o hechicero, ni siquiera comprendía la diferencia entre estos, aunque su esposa decía que había ciertas diferencias entre estos, pero si sabía que el sueño de su hija era ir a Hogwarts, y también sabía que eso destrozaría a Elinor y que llevaría a las dos féminas a una batalla épica, así que Fergus tomo a sus tres hijos menores y salió de ahí lo antes posible.
- Aww, nosotros queríamos ver la pelea. – dijo uno de los trillizos con disgusto mientras eran arrastrado fuera de la casa por su padre.
Una vez que su padre y sus hermanitos cerraron la puerta de la casa Merida suspiro, luego respiro hondo y se preparó para decirle sus deseos a su madre.
- Uhm, mamá. – llamo le pelirroja a su madre.
Elinor se giró feliz y abrazo a su hija.
- Oh, Merida! ¿No estás feliz? Te aceptaron en Beauxbatons! ¿Y tu padre y tus hermanos? – cuestiono intrigada Elinor a su hija cuando noto la ausencia de su marido y sus pequeños traviesos.
- Salieron a caminar. – contesto rápido Merida – Sobre Beauxbatons…
- Oh! Lo sé querida! – interrumpió Elinor a su hija – Sera maravilloso! Mañana iremos a comprar tus útiles y te verás divina con la capa de seda azul pálido…
- No quiero ir a Beauxbatons. – interrumpió ahora Merida la ensoñación de su madre.
Elinor se detuvo en seco y rompió el abrazo con su hija para mirarla directo a los ojos.
- Disculpa? – inquirió Elinor a su hija.
- No quiero a Beauxbatons, quiero ir a Hogwarts. – hablo su deseo la menor.
Elinor rompió por completo el contacto con su hija y se alejó un poco de ella.
- Merida no sabes de lo que estás hablando, cuando estés en el campus de Beauxbatons te darás cuenta de que…
- Pero no voy a ir a Beauxbatons! No quiero! Yo quiero ir a Hogwarts! Voy a ir a Hogwarts! – exclamo la menor a su madre.
La discusión entre madre e hija duro horas, hasta que Fergus llego junto a sus pequeños diablos a casa y separo a su hija y a su mujer, que no dejaban de gritarse mutuamente, ninguna escuchando a la otra.
Esa noche Merida se fue a la cama sin cenar, castigada por haberle levantado la voz a su madre.
- No la entiendo Fergus! – exclamo Elinor en la privacidad de su habitación que compartió con su esposo – ¿Qué no ve que solo quiero lo mejor para ella? – cuestiono cansada la dama mientras se sentaba derrotada en la cama.
- A veces lo que los padres quieren para sus hijos, no es siempre lo mejor para ellos. – hablo Fergus.
Elinor le miro confundida, pidiendo una explicación con la mirada.
- Tú crees que lo mejor para Merida es lo que fue mejor para ti, pero tú y Merida son muy diferentes entre sí, y aunque eso las hace iguales de algún modo, no vas a poder hacerla hacer todo lo que tú quieras porque ella quiere algo diferente de lo que tú quieres. – explico Fergus mientras abrazaba a su mujer.
- ¿Cómo puedes ser tan profundo y a la vez tan simple? – cuestiono otra vez Elinor a su esposo.
Siendo honestos, había veces en las que Fergus era el más racional de los dos, y eso la asustaba.
Fergus se encogió de hombros, no sabiendo exactamente de lo que hablaba su mujer.
- Solo digo que Beauxbatons puede ser tu sueño, pero Hogwarts es el de Merida. – concluyo sincero Fergus.
Elinor suspiro derrotada.
- ¡¿Es enserio?! – cuestiono emocionada Merida mientras saltaba en su sitio.
- Sí. He meditado el asunto, y si lo que quieres es ir a Hogwarts, está bien. – acepto Elinor solemne mientras hablaba en el desayuno.
Merida salto de su sitio para aterrizar sobre su madre, dándole un abrazo de oso. Elinor devolvió el abrazo, una sonrisa afable dibujaban sus labios.
- Sera mejor que te apures a desayunar, ya envía la lechuza de respuesta anoche, hoy iremos a comprar tus útiles. –
Merida comenzó a saltar y cantar feliz en su sitio.
Luego de desayunar la familia se dirigió a su chimenea, una bolsita de polvos flu colgaba del brazo de Elinor.
- Muy bien familia, al callejón Diagon. – instruyo Elinor.
La familia de cinco entro uno a uno en el callejón diagon por medio de las chimeneas, Merida estaba extasiada de estar en el famoso callejón.
Los trillizos fueron fuertemente agarrados por Fergus para que no salieran corriendo, Merida tomo la mano de su madre y la jalo para comenzar con las compras.
Las compras fueron relativamente rápidas, pero aun así problemáticas. Oye, si llevas a un trio de traviesos pelirrojos a un lugar lleno de objetos mágicos algo va a salir mal.
- No puedo creer que soltaran a todos los animales de esa tienda. – regaño Elinor a sus hijos – Llegando a casa serán castigados debidamente. – amenazo la mujer.
Los tres niños se encogieron asustados, esperando que su madre no decidiera dejarlos sin postre por otro mes.
- Solo nos falta la varita. – canto Merida llamando la atención de su familia.
La familia se dirigió a la mejor tienda de varitas del mundo, Ollivanders.
Cuando llegaron a la tiendo un chico castaño y dos hombre enormes, uno rubio y otro pelirrojo, salían de la tienda, el chico parecía realmente contento.
Entraron a la tienda, Fergus aseguro a sus hijos pequeños en sus brazos, impidiendo sus movimientos. Los niños hicieron pucheros al notar que su padre no los dejara moverse.
- Sean bienvenidos a Ollivanders. – saludo Garrick a los recién llegados - ¿Dónde está la pequeña que recivira su varita? – cuestiono el hombre buscando a la nueva hechicera.
- Aquí estoy! – exclamo feliz Merida, saltando frente al hombre.
- Muy bien, sígueme pequeña. Tu varita te espera. – decía Garrick mientras guiaba a Merida donde podría encontrar la varita perfecta para ella.
Pero solo basto con que Merida diera un paso cerca de una enorme pila de cajas con sus varitas para que una cajita saliera volando directo a las manos de la pelirroja.
- Eso fue rápido. – señalo Garrick, mirando incrédula a la varita y su nueva poseedora.
Merida saco la varita de su caja y la sostuvo fuertemente en su mano derecha, dando un ligero giro con la muñeca una pequeña chispa salió de la varita y aterrizo justo en Fergus y los trillizos que inmediatamente comenzaron a flotar en su sitio.
- Maravilloso. – exclamo sorprendido y feliz el dueño de la tienda.
Elinor sonrió mientras asentía y saco su propia varita de su bolso, haciendo que su esposo y sus hijos volvieran al suelo.
- Es una varita muy segura de sí. ¿De que esta echa? – cuestiono Elinor al vendedor.
- Es una varita con núcleo de fibra de corazón de dragón, con madera de cedro, y debo decir señora, que jamás había visto a una varita decidir a su portador tan rápido, ni siquiera con Harry Potter, él tuvo que hacer un par de intentos antes de dar con la correcta. Su hija debe ser una chica muy decidida si la varita la eligió de inmediato. – explico Garrick.
- No tiene idea. – acepto Elinor mientras observaba a su hija abrazar y besar la varita.
El día que Merida debía tomar el tren que la llevaría a Hogwarts la joven pelirroja se levantó a primera hora de la mañana, saltando por toda la casa, sus hermanitos saltando con ella, todos sonrientes y extasiados.
Fergus no pudo evitar reírse de las ocurrencias de sus hijos, por su parte Elinor los miraba enternecida.
- Merida, si no desayunas ahora, no llegaremos a tiempo al tren. – advirtió Elinor a su hija.
Merida se detuvo en seco, sus hermanitos chocando contra sus piernas.
Los cuatro se sentaron tan rápidos como rayos y devoraron toda la comida como pequeños cerditos, Elinor puso los ojos en blanco por los modales de sus hijos, Fergus se carcajeo divertido.
Cuando llegaron a la central de trenes Merida salió disparada buscando el 9 ¾, y es que a pesar de haberse apurado lo más que pudo, el chequeo del equipaje tomo más tiempo de lo esperado.
- Por aquí Merida! – grito uno de sus hermanitos que también habían salido disparados buscando el tren.
Ir a Hogwarts era el sueño más grande de su hermana mayor, y por lo ancestros que ellos ayudarían a su hermana en lo que fuera para cumplir ese sueño.
Toda la familia llego al pilar 9. Fue ahí donde Merida se despidió de su padre. Elinor tomo las manos de sus tres hijos menores y junto a Merida cruzaron el pasadizo que los llevaría a la parada 9 ¾.
- ¿Llevas tu cepillo de cabello? – cuestiono Elinor.
- Sí. – contesto Merida.
- Tu varita? –
- En mi bolsillo. –
- Cepillo de dientes? –
- Empacado. –
- Perfecto. Cuídate mucho hija. – dijo Elinor mientras le daba un fuerte abrazo a su hija.
- Sabes que lo hare mami. – respondió el abrazo Merida.
Sus tres hermanitos se lanzaron sobre ella cuando su madre la soltó, haciendo que la hermana mayor cayera al suelo.
- Nos vemos en navidad pequeños demonios. – rio Merida mientras empujaba a sus hermanitos.
La pelirroja subió al tren.
Elinor sonrió orgullosa de su hija, pero aun así una lagrimita de añoranza escapo de uno de sus ojos.
- Sigue tu propio camino, mi niña. – susurro Elinor al viento cuando el tren partió de la estación.
NOTAS FINALES
Me gusto como me quedo el final de este capítulo.
El siguiente capítulo es el final de las introducciones de los cuatro principales, solo nos falta Rapunzel.
