Algunas cosas nunca cambian

Tras bajarse del tren y recorrer en bote el oscuro lago que conducía hacia el castillo, por fin entraron por las grandes puertas de roble al vestíbulo principal de Hogwarts.

- ¡Cuánto te he echado de menos! – Suspiró Ginny de forma teatral mientras abría los brazos en un intento de abarcar toda la sala.

Hermione rió y asintió con excitación – Tenemos que llegar pronto a la ceremonia de inauguración si no queremos que nos quiten los mejores sitios – le recordó a la pelirroja, - pero antes deberíamos verificar que todo está en orden en nuestras habitaciones – añadió, haciendo que Ginny le sacudiera el pelo de forma juguetona – No has cambiado nada Mione, ¡siempre tan previsiva! – Las dos chicas rieron y se dirigieron con entusiasmo a sus respectivos cuartos.

La ceremonia había dado comienzo, y los alumnos de primer curso estaban siendo asignados a las distintas casas por el sombrero seleccionador mientras los demás observaban entusiasmados como los nuevos integrantes de sus respectivas casas se iban incorporando a las cuatro largas mesas.

Cuando finalizó la selección, todos aplaudieron fervorosamente y se dispusieron a estrenar el banquete que apareció en cada una de las mesas, causando una exclamación de sorpresa en los nuevos alumnos.

En el extremo izquierdo de la mesa de Gryffindor, Ginny se acercó a Hermione de forma confidencial– Bueno Mione, ¿te has fijado ya en lo atractivo que ha vuelto Dean de las vacaciones? – le susurró con una risita, causando que Harry, que se encontraba demasiado cerca como para no haberla oído, la mirara con desaprobación.

- Ginny, acabamos de llegar y ya estas fijándote en esas cosas, ¡yo no tengo tiempo para pensar en chicos en este año! – Apuntó Hermione muy decidida, mientras Ginny hacía un mohín.

- Vamos Hermione, siempre estas igual, ¡ya es hora de que te centres en algo distinto a los estudios! Además, estoy segura de que vas a tener muchos pretendientes este año – Afirmó con mucha convicción.

- Te recuerdo que este año tenemos que examinarnos de los TIMO, que determinarán que cursos de EXTASIS podremos cursar, así que no puedo permitirme esa clase de distracciones – Sentenció la castaña en un tono que daba por zanjado el tema.

Ginny suspiró, resignada, y Harry asintió con aprobación, - Estoy de acuerdo con Hermione, Ginny, no deberías fijarte en esas cosas – Opinó, mientras miraba de mala manera y sin ningún disimulo a Dean - Además, no sé qué le ves de atractivo, está igual que siempre – Se encogió de hombros y volvió a dirigir su atención a la comida.

Ginny lo miró, algo sorprendida, e intentó buscar apoyo en su hermano – Vamos Ron, ¿tú que piensas? ¿También vas a tirarte todo el año estudiando las veinticuatro horas? – Le preguntó de forma dramática y haciendo gestos como si Hermione y Harry estuviesen locos.

Ron dejó de comer por un momento y miró fijamente a Hermione – No, por supuesto que no, yo también creo que deberíamos aprovechar al máximo este año, y no solo en el tema de los estudios… - Desvió la mirada con rapidez, pero no sin antes dejar que Hermione se percatara de que el comentario iba dirigido a ella. Esta última hizo como si no hubiese pasado nada y negó con la cabeza, - vosotros veréis si queréis divertiros, yo estudiaré para sacar las mejores notas – Y con esto, se levantó y se dirigió hacia la salida del comedor.

Antes de llegar a las grandes puertas de salida, sintió por el rabillo del ojo como si alguien estuviese mirándola fijamente, y al dirigir su vista hacia la derecha, una melena rubia captó su atención desde la última mesa. La respiración se le aceleró de golpe al descubrir a Draco Malfoy con los ojos puestos en ella, pero con una expresión que no había visto antes. El Slytherin la miraba de una forma tan seria y con una fijeza que resultaba chocante con su habitual expresión burlona.

Al verse sorprendido en su escrutinio, Draco desvió rápidamente la mirada hacia Pansy Parkinson, que se encontraba a su lado, y sonrió con sorna mientras pasaba sus brazos alrededor de ella, a lo que Pansy respondió encantada mirándole con adoración. Hermione sacudió la cabeza, pensando que algunas cosas nunca cambiarían, y salió precipitadamente del Gran Comedor.