Buenas!! Nuevo capítulo. Espero que les guste!! Oh, y en una importante nota de autora, este fic estará co-escrito por la autora Annita Pautt de Pattinson , no por ahora porque ella está ocupada, pero en capítulos siguientes.
Disclaimer: Twilight no me pertenece, sólo me pertenece el argumento.
MissNICOLEturner: gracias por el review!!! Espero que te guste el capítulo :3
Maiy: siii pobre Edward :( ha tenido una vida de perro!!!
Arissita: Gracias por el review laaargo!!! Me alegra que te esté gustando la historiaaaa!! Perdón por la demora
PiitaMasen: perdón por la demoraaaa :S Bueno espero que el capi haya valido la espera ;) Besos!!
Bella Pov
677, Upper East Side. Me encontré parada en la acera frente a una mansión, y si Dios lo permitía, mi nuevo ambiente de trabajo. Saqué un espejo y miré mi reflejo, cerciorándome de que todo estuviera en orden. Nunca me había gustado maquillarme ni arreglarme mucho, sólo lo necesario. Arreglé mi abrigo y me puse más perfume, lista para entrar en la casa. La mansión frente a mí tenía sus años, me di cuenta por la forma en que estaba diseñada. Avancé hasta el pórtico y toqué el timbre. Nadie contestaba. Toqué de nuevo. Sin respuesta. Toqué un par de veces más, hasta que obtuve respuesta.
Me quedé sin aire al ver a la persona que estaba frente a mí. Esa persona era un muchacho de no más de 18 años, pelo color bronce, alto, delgado aunque algo fornido, de ojos verdes, pero los cuales carecían de brillo. Supuse que ese era el muchacho, pues no me miraba a la cara, a pesar de yo estar frente a él.
- ¿Quién es? ¿Algún doctor? – Dijo, claramente enojado. Fruncí el entrecejo al ver lo enojado que estaba. -- ¡Respóndeme! – Dijo, alzando el tono de voz, mientras que yo no sabía que responderle. Me quedé como una estúpida viéndolo de arriba abajo. Una mano agarró su antebrazo, a lo que él se volteó en busca de alguna voz. Una mujer en sus tempranos 40, muy parecida a él, lo apartó un poco del portón, para abrirse paso ante mí.
- Edward, ¿Qué haces aquí abajo? Y sin tu bastón… -- Dijo ella débilmente, pero el tipo tuvo una reacción un tanto extraña para mí. En vez de responderle (lo cual era lo más lógico que sucedería debido a lo enojado que estaba), se calmó inmediatamente y su expresión dura cambió a una de dolor.
- Lo siento, mamá. Ya regreso arriba. – Dijo él, apartándose del portón y caminando directo a las escaleras. Me pareció interesante cómo él parecía conocer la casa, en toda esa trayectoria no lo vi tropezarse con nada, ni dar tumbos en direcciones equivocadas. Cuando "Edward" estuvo fuera de vista, miré a la mujer frente a mí. A pesar de ser una mujer muy guapa, tenía un aspecto cansado.
- He venido porque vi un anuncio cerca de donde vivo. Decía que buscan a un tutor. Aquí está mi curriculum, tengo una licenciatura en educación para personas con cualquier discapacidad, pero tengo un poco más experiencia tratando a ciegos. – Dije. La mujer sonrió levemente, con lo cual me calmé un poco más.
- Es grosero hacer que las personas esperen mucho tiempo en la puerta. Pasa. – Dijo, yo asentí con la cabeza y me abrí paso cuando ella se apartó de la puerta.
La seguí mientras le daba un vistazo a la casa. Era enorme por dentro, pero el diseño era bastante sencillo, no había nada que llamara la atención completamente. La seguí por un pasillo hasta que llegamos a un despacho, en el cual había un hombre leyendo el periódico. Tendría más o menos la misma edad de la señora.
- ¿Carlisle? – Preguntó ella. El nombre se me vino a la cabeza, ese era el doctor Carlisle Cullen que mencionaban en el anuncio. Levantó la mirada del periódico. Una sonrisa leve cruzó sus facciones al ver a su esposa, y después me miró a mí. Me di cuenta de que una sensación de alivio le recorrió al verme junto a su esposa; él sabía por qué estaba yo allí. – Esta joven ha venido, tiene un título. – Agregó la señora.
- Pasa, jovencita. Toma asiento. – Dijo, haciéndome un gesto para que pasara. Me senté frente al escritorio a lo que Carlisle le daba el asiento a su ¿esposa? – Soy Carlisle Cullen, un gusto en conocerte. Ella es mi esposa Esme. – Dijo dándome un apretón de manos y después tomando los hombros de su esposa con delicadeza.
- Mi nombre es Isabella Swan, he visto el anuncio a la puerta de mi departamento. Sé que esperaban un hombre, pero yo tengo un título y estoy muy preparada. Sé que podría ofrecerles algo bueno. Acabo de mudarme aquí, y necesito un trabajo. Aquí está mi currículum y mi diploma. – Dije, claramente nerviosa. Carlisle tomó los documentos y los hojeó, asintiendo la cabeza en aprobación.
- Veo que está preparada. Como ya debe saber, nuestro hijo es ciego. ¿Eso no te incomoda? – Me preguntó. Recordé entonces la mirada del chico, no era ni parecida a la de mi madre antes de morir.
- No, señor. Mi madre también lo era. Por lo menos antes de que falleciera. – Dije honestamente.
- Cuanto lo siento. Mira, el ayudante y tutor anterior de Edward renunció. Mi esposa no está en condiciones de seguir atendiendo a Edward. Yo puedo hacerlo, pero no tengo el tiempo necesario ni la preparación como para educarlo. Él no necesita mucho a un ayudante, pero creo que alguien que le enseñe le podría hacer bien en esta situación. – Dijo tristemente, apretando los hombros de su esposa.
- ¿De qué situación estamos hablando? – Dije frunciendo el entrecejo. Carlisle suspiró profundamente y Esme alejó su mirada.
- Mi esposa Esme ha sido diagnosticada con cáncer. Tristemente, es difícil que logre vivir. – Dijo. Abrí la boca, pero no me salió palabra. Estaba muy sorprendida por lo que me acababa de decir.
- Creo que yo puedo ayudarlo mucho. Él hasta baja las escaleras y puede atender a la puerta, me imagino que si eso le es fácil, entonces no debe haber mucho problema ¿no? – Empecé a parlotear, más por lástima que por otra cosa. Ambos sonrieron levemente y asintieron con la cabeza.
- Está bien. Edward tiene un perro que puede guiarlo, está entrenado, pero Edward nunca está de humor como para salir. También sabe leer Braille, pero nunca tiene ánimos para leer tampoco. Es bastante triste, pero tú deberías animarlo para que haga algo más que tumbarse todo el día en la cama o sentarse junto a la ventana de la sala. Normalmente eso lo tiene prohibido, así que evita que lo haga. Por ahora no necesitamos que te vengas a vivir aquí, sólo queremos que le des lecciones por lo menos tres días a la semana. – Dijo.
- Esperen… ¿Eso quiere decir que estoy contratada? – Exclamé, loca de felicidad.
- Estás contratada, niña. Acompáñame al cuarto de Edward, así te presentas. – Dijo Esme haciéndome un ademán para que la siguiera, lo cual hice.
Subí las escaleras y cerca del término de estas, habían dos puertas separadas, pero contiguas. Esme se paró frente a la segunda, se volvió hacia mí y cruzó los brazos.
- Este es el cuarto de Edward. La otra puerta es la de nuestro cuarto. Ven, sígueme. – Dijo, abriendo la puerta y entrando. Acostado en una cama enorme, tentadoramente cómoda, estaba Edward, con las mejillas sonrosadas, quizás del frío, aunque el cuarto estaba bastante aislado y calefaccionado. A penas escuchó el ruido de la puerta, se sentó en la cama, volteando la cabeza en toda dirección. Un perro terrier salió de debajo de la cama y empezó a ladrarme.
- Calma, Holliday. Ella no es nadie malo. – Dijo Esme, inclinándose para acariciarle el pelo a "Holliday".
- ¿Ella? Mamá, ¿a quien te refieres con "ella"? – Preguntó Edward desde su lugar en la cama. Esme se volvió a mí y me sonrió cálidamente.
- Los dejaré para que charlen. – Me susurró, y con eso, salió de la habitación. Edward seguía mirando por doquier, claramente confundido.
- ¿Mamá? ¡Contéstame! – Demandó Edward. Me acerqué a él, hasta que un metro de distancia aproximadamente nos separaba.
- Edward… Soy Bella. Estoy aquí para ayudarte. – Dije calmadamente, esperando que él dejara su actitud a la defensiva.
- ¿Ayudarme? No necesito ayuda. ¿No ves que he bajado las escaleras sólo? – Dijo con cierto rechazo, pero un poco más de aprehensión.
- Sí. Pero mi pregunta es ¿cómo? – Le pregunté. En ese momento se podía notar que estaba más tranquilo, pero a la defensiva.
- Aprendí cuando era pequeño. Solía bajar cuando escuchaba los ronquidos de mi padre desde el otro cuarto y sabía que estaban dormidos.
- ¿Qué hacía allá abajo? – Le pregunté, con la suficiente confianza como para acercarme más a él.
- Escuchaba el sonido de los autos al pasar. No puedo escucharlos desde aquí. – Dijo, tristemente. Iba a preguntarle más sobre él, pero la puerta se abrió inesperadamente revelando a una chica, tal vez de unos catorce años, quien leía una revista de modas.
- ¿Edward con quien hablas? – Preguntó, hasta que alzó su mirada de la revista y me vio a mí. Una mirada de confusión cruzó sus facciones.
- Con Bella… Papá la contrató. – Dijo Edward. Alice frunció el entrecejo y se alejó del portón de la puerta.
- Oh… -- Se limitó a contestar. – Mi nombre es Alice. Mucho gusto. ¿Así que Papá te contrató? ¿Vas vivir aquí? – Dijo ella, un tanto escandalizada. Con solo escucharla hablar, ya sabía que era hiperactiva.
- Sí y no. Sólo voy a ser profesora de tu hermano tres días a la semana. – Alice respiró aliviada.
- ¿Alice? ¿Sabes donde está Peter? – Preguntó Edward. Me sentí mal por él, debía de sentirse rechazado, pues nadie le contaba nada.
- Eh… no. – Dijo ella, no muy convencida de qué decirle para que estuviera tranquilo.
- También le pregunté a mi mamá, pero no quiere decirme. – Dijo, claramente sintiéndose impotente. En ese momento otra persona nos acompañé en la habitación. Entró Carlisle.
- Bella, creo que es hora de que te vayas. Es casi hora de almuerzo y el tráfico está abarrotado. – Dijo, haciéndome un gesto para que saliera de la habitación.
- Eh… Adiós, Edward. Creo que nos veremos mañana. Adiós Alice. – La aludida me despidió con la mano. Edward sólo se quedó callado, esperando no escuchar mis pasos. Cuando salí y el frío volvió a recorrerme, sólo pude sentir lástima por el cuadro que había presenciado dentro de esa vieja casa.
Necesitaban ayuda, sobretodo Edward. Y yo iba a dársela.
Finito por hoy. Perdón por la demora, es que el colegio me tiene j*dida. Review please!!
