El perímetro se inundó de aire cálido, esa nave era la primera que Zafiro pisaba en su vida y era la experiencia más extraña que había vivido hasta el momento. Era un lugar sumamente amplió y cubierto de objetos electrónicos que se movían lentamente, como inspeccionando que todo estuviese en orden. Los olores y los colores se mezclaban con una precisión magnifica y estaba repleto de gemas, gemas de todas las edades y todas con sus respectivos guardianes, pertenecientes al ejercito de Diamante Amarillo.
Los dos días en los que Rubí había cuidado de ella en la celda habían sido agradables, ninguna de las dos habló mucho con la otra, pero extrañamente se sentía cómoda con la presencia de aquella expresiva gema. En más de una ocasión se había encontrado observándola, como esperando que otro de sus magníficos gestos se manifestara; pero a pesar de tener un rostro con múltiples gestos, la mayoría del tiempo se encontraba perdida en sus pensamientos, observando a la nada o descansando los ojos.
Rubí jalo con suavidad de la mano de Zafiro, mientras la guiaba hacia su habitación en la nave. Obviamente, ella debería cuidar de Zafiro en el viaje hacia el Planeta Tierra, puesto que cada una de las reclutas poseía un guardián particular, en caso de que intentase escapar. A pesar de haber visitado varias naves a lo largo de su vida, esta era la más grande en la que había estado, fácilmente podía perder su mirada en el suelo de la nave, que estaba exquisitamente decorada con diversos colores y logos; aunque el que más predominaba, era el logo Real.
Se detuvieron frente a una amplia puerta metálica con la gema de Rubí dibujada en ella.
-Supongo que es aquí- Observó Rubí, mientras se aferraba más a la mano de Zafiro. Hacía un tiempo había aprendido lo agradable que se sentía estar tomada de la mano con aquella gema.
La habitación era bastante linda, el suelo estaba compuesto de un material cuidadosamente seleccionado para poder recostarse sobre él. Era completamente roja y cálida. Flotaban pequeñas esferas carmesí en el ambiente y olía a frutas.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Zafiro, era la habitación más encantadora del mundo. Todo en el sector Real era exageradamente elegante y cómodo. Todo en el sector real era exageradamente nuevo para Zafiro.
-Me agrada- Comentó sin mucha importancia Zafiro. A decir verdad, esto sorprendía mucho a Rubí, no es que no hayan hablado nunca, pero fue el primer comentario 'directo' con el que se refirió a ella; a lo mejor le estaba dando demasiada importancia- Me encanta- Suspiró.
Zafiro nunca la miraba a los ojos cuando hablaba, pero parecía guardarse eso para disfrutarlo en la complejidad del silencio, cuando no necesitas palabras para conversar. Zafiro conversaba con Rubí cuando chocaban miradas.
-Sabes- Dijo Rubí en casi un susurro pensativo, su rostro lucía alegre- A mi también me encanta- Sonrió a Zafiro. Se sentía extraño sonreírle.
Rubí era consiente de el efecto que Zafiro causaba en ella. La forma en la que se miraban la una a la otra, como si le estuviera contando la historia más hermosa con la mirada, pero también era consiente de que debía suprimir ese -lo que sea- que aquella gema causaba en su interior. Rubí escaparía cuando tuviese la oportunidad; no volvería a verla.
Lo que Rubí más anhelaba era ser libre; ella sabía que la clave de su libertad estaba ni más ni menos que en la tierra, aquella insignificante roca vacía y remota. Sabía que algunas gemas se encontraban allí desde hacía ya un par de décadas y también solían ser producidas en ese lugar.
Zafiro era su escape, su gran oportunidad para zafarse de aquel ejercito. La mejor parte de todo esto es que realmente le agradaba y no necesitaba entablar una conversación con ella en todo momento para sentirse cómoda.
Por su lado Zafiro sabía muy bien que debía permanecer junto a Rubí, porque algo iba a suceder, no sabía precisamente qué, pero algo grande y con respecto a Rubí iba a suceder. A estar alturas podría haber escapado, pero su visión futura se recobraba poco a poco y algo con respecto a Rubí no le permitía alejarse. ¿Que sería Rubí? ¿Una clave para el futuro? ¿Quizá una clave para su futuro?
A diferencia de las otras gemas, el poder de Zafiro sanaba en fracciones, porque era muy abundante y requería tiempo para regresar a su estado normal; esto enojaba mucho a la pequeña gema, ya que estaba muy acostumbrada a saber lo que iba a suceder. Sin embargo, desde la mañana en que su gema se quebró, no pudo volver a sentir el futuro claramente.
Rubí se dejo caer en el suelo mientras observaba las diversas figuras geométricas que decoraban el techo. Poso sus pequeñas manos el costado de su cuerpo, pero inmediatamente sintió la calidez del brazo de Zafiro, que al parecer había decidido sentarse justo a su lado. Giro rápidamente el rostro, para encontrarse con el de la pequeña gema sentada a su derecha.
-Son lindos esos círculos, ¿verdad? - Soltó Rubí, mientras intentaba no desviar la mirada.
-Sí, me gusta el color rojo-Dijo pausadamente. Observó a la robusta gema que se ubicaba frente a ella, la cual se había tornado aún más carmesí de lo que acostumbraba.
Este viaje iba a ser complicado para Rubí.
