Disclaimer: ©Shingeki no Kyojin/進撃の巨人, sus personajes y trama son propiedad de su autor, Hajime Isayama. Yo tan solo realizo este FanFic por diversión, sin ánimos de lucro.

Advertencia: Uso descarado del OoC| Ereri |Universo Alterno (AU) | Tree-shot | Violencia.


Criminal

.3.


Frito.

Así es como Eren sabía que estaría si no lograba fastidiarse de la cabeza —y de su vida— a ese mocoso.

Jodidamente frito.

O al menos es lo que su perra consciencia le restregaba con saña, otra vez. Y esta, con toda la puta y clara razón. Pues allí, sintiendo el agua fría de la regadera caer sobre su cabeza, deslizándose entre las hebras de su cabello castaño, acariciando su cuerpo, relajándolo apenas, estaba él, como prueba fehaciente de tal verdad, raspando con su navaja la herida que le había dejado aquella maldita bala al enterrarse apenas abajo de su clavícula horas atrás, para después acabar metiéndose dos dedos entre los pliegues de carne abierta y sacársela.

¡Demonios! Hacer aquello era casi traumático. Mucho más porque jamás se había visto en la necesidad de hacerlo; ya que nunca nadie ni nada le había llegado a lastimar, ni siquiera en sus días de principiante. Pero ahora.

Todo era culpa de ese condenado chiquillo. De su ser mismo abrumador que tenía pegado a sí como vómito de sol y girasoles.

Cuando la bala cayó sobre la baldosa pálida del baño con un tintineante clack-clack, hilillos de sangre y ligeros rastros de carne se fueron con ella. Eren apretó los labios y apartó los ojos de tal visión, tan solo para no bufar con más fastidio y maldecir con ahínco su suerte mierdera, dedicándose mejor en coser a tientas la herida y así detener la sangre que seguía de ella fluyendo lenta, cadenciosa junto al agua que se perdía en el descolorido remolino carmín que se formaba en la boquilla del desagüe.

Cuatro puntadas adornando su piel y diez minutos bajo la regadera después, salió.

La luz mortecina y naranja del atardecer bañaba casi todos los rincones de su apartamento para cuando estuvo nuevamente vestido, sentado en el desayunador de su estrecha cocina pensando en él, con los dedos sobre un vaso de leche que se entibiaba entre ellos, y los ojos fijos, perdidos en algún punto de la pared, que nada veían en realidad.

"Croack"

El sonido pastoso, brusco y alto lo extirpó de sus pensamientos enzarzados, y rodó los ojos.

—Yep—resopló concentrando su mirada a donde el sonido había emergido. Una feísima criatura de piel verde oscuro y enormes ojos amarillos le devolvió el gesto.

"Croack"

—Que te den, Lola—y rió quedito alzando el vaso y tragándose su blanquecino contenido de un tirón.

"Croack"

—Si, si. El puto balazo me sigue doliendo como para que no lo haga.

"Croak"

—¿Crees que no lo intento?—la criatura mantuvo su mirada encallada, impermutable e intensa sobre él—. Bueno, no tanto como debería, pero es que ¡Joder!

"Croack"

—Ya, ya. Está bien. Lo prometo. Ahora si. Así que deja de joderme y trágate tus dichosas moscas, o lo que sea que es esa cosa chunga que me vendió el pendejo de Jean—acabó susurrando, viendo con ligero asco el preparado en la diminuta tacita al otro lado de la mesa, desde donde, Lola, la feísima criatura de piel verde oscuro y ojos amarillos desdeñosos, su rana mascota, le observaba.

Dos segundos más de duelo de miradas y Eren acabó por levantar las manos en gesto de rendición. Con ella jamás se podía.

Más tarde, Eren juraría que los cuarenta y cinco minutos que aquella condenada rana tardó en pasarse su cena, era un mero gesto de reafirmarle que así eran las cosas, que era ella quien mandaba entre los dos, y por ende su palabra era ley.

Pequeña perra.

Y todo porque él la quería.

Una vez más, el recordatorio de que sentir algo por alguien o algo era un error en su vida, golpeó con fuerza su cabeza. Eren debería tener suficiente con esa rana cretina, con su joda, con el pasado, pero no, su estúpido corazón estaba allí, echado de cabeza por otro ser, por aquel chiquillo, y la sensación de ansiedad, de estar al borde del abismo, a punto de ver derrumbado lo poco o nada que tenía, su ociosa y retorcida tranquilidad, lo estaba asfixiando.

Recostado sobre un viejo sillón en la pequeña sala de su departamento, con los ojos cubiertos por unos peculiares lentes de sol, después de haber dejado a Lola en su cajita de cristal, dispuesto a descansar, decidió que al día siguiente tomaría sus cosas y se largaría al otro lado de la ciudad. Pondría tierra de por medio.

Si ya no le veía más, pronto sería asunto zanjado. El asunto sería cortado enteramente raíz ¿verdad?

Esperaba que si.

Con aquel pensamiento en la cabeza, presionó el interruptor de la lámpara en la mesilla a su lado, permitiendo que todo a su alrededor se sumiera en la oscuridad.

Afuera, nubes grises empezaron a ganar terreno en el cielo, tragándose los últimos rayos de luz, trayendo consigo una noche tormentosa.

En más de un sentido.


(…)


Se había quedado paralizado ahí donde estaba, grabando en su memoria cada detalle de la grotesca obra que sucedía ante sus ojos. Sintiendo el sonido de su corazón golpearle con pasmosa fuerza en los oídos. Atrapado en pánico. Llorando por el horror de ver como su madre y su hermana eran rodeadas, acechadas por esos mounstros que habían entrado a su casa.

Las intenciones eran claras. Él las veía con nitidez. Ellos las matarían, igual que a Kenny, si, pero antes las violarían y las magullarían sin piedad.

Y el llanto se volvió más copioso, cerrándole la garganta, mandándole un estremecimiento que sacudió todo su cuerpo. Porque a su edad, esas dos palabras: violación(1) y crueldad no deberían tener un sentido concreto o vívido, pero Levi lastimosamente si sabía de ellas, porque había tenido que enfrentar a ambas con anterioridad y en reiteradas ocasiones. La diferencia es que tener que soportarle en carne, sufrirles en soledad, no era lo mismo que contemplarlo en los ojos y pieles de quienes representaban algo de suma importancia para sí. No. Tal acto era más despiadado y brutal.

Un infierno inmisericorde del cual él entre agónicos lloriqueos suplicaba salir, que se detuviera, que no lo dejase ver más de tal. Pero nadie lo escucharía, porque incluso de él no salía ningún sonido. No había súplica que atender.

Dolor.

Angustia.

Culpa.

Odio hacía sí mismo.

Miles de amargas sensaciones estaban fluyendo en su interior, calcinando sus extrañas, matándolo como un veneno letal pero inmensamente lento, uno que se transformó en una rabia infinita, bilis subiendo por su garganta, destrabando el nudo que su llanto había cerrado, al ver como uno de aquellos hombres se arrodillaba y tiraba con fuerza de los largos mechones negros de la cabellera de Mikasa, arrastrándola para sí, tan solo para estampar sus labios contra los de ella, devorándolos en un beso repulsivo.

Kuchel aulló histérica. Otro de los hombres la golpeó, sacándole dos dientes, pateándole para romperle varias costillas a fin de callarle.

La ira y el odio estallaron en Levi, quien saliendo como un huracán de su escondite se fue sobre ellos, llevando consigo como defensa, lo único que su mano había alcanzado: un sucio tenedor que Kenny había dejado olvidado sobre el mantel de la mesa.

Si, él tenía la culpa de la atrocidad que estaba viviendo. Si. Pero eso no significaba que dejaría que todo continuará así, que acabará tan así. No al menos si él podía desviar un poco las cosas. Salvar a Mikasa tan siquiera. A Mikasa, tan inocente y ajena al horrible mundo que les había tocado vivir.

Todo fue muy rápido. De repente estaba sobre el hombre que había osado mancillar a su hermana, clavándole el tenedor en el ojo, arrebatándole al mismo tiempo el cuerpecito tembloroso de los brazos, y al siguiente segundo estaba corriendo por los pasillos, cargando de manera protectora a una inconsolable Mikasa que no paraba de repetir "Lev, medo". Al final el sonido de un estallido provocó en él un abrazador dolor que detuve su escape, derribándolo frente a la puerta de su habitación, en donde tontamente pensaba refugiarse.

Una bala había atravesado su cuerpo, haciendo su camino entre sus costillas, rozando sus órganos.

El sabor de la sangre subió a su paladar mientras se retorcía en el suelo, intentando arrastrarse para alcanzar su objetivo, mientras el sonido de los pasos e insultos se acercaban cada vez más. En sus brazos, Mikasa ya no lloraba, ni se movía.

Un poco más. Tan solo un poco más, se repetía dando brazadas, dejando una estela de sangre tras de sí. Sabía, sentía que no iba a lograrlo, pero seguía luchando, con la férrea convicción de alejar a su hermanita lo más posible de aquellos malditos. No, ellos no volverían tocarla, jamás.

Un paso más y ya estaba allí, empujando la puerta que rechinó deslizándose hacia adentro. Pero entonces llegó, aquellas risas y pasos macabros a solo un palmo, pateando sus pies.

Al otro lado de las paredes el cielo se iluminó por la ramificación de un trueno anunciando una tormenta.

—Pequeño bastardo—siseó la voz que sostenía la risa más airada de todas—. Creíste que...

La frase fue cortada, un nuevo grito —era de su madre— junto a una detonación temblorosa, luego maldiciones múltiples y más estallidos de balas inundaron el lugar. Levi los obvió, incluso el retumbo de un cuerpo que se desplomó tras de sí y siguió su camino, reuniendo fuerzas para levantarse, entrar a la habitación y cerrar con su cuerpo la puerta.

Lluvia empezó a caer sobre la ciudad, como lágrimas desconsoladas.

Levi y Mikasa tendrían que enfrentar el mundo solos desde es justo momento, pues su madre les había regalado su vida por los siguientes breves instantes de libertad.

En el centro de la habitación, con la sangre manando vertiginosa de su cuerpo, ensuciando el piso bajo él, Levi no se permitió el valor para ver lo que sospechaba, en cambio, sus brazos aferraron con más fuerzas el cuerpo entre ellos, con sus ojos puestos en la ventana que daba a la cornisa, a las escaleras de emergencia.

Si debían morir, lo harían lejos de aquellos mounstros, de aquel infierno en el que habían caído. Solos, pero libres. Nunca bajo esas manos.

El impacto de botas y vocerrones contra la puerta le alentó a apresurarse.

No le importó su dolor, ni su debilidad cada vez más dragante, abriendo la ventana se deslizó hacia afuera, llevando consigo su carga preciosa, donde un torrencial aguacero los empapó en unos cuantos segundos, en cuanto estuvieron sobre el andamio chirriante y flojo.

Miró hacía abajo, al maloliente y repleto de basura callejón que se abría ante sus ojos. No tenía las suficientes fuerzas para bajar por las escaleras con Mikasa, y aunque lo hiciera, se agotaría de tal manera que no podría dar más pasos y entonces ellos los atraparían. No, definitivamente no. Era una mala idea. ¿Pero entonces qué?

Un rayo surcó el cielo y lo bañó con su luz, más allá tras el sonido de la puerta cediendo, astillándose le llegó, y con ello un pensamiento.

«Él»

Él había sido bueno ¿no? Quizás volvería a serlo.

Levi rogaba a toda presencia en el mundo y en el cielo que fuese así.

Ojalá él le diera el refugio en donde morir junto a su hermana. Cerrar los ojos sabiendo que no fueron regresados a la oscuridad y el terror.

Y así empezó a andar. Cada paso una cuchillada a sus entrañas.


(…)


"Bum"

No habían pasado ni cinco minutos desde que se sumergiera en aquel ligero sueño al que siempre acudía por las noches, cuando un estallido había impactado en sus tímpanos.

—¿Lola?—ella a veces solía salirse de su caja, buscando molestarlo como la criatura irritable que era, ya habían sido tres cajas las que había roto por tales actos, pero Eren sabía más que nadie que el sonido que lo había sacudido no era el de cristal al romperse contra el suelo, no, era una detonación, una de alto calibre.

¿Qué mierdas estaba pasando?

Si bien aquel condominio no era de los que se podían presumir y había de toda clase de personas allí, jamás había habido un conflicto en el que intervinieran armas de fuegos. Golpes, palabras muy subidas de tono y gritos salvajes era todo con lo que él había lidiado. Además el sonido había sido muy cercano, y las peleas casi siempre eran en los pisos de abajo.

De pronto, un recuerdo cruzó su cabeza, uno muy reciente. El de esa misma tarde. El ambiente tenso que había rodeado la escena, la sensación de amenaza que había quedado tendida en vilo.

No.

Un latido doloroso retumbó en su pecho y subió hasta sus oídos, donde se estancó y provocó un pitido incesante.

No.

Levantándose de un tirón del sillón, sus pies lo condujeron involuntariamente hasta la puerta, en donde se ancló al ojo de la llave, viendo hacia el pasillo.

Pero era verdad su sospecha. Porque fuera del apartamento del mocoso que le robaba los pensamientos, dos tipos armados custodiaban la puerta cargando escopetas entre sus manos.

Clavando las uñas en la madera su mente le restregó que esta era la respuesta a su conflicto, la solución por la que había suplicado incontables horas durante varios días.

No. No. Sacudió ese pensamiento. Él había tomado una decisión para acabar el asunto, por ende la respuesta debía ser diferente. ¿O no?

«Dios, por favor, no puedes ser tan malo»(2)

"Bum"

Un nuevo estallido y la sangre se le congeló en las venas. Perdió eje y se tambaleó hacia atrás.

Sí, había tomado una decisión, pero ya era muy tarde para entonces. Las palabras primarias habían sido atendidas.

Siempre se debe tener cuidado con lo que se desea.

Petrificado, en la oscuridad, con un escalofrió subiéndole por la espina dorsal, sintiendo el peso de sus pensamientos, acabó por hundirse en un lapso de miseria.

Que cruel era la jodida vida.

Pero entonces, acompañado con el estremecimiento del quiebre de un relámpago surcando el firmamento, un estallido de fuego seguido de una ráfaga de disparos lo sacó de su adormecimiento.

¡¿Qué demonios?¡

Tal vez no era demasiado tarde. O tal vez más bien, era tarde para él.

Si. Para él.

Eso lo supo cuando tan solo unos cuantos minutos después, luego de una mezcla del barullo de sonidos del aguacero que se desgajó en esos momentos, repiqueteos atolondrados y vociferaciones alteradas que rebotaron por el delgado concreto de las paredes, un relámpago iluminara todo, y le dejase verlo al otro lado de la ventana. A él.

El resplandor celestial tan solo duró un segundo, un segundo exacto en que sus miradas se cruzaron, enredándose mientras la modulación de un "Ábreme, por favor" se deslizó hacia él, junto a las terribles premoniciones pasadas y quizás futuras.

Lola croó y él solo pudo tirar de sus cabellos.

Era el momento.

La mano extendida pidiendo ayuda, los pensamientos arremolinándose como mar bravo, el péndulo del destino esperando ser liberado y sellar los caminos.

Y definitivamente, si era su decisión.

¡Carajo!


N/A: ¿Hola? Si, ¡Hola! Mil disculpas por el tan abismal atraso, pero han pasado cosas que no detallaré aquí que me han mantenido alejada de casi todo. Aún así, es merecedora que me disculpe muchas veces. Lo siento infinitamente. Sin embargo, espero les haya gustado el capítulo, un poco intenso a mi parecer, pero ustedes juzgarán. Muchas gracias por continuar la lectura, por su tiempo y atención.

Ahora, si bien había dicho que serían solo tres capítulos, consideré que la carga emocional era mucha para desarrollarla al total en este, así que habrá un capítulo más. Ojalá les guste, como deseo haya sucedido con este, si es así, hacédmelo saber, dejadme un comentario que me ayuda mucho. Su opinión es importantísima para mí.

PD: Sabían que este capítulo es un conjunto de referencias a varios Fics míos ¡A ver quien se anima a contarlos y decirme que tal mi idea!

Hasta la próxima.

(1)Esto se refiere a que si, Levi ha sufrido vejaciones sexuales, cierto, aunque ninguna hasta el final. Pero esto es considerado por la ley igualmente como una violación.

(2)Es parte de una hermosa pero triste prosa llamada "El Dios Bueno" del poeta Rubén Darío, que habla sobre la guerra y sus magnitudes. Se los recomiendo.

¡Gracias por leer!

¡Les amo!