Los personajes de esta historia pertenecen a Bioware.


Habían estado corriendo por bastante tiempo. El camino no era exactamente largo, pero claramente los enemigos estaban haciendo su mejor intento para frenarles el paso. Afortunadamente, los tres miembros del equipo supieron manejar la situación y pronto se adaptaron al ritmo en el que aparecían los geth. Superaron las salas con suma agilidad pese a los imprevistos que se habían presentado en el camino. Tali había terminado con una pequeña apertura en su traje, pero no dejó que eso le impidiera seguir avanzando.

-Este es mi mundo, Shepard. Por ningún motivo me quedaré atrás mientras ustedes luchan por él-. Se quejó firmemente la quariana, negándose por completo a abandonar la pelea.

-No valdrá nada si no estás viva para verlo luego-. Contestó la pelirroja en un tono más duro que el usual con la intención de convencerla, pero su amiga no cedió en lo más mínimo.

-Un rasguño no va a matarme, además, ya tomé antibióticos.

Hubo un pequeño silencio antes de que Tali volviera a hablar con voz suplicante.

-Por favor, Shepard. Necesito hacer esto.

La pelirroja observó los ojos apenas visibles a través del casco de su amiga y finalmente asintió con la cabeza. La ayudó a ponerse de pie y continuaron hasta el lugar donde debían destruir la señal.

Garrus observó con horror como la nave se detenía ante la orden de Shepard y de inmediato se precipitaba hacia la puerta con el láser entre sus manos. Un impulso irrefrenable le obligó a llamar su nombre con desesperación, haciendo que la mujer se volteara hacia él. La miró directamente a los ojos por un par de segundos, pero fue en ese momento en el que entendió que nada de lo que le dijera cambiaría su mentalidad. La pelirroja se encontraba totalmente decidida, con una seguridad en su expresión y en sus ojos que incluso a él le hacían sentir que triunfaría. Incapaz de hacer nada más, el turiano sujetó su hombro en un gesto alentador.

-Destrúyelo.

La mujer sonrió con confianza al tiempo que asentía con la cabeza y corría en dirección al precipicio para comenzar su batalla contra el segador que ahora se encontraba enfrente. El primer ataque contra la gran máquina fue lo último que el turiano pudo observar, sintiéndose aterrado al notar que esta dirigía ahora su atención a la pelirroja y le apuntaba directamente. La nave se movió del lugar evitando los ataques de un par de geth que acercaban del otro lado y Garrus se dejó caer vencido sobre su asiento. Sentía el corazón oprimido por la angustia y su cerebro no podía dejar de procesar la imagen de Shepard rodando para evitar el ataque directo del segador. Él debería estar ahí, maldición. Incluso si tan solo fuera para servir de carnada, él debería estar allí y no en la nave esperando los resultados de la pelea. No dudaba de las habilidades de su comandante, pero sí de su juicio en situaciones como esta. Shepard estaba constantemente desafiando los límites de su mortalidad y él definitivamente no quería presenciar el momento en el que los descubriera. No se sentía capaz de soportarlo. Una mano sujetó su pierna en un gesto comprensivo, pero el turiano ni siquiera se molestó en mirar a la mujer a su lado.

-Estará bien, Garrus. Shepard puede hacerlo.

Las palabras sonaron difusas en su mente, como si vinieran desde muy lejos. No contestó.

Después de lo que parecieron horas dentro de la nave, Legión por fin aterrizó el vehículo en un lugar seguro y Garrus se apresuró a abrir la puerta. Su cuerpo se sentía pesado, como si algo estuviera sujetándolo para impedir su avance. Su mirada se trasladó rápidamente al lugar en que la mujer tenía su batalla con el segador y observó con pánico como este cargaba su disparo justo sobre ella. Shepard apuntaba el láser en dirección al círculo rojo, pero no parecía que se fuera a fijar el ataque antes que el enemigo triunfara. Garrus contuvo el aire cuando escuchó el estruendo de la explosión y notó que un enorme rayo de energía rojo caía de lleno sobre la mujer, impidiéndole ver nada más.

Tomó una bocanada de aire y se reincorporó con los ojos totalmente abiertos, encontrándose una vez más en la Normandía. La oscuridad ocupaba por completo el lugar. Cerró los ojos y se llevó una mano a la cabeza, intentando olvidar las emociones que hace un par de segundos parecían tan reales. Su corazón latía a toda prisa y la angustia no parecía querer desaparecer, aun cuando se recordó a si mismo que se trataba tan solo de un sueño. Abandonando por completo la idea de seguir durmiendo, se puso de pie y caminó hasta la cocina para beber un vaso de agua. No recordaba haber tenido un sueño tan lucido antes, había soñado mil veces y de todas las formas posibles con la traición de Sidonis, pero jamás se había sentido tan real. La muerte de Shepard un miedo que lo perseguía constantemente, e incluso si la mujer se las había arreglado para derrotar al segador en Rannoch, seguiría siendo un riesgo imposible de ignorar durante toda la guerra.

De pronto un vaso de agua ya no parecía tan buena idea y cambió de dirección. No tenía idea de la hora que era, pero definitivamente podría hacer un buen uso de los suministros del bar en un momento como ese.

Esperando encontrar el lugar totalmente vacío, Garrus se sorprendió al ver una figura acurrucada en uno de los sillones mirando en dirección a la ventana. Tenía una pequeña manta cubriendo sus piernas, un vaso de algo color purpura en su mano. Una extraña melodía que no reconoció le daba vida al lugar. La pelirroja se giró para identificar al intruso y de inmediato sonrió al descubrir de quien se trataba.

-¿Problemas para dormir?-. Preguntó dándole un sorbo a su vaso. Garrus se acercó al bar y se sirvió de la misma botella que Shepard había abierto para luego sentarse frente a ella.

-No he estado soñando exactamente con arcoíris y mariposas-. Contestó intentando no sonar demasiado tenso, pero su reciente mal sueño le hacía difícil distraerse.

-¿Pesadilla?-. Preguntó de inmediato girándose para mirarlo fijamente.

-Algo por el estilo-. Contestó sin querer pensar más en eso. Le dio un sorbo a su vaso.

-No sabía que los turianos podían tener malos sueños también.

Garrus rió ante este último comentario. –Bueno, si no me equivoco nosotros también tenemos cerebro y neuronas-. Comentó en un tono bromista, haciendo que su acompañante riera también.

Quedaron en silencio por unos momentos antes de que Shepard volviera a hablar, esta vez en un tono serio.

-¿Qué fue esta vez?

Garrus revivió la última escena de su pesadilla en su mente e intentó pensar rápidamente en algo más.

-Ya sabes, maquinas gigantes destruyendo todo, ciudades devastadas. Ese tipo de cosas.

La mujer lo miró de reojo con una pequeña sonrisa.

-Eres un mal mentiroso, Vakarian-. Comentó poniéndose de pie y caminando hacia el bar para vaciar lo último que quedaba de la botella dentro de su vaso. Garrus notó algo preocupado que la mujer se había acabado su contenido prácticamente sola y por el ligero cosquilleo que comenzaba a sentir en su boca, podía decir que no era exactamente algo que llamaría suave. También podría significar que estaba bebiendo algo que para él era tóxico, pero prefirió aferrarse a la primera opción. Shepard regresó para sentarse esta vez a su lado.

-¿No estás preocupada de que eso haga efecto mañana?-. Preguntó refiriéndose a la resaca, pero la mujer negó con la cabeza mirando nuevamente hacia la ventana.

-Recibí un correo de Hackett hace un par de horas. Al parecer quiere hacerle una revisión a la Normandía, así que tendremos un poco de tiempo libre-. Bebió de su vaso. –A la tripulación le vendrá bien.

-Creo que a ti también te vendría bien un descanso.

Shepard sonrió. –Sí, puede ser una buena idea.

Se sumergieron en un cómodo silencio, escuchándose tan solo la suave melodía que sonaba en el lugar. A Garrus de pronto comenzó a parecerle agradable, los suaves instrumentos mezclándose armónicamente le daban un aire relajante. Dejó escapar su curiosidad.

-¿Escuchas esto seguido?-. Preguntó sorprendiendo a la mujer con la pregunta, como si hubiera olvidado que había música en el lugar. Esta rió un poco y levantó una mano para negar.

-Para nada. En realidad, era casi una adolescente la última vez que escuché detenidamente una de estas canciones-. Relató un tanto avergonzada. Se animó a continuar al notar que el turiano la observaba con ojos curiosos. –Era una vieja tradición en la tierra, solía acompañarse de un baile durante ceremonias importantes. Un matrimonio, por ejemplo-. Soltó un suspiro, recordando las ostentosas fiestas que solían celebrarse pese a que ella había asistido a muy pocas. –Se llama Vals.

-¿Alguna vez bailaste uno?-. Preguntó su acompañante auténticamente interesado por la historia. Aquella era una parte de Shepard que jamás había visto.

-No en realidad. Solía verlos más en videos-. Admitió avergonzada. –No estuve mucho en la tierra durante mi niñez.

La mujer se perdió en sus recuerdos con una ligera sonrisa en el rostro, cosa enterneció al turiano.

-¿Quieres que te lo muestre?

La miró con desconcierto ante la inesperada pregunta, pero aun así asintió con la cabeza. Esperó a que la mujer sacara su omni-herramienta para dejarle ver alguna clase de video, pero en lugar de eso dejó su vaso y el de Garrus a un costado y tiró de su brazo para dejarlo de pie frente a ella.

-No es muy difícil de seguir-. Comentó la mujer sonriendo ante la confusión del turiano. Unió su mano izquierda con la de su compañero y puso el brazo ajeno en su cintura antes de sujetar su hombro. Aquella posición era sin lugar a dudas la más cercana que habían tenido. Garrus sintió como su cuerpo se tensaba al sentir la calidez de la piel de la mujer, incluso a través de la ropa. La había tocado antes, pero jamás había sido capaz de apreciar tan detenidamente lo frágil que se sentía ante su agarre. Shepard comenzó a moverse lentamente de un lado hacia otro, girando un poco sus cuerpos en cada movimiento.

-No estoy seguro de que es lo que debería hacer…-. Comentó el turiano totalmente perdido.

-Ya encontrarás el ritmo, tú tranquilo.

Después de unos minutos su cuerpo comenzó a relajarse y a seguir los movimientos que marcaba la pelirroja, pero su mente seguía atormentándolo con la proximidad de sus cuerpos. Si bien estos no estaban totalmente juntos, a veces se acercaban lo suficiente para producir roces tortuosos. No entendía el nivel al que su cuerpo había llegado a desearla, jamás había encontrado a una humana tan atractiva. La joven se soltó del agarre por unos segundos para dar un giro sobre su propio eje y de inmediato volvió a la posición anterior. Garrus se sintió dichoso por unos minutos. Ahí estaba, la comandante que había logrado un tratado entre dos razas enemigas, quien había acabado con una guerra de siglos, quien había evitado la invasión de los segadores más de una vez y que ahora se encontraba frente a él, revelándole sus recuerdos más inocentes de cuando era apenas una niña que soñaba con esa clase de ceremonias. La mujer dio un nuevo giro, esta vez incitada por el turiano, quien le sujetó de la cintura aún más firmemente cuando volvió a tenerla en sus brazos.

La canción terminó de pronto y ambos salieron del pequeño trance en el que habían entrado. Sin embargo, no dejaron la posición en la que estaban. La pelirroja levantó la mirada y Garrus sintió la urgencia de acercarse a su rostro y acortar todo tipo de distancias, pero se contuvo. Sus suaves rasgos humanos se veían mucho más marcados por el tono rojizo que sus mejillas habían adquirido, probablemente por efecto del alcohol. No entendía exactamente cómo funcionaba la estética entre seres humanos, pero para él era simplemente perfecta. Mantuvieron la mirada unos segundos más antes de que la mujer se soltara del agarre.

-No eres malo en este tipo de cosas-. Comentó volviendo a tomar su vaso para sentarse una vez más. El turiano la imitó.

-Estoy lleno de sorpresas.

No sabían cuántas horas llevaban allí, pero el tiempo voló entre anécdotas y recuerdos de viejos tiempos en la antigua Normandía. Se sumergieron en un cómodo silencio en el que Garrus recordaba su primera impresión de la mujer. Recordó los miles de comentarios que había escuchado sobre ella antes de finalmente verla en persona. No muchos eran exactamente buenos. Es más, la mayoría de ellos venían de otras especies y constaban en eran rumores desagradables o simplemente escepticismo ante sus logros por tratarse de un ser humano. Pero tan solo el saber que ella también intentaba levantar cargos contra Saren logró hacer que se ganara su respeto. Una persona lo suficientemente valiente para desafiar al mismo consejo con tal de seguir sus creencias merecía eso y mucho más. Aquella perseverancia había sido algo que no había visto durante todo su tiempo trabajando en C-Seg, y lo que lo había inspirado a seguirla hasta el fin del mundo. Pero ella había hecho mucho más que eso. Los había llevado hacia la muerte más segura y los había traído de vuelta. ¿Cómo ignorar todas las emociones que lo asaltaban tan solo con pensar en ello?

Miró a la mujer una vez más con adoración, notando que sus ojos estaban cerrados y su respiración era lenta y pausada. Se levantó con cuidado de no despertarla y le quitó el vaso de las manos para evitar que derramara su contenido. Levantó la manta que ahora se encontraba en el suelo y la cubrió cariñosamente. Ya encontraría alguna forma de pagarle todo lo que había hecho por él. Dedicándole una última mirada, el turiano apagó la música y salió del lugar con la esperanza de que la mujer por fin pudiera descansar al menos por un par de horas.